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Virginia Mayer y la autoficción

28 Oct

La revista SoHo se constituye cada cierto tiempo en soporte para publicar historias escandalosas con la idea de que presentan irreverencia o verdad desnuda, historias  narradas por gente común que busca ser vista y leída y que para conseguirlo se vale de estrategias que en muchas ocasiones atentan contra su dignidad como seres humanos. A ellos, a los “escritores” y al director de la revista no les importa si el texto está bien escrito o si la historia es relevante, lo que de verdad importa es que se hable mucho de la publicación, bien o mal pero que se hable para que los lectores no olviden que la revista todavía existe y da de qué hablar. Para lograr su cometido cuentan con una colabora  frecuente, una mujer sin pelos en la lengua, la gran Virgina Mayer.

Lo más sorprendente de la última colaboración de Virginia Mayer en la revista SoHo es que en medio del revuelo que causó la historia de su aborto terminó revelando que es autora en primera persona -como Fernando Vallejo y como Jaime Bayly- (en otras ocasiones ha dicho que es la versión femenina de Charles Bukowski y no tiene claro todavía si goza más de sus experiencias sexuales con hombres o con mujeres, como Frida Kahlo). Virginia Mayer sabe que escribe como los grandes y vive como los rebeldes, no espera que otros se lo digan, ella lo sabe.

Virginia Mayer nos dio a entender en la entrevista que concedió en Caracol Radio que se instala en la autoficción y entonces vale la pena hacerse varias preguntas:

¿Convertir la vida privada en espectáculo público es arte?

¿Narrar una historia vivida detallando los pasajes más escabrosos y buscando de forma deliberada afectar las emociones del lector es autoficción, amarillismo,  falta de decoro o deseo loco de llamar la atención recurriendo a los recursos más extremos, una especie de porno de la vida?

¿Se está confundiendo la autoficción con la autodenigración?

¿Por qué le resulta tan estimulante al público de las redes sociales ver como personas comunes se autodenigran compartiendo sus miserias personales en espacios públicos y suelen solidarizarse con ellos?

¿Por qué la miseria ajena genera tanto morbo?

¿Por qué las revelaciones de carácter sexual son las que gozan de más éxito en un país como Colombia?

¿Es parte de nuestro subdesarrollo?

¿Por qué quienes narran las historias escabrosas cargadas de sentimentalismo y estados de ánimo, arrebatos del alma dignos de ser tratados por un profesional de la salud mental, son tan explícitos y por qué eso excita tanto a los lectores? Los detalles del abuso infantil, la destrucción de unos senos en una cirugía mal practicada, un aborto fruto de un encuentro ocasional -sin condón- con un desconocido contactado en Tinder.

¿Cansados de las telenovelas los internautas se excitan más con las historias reales narradas por seres destrozados?

¿Gozan un poco con estas exposiciones de la propia miseria y se consuelan pensando que hay alguien en el planeta que sufre, llora y maldice su soledad, su abandono, su falta de amor, más que ellos?

¿Por qué el recorrido de estas historias siempre es similar?:  publicación en un medio impreso que también se puede leer en versión electrónica, impacto en las redes sociales, explosión de la noticia en todos los medios y en muchos casos -pensemos en la revelación de Adolfo Zableh- el pobre ser vulnerado y sufrido termina publicando un libro que espera vender bastante bien en la próxima feria.

La entrevista a Virginia Mayer en Caracol Radio -medio amarillista por excelencia- fue titulada: “La polémica columnista reveló todo lo sucedido tras haber revelado su decisión” y en medio de risas vulgares, frases procaces y un español pobrísimo las periodistas felicitaron a Virginia Mayer por  su valentía, por hablar de una situación que han vivido millones de mujeres, porque es una mujer provocadora. Virginia Mayer muerta de la risa pronunció frases no precisamente dignas de una escritora de autoficción sino de una persona común sin formación literaria ni sentido del gusto; cabe recordar que en la  autoficción el autor renuncia a su clase, se burla del poder, al que renuncia también, claro; renuncia a una posición económica o social acomodada, no es una simple exposición burda de la vida privada de forma directa sin haber pensado en una apuesta estética, es algo mucho más complejo, no es algo que pueda hacer cualquier persona.

