Archive | mayo, 2014

Del inconveniente de haber nacido

30 May

¿El ser ideal? Un ángel devastado por el humor.

La verdadera poesía no tiene nada que ver con la “poesía”.

Perdimos al nacer lo mismo que perdemos al morir. Todo.

Regla de oro: dejar una imagen incompleta de sí mismo.

Sólo tiene convicciones quien no ha profundizado en nada.

El arte de combinar autoridad e indiferencia, rigor y descuido.

Mi misión es sufrir por todos aquellos que sufren sin saberlo.

Toda amistad es un drama oculto, una serie de heridas sutiles.

Aquellos a quienes amamos, difícilmente brillan en nuestros sueños.

El placer de calumniarse vale mucho más que el de ser calumniado.

Los sueños son engañosos; cagarse en la cama, eso es lo verdadero.

El tiempo vacío de la meditación es, en realidad, el único tiempo lleno.

El hombre siempre ha pensado que se encontraba en el umbral de lo peor.

Dios es lo sobreviviente a la evidencia de que nada merece ser pensado.

Mi existencia se me presenta como la degradación y el desgaste de un salmo.

Repetirse es demostrar que uno cree aún en sí mismo, en lo que ha sostenido.

Cualquier logro, en cualquier orden, trae consigo un empobrecimiento interior.

Mi visión del futuro es tan precisa, que si tuviera hijos, los estrangularía en el acto.

Uno debe ponerse del lado de los oprimidos, incluso cuando están equivocados.

Sin una buena dosis de ferocidad no se podría llevar un pensamiento hasta el fin.

Aniquilar da un sentimiento de poder y halaga algo oscuro, original, en nosotros.

Fusión entre la resignación y el éxtasis, entre el estoico frío y un místico descabellado.

La poesía excluye cálculo y premeditación: es inconclusión, presentimiento, abismo.

Es obvio que Dios no era la solución y que nunca se encontrará otra igualmente satisfactoria.

Querer dominar, representar un papel, hacer la ley, comporta una fuerte dosis de estupidez.

Dios: una enfermedad de la que nos creemos curados porque ya nadie muere por su causa.

La ambición se encuentra en todo, se ven incluso sus huellas en los rostros de los muertos.

Llegar a no tener a qué renunciar. Ese debería ser el sueño de todo espíritu desengañado.

“Comete usted un error al contar conmigo”. ¿Quién podría hablar así? Dios y el Fracasado.

Hay que sufrir hasta el final, hasta el momento en que se deja de creer en el sufrimiento.

El último paso hacia la indiferencia es la destrucción de la idea misma de indiferencia.

Uno debería conformarse con un solo idioma y profundizar cada vez más en su conocimiento.

Lo único que debería enseñársele a los jóvenes es que no hay nada o casi nada que esperar de la vida.

Caminar en un bosque entre dos hileras de helechos transfigurados por el otoño; eso es un triunfo.

Para vencer la perturbación o una inquietud tenaz no hay nada como imaginar el propio entierro.

El antídoto del aburrimiento es el miedo. Es menester que el remedio sea más fuerte que el mal.

El sufrimiento abre los ojos, ayuda a mirar las cosas de otra forma que no hubiésemos percibido.

La única manera de encaminarse hacia lo universal es ocuparnos únicamente de lo que nos atañe.

Aprender a no dejar huellas es una guerra de cada instante que libramos contra nosotros mismos.

En lo más íntimo de sí mismo el hombre aspira a alcanzar la condición que tenía antes de la conciencia.

No es el temor de emprender algo , sino el temor de conseguirlo lo que explica más de un fracaso.

No es la desgracia, sino la felicidad, la felicidad insolente, la que conduce al tono agrio y al sarcasmo.

Después de ciertas experiencias deberíamos cambiar de nombre, puesto que ya no somos el mismo.

Destrucción y estallido de la sintaxis, victoria de la ambigüedad y del poco más o menos. Muy bien.

En una obra de psiquiatría sólo me interesa lo que dicen los enfermos; en un libro de crítica, las citas.

Poder vivir sin ninguna ambición. Me constriño a ello. Pero este hecho tiene ya que ver con la ambición.

Cuando hemos puesto a alguien muy alto, se nos hace más asequible en cuanto comete un acto indigno.

No es construyendo sino pulverizando como podemos adivinar las satisfacciones secretas de un dios.

Seguramente la existencia tuvo algún atractivo antes del advenimiento del ruido, digamos antes del neolítico.

