Archive | agosto, 2014

Formas de tomar la siesta

25 Ago

La mayor parte de mi vida la he pasado descansando y el descanso siempre ha estado acompañado de experiencias placenteras del tipo: comer, dormir, caminar, hablar, mirar por la ventana, ver películas, oír música, montar en bicicleta, nadar, leer y escribir. Dormir es uno de los placeres más aristocráticos. Hoy vamos a hablar de ese placer. 

Hay diferentes formas de dormir y de no dormir. Cuando éramos niños no podíamos entender que nuestra mamá dedicara tantas horas a dormir durante el día. No sabíamos si era insomnio y si le gustaba tomar la siesta, sospecho que es parte de lo primero y parte de lo segundo. De verla dormir me antojé y empecé a tomar la siesta siendo apenas una niña, quería saborear la experiencia y valió la pena.

Mientras viví en familia -hasta los 19 años- mi mamá me despertaba a las seis de la mañana con un taza de café. Saludaba, la recibía, me la tomaba y seguía durmiendo. Dormir después de tomarse un café es una de las experiencias más placenteras de la vida.

Durante mucho tiempo, estando sola conmigo misma, pasaba el día entero en bata y me gustaba intercalar sueño con lectura y con café: me levantaba, tomaba café, me acostaba, dormía, me volvía a levantar, me tomaba otro café, leía, me acostaba de nuevo, volvía a dormir, me volvía a levantar, volvía a leer, me volvía a acostar… Era un juego muy divertido porque el café interfería en el sueño y la lectura también. En esa época no había internet, sólo había libros, café y cobijas. Eran otros tiempos, ahora no se pueden hacer experimentos.

Tomar la siesta en un bus es algo que he hecho desde la infancia, lo hago por gusto, cuando no quiero oír conversaciones ajenas. En algunas ocasiones escojo la ruta más larga para llegar al mismo lugar sólo porque quiero tomar una buena siesta ambulante, no me gustan los taxis porque en un taxi no puedo dormir. Se duerme bien en busetas y en colectivos, en el Transmilenio y en el SITP no se puede tomar una buena siesta porque las sillas no son cómodas.

Hubo un tiempo en el que gozaba leyendo de noche y durmiendo de día, no es la experiencia más hermosa que recuerdo pero valió la pena. En ese tiempo supe lo que era el insomnio y descubrí el placer de leer para escribir. En esa época ya había computadores con Word, pero no había internet en el hogar. Sólo yo puedo saber cómo gozaba escribiendo de día o de noche y enviando luego esos escritos tan eruditos a revistas nacionales e internacionales. Cuando peor dormía era cuando más leía y mejor escribía, eso fue hace más o menos quince años.

Hubo otro tiempo en el que me sentía como una reina levantándome a las tres de la mañana a leer, gozaba viendo amanecer, leía hasta que me vencía el sueño y repetía las sesiones de libros, café y cobijas durante todo el día.

Dormir en un carro recorriendo el país también es maravilloso, he hecho eso dos veces con mi cuñado, mi hermana y mis sobrinos. Dentro de un carro, en carretera, se abusa del sueño pero es una bonita experiencia.

La siesta de la tarde después de un café es una de mis favoritas: almorzar, tomar cafecito y acostarse a dormir.

Hay un asunto que me tiene preocupada: hay días en los que por estar pensado en internet olvido tomar la siesta, olvido que dormir es más placentero que navegar. Es maravilloso burlarse de la gente pero dormir es mejor que cualquier otra experiencia.

Tengo un propósito para lo que queda del año y de la vida: darle más importancia a mis recreos con el sueño que con la escritura en tiempo real.

Relato de Alejandra Sophie sobre como subí al Quehuisha donde nace el río Amazonas

24 Ago

El relato de viaje que leerán a continuación tiene origen en la vida real. Lo escribió Alejandra Sophie, la hija de @jairogarciacol, un tuitero al que no he visto nunca pero al que aprecio mucho y con quien he aprendido bastante. Él me presentó, entre otras cosas, la crema de caléndula y me dijo dónde comprarla en Bogotá.

Alejandra Sophie es una joven promesa con varios reconocimientos, sospecho que tiene mucho futuro como escritora, es lo que más deseo. Padre e hija desean que ustedes lean el relato en este blog y para mí es un placer compartirlo, claro. 