Estas son las frases célebres de Virginia Mayer para Caracol Radio:

“Yo pensé que me iban a dar durísimo porque este es el país del Sagrado Corazón, estoy lista a que me llueva lo que me llueva, no importa qué me digan, no me da duro, no me interesa qué me diga nadie, es problema mío cómo follo, soy sin pelos en la lengua para nada, súper abierta, escueta, es difícil ser Virginia Mayer, empecé a escribir en primera persona, revelo las cosas más íntimas, muy cruda, muy real, ellos (mis viejos) me aceptan como soy, me aceptan como vengo. Yo le dije a Chaves: Eres famoso pero nadie sabe quién eres. Yo no me enamoro de un hombre o de una mujer, ya no queda nada oculto, yo quiero amor, me ilusiono con cualquier baboso y la vuelta no funciona”.

¿Virginia Mayer es una especie de Fernando en La virgen de los sicarios y Chaves es Wilmar?

¿Virginia Mayer tiene claros los límites entre escritor, narrador y personaje?

Mejor no me sigo haciendo más preguntas y espero que no me vayan a amenazar de nuevo de muerte o con ácido por haberme ocupado de un tema tan sensible como este.

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Mi desnudo en la revista SoHo

7 Jun

La revista SoHo ha superado sus propios niveles de vulgaridad, desde hace varios años es un reencauche de sí misma y a falta de mujeres voluptuosas (como las que aparecen en las tapas de los cuadernos de los niños de colegio) ha rebajado sus estándares de calidad porque casi todas las damas desnudables de Colombia -los mejores ejemplares de nuestra raza-  ya han pasado por allá. Se quedaron sin material, sólo les queda la pauta, el gancho para vender los productos que ofrecen en la revista, es decir, las mujeres expuestas como objetos disponibles para ser disfrutados al lado de otros objetos de lujo se han vuelto escasos y esos cuerpos deseables eran los que hacían que la otra mercancía ofertada luciera mejor, mucho más elegante. Ese detalle debe tener un poco ansiosos a las dueños y a los anunciantes de la revista.

Aunque el lector no compre nada, aunque pase las páginas de la revista en un supermercado o en una peluquería ávido de los cuerpos voluptuosos y los objetos apetecibles, aunque ni las mujeres ni los objetos estén al alcance de quien devora con la mirada lo que le ofrece la revista más monoseada de Colombia, aunque la mayoría de los fieles lectores de la revista no sean precisamente la gente más hermosa, sensual ni escultural, muchas de esas personas han empezado a creer que ahora la revista no vale la pena porque desde hace un buen tiempo desnudan a cualquiera.

Con cualquiera me refiero a mujeres no estereotipadas, a mujeres comunes o incluso desagradables si se piensa en los cánones de belleza y sensualidad actuales. Pueden desnudar mujeres con treinta kilos de sobrepeso o abuelas de setenta años, actrices de telenovela odiadas por la teleaudiencia o transexuales más sensuales que una mujer.

¿Cuál será el nivel de decadencia al que ha llegado la revista SoHo que hay quien sueña con que algún día me verá desnuda allá?

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¿Desaparece primero la versión impresa de la revista El Malpensante, SoHo o El Espectador?

La fotografía impactante de Diana Marcela Ariza

5 Abr

Diana Marcela Ariza ha sabido posicionarse en las redes sociales.

Después de un arduo trabajo ha logrado demostrarnos que no es una tuitera más sino una mujer inteligente, culta, reflexiva, sensible, graciosa, irreverente, crítica, feminista y muy interesada en las estrategias de marketing en las redes sociales.

Ella es una mujer sensual y carismática, no hay quien lo ponga en duda.

Gracias a su perfil en Twitter ha conseguido varios trabajos y está a punto de sorprendernos con un desnudo en la revista SoHo.

¡Es lo que todos sospechamos y esperamos ansiosos!

Queremos algo extremo, algo parecido a lo presentado por la señora famosa que no explicó todo sobre su cuca

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Diana Marcela Ariza sabe que hay porno para todos en la red, pero también sabe que el pueblo raso se excita más cuando una chica común como ella empieza a mostrarnos de qué está hecha paso por paso, como quien no quiere la cosa.

