Archivo | junio, 2014

La fidelidad como valor

28 Jun

Amar es cerebralmente un baile y hay que bailar con el que pueda danzar con el cerebro de uno. Amar es bailar, no hacer gimnasia. Encontrar eso es muy difícil; hallarlo es un tesoro.

Rodolfo Llinás

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En una ocasión, ante un grupo de personas, pedí que levantaran la mano quienes habían sido infieles. La levantaron todos. Les pedí que explicaran el motivo y casi todos lo hacían por prevención: traicionaban a su pareja porque estaban seguros de que los traicionaban también o lo harían en el futuro. No traicionan porque desean el cuerpo de otro sino porque no confían en las buenas intenciones de la persona a la que decidieron amar; hacen daño por precaución, para no quedar como tontos cuando se enteren de la infidelidad del otro: dicen que aman, dicen que confían, pero lo dicen por decirlo y no cumplen su palabra.

Si la infidelidad fuera por deseo sería menos reprochable que si se hace por no dejarse humillar del otro. En este tipo de traición no se le da valor al erotismo, no se traiciona porque se busca placer, porque se desea siempre más, por curiosidad o por juego, sino por miedo a ser burlado. Es un instinto básico y un deseo malo, no se goza el acto de la traición sino que se piensa en el daño que se le puede ocasionar a otro.

La infidelidad es un acto irracional, un deseo satisfecho inspirado por el impulso animal que no nos abandona nunca por el placer de saberse deseado por otros, está impreso en todas las especies con patas y órganos sexuales diferenciados. Podemos abandonarnos al deseo y solazarnos en la bestialidad o podemos pensar en los demás y en nosotros mismos. Ser fiel es una decisión racional, un valor.

Cómo conquistar a una boba en Twitter. Consejos

27 Jun

Aunque haya leído tu mensaje y no quiera responder por escrito, no la coacciones;

Procura únicamente que lea una y otra vez las lindezas que escribes.

Aquella que ha consentido en leer, consentirá en responder lo leído:

Esas cosas evolucionan paulatinamente y por pasos.

Quizá en un principio te llegue un correo desabrido en el que te pida que dejes de acosarla, pero lo que ella te pide, tema que lo hagas y desea lo que no te pide:

Que insistas en ello; persiste y verás en breve cumplidos tus deseos.

Anda muchacho, no desfallezcas, 

En menos de un mes tendrás en el cuarto del motel a una bella boba.

Sobre la estupidez humana. A propósito del tuit publicado en @cocacolacol sobre Faryd Mondragón

26 Jun

La Selección Colombia ha tenido un magnífico desempeño en el mundial de fútbol Brasil 2014. Hasta los que no sabemos de fútbol nos emocionamos con cada partido y sabemos que lo que le faltaba al equipo de los grandes de los buenos tiempos de antes lo tienen de sobra los jugadores de la nueva generación: definición.

Saben rescatar la pelota, hacerla rodar por la cancha con estilo y precisión y cuando llega el momento justo, como maestros en su arte, hacen el tan anhelado gol.

El equipo de Colombia es uno de los mejores del mundo en este momento y todos, hasta los que no sabemos de fútbol, estamos emocionados con los resultados. Nos asombramos ante lo bien que juegan, los vemos seguros ante diferentes tipos de rivales. El público se emociona con el espectáculo que ofrecen, nos parece increíble que lo estén haciendo tan bien, mucho mejor de lo que esperábamos.

Ayer Colombia estaba clasificada en octavos de final, había emoción pero esa emoción no era comparable con la de los dos primeros partidos. Yo, que soy tan culta, estaba leyendo un libro de Ovidio mientras transcurría el partido, pero cuando faltaban veinte minutos para que terminara el segundo tiempo vinieron más goles hermosos, más espectáculo y un homenaje sobrecogedor: Faryd Mondragón abrazó a Pékerman, ese hombre que dice tanto sin decir nada, y que tiene tanto para enseñar como ser humano, no sólo como entrenador de deportistas de alto nivel.

