Archivo | mayo, 2015

Formas de prestar atención

31 May

Mantén la atención y la clara comprensión en todas las actividades, al estar sentado, al permanecer de pie, al caminar, al mirar y al hablar. El que está situado en la atención como guardián a las puertas de su mente, no puede ser invadido por las pasiones, igual que una ciudad bien guardada no puede ser conquistada por el enemigo.

Ninguna pasión surgirá en aquel que ha obtenido la atención en el cuerpo; protegerá su mente en todas las circunstancias igual que una nodriza protege al niño.

Asvaghosa

Yo, la peor de todas

29 May

Este post no ha sido escrito para Andrés, para Juliana Malaparte, para quienes me censuraron en Twitter, para mi madre, mi sobrino, mi cuñado o mi novio. No. Dejo las dedicatorias insulsas a los jóvenes escritores que recién descubrieron que publicar un libro pasó de moda hace más de un siglo y que ignoran además que los grandes autores están todos muertos, es decir, aquellas pobres gentes que todavía posan de divos o de intelectuales porque son autores de libros insulsos redactados en el español más pobre que te puedas llegar a imaginar, libros feos y mal escritos publicados en editoriales de tres pesos o gente segura de su valía porque publica sus pobres columnas de opinión en ADN, Quiubo o El Colombiano.

Los amantes apasionados de la descripción descarnada, es decir, la gente como yo, se exponen al odio de las multitudes, los cientos de lectores que pasan todos los días temblando de ira y de indignación por este blog, al que han llegado por voluntad propia o redireccionados desde mi página de Fans en Facebook o desde mi nueva cuenta de Twitter: @ennsayista. A la pobre  la convirtieron en cuenta suspendida precisamente muchos de los lectores que deben estar ansiosos por descubrir cuál es la idea central que voy a desarrollar en este post para indignarse de nuevo y decir que Esa señora no tiene perdón de Dios y merece ser silenciada en internet y en la vida real porque representa un peligro para la sociedad y porque su cara es un atentado al buen gusto porque soy fea, muy fea, la más fea de todas.

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A todos los lectores que pasan sus ojos por estas líneas y por otras que he escrito con la ilusión de leer de primera mano mi última gran composición. No les gusta leer nada de lo que escribo pero caen como buitres sobre cada uno de mis textos, los comparten con otros lectores indignados, los interpretan a su modo y  luego me anuncian casi siempre en un comentario escrito desde un sucio café internet que me van a buscar para matarme cuando vaya caminando por la 72. Yo, la peor de todas.

Mas ningún respeto humano, ningún falso pudor, ninguna coalición, ningún director de teatro, ningún presentador de noticias, ningún periodista, abogado, profesor universitario, ningún tuitero con más de cincuenta mil seguidores con ínfulas de divo porque cambia tuits por botellas de cerveza Poker, nadie podrá obligarme a hablar la jerga empalagosa que marcha al ritmo del emprendimiento, ni a confundir la escritura con el deseo infinito de cambiar tuits por regalos ofrecidos por las grandes marcas, porque quien esto escribe es un ser con dignidad que se gana el pan con el sudor de la frente y no precisamente usando las redes sociales para llenarle los bolsillos al empresario que se sirve de personas inocentes, tuiteros emprendedores que promocionan marcas de forma gratuita a cambio de muestras gratis.

Este blog, esencialmente inútil, absolutamente inocente, no tiene otro fin que divertirme y estimular mi gusto apasionado por la dificultad. La dificultad consiste en que cuando escribo un post de este tipo tiene que hacerme reír con risa estruendosa, así mido yo el control de calidad de mis valiosos textos. Si me hacen reír a mí harán reír a otros pero también harán temblar de ira a otros, a los lectores indignados que me odian pero me leen. Siempre será imposible que estemos todos de acuerdo y esa es la mejor parte del encanto, porque debes reconocer que soy encantadora y me seduce la idea de ser leída por quienes me quieren y por quienes no me quieren.

Tengo mis encantos femeninos, tengo mi sonrisa de mujer y mi andar de gata, pero la idea de ser leída me excita más que la idea de ser deseada cuando ves fotos como esta

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Algunos han apuntado que mis bellas composiciones podrían dañar; no he sentido alegría por ello. Otros, almas buenas, que podían hacer bien; no me he afligido. El temor de unos y la esperanza de otros me resultan extraños y no han servido más que para probarme, una vez más, que este siglo había olvidado todas las nociones clásicas concernientes al poder y a la filosofía de la risa, a la risa satánica, a la risa que hiere, esa es la risa que me interesa. La sonrisa tonta no me sirve para nada. Entre la risa tonta y la indiferencia prefiero quedarme todo el día en la casa leyendo, oyendo música y tomando café.