Ella juega a que juega con nosotros y nosotros le seguimos el juego. Cuando ella se despoja de una prenda nosotros miramos y le pedimos que continúe con el show en la próxima sesión, queremos que cada fotografía sea mucho más arriesgada que la anterior porque en eso consiste el juego que se desarrolla en la red en tiempo real, día tras día, hora tras hora.

Nuestro morbo consiste en ver cómo la gente común se convierte en gente famosa gracias a la degradación consentida por ellos mismos a costa de su imagen. Nosotros no les pedimos que se autodegraden, ellos lo hacen a conciencia y seguros de que están triunfando en la vida.

***

Diana Marcela ha sabido jugar con los deseos de la clientela.

Empezó quitándose la chaqueta y ya está a punto de exhibirse todita para nosotros.

Esta es su última gran locura de juventud.

Ojalá no vaya a resultar como Catalina Ruiz-Navarro cuando tenga su edad.

Ojalá no vaya a decir dentro de dos meses que había confundido los fundamentos del feminismo.

Ojalá no termine despreciando a Daniel Samper Ospina y a todos los hombres con alma de maestro de obra que se divierten de lo lindo con sus fotografías tremendamente provocadoras.

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Vieja y fea a los 31. Dedicada a Catalina Ruiz-Navarro

30 Oct

Catalina Ruiz-Navarro es feminista, nadie lo duda, y en sus columnas de opinión suele tomar los escándalos relacionados con mujeres de la farándula norteamericana para reflexionar sobre estructuras de poder, patriarcado, falocentrismo, estereotipos impuestos por la sociedad patriarcal y reivindicación de los derechos de las mujeres reclamados desde hace ya bastante tiempo sin que ni hombres ni mujeres recapaciten ante la abominación de la que son cómplices al callar e ignorar.

¡No más! dice Catalina cada cierto tiempo y sale a marchar -en minifalda- (porque es dueña de su cuerpo) y a exhibir carteleras ante el Procurador.

Todos las semanas hay un escándalo relacionado con una “diva” y cada semana Catalina sufre y llora porque la diva atormentada es mujer y como mujer tiene derecho a no ser vulnerada en sus derechos. Toma como pretexto el sufrimiento de una mujer de la farándula para luego hablar de las mujeres en general y, luego, de ella en particular. Siempre termina hablando de ella y de la red de mujeres que la acompañaron en su infancia y adolescencia. Ella es una mujer rodeada de mujeres, educada por esas mujeres para luchar por los derechos de las mujeres. No hay quien lo dude.

La última columna feminista de Catalina Ruiz-Navarro se titula Espejito, espejito y en resumidas cuentas nos cuenta que está sumida en una tremenda depresión porque ya no aguanta el trago y la rumba dura como antes -cuando era modelo de la revista SoHo, cataba condones, despreciaba a los hombres con caspa, nos enseñaba cómo usar una minifalda y participaba en Estudios -de la revista SoHo- sobre cómo escoger hombres para rumbear, para goterear o para convertirlos en amantes de una noche.

Catalina está sumida en una tremenda depresión porque tiene 31 años, le salió una cana y se encontró una arruga cuando se contemplaba ante su espejo.

Catalina se ve como una chica SoHo o como una chica Águila, es un hecho, y asume que la mayoría de las mujeres desean ser “la chica” porque ven mucho cine y mucha televisión norteamericana: “Mientras los personajes para mujeres en Hollywood sigan limitados a “la chica” las actrices de Hollywood no van a poder envejecer”. Las divas del cine no pueden envejecer y Catalina tampoco, porque ella  también es “la chica”, así se ha representado ante los hombres y ante las mujeres y, por esa misma razón, cumplir 31 años se ha constituido para ella en una absoluta tragedia, en un motivo para narrar su indignación y su desazón.

