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Una concepción agradable de la literatura

4 Jul

Si alguien escribe un buen poema o, cada cincuenta años algunos buenos poemas,  eso tiene un sentido, o si se escribe alguna novela, quizá. Pero cuando hay veinte mil novelas al año y cinco millones de poemas, no se comprende qué sentido tiene eso. Para los fabricantes de papel sí, porque con los rollos de papel higiénico no les basta, de manera que hay que imprimir libros también. Esa sería una concepción agradable de la literatura: se desgarra, se lee y se tira de inmediato. Lo terrible es que, luego, la gente coloca los libros en las paredes y se quedan allí decenas de años sin hacer más que oler mal.

Thomas Bernhard

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El estilo excitado de Thomas Bernhard

3 Jul

Son personas completamente naturales, a las que he conocido muy bien y, en ese sentido, no tienen nada de ficticias.

Los años cincuenta. Ahora estamos en los ochenta, a treinta años de distancia, y se puede meter a amigos de entonces entre las tapas de un libro.

Son notas con las que quiero fijar lo que entonces pasaba y lo que pasa hoy. No ataco absolutamente a nadie. Si algo o alguien se siente afectado es cosa suya, o de todo un país, o cultura, o qué se yo, de un ministro, o gente poderosa,  o personas particulares a las que, quizá, se asusta así.

No ataco, sólo escribo. No es un ataque, es un libro escrito, no atacante. Yo escribo a máquina y no con artillería.

Eso es problema de la gente que aparece en el libro, si lo siente como una pieza de artillería y siente mis palabras como balas.

Habría que preguntarse si son personalidades, creo que hay cuarenta mil escritores en Austria, y dudo mucho (se ríe)  de que haya cuarenta mil personalidades.

Yo no desprecio nada, se desprecia por sí mismo al tomar ese curso, político o cultural, ese camino desciende siempre, es como un alud o una bola de nieve, la bola de nieve de la estupidez. Si se arroja arriba una bola así de pequeña, llega abajo gigantesca y destruye toda Viena. Quizá sea mayor que Viena.

Toda persona que escribe tiene que ser, en sí y de por sí, pretenciosa, porque si no, no podría hacerlo. Un timorato o alguien que se deje convencer no podrá escribir ningún libro, como no sea un libro lamentable.

El estilo del libro es también un tanto excitado, musicalmente hablando; por razón del contenido no se escribe algo así con tranquilidad sino en un estado de cierta excitación. No se puede escribir eso con tranquilidad sino en estado de cierta excitación. No se puede escribir eso con tranquilidad, como una prosa clásica, sino que, en cuanto se sienta uno, se siente ya excitado por la idea y, cuando empieza a escribir, el estilo lo excita ya a uno. Está escrito en un estilo excitado.

Una excitación se acelera cada vez más hasta su fin. Y la verdad es que termina con una excitación total por la ciudad de Viena, con un abrazo y aniquilación simultáneos, con Viena como un dogal al cuello y con Viena, tú eres la única, la mejor y, al mismo tiempo, la más horrible y horrorosa de las ciudades.

Un libro sólo existe también a partir de sus contradicciones. Si es unidireccional no vale nada, como tampoco si no es una excitación.

Se inyecta un poco de veneno en ellas y todo se inflama, y entonces surge un estilo excitado. Aparecen personas que, al verlas, lo vuelven a uno loco, y entonces se las mete en un libro así, precisamente en un estado de excitación.

Aunque escriba algo tranquilo, estoy en definitiva excitado. La excitación es un estado agradable, hace circular la sangre estancada, palpita, aviva y entonces hace libros. Sin excitación no hay nada, lo mismo da que se quede uno en la cama. En la cama (se ríe) es una diversión excitarse, ¿no?, y en un libro ocurre lo mismo. Escribir un libro es también una especie de acto sexual, mucho más cómodo que antes, cuando, naturalmente, se hacían esas cosas; mucho más agradable que irse a la cama con alguien.