Cometí la imprudencia de leer esta mañana algunos tuits de personas bloqueadas y repentinamente una lasitud como el peso de veinte atmósferas se abatió sobre mí, y me he visto paralizada ante la espantosa inutilidad de explicar cualquier cosa a quien fuese. Quienes saben, me pueden adivinar, y para los que no quieren o no pueden comprenderme, amontonaría en vano las explicaciones.

Y entonces pensaba en usted

28 May

El texto que leerán a continuación es el fragmento de un mensaje mucho más extenso enviado por un tuitero que me admira y me lo quiso hacer saber a través de la escritura. El no soportó el ambiente tuitero y unos días después de marcharse me manifestó por qué le gusta leerme. Me gusta la fuerza que ve en mis palabras y la forma en que lo manifiesta.

Espero que les guste tanto como a mí:

Ayer cuando le dije que disfrutaba la forma como entraba al baile con las manos por delante quitando máscaras, pensaba en una mujer que en estrépito interrumpe cualquier baile veneciano, o mejor, que entraba gritando al set de grabación de Eyes Wide Shut de Stanley Kubrick gritando

“¡¡¿¿Qué es esta maricada??!!”

Entonces pensé en esa chispa que hemos perdido, entonces pensé en cómo la falta de arrojo se remplaza por los moldes que elegimos, pretendiendo salir positivos luego de ser vaciados. Y todo se vuelve una pose de adolescentes refinados. Entonces aparecen los niños y las niñas genio que necesitan aplauso y que corren frenéticos a él; entonces aparecen los vergonzantes que lastimeros hacen de la miseria de los pobres su bandera y su experiencia de orden superior. Entonces aparecen todos los perros de mercado de pueblo viejo queriendo un pedazo del gomelo del que nadie sabía que era menos que nadie.

Pensaba en usted, y deseé volver a clase, porque sacar a pasear las palabras sin llevar tras de sí las cosas se ha vuelto un trámite fácil en la fragilidad de gente fragmentada que escribe en retazos. Entonces pensé en usted, con la máscara corrida y envuelta en un tufo de anís, riendo mientras todos se le quedan viendo sin saber qué hacer, sin saber que es precisamente ese no saber lo que los hizo del montón.

Delincuentes virtuales que tienen el nivel de razonamiento de un chimpancé

23 May

Como lo he dicho tantas veces en este blog, uno de los grandes placeres de ser bloguera y no escritora de libros consiste en compartir y analizar los comentarios más destacados que van dejando los lectores más atentos y también los más agresivos. Hoy quiero compartir con ustedes uno dejado en el post anterior sobre persuasión, argumentación y censura en Twitter, a propósito de la forma y los argumento que tuvieron los internautas colombianos para suspender la cuenta  .

Espero que les guste tanto como a mí:

Queda muy claro que los cernícalos persuadidos, por este o estos otros líderes, utilizaron la acción coercitiva para coaccionarla, sin ningún sentido de remordimiento.

Pero usted no se puede dejar intimidar por unos delincuentes que tienen un nivel de razonamiento de un chimpancé y que vomitan falacias para justificar sus conductas, con sesgos cognitivos de grupo y de confirmación (Lamiéndose entre ellos).

Siga escribiendo. Mientras existan personas que rechacen el ‘modus operandi’ de estos camuesos—que ya rompieron varias veces el pacto de no agresión—; los que defendemos las libertades individuales, la libertad de expresión y los que leemos su Blog la apoyaremos y buscaremos que impere el sentido común y la libertad de expresión.

Saludo cordial.

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¿Cómo se suspende una cuenta con 37.000 seguidores en Twitter?

23 May

A medida que va pasando el tiempo voy recibiendo más información sobre la suspensión de mi cuenta en Twitter llamada . El último dato preciso fue que una persona organizó a los censores vía DM (mensajes privados) y que todos ellos -como buenos borregos- siguieron las instrucciones del líder de la manada.

¿Quién fue? ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué nadie denunció la convocatoria como un atentado a la libertad de expresión? ¿Por qué entre todos los que reportaron la cuenta ninguno dudó en el momento de hacerlo? ¿Por qué ninguno de los que lo hizo muestra la más mínima señal de arrepentimiento? ¿Por qué los “enemigos” de Ensayista se han convertido en una especie de secta que parece estar dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias?

