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¿Qué es Twitter después de ocho años?

8 Feb

Creé una cuenta en Twitter en 2010 y todavía no renuncio a esa red como he renunciado a todas las demás porque como objeto de estudio sigue siendo fascinante. Twitter es una red muy pequeña que se va reduciendo cada día más y va quedando la gente más mezquina, con menos carácter, con más baja autoestima y más abandonada.

¿Cómo veo el comportamiento de los usuarios colombianos en esta red y cuál es el perfil psicológico de los más activos?:

Twitter es más adictivo que el basuco y la prueba es que muchos usuarios se han despedido hasta diez veces para siempre regresar más enfermos y más adictos, la última vez siempre regresan peor que la anterior. El síndrome de abstinencia es poderoso y dudo que algún psiquiatra o psicólogo sepa cómo sacar a una persona adicta a la tonta red que lo ata y no lo suelta. Si el opio es la cadena de ocho vueltas Twitter le debe haber dado más de doce vueltas a los que se han despedido más de doce veces y regresan como si nada, sin asomo de rubor.

En Twitter la gente no es necesariamente fea pero se siente muy fea y ese problema los lleva a obsesionarse con otras personas para tratarlas de feas, esa es la misma razón por la cual la mayoría de los usuarios se niegan a mostrar su rostro y se escudan detrás del rostro de una persona bella, sensual o enigmática. Todos sabemos que decirse feo es asunto de niños de preescolar. ¿Quién no ha oído a un niño de tres años diciéndole a un adulto en tono de reproche?: ¡Yo a usted ya no la quiero, usted es fea! Ha pasado de moda atacar en masa a una persona por fea pero el tiempo me ha permitido constatar que la gente fea de Twitter se siente inconforme con su propia cara (aunque no sea precisamente la cara de un monstruo) y goza asumiendo la actitud de un niño de tres años peleando con la tía que no lo quiere llevar al parque.

En Twitter no se impone la justicia ni la decencia sino el linchamiento y el odio y dar el nombre propio y poner la cara tiene sus riesgos. Hemos visto gente que ha sido obligada a renunciar a un cargo público, otros se han tenido que ir del país, otros han tenido que ir al psicólogo o al psiquiatra después de un ataque de tuiteros en manada. La falta de amor propio y el abandono se suman a la frustración, la frustración lleva a la ira y la ira de muchos se convierte en una gigantesca bola de mierda que le puede derribar la casa, la vida y la honra a una persona en un fin de semana.

En Twitter se vive la ilusión de amistad y esas amistades de mentiras se alimentan de conversaciones insulsas entre la gente que se siente fea; lo más seguro es que no tienen muchos amigos en la vida real y de tenerlos los dejan sentados en la mesa hablando solos como bobos mientras ellos miran el teléfono porque para ellos es más vital responderle una interacción a la amiga virtual que mirar a los ojos a una persona real. Los enfermos no diagnosticados y no tratados, por supuesto, pasan todo el día chateando en Twitter sobre temas intrascendentes, se favean y se retuitean sus bobadas y se jactan de su red de amigos, una red de amigos sin amigos.

En Twitter las Causas nunca han pasado de moda y a pesar de que se ha comprobado durante casi diez años que muy pocos tuiteros se han enriquecido, han encontrado marido rico y se han convertido en famosos de verdad, figuras influyentes y respetables gracias a sus tuits, siguen remando con entusiasmo con la idea de que algún día verán los frutos que no llegan. Años y años de trabajo perdido exponiendo sus vidas privadas, sus vergüenzas privadas, sin ningún tipo de pudor, sin amor propio, y siempre con la ilusión de que la exposición se vuelva rentable y esperando se quedan. Exponen el cuerpo, exponen a la madre, a toda la familia, a la mascota, luchan por las mujeres, por las reservas, por los derechos de los sin derechos. No creen mucho en la Causa, es una puesta en escena y no se cansan de insistir, de seguir arando en el desierto.

En Twitter abunda la frase sabia y la reflexión profunda, mucha cháchara y poca Sabiduría; las frases hermosas se escriben para proyectar, para representar, nada de eso tiene que ver con el ser, ni siquiera con el tener.

