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¿A las mujeres se les exige mucho?

11 Sep

Estuve hablando con un médico. Le pregunté si puede detectar enfermedades del cuerpo y del alma con sólo mirar al paciente y antes de que me respondiera le dije que yo sí puedo porque soy experta en la mirada espontánea. Le dije que es preciso fijarse en la mirada, la sonrisa y la forma de caminar de la gente, en la forma de mover los brazos y las manos. Le dije que están más tristes y enfermas las mujeres, aunque los hombres también están agobiados y confundidos. ¿Es el cambio de milenio, la Era de Acuario, la estrategia de los dueños del mundo? ¿Nos quieren volver locos a todos? ¿Quieren comenzar con las feministas?

El médico no lo negó y agregó la siguiente frase: “¡Claro! A las mujeres se les exige mucho. Deben verse bonitas, ser buenas esposas, experimentadas amantes, saber cocinar, vestirse bien, ser madres ejemplares, trabajar con esmero y ser feministas, jajajaja, esa ocupación también les quita mucho tiempo”.

Y yo no lo dije pero lo pensé: “Los hombres nunca se han tomado en serio el feminismo, han dejado que las mujeres se liberen todo lo que quieran para reírse un poco mejor.Y ahora que no tenemos feminismo sino feminismos tienen mucho material para recrearse con sus burlas. No importa, a pesar de todo sigo amando a estos cerdos machistas, a los cisgénero: hombres con genitales masculinos que se ven y se identifican como hombres. La próxima vez que me encuentre con un hombre le preguntaré si es cisgénero: “¿Tienes genitales masculinos y eres hombre hombre?”.

Lo más triste de todo: el médico tiene razón.

¡Y no es que a las mujeres se les exija demasiado, pasa más bien que muchas mujeres mal entrenadas y poco reflexivas quieren competir con los hombres y no saben que competir no es una actitud inteligente porque terminan haciendo doble trabajo: el de los hombres y el de las mujeres: los hombres sólo tienen que ser hombres y ya; ellos no están pidiendo ser madres, por ejemplo!

Muchas mujeres quieren posar de heroínas, de exitosas, de controladas y versátiles y, entonces, recordé la frase machista que oí hace como treinta años: ¡El feminismo les sirvió para que además de ser madres y amas de casa ahora también tengan que trabajar!

Y, claro. Ahora la mayoría de las mujeres se siguen casando, teniendo hijos, siguen cocinando, quieren verse muy femeninas y además trabajan. En el trabajo no quieren ser “menos” que los hombres y, entonces, por querer demostrar que son iguales, que no son seres inferiores, terminan trabajando el doble y muchos hombres se sientan a verlas trabajar.

No son inteligentes ni creativas como yo. La clave consiste en usar lo mejor del feminismo para beneficio propio. Para comenzar: ¿qué sentido tiene casarse y tener hijos si es lo menos original que las mujeres han hecho a lo largo de la historia? ¡Pero la feminista también cae en el juego de la reproducción y termina convertida en ama de casa y madre asfixiante como todas las demás! No tener hijos deja mucho tiempo libre, se nota que no aprendieron nada de Virginia Woolf y de Simone de Beauvoir.

La estrategia de la lucha por el poder es masculina, es el infantilismo masculino que explicó tan bien Virginia Woolf pero las feministas en vez de sentarse a contemplar a los pobres hombres luchando por el poder les pareció más divertido competir con ellos. ¡No son inteligentes! Buscan competir con los hombres.

Conclusión: ¡El médico tiene razón! Con el feminismo las propias mujeres se encargaron de echarse la soga al cuello.

Marketing y feminismo

19 Ago

Me han amenazado de muerte y de ataque con ácido ¿por ocuparme de feministas tipo Catalina Ruiz-Navarro y Carolina Sanín?

¡No hay derecho!

Me han amenazado de muerte y de ataque con ácido ¿por ocuparme de rebeldes tipo Virginia Mayer?

¡No hay derecho!

Me han amenazado de muerte y de ataque con ácido ¿por ocuparme de emprendedoras tipo Catalina Alba, Diana Marcela Ariza y Sandra Súarez?

¡No hay derecho!

Me han amenazado de muerte y de ataque con ácido ¿por ocuparme de intelectuales tipo Katherine Ríos?

¡No hay derecho!