Para comenzar digamos que nos encontramos ante un ejemplo que constata lo descubierto por Milgram. La suspensión de mi cuenta se halla enmarcada dentro de un fenómeno muy propio de nuestro tiempo, es un fenómeno de masas virtual:

En 1961, cuando Stanley Milgram todavía era profesor auxiliar de la universidad de Yale, puso un anuncio en el New Haven Registrer, de Connecticut, invitando a los lectores a participar en un estudio científico sobre la memoria. Se dijo a los participantes que se centraría en el efecto del castigo sobre el aprendizaje, y les dejaron en una sala para que observaran a un hombre que tenía colocados electrodos que -según se aseguró a los participantes- le daban descargas eléctricas dolorosas. Luego se dijo a las personas reclutadas que leyeran una lista de asociaciones de palabras y que dieran al alumno una descarga eléctrica cuando cometieran errores, usando una consola con interrupciones que iban de 15 a 450 voltios indicado como “XXX”.

Aunque estaban separados por una pared, los participantes podían oír al alumno y sus gritos de dolor cuando recibía las descargas eléctricas después de cada error. A medida que aumentaba su agonía, muchos de los participantes protestaron, solo para que el científico encargado les dijera que podían continuar. Y el 65% de ellos lo hicieron hasta llegar a “XXX”, momento en el cual los gritos habían dado paso a un ominoso silencio.

Solo cuando el experimento terminó se dijo a los participantes la verdad: que el alumno no era más que un actor y que no le habían hecho daño en absoluto. Milgram había demostrado que se podía persuadir a la gente corriente, desde amas de casa hasta ingenieros, para que abusaran de un perfecto extraño hasta llegar a matarlo, si creían que podían pasar esta responsabilidad a quienes tienen autoridad. En la década de 1960 se consideró que el experimento de Milgram aclaraba, de manera escalofriante, las acciones de los nazis. Como demuestra el reciente escándalo sobre el tratamiento dado a los prisioneros iraquíes, el experimento de Milgram no ha perdido ni un ápice de su relevancia. (Mattheus: 2007: 30).

La historia de la humanidad está marcada por el linchamiento a las mentes brillantes por parte de masas organizadas por un líder o por una autoridad política o religiosa que lo quieren silenciar: Sócrates, Jesús y Galileo son tres casos emblemáticos. Con ellos también se aplicó la sentencia tuitera que dice: Se calla o la callamos.

No quiero ponerme en el papel de las grandes mentes de todos los tiempos que han sido torturadas, asesinadas, desaparecidas, encarceladas sólo porque opinaron sin miedo sobre temas que no querían ser aceptados por sus contemporáneos, pero que luego se revelaron como grandes verdades. No quiero ponerme en el papel de mártir o de heroína pero tanta atención dedicada a mí, tantos deseos de parte de los líderes y de sus súbditos de callarme como sea, me ponen a dudar sobre si lo que escribo es tan peligroso como para que actúen conmigo como actuaron en contra de las mentes más brillantes de todos los tiempos, los grandes rebeldes o los grandes reveladores. No sé si ponerme al lado de Flaubert, Baudelaire, Sade y Galileo o si me gusta más sentirme hermana de Jesús y de Buda.

Si observamos la censura ejercida sobre mí a la luz de la argumentación escrita es evidente que mis agresores llevan todas las de perder. Veamos:

Argumentación y persuasión

Conmigo se ha ejercido siempre la persuasión:

La persuasión es un acto discursivo intencional encaminado a lograr una acción o una determinada línea de conducta en un destinatario apelando más a sus emociones, deseos, temores, prejuicios y todo lo relacionado con el mundo de los afectos más que con el raciocinio. Al persuasor sólo le interesa lo que el persuadido haga o no haga y no lo que sienta o piense. (Díaz: 2002: 2).

¿Qué es lo que quieren que haga quienes me censuran? Que me calle.

¿Por qué quieren que me calle? Porque escribo en este blog y en mi cuenta de Twitter textos que no les gustan. No me responden con otro texto sino con la suspensión de la cuenta.

¿Cuáles estrategias persuasivas han utilizado mis censores para buscar que no escriba más?

– Coacción o coerción: acto realizado por un individuo o un grupo con el fin de obligar a alguien a que diga algo o ejecute una acción que no quiere. Ejemplo: la suspensión de mi cuenta de Twitter.

– Apelando a las emociones: Se logra explotando los afectos, emociones, deseos, temores de quien se intenta persuadir. Ejemplo: me dicen -para insultarme y “debilitarme”: fea, vieja, loca, bruta, sola, necesitada de afecto, a usted nadie la lee, suicida…

– Profiriendo amenazas. Ejemplo: He recibido amenazas de muerte desde 2010.