Desde el momento en que uno se identifica enteramente con su propio ser, uno reacciona como Dios, es Dios.

Los monos que viven en grupo rechazan a aquellos que han tenido de alguna manera contacto con los humanos.

Si me apegara a mis convicciones más íntimas, dejaría de manifestarme, de reaccionar de cualquier manera.

Si lo propio del sabio es no hacer nada inútil, nadie me ganará en sabiduría: ni siquiera me rebajo a hacer cosas útiles.

Un escritor no nos marca porque lo hayamos leído mucho, sino porque hemos pensado en él más de la cuenta.

El hombre acepta la muerte pero no la hora de su muerte. Morir cuando sea, salvo cuando haya que morir.

No se crea una obra sin apegarse a ella, sin convertirse en su esclavo. Escribir es el acto menos ascético que existe.

En cuanto uno se recuesta, el tiempo deja de fluir y de tener importancia. La historia es el producto de una raza en pie.

El tormento metafísico se sitúa mucho antes de esa insipidez universal que sigue al advenimiento de la Filosofía.

Gritar no tiene sentido más que en un universo creado. Si no hay creador, ¿qué sentido tiene llamar la atención de sí?

Aunque haya entrado en su fase de sobreviviente, se agita como si estuviese en el umbral de una carrera maravillosa.

He sobrepasado el nivel en el que los seres importan y no veo ninguno razón para luchar en los mundos conocidos.

Para un escritor, charlar con una portera es mucho más provechoso que conversar con un sabio en una lengua extranjera.

Con el tiempo, ya nada es bueno ni malo. El historiador que se pone a juzgar el pasado, hace periodismo en otro siglo.

Es un privilegio vivir en conflicto con la propia época . En todo momento uno es consciente de no ser como los demás.

Cuando se ha cometido la locura de confiarle a alguien un secreto, la única forma de saber que lo guardará es matarlo de inmediato.

La ventaja no desdeñable de haber odiado mucho tiempo a los hombres es la de llegar a soportarlos por agotamiento de ese mismo odio.

Para el ansioso no hay diferencia entre éxito y fracaso. Su reacción frente a ambos es la misma. Los dos le molestan igualmente.

No he frecuentado especialmente a Baudelaire ni a Pascal, pero no he dejado de pensar en sus miserias que me han acompañado siempre.

Me imaginaba bien tranquilo en mi tumba. Y en seguida me ablandaba. No desdeñemos tanto nuestro cadáver: puede sernos útil a veces.

Detenerme en los cementerios rurales, tenderme entre dos tumbas y fumar durante horas. La considero la época más activa de mi vida.

Cuando me preocupa un poco más de la cuenta el no trabajar, me digo que bien podría estar muerto y que entonces trabajaría aún menos.

Se puede comprender todo, admitir todo, imaginar todo, salvo la propia muerte, aunque se piense en ella sin descanso y se esté resignado.

Si Cioran fuera tuitero

29 May

La idea de la muerte ayuda a todo, salvo a morir.

Perdimos al nacer lo mismo que perdemos al morir.

No merece la pena matarse: siempre lo hace uno demasiado tarde.

La lucidez es el único vicio que hace al hombre libre: libre en un desierto.

No hay arte verdadero que no contenga una fuerte dosis de banalidad.

Mi existencia se me presenta como la degradación y el desgaste de un salmo.

Para absolver a Dios, hacían responsable a Satánas de la infamia de la Creación.

A medida que el arte se hunde en un callejón sin salida, los artistas se multiplican.

Es imposible aceptar ser juzgado por alguien que ha sufrido menos que nosotros.

Después de la medianoche empieza la embriaguez de las verdades perniciosas.

Hay que sufrir hasta el final, hasta el momento en que se deja de creer en el sufrimiento.

Fusión entre la resignación y el éxtasis, entre el estoico frío y un místico descabellado.

El “alma” surgió y se desarrolló a expensas del buen funcionamiento de los órganos.

“Comete usted un error al contar conmigo”. ¿Quién podría hablar así? Dios y el Fracasado. 

No hago nada, es cierto. Pero veo pasar las horas -lo cual vale más que tratar de llenarlas.

Sólo lo que se esconde es profundo y es verdadero. De ahí la fuerza de los sentimientos viles.

Sueño con un confesor ideal a quien decirle todo, confesarle todo: sueño con un santo hastiado.

A medida que los años pasan, decrece el número de seres con quienes puede uno entenderse.

No es la desgracia, sino la felicidad, la felicidad insolente, la que conduce al tono agrio y al sarcasmo.