Las amenazas de muerte y de ataque con ácido siempre han sido anónimas, claro (estamos en Colombia)  y para mí es imposible saber cuál de las víctimas de mi supuesta muy variada y mucha maldad ha decidido tomar medidas en contra mía. Tal vez sea un simpatizante de una de las damas, una especie de justiciera que no soporta la libertad de expresión en un país en el que es prohibido dar opiniones sobre gente que expone su vida privada en público y aspira a convertirse en modelo, en mujeres dignas de respeto y admiración aunque no lo sean.

Todas las mujeres de las que me he ocupado en este blog exponen sus dotes o sus atributos en las redes sociales o en las revistas de farándula y lo que he hecho siempre es dar mi opinión sobre sus apuestas, sus estrategias, sus juegos, sus tomas de posición, su habitus, su posición en el campo. ¿Es tan difícil entender que me eduqué en la sociología del arte y que mi maestro indiscutible es Pierre Bourdieu? ¿Es tan difícil  entender que lo que puede ser interpretado como ataque personal a unas dulces e inocentes mujeres es una toma de posición intelectual que yo asumo ante lo que esas mujeres representan en un contexto particular?

Si me he ocupado de estas respetables damas es porque ellas encarnan los sueños, deseos y frustraciones de muchas mujeres. Mi intención nunca ha sido atacarlas a ellas sino lo que ellas representan.

¿Por qué vuelvo a escribir sobre “divas” si la última vez me advirtieron que el ataque con ácido sería efectivo si volvía a vulnerar los derechos de tan respetables damiselas?

Porque soy así, arriesgada. Porque si no escribo reviento, porque me gusta ejercer mi derecho a opinar en un país que presume de democrático aunque no lo sea. Se supone que las opiniones, que la escritura, es eso, escritura, y que quien escribe merece seguir viviendo a pesar de lo que haya escrito. Las palabras no son balas ni cuchillos y no deben ser recibidas con balas ni con cuchillos sino con otras palabras.

Yo esperaría palabras contra mis palabras, no amenazas de muerte ni ataques con ácido.

Sin más preámbulos pasemos a analizar este esperpento que encontré sin buscarlo. La autora es Catalina Ruiz-Navarro.

El título de este post es “Marketing y feminismo” porque nuestra feminista estrella es la mujer que mejor encarna la idea de que todos somos objetos de consumo, de que todos nos construimos no precisamente como sujetos sino como personas que han sido puestas a la venta en el mercado de la carne sin que lo sepamos. Yo lo sé, la casta Catalina no lo sabe, ella siente que crea su propio estilo en un mundo en el que la publicidad nos impone los estándares de belleza, libertad, estilo y sensualidad. Esta fotografía que la bella Catalina comparte con sus lectoras feministas podría ser perfectamente usada en un anuncio publicitario de toallas higiénicas, alimento para mascotas o planes turísticos. Ella jura que ha sido la artífice de tan bella obra de arte y nos dice que una mujer inteligente puede usar bikini, pintarse la boca de rojo y ser filósofa, que una cosa no riñe con la otra.

Ella es una feminista fuera de serie porque no parece hombre, porque no es una machorra.

descarga (1) La publicidad y el marketing empaquetan a las personas para que crean que se construyen como sujetos cuando en realidad forman parte de un grupo específico, de un paquete de personas que se venden como productos a sí mismos en las redes sociales y que los expertos en marketing no dudan en organizar para ofrecerles luego productos y servicios cuidadosamente diseñados para satisfacer la fase emocional, intelectual o espiritual por la que el empaquetado está pasando; los paquetes de productos y servicios son cuidadosamente diseñados para ellos, para crearles la ilusión de que son libres, de que seleccionan, de que se construyen y, es, sin duda, la mujer, una mujer como Catalina Ruiz-Navarro (mujer que en esta fase ha decidido etiquetarse como feminista filósofa inteligente maquillada y con bikini), una mujer que a los 33 años ha dejado de sentirse vieja y fea.

Cuando Catalina cumplió treinta entró en crisis y sentía que había quedado fuera del mercado de la carne, a los 33 siente que ha vuelto a renacer y el mercado le ofrece productos y servicios hechos a la medida de sus deseos y requerimientos. Cuando Catalina cumpla 40, 50, 60, 70, 80 y 90 soñará con ser otras mujeres y siempre habrá un paquete para ella, para hacerla sentir en su mejor momento. ¡Así funciona el asunto! No somos sujetos libres, ahora mucho menos que en los tiempos del casto Sartre.