Dice Catalina más adelante: “Las mujeres, a diferencia de los hombres, salimos de escena cuando envejecemos”. Eso no es cierto y ha llegado el momento de hablar de mí: he conocido a lo largo de mi vida mujeres de más de sesenta años respetadas y admiradas por hombres y mujeres, mujeres que no soñaban con ser “la chica”, sino seres humanos que se pensaron más allá de la edad, las líneas de expresión y su color de pelo. Pueden o no dejarse ver la canas, pero ese detalle tonto no es relevante; esas mujeres son mucho más que un cuerpo para el placer visual de los hombres o para su propio espejo, son seres humanos, mujeres que trabajan con hombres y con mujeres y que piensan más en su cerebro, en su experiencias, en sus gustos, que en los cuerpos que se ocultan debajo de la ropa.

Catalina está obsesionada con la vejez, tiene miedo de no ser una mujer atractiva, deseable ante la mirada masculina, y hace de ese temor un universal femenino que la mayoría de las mujeres no comparte: “A las mujeres, además, nos exigen una cosa rarísima: envejecer “con dignidad”. Esto quiere decir o bien aceptar la vejez (y con ella una sentencia a la obsolescencia) calladas, sin chistar, o hacernos algunos retoques aquí y allá en cuyo caso la dignidad reside en que nadie sepa a ciencia cierta por qué nos vemos más jóvenes”. Es obvio que el grupo social del que forma Catalina no es precisamente de intelectuales o de artistas sino de hombres y mujeres preocupados por la apariencia, por lo bien que se ven ante los ojos de los demás; al parecer ella asume que su grupo de amigos y la gente que ella admira y desea imitar encarna los valores de la sociedad entera. Si Catalina viera a la gente común, que es la mayoría, descubriría asombrada que los temores de ella producirían la risa de millones de mujeres que no los comparten, que cuando eran jóvenes no aspiraban a ser “la chica”.

Catalina tiene miedo: “Yo crecí en una casa con mujeres de cuatro generaciones. Las vi a todas desnudas, a mi mamá, a mi abuela, a mi bisabuela, y sé lo que me espera”. Yo no he visto a las mujeres de mi familia desnudas pero tengo claro que ellas se ríen de la vejez, son mujeres que viven la vida de tal forma que siempre temo si podré estar a la altura cuando llegue a su edad. Mi mamá es mucho más vital que yo y mi abuela soporta con resignación el final de la vida sin sentirse superior a nadie por hacerlo. No somos feministas, no tenemos nada que reclamarle a los hombres porque nos han tratado muy bien. El hecho de que Catalina Ruiz-Navarro no haya visto hombres en su familia, el hecho de que no sepa lo que es un padre amoroso y un abuelo cariñoso y sabio no debe convertirlo en pretexto para adjudicarle a Los hombres, a La sociedad patriarcal, los dolores de todas las mujeres, porque, entonces, lo que escribe no es una columna de opinión sino un ajuste de cuentas personal (casi tan personal como el de Uribe con las FARC), que no tendría por qué involucrar a todos los hombres del universo por una sencilla razón: la mayoría de los hombres no son como ella los imagina. Los hombres y las mujeres son seres humanos que sufren y sienten miedo e incertidumbre de forma similar.

Y así continúan los lamentos de “la chica”. Como diría el poeta: Esto no hay por dónde agarrarlo.

¿Cuándo aparecerán las feministas que amen a los hombres, que sueñen con llegar al fondo de esos seres maravillosos que a veces sienten tanto miedo, respeto y reverencia, esos hombres que parecen niños aspirando al poder para deslumbrar a las mujeres, esos admiradores insaciables de las versatilidad y del cuerpo femenino?

Las feministas como Catalina Ruiz-Navarro no saben de lo que se pierden al ver a los hombres como enemigos o como verdugos, ella no sabe que los hombres pueden ser compañeros respetuosos y amables. Soy mujer y para los hombres que he conocido a lo largo de mi vida sólo tengo palabras de afecto y de gratitud, mi vida no sería tan plena sin mi papá, mis hermanos, sobrinos, novios, amigos, sin mi cuñado y sin todos los jóvenes a las que he tenido el placer de oír hablar en un salón de clase. En vez de escribir, Catalina debería acudir a un psicólogo para que le ayude a solucionar sus conflictos con los hombres, un experto que le ayude a comprender y a perdonar la ausencia y el abandono de los hombres de su entorno.