Me gusta compartir textos de otros autores cuando creo que tienen talento como yo. Los dejo con el relato, espero que lo disfruten:

Mi nombre es Alejandra Sophia, tengo 15 años y estudio grado 11 en la I.E. INEM-José Félix de Restrepo de Medellín, participe en la Ruta BBVA 2014 con un ensayo sobre Federico García Lorca. Después de casi 40 días por Perú y España con 200 jóvenes de todos los países de Iberoamérica con quienes compartí 24 horas (ese fue el premio). Conocí sus mejores museos, probé su deliciosa gastronomía, estuve en ruinas como Pachacamac, las líneas de Nazca, estuve en la corrientes del Humbolt, camine por los caminos que se dirigen a Santiago de Compostela y finalmente fuimos recibidos por Felipe VI Rey de España.  Esta crónica es la narración de lo que más me marco en toda la ruta. Subir a 5200 metros de altura a la montaña del Quehuischa donde se encuentra la quebrada Apacheta, allí nace el majestuoso Rio Amazonas

  “Pepito conejo al bosque salió, corre, corre, corre,…desapareció”

 Con eso empezó la jornada más larga, difícil y satisfactoria de toda mi vida. Fue el día de la subida al Quehuischa en busca de las fuentes del Río Amazonas, el día que visitamos la quebrada Apacheta y el día que realizamos la aventura más grande de toda nuestra excursión a Perú.

Eran las dos y media de la mañana cuando escuchamos la canción llamada “pepito conejo”, cantada por el jefe de campamento, Jesús Luna y a diferencia de lo que muchos creían, nos despertamos sin duda alguna, dispuestas a lanzarnos a la gran aventura de nuestras vidas. Poco a poco nos fuimos despertando, pero no lo suficientemente rápido, ya que los monitores entraron bruscamente en nuestra tienda solicitando la salida, y nosotras, somnolientas, pero emocionadas, intentábamos movernos rápido, aunque tropezando entre sí.

Finalmente, logramos salir de nuestras respectivas tiendas y debido al itinerario tan ajustado, no tuvimos tiempo para terminar de arreglar las maletas, así que corrimos a la salida del polideportivo de Chivay con lo poco que teníamos metido en ellas. En mi caso, llevaba simplemente mi cantimplora, mi diario, mi cortaviento, buff, bloqueador solar y gorra. No llevaba nada más, y lo agradezco, ya que en esta clase de subidas era mejor ir lo más liviano posible, cualquier peso extra lo único que lograría sería cansarme.

Me puse las mayas térmicas bajo la ropa que nos uniformaba, y me até las botas, dando una última mirada al campamento, donde dejaba a otros 150  compañeros de excursión que no podrían acompañarnos en la caminata, algunos porque sufrían de mal de altura, otros por cuestiones del destino no habían sido escogidos, pero yo, yo lo había logrado, había logrado conseguir el apoyo de mis compañeras de grupo y de los demás ruteros, y sería una de los 50 expedicionarios que subirían a esta maravillosa montaña.

Abandonamos las instalaciones del polideportivo y llegamos a un pequeño restaurante de comida típica peruana donde desayunamos y nos dieron las instrucciones del ascenso. La comida perdió sabor alguno, debido a que los nervios se apoderaron de mí y me quitaron el apetito, pero no sabíamos cuando sería el almuerzo, así que decidí comer un poco, no podía dejar que el hambre me jugara una mala partida en la caminata.

Alrededor de las seis de la mañana tomamos unos pequeños buses, que nos acercaron al inicio de la caminata, donde disfruté de la maravillosa compañía de un grupo de españoles, un portugués, y una estadounidense. Las primeras dos horas del camino nos sirvieron a todos para recargar energías y descansar, pero luego, la emoción empezó.

De manera inesperada el chico portugués empezó a cantar una canción de Coldplay, titulada “Paradise” y yo, como gran fan de ellos, empecé a seguir la canción con él. Mientras cantaba observé el paisaje que me rodeaba, las diferentes gamas de verdes, las montañas que se elevaban por doquier, las diferentes razas de animales que habitaban en este lugar, sentí que eso era realmente el paraíso.

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Alrededor de las seis de la mañana nos bajamos de los buses y empezamos la caminata, era increíble como todos los temores se disipaban, eran reemplazados por mis pasos seguros y mi respiración brusca. 

Los primeros momentos de la caminata fueron maravillosos, el mal de altura no me afectaba para nada y en lo único en que pensaba era en subir esa gigantesca montaña. Incluso algunos de mis compañeros empezaron a quejarse, a sentir mareo, vómitos, y otros síntomas, hasta el punto en que los médicos empezaron a suministrarles hojas de coca. Pero en mi caso, estaba plena. Era increíble como algunos de los demás expedicionarios habían realizado actividades físicamente demandantes antes de la caminata y no se habían quejado, pero  después de una hora de caminar, ya empezaban a sentir los síntomas, más yo no sentía nada, solo el aire frio que se habría paso en mis pulmones.

La primera parte de la caminata, es decir, las primeras dos horas fueron de bajada, así que todo era maravilloso, paso a paso lograba imaginarme llegando a la cima, batiendo la bandera de Colombia y sintiéndome plena, sintiendo como si hubiera llegado a la meta más grande hasta ahora en mi vida, ¡subir el Quehuischa!. Esto logró impulsarme hora tras hora, minuto a minuto, respiración tras respiración; haciendo que los primeros kilómetros fueran como un flote, un vuelo magnífico sobre las montañas peruanas.

