Archivo | septiembre, 2019

Tu perro es tan estúpido como tú

22 Sep

Porque un imbécil tenga dos pies como yo, en vez de cuatro como un burro, no me creo obligado a quererlo, o al menos, a decir que lo quiero y que me interesa.

Gustave Flaubert

La mayoría indiscutible de seres humanos son un simple ser vivo que pasa por la vida igual que la gran mayoría de cuadrúpedos: sin pena ni gloria, siendo un simple bulto más en medio de otros bultos, seres tan insignificantes como las motas y el polvo que barremos cada semana en la sala de la casa, si es que acaso tenemos una casa y aliento para mover la escoba.

Si Dios existe tiene que ser un gran bromista porque dotó al ser humano de un cerebro prodigioso pero le puso también el espejo, la sombra, el miedo al vacío, a la pobreza y a la soledad; lo dotó de conciencia y memoria y, como si fuera poco, le adornó la vida miserable y sin sentido con televisores, carros, aviones, centros comerciales, redes sociales, familia, vecinos, estatus, deseo, clases sociales, raza, género, desarrollo, subdesarrollo y vía hacia el desarrollo.

La mayoría indiscutible de seres humamos cumplen funciones biológicas esenciales inherentes al hecho de estar vivos: comer, dormir, caminar, reunirse en grupo, vivir en comunidad, tener hijos, envejecer y morir. A lo largo de la vida buscan ocupaciones de diversa índole con el sano interés de no tener la más remota posibilidad de pensar y de sentir y, entonces, hacen lo posible para estar ocupados siempre porque si piensan, si se quedan un solo día encerrados en su casa en silencio y sin joder a nadie, terminarían tirándose de cabeza desde un balcón o desde la terraza de un centro comercial.

El cerebro del humano es mucho más desarrollado que el del perro pero la mayoría de los seres humanos se sienten hermanos de los perros porque su masa encefálica, a pesar de tener un gran potencial, es perezosa y por eso les resulta infinitamente satisfactorio repetir como una lora que el mejor amigo del hombre es el perro y que ambos, humano y perro, devienen en hermanos y por eso comparten la cama y comen en el mismo plato.

La publicidad te quiere hacer creer que tu perro es tan inteligente como tú, que los dos, hombre y perro, son prodigios de entrega y amor incondicional, que tú eres bueno porque amas a los perros y a tu perro le compras la mejor marca de concentrado precisamente porque lo amas y quieres lo mejor para él. Te sientes fascinado con tu perro porque te hace sentir inteligente sin necesidad de usar el cerebro, lo amas porque te da un aire de superioridad, te hace sentir amo, maestro y compañero. No te interesa experimentar esta superioridad con un ser humano porque sabes de sobra que no darás la talla porque eres un tarado social.

Amar a tu perro es casi más fácil que amar a tu madre y quizá un poco más porque tu madre es un poco estorbosa cuando habla más de lo que estás dispuesto a soportar. Tu perro, en cambio, siempre te va a dar grandes satisfacciones porque sabe callarse, es agradecido, sale barato, no te reclama nada, no te trata de idiota y siempre está dispuesto para ti.

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Supongamos que soy una influencer “feminista”

22 Sep

Lxs invito a pensar en dos palabras: privilegio y empatía.

Les propongo que hablemos de forma clara y sin miedo a incomodar: somos una sociedad racista y clasista. Hemos normalizado prácticas discriminatorias que deben parar porque aunque no nos gusten los pobres, los negros ni los feos y aunque los ignoremos en nuestras redes sociales, por obvias razones, debemos aprender a decir que sí nos gustan porque eso nos hace ver lindas y empáticas y vamos a atraer más campañas con las mejores marcas. Todxs sabemos que no importa ser sino representar y por eso propongo que esta gente sea visibilizada. Amigues: no nos acostumbremos a normalizar la falta de empatía.

Es urgente establecer debates en diferentes espacios sobre racismo, colonialismo, falta de representación de mujeres de barrios marginales, negras e indígenas en los medios, en las universidades, en cargos administrativos y gerenciales. Pensemos en supremacía blanca, colonialismo, invisibilización de personas feas, gordas, sucias y con aliento pestilente por exceso de pobreza y falta de higiene; pensemos en la forma en que practicamos la apropiación cultural de la jerga de los ñeros. Los invito a que nos preguntemos por qué no tenemos amigues ñeros pero nos encanta decir gonorrea, parce, garbimba y severa lámpara.

A veces el privilegio (ser blancxs, pertenecer a determinada clase social, no estudiar en el SENA ni en universidades públicas llenas de gente fea y mal vestida, ser una persona cisgénero, etc.) y la falta absoluta de empatía (no nos enseñaron a desarrollarla) no nos dejan ver lo rentable que puede ser para una persona con privilegio como yo defender a esta pobre gente para ganar más seguidores y que me entrevisten en los medios.

Estamos en un momento de mayor conciencia, mayor conexión, mayor posibilidad de escuchar esas voces que han sido históricamente invisibilizadas… ¡Hagámoslo! Reconozcamos esos errores, esos comportamientos racistas y clasistas.

No nos gustaría que la coima que barre el piso de nuestra casa compartiera los mismos lugares ni nuestros gustos, como tampoco nos gustaría que ella usara la misma ropa que usamos nosotras porque ¡qué boleta, en serio, parce! pero les propongo que luchemos para cambiar esa forma de ser y de pensar.

