Archivo | octubre, 2014

Vieja y fea a los 31. Dedicada a Catalina Ruiz-Navarro

30 Oct

Catalina Ruiz-Navarro es feminista, nadie lo duda, y en sus columnas de opinión suele tomar los escándalos relacionados con mujeres de la farándula norteamericana para reflexionar sobre estructuras de poder, patriarcado, falocentrismo, estereotipos impuestos por la sociedad patriarcal y reivindicación de los derechos de las mujeres reclamados desde hace ya bastante tiempo sin que ni hombres ni mujeres recapaciten ante la abominación de la que son cómplices al callar e ignorar.

¡No más! dice Catalina cada cierto tiempo y sale a marchar -en minifalda- (porque es dueña de su cuerpo) y a exhibir carteleras ante el Procurador.

Todos las semanas hay un escándalo relacionado con una “diva” y cada semana Catalina sufre y llora porque la diva atormentada es mujer y como mujer tiene derecho a no ser vulnerada en sus derechos. Toma como pretexto el sufrimiento de una mujer de la farándula para luego hablar de las mujeres en general y, luego, de ella en particular. Siempre termina hablando de ella y de la red de mujeres que la acompañaron en su infancia y adolescencia. Ella es una mujer rodeada de mujeres, educada por esas mujeres para luchar por los derechos de las mujeres. No hay quien lo dude.

La última columna feminista de Catalina Ruiz-Navarro se titula Espejito, espejito y en resumidas cuentas nos cuenta que está sumida en una tremenda depresión porque ya no aguanta el trago y la rumba dura como antes -cuando era modelo de la revista SoHo, cataba condones, despreciaba a los hombres con caspa, nos enseñaba cómo usar una minifalda y participaba en Estudios -de la revista SoHo- sobre cómo escoger hombres para rumbear, para goterear o para convertirlos en amantes de una noche.

Catalina está sumida en una tremenda depresión porque tiene 31 años, le salió una cana y se encontró una arruga cuando se contemplaba ante su espejo.

Catalina se ve como una chica SoHo o como una chica Águila, es un hecho, y asume que la mayoría de las mujeres desean ser “la chica” porque ven mucho cine y mucha televisión norteamericana: “Mientras los personajes para mujeres en Hollywood sigan limitados a “la chica” las actrices de Hollywood no van a poder envejecer”. Las divas del cine no pueden envejecer y Catalina tampoco, porque ella  también es “la chica”, así se ha representado ante los hombres y ante las mujeres y, por esa misma razón, cumplir 31 años se ha constituido para ella en una absoluta tragedia, en un motivo para narrar su indignación y su desazón.

Dice Catalina más adelante: “Las mujeres, a diferencia de los hombres, salimos de escena cuando envejecemos”. Eso no es cierto y ha llegado el momento de hablar de mí: he conocido a lo largo de mi vida mujeres de más de sesenta años respetadas y admiradas por hombres y mujeres, mujeres que no soñaban con ser “la chica”, sino seres humanos que se pensaron más allá de la edad, las líneas de expresión y su color de pelo. Pueden o no dejarse ver la canas, pero ese detalle tonto no es relevante; esas mujeres son mucho más que un cuerpo para el placer visual de los hombres o para su propio espejo, son seres humanos, mujeres que trabajan con hombres y con mujeres y que piensan más en su cerebro, en su experiencias, en sus gustos, que en los cuerpos que se ocultan debajo de la ropa.

Catalina está obsesionada con la vejez, tiene miedo de no ser una mujer atractiva, deseable ante la mirada masculina, y hace de ese temor un universal femenino que la mayoría de las mujeres no comparte: “A las mujeres, además, nos exigen una cosa rarísima: envejecer “con dignidad”. Esto quiere decir o bien aceptar la vejez (y con ella una sentencia a la obsolescencia) calladas, sin chistar, o hacernos algunos retoques aquí y allá en cuyo caso la dignidad reside en que nadie sepa a ciencia cierta por qué nos vemos más jóvenes”. Es obvio que el grupo social del que forma Catalina no es precisamente de intelectuales o de artistas sino de hombres y mujeres preocupados por la apariencia, por lo bien que se ven ante los ojos de los demás; al parecer ella asume que su grupo de amigos y la gente que ella admira y desea imitar encarna los valores de la sociedad entera. Si Catalina viera a la gente común, que es la mayoría, descubriría asombrada que los temores de ella producirían la risa de millones de mujeres que no los comparten, que cuando eran jóvenes no aspiraban a ser “la chica”.