La emoción del arquero, la emoción del equipo, la emoción del técnico, la emoción del público en el estadio y la emoción de los espectadores frente a la pantalla de televisión. Todo era perfecto, terminaba el partido y cada quien, desde su sensibilidad, experimentaría una sensación nueva. Es la primera vez que un colombiano, cualquier colombiano, joven o viejo, siente lo que estamos sintiendo frente a estos resultados tan alentadores, frente a una emoción nueva.

Estábamos saboreando la sensación, revisamos nuestra cuenta de Twitter para saber cómo celebraban los demás y nos encontramos con este esperpento

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Contra la ropa de control, las fajas y los brasieres rellenos de espuma de colchón

25 Jun

La conquistadora es la mujer, es ella quien escoge, es ella quien decide por quién quiere ser mirada, por quién quiere ser conquistada, a quién le quiere despejar el camino para que desarrolle su papel de galán: un caballero que conquistará a la dama.

La mujer tiene encantos naturales para atraer al hombre pero también se vale del artificio para hacerse mirar con mayor énfasis. Usa maquillaje, se peina, usa zapatos de todos los colores, diseños y tacones y sobre esos zapatos se inventa formas de caminar y de correr y finge que lo hace de forma natural pero todos sabemos que quiere reafirmarse cada día, quiere seguir vigente aunque tenga doce o aunque tenga ochenta y seis años.

Quiere que la miren, la deseen, quiere amor, quiere llenar el vacío que la invade aunque lo tenga todo. Quiere ser mirada por todos, por hombres y mujeres, quiere escandalizar, quiere devorar el mundo, no intenta estimular la mirada de un hombre en particular sino la de todos, quiere ser modelo o maniquí ambulante. ¡Es todo tan asqueroso!

El colmo del artificio es sacarse la grasa del cuerpo en una sala de cirugía, inflarse o desinflarse las tetas con bombas de caucho dentro de los senos naturales, cortarse las piernas y ponerse extensiones con varillas metálicas para parecer un poco más alta encima de sus tacones. Una cirugía lleva a la otra y hay mujeres adictas a las cirugías que terminan pareciendo monstruos. Llaman la atención, todos las miran, nadie las desea porque esas mujeres inspiran miedo, ellas representan el grito desesperado de millones de mujeres que desean ser miradas pero qué mujer desea ser mirada como si se tratara de un payaso triste, una caricatura de la belleza. La respuesta es sencilla: ninguna desea ser vista como la encarnación de la mujer desesperada, ávida de abrazos, de besos y de palabras llenas de admiración. Pero en el mundo, en los centros comerciales, lo que más abunda son las mujeres desesperadas. Y tanta desesperación espanta a los hombres, los asusta. Muchos de ellos han decidido hacerse homosexuales por miedo a ser devorados por una diosa de centro comercial.

Cuando las mujeres no se atreven o no cuentan con el dinero para transformar el cuerpo con cirugías estéticas recurren a artificios al alcance de su presupuesto: fajas, ropa de control, calzones y brasieres rellenos con espuma de colchón.

Esas prendas son mucho más desagradable que la cirugía estética porque son la caricatura de la mujer que quiere verse como una muñeca inflable, es decir, la que recurre a las cirugías. Las fajas asfixian y afectan la forma de caminar, respirar y hablar. Lo saben las mujeres y lo notan los hombres. La ropa de control es familiar cercana de la faja y en muchas ocasiones no hace ver más delgada a la mujer sino que la convierte en un ser de aspecto grotesco porque la grasa que quiere ser disimulada se concentra en otra parte del cuerpo, casi siempre en el cuello o en la espalda.

Siempre que veo a una muñeca de estas en la calle, sea con cirugías o con ropa falsa me pregunto cómo afrontan la experiencia de la desnudez, cómo enfrentan al macho que han conquistad0 cuando se despojan de sus calzones y sus brasieres rellenos, qué sienten cuando su gordura cae al ser despojada de la faja y la ropa de control, cómo afrontan la celulitis, las estrías y la flacidez, cómo se entregan a los placeres del cuerpo si ese cuerpo desnudo no es el cuerpo que parecía insinuar la ropa de control. Un amigo me dijo que las muñecas inflables y las expertas en tacones y en caminada de pasarela por los pasillos del centro comercial no sienten, no gozan, algunas cobran por dejarse tocar una pierna o una teta, pero se sienten mejor cuando se ven vestidas, desnudas no son nada, piden siempre que todo pase con la luz apagada porque cuando se desnudan desaparece todo lo que habían ofrecido a su galán de turno.

