Archivo | mayo, 2013

Emprendedores colombianos en la red. El caso Catalina Alba

31 May

En estos tiempos confusos la gente tiene claro lo que quiere: Dinero, mucho dinero.

Nos han querido hacer creer que la “revolución tecnológica” lo revolucionó todo y que -como por arte de magia- podemos convertirnos todos en empresarios digitales. Si la propuesta no funciona la culpa es tuya, así de simple, algo falló  en tu plan de negocios.  Tienes que aprender a ser un mejor emprendedor.

Cada día aparecen en la red cientos de nuevas páginas de nuevos periodistas, nuevos  cocineros, nuevas prostitutas, nuevos artistas integrales, nuevos emprendedores… personas entusiastas con la idea de hacer realidad un sueño que reporte ganancias económicas fruto de la buena suerte y la ingenuidad de algún tonto. Todos están vendiendo algo o se están vendiendo a sí mismos y casi nadie está comprando, ese es el dilema.

¿Cuántas personas se han enriquecido en Colombia gracias a una propuesta digital?

¿Para qué sirve la fama virtual?

¿Para qué sirven cinco mil amigos en Facebook y más de seis mil seguidores en Twitter?

El caso más emblemático y pintoresco  que conozco en Colombia  es el de Catalina Alba. Tuve la oportunidad de estar cara a cara con esta emprendedora hace tres años en uno de sus intentos desesperados por ser reconocida. Me contactaron para que junto a ella y otros tres o cuatro emprendedores venidos a menos habláramos  de reinas y de reinados a cambio de dos porciones de pizza, un ruta en taxi, una sal de frutas Lúa, un esfero con logo, una agenda con  logo  y un bono de librería sin atributos.  El gancho para convencerme de tan sucia propuesta fue simple: no nos dan plata pero nos dan cositas.

Esa es la frase clave de los emprendedores en Colombia: “No nos dan plata pero nos dan cositas”.

Acepté por pura curiosidad y todavía recuerdo esas dos o tres horas como las  dos o tres horas más tormentosas que he soportado en los últimos tres años. Los divos y las divas tuiteros se trataban como si fueran gente famosa e influyente y no soportaban que yo, la tuitera mayor, no me pusiera al nivel de su imbecilidad.

Ese día pasó y yo he seguido los pasos de Catalina para ver en qué termina su representación de empresaria digital, de emprendedora para mostrar en ferias y foros sobre nuevas tecnologías y triunfadores de la web. Catalina se toma en serio su papel y está dispuesta a regalarse por una lata de atún o por  un delantal Parmalat. Su pose principal es de cocinera, pero también es periodista, fotógrafa, buena amiga y  consejera.

En sus conferencias siempre nos recuerda que es una emprendedora exitosa porque sabe usar las nuevas tecnologías, encontró marido en un chat, entiende cómo funciona Google, Facebook, Twitter, YouTube,  tiene cámara fotográfica profesional, puede chatear desde el teléfono y ha conocido gente maravillosa en las redes sociales.

Catalina Alba  era una publicista exitosa, renunció para crear su propia empresa y  a pesar del llanto y las súplicas de sus jefes para que no los abandonara ella dio el gran paso y ahora puede dormir después del almuerzo o salir a tomar café a cualquier hora con quien  quiera y a la hora que quiera. Ese es el éxito de Catalina Alba. Ella llama emprendimiento a lo que una persona más realista llamaría de forma menos pomposa desempleo.

Cuando estuvo de moda vender cuanta porquería se pueda vender a través de la aplicación llamada twitcam Catalina preparaba comida con invitados  y nosotros presenciábamos el espectáculo extasiados. ¡cuánta falsedad! ¡cuánta zalamería! ¡cuánto desorden dejaban en la pobre cocina de la pobre emprendedora estos tuiteros  descarados! Ella invitaba a comer en vivo y en directo a los tuiteros más influyentes para parecer más influyente todavía porque podía invitar a su casa a los tuiteros más influyentes. ¡un círculo vicioso!