Aprendamos a desear que ellas y nosotras seamos Hermanas de Causa, feministas empoderadas y empresarias de la mentira, la melosería y la manipulación.

¡Que se acaben todas las barreras!

ita

Chao 2019

15 Sep

Como vivo de forma veloz y ya está terminando septiembre podemos dar por hecho que se acabó 2019 y va siendo hora de hacer balance, positivo como siempre.

2019 fue el año de las renuncias definitivas y de empezar a pensar que en 2020 cumpliré cincuenta años y mi mayor deseo es no caer en la cursilería y el ridículo de las mujeres que no quieren envejecer. El caso más lamentable es, por supuesto, Margarita Rosa de Francisco, seguida de una fila larga de viejas lastimeras que producen una mezcla de risa y pesar porque quieren parecer de veinte o de treinta y tienen cincuenta, sesenta o setenta.

Después de los cincuenta es ridículo volverse feminista, lesbiana, animalista, lectora, pensadora, la mejor vecina del barrio o creyente y rezandera con porte de mansa paloma.

Todo eso no es más que Miedo y nada más.

La filosofía griega educa para la vejez y ese es el gran reto, por supuesto. Empecé la vida leyendo los lamentos de los viejos que no supieron vivir la vida y se supone que mi Buena Vida ha sido una larga preparación para no cometer los mismos errores y las mismas tonterías de los griegos viejos y de todos sus discípulos. No deseo el final ridículo de Nietzsche y tampoco sueño con terminar arrepentida de mi vida como el pobre Sabato. No sueño con la locura y tampoco quiero terminar rezando el Rosario, creyendo en el Amor Universal y lamentando no haber abrazado más fuerte y de manera más intensa a mis “viejos”.

Me acaban de decir una frase muy graciosa: ¡La yegua envejece por los cascos!

Esto a propósito de que mañana pienso ir a Monserrate no precisamente en funicular.

En 2018 leí un libro hermoso sobre adicciones con sustancia (marihuana, basuco, LSD…) y adicciones sin sustancia (compras, televisión, redes sociales…) y en el primer semestre de 2019 leí todos los libros de Byung-Chul Han y entonces vino el Despertar Definitivo y renuncié de una vez y para siempre al consumo estúpido de centro comercial, al café, a Twitter y a Instragram.

Dejar el café fue más refrescante que dejar Twitter y dejar de comprar basura de forma instintiva me han convertido en la ahorradora estrella y ese ha sido el gran dilema del año: Fundar una ONG, tirar plata desde una avioneta o renunciar al trabajo remunerado y convertirme en una señora que se queda todo el día sentada en la banca de un parque viendo pasar gente adormecida durante cada uno de los días que les queda de vida.

Desaparecí de las redes sociales y probablemente desaparezca en cinco o diez años de este blog porque uno de mis grandes sueños es el sueño que no logró Fernando Vallejo porque fue tragado por la fama y el negocio de los libros: ser una muerta viviente que está más viva que todos y sonríe al ver cómo el 98% de sus conciudadanos corren todos los días detrás de algo que no van a alcanzar porque no existe o se lo ofrecieron en un anuncio o en un centro comercial.

El efecto Vallejo

1 Sep

Mi primer encuentro con Fernando Vallejo fue gracias a El fuego secreto y fue amor a primera vista. Era el año 1987 y yo era la chica incomprendida de un barrio triste que todavía andaba repitiendo el infinito grado noveno. Nadie creía en mí porque sospechaban que no sería ni siquiera Bachiller pero ya había leído a mis maestros de la vida y de la obra, mis guías espirituales desde 1979 hasta el presente y el futuro: Séneca, Schopenhauer, Sade, Nietzsche, Flaubert, Baudelaire y Rilke. Ya había leído a Andrés Caicedo pero no había leído a Bukowski, el borracho más ilustre de la historia de la literatura; no lo había leído por puro asco hacia los admiradores del artista más original que he conocido en la vida porque tiene mucho de bestial y lleva su vida al límite, pero también escribe: es poeta, cuentista, novelista y crítico. No es un borracho que escribe, es un ángel disfrazado de borracho que bebe hasta el último día de su vida y escribe mucho mejor que millones de estudiantes juiciosos que no han probado el alcohol.

A Bukowski lo vine a leer en 2013 o 2014 gracias a la influencia de Tefa, Juan y José y creo que es un hombre absolutamente auténtico y talentoso, tan grande como Fernando Vallejo pero peligroso para las mentes débiles, las personas sin carácter y los internautas sin talento pero con muchos seguidores:

Gracias a Bukowski muchos jóvenes inocentes asumirán que para ser poetas necesitan beber y gracias a Vallejo muchos viejos inocentes asumirán que para ser como Vallejo necesitan posar como Fabián Sanabria o como Carolina Sanín, dos burócratas clasistas y conservadores que han viajado mucho, estudiado mucho, hablado mucho y compiten en límites de estupidez y ridiculez. Sospecho que la mitad de sus “fans” son en realidad personas medianamente cultas que los miran asombrados esperando ansiosos el próximo numerito, la nueva puesta en escena de los payasos tristes enfermos de inautenticidad.

El estudiante alcoholizado probablemente no se gradúe nunca ni escribirá poemas, su obra será su alcoholismo.

Carolina Sanín y Fabián Sanabria seguirán dejándonos con la boca abierta porque todavía no hemos podido comprender si tienen límites o no.

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