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Contarlo todo

8 Feb

Jeremías Gamboa quiere ser escritor y escribió un libro de 507 páginas para expresar su deseo, un libro gordo sobre el deseo de querer ser escritor. Para darle forma a la idea se valió de la autoficción, el género que más vende y causa polémica en este tiempo ya que algunos teóricos y críticos lo ven como:

– Un género del que se ha abusado porque es facilista. Es más sencillo hablar de mi vida que crear mundos de ficción; la autoficción no exige tanto trabajo artístico e imaginación como la ficción.

– Una alterativa desgastada, agotada, descuidada en el estilo, en el manejo de la materia narrativa.

– La autoficción no existe porque cuando narramos lo hacemos ocultando o distorsionando los hechos y entonces no vemos plasmada en la obra la verdad revelada de la vida del autor sino literatura, historias contadas a través de narraciones escritas.

– Toda literatura es autoficción porque aunque se modifiquen nombres, espacios y hechos el escritor siempre está hablando de su propia vida y emociones, enmascarándose en los supuestos personajes e historias ficticias.

El narrador empieza diciendo: ¿Qué historia? Pues la mía: no tengo otra historia que contar… Desnudo y sentado frente a la computadora de mi cuarto esta mañana quiero escribir… Quizá se trate simplemente de eso, de que he aprendido finalmente que la cosa es hacer y no juzgarme.

Un joven humilde de barrio popular conoce no se sabe cómo a Mario Vargas Llosa y el maestro considera que ha encontrado al nuevo niño genio de las letras peruanas; esta afirmación conmociona el mundo literario y todos quieren leer la novela sobre el deseo de escribir, de dedicarse sólo a ese oficio y sobre la impotencia de los primeros intentos ante la página en blanco: ¿Por qué me bloqueé durante tantos años?, me pregunto. ¿Por qué ahora no tengo las ganas de sentarme a escribir esto y simplemente me siento y lo escribo? Me ahogaba en el primer párrafo porque no tenía la menor idea de cómo arrancar mis textos.

Se trata de un libro que se puede leer de varias formas y del que se pueden decir muchas cosas, parece escrito para generar polémica y fue un libro polémico en Perú y en España, no sé qué tanto en Colombia. Lo leí por recomendación de un amigo y nunca había oído mencionar al autor. Lo leí y pensé en Marguerite Duras y en la frase clásica, el famoso Escribe, no hagas nada más de Raymond Queneau:

Alrededor de la persona que escribe libros siempre debe haber una separación de los demás. Es una soledad. Es la soledad del autor, la del escribir. Para empezar, uno se pregunta qué es ese silencio que lo rodea. Y prácticamente a cada paso que se da en una casa y a todas horas del día, bajo todas las luces, ya sean del exterior o de las lámparas encendidas durante el día. Esa soledad real del cuerpo se convierte en la, inviolable, del escribir. Nunca hablaba de eso a nadie. En aquel periodo de mi primera soledad yo había descubierto que lo que yo tenía que hacer era escribir. Raymond Queneau me lo había confirmado. El único principio de Raymond Queneau era éste: “Escribe, no hagas nada más”.

Recordé a Raymond Chandler, a Gustave Flaubert y a Thomas Bernhard y cómo estos artistas comprometidos se oponen de forma radical y con violencia a lo que hoy llamamos escribir para convertirse en escritor profesional, por contrato, personas presionadas a escribir un libro por año, escritura que no nace de la necesidad apremiante de expresarse sino que fluye al ritmo del mercado, del libro como objeto masivo, un producto más de la sociedad de consumo, bienes culturales que nos hacen sentir más cultos o valiosos, con mejor gusto o más exigentes. Tengo la sospecha de que Jeremías Gamboa es un escritor manufacturado para generar dividendos como si se tratara de un producto de consumo masivo y que la marca Vargas Llosa hizo de él una promesa que no veo tan prometedora porque la prosa es muy descuidada, abusa de los lugares comunes, cuenta una historia en 507 páginas que perfectamente cabría en 150 si el autor hubiera depurado el manuscrito y lo depuró, claro. Hay varias versiones del libro. Lo ha ido puliendo en el camino pero no lo presenta como manuscrito sino como obra definitiva y ese acto es irrespetuoso con los lectores que leyeron una especie de borrador con la seriedad de la obra definitiva y pagaron por el libro convencidos de que se encontrarían con Gran literatura ya que era una obra recomendada por Mario Vargas Llosa, quien goza de reconocimiento como lector exigente y exquisito.