– Apelando a la mentira y el engaño. Ejemplo: cuando me cerraron la cuenta en 2010 inventaron que yo misma lo había hecho, para llamar la atención.

– Apelando a la identificación con el grupo: consiste en demandar la actitud de alguien que no se comporta o piensa de acuerdo con los patrones establecidos y aceptados por un grupo social.

– Mediante estribillos lingüísticos: consiste en utilizar un léxico recargado con connotaciones emocionales. Ejemplo: Esa señora, la loca Elsy, La loca de los ensayos, La señora que ensaya.

La estrategia persuasiva más clara que identifica al grupo cada vez más numeroso de tuiteros que me quieren callar es la desindividualización:

Un líder (el tuitero mayor, el más ofendido, el que ha asumido el poder, la voz de mando, la Autoridad Tuitera) adoctrina a un grupo numeroso de individuos (todos aquellos que reportaron la cuenta  ) para que piensen como grupo, no como individuos, y sientan que ejercen el poder por mayoría numérica, no porque haya una razón de peso para reportar la cuenta.

La estrategia persuasiva llamada desindividualización es muy utilizada en las sectas religiosas, en los grupos terroristas, en algunos sistemas de opresión y ahora descubrimos maravillados que también se usa en Twitter Colombia. “Sus integrantes pueden llegar al extremo de justificar cualquier delito que realice el grupo por grave que sea. Para ellos, siempre habrá una justificación, incluso cuando el grupo realiza acciones que perjudican a toda una comunidad  o a alguien en particular”. (Dìaz. 2002: 4).

¿Qué es argumentación?

Es una forma de convencer o de lograr una adhesión de un determinado auditorio, pero apoyándose más que todo en criterios racionales. Por eso argumentar es mucho más difícil que persuadir cuando se intenta convencer a un auditorio exigente. Con la argumentación se busca fundamentalmente un convencimiento, una aceptación de una forma de interpretar un hecho o una situación, y no propiamente la manipulación para realizar una acción. Por esta razón la argumentación no puede ser coercitiva. Mientras la persuasión apunta a las emociones del destinatario, la argumentación apunta a su raciocinio. (Díaz: 2002: 5).

Bibliografía:

Dìaz, Alvaro. La argumentación escrita. Medellín: Universidad de Antioquia. 2002.

Matthews, Robert. 25 grandes ideas. La ciencia que está cambiando nuestro mundo. Madrid. Espasa: 2007.

Mis poemas tardíos

22 May

Poema número 1

A ella

Ella es una mujer fantástica

Casi la mejor de todas

No sabe si me ama o si me odia

Y debe estar leyendo esta composición ahora

Para luego decir con voz queda:

¡Eso no es poesía!

¡Ella no es escritora!

¡Ella no ha publicado ningún libro!

¡Los que la leen a ella son mucho peores que ella!

***

Poema número 2

A él

Él es el hombre perfecto

Y no lo digo porque esté enamorada

Sino porque soy muy inteligente

Y no puedo estar equivocada.

***

Poema número 3

A la luna

La luna se asoma por mi ventana

Yo la miro entre turbada y confundida

y le digo: ¡Hola!

Ella no me responde porque no tiene boca.

No me mira porque no tiene ojos.

No sabe que existo porque no piensa.

Y si pensara no pensaría en mí

¡Oh!

¡Cómo llora mi alma porque la luna no se fija en mí!

La luna es un enorme meteorito

Hace mucho tiempo colisionó sobre la superficie de la Tierra

La Tierra es un planeta.

Aquí vivimos tú y yo.

Si me lees es porque naciste en la Tierra como yo.

Debido al impacto grandes fragmentos salieron proyectados hacia el espacio.

Esos restos giraron alrededor de la Tierra y lentamente pasaron a ocupar una misma órbita

Formando un único anillo alrededor del planeta.

Después se condensaron y adoptaron forma de esfera.

¡Así nació la Luna!

No me lo dijo el corazón

No me lo reveló mi hada en un sueño.

¡No!

Lo leí en un libro de divulgación científica

Ay.

Con el paso del tiempo la Luna se fue alejando progresivamente de la Tierra hasta ocupar su posición actual

Parece redonda pero no lo es.

Es más bien una piedra sin gracia

Pero como soy poeta

Yo la veo hermosa desde mi ventana

Aunque ella jamás se percate de mi existencia.

Pecados capitales de la A la Z

21 May

El humano es un animal, nadie lo pone en duda, sus más bajas pasiones han sido llamadas pecados: pecados mortales y  pecados capitales. Los pecados mortales atentan contra la integridad de otros seres y se sintetizan en el ¡No matarás! y los pecados capitales atentan directamente contra el animal en cuestión: un ser sensual que quiere acaparar todo el placer, que quiere tener siempre la razón y que quiere ejercer la supremacía sobre todos los demás. La clave es la templanza pero pocos humanos lo saben porque están sumidos en la ignorancia, la inocencia y la inconsciencia.