La mujer-objeto perfecto para ser modelado- para ser todas las mujeres con las que pueda llegar a soñar. ¡En eso va el feminismo! Catalina es la mujer perfecta para formar parte de un paquete de mujeres como ella a las que se les crea un mundo hecho a su medida para hacerlas vivir en la ilusión de que ellas deciden, de que ellas escogen, de que ellas construyen su propio estilo, su modelo, no según las estrategias del mercado sino según sus propias elecciones.

La publicidad y el marketing saben que nadie como las mujeres y el feminismo para vender mucho más de lo que vendían antes.

Esta otra fotografía (lobísima, kitsch a más no poder) es exhibida por Catalina Ruiz-Navarro en el texto titulado “Soy feminista y eso no me quita lo femenina”.

No hay necesidad de hacer un análisis minucioso del documento para corroborar que Catalina ve mucha televisión y muchas revistas de novias, para constatar que está completamente dominada por el arte de no ser sujeto sino objeto.

¿Cuáles son los límites del feminismo?

¿A dónde hemos llegado?

¿Qué sigue?

¿Por qué te moriste Pierre Bourdieu?

¡Llamen a mi mamá!

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http://www.univision.com/estilo-de-vida/trending/soy-feminista-y-eso-no-me-quita-lo-femenina-aunque-no-siempre-lo-tuve-tan-claro

 

Machismo colombiano perpetrado por mujeres

15 May

Esta sentencia sobre el caso Rosa Elvira Cely fue redactada por dos mujeres: Luz Stella Boada y Nayive Carrasco. Las frases despectivas hacia la víctima deben tener asombrado hasta a Alejando Ordoñez. ¿O será que no?

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Una muñeca bailando

13 Mar

Cuando era niña no me sentía niña sino niño o señor, más señor que niño, y veía televisión con mucha seriedad, con la mano en la barbilla. Sentía que extrañaba mi barba, viví con esa sensación hasta cuando cumplí catorce años, sentía que venía de otra vida y que mi familia no era mi familia, vivía con la sensación de que había llegado al lugar equivocado.

Me gustaba mucho ver programas musicales en vivo y si el cantante bailaba acompañado de otros bailarines me gustaba más. Estaba enamorada de Raffaela Carrá cuando tenía siete años, la veía cantando y bailando y me imagina que yo no era una niña de siete años sino un muchacho de veinte, soñaba que ese muchacho se fascinaba tanto con esta mujer que parece una muñeca bailando y no podía entender que un hombre renunciara a ser hombre porque deseaba verse como Marilyn Monroe o como Brigitte Bardot. Yo pensaba que si fuera hombre y deseara verme como una mujer elegiría como modelo a Raffaela Carrá.

Este video es la materialización total de la muñeca bailando

Aquí no es una muñeca, es una mujer. Cuando la veía pensaba que encarnaba el ideal de mujer libre. La veía como feminista sin haber leído sobre feminismo

Carolina Sanín por ella misma

12 Dic

En la revista Shock (una revista de farándula o juvenil, supongo) entrevistaron a Carolina Sanín y ella se autodefinió. Es asombroso, no es una broma, ella se siente inteligente,  rebelde, despierta, sin pelos en la lengua, contestataria, libre, valiente… En Facebook, donde se ha convertido en una Institución porque insulta a la gente que no está de acuerdo con sus brillanteces. Su fama se debe a que es una especie de Doña Gloria con doctorado. ¿Para reír o para llorar? ¿Sigue convencida de que es la versión femenina de Fernando Vallejo? Lo más asombroso de todo es que hay gente convencida de su inteligencia y su estilo. ¿A dónde hemos llegado? El subrayado es mío.

Veamos:

¿Por qué crees que la gente salta a criticar en Internet cada crítica que publicas? Como la de tu columna sobre Bogotá, o ahora esto de lo de los polvos del moderno.