Después de ciertas experiencias deberíamos cambiar de nombre, puesto que ya no somos el mismo.

No permanece sino lo que ha sido concebido en la soledad, de cara a Dios, uno sea o no creyente.

No es el temor de emprender algo, sino el temor de conseguirlo lo que explica más de un fracaso.

El antídoto del aburrimiento es el miedo. Es menester que el remedio sea más fuerte que el mal.

Cada vez que estoy mal y me apiado de mi cerebro, me siento llevado por un irresistible deseo de proclamar. 

Aquel que tema al ridículo no irá nunca muy lejos ni para bien ni para mal, permanecerá más acá de sus talentos.

Ser objetivo es tratar al prójimo como se trata a un objeto, a un muerto, es comportarse con él como un sepulturero.

El tormento metafísico se sitúa mucho antes de esa insipidez universal que sigue al advenimiento de la Filosofía.

No se crea una obra sin apegarse a ella, sin convertirse en su esclavo. Escribir es el acto menos ascético que existe.

Si lo propio del sabio es no hacer nada inútil, nadie me ganará en sabiduría: ni siquiera me rebajo a hacer cosas útiles.

En cuanto uno se recuesta, el tiempo deja de fluir y de tener importancia. La historia es el producto de una raza en pie.

Desde la infancia percibía ya el deslizarse de las horas, libres de toda referencia, de todo acto y de todo acontecimiento.

Se trasciende la muerte por la búsqueda de lo indestructible a través del verbo, a través del símbolo mismo de la caducidad.

Si antaño frente a un muerto me preguntaba: “¿De qué le sirvió nacer?”, hoy me pregunto lo mismo ante cualquiera que esté vivo.

Cada vez que me falla la memoria, pienso en la angustia que deben experimentar los que saben que ya no se acuerdan de nada.

Los desconsuelos de cualquier género pasan, pero el fondo del que proceden subsiste y nada lo mitiga. Es inatacable e inalterable.

Días milagrosamente cuajados de esterilidad. Y yo, en vez de alegrarme, de cantar victoria, me dejo invadir por el despecho y el mal humor.

La calle es tranquilizadora porque se piensa menos en uno mismo, en ella todo se debilita y se deteriora, empezando por las angustias.

Sólo a los niños o a los locos les perdonamos su franqueza: los demás, si tienen la audacia de imitarlos, se arrepentirán tarde o temprano.

Detenerme en los cementerios rurales, tenderme entre dos tumbas y fumar durante horas. La considero la época más activa de mi vida.

Me imaginaba bien tranquilo en mi tumba. Y en seguida me ablandaba. No desdeñemos tanto nuestro cadáver: puede sernos útil a veces.

Amar y dominar son dos actitudes complementarias

25 May

La primera actitud del hombre hacia la naturaleza fue de candoroso amor, como en San Francisco. Pero dice Max Scheler, amar y dominar son dos actitudes complementarias y a ese amor desinteresado y panteístico siguió el deseo de dominación, que había de caracterizar al hombre moderno.  De este deseo nace la ciencia positiva, que no es ya mero conocimiento contemplativo, sino el instrumento para la dominación, que había de caracterizar al hombre moderno. De este deseo nace la ciencia positiva, que no es ya mero conocimiento contemplativo, sino el instrumento para la dominación del universo. Actitud arrogante que termina con la hegemonía teológica, libera a la filosofía y enfrenta a la ciencia con el libro sagrado. El hombre secularizado lanza finalmente la máquina contra la naturaleza, para conquistarla. Pero dialécticamente ella terminará dominando a su creador.

Ernesto Sabato, en Hombres y engranajes.

El peligro de tener una cuenta en Twitter

21 May

La semana pasada un bus en Fundación explotó con más de cincuenta niños que se transportaban sin compañía de adultos. Treinta y dos de ellos murieron incinerados. Niños entre dos y doce años.

La noticia le dio la vuelta al mundo y en Colombia todavía no salimos del asombro, cómo es posible que pasen estas cosas en un país que sueña con el desarrollo, que aspira a mejorar sus niveles de educación y de humanidad. Hasta el papa se pronunció con dolor sobre una tragedia que se pudo haber evitado.

Mientras el dolor y el asombro embargaba a la mayoría de los colombianos un grupo de tuiteros decidió escribir todo tipo de barbaridades con el HT #MePrendoComoNiñoEnBus. Las frases ofensivas en contra de los niños muertos y de las personas que viven en Fundación y en la costa colombiana eran, a medida que pasaba el tiempo, más desafortunadas. Cómo es posible que haya personas tan crueles, nos preguntábamos todos con asombro.