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Alrededor de las doce del mediodía terminamos la parte de bajada de la caminata, y lo verdaderamente exigente comenzó. Nos recibió una colina de unos 200 mts de altura que tuvimos que subir de un tirón, ya que no iba creciendo progresivamente, sino que era casi perpendicular, allí fue cuando de hecho empecé a sentir el cansancio. Mis piernas empezaron a encalambrarse, mis rodillas rechinaban y mis tobillos sentían la presión, incluso mis pulmones sintieron como la dificultad fue incrementando, llegando al punto de olvidar como respirar, tuve que parar unos minutos para recordar cómo hacer lo que antes para mí había sido completamente automático.

Cada cierto tiempo nos decían a qué altura estábamos y eso me mantenía con un cierto sentido de la ubicación que antes  era completamente inexistente, estaba en medio de un terreno inexplorado, siendo guiada por alguien extraño, a una hora, altura, y temperatura que hasta el día de hoy desconozco. Solo tenía una certeza, subiría a esa monstruosa montaña, vencería mis miedos, mis cansancios, ¡vencería mi humanidad!

En toda la subida solo paramos una vez, íbamos a paso lento pero constante y eso permitió que no sintiéramos tanto el cansancio, que no tuviéramos que impulsarnos a levantarnos constantemente, sino que de un solo empujón lográramos llegar. Pero a pesar de esta constante caminata, hubo un momento en que mi cuerpo estaba a punto de desplomarse, me sentía a punto de caer, de fallar, mis pies temblaban constantemente y esa idea de un paso seguro se desvaneció del todo de mi mente. 

Algunas chicas para darse fuerza mutuamente empezaron a hablar, a cogerse de las manos y caminar juntas, yo en cambio decidí guardar fuerzas y sola, agarrando fuertemente mi bandera y mis ilusiones empecé a abrirme camino entre la multitud. Las ampollas en mis pies empezaron a salir más y a volverse más y más prominentes, hasta el punto en que cada paso hacía que un dolor agudo recorriese todo mi cuerpo. Pero aún así, casi arrastrando los pies y respirando lentamente llegué a los 5000 mts donde hicimos un pequeño receso para la reagrupación.

Justo al llegar a los 5000 mts me desplomé entre unas piedras y empecé a buscar frenéticamente mi cantimplora; en la subida me había dado cuenta que la falta de oxígeno era muy grande, y que hasta el más mínimo movimiento para alcanzar mi cantimplora, me drenaba completamente, me asfixiaba, por lo que decidí guardarla en la mochila y solo tomar agua cuando fuera completamente necesario. Pero luego, sentada disfrutando del paisaje maravilloso que se asomaba ante mí, tomar agua era lo más sabroso y tranquilizador que había hecho en mucho tiempo.

Alrededor de treinta minutos después, nuestro guía nos dijo que faltaban alrededor de 170 metros, que estos últimos eran de subida inclinada, y que los compañeros que estaban enfermos no podrían hacer esa última etapa; en ese momento pensé seriamente en volver, mis pies no podían soportar más mi peso y todo mi cuerpo gritaba por la necesidad de volver al campamento. En ese momento de crisis, saqué mi bandera y la bandera de Brasil y sentí que más que un gusto por subir, era un deber, una necesidad.

Había llegado tan lejos, me había arrastrado hasta los 5000 mts, ¿cómo no subir unos 170 mts más? Además, no estaba allí solo por mí misma, estaba por mi grupo, por mi familia, por mí misma y por Madalena,     quien estaba enferma en esos momentos en el campamento y no  había logrado hacer parte de este grupo de ruteros que se enfrentaban al Quehuischa, ella era la única rutera Brasilera y me había dado su bandera buscando que la llevase hasta el nacimiento del Rio Amazonas; ¿cómo defraudarla?, ¿cómo frenar la subida de la bandera Brasilera solo por la insignificancia, de un dolor de pies? Así que a duras penas me puse de pie, amarré cada bandera a mi mochila, y empecé el final de la subida al Quehuischa.

Efectivamente los últimos metros fueron de pendientes, y mi cuerpo no estaba para nada preparado, mi respiración se aceleró completamente y luego me tiré en la mitad del camino. Corta de respiración y adolorida pensaba que debía haberme devuelto y que no iba llegar a la cima. Este mismo proceso lo repetí casi cuatro veces, en las cuales mis piernas olvidaron sus responsabilidades, encontrándome tirada en la arena, observando como los demás pasaban cerca de mí.