Catalina tiene miedo: “Yo crecí en una casa con mujeres de cuatro generaciones. Las vi a todas desnudas, a mi mamá, a mi abuela, a mi bisabuela, y sé lo que me espera”. Yo no he visto a las mujeres de mi familia desnudas pero tengo claro que ellas se ríen de la vejez, son mujeres que viven la vida de tal forma que siempre temo si podré estar a la altura cuando llegue a su edad. Mi mamá es mucho más vital que yo y mi abuela soporta con resignación el final de la vida sin sentirse superior a nadie por hacerlo. No somos feministas, no tenemos nada que reclamarle a los hombres porque nos han tratado muy bien. El hecho de que Catalina Ruiz-Navarro no haya visto hombres en su familia, el hecho de que no sepa lo que es un padre amoroso y un abuelo cariñoso y sabio no debe convertirlo en pretexto para adjudicarle a Los hombres, a La sociedad patriarcal, los dolores de todas las mujeres, porque, entonces, lo que escribe no es una columna de opinión sino un ajuste de cuentas personal (casi tan personal como el de Uribe con las FARC), que no tendría por qué involucrar a todos los hombres del universo por una sencilla razón: la mayoría de los hombres no son como ella los imagina. Los hombres y las mujeres son seres humanos que sufren y sienten miedo e incertidumbre de forma similar.

Y así continúan los lamentos de “la chica”. Como diría el poeta: Esto no hay por dónde agarrarlo.

¿Cuándo aparecerán las feministas que amen a los hombres, que sueñen con llegar al fondo de esos seres maravillosos que a veces sienten tanto miedo, respeto y reverencia, esos hombres que parecen niños aspirando al poder para deslumbrar a las mujeres, esos admiradores insaciables de las versatilidad y del cuerpo femenino?

Las feministas como Catalina Ruiz-Navarro no saben de lo que se pierden al ver a los hombres como enemigos o como verdugos, ella no sabe que los hombres pueden ser compañeros respetuosos y amables. Soy mujer y para los hombres que he conocido a lo largo de mi vida sólo tengo palabras de afecto y de gratitud, mi vida no sería tan plena sin mi papá, mis hermanos, sobrinos, novios, amigos, sin mi cuñado y sin todos los jóvenes a las que he tenido el placer de oír hablar en un salón de clase. En vez de escribir, Catalina debería acudir a un psicólogo para que le ayude a solucionar sus conflictos con los hombres, un experto que le ayude a comprender y a perdonar la ausencia y el abandono de los hombres de su entorno.

Así termina, más o menos, el lamento de “la chica” que no sabe cómo asumir la edad adulta. Es muy triste saber que hay mujeres que se pueden complicar la vida con semejantes tonterías:

“Hoy, a mis 31 años, me encuentro preguntándome preocupada si eso será una arruga frente al espejo. Encima este año me salió mi primera cana, algo que solo es preocupante porque soy mujer, en los hombres los cabellos blancos equivalen a sex appeal, madurez, experiencia. Mi envejecimiento empieza a hacerse visible, es más evidente que no poder lidiar con la resaca. Me encuentro entonces teniendo un miedo irracional a esa vejez, no a los achaques o dolores que puedo aguantar en silencio (y con una mano en la frente para mayor drama), es más un miedo a ver, y a que todos vean, cómo se avejentan mis selfies. Es el mismo miedo irracional que sentimos los fans de Empire Records al ver que Zellweger había envejecido, que eso se puede, que “we are next”.

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Yo también me aburro

27 Oct

La vida no tiene sentido y casi nadie lo sabe. Yo lo sé desde hace mucho tiempo -desde hace más de cuarenta años- y cuando supe que la vida no tiene sentido decidí que lo mejor era dedicarse a descansar y a esperar y a eso he consagrado mi vida entera: a descansar y a esperar.

No hay nada de qué arrepentirse porque no he hecho nada, porque no creo en la acción, porque durante el tiempo transcurrido he vivido como si observara la vida desde la muerte.

No hacer nada es otra forma de burlarse de la vida, no seguirle el juego, no ser cómplice de la mentira y el autoengaño.