El libro es también una especie de manual para escritores y muchos de los consejos no están relacionados con la poesía sino con ver cómo van aumentando las páginas en la pantalla, como si se tratara de una trabajo bien hecho más que de una pasión, una idea que exige ser expresada. Estos son algunos de los consejos que presenta el autor-narrador:

-Si tienes ideas sólidas, tus textos serán breves. Textos larguísimos casi siempre denotan falta de ideas.

– Los buenos escritores nunca se hacen notar.

Encontrar el silencio total y escucharte, reconocer los sonidos que hay dentro de ti.

Estaba convencido de que correr me ayudaría a escribir. Correr haría circular mi sangre y me ayudaría a despejar lo suficiente mi cabeza.

Me convencí de que sólo empezaría a escribir algo si es que permanecía sentado en mi máquina del mismo modo en que ellos estaban a todas horas metidos en el mar esperando pacientemente la llegada de las olas.

La idea de un joven escritor que vive en un departamento cerca del mar y que emplea todo el tiempo de su día a día a su trabajo creativo era una imagen hermosa pero a la vez insostenible, ya lo sabía.

Son frases digeribles que nos podrían servir para armar un curso de escritura creativa. ¿Quién no ha tomado un curso de escritura creativa? ¿Quién no sueña con enriquecerse a costa de la escritura? Es un derecho soñar con escribir, es un derecho tratar de hacer poesía, cuento o novela. Lo que molesta mucho es que tanta gente sin formación sueñe con ser artista y crea que se trata simplemente de mover los dedos sobre el teclado, gente que piensa en fama, poder y dinero más que en verdad, arte, estética, estilo y compromiso.

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Carolina Sanín y el peligro de dejarse devorar por el mundo virtual

21 Ene

Me he ocupado de Carolina Sanín desde hace siete años, supe de su existencia en Twitter y a partir de ese momento le he hecho seguimiento a su carrera, a sus actitudes y a su apuesta  estética porque es feminista y porque está interesada en la literatura, como yo. No la sigo porque esté obsesionada con ella, la envidie o la odie sino porque es perfecta para pensar en temas de mi total interés como lo son el campo literario, los intelectuales colombianos, la literatura del futuro  y especialmente internet, cómo se puede afectar la vida personal y laboral cuando los usuarios no son hábiles para navegar en estos mundos en los que no se sabe en qué momento la persona se convierte en personaje y el personaje termina arruinando la vida del sujeto, la vida privada de la persona de carne y hueso que sufre y llora, que siente miedo con todo su cuerpo y  no sabe cómo encaminar de nuevo esa vida real que ha sido tragada por el personaje virtual.

Lo que en algún momento parecía tener forma se desfiguró por completo porque teniéndolo todo (capital social, intelectual, económico, cultural y simbólico) Carolina Sanín asumió la actitud de una joven inocente que no tiene nada sino apenas una cuenta en Twitter o en Facebook y se lanza con furia al vacío con un propósito bien definido: volverse famosa, influencer, emprendedora, empresaria, conseguir novio rico o de la farándula, convertirse en actriz porno siendo periodista, etcétera. La joven inocente y arriesgada apuesta y gana o no gana, si pierde no pierde nada puesto que no tiene nada que perder, no  tiene capital y por eso es arriesgada y pendenciera; hará el ridículo durante una o dos semanas y luego aparecerá la apostadora de turno, la protagonista del nuevo show mediático. Una persona como Carolina Sanín no necesitaba jugar en las redes sociales de esa forma y mucho menos en Facebook, donde la ignorancia, el fanatismo, la zalamería y la desinformación son ley.

Carolina Sanín en muy poco tiempo parece haber acabado con la obra que había construido, con su formación profesional y su desempeño laboral. Terminó poniéndose en contra de la universidad de la que es egresada y de la que luego fue profesora. Eso se llama desde la teoría del campo no saber jugar, no saber mover las fichas, no saber apostar, jugar de forma torpe. Y toda una suma de errores no es más que el fruto de haber sentido que podía ejercer más poder desde un tonto perfil de Facebook que desde el mundo real. Sintió que sus fans y los cientos de mensajes zalameros que recibe cada día tenían más valor que lo que había cosechado en el mundo real, en la realidad ajena a las redes sociales.