Al escribir, presento personas sin que… no quiero herir a nadie, ¿quién querría herir a alguien, no?  Se describen hechos, se consignan recuerdos y, si eso hiere a alguien, no es asunto mío. En mi caso se trata de un proceso literario, lo que se llama artístico.

Yo soy el más afectado. Por eso, ¿por qué habría de inquietarme que otros pequeños personajes se sientan afectados? Además, es algo que no sé. No estaba presente cuando leyeron el libro. Aunque soy curioso y me hubiera gustado estar presente cuando lo leyeron. Sería también un estudio, se podría escribir otro libro sobre un lector que lee mi libro y cómo se comporta al leerlo. Pero no puedo estar en todos los lugares donde esa gente está ahora, posiblemente leyendo el libro.

Yo concedo todo a todo el mundo. Cada uno puede hacer lo que quiera, no quiero coartar a nadie, nadie se deja y tampoco se puede coartar a nadie. Cada uno puede decir, escribir o hacer lo que quiera, es un mundo totalmente libre.

Cuando se permanece en lo mismo, naturalmente se hace cada vez más fuerte y debe ser cada vez mejor y, si se escribe prosa, empieza a ser mejor a partir de los cuarenta, y probablemente hasta los sesenta, si se vive tanto;  se vuelve cada vez mejor. Yo tengo sólo cincuenta y dos; si vivo aún dieciocho años, si es que los vivo, será la fuerza cada vez mejor.

Voy entrando lentamente a la maldad de la vejez. Eso es también un atractivo de mis libros, que sin duda serán cada vez más malvados. Espero vivir todavía algunos episodios. Quedan episodios todavía más importantes, que podría describir y que quiero describir.

Como soy curioso y malvado, y, en el fondo, un trampero, sólo puedo aspirar a ser lo más viejo posible. Pero eso no plantea ninguna dificultad, porque si se hace lo mismo durante treinta años, se vuelve uno siempre mejor.

No hay nadie en el mundo que pueda destruirlo todo, ni nadie que quiera destruirlo todo, porque él mismo sería destruido, pero necesariamente, cuando se escribe algo,  hay mucho de destrucción en ello. Pero destruirlo todo es absurdo, nunca lo he hecho. En mi caso aparecen siempre personas que son grandiosas y luego las otras. Y, como todo el mundo sabe por su propia experiencia, hay más personas horribles que grandiosas. Es decir, grandiosas hay muy pocas, pero hay una multitud de soportables, e insoportables un ochenta por ciento.  Y como un escritor es alguien que describe cosas auténticas, escribe las cosas tal como las ve.

Esa clase de escribiduría a la que usted se refiere, creación o como se llame, tiene poco que ver con la realidad y carece de todo valor. Eso se ve en cuanto se abren los libros. Se escriben casi exclusivamente cosas sin valor, por personas que están en alguna vivienda  de protección oficial, tienen una pensión y allá están con sus pantuflas, y tienen sus ficheros y hacen libros como cosen las costureras.

Siempre he sido una persona libre, no tengo ninguna pensión y escribo mis libros de una forma totalmente natural, de acuerdo con el curso de mi vida, que le aseguro es distinto del curso de la vida de todas esas personas. Sólo quien es de veras independiente puede realmente, en el fondo, escribir bien. Porque cuando uno depende de lo que sea, se nota en cada una de sus frases. La dependencia paraliza cada frase que se escribe. Por eso no hay más que frases paralíticas, libros paralíticos, sencillamente porque la gente es dependiente: una esposa, una familia, tres hijos, el divorcio, un Estado, una empresa, un seguro, el jefe. Ya pueden escribir lo que quieran, la dependencia se nota siempre, y por eso es malo, está paralizado, paralítico.