Los pecados capitales hacen daño si se practican en exceso pero algunos son más dañinos que otros; algunos precisan de otros humanos para fortalecerse y otros se fusionan para convertir a un ser que pudo aspirar a la grandeza en el más despreciable de los bichos, más despreciable que el animal más repulsivo y sucio.

Hay pecados capitales que producen risa por lo banales que pueden llegar a ser, el pecado más tonto es la vanidad. La vanidad mira hacia afuera, busca la aprobación externa de otros humanos viles. La vanidad se opone al orgullo, que tiene que ver con la aprobación propia, con la vida interior, con la certeza de querer hacer las cosas siempre bien porque se vive con un testigo noble que es uno mismo. Lo que piensen los demás, los que viven de lo externo, es decir, de la vanidad, no significa nada para estos humanos nobles y seguros de su propia valía que caminan como dioses observando la furia de los vanidosos y la ira de los envidiosos.

El orgulloso goza de su propio placer en la intimidad del hogar, es el goloso que goza sus placeres sin testigos. Aquí los placeres relacionados con la comida y con la bebida se pueden constituir en placeres superiores, placeres que le dan forma y sentido a lo más sensible que constituye a una persona consciente de su propio placer. La comida y la bebida sin llegar a la gula y la ebriedad, se da por entendido.

La vanidad y la envidia van de la mano, las personas vanidosas suelen ser personas inseguras que viven de la aprobación ajena y por vivir pensando en la aprobación ajena pasan el día entero pensando en personas dignas de ser imitadas. A veces los ideales son demasiado elevados y entonces el vanidoso termina convertido en envidioso porque un pecado capital puede arrastrar otro y fortalecerlo. La vanidad y la envidia suelen ir juntas y cuando se fusionan de tal forma que no es posible determinar si una predomina más que la otra es porque quien pone en práctica estos pecados ha llegado demasiado lejos, se ha solazado con fruición en este par de vilezas y bajezas.

La gula y la ebriedad son pecados capitales pero son por sobre todas las cosas un atentado al mal gusto y al amor propio. Comer y beber de forma desmedida para olvidar las penas o para matar el tiempo es más triste que pasar el día entero en Twitter contando FAVs o que pasar el día entero en Facebook contando Likes. Hay formas de llenar el vacío: la lectura, el cine, el deporte…  pero beber, comer y volverse famoso en las redes sociales para llenar el espacio vacío que se ha instalado en el estómago, en el cerebro y en el alma sólo es digno de personas sin creatividad.

La vanidad se relaciona con lo externo y la gula y la ebriedad se relacionan con lo interno, con el vacío del cuerpo, del alma o de la vida. La vanidad casi siempre está relacionada con el cuerpo y la gula y la ebriedad con el alma, con el espacio vacío que la mayoría de la gente no sabe cómo llenar y, entonces, comen y beben para olvidar que no se hallan. Hay personas que comiendo y bebiendo en exceso sienten que son, que ganan peso, que todavía existen, que alguien las ve y se fija en ellas.

La pereza y la tristeza, la gula y la ebriedad son el cuatrinomio perfecto para hacer de la vida una completa miseria, pero hay gente que se solaza en eso. Con conexión a internet la miseria puede llegar a empeorar.

La lujuria, la avaricia, la ira y la soberbia son los pecados capitales menos negativos, es una verdadera lástima que la risa no sea un pecado capital. Quien sabe disfrutar de los placeres que ofrece el cuerpo a través del erotismo se divierte bastante y en estos tiempos de ocupación extrema es muy difícil que alguien caiga en la lujuria; la avaricia bien administrada debe ser uno de los placeres más sensuales y unida a la lujuria debe ser tan sexy como el amor a la lectura. La ira y la soberbia son pecados que se convierten en grandes cualidades cuando se unen a la risa y a la erudición, con amargura y envidia deben ser una experiencia no muy digna de ser vivida.

Carta abierta a los amigos de mis hermanos y a los amigos de mis sobrinos

20 May

Gracias a la suspensión de la cuenta de Twitter  (debido a que fue reportada  de forma masiva entre el lunes y el martes de la semana pasada según acuerdo definido por un líder a quien no le simpatizo y no me quiere ver escribiendo allá pero probablemente me lee aquí y deja comentarios desobligantes en algunas entradas), gracias a que cientos de personas decidieron ejercer la censura sobre mí, supe que me lee más gente de la que imaginaba y que muchos de esos lectores fieles y anónimos están dispuestos a ayudarme de alguna manera.