La mayoría de la gente no entiende por qué se aburre y espantan el aburrimiento estudiando, trabajando, viajando, bebiendo, jugando, haciendo sufrir a otros seres humanos que no saben por qué están aquí ni cuál es su Misión. No hay misión, pasamos como pasan los perros, los gatos, las nubes y las hojas de los árboles y  de nada sirve ser un personaje ilustre porque todos los personajes ilustres terminan desfigurados por el tiempo y llegará un momento en el que nadie los recuerde.

He pasado la mayor parte de mi vida sonriendo con prepotencia ante el afán, los sueños, los triunfos y la arrogancia de los demás. Pero tantos años de descanso y de convencimiento de que la vida no tiene sentido me han arrastrado a algo peor que el convencimiento de que la vida no tiene sentido: he terminado doblegada ante el aburrimiento.

¿Cómo se aburre una persona inteligente y culta?

Se aburre de forma inteligente y piensa en todas las frases ingeniosas que han pasado por su mente en otros momentos de aburrimiento. Pero es más emocionante reír a carcajadas siendo joven que estando cerca de la temporada más ridícula de la vida: la vejez.

Todavía no tengo canas, camino más rápido que el ejemplar más veloz de toda mi familia, no tomo ningún medicamento, no me duele el cuerpo ni el alma, como bien, duermo bien… pero me asusta la idea de vivir treinta o cuarenta años más riéndome de las mismas estupideces, de los errores reiterativos de mis compañeros de especie.

Conclusión: no es gracioso aburrirse después de los cuarenta.

Lectura y escritura en medios digitales

19 Oct

Para escribir sobre escritura es necesario partir de la reflexión sobre oralidad, para escribir y reflexionar sobre procesos de escritura en medios digitales es necesario reflexionar sobre la relación entre oralidad y escritura.

La oralidad y la escritura pueden interrelacionarse en los chats y en los foros (en las conversaciones en tiempo real); en los blogs lo ideal es encontrar textos con característica propias de los textos impresos, puesto que se trata de textos sobre los que es posible volver una y otra vez, se pueden editar y borrar, son escritura en todo el sentido de la palabra, con la particularidad de que están controlados por el autor, no por un editor, y pueden ser modificados o borrados.

La lectura y la escritura son actividades interdependientes, prácticas complementarias y recíprocas, escribir es ejercitar con especial rigor y esmero el arte de la lectura. Para escribir es necesario haber leído antes en una proporción mayor, haber interpretado los textos y encontrado en éstos los argumentos suficientes para ser tenidos en cuenta en el momento de iniciar el proceso de escritura. Los textos son leídos e interpretados dependiendo de la disposición anímica, la edad, las áreas de interés, las experiencias de vida y las lecturas anteriores.

La lectura es de por sí un actividad placentera cuando se ha convertido en un acto casi natural, la escritura, en cambio, es un proceso mucho más complicado ya que en éste entran en juego desde el uso de mínimas bases de redacción y conocimiento de la lengua, hasta complejos procesos de abstracción y transmisión de información. A través de la escritura se le debe presentar el mundo al lector de manera ordenada y clara, no de manera caótica, tal como se representa en la mente o a través de la oralidad en situaciones cotidianas.

Todo texto es una linealidad de signos que puede ser explicada a través de la observación y el análisis de la estructura interna a partir de la cual se ha constituido, como material homogéneo susceptible de ser observado desde sus elementos más mínimos -los fonemas- hasta la concepción del texto como una extensa frase (si se tratara de una novela, por ejemplo) que expresa una intención, como un discurso. El lector se puede conformar con develar la estructura sobre la que se sustenta el texto, tratarlo como un objeto sin mundo y sin autor, sin contexto, dar cuenta del conocimiento del mismo a partir del análisis de sus relaciones internas, de su estructura formal. También se puede emprender el salto a un nivel de lectura más complejo, vital y enriquecedor, se trata del paso de la observación y la comprensión al de la interpretación.

A través de la oralidad se establecen diálogos que giran alrededor de temas de interés común; en este tipo de relaciones la gesticulación, las modulaciones de la voz, la presencia del referente, etc., son aspectos esenciales. En la escritura la ausencia del referente debe ser subsanada y el escritor debe garantizarle al lector la presencia del mundo, al lector se le debe devolver el universo a través de la escritura.