Finalmente, una monitora me tomó de la mano y me alzó del piso y poco a poco me impulsó hasta los treinta metros faltantes;  luego falta de respiración y agotada, llegué a las fuentes del Río Amazonas.  En ese momento todas mis emociones se entremezclaron y explotaron, empecé a llorar y a sonreír al mismo tiempo. Visualicé a unas compañeras de mi grupo y corrí hacia ellas, gritando y llorando de la alegría; la falta de oxígeno desapareció completamente y la excitación del momento se tomó todo mi ser.

Corrí desenfrenadamente para bajar unas dunas de arena que eran lo único que se interponía entre mí y  la fuente del Río Amazonas. Llegué corriendo, alegre y sintiendo que este era, sin duda alguna, el momento más alegre de toda mi vida.

Y así, gritando y saltando me reuní con otras dos colombianas que habían logrado completar esta odisea;  cansadas y extasiadas tomamos la bandera y capturamos el momento. Nos situamos cerca de un hilito de agua, de una ternura infinita, de un color cristalino que no me permitía dudar de su pureza extrema, tome un poco de su agua fría que me llegó hasta el alma y me dije para mis adentros, ahí nace el majestuoso Río Amazonas. Lloré porque Colombia había llegado al Quehuischa.

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 Y eso fue solo la subida, la bajada es otra aventura.

Mi esmerada formación académica

24 Ago

Mi primer encuentro con la Escuela fue a los cinco años, nunca lo olvidaré. Ese día me sorprendió el despertar de la conciencia y entendí dos cosas sin necesidad de saber leer ni escribir: no me gusta estudiar en salones de clase y no me gusta madrugar.

En Primaria fui buena estudiante hasta que un día, cuando tenía nueve años, descubrí que podía prescindir de la vida cuando quisiera, porque era mía -lo único que de verdad me pertenecía- y entonces decidí lanzarme de la terraza de mi casa para saber si era verdad y ese día descubrí que soy inmortal. El golpe me despejó la mente, lo empecé a ver todo diferente y los profesores también, me miraban como si fuera un ser sobrenatural, me trataban con especial cuidado, no sabían si era muy frágil o si no podían confiar en mí.

Terminé la Primaria y empezó la verdadera tortura: la mediocridad sin límites de los profesores de bachillerato y la estupidez sin límites de los estudiantes de bachillerato. Yo sabía más que todos mis profesores y era mucho más inteligente que todos mis compañeros. Cuando tenía trece años descubrí la biblioteca Luis Angel Arango. No sé cómo ni por qué terminé en la hemeroteca de esa biblioteca. Ese día supe que la verdadera educación estaba ahí, en los libros que leía por curiosidad, sin necesidad de profesores, cuadernos ni uniformes; sin filas, izadas de bandera, salones ni entregas de boletines. Recuerdo que cuando tenía quince años había leído casi todos los libros de la hemeroteca. Me gustaba pasar tardes enteras ahí mirando diccionarios, enciclopedias y colecciones de frases célebres.

Varias veces renuncié a mi educación y por eso terminé con mi título de Bachiller cuando la persona ideal debería estar terminando una carrera profesional. Estaba decidida a ser autodidacta, me quería demostrar a mí misma que podía ser mi propia profesora.

Mi hermana ha sido fundamental a lo largo de mi vida, si no hubiera contado con la presión de ella durante la infancia y la juventud me hubiera quedado con tercero de primaria. Ella tenía claro que en Colombia la valía de una persona depende de los diplomas y las actas de grado que tenga guardados en un sobre de manila, así de tonta es la mayoría de la gente. Mi hermana tenía razón, ella siempre tiene la razón.

Después de varios años de rebeldía terminé estudiando una carrera en la mejor universidad de Colombia, se supone. Allá no aprendí mucho pero conocí a un profesor que me convenció de que también tenía que hacer una maestría porque, decía él, no me podía quedar con un mísero titulo profesional. Con ese hombre maravilloso aprendí más siendo su asistente y conversando en el comedor de su casa que con las malditas horas pasadas y perdidas en un salón de clase. Su biblioteca estaba a mi disposición y él pensaba que me podría ir bien en la vida aunque nunca supe qué concebía él como triunfo y como fracaso. Para mí triunfar en la vida es comer y dormir bien, con eso me basta. Mi profesor era, claro, un gran intelectual con premios de poesía y de crítica, un hombre digno de admiración.

No estoy dispuesta a pagar un peso por estudiar, entonces busqué una beca completa con café, almuerzo y ruta y allá hice mi maestría, tenía que demostrarle al mundo que valía por un pedazo de papel llamado Diploma y me sometí a esa humillación. 

Cuando terminé la maestría era una lumbrera intelectual reconocida por mis profesores y mis compañeros. Algunos escritores colombianos sabían de mi existencia también. ¿Por qué? Nunca supe por qué.

Ahora esperaban que me hiciera doctora y postdoctora, me fuera del país, dictara conferencias, escribiera libros y asumiera la pose que me correspondía según el rango, un rango que yo nunca deseé. No soporté más presión estúpida y decidí parar. Creí que era suficiente con llegar hasta ahí, no tenía por qué seguir complaciendo al público, no tenía que demostrarle a nadie más que tenía talento porque estaba segura de que lo tenía.