Así termina, más o menos, el lamento de “la chica” que no sabe cómo asumir la edad adulta. Es muy triste saber que hay mujeres que se pueden complicar la vida con semejantes tonterías:

“Hoy, a mis 31 años, me encuentro preguntándome preocupada si eso será una arruga frente al espejo. Encima este año me salió mi primera cana, algo que solo es preocupante porque soy mujer, en los hombres los cabellos blancos equivalen a sex appeal, madurez, experiencia. Mi envejecimiento empieza a hacerse visible, es más evidente que no poder lidiar con la resaca. Me encuentro entonces teniendo un miedo irracional a esa vejez, no a los achaques o dolores que puedo aguantar en silencio (y con una mano en la frente para mayor drama), es más un miedo a ver, y a que todos vean, cómo se avejentan mis selfies. Es el mismo miedo irracional que sentimos los fans de Empire Records al ver que Zellweger había envejecido, que eso se puede, que “we are next”.

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Catalina Ruiz-Navarro: censora de la revista SoHo

9 Ago

En la revista SoHo ofrecen todo tipo de productos y entre esos productos está la mujer. Casi todos los productos para la venta están relacionados con mujeres y sexo: carros, hoteles, restaurantes, colonias, condones, ropa, juguetes sexuales, alcohol… Durante quince años Daniel Samper Ospina se ha dado el lujo de desnudar a más del 90% de las mujeres a las que se ha propuesto hacer pasar por su revista y algunas de ellas, claro, son feministas indignadas. Hoy vamos a hablar de una de las más indignadas e incoherentes de todas: Catalina Ruiz-Navarro.

Los dos trabajos más destacados de ella en la revista han sido: catadora de condones y participante en una encuesta sobre sexualidad, la mujer y la sexualidad de la mujer típica de la revista SoHo: amante del sexo a cambio de comida, regalos costosos y dinero, la mujer exigente que se hace pagar y se fija en la marca del carro, aquella que valora al hombre dependiendo de cuánto pagó en el restaurante y en el motel.

En el último número de la revista hicieron experimentos con productos que se ofrecen en el mercado, querían saber si las cualidades del producto corresponden con las que anuncian los medios: cremas reductoras, tratamientos para la calvicie, brujos y prostitutas conseguidas a través de páginas web, entre otros. En el caso de las mujeres el experimento consistía en saber si la mujer que aparece en el portal es la misma que llega a prestarle el servicio sexual al investigador. De las tres mujeres sólo una correspondía a la realidad. La conclusión es que ni las cremas, ni los brujos ni las prostitutas cumplen con las expectativas del cliente. Todo predecible, nada digno de escandalizar a nadie.

Catalina escribió una columna en El Espectador en la que sienta su voz de protesta porque en la revista la mujer fue tratada como un objeto sin su consentimiento, juzga con severidad a Daniel Samper Ospina como si no lo conociera, como si no fuera consciente del tratamiento que le da a la mujer número tras número en la revista de la que es director. Todos sabemos, no necesitamos ser expertos en nada para saberlo, que en la revista SoHo la mujer es un producto más. En todos los números salen modelos ambiciosas que presentan su perfil sexual para quien desee hacer uso de sus servicios, con frecuencia entrevistan prostitutas y actrices porno para animar a las mujeres que leen la revista para que aprendan las técnicas que proponen estas  maestras. Los hombres se deben sentir muy bien viendo cómo estas mujeres, las que posan y las que participan en los experimentos, se sienten dichosas porque trabajan para un medio tan prestigioso y no se complican pensando en la forma en que son vistas por los lectores.

Pueden indignarse Carolina Sanín y Salud Hernández, pueden despreciar al director de la revista, a los lectores y a las mujeres que se sienten realizadas porque colaboran para la revista. Catalina Ruiz-Navarro no, ella no tiene derecho, ella se ha congraciado muchas veces con Daniel Samper Ospina, ha consentido ser tratada y vista como un pedazo de carne, como carne para la venta, soltera y disponible. Así la presentan en la encuesta.