La frase clave del emprendimiento: “no te damos plata pero te damos cositas”  fue inventada por algún director de marketing exitoso, el mismo tipo de embaucador de las amas de casa que venden cremas por catálogo.

Cientos de Catalinas Alba promocionan productos de todo tipo a cambio de migajas y quién gana ¡pues las marcas! Mientras haya tontos dispuestos a venderse por una sal de frutas habrá trabajo para todos los emprendedores que tengan computador o teléfono con acceso a internet.

A Catalina le molesta que no me tome en serio su profesión. Si es cierto que estudió publicidad y renunció a una agencia para preparar huevos a la napolitana disfrazada de ama de casa en dos minutos para RCN, si se deja engañar con la supuesta rifa de un carro y hace el ridículo en YouTube, si posa de locutora en una efímera emisora en la que hacen supuesto periodismo independiente, si  se toma a sí misma como  la mujer más exitosa de la web en Colombia  por qué supone que merece ser respetada y admirada.

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Alejandro Ordoñez Maldonado admira a Nicolás Gómez Dávila

29 May

La buena noticia es que estoy fascinada con mi descubrimiento reciente: las frases maravillosas de Nicolás Gómez Dávila. La mala noticia es que también le fascinan al Procurador General de la Nación. Le gustan tanto que hasta comparte textos en Word para que todos gocemos con su sabiduría: la sabiduría del pensador colombiano que perfectamente puede compararse con Pascal y con Montaigne  y la sabiduría del Procurador a través de su cuidadosa selección.

Asusta saber que Alejandro Ordoñez tome al pie de la letra algunas reflexiones extravagantes  para esta época de Nicolás Gómez Dávila y que fortalezca su lucha contra el aborto, la comunidad gay, la izquierda colombiana,  la idea que tiene de las mujeres, el poder de la iglesia…  y que seguramente le dé ideas a los miembros del partido nazi  colombiano a costa del ingenio de este intelectual refinadísimo que seguramente no mataba una mosca porque pasaba el día leyendo y pensando en lo que leía.

Si Nicolás Gómez Dávila está en el Cielo debe estar muy preocupado con la apropiación y la interpretación que el hombre más poderoso de Colombia haga de sus textos maravillosos. Con ustedes, una presentación del autor y una selección de citas de nuestro nuevo inquisidor hechas  a su medida y a la de quienes lo admiran. Se trata de una buena lectura que ha caído en las manos equivocadas:

Nicolás Gómez Dávila

SENTENCIAS DOCTAS DE UN PENSADOR ANTIMODERNO O DE UN AUTÉNTICO REACCIONARIO

Santa Fe de Bogotá 2001

Prólogo

“quizás desciendo de esos hombres viejos que en sus cuevas pintaron animales, después ánforas dioses y azulejos y después construyeron catedrales.”

R.P Leonardo Castellani

Nicolás Gómez Dávila es el más importante exponente del pensamiento reaccionario en Colombia y por esa misma circunstancia es un total desconocido para la gran mayoría de los colombianos, incluso para quienes por tener con éste una misma comunión de ideales deberíamos conocer y difundir ampliamente su obra. Sus textos son de muy difícil consecución, circulan fotocopiados en muy restringidos círculos intelectuales, más como una pintoresca muestra de nuestra historia periodística que para señalar la vigencia de sus doctas sentencias.

Nació en Cajicá en 1913 y murió en Bogotá en 1994. A muy temprana edad se mudó a Francia siendo sus institutores sacerdotes benedictinos; durante los cálidos veranos se trasladaba Inglaterra donde completó su formación, nunca asistió a centro universitario alguno, convirtiéndose en el más importante autodidacta colombiano del siglo XX.

Regresó a Colombia a los 24 años y al morir a sus 81 años tenía una de las bibliotecas privadas más grandes del mundo. Cerca de 34,000 volúmenes la conformaban. Allí pasó la mayor parte de su vida, convirtiéndose sin lugar a dudas en un anacoreta urbano.