Como experta en lectura y escritura en redes sociales cuál es mi consejo para no caer en estos límites absurdos:

Cuando sienta que su vida virtual es más relevante que su vida real, que la gente de carne y hueso y su propio cuerpo, cuando su personaje virtual empiece a ser más importante que el cuerpo que usted habita y ese personaje empiece a afectar de forma negativa su vida real y sus relaciones con otros seres humanos en diferentes entornos, lo mejor es desaparecer de una vez y para siempre de todas las redes sociales, hacer de cuenta que no existen. Muchas personas en el mundo viven perfectamente sin redes sociales.

Cuando sienta que su personaje en internet es más fuerte que usted como persona, como ser humano de carne y hueso que disfruta comiendo, bebiendo, durmiendo, caminando, trabajando y compartiendo la vida con otros seres humanos, lo mejor es desaparecer de las redes sociales de una vez y para siempre, no pensarlo tanto, no seguir arruinando la vida.

Internet produce adicción física y psicológica y puede ser más peligroso que el bazuco, arruina vidas y el usuario debe estar siempre alerta. En este mundo negro donde la persona deja de ser relevante para darle todo el poder al personaje puede caer el niño de siete años y la profesional mayor de cuarenta, no es un asunto simple y no debe ser tratado con ligereza.

Obsesión fatal

17 Ene

Mi nombre es Elsy, tengo 46 años y no soy nadie.

No soy nadie en el sentido de que no he publicado una obra, no tengo amigos influyentes, no devengo sueldo de millonaria, no vivo en un barrio exclusivo de Bogotá, no tengo carro, no uso Uber, no tengo tarjeta de crédito ni cuenta corriente, no aparezco ni publico en medios, no soy modelo, youtuber, influencer, emprendedora, empresaria independiente ni nada parecido. No  tengo grandes aspiraciones en la vida y paso por un momento crucial porque me siento atascada como un carro, no sé si lo mejor es seguir o quedarme donde estoy y hay momentos en los que me pregunto preocupada: ¿Seguir para dónde si siempre he estado más o menos en el mismo lugar? Es complicado y lo peor de todo es que presiento que estoy exactamente en medio del camino, sospecho que me quedan más de cuarenta años por vivir.

Soy la persona más común con la que usted se pueda cruzar en esta ciudad sin méritos llamada Bogotá. Casi nunca salgo, me desplazo siempre a los mismos lugares, hablo con muy pocas personas y no tengo una vida digna de ser contada. No redactaré mis Memorias porque no serían más de dos páginas.

Y sin embargo tengo fans que me persiguen, me buscan, se esconden, juegan conmigo, intentan enamorarme, me dicen que me van a matar o se quieren casar conmigo, buscan hacerme dudar de mi propia valía o me dicen que soy la mujer más grande del universo, plantean juegos psicológicos y a la larga siempre termino preguntándome qué putas pasa, cómo es posible que la escritura en un simple blog y en una simple cuenta de Twitter desencadene emociones tan funestas que en varias ocasiones me han hecho sentir en una película de terror psicológico y me han llevado a preguntarme si esos admiradores o enemigos confundidos van a conducirme al suicidio como a Kurt Cobain o me van a matar como mataron al pobre John Lennon, mientras salga a comprar lo del desayuno en la tienda de la vecina. Lo pienso y me pregunto si la escritura tiene tanto poder y si esas personas de sentimientos confusos, obsesionados conmigo y empeñados en hacer de mi vida una pesadilla sin fin me toman por estrella de rock o por premio nobel de literatura.

En este momento no me interesa el sexo ni el amor, saber si soy bonita o fea, deseable o despreciable porque la edad no lo amerita, voy rumbo a la tercera, a la peor de todas. En este momento de la vida me obsesiona la escritura y sólo la escritura, nada más. Es casi lo único en lo que pienso, lo que me pone a suspirar. Parece una contradicción porque es precisamente la escritura la que desencadena la locura de mis fans enamorados pero es inevitable, escribir es lo que disfruto con pasión intensa desde hace más veinte años.