Me han hecho sentir como una noble damnificada.

Gracias a esa lamentable experiencia -la suspensión de mi cuenta de Twitter- vi cumplirse de manera palpable la frase popular que dice No hay mal que por bien no venga. La cuenta fue suspendida pero he recibido el apoyo y el afecto de muchas personas sobre las que no sabía nada. Apareció, por ejemplo, un compañero de bachillerato de uno de mis hermanos menores. El me lee en Twitter y leyéndome llegó a pensar si no sería yo la hermana de uno de sus compañeros de clase del lejano 1999. Gracias a sus conversaciones con mi hermano sobre las conversaciones que yo tenía con él en la casa y que luego él compartía entusiasmado con sus compañeros de colegio, el actual lector tuitero de esta pobre señora pensó si no podría ser la hermana de él, me dijo el nombre de mi hermano y, claro que sí, soy yo. Su compañero de clase  recuerda esas conversaciones, recuerda y aprecia todavía a mi hermano aunque lleva muchos años sin verlo y me aprecia un poco a mí gracias a la admiración que mi hermano manifestaba ante sus compañeros cuando era un joven estudiante de bachillerato. Él y yo, el amigo de la juventud de mi hermano, terminamos hablando a través de mensajes privados -precisamente en Twitter- con mi nueva cuenta  @ennsayista sobre esa bonita coincidencia.. Eran conversaciones sobre libros, claro, los mismos libros de que los suelo hablar en mi cuenta de Twitter. ¿No es eso hermoso y conmovedor?

Mi vida no está hecha de tragedias, pero este triste incidente -la suspensión de la cuenta de Twitter- me llevó a comprometerme más con la gente que me lee y confía en lo que escribo. Mis enemigos -si es cierto que tengo enemigos- me hicieron ver que también hay mucha gente que disfruta con lo que escribo y no creen que sea tan peligrosa como algunas personas pretenden creer que soy. Yo me veo como una persona más bien inofensiva.

Esas personas nobles, el amigo de mi hermano, por ejemplo, me han pedido que no me deje callar, que siga escribiendo en Twitter con otra cuenta, consideran que no voy por ahí dañando vidas sino desinflando egos, eso me han dicho varias personas de diferentes formas y es reconfortante saber que interpretan de ese modo la valoración que he hecho de algunos personajes públicos, escritores, periodistas, expertos en social media y emprendedores colombianos en la red en un tono que puede molestar a algunos, ilustrar a otros y divertir a muchos.

Mi larga noche con la heroína

19 May

El texto que leerán a continuación fue escrito por Juan Sebastián Lozano. Es uno de los talentos que como profesora he tenido el gusto de conocer. No creo que lo haya descubierto, cuando ejercí como “maestra” suya él ya era un lector formado y escribía muy bien.

Cuando leí su primer texto supe que había sido afortunada al encontrar un interlocutor con el que podría hablar más allá del salón de clase. No me equivoqué, después de cuatro o cinco años creo que este joven escribe muy bien y es generoso al compartir su testimonio con nosotros:

La probé por primera vez en 2008, en un apartamento de Chapinero. Me sentí muy cómodo, experimenté sensaciones y alucinaciones magníficas. Un viejo amigo de infancia me había presentado a unos barranquilleros que tenían una banda de rock. En el mejor momento de una de sus fiestas, me pasaron un porro con un poco de “H” de condimento. Terminé tumbado en un sofá y dormí plácidamente durante diez horas. Repetí la experiencia con ellos un par de veces en el transcurso de dos semanas. En los días siguientes al consumo, me sentía más deprimido que de costumbre.

Volvía a la casa de mis nuevos “amigos” como un autómata, con la excusa de oírlos tocar, y un día, como era de esperarse, terminaron diciéndome que ya era hora de que comprara mi heroína, que ellos me presentarían a su dealer. Un mes después lo llamaba a diario. Me engañaba a mí mismo diciéndome que lo hacía para experimentar y escribir sobre el tema.

Meses después, la búsqueda del placer inmediato hacía que descuidara todo lo demás: los proyectos más simples, mi rutina de estudios, algún trabajo de momento, la cordialidad familiar, los amigos, las mujeres. Hacía todo lo que estuviera a mi alcance para comprar heroína y encerrarme con ella en casa.