Recientemente el departamento de historia de la facultad de ciencias sociales De la Universidad de los Andes al hacer referencia su obra, afirmó: “para este bogotano, su verdadera familia intelectual es la de la reacción… él mismo se declaren sus escolios… heredero de un pleito sagrado, receptáculo irrenunciable de una tradición reaccionaría y ultramontana…”

Católico tradicional de esos que nunca se aggiornaron a pesar de las reformas eclesiales, las cuales le causaron gran desazón. La misma publicación señaló más adelante al respecto: “sería erróneo sin embargo, suponer que su catolicismo fue exento de problemas. Gómez Dávila jamás aceptó las reformas litúrgicas del segundo concilio Vaticano y fue un declarado enemigo de las tendencias modernizantes en la Iglesia”. Bastaría con leer alguna de sus sentencias más contundentes sobre la materia: “el segundo concilio Vaticano parece menos una asamblea episcopal que un conciliábulo de manufactureros asustados porque perdieron la clientela”. “En el segundo concilio Vaticano no surgido lenguas de fuego sino un ardiente riachuelo”.

Previó con incomparable agudeza los frutos que al final del siglo XX y en los albores del siglo XXI, se recogerían en un mundo que alborozadamente enarboló desde la Revolución Francesa el dogma del “progreso necesario”. Con su incomparable agudeza, en una de sus sentencias más premonitorias, aseveró: “el adversario de los principios modernos no tiene aliados más leales que las consecuencias de esos principios”.

Podemos afirmar que Gómez Dávila fue un pensador antimoderno que fustigó acerbamente todo aquello de lo cual la modernidad se enorgullece. La autonomía del hombre frente Dios, su soberanía, su agnosticismo, su racionalismo. El profesor Reinhart Maurer de la Universidad libre de Berlín al dictar una conferencia sobre la obra de Gómez Dávila, en el año de 1988, titulada “la posmodernidad reaccionaria”, al referirse a su pensamiento manifestó: “lo posmoderno corre el riesgo de desembocar en una escalación de la modernidad. O de convertirse en una “nueva era” que busca distanciarse de ella. Queda la alternativa de los reaccionarios que asume Gómez Dávila; los únicos que no tienen que asumir que prosiga inexorablemente el progreso de la organización básica tecnológica-tecnocrática-democrática de la sociedad, pues se remiten a lo antiguo cultural y a lo antiguo europeo para demoler las estructuras fundamentales de la modernidad. El ejemplo más impresionante de semejante actitud espiritual que yo conozca la ofrece Gómez Dávila.

La reacción es necesaria para que la humanidad no siga rodando aceleradamente en una dirección cada vez más problemática. Hay reservas importantes que permiten reaccionar y que se fundan en el espíritu premoderno. Aquí se puede encontrar la salida de la trampa tecnológica en la que cayó la humanidad con la historia moderna. Hay quienes formulan así la salida: “pensar en adelante sólo es posible como crítica de las ideologías de ayer en nombre de las viejas culturas de Europa”. Nadie, sin embargo, más consecuente con esto que Gómez Dávila”.

La mayor parte sus obras las escribió en un estilo muy particular. Las sentencias, los aforismos y los escolios fueron el género literario por él utilizado, con razón se le puede considerar como el Pascal hispanoamericano. Temas de la más variada índole fueron tratados por él en dicho estilo, desde la teología hasta la arquitectura, desde la liturgia hasta la política, desde la filosofía hasta el arte.

Me propongo entonces, con criterio doctrinario, catalogar sus escolios que no fueron presentados por el autor en el orden ni con la titulación que aquí aparecen. Es un extracto de su prolija obra que pretendo sea conocida por quienes como él mismo afirma: “conspiramos sin ilusión alguna contra el mundo actual, pacientes, tenaces, porfiados, llevando acaso entre los pliegues de un harapo el destino del mañana”.

Dr. Alejandro Ordoñez Maldonado.