Estoy perdiendo la memoria o el pasado no me importa o no me toca, no sé qué es lo que pasa en mi cerebro, el hecho es que siento que estoy pasando por un momento crucial, lo que mi caja craneana oculta pasa por un proceso que seguramente se ha repetido durante varias generaciones en miembros de mi familia que no conozco y me tiene un poco sorprendida porque presiento que se trata de un viaje hacia lo desconocido.

Escritura académica 2017

14 Ene

Después de haber escrito sin parar durante más de veinte años llegué a la siguiente conclusión: el terreno en el que mejor me desempeño es en el de la escritura académica, ensayos sobre teoría y crítica literaria.

En 1996 empecé a escribir ensayos académicos, veinte ensayos a través de los cuales traté de dar respuesta a los grandes interrogantes que me obsesionaban en ese tiempo en relación con la literatura, la teoría y la crítica literaria, el amor, la melancolía, la risa, la lectura, la escritura y la interpretación de textos. Esos ensayos terminaron de publicarse en 2004 y el gran problema tiene que ver ahora con el hecho de que me quedé sin preguntas siendo aún muy joven y entonces no tengo tema de investigación. Hay otros temas que me interesan, claro, pero lo mío tiene que ser una obsesión, una pregunta que me desvele y me afecte la vida. Esos temas dejaron de existir hace mucho tiempo, leo por placer pero no estoy buscando respuestas, las encontré todas antes de haber cumplido treinta años; a esas respuestas me acojo y todavía no me han defraudado.Vivo una buena vida pero me encanta escribir, ese es mi dilema. Mi escritura tiene que ser honesta, no está a la venta ni es para fortalecer el ego, es por el simple placer de ver cómo se van organizando las frases en la pantalla, sincronización total entre dedos y ojos, es decir, placer neuronal. Me gusta darle placer a mi cerebro y lo que más lo satisface es la escritura. No lo creo, lo sé.

Fui bloguera durante diez años y creo que fue ahí, aquí, donde perdí rigurosidad y profundidad; me acostumbré a escribir en tiempo real y ahora Word parece retrógrado, una máquina de escribir manual en tiempos de DOS; mi cerebro se ha modificado, lo que lo emociona hasta el límite es ver como empiezo un texto, lo termino y lo publico ese mismo día, es decir, hoy, mañana es demasiado tarde, ese es el límite del placer cerebral. Si empiezo un texto en Word y lo reviso mañana a mi cerebro le parecerá un texto muerto, he  intentado escribir con calma, puliendo el estilo, tratando de llevarlo al límite, he intentado volver a ser la gran erudita más de diez veces en los últimos cinco años y siempre termino desechando el texto porque me parece un texto sin vida. La escritura en tiempo real termina convertida en arma de doble filo: produce adrenalina pero nos hace sentir culpables y sin compromiso como intelectuales, dolorosamente superficiales.

Sospecho que mi tragedia es una tragedia compartida por personas que escribieron y publicaron antes y después de internet, antes de las redes sociales, YouTube y WhatsApp. Vivimos el día a día y los días se esfuman de forma asombrosa, pasamos el día entero chateando y muertos de la risa leyendo las estupideces que la gente escribe en Twitter, siendo testigo de las olas de indignación de un día.

¿Cuál es el destino de la escritura académica? ¿Muertos casi todos los intelectules del siglo XX debemos acostumbrarnos a la falta de profundidad, a que los grandes temas sean abordados de la forma en que se abordan en las redes sociales?

Este año decidí no volver a comprar libros y eso también es preocupante. Tomé la decisión porque comprar libros se me ha convertido en un vicio y una enfermedad. Compro cien y leo veinte y luego los regalo o los tiro a la basura.

Carolina Sanín matoneada

4 Nov

Una persona demasiado llena de sí misma no puede tener buen sentido del humor, una escritora que insulta sin compasión desde una red social no puede esperar se tratada con dulzura cada vez que agrede a una persona o a un grupo de personas con un español digno de una vendedora de fritanga; debe estar dispuesta a recibir todo tipo de burlas y asumir que en las redes sociales las reglas del juego no se corresponden con las de la realidad real, aquí no existen títulos ni dignidades. No puede esperar que después de insultar a los estudiantes de la Universidad de los Andes en Facebook la feliciten por ser sincera, irreverente, contestataria, amiga de la verdad y le den un premio de periodismo de inmersión o de literatura de autoficción.