La cantidad para un día costaba $10.000 y el gramo, $30.000. No era fácil conseguir dinero en esa época, sólo contaba con lo que me daban mis padres, a quienes manipulaba y engañaba; por eso nunca tuve necesidad de robar, aunque más de una vez contemplé la posibilidad de hacerlo.

Cuando duraba varias horas sin consumir, sentía que me enfermaba de nuevo, estornudaba, bostezaba continuamente y me daban escalofríos.

Viajé a la Costa con mis padres en las vacaciones de ese año, y al segundo día de estar allá mi abuela encontró la poca heroína que pude llevar y la escondió. No podía protestar. Todos fingimos que no había pasado nada. A pesar de haber visto Trainspotting, Réquiem por un sueño y otras películas sobre heroinómanos, no era consciente todavía de la magnitud del síndrome de abstinencia. Un viejo consumidor me había dicho que alguna vez en una clínica le habían dado clonidina, un medicamento para la hipertensión, y que éste había menguado los síntomas de abstinencia o “mono”. Compré una caja de clonidina y unos analgésicos comunes, pero no funcionaron. La primera noche, a los síntomas ya descritos se sumaron unos fuertes espasmos
musculares que me impedían estar quieto en la cama. Tomé más clonidina y empeoró la situación. Sentía una debilidad extrema y no pude dormir durante casi una semana.

En esas vacaciones logré recuperarme, y como el protagonista de Yonqui, de William Burroughs, empecé a salir mucho y a tomar bastante alcohol. Como la heroína es una droga para estar encerrado en casa y en sí mismo, cuando se deja dan ganas exageradas de socializar, de tirar, de bailar. No dormía bien, pero no me sentía cansado. Me prometí que jamás volvería a consumir.

Al regresar a Bogotá, llamé al dealer y compré una bolsa de $10.000, con la intención de drogarme sólo una vez más. Esta vez decidí fumarla sin marihuana. Preparé lo que se conoce como un
“chino” o “dragón”, que consiste en poner un poco del polvo marrón en un papel de aluminio, calentarlo por debajo con un encendedor y aspirar con la boca el humo que sale del papel. Sin la marihuana el efecto me gustó más, sentí mucha energía y ganas de caminar, tuve pensamientos agradables por varias horas.

En las esquinas donde me citaba el dealer, vi gente de todas las edades y condiciones: jovencitos novatos entusiasmados, viejos resignados, punkeros, médicos, profesores y gente de corbata; tipos muy pálidos y casi sin pupilas, medio muertos, que contaban orgullosos sus robos y aventuras para conseguir la dosis diaria. Algunos me dieron los números telefónicos de otros dealers, porque es un riesgo depender de uno solo, ya que lo normal es que al principio te vendan mercancía de calidad, barata e incluso que te la regalen, y cuando ya estás enganchado rebajen la sustancia y aumenten el precio. Siempre llegan tarde a las citas para enseñarte quién es el que manda.

Metido de cabeza en esto conocí a personajes indolentes que parecían resignados a su suerte, como enfermos terminales. Leo, uno de ellos, vendía y estafaba a los clientes novatos para asegurar su consumo gratis. Una tarde nos metimos a un baño público a fumar “chinos”. Cuando alguien se dio cuenta y gritó que iba a llamar a la policía, Leo salió y le dijo que yo era el delincuente. Aquella vez alcancé a escapar. Kike, un tipo que a veces me vendía “H”, le había robado un televisor a Leo y Leo después le robó varios gramos y juegos de Xbox. Un día, en mi casa, Kike lo atacó con un cuchillo y Leo escapó. Ambos me robaron.

Por curiosidad, una tarde decidí inyectarme; de ahí en adelante la adicción se hizo más intensa y apremiante. Sentía una corriente por las venas que terminaba con un golpe en el cerebro, y luego
era como estar en el mar con una sirena. Me sentía como una especie de vampiro que no cedía ante el guion aburrido y lleno de esfuerzos innecesarios que le imponía la sociedad para ser un “hombre de bien”, un esclavo metido en la carrera por el dinero y el éxito social

Cuando ya llevaba unos meses inyectándome, apareció una exnovia. A pesar de enfurecerse cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo con mi vida, intentó ayudarme, pero fue imposible.
Como en la canción Heroin, de Lou Reed, le dije que debía aceptarme así, que tarde o temprano dejaría de consumir, que sería un hombre valiente y responsable y que trabajaría con seriedad. Pero ella no me creyó y volvió a irse.