                                                        “Ya que el dogmatismo cambió de campo, la impiedad tiene que cambiar de sitio”

“Hoy toca rechiflar a los santones democráticos”

                              “A los que nos acusan de insolencia recordemos que el que hay que vengar un poco a los simples y a las beatas”

Nicolás Gómez Dávila: un colombiano dispuesto a decir lo que pensaba

28 May

Casi todos los autores se vanaglorian de decir la verdad, de desnudar su alma sensible a través de la palabra pero casi todos mienten, es parte de su condición humana, de su miedo, su interés, su deseo de ser amados, su búsqueda eterna de  vida fácil y cómoda. Reflexionan así: sentirme amado, comprendido y admirado por  mis contemporáneos me asegura un puesto en la historia de la literatura y le da bienestar a mi miserable existencia. Eso deben pensar cada mañana al despertar Héctor Abad Faciolince, Ricardo Silva Romero, Alberto Salcedo Ramos y otros treinta tontos más que se toman por joyas vivas de la literatura colombiana contemporánea. El 98% de estos inocentes seres mueren engañados y son olvidados pronto.

Nicolás Gómez Dávila lo resumiría así:

Del que se dice que “pertenece a su tiempo” sólo se está diciendo que coincide con el mayor número de tontos en ese momento.

Ayer  tuve el placer de leer por primera vez con atención las frases contundentes de este bogotano amargado, fanático, culto, clasista, soberbio y cruel y supe que es como mis autores favoritos, amigos de las sentencias que debieron gozar como niños mientras las escribían y que por lo general son  mansas palomas, gente que pasó la mayor parte de su vida leyendo y que cuando tomaron la mala decisión de compartir un momento con sus semejantes enfermaron al regresar a su cuarto y reflexionaron sobre lo vivido mientras escribían y vomitaban. Casi todos los autores dispuestos a decir lo que piensan son más o menos así.

Nuestro autor no tiene problema en llamar bobo, tonto, idiota o imbécil a su lector y eso es maravilloso. Si escribe de esta manera es porque no le interesa nada, ni siquiera que los demás crean que se trata de un alma sensible:

Los reaccionarios les procuramos a los bobos el placer de sentirse atrevidos pensadores de vanguardia.

El manifiesto firmado por más de tres personas resulta siempre un ejemplo más del mismo tema idiota.

La presencia de un imbécil entristece.

Las nomenclaturas metafóricas (v. g. cuerpo social — cerebro electrónico— etc.) proveen de soluciones y de enigmas al imbécil.

La “explicación” no necesita ser cierta para tranquilizar al tonto.

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A los escritores de frases maravillosas no vale la pena comentarlos sino citarlos, voy a conseguir todas las frases de este bogotano ilustre y prometo seleccionar las mejores para deleite de todos. Tenía que decir lo admirable que me parece este autor porque es extraño este tipo de escritura en países felices, violentos, despiadados, dominados por la ignorancia, el alcoholismo, la promiscuidad, el mal gusto, la superficialidad y la tontería como Colombia. No somos tan poca cosa finalmente. Hay países que no tienen su Nicolás Gómez Dávila, su José Asunción Silva ni su Fernando Vallejo.

Si Nicolás Gómez Dávila fuera tuitero

28 May

Gran escritor no es el que carece de defectos, sino el que logra que sus defectos no importen.

La soledad nos enseña a ser intelectualmente más honestos, pero nos induce a ser intelectualmente menos corteses.

Se acostumbra pregonar derechos para poder violar deberes.

No les demos a las opiniones estúpidas el placer de escandalizarnos.

Los reaccionarios les procuramos a los bobos el placer de sentirse atrevidos pensadores de vanguardia.

La decisión que no sea un poco demente no merece respeto.

Las influencias no enriquecen sino a los espíritus originales.

El manifiesto firmado por más de tres personas resulta siempre un ejemplo más del mismo tema idiota.

Para renovar no es necesario contradecir, basta profundizar.