De nuevo, como tantas otras veces, uno no entiende si Catalina Ruiz-Navarro se esfuerza por llamar la atención, si pide ser insultada por alguien como yo, si goza con el descrédito permanente, o si no tiene el nivel de inteligencia y coherencia suficientes como para entender que ella no es la mujer más indicada para ajusticiar a la revista ni al director.

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El desnudo de Virginia Mayer en la Revista SoHo

13 Dic

Desde ayer Virginia Mayer está  presumiendo en Twitter con su desnudo en la revista SoHo. La contactaron para el último número titulado En este cuerpo vivo yo, un especial sobre cuerpos mutilados, maltratados, demasiado grandes o demasiado pequeños; cuerpos despreciados y adoloridos o cuerpos bellos y extraños que nunca pasan desapercibidos porque lo que se sale de lo común suele llamar nuestra atención, aunque nos hiera (o precisamente porque nos hiere).

Ella posa de gorda atormentada con su cuerpo y la foto no es precisamente un canto a su supuesta irreverencia sino una autodenigración consentida por ella misma y por la fotógrafa, más si se observa en contraste con las fotografías de los demás invitados. La mayoría de ellos posa de pie con una prenda gris y exhiben su cuerpo con respeto aunque muestren mucho más que Virginia Mayer; a ella la vistieron con unos calzones grandes de tigresa, la maquillaron de forma vulgar, ocultaron su cuerpo y la rodearon de hamburguesas como rodearían a una cerda de inmundicia. Y ella sonríe de forma complaciente.

Cada fotografía va acompañada de un texto del protagonista y la única modelo que se insulta a sí misma por su triste condición es Virginia Mayer, nadie más. Varios de los invitados nos dan ejemplo, son personas dignas de admiración y asumen su cuerpo con dignidad, todos menos Virginia Mayer.

Le pregunté a un amigo cuál es el papel de Virginia Mayer en los medios y él respondió sin pensarlo mucho: ella hace el papel de gorda. 

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Sexualidad femenina según cien mujeres típicas de la revista SoHo

15 Sep

La revista SoHo es la revista que se merecen los colombianos “cultos” y con “clase”, es una revista para lectores ignorantes, deseosos de consumir las grandes marcas aunque sea con los ojos. El lector que se configura en esa revista  es alguien  seguro de que allí publican los grandes cronistas colombianos, por ejemplo Alberto Salcedo Ramos, quien destroza, por ejemplo, a Silvestre Dangond. Allí también se consagran como humoristas los mejores tuiteros de Colombia, que son los mismos diez periodistas que publican en casi todas las revistas “culturales” y de farándula, porque de algo tienen que sobrevivir.

El gancho son las mujeres y la mujer ideal es tetona y culona, con cara de puta o con cara de ángel. Por allí pasan las mujeres que quieren ser recordadas porque fueron modelos, presentadoras, actrices… o simplemente porque la revista SoHo es la mejor pasarela para conseguir el novio o el amante que configura  a través de la publicidad y las “crónicas” que allí se presentan. El lector ideal es un hombre “con clase”, es decir con el dinero suficiente para conquistar a una de estas princesas y la princesa considera que “buen gusto” es sinónimo  de cuánto pagó el traqueto por el cuarto donde sació sus fantasías con la princesa.

La revista siempre presenta consejos para conquistar mujeres, lecciones para hombres deseosos de tener sexo con  esas mujeres, con el tipo de mujeres que posan para la revista SoHo: qué comprarle,  a dónde llevarla, qué decirle, cómo hacerle sentir que vale la pena quitarse la ropa después de tantas atenciones.

Y como es una revista para hombres convocan cada cierto tiempo a las mujeres que han pasado por allí, a las más deseadas, para que hablen de sexo con descaro, como las putas que quieren representar a través del cuerpo y del discurso.

En el último número contactaron a cien (todas para casarse) y les hicieron cien preguntas sobre “todo” lo que piensan de los hombres.  Hoy nos vamos a ocupar de ese esperpento. Vamos a analizar algunas respuestas y vamos a hacer algunos contrastes.