Consejos de una alcahueta del siglo l a una prepago del siglo XXI

24 Jun

Con cierta parquedad debes reclamar el precio, mientras tiendes las redes, no vaya a ser que escapen; pero cuando lo hayas cazado , atosígalos con tus condiciones. Tampoco es perjudicial un amor fingido; deja que crea que lo amas, pero ten cuidado de que ese amor no se mantenga gratis. Niégate a menudo a pasar con él la noche; simula unas veces dolor de cabeza y otras, Isis será quien te dé motivos. Luego recíbelo para que no se acostumbre a la paciencia y para que su amor no se enfríe por ser rechazado una y otra vez. Que tu puerta sea sorda al suplicante, abierta para el que te trae regalos. Que el amante que hayas recibido oiga la voz del que hayas rechazado y, si le has traicionado, enfádate alguna vez con él, tú primera, como si hubiera traicionado él. Se borra tu culpa, compensando con su culpa. Pero no concedas mucho tiempo a tu enfado. A menudo un prolongado enfado es causa de rivalidades. También aprendan incluso tus ojos a llorar forzados, y que éste o aquél sean motivo para que tus mejillas se humedezcan. Y no temas jurar en falso, si engañas a alguno, Venus vuelve sordas a las divinidades en estos juegos eróticos, Procúrate un esclavo y una criada conocedora de su oficio, para que enseñen convenientemente qué se te puede comprar; y que para sí mismos reclamen alguna cosilla; si piden a muchos alguna cosilla, con el tiempo, de una espiga tras otra, se formará una gran parva. Que tu hermana y tu madre, también tu nodriza, saquen provecho de tu amante. Se hace rápidamente botín cuando muchas manos colaboran para alcanzarlo. Cuando te falten motivos para pedir regalos, atestigua con un pastel que es tu cumpleaños. Cuídate de que no ame confiado, sin ningún rival: no dura mucho el amor si le privas de luchas. Que él vea por todas partes en tu lecho huellas de varón y tu cuello amoratado con señales de caricias.

Ovidio, Amores.

Consejos para las putas (porque Ovidio nunca pasará de moda)

24 Jun

Pasa el tiempo sin que nos demos cuenta, volando nos engaña, y el año transcurre rápidamente sobre sus caballos de sueltas bridas; el dinero brilla con el uso, un buen vestido pide que se le lleve puesto, las casas abandonadas encanecen con el feo moho: la hermosura, a no ser que la pongas en juego, envejece si nadie la cultiva. Dos amantes no dan suficiente provecho: más seguro y sin que provoque ya celos, es el botín que se obtiene de muchos: a los lobos de canosa piel, la presa les llega de un rebaño nutrido. Ea, ¿qué regalos te hace, a no ser versos recién escritos, ése tu amigo el poeta?, muchos miles recogerás de tu amante. El dios mismo de los vates aparece vestido con túnica dorada y pulsa las armoniosas cuerdas de una lira recubierta de oro. El que te ofrezca regalos, ése sea para ti más grande que el gran Homero. Hazme caso: el dar es signo de inteligencia y si alguno ha vuelto a la libertad tras haber pagado el precio de su persona no lo desdeñes: fútil es el delito de tener el pie marcado con yeso. No te engañen las ancestrales imágenes  de cera en derredor del atrio: si eres un amante pobre llévate contigo a tus antepasados. ¿Que, porque es apuesto, solicita de ti una noche sin pagar? ¡Que pida antes algo a su amante para dártelo a ti!

Ovidio, en Amores. Libro 1, parte 8.

Fin de viaje. La vida tranquila

16 Jun

Después de cuatro años me habían convencido. Estaba decidida a salir de Bogota: Bucaramanga por tierra en compañía de mi ser amado. De momento me pareció divertido imaginarlo sentado a mi lado en un bus durante seis o siete horas, quería conocerlo en una nueva faceta. ¿Cómo será ver al hombre más impaciente del mundo en un plan de ese tipo?