La presencia de un imbécil entristece.

Abundan los que se creen enemigos de Dios y sólo alcanzan a serlo del sacristán.

Sólo lo inesperado satisface plenamente.

Los textos reaccionarios les parecen obsoletos a los contemporáneos y de una actualidad sorprendente a la posteridad.

Cada una de las sucesivas ortodoxias de una ciencia le parecen verdad definitiva al discípulo.

Las épocas de liberación sexual reducen a unos pocos gritos espasmódicos las ricas modulaciones de la sensualidad humana.

Sólo la contemplación de lo inmediato nos salva del tedio en este incomprensible universo.

Las soluciones en filosofía son el disfraz de nuevos problemas.

Cierta clase de alusión culta es propia del semi-culto.

Tan sólo el hombre inteligente y el estólido saben ser sedentarios. La mediocridad es inquieta y viaja.

Nada le es tan funesto al arte como el entusiasmo del público.

Las nomenclaturas metafóricas (v. g. cuerpo social — cerebro electrónico— etc.) proveen de soluciones y de enigmas al imbécil.

Indicios de civilización sólo son la claridad, la lucidez, el orden, los buenos modales, de la prosa cotidiana.

La filosofía que se tecnifica no gana en certidumbre, sino en ininteligibilidad.

Del que se dice que “pertenece a su tiempo” sólo se está diciendo que coincide con el mayor número de tontos en ese momento.

El libro que no escandalice un poco al experto no tiene razón de existir.

El reaccionario no es un pensador excéntrico, sino un pensador insobornable.

A la sombra del pintor genial, decenas de pintores de talento pueden crecer; la sombra del gran poeta, en cambio, es letal.

Literatura es todo lo que está escrito con talento.

Al vulgo no se le puede enseñar nada sino deduciéndoselo de sus apetitos, de su codicia, de su miedo.

El buen gusto aprendido resulta de peor gusto que el mal gusto espontáneo.

La lectura de poetas menores seguramente figura entre los suplicios del infierno.

Ideario del hombre moderno: comprar el mayor número de objetos; hacer el mayor número de viajes; copular el mayor número de veces.

Cuidémonos de llamar “aceptar la vida” aceptar sin resistencia lo que degrada.

Proletario consciente en el vocabulario marxista significa pueblo convertido a los ideales burgueses.

Lo que distingue al hombre culto del inculto es su manera de ignorar.

La “explicación” no necesita ser cierta para tranquilizar al tonto.

A la gente no la indigna el error en sí, sino el error, o la verdad, que no estén de moda.

Más que lo que dice, al imbécil lo delata su dicción.

Ya no hay clase alta, ni pueblo; sólo hay plebe pobre y plebe rica.

Las palabras son las verdaderas aventuras del auténtico escritor.

En todo sistema filosófico hay un lugar secreto,donde la rigidez del raciocinio se quiebra, donde la continuidad del pensamiento se rompe.

Los lugares comunes de las letras clásicas fueron los preceptores de Occidente.

En las utopías de una época se originan las matanzas de la siguiente.

Nada inquieta más al incrédulo inteligente que el católico inteligente.

Para ridiculizar basta citar fuera de contexto.

Los credos del incrédulo me dejan atónito.

La aserción breve no debe ser ocurrencia repentina sino conclusión lacónica.

La pérdida de transparencia es el primer síntoma de decadencia de un idioma.

La perfecta transparencia de un texto es, sin más, una delicia suficiente.

Al repudiar los ritos, el hombre se reduce a animal que copula y come.

El contemporáneo que no admira a los escritores de su tiempo comete algunas injusticias, pero evita un sin número de cómicos errores.

Sólo es transparente el diálogo entre dos solitarios.

Mis convicciones son las mismas que las de la anciana que reza en el rincón de una iglesia.

Marxismo y psico-análisis han sido los dos cepos de la inteligencia moderna.

Más que la estupidez misma lo irritante es un vocabulario científico en su boca.