Para adquirir buen dominio de la escritura es necesario haber pasado antes por el dominio de la oralidad. Cuanto mayor sea la comprensión de las palabras que se pronuncian con la certeza de que fluyen lógicamente para ser evocadas luego como reminiscencias y cuanta mayor conciencia se tenga sobre la importancia del sonido y la gestualidad, mayor precisión se tendrá en el momento de acceder a la elaboración escrita, ya que toda teoría del texto escrito parte de la teoría y el dominio de la oralidad.

A través de un número limitado de materiales (los signos tipográficos que tengo ante mis ojos) y de otro tan limitado como yo quiero que sea (el conocimiento consciente que poseo de la realidad), debo generar en el lector lo que en la oralidad logran la gestualidad, la entonación, el contexto; para escribir sólo cuento con mi repertorio léxico, el manejo de los signos de puntuación y la destreza que he desarrollado para sostener la atención del lector a través del uso de recursos técnicos que en un lector desprevenido pueden llegar a representar cualidades casi mágicas. A través de la escritura se pueden subsanar errores que la oralidad corrige a través de gestos que contradicen lo dicho y que difícilmente van a trascender tanto como la escritura, la escritura debe ser determinante porque aspira a ser eterna.

El escrito (a diferencia de la narración o el diálogo oral) conserva el discurso y hace de él un archivo disponible para la memoria individual y colectiva que le permite al lector apropiarse de la escritura con el propósito de realizar nuevas interpretaciones de los textos y de sí mismo. A lo largo del proceso de interpretación, que se empieza a prefigurar a partir de la comprensión, la intertextualidad ocupa un lugar central: si la lectura es posible, es porque el texto no está cerrado en sí mismo, sino abierto a otra cosa; leer es, sobre todo, encadenar un discurso nuevo al discurso del texto, relacionar experiencias anteriores de lectura y de vida y actualizar o activar la lectura de nuevos textos o de textos ya leídos a partir de perspectivas nuevas; la capacidad de reactualización de los textos es lo que garantiza su carácter abierto.

Algunas recomendaciones para tener en cuenta en la elaboración de textos para ser publicados en blogs:

– Los textos deben ser breves, de máximo dos cuartillas. A través de etiquetas o tags el lector irá armando su propio texto de acuerdo con las necesidades y la disposición de tiempo. Los tags no deben ser elegidos al azar, deben estar regidos por una lógica predeterminada, según la orientación que se le quiera dar al blog: literatura, escritura, tecnología, política, deportes…

– Los textos deben escribirse teniendo en cuenta las cualidades del estilo. Si el estilo es sencillo además es preciso, conciso y claro. Si un texto está bien escrito es porque el autor conoce el tema, la claridad en la escritura revela la claridad del pensamiento.

– Se deben evitar las falacias argumentativas y las estrategias persuasivas, en pocas palabras, se debe hacer más alusión a acciones o ideas que a personas. Cuando los blogueros hacen de la virtualidad una experiencia emocional echan a perder el estilo.

La sociedad del ocio es una apariencia que encubre cierto tipo de la producción-consumo

17 Oct

La sociedad del ocio es una apariencia que encubre cierto tipo de la producción-consumo del espacio-tiempo social. Cuando el trabajo productivo propiamente dicho se reduce, el ejército de reserva de la vida industrial es empleado en el consumo. Todo el mundo es sucesivamente obrero y materia prima en la industria de las vacaciones, del ocio, del espectáculo.  El trabajo existente es el alfa y el omega de la vida existente. La organización del consumo más la organización del ocio debe equilibrar exactamente la organización del trabajo. El “tiempo libre” es una irónica medida en el transcurso de un tiempo prefabricado, rigurosamente hablando, este trabajo no podrá ofrecer más que este tiempo libre, tanto para la élite ociosa -que de hecho cada día se vuelve más semi-ociosa- como para las masas que sólo acceden a un tiempo libre momentáneo.

Cuestionario. En Textos situacionistas. Crítica de la vida cotidiana.

Twitter y Facebook

16 Oct

Twitter es para genios y Facebook es para chismosos imprudentes.

Twitter se lee y Facebook se mira.

La mayoría de la gente con una cuenta en Twitter la usa para leer;

La mayoría de la gente con una cuenta en Facebook la usa para mirar.

El que lee sufre y el que mira también sufre.

El que lee sufre porque algunos tuits hieren

El que mira sufre porque la imagen hiere más que la palabra.

Twitter y Facebook sirven para presumir.