Si a un grupo de estudiantes en un espacio real les da por jugar cartas encima de una mesita la profesora no tiene ninguna autoridad para escribir en Facebook que preferiría verlos robando o consumiendo drogas.

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Esos juicios no son una broma y lo más natural es que a una agresión se responda con más agresiones y con un meme.

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Carolina Sanín ha creado un personaje grotesco en Facebook y en YouTube, la versión de una mujer altanera que insulta sin compasión y sin mesura en un español no precisamente digno de una profesora de literatura de la Universidad de los Andes. Ese personaje grotesco se hunde en la exposición de temas banales tratados con profundidad y en temas serios tratados con ligereza y cada cierto tiempo logra que sus pataletas virtuales en Facebook lleguen a Twitter, después a los medios y después al despacho del rector de la Universidad de los Andes.

El último gran escándalo ha causado más revuelo que todos los anteriores, se han manifestado varios columnistas en diferentes medios, hay cartas firmadas por profesores indignados que no saben cómo funcionan las redes sociales, hay columnas de estudiantes denunciando que la Universidad de los Andes se convirtió en un negocio rentable y que en el claustro hay o ha habido profesores abusadores que encierran niñas menores de veinte años en los salones no precisamente para discutir asuntos relacionados con crítica literaria.

Hay quienes se ponen de parte de la víctima (por ser mujer) y hay quienes se burlan sin compasión de la profesora-escritora ávida de fama, de premios y de reconocimiento que aspira a ser la versión moderna de Quevedo y termina recordándonos a Nicolás Arrieta-; lo que ella llama humor es la peor representación del mal gusto y en su cadena de insultos terminó damnificado hasta el pobre  Héctor Abad Faciolince.

Carolina Sanín quiere formar parte del campo literario, quiere ser la versión femenina de Fernando Vallejo y sueña con escribir un libro como El olvido que seremos, éxito indiscutible en ventas. Intenta ser la fusión de Vallejo y Abad y su fórmula la ha llevado a ponerse al lado de figuras tan lamentables como Catalina Ruiz-Navarro y Virginia Mayer, que  se solidarizaron con ella.

¿Qué pasa con Carolina Sanín?

¿Por qué deshonra el apellido del abuelo?

¿Por qué le cuesta tanto trabajo entender que la realidad virtual y la realidad son mundos diferentes?

¿No es preocupante que quienes estén poniendo en aprietos a las directivas de las universidades por hacer mal uso de las redes sociales y mezclarlas con entornos laborales sean los profesores y no los estudiantes?

¿Qué sentido tiene que una profesora universitaria matonee a los estudiantes desde una red social y luego se ponga en el papel de víctima cuando los agredidos responden con un meme y luego con otro?

¿Es el fin de la civilización?

¿Me volverán a amenazar de muerte o con ácido por tratar estos temas tan sensibles en este humilde blog?

¿Cuál será la próxima pataleta de Carolina Sanín?

¿Los viajes, el estudio y los apellidos ilustres no sirven para nada?

¿Para qué sirve la educación?

27 Ago

Una de las ventajas de tener blog es que se puede tratar cualquier tema y los lectores pueden opinar. Publico todos los comentarios para que quien los lea pueda ver todos los puntos de vista, no sólo los que me favorecen. En eso consiste la libertad de expresión y en eso creo. La ejerzo con todos los riesgos, a pesar de las amenazas de muerte y todos los inconvenientes que me han ocasionado quienes en un momento dado no han estado de acuerdo con lo que he escrito aquí y no sólo han dejado comentarios altaneros sino que me han ocasionado verdaderos tropiezos que han afectado mi vida privada, la de la persona de carne y hueso, la misma que escribe y espera que le respondan con escritura, no con atentados a la vida real, a la tranquilidad y a la paz perpetua.

A pesar de las amenazas de muerte sigo escribiendo sin censura, sin pensar que al hacerlo estoy arriesgando mi vida o la tranquilidad de mi familia. Es una apuesta arriesgada pero no sé vivir de otra manera.