Nuestras repugnancias espontáneas suelen ser más lúcidas que nuestras convicciones razonadas.

Todo el que se sienta parte de una muchedumbre cualquiera sin incomodarse, debe avergonzarse.

Felipe Restrepo Pombo: celebridad del “nuevo periodismo”

19 May

Tuve el placer de leer a Felipe Restrepo Pombo sin saber quién era, encontré por casualidad una biografía de Francis Bacon (el pintor) y sin pensarlo mucho compré el bendito libro. La vida de Bacon es alucinante y quería saber cómo abordaría un biógrafo contratado por Panamericana a este personaje tan particular.

Me encantó el estilo del biógrafo y la forma en que aborda la vida del artista, sentía plena identificación entre el objeto de estudio y el observador. Me emocioné al saber que se trataba de un periodista  bogotano y Felipe es muy bogotano, nada que  ver con  Fernando Molano, el homosexual pobre y feo que murió de sida poco tiempo después de su “compañero” Diego y que ahora, gracias a Héctor Abad Faciolince y a David Jiménez Panesso, va directo al Olimpo de las Letras Colombianas que compartirá con Andrés Caicedo, no precisamente por su estilo o la originalidad de los temas tratados en las obras sino gracias a su “muerte prematura”. En la biblioteca Luis Angel Arango le montaron un altar a Fernando -el bogotano pobre que aprendió a amar la literatura en las salas de esta  biblioteca- con el propósito de exaltar su Grandeza nacida de la pobreza y la fealdad.

Felipe Restrepo Pombo no tiene nada que ver con el muchacho pobre  y feo que soñaba con conocer el mar y correr desnudo por la playa tomado de la mano de su Diego, introducirse lentamente y amarse todavía más lentamente bajo aguas recién descubiertas… No, nuestro periodista estrella es mucho más cosmopolita: ha recorrido dos veces el mundo en busca de celebridades para entrevistar y luego perfilar en revistas tipo  SoHo, el espacio donde concurre la “nueva camada” de los Nuevos Cronistas de Indias, la fábrica de premios para “el mejor cronista colombiano”: Alberto Salcedo Ramos.

El título del libro es vendible: “Nunca es fácil ser una celebridad” y Felipe, como toda una celebridad del periodismo colombiano, ha aceptado entrevistas para casi todos los medios. Nos explica por qué es tan emocionante entrevistar celebridades y luego escribir sobre esos hombres y mujeres que él quiere presentar como simples seres de carne y hueso, como tú o como yo, pero que no puede dejar de exaltar en sus perfiles que saben a libro viejo porque no son textos pensados  para un libro sino que son encargos publicados en varias revistas durante los últimos quince años y que algún editor intuitivo de Planeta vio con buenos ojos para vender muchos ejemplares.

Felipe se prestó para el juego, pudo haber escrito otra biografía tan buena como la de Francis Bacon, algo uniforme y calculado, pero prefirió ceder a los requerimientos del mercado y al placer de ser la celebridad del momento gracias al lanzamiento de su  nuevo libro.

Lo más ofensivo de este tipo de perfiles, tan de moda en todas las revistas culturales y de farándula en Colombia, tiene que ver con el hecho de que estos periodistas consideran que por el simple hecho de observar el contexto en el que la celebridad se mueve, porque “estudian” cada uno de sus movimiento de manos y de ojos, porque revisan una y otra vez sus respuestas y sus titubeos, porque se ponen en contacto con amigos y enemigos de la víctima, porque recorren cada uno de los pasos que ha andado la estrella del momento, se ponen por encima del protagonista de la historia y se sienten con el derecho para interpretarlo, juzgarlo y ponerlo en ridículo ante sus ávidos lectores necesitados de morbo. La víctima puede ser Hugo Chávez o el último eliminado en el reality de Caracol.