Dos años después de estar inyectándome habitualmente, recurrí desesperado a la ayuda de una psicóloga que me había recomendado el viejo amigo con quien había consumido la primera vez. Estuve dos semanas en una fría cabaña al norte de Bogotá consumiendo metadona, un opiáceo legal que genera analgesia y sedación pero no euforia. Allí, un grupo de cinco personas con problemas similares hacíamos algunas terapias psicológicas y sesiones de relajación, meditación y sauna. Sin embargo, dos semanas no son tiempo suficiente para desacostumbrarse a algo tan fuerte. Al salir, tomé metadona por un mes, pero finalmente volví a consumir.

Continué un año más en la rutina de la inyección, hasta que la situación se hizo insostenible. Llega un momento en que ya no hay espacio en las venas para inyectarse. Ya están demasiado afectadas. Y, mientras tanto, el dinero no alcanza ni la farsa puede continuar. En una ocasión tuve una sobredosis y alguien que me acompañaba llamó una ambulancia. Cuando me desperté, estaba en una clínica conectado a una máquina con suero, con la mitad de la cara llena de costras de sangre y mi madre sentada a mi lado, rezando. Había comprado una heroína de mejor calidad que la anterior y el cambio fue casi letal.

Por presión familiar, ingresé a una costosa clínica de salud mental para desintoxicarme. Allí me dijeron que la mejor manera de dejar la heroína era estar encerrado varios meses, mientras cumplía con un programa de deshabituación. Compartí sobre todo con gente diagnosticada con depresión, bipolaridad y esquizofrenia.

A los quince días me trasladaron a una bonita finca a las afueras de Bogotá, donde estuve internado durante ocho meses. Tuve que adaptarme a una disciplina, cumplir con unas actividades lúdicas y terapéuticas, trabajar en una huerta y asistir a reuniones de grupos de adictos. Había cerca de doce personas, de distintos oficios y edades, adictas a la cocaína y al alcohol; el único que conocía la heroína era un francés que se había inyectado por veinte años y tenía las manos hinchadas por un problema en las venas.

Llevo nueve meses sin consumir heroína. Me siento más libre, tranquilo, reconciliado con el mundo. La vida no es bella en general ni mucho menos. La historia de bastante gente está llena de dolor y sufrimiento, y consumir sustancias tan fuertes y riesgosas finalmente los aumenta. No conozco al primero que pueda controlar su consumo, aunque dicen que existen.

Algunos rehabilitados y sabios dicen que el consumo de heroína es un escape cobarde, una renuncia a la guerra vital y a una derrota valerosa, un camino de egoísmo extremo. A diferencia de la adicción al bazuco, sin dinero no se puede ser yonqui. Sobre todo, es una muy mala opción para relajarse, una sustancia demasiado adictiva y extrema que genera una abstinencia de los mil demonios.

Ahora experimento la mesura en general, estoy mejor. O eso quiero creer.

Carta abierta a mis enemigos

18 May

A medida que pasa el tiempo más persona me dicen que tengo muchos enemigos, enemigos poderosos y peligrosos. No hay enemigos no peligrosos me acaban de decir. Me piden que me cuide, que camine con cautela, que vea por dónde voy y con quién hablo y yo no entiendo nada de lo que me dicen. Ustedes -quienes se hacen llamar mis enemigos- me confunden, me hacen sentir importante, como si fuera un político de izquierda o una periodista que investiga y divulga casos de corrupción.

Me paro ante el espejo, veo mi cara desabrida, mi porte de gente sin gracia y me cuesta trabajo creer que alguien como yo, una persona sin atributos, una mujer tan insignificante, una señora tan simple que no merece ni la mirada de un perro de la calle, tenga enemigos poderosos que no descansarán hasta darme el castigo que merezco.

Querido enemigo: no entiendo por qué estás tan ofendido. Si yo pudiera saber el motivo de tu ira y tu dolor haría lo que fuera por hacerla más soportable, porque sé que el sufrimiento no sirve para nada y no enaltece a nadie.

¿Qué es lo que tanto te molesta?

¿Es mi forma de escribir?

No hago nada más que escribir y ni siquiera soy escritora, no he publicado nada, no existo en las librerías ni en las bibliotecas. Sólo escribo aquí. No me hagas sentir importante, no me hagas creer que un mísero blog lleno de publicidad que le reporta ganancias al dueño del dominio -uno entre cientos de millones- es importante para ti y que por leer las tonterías que se me van ocurriendo mientras transcurren las horas muertas de mi mísero ocio tú decidiste ponerte la etiqueta de mi enemigo y a medida que pasa el tiempo tu ira se incrementa más y deseas una muerte lenta y dolorosa para mí.

No es elegante pensar en una  señora pobre, vieja, fea, sola, indefensa, residente de barrio popular, usuaria del Transmilenio y el SITP como tu objetivo militar.

Te invito a reflexionar.

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