Los agredidos decidieron divulgar los nombres de los promotores del HT y a uno de ellos estuvieron a punto de lincharlo en la Universidad de Ibagué, un estudiante de Derecho. Los insultos de algunos agredidos se pusieron en el nivel de los agresores, deseaban una muerte dolorosa para ellos. Venganza a cambio de respeto por el dolor ajeno.

Esta mañana revisé mi cuenta de Twitter y me encontré con un hecho asombroso:

Mientra dormía un grupo de tuiteros suplantaron mi nombre y mi cuenta en Twitter y en Facebook. Le hicieron creer a muchas personas que yo también agredía a los niños incinerados y a las personas de Fundación. Una persona que me aprecia guardó los pantallazos de la suplantación y los insultos al usuario falso y a continuación vamos a analizar las cuatro fotografías:

1)

Con la cuenta de Andrea Molina repudian lo que hizo Jorge Alejandro Pérez Monroy, el estudiante de la Universidad de Ibagué, y en la conversación sobre el repudio usan mi foto y mi nombre de usuario en Twitter para hacerse pasar por mí. La pregunta es simple: ¿Qué hay en la mente de una persona que hace este tipo de cosas? ¿Por qué busca confundir de esta manera a los usuarios de las redes sociales? Crearon cuentas falsas en Facebook y en Twitter.

 

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2)

Después de los mensajes en los que supuestamente insulto a los niños incinerados vienen los insultos en un grupo de Facebook. Los tuits y los mensajes que  hacen pasar como míos en Facebook son similares a los que escribían los tuiteros agresores, mensajes infames, claro, pero los comentarios a los supuestos tuits no son menos agresivos. Piden quemar, matar, masacrar…

¿El creador de la cuenta falsa en Twitter y del grupo en Facebook pretendía que hoy yo fuera quemada viva? ¿Quién es? ¿Por qué lo hace? ¿Es una broma? ¿Algo que no debe ser tomado en serio? Veamos hasta dónde hemos llegado. ¿Que hubiera pasado si una persona valiente no se hubiera quedado toda la noche denunciando la suplantación mientras yo dormía? ¿Hubiera salido hoy mi nombre en todos los noticieros y hubiera tenido que irme de la ciudad por miedo a morir asesinada porque a alguien se le ocurrió hacer una broma de mal gusto tal vez porque no le simpatizo o porque su cuenta está bloqueada en Twitter? Creo que estamos llegando a límites insospechados. La forma en que funcionan las redes sociales en Colombia es cada día más preocupante.

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3)

En esta fotografía siguen los insultos y el deseo de que me maten de la forma más dolorosa posible.

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4)

Me enviaron la foto del  promotor de la “broma”. Debe ser un niño menor de edad, lo más probable es que sus padres no saben qué hace su hijo en las redes sociales y confían en él porque es su hijo. Un niño menor de edad que no mide los alcances de sus supuestas bromas.

He sido víctima antes de este tipo de usuarios y casi siempre son niños menores de edad, estudiantes de colegio o de primeros semestres de universidad. Cada vez que recibo ataques como este me pregunto lo mismo: ¿Por qué yo? Tengo 43 años, escribo sobre libros, trato temas serios, de personas adultas. ¿Por qué estos niños pretenden que los denuncie ante la policía si saben que no lo voy a hacer. Sería incapaz de acusar a un niño con una cara como esta por varios delitos informáticos.

 

Niños de Colombia: los invito a reflexionar, no podemos continuar así, ¿Debemos sentarnos a esperar en qué momento aparece en el noticiero el anuncio de que mataron a un tuitero porque fue víctima de una “broma” como la que me hicieron anoche a mí? ¿Qué hubiera pasado si esta persona valiente no se hubiera tomado el trabajo de detenerlos? ¿Hasta dónde habrían llegado? ¿Querían sentirse orgullosos porque me habían visto arder viva bajo la furia irracional de un grupo de tuiteros que buscan venganza sobre un ser de ficción creado por ustedes? Piénsenlo bien, no es justo que me traten de semejante manera.

De por qué es mejor tener treinta que cuarenta

19 May

La edad ideal es nueve años, para mí fue una revelación. En 1979 supe qué quería, qué no quería, qué me gustaba y qué me fastidiaba, qué haría con mi vida a partir de ese momento.