Felipe se da el lujo de exaltar a Juanes y de burlarse de Houellebecq; nos presenta la imagen desgastada que todos conocemos de Ingrid Betancourt y de Antanas Mockus, nos recuerda que Ruven Afanador es grande gracias a una copia vil de la información que se encuentra de este fotógrafo de celebridades en Wikipedia. Una de dos: o nuestro Felipe fusila “biografías” de Wikipedia o es colaborador de esta nueva enciclopedia. ¡Increíble e inadmisible!

No-es-facil-ser-una-celebridad

Carolina Sanín se desnuda para El Espacio

17 May

En Colombia -a pesar de internet- todavía se vive con la sensación de que conceder entrevistas para un medio o salir en televisión convierte como por arte de magia al protagonista en Figura Pública. Y entonces vemos a los mejores y a los peores, a  los más finos y a los más vulgares, a los artistas y a los embaucadores, a todos y a todas, en los mismos medios con la misma avidez de sentirse famosos y especiales fingiendo desinterés.

Hay un medio bogotano digno de desprecio entre intelectuales, entre los mejores y entre los peores, ellos se imaginan en una entrevista para Arcadia, SoHo, El Malpensante, Semana y similares. No se imaginan hablando de sus gustos estéticos y  de sus procesos creativos para El Espacio. Ayer me encontré esta joya de colección. ¿tan desesperada de figurar está nuestra joven desencantada?

¿Como en el personaje de tu cuento, ‘Una hoja escrita’, te ha atacado la desesperación como para montarte en un colectivo y buscar el mar a contracorriente en una jungla de cemento?

“No la desesperación, pero la confusión, sí. Alguna vez en un estado de despecho amoroso, cuando viví en España, un día hice toda la ruta en un metro de ida y vuelta hasta la última estación”.

¿Y fue terapéutico?

“Sí, o por lo menos hipnótico”.

¿Crees que la buena literatura, definitivamente, nace de esos estados de opresión y desasosiego?

“No creo. Pienso que las experiencias malas no prevalecen sobre las buenas para hacer literatura”.

¿Cómo nace un cuento tuyo?

“Muchas veces de una reflexión sobre algo, de una observación, más que de una idea para un argumento”.

¿De una imagen, de un olor, de algo que escuchas?

“Realmente, no; más bien de fragmentos de conversaciones que escucho sin darme cuenta”.

¿Eso que llaman chisme?

“Sí, los rumores que terminan siendo parte de la definición de las cosas”.

¿Cómo germina la ávida escritora que hay en ti?

“Supongo que en algún momento me di cuenta, siendo niña, de que llamaba la atención por lo que escribía, entonces me acostumbré a hacerlo”.

¿A partir de qué lecturas?

“No eran unas lecturas específicas, siempre he sido buena lectora, y en algún momento quise imitar los libros que leía y parecerme a sus autores”.

¿Quiénes, por ejemplo?

“En la infancia, los cómics; luego Dickens, cuya obra no se parece en nada a lo que hago, y ya después autores de teatro del Siglo de Oro, escritores españoles posteriores como Juan Ramón Jiménez; los franceses de la ‘nueva novela’; Rulfo, Thomas Pynshon, entre otros”.

¿En tu caso, cómo es la construcción de un cuento?

“De forma diferente, algunos se construyen a partir de notas que he tomado y que luego se van a armando como bloques, mientras que otros crecen más orgánicamente a partir de sí mismos. Es como si se desplegaran de una primera idea”.

¿Qué tan difícil es llevar encima el apellido Sanín?

“No soy una persona muy de familia, es decir que tengo poco contacto con mis familiares en general; a pesar de eso y de que siempre ha sido así desde mucho tiempo, al principio, cuando empecé a publicar en el diario, algunos me atacaron diciendo que me habían dado un espacio allí por mi apellido, cuando eso nunca ha sido cierto”.

¿Pero sí has esculcado en la obra del maestro Baldomero Sanín Cano, tu tío bisabuelo?

“Sí, y lo admiro, pero no lo he estudiado con profundidad”.

¿Nunca te llamó la atención la política?

“Me llama la atención, pero no el ejercicio de la política electoral, sino la crítica del poder”.