En un blog se  puede escribir sobre la propia vida privada, sobre la vida privada de los demás (porque la exponen en internet, la hacen pública), sobre oralidad, lectura, escritura, interpretación, literatura, cine, periodismo… sobre cualquier tema, y me ha llamado la atención la altura del discurso y la argumentación en el post titulado “¿Quién es Lucas Ospina?”.

Aunque se toca y se hiere la sensibilidad de muchas personas nadie me ha amenazado de muerte ni me ha insultado. Han comentado más de veinte personas y todos han estado a la altura de la discusión, han presentado sus puntos de vista y sus desacuerdos con buen español y en tono respetuoso, sin poner en peligro la vida ni la honra de quien esto escribe sólo porque mi opinión no concuerda con la suya.

Hagamos un ejercicio para ver los contrastes:

Volvamos a leer una colección de los comentarios más insultantes dejados en este blog cuando me ocupé de lo que he dado en llamar “las divas tuiteras” y después leamos el comentario más respetuoso acerca del profesor Lucas Ospina. El lector saca las conclusiones:

“¿Doña Elsy usted no tiene vida propia? pareciera que tiene que entrometerse en la de los demás para tenerla. su vida debe ser muy triste y patética para meter con tanto esmero sus narices en la vida de esta mujer así como hace con … o …, estas habida de atención me imagino que esta chica sera tu nueva obsesión.

y cual es la envidia vieja patetica? le da envidia que … pueda comenzar una carrera y que usted se tenga que conformar con ser una profesora por horas de una universidad mediocre? le da envidia que … pueda salir con una persona reconocida y exitosa mientras usted …? le da envidia que … salga en medios de amplia circulacion mientras usted tiene que llamar las atencion desde este pinche blog? aunque intente hacerlo parecer humor se le nota por encima el resentimient. petetica.

perdedora envidiosa porque … es atractiva y puede salir con quien sea y usted da asco. no se la come ni el ebola.

ojala tenga claro demente patetica que si lo que usted hace en internet causa daños a las personas en la vida real usted lo tiene que pagar en la vida real. no se queje cuando llegue su turno.

sigase metiendo conmigo perra hijueputa y vfa a quedar como natalia ponce y el malparido de su novio va a quedar como un marica pedofilo con toda la gente de … si quiere hagamos la prueba. ya sabe cual mierda tiene que borrar malparia desforme. lo de menos es citar a ese hijuepita … y meterle una levantada bien hijueputa. perra hijueputa metase una vez mas conmigo y vera gonorrea”.

Ahora veamos el comentario de  El otro estudiante de Lucas Ospina:

“Elsy, yo también fui estudiante de Lucas Ospina y compañero de Daniel Segura en esa misma clase. Daniel era muy talentoso, de los mejores de la clase. Era un poco retraído y hoy lamento no haberme acercado más a él, hubiera querido ser un apoyo en esos períodos de duda que nos acompañan a los artistas. En la clase había estudiantes que pasaban mucha parte de su tiempo buscando la confirmación de que eran artistas. Cuando el profesor Ospina les daba un gesto de aprobación lo adoraban. Hay muchos que todavía dicen que él fue quien los entusiasmó a seguir su camino. Para quienes no estábamos tan atormentados por nuestra vocación, el profesor Ospina era más bien una pesadilla, un hombre completamente lleno de verdades incuestionables (para él), que parecían más bien elucubraciones de una mente paranoica. Como el “razonamiento” que lo llevó a enviarle una carta tan vergonzosa a la profesora Bonnet: ¿en qué estaba pensando Ospina? Pues en otra de sus grandes y brillantes ideas. Como cosa rara le pareció tan buena que no pudo esperar a enviársela a la profesora Bonnet. En clase teníamos el chiste de que el profesor Ospina era EL artista de meter el dedo en la llaga, solo que en su caso era el brazo completo. Como en este caso. Todo en nombre de la verdad, nunca con mala intención. 18 años de experiencia docente y esto es lo mejor que puede hacer: me sorprende que siga siendo profesor cuando está rodeado de gente mucho mejor en la misma universidad. El tirón de orejas que le dieron no servirá para nada, esos egos tan grandes no tienen cura”.