Yo hubiera sido feliz si me hubieran dejado leer en paz. Me hubiera encantado quedarme con mi tercero de primaria. Lo único que necesitaba era que me enseñaran a leer y a escribir. No necesitaba nada más.

La hijueputa esa (autoentrevista)

23 Ago

Quiero a este pueblo áspero, vivo, último tipo de las sociedades primitivas y que, al hacer alto a mediodía, tumbado a la sombra, bajo el vientre de sus camellas, se burla, mientras fuma su chibuquí, de nuestra valiente civilización que tiembla de ira.

Gustave Flaubert

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– ¿Por qué comenzamos con este fragmento de una de las cartas de Flaubert a Louise Colet?

– Porque siempre, cuando camino, recuerdo esa frase y me gusta mucho. Me gusta sentirme como el señor bajo el vientre de sus camellas, aunque no fume. La idea de descanso y de desprecio es lo que más me seduce.

– ¿Disfruta haciendo temblar de ira a la gente civilizada?

– Aquí no hay gente civilizada, recuerde que estamos en Colombia. Me gusta burlarme de la gente exitosa y de la idea que tienen de éxito.

– ¿Está pensando en Virginia Mayer y en las frases desobligantes que escribió ayer sobre usted en su cuenta de Twitter?

– Sí, estoy pensando en ella, todavía trato de entender por qué se descontroló tanto si no es la primera vez que me burlo de sus poses en este blog.

– ¿Será porque la ridiculizó más de la cuenta explicándole por qué no es Bukowski con vagina?

–  Probablemente.

– Hablemos de lo que Virginia Mayer dijo de usted anteponiendo a cada prejuicio el sonoro ¡La hijueputa esa!, una expresión tan colombiana. 

–  Dijo que no sé inglés, no he presentado obras en la feria del libro, no he entrevistado a nadie, no tengo una maestría y no he publicado en ninguna revista. Insinuó también que soy ama de casa.

– ¿Es cierto eso que ella dijo de usted? ¿En realidad es usted tan poca cosa? ¿No ha cosechado ningún triunfo? Trate de explicarnos de forma concreta y sin llorar qué piensa de esos juicios.

– Mi vida ha consistido en despreciar todo eso que ella aprecia y usa como carta de presentación. Se supone que sé inglés pero hago lo posible por pensar, escribir y hablar sólo en español. Creo que mi lengua materna es un tesoro y siendo yo hispanohablante no necesito presumir con el inglés o con cualquier otro idioma. Otra sería la historia si yo fuera rumana o japonesa. Mi política lingüística ha sido siempre clara: si quiere hablar conmigo aprenda español. Prefiero explorar el español que balbucear otras lenguas para parecer cosmopolita, globalizada o internacional.

– Ahora hablemos de las obras que usted no ha presentado en las ferias del libro.

– Las ferias del libro no me interesan ni siquiera para comprar libros, prefiero las librerías o las bibliotecas. Formo parte del campo intelectual y, como se podrá imaginar, casi toda la gente que conozco ha publicado por lo menos dos libros. La mayoría de mis amigos y conocidos han presentado sus obras en ferias de libro, bibliotecas, librerías, centros culturales, universidades… La idea de convertirme en vendedora de libros, de autopromocionarme, de hablar de mis procesos de escritura, de invitar a un amigo para que hable ante mí y ante un público inocente de lo inteligente que soy, de lo bien que escribo, de la pureza de mi estilo, de mis influencias, maestros y lecturas fundamentales tampoco me seduce.

Aunque usted no lo crea soy una persona humilde y sencilla y no soportaría sentarme a hablar de  mi cerebro en público; tampoco soportaría que alguien hablara de la grandeza de mi ser, la profundidad de mis ideas y la originalidad de mis palabras en mi presencia, para vender libros. Eso no lo soportaría, lo supe cuando vi a mis amigos pasando por ese espectáculo tan denigrante.

– Usted no ha publicado un libro . ¿Por qué?

– Porque no me interesa, cualquiera publica un libro en Colombia, es muy fácil, además tendría que promocionarlo, venderlo, venderme para vender mis libros. Eso es algo a lo que no estoy dispuesta, sería una experiencia muy fuerte para mí. Me parece más emocionante verme citada en otros libros, que se hable de lo que escribo aquí en las ferias del libro, estar ausente de cuerpo pero presente en la mente de las personas que hablan sobre escritura. Eso me gusta más, me parece un juego muy divertido.

– Virginia Mayer dice que usted no ha entrevistado a nadie. ¿Toma esa acusación precedida de ¡La hijueputa esa! como una gran ofensa?