¿Más o menos lo que haces desde tu habitual columna de El Espectador?

“Sí, aunque a veces me gustaría involucrarme en movimientos activistas”.

¿Por qué dijiste alguna vez que es un dolor de cabeza escribir esa columna?

“Porque no deja de ser estresante, pero a la larga satisfactorio”.

¿Cuando le vas a dar palo a alguien lo piensas más de dos veces?

“Sí, y suelo suavizar mucho el texto final”.

¿A veces lo haces como un acto de venganza?

“En alguna medida, sí”.

Por ejemplo, ¿la columna que escribiste contra Daniel Samper Ospina, hace ya dos años en El Malpensante?

“No procede en absoluto de una venganza personal. De hecho tengo una relación cortés con Samper Ospina, pero supongo que cumplía un resarcimiento con la actitud sexista generalizada entre los colombianos”.

De alguna manera escribes para Soho, ¿o no?

“No. Publiqué un cuento en Soho hace cinco años y no he vuelto a publicar allí, aunque alguna vez me lo han pedido, pero no comparto su estética, ni su machismo ni su periodismo de explotación”.

¿Cuál es tu lectura de la literatura que se hace en Colombia de quince años para acá?

“Creo que ha habido grandes obras como ‘El Crimen del siglo’, de Miguel Torres; que hay muchos escritores en formación, y también que ha habido obras muy infladas”.

¿Eso que llaman literatura del ‘glamour’?

“Algo así. Digamos que a veces hay unos acuerdos tácitos o explícitos entre un autor ambicioso, un editor conservador, un periodista cultural mediocre y un público conformista que no tiene con qué comparar lo que le dicen que compre”.

¿Crees en las listas de los diez más vendidos?

“Nunca las leo”.

¿Tú sí has corrido con la suerte de que todo lo que escribes lo publican?

“No todo, ha habido textos que se han quedado por fuera, pero todos los libros que he terminado se han publicado, afortunadamente”.

¿Qué le aporta la filosofía a la literatura?

“Ayuda a desconfiar de los lugares comunes”.

¿Quién es Carolina Sanín cuando no está en sus labores de cátedra y de escritura?

“La dueña de un perro y una persona que trata de ser libre”.

¿Neurótica, insoportable, radical, cuadriculada?

“Radical, a veces; cuadriculada, no; creo en la seriedad y no en la solemnidad”.

Pero neurótica, ¿sí?

“Sí”.

¿Por qué esa manía de esconder la belleza en una capul que me recuerda a la de Marta Traba?

“No me parece que sea esconder la belleza y no siempre llevo capul”.

¿Qué puede ser lo más feo que tienes?

“Varios vicios de comportamiento”.

Fuera de tu cuento, ¿cuál es tu ponqué favorito?

“El de ciruela”.

http://www.elespacio.com.co/archivo/component/content/article/103-farndula/farandula/fa4-1d/15618-comiendo-ponque-con-carolina-sanin

De noche

16 May

¡Hundirse en la noche! Así como a veces se sumerge la cabeza en el pecho para reflexionar, sumergirse por completo en la noche. Alrededor duermen, los hombres.

Un pequeño espectáculo, un autoengaño inocente, es el de dormir en casas, en camas sólidas, bajo techo seguro, estirados o encogidos, sobre colchones, entre sábanas, bajo mantas; en realidad se han encontrado reunidos como antes una vez y como después en una comarca desierta: Un campamento al raso, una inabarcable cantidad de personas, un ejército, un pueblo bajo un cielo frío, sobre una tierra fría, arrojados al suelo allí donde antes se estuvo de pie, con la frente contra el brazo, y la cara contra el suelo, respirando pausadamente. Y tú velas, eres uno de los vigías, hallas al prójimo agitando el leño encendido que cogiste del montón de astillas, junto a ti. ¿Por qué velas? Alguien tiene que velar, se ha dicho. Alguien tiene que estar ahí.

Kafka