1) La colonia para hombre que más le gusta a las mujeres: Giorgio Armani, Hugo Boss, Chanel, Carolina Herrera…. Estas muchachas saben de colonias “finas” para hombres. Esas mismas mujeres sofisticadas se expresan de esta manera: “me encantan los hombres con tatuajes, eso sí, nada de Bart Simpson o tribales boleta”. La autora de esa respuesta tan elaborada es Sylvana Gómez. No me imagino a esta niña usando la palabra boleta mientras degusta el “mejor vino” en el “mejor restaurante” antes de ir al mejor motel con su amante de turno. No olvidemos que cuando Sylvana se desnudó en la revista nos confesó que es putísima de corazón.

2) Uno de los asuntos más trascendentales discutidos en casi todos los números de la revista SoHo es el vello, el femenino y el masculino. Hay varias preguntas sobre la importancia de este detalle tan trascendental para la puta bien preparada. La conclusión de la princesa depilada siempre lista para satisfacer es contundente: “¿Uno tiene que sacrificarse cada 15 días haciéndose la cera, y el man pretende que a uno le guste eso al natural? ¡Guácala!”. Esta respuesta es menos elegante que la de Sylvana y deja ver a una mujer que lucha por sus derechos, pero son unos derechos muy estúpidos, ella quiere que el hombre esté al nivel de ella para satisfacer un deseo elemental: el sexo. Esta puta fina usa la horrorosa palabra man y la horrible expresión guácala. Lástima el vino, la colonia, el restaurante… con esta princesa tan poco sofisticada.

3) Le preguntaron a las cien princesas cuál es el peor defecto de personalidad que puede tener un hombre y la respuesta más frecuente fue tacaño o líchigo. Era de esperarse, estas damas, que son las mismas de los programas de mujeres en W radio y en Blu Radio trabajan pero exigen que los hombres derrochen con ellas porque es la única forma de conquistarlas. ¡asqueroso por donde se mire! Todavía siguen viendo el sexo como un intercambio, como un sacrificio que la mujer hace después de que el hombre se ha esforzado mucho o ha invertido lo suficiente para que merezca el premio. Se jactan de ser las putas más rebeldes -bestias depiladas hambrientas de sexo- pero sólo son mujeres interesadas en hacerse pagar, en cobrar por los servicios sexuales. Tiene que valer la pena el dolor padecido durante la cera.

4) El 78% de las princesas saldrían con un hombre feo. Conclusión: lo único que les importa es el dinero y los objetos que puedan recibir de estos hombres. ¿Qué tiene de excitante un hombre feo depilado y con olor a colonia cara? Es más asqueroso que un hombre común que huele a jabón.

5) No les importa que el hombre de turno sea calvo, muy gordo o muy delgado. Las princesas no hablan de sentimientos pero el cuerpo tampoco es que les importe. Como en Colombia la mayoría de los hombres soy feos, enanos, sin gracia… ellas se conforman con estos hombres desagradables, lo importante es que paguen la cuenta en “un buen sitio” y nada más. ¿Por qué quieren ver depilados a estos esperpentos?

6) ¿Cuál marca de reloj le gusta que tenga un hombre? Rolex, Tag Heuer, Tissot, Swatch, Cartier.

7) Al 88% de las princesas les gustan los hombres caballerosos, es decir, los que pagan la cuenta.

8) El 68% de las princesas saldrían con un hombre mucho mayor que ella, para que paguen la cuenta.

9) Las preguntas relacionadas con sexo son las que más delatan a las princesas. Al 80% les gustan los juguetes sexuales, al 73% les gustan las parejas bastante recorridas,  el 83% han fingido orgasmos, el 23% han tenido sexo con más de 21 hombres, al 69% le gustaría un trío con dos hombres, pero sólo al  19% les gusta el sexo anal. Estas princesas quieren parecer recorridísimas, putísimas… pero la pregunta que uno se hace es: ¿con tanta juguetería, con tantos amantes, con dos hombres disponibles sueñan con un trío para que cada hombre le succione en simultánea cada uno una teta?

Conclusión: o las princesas son muy brutas, burdas, machistas, estúpidas, interesadas, mentirosas o, bien, modificaron algunas respuestas de las princesas para que éstas coincidieran con las políticas de la revista.