– No he entrevistado a nadie porque no soy periodista, no me imagino entrevistando a nadie que no sea yo misma. Cuando Virginia me propuso un perfil para KienyKe, cuando me dijo que la gente quería saber quién era Ensayista, sentí lo mismo que siento cada vez que alguien se siente ante mí como ante un ser excepcional o digno de ser entrevistado. Cuando me proponen una entrevista pregunto siempre qué me van a preguntar y cuando me lo dicen quedo todavía más confundida y desilusionada porque los periodistas colombianos hacen preguntas muy estúpidas. No aspiro a entrevistar a nadie que no sea yo y no le acepto entrevistas a nadie que no sea yo, esa es mi política periodística.

– ¿Tampoco tiene una maestría?

– Sí la tengo y es gracioso saber que a la gente le importan ese tipo de cosas. Los títulos académicos significan muy poco para mí, casi nada. Lo que me importa de verdad es lo que he encontrado fuera del sistema educativo, eso ha sido lo mejor. 

– ¿Tampoco ha publicado en revistas?

– Si, he publicado en revistas, parece que no es fácil encontrarlas. Eso tampoco me interesa mucho, ni siquiera guardo los ejemplares que me envían por ser la Autora de uno de los textos publicados. La meta es no volver a publicar en ninguna revista impresa, rechazar todas las ofertas que tengan que ver con publicación de libros, participación en ferias y fiestas, columnas de opinión y participación en revistas. Todo está tan degradado que la mejor alternativa sigue siendo internet.  A eso le estoy apostando desde hace unos diez años.

– ¿Es usted ama de casa?

– Supongo que sí, no tengo mucama ni negrita, me ocupo yo misma de todo lo que necesito para vivir.

Virginia Mayer es Bukowski con vagina

22 Ago

No voy a describir de nuevo a Virginia Mayer porque estoy harta de hacerlo, siempre que escribo un post en este blog sobre ella pienso que es el último porque más bajo no puede caer y siempre termina demostrándome que sí puede caer más bajo, tiene el poder de superar sus propios niveles de autodegradación, miseria personal y tontería.

Anoche un tuitero generoso me contó a través de un mensaje privado que Virginia Mayer ahora se autodefine como Bukowski con vagina. No lo podía creer, revisé sus tuits y es verdad. Primero escribió que no le gusta la poesía porque no la entiende, después siguió una cuenta de frases de Bukowski y a los dos o tres días se proclamó como la reencarnación de uno de los poetas norteamericanos más originales de todos los tiempos: Charles Bukowski.

Que una mujer diga que ella es Bukowski con vagina es tan absurdo y descabellado como que un hombre diga que él es Emily Dickinson con pene. Bukowski sólo puede ser concebido en el cuerpo de un hombre, en el cuerpo de ese hombre excepcional llamado Charles Bukowski y Emily Dickinson sólo puede ser pensada en el cuerpo y con la características de esa mujer única en la historia de la literatura: los dos, hombre y mujer, son personas y poetas excepcionales. 

Virginia Mayer es como Bukowski pero con algunas variaciones:

1. Es una mujer gorda muy desagradable que se expresa a través de un español muy pobre.

2. Es una zalamera profesional, le gusta congraciarse y recibir favores de los “poderosos” e “influyentes” de los medios y la literatura colombiana (usa su cuenta de Twitter para establecer contactos, encontrar trabajo y comer gratis).

3. Lucha por encontrar el amor y la aceptación de los tuiteros a través de todas las formas de autodenigración (está en un tratamiento para adelgazar y exhibe sus avances).

4. Hace experimentos para la revista SoHo con la intención de saber cómo tratan a una gorda fea.

5. Felicita a personalidades como Salud Hernández y Gustavo Gómez por sus hermosas fotos de perfil.

Me cuesta creer que tenga una idea tan deformada de Charles Bukowski, no encuentro ninguna similitud entre los dos por más que me esfuerce.

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Vamos a hacer un ejercicio:

Copiaré una selección de tuits recientes de Virginia Mayer y luego haré lo mismo con algunas frases de Bukowski que podrían convertirse en tuits. Entre todos decidiremos si ella es la reencarnación del buen hombre o no lo es:

Los tuits de Virginia Mayer:

1. Uepa, , te ves muy guapa en esa foto!

2.  Qué maravilla de foto.

3. Mi superpoder es soportarte.

4. A mí por qué no me invitan a lanzamientos de marcas de whisky y a fiestas de revistas, es porque me río muy duro?

5. Mi amor por ti va en bajada.

6. Mi virginidad ya tiene dueño. Tú sabes quién eres.

7. Ya se dieron cuenta que estoy dedicada a ser la Bukowski con vagina? Mi carrera es una vil imitación.

8. Mi nivel de mamacita era XL. Ahora soy L pero sigo siendo mamacita.

9. Al único poeta que entiendo es a Charles Bukowski.

10. Gente muy interesante en la Fiesta del Libro en Cúcuta: Mario Jursich

11. Cobro por pintar las uñas porque tengo que mantener mi hogar. Y cuando digo hogar, me refiero a mi museo de esmaltes.