Invité a mi compañero de viaje a comprar los pasajes y dijo que le daba pereza. Yo le dije: a mí también, a mí me da pereza comprar los pasajes, sacar la maleta, comprar lo que necesitamos, empacar lo que vamos a llevar, que los vecinos nos vean saliendo con una maleta ruidosa, subir al maldito taxi y llegar a un aeropuerto con aire de funeraria o a una terminal de transporte terrestre con aire de plaza de mercado. Mi papá me enseñó a despreciar el transporte terrestre desde niña, él considera indigno viajar por tierra si no es en carro, en Su carro. Si sabe que su hija viaja por tierra en un bus inmundo durante más de una hora se enfurece conmigo y me mira con cara de fiera furiosa. Nunca lo he hecho, claro, esta sería mi primera aventura de carretera.

La casa a la que estábamos invitados es la casa de la fantasía: una casa grande con tres mujeres fuertes, doce gatos propios y otros cinco que van a comer. Andrés está fascinado con ellas tanto como yo porque es difícil coincidir con mujeres así, se seducía con la idea de vernos a las cuatro hablando con nuestras voces fuertes y seguras: cuatro mujeres serias que leen y escriben y se apasionan hablando de política. Libros y política. ¡Emocionante! Pero la pereza es más fuerte que la seducción. Le pasa a él y me pasa a mí. Preferimos quedarnos aquí soñando con ellas que salir a comprar los pasajes.

Soñar es mejor que vivir, los viajes no curan los dolores del alma, los paisajes son subjetivos… Mi desgracia es que cuando me alejo del Hogar lo añoro más que cuando estoy aquí y si contemplo un paisaje pienso en un libro. Cuando salgo y los demás esperan que viva una experiencia divertida mi idea fija es siempre la misma: me gusta leer.

Cuando decidí que definitivamente no íbamos me quité un peso de encima y Andrés también, supongo. Esa soy yo, esa es mi naturaleza, no tengo otra y lo mejor de todo es que me gusta. Ha habido ocasiones tristes en las cuales a punto de salir, en el último minuto, con la maleta lista, preparada para la aventura, reacciono y la pereza me detiene. La furia me domina y soy implacable si alguien quiere obligarme a hacer lo que no quiero, es decir, a salir.

A mucha gente le cuesta creer que hay gente a la que no le gusta salir de la casa, gente que no añora ni siquiera los placeres que ofrece Bogotá, la gran ciudad, la Capital. No me interesa, no la conozco, me pierdo en sus calles y me fascina ir siempre a los mismos lugares y encontrarme con las mismas personas. Soy simple, sin gracia, el único sitio en el que me siento más yo es aquí, sentada ante este teclado, escribiendo, como si fuera Marguerite Duras.

He intentado ceder pero no puedo, más de una vez me he devuelto de un destino sola y mortificada. Cuando estoy de nuevo aquí me siento bien, mejor que bien. No tiene sentido intentarlo de nuevo.

Queridas amigas: gracias por la invitación, perdón por decir hoy sí y mañana no, tendrían que estar en este cuerpo para que pudieran entender lo que significa para mí el Hogar, la Casa, el sitio desde donde soy más yo, donde siempre estoy tranquila, el espacio que no me hace desear nada porque para mí esto es lo mejor. En fin de un viaje, la vida tranquila, el día sin planes, estar siempre en el mismo lugar sintiendo pasar las horas, ver como pasa el tiempo sin desear nada, al lado de un hombre que es todavía más rebelde que yo. El no habla, él no escribe, él duerme mucho más que yo, está ahí, siempre a mí lado, aunque no sepa qué piensa de mí. No importa. Pero no está triste, es lo que sospecho, salimos a caminar, nos cruzamos con perros callejeros y gatos de jardín, creemos que nos sentimos bien uno al lado y eso, finalmente, es lo que importa, que uno crea que se siente bien y la vida es perfecta, como la soñamos siempre.