En Twitter se presume con humor, ironía, conocimiento, inconformidad, denuncia, falsa denuncia….

En Facebook se presume con fotografías. La vida privada, la felicidad compartida sin decoro para ser envidiada por quienes ven esas fotografías.

En Twitter se exhiben fotografías y en Facebook se anotan estados y frases para pensar, para poner a pensar a la gente envidiosa mientras mira fotografías, reflejo de felicidad, de plenitud total.

Mirar fotografías en Facebook es una forma de envilecerse al contemplar la vida de los imprudentes que publican fotografías de su vida privada.

Leer tuits no sé qué pueda llegar a significar.

Del blog al libro

15 Oct

Sé de varios autores de libros que han incursionado en el mundo del blog y escriben en tiempo real como escriben sus libros: con el mismo tono, con el mismo estilo, con el mismo amor propio. Después de dos o tres años en el mundo digital dan el gran paso y convierten sus mejores posts en un gran libro, en otro libro para la colección, para anotar en la Hoja de Vida del gran erudito.

Esos libros, los libros que surgieron de un blog, son libros sin sentido porque el universo del libro no es igual al universo del blog y a continuación les voy a explicar por qué:

El libro está hecho de átomos, el blog está hecho de bits. Walter Ong y Paul Virilio son de gran ayuda para entender mejor el asunto.

El libro es para leer de forma lineal, el blog es para leer de forma aleatoria.

El libro exige un tipo de lector, un lector formado a partir de la lectura de libros; el lector de blogs, en cambio, es un lector nuevo,  un lector “educado” en entornos digitales o un lector que pudo haber sido antes un lector de libros.  Son  lectores diferentes, su configuración mental cambia cuando cambia el soporte.

Pasar del libro al blog es muy ligero y pasar de blog al libro es muy  pesado.

El autor de libros es una especie de Dios y su lector es un lector conforme, no tiene derecho a refutarlo; el autor de posts que serán publicados en un blog es un pobre ser dispuesto a ser ridiculizado, banalizado, escarnecido, atormentado… porque los posts se pueden compartir, porque Google puede direccionar a un blog, porque los lectores pueden comentar, y si el creador del blog es generoso y publica todos los comentarios, puede llegar un momento en el que los lectores se pongan por encima del genio digital y lo destrocen por el simple placer de hacerlo sonrojar o porque lo que escribe los afecta tanto que se sienten obligados a comentar y comentan. Y no precisamente en los mejores términos.

El libro es un ladrillo, el blog es como la seda.

El autor de un libro queda condenado de por vida después de publicar sus bellas composiciones, no se puede arrepentir de lo dicho; el autor del blog puede, en cambio, disponer del material a su antojo: puede modificarlo las veces que desee, puede desarrollar una idea en varios posts y enlazarlos a través de etiquetas. Puede -si pasa por una terrible crisis existencial- borrar el blog entero y empezar de cero con otro nuevo blog o, simplemente, darse un tiro y acabar con todo, porque la persona que escribe en un blog es un ser  libre, autónomo, juguetón y mucho menos serio y pesado que el arrogante escritor de libros.

En el libro el autor lo es todo, en el blog el autor no es nada, no importa quién escribió lo que estamos leyendo sino cuánto nos divierte y con quién lo queremos compartir.  El blog está matando al autor pero no al libro.

El autor de libros no sabe quién lee sus libros ni cómo reaccionan los lectores, la venta de ejemplares no garantiza la lectura; el escritor de blogs, en cambio, tiene un registro diario de las visitar a su blog y sabe cuáles son los textos más comentados, los más leídos y, además, puede interactuar con sus lectores. Aunque no tenga nombre ni cuerpo puede llegar a ser más humano que el autor de libros.

Como se podrán dar cuenta, soy una defensora absoluta de la escritura en medios digitales y desprecio a los escritores de libros que no han descubierto las grandes diferencias entre un soporte y otro.

La posibilidad de interpretación es el síntoma de su fracaso

14 Oct

Mecánica desprovista de todo poder transformador.

Una obra que no quiere ser interpretada sino tomada al pie de la letra.

Cuando los filósofos se dedican a contemplar el mundo es porque han fracasado todos los intentos de cambiarlo.

Si se puede leer, si se puede interpretar, entonces es que no se ha realizado, es que no se ha confundido con la vida, es que, a pesar de su afán subversivo se ha vuelto legible, interpretable.

José Luis Pardo