12. A mí no me gusta la poesía básicamente porque no la entiendo.

13. Para mañana, sin falta, espero una campaña en contra de la gente que se baña en piscinas.

14. El oscuro abismo entre un jajajajaj y un Ja. Ja. Ja.

15. Mis viejos me educaron y yo me deseduqué.

16. Enamorarme de ti. Creer que no, pero sí.

17. Before and after. Cinco meses de tratamiento y dieta con . 13 kilos menos, faltan 19.

18. Paris Hilton es una guisa del Only.

19. La vida es eso que pasa mientras no comes pan con mantequilla, Nucitas, Nutella, cupcakes, french vanilla frosting y chocolate chip cookies.

virginia

Si Bukowski estuviera vivo y fuera tuitero escribiría más o menos así:

charles-bukowski

1. Si quieres saber quiénes son tus amigos, haz que te metan en la cárcel.

2. Un intelectual dice una cosa simple de un modo complicado; un artista dice una cosa complicada de un modo simple.

3. El culo es la cara del alma del sexo.

4. Tan preocupado está mi amigo por desgajar de mis huesos la carne de mi alma que apenas parece pensar en su propia existencia.

5. Eso es todo lo que hace la gente, juegos de niños. Van del coño a la tumba sin que les roce siquiera el horror de la vida.

6. Traté de convertirte en mujer pero no eres más que una puta.

7. Si hubiera nacido mujer hubiera sido prostituta. Como había nacido hombre, anhelaba mujeres, cuanto más guarras mejor.

8. Las buenas mujeres me daban miedo porque a veces querían tu alma y lo poco que quedaba de la mía quería conservarlo para mí.

9. Es por culpa de mi niñez, sabes. Nunca supe lo que era el amor…

10. Ahora, después de décadas, era un escritor con escritorio. Sí, sentí el temor, el temor de volverme como ellos.

11. A mí cada vez que alguien me hablaba me entraban ganas de tirarme por la ventana o de escapar en el ascensor.

12. Si el mundo dura hasta el próximo siglo ahí estaré yo todavía, pero los viejos críticos estarán muertos y olvidados.

13. Aquella electricidad hedionda que continúa propagando la fealdad de la especie a lo largo de inútiles centurias.

14. Coge la familia, mézclala con Dios y la nación, añade diez horas de trabajo diario y tienes todo lo que necesitas.

15. Cuidado con aquellos que buscan constantes multitudes; no son nada solos.

16. Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo.

17. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos.

18. Nunca sentía soledad; cuanto más separado de la especie humana se encontraba, mejor se sentía.

19. La gente que cree en la política es como la gente que cree en Dios: soban aire con pajitas torcidas.

20. El alma libre es rara, pero la identificas fácilmente cuando la ves.

21. El hombre ha nacido para morir. ¿Qué quiere decir eso? Perder el tiempo y esperar.

22. Por supuesto que es posible amar a un ser humano si no lo conoces demasiado.

23. Estaba horrorizado con la vida, con lo que un hombre tenía que hacer simplemente para comer, dormir y mantenerse vestido.

24. Cuando bebía el mundo aún estaba allí afuera, pero por el momento no te tenía agarrado del cuello.

25. Me levanté y fui hacia el jodido cuarto de baño. Odiaba mirarme en aquel espejo pero lo hice.

26. Casi siempre lo mejor de la vida consiste en no hacer nada en absoluto, en pasar el tiempo reflexionando, rumiando todo ello.

27. Yo no analizo jamás, me limito a reaccionar… yo ando con todos mis prejuicios.

28. Al carajo con la verdad. El estilo es más importante: cómo hacer una por una cada cosita.

El descanso eterno

18 Ago

Nací en 1970 pero empecé a tener conciencia de mí misma en 1975, cuando me obligaron a madrugar por primera vez para ir a estudiar. Recuerdo ese primer día como uno de los días más tristes de mi vida. 

En el colegio me encontré con adultos falsos y niños estúpidos, ese día -mi primer día de clase- supe que no me gustaba estudiar y que tampoco me gustaba madrugar.

Durante la infancia y la adolescencia sufrí mucho con mi educación, a los quince años decidí renunciar a esa mentira, supe que me gustaba descansar sin pausa y a eso consagré el resto de mi vida, a ver pasar las horas sin hacer nada por mi futuro. Sólo pensaba en el placer, en mi propio placer, en el gusto de no hacer nada. Sospechaba que la aristocracia de nuestro tiempo consiste en hacerse cargo de las horas. ¡Que trabajen los esclavos, yo nací para descansar! Estaba segura de que tenía razón, los equivocados eran los demás, aquellos adultos tontos que creen en el éxito y en las realizaciones personales relacionadas con el dinero, los amigos y los viajes de placer o de negocios.