Veo que son tantas las personas que celebran mis críticas, y que entran en diálogo conmigo a raíz de ellas, como las que las deploran y me atacan por ellas. En cuanto a las personas que las deploran, supongo que se debe a que en esta sociedad colonial sujeta a la hipocresía, la franqueza es sinónimo de impertinencia. A nadie le gusta ver que otro es libre de decir lo que quiera, pues le señala que él también es libre y que, si ejerciera esa libertad, tendría que asumir una responsabilidad mucho mayor que la que asume al contentarse con su sujeción. Por otra parte, en esta sociedad acostumbrada a las fórmulas y al sainete, el ingenio resulta escandaloso. Y en esta sociedad acostumbrada a que las mujeres sean indolentes y uniformes, que una mujer sepa que sabe pensar muy bien en algunas cosas —y que no sea falsamente modesta al respecto— constituye una amenaza. Adicionalmente, aquí se cree que “hay que respetar” y se abusa de la palabra respeto, como si el respeto por cualquier cosa que alguien dice o hace, o por cualquier persona, fuera un deber. No saben que el respeto a la constitución y a las leyes es un deber y que, más allá de eso, uno solo debe respetar a quien le inspira respeto; lo otro es servidumbre. Por último, la de mi columna sobre Bogotá y la contenida en el chiste sobre los polvos del Moderno no son “cada opinión que se hace pública”; son dos ejemplos de chistes y opiniones entre muchos chistes y opiniones que he hecho públicos (en mis libros, en mis columnas de prensa, en facebook, en entrevistas, etc.), y, de hecho, están entre los ejemplos más banales y flojos. Lo que pasa es que a twitter llega lo más flojo, fácil y banal, si es a eso a lo que te refieres.

(Mea culpa: le pregunté por lo más flojo, fácil y banal)

Desde luego, a Carolina Sanín no se le puede discutir su trayectoria académica, ni que “sabe pensar”, ni le estamos pidiendo falsa modestia, pero no sabíamos que deplorar alguna de sus opiniones era no reconocer su ingenio. Tampoco nos escandalizó, queríamos seguir con la cadena de chistes flojos.

En realidad, acá a nadie que piense se le reconoce el ingenio, no solo por ser mujer que saben. Prueba de ello es que cuando a ella la invitaron a hablar sobre un tema social (el reinado) la pusieron a discutir con un comentarista de chismes.

Seguramente nuestro interés por las categorías sexuales de su comiquísima broma le pareció una mierda, lo más flojo.  Como la mierda que los perros dejan en los prados del Gimnasio Moderno, y que fotografió después en cuenta de Facebook. Pero, “no hay nada que temer, señores: es simple mierda”. Claro, no estamos acostumbrados al sofisticado humor libertario sobre mamás. 

http://www.shock.co/cultura/articulos/le-preguntamos-carolina-sanin-por-los-polvos-cachacosos-e-ignorantones-78198

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Amenaza de ataque con ácido a una fea de 45 años

18 Nov

Fea de 45 es una redundancia porque después de los cuarenta es muy complicado encontrar mujeres bonitas y si son bonitas las miran con un poco de pesar, piensa la gente: “esa señora tal vez fue bonita”.

Y sin embargo me amenazaron anoche, me amenazaron con un ataque con ácido en la cara, me llamaron monstruo y la pregunta es simple: ¿Quién querría desfigurar a un monstruo? Eso también es redundante. Hasta donde tengo entendido las mujeres víctimas de ataques con ácido suelen ser mujeres jóvenes, bonitas y vanidosas y yo no soy nada de eso. Si el agresor llegara a actuar los medios amarillistas no sabrían cómo presentar la noticia y la gente que me lee se sorprendería mucho porque ese no es el tipo de ataque que esperarían para alguien como yo, puesto que ya todos sabemos que tengo la cara desfigurada.

No soy ni la sombra de lo que era cuando tenía veinte años y algunas personas se detenían a mirar mi rostro con atención. No, después de los cuarenta las mujeres son señoras y a las señoras pocas personas las miran y si las miran es para ofrecerles una silla azul.

No sean como Catalina Ruiz-Navarro. No escriban como niñas malcriadas e irresponsables

16 Oct

“Yo soy dueña de mi cuerpo, me siento muy cómoda con él y puedo mostrarlo donde quiera y como quiera, incluso decidir ponerme en la posición de “objeto” (si así lo decido yo) porque de lo que se trata es de que YO sea quien tome decisiones autónomas sobre mi cuerpo y no OTROS POR MÍ. Cuando el lector me dice que yo no puedo salir en fotos desnuda “por ser feminista” lo que está haciendo es aplicarme las leyes de su machismo. Yo puedo hacer con mi cuerpo lo que me dé la gana, sépanlo bien”.

El feminismo colombiano apesta.

La cita anterior es de Catalina Ruiz-Navarro.

Me recordó la de otra gran intelectual colombiana exhibida como pedazo de carne en la revista SoHo: Margarita Posada.

Cuando le preguntaron por qué se desnuda de todas las formas posibles para esa revista respondió como una niña sin educación ni formación: “porque quiero, puedo y no me da miedo”.

Con ese feminismo colombiano es más respetable quedarse en el machismo y en el sistema opresor y falocéntrico.