Los veinte me fastidiaron mucho, por aquello de Juventud Divino Tesoro, te vas para no volver (sí, en esa época leía mucha poesía latinoamericana), por aquello de que los jóvenes son el futuro y muchos otros lugares comunes falsos, como son todos los lugares comunes. Tener veinte años no es la gran cosa, es la fase más animal del ser humano. Cuando tenía veinte lo que más deseaba era tener treinta para deshacerme de la tontería llamada Juventud.

Los treinta son los mejores, es mentira que a medida que pasan los años la gente es más feliz. A menos que se trate de viejos que han vivido a los golpes, como animales, cumpliendo ciclos biológicos que los tomaron por sorpresa, por ejemplo, realizándose como esposos, padres y adultos. Yo no cometí esa tontería, nunca creí que se aprende a los golpes, que la vida es dura y que las grandes satisfacciones son fruto de un gran esfuerzo, que se siembra para recoger.

Desde que nací he practicado la Filosofía del descanso y, ahora, que voy a cumplir cuarenta y cuatro, creo que llegó la hora de descansar todavía más a conciencia, por aquello del peso de los años. Ese no es otro lugar común, es real. No es lo mismo tener treinta que cuarenta. Si una vieja de cuarenta dice que se siente mejor ahora que cuando tenía veinte es porque a los veinte ya era casada y tenía cuatro hijos o, simplemente, era una mujer enferma que superó sus enfermedades en la edad adulta. Jamás un niño de diez años pronunciaría frases del tipo: estoy pasando por el mejor momento de mi vida, es mejor tener ocho que seis.

 

Escritura como curación

15 May

Esta mañana traté de recordar los grandes pesares de mi vida y no recordé ninguno, soy un ser sin sufrimiento, mi vida ha sido imperturbable, no hay nada que lamentar, ningún recuerdo digno de ser esquivado por la mente por miedo a sufrir rememorando el instante perfecto o monstruoso.

Recordé mi vida de año en año desde que tengo cinco años y no encontré grandes cambios; recordé mi vida desde los cinco años de cinco en cinco y hay algunos cambios pero todo lo veo de forma muy positiva: leer, estudiar, trabajar, escribir, esta casa, vivir con Andrés. No recuerdo con dolor ni con alegría los pocos paseos de mi vida, las muertes ni las preocupaciones. Y no es porque no haya vivido experiencias negativas sino porque antes de vivir leí a Séneca, a Plotino y a Plutarco y creí cada una de las frases sabias que escribieron estos genios, claro, con la inocencia de una niña de siete años. Hoy saqué de la biblioteca esos libros que me modificaron el cerebro; los quiero volver a leer sólo para saber si recuerdo las frases fundamentales.

Aprendí a vivir antes de haber vivido y eso hace de cualquier vida una vida plena. Pero pensé de forma persistente que tal vez es más efectiva la escritura que la lectura, no quedarse con las ganas de expresar a través de las palabras, de forma oculta o explícita, el origen del dolor o la alegría, los recuerdos bellos o desagradables, las experiencias buenas o malas.

Cuando una experiencia pide ser contada a través de la escritura es preciso no quedarse con las ganas, es un atentado contra uno mismo. Estoy casi segura de que  no puedo sentir placer ni insatisfacción recordando la mayor parte de las experiencias vividas durante los últimos veinte años porque más o menos desde hace veinte años cuando tengo uno inquietud relacionada con la vida leo, pienso y después escribo, entonces vivo como si no tuviera vida y me siento bien, no sufro ni gozo, estoy más allá del bien y del mal.

Las estupideces que uno sueña

15 May

Anoche -antes de acostarme- conté dos millones de pesos en billetes de $50.000 nuevos y consecutivos. Metí la plata en un sobre, me lavé las manos, me acosté y me dormí. A las ocho horas me desperté, Andrés me avisó que estaba hablando dormida en tono triste y lastimero pero no entendía nada de lo que decía, entonces le narré mi tonto sueño que estaba relacionado, claro, con lo que había hecho antes de acostarme: Era un sueño sobre el vil metal:

El sueño consistía en que mis compañeros de trabajo me miraban con pesar porque no pagaban en efectivo sino en cheque, como antes, y mi cheque había salido por $140.000 y, claro, yo esperaba mucho más. Había mucho misterio, no sabían cómo decirme que se trataba de un error. Yo lloraba amargamente, me lamentaba, reclamaba, estaba tan ofuscada en el sueño que terminé hablando dormida. ¡Qué superficialidad! ¿Qué tontería! Rodolfo Llinás tiene razón: los sueños son el recreo del cerebro.