Cuando todavía era niña de uniforme me gustaba elevar globos, pasé muchas horas de mi vida elevando cometas grandes y globos pequeños desde la terraza de mi casa. Nunca fue tiempo perdido ver cómo algo que está al alcance de mi mano se va y luego -después de varias horas- vuelve a mis manos y lo vuelvo a soltar cada día y vuelve a regresar. Hay globos y cometas que se van y nunca regresan. Esa sensación me gustaba mucho, bajar de la terraza con las manos vacías y la cara azulada -porque mi hora favorita para elevar cometas era antes de que oscureciera y a esa hora hace mucho frío en Bogotá. Era una emoción indescriptible ver cómo mi globo se desplazaba tanto que ya no lo veía convertido ni siquiera en un punto. Elevando globos y cometas se pasan muchas ideas por la mente, la que más me gustaba era la de eternidad. Elevé globos y cometas durante varios años, lo hacía para olvidarme de tantas horas perdidas en un salón de clase. Elevando globos desarrollé el arte de la paciencia. 

Cuando me aburrí de los globos me consagré al tejido pero tengo mejores recuerdos de las horas perdidas, malgastadas a conciencia, con los globos que con las lanas y con las agujas, son placeres diferentes. Las ideas que se pasan por la mente no son las mismas pero sospecho que se piensa de forma más concentrada tejiendo que elevando cometas, aunque en las dos actividades la vista nos lleve por caminos diferentes.

La lectura la descubrí estudiando y cuando descubrí la lectura supe también que los libros se encontraban en las bibliotecas y dejé los globos, las cometas y el tejido y me dediqué a leer. Mis libros favoritos eran los de filosofía, quería saber cuál es la mejor manera de vivir y leyendo esos libros supe que mi forma de vivir era la mejor de todas y que lo había descubierto viviendo, sin necesidad de leer ningún libro. Perder las horas leyendo es un placer que todavía disfruto, pero como soy generosa quiero compartir lo que leo con otras personas y hablando de libros descubrí que me gustaba ser profesora  y fui profesora desde muy joven, cuando todavía era una niña y algunos de los estudiantes podían ser todavía más niños que yo pero me miraban con respeto y reverencia.

Ser profesora es otra forma de descansar, escribir es otra forma de descansar. Lo que escribo en este blog se me pasa por la mente casi siempre mientras camino, porque también me gusta caminar y caminar es una experiencia tan gratificante como elevar cometas, tejer bufandas y saquitos, lavar ropa a mano, barrer la casa o leer.

Nicolás Arrieta en el cine

17 Ago

Cada semana voy a una sala de cine con la ilusión de encontrar una película digna de mis ojos y, claro, casi nunca la encuentro, el arte es muy escaso en una sala de cine. Ayer de nuevo caí en la trampa: vi una película colombiana pensando que se trataba de una película gringa, me dejé llevar por el cartel. La nueva tendencia del cine colombiano es copiar sin disimulo el peor cine norteamericano. Los temas y la forma de abordar esos temas, las imágenes espectaculares y los efectos especiales. Nuestros guionistas y directores están enamorados de los tiroteos y las casas embrujadas en un paraje inhóspito de una región lejana y abandonada. Todavía se venden las películas de putas y traquetos, todavía vemos Sábados Felices en la pantalla grande, pero el “terror” colombiano está ganando espacio en las salas de cine.

Estando en la sala me di cuenta de que no sólo es colombiana, sino que, peor todavía, es una película bogotana. Terror bogotano al que nos estamos empezando a acostumbrar.

Lo más desastroso de la película es el guión y la voz de los actores, que no actúan sino conversan, se siente uno ante esos niños como ante una conversación de muchachitos de colegio, eso es lo más desagradable: las voces de estos falsos actores y sus conversaciones insulsas.

Lo peor de todo es que es cine en todo el sentido de la palabra, para llegar a las salas se completó todo el proceso. Hay producción, guión, dirección, actuación, edición, distribución y público, la sala estaba casi llena y se sentía en el ambiente un aire de familiaridad. ¿Por qué? Porque en la película o, mejor, cuando ya ha terminado la película, vemos a Nicolás Arrieta durante cinco segundos. Nosotros también lo vimos, la mayor parte de la gente que estaba en la sala iba a ver a Nicolás Arrieta.

Cuando llegué a la casa busqué información sobre la película y me encontré con este tesoro que quiero compartir con ustedes. Le he seguido los pasos a Nicolás Arrieta y pensaba que se había vuelto loco como otros personas creados desde las redes sociales, pensaba que se había dejado tragar por su personaje. Estaba equivocada: este niño y el director de la película se burlaron de todos nosotros y de paso reflexionan profundamente sobre el arte de hacer cine.