Hay que escupir sobre lo que posee la gente para que desaparezca

3 Jul

La gente que, naturalmente, está establecida y tiene su puesto asegurado, y que tiene casas y trajes graciosos y bonitos -lo que puede ser muy bonito- tiene siempre miedo de las revoluciones, mientras que los que no tienen nada y andan desnudos por ahí no tienen por qué sentir miedo, para ellos es, en cualquier caso, un momento de exaltación el que arda la casa del amo. Eso está bien, pero todo el que tiene algo, aunque sólo sea un pan con mantequilla, quiere poder zampárselo tranquilo. Si su vecino, que no tiene nada, se lo quita de un manotazo o le escupe encima, resulta desagradable y repugnante. Cuando yo iba al colegio -siempre llevaba un almuerzo, un pan- había uno que venía siempre en el recreo y me decía: “¿Me das tu pan?”, y lo decía echando tanta saliva que siempre le daba enseguida el pan. Realmente era un buen método ¿no? Tendrían que aprenderlo los revolucionarios: hay que escupir sobre lo que posee la gente para que desaparezca. Burlarse no basta, hay que escupir encima.

Thomas Bernhard

Cuanto más clara se vuelve una cosa más espantosa resulta

24 Jun

Sólo se es siempre el producto final de lo que se ha hecho, experimentado y visto. Y cuanto más intensamente se ha mirado algo, tanto más se ha alejado uno, lógicamente. Ver más significa huir más lejos. Porque se vuelve cada vez más peligroso. Cuanto más clara se vuelve una cosa, tanto más espantosa resulta. Y no queda más que poner los pies en polvorosa, importa un pimiento que sea la literatura o las personas, la naturaleza, incluso… así son las cosas. Mientras la lente está un poco empañada, en general se aguanta mejor. En el momento en que algo te resulta claro, instintivamente te vas a otro lado. Así pues, no es que al acercarse todo se vuelva claro y soportable y acogedor sino exactamente lo contrario.

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Lo que no se utiliza se atrofia y muere

23 Jun

Al fin y al cabo, todo el mundo es un gran personaje, tanto si pinta como si barre como si escribe. La gente quiere ser siempre algo distinto. Esa es la desgracia del mundo, en un noventa y ocho por ciento, y quizá en un uno por ciento más. Cada vez que uno habla con alguien, es un idiota. Pero uno es amable, porque no es un aguafiestas, y sigue hablando con la gente, y va a comer con ella y es amable y simpático. Y en el fondo uno es un idiota, porque ellos no se esfuerzan nada. Lo que no se utiliza se atrofia y muere. Como la gente sólo utiliza la boca pero no el cerebro, tienen encías y mandíbulas desarrolladas, pero el cerebro nada. Así ocurre la mayoría de las veces.

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Al fin y al cabo quiero liberarme

22 Jun

Yo no me aferro a las cosas. Porque entonces estaría listo. Al fin y al cabo quiero liberarme. Eso se arroja, como de un globo. Se arrojan sacos de arena que son los libros, y entonces se sube más. Cuando se arrojan sacos, en realidad se tendría que subir más. También con todo libro que se arroja habría que subir más. ¿No es una imagen bonita? Ahora bien, mientras se tiran alegremente sacos por el lado izquierdo y se cree que está subiendo, un peñasco lo destroza por detrás. O uno tiene una mujer que, a sus espaldas, va cortando las velas, mientras uno se balancea embobado.

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El deseo de decir la verdad

20 Jun

No es verdad lo que se escribe sobre nadie. Da igual que se escriba con mucha autenticidad la verdad sobre alguien o que se crea hacerlo, en cualquier caso será radicalmente falso. Al fin y al cabo, se trata sólo de la visión de uno, en el estado de ánimo en que escribe. Que media hora más tarde puede ser completamente distinto. Y luego viene además el que lo lee, que lo ve de una forma totalmente distinta… La verdad es que no sé cuál es la verdad, ni uno mismo lo sabe. Sobre todo porque es una cosa que es como es y se describe luego y son dos cosas distintas. Aunque sienta uno el impulso o tenga la manía de escribir la verdad al ciento por ciento, no lo consigue, porque haría falta poder plasmar la verdad sobre el papel, y no se puede. En el momento en que se intenta hacerlo con medios estilísticos y con el lenguaje, es otra cosa distinta y, en cualquier caso, una falsificación, aunque quizá sea algo aproximado. Probablemente el deseo de decir la verdad sea lo único que se pueda reflejar, pero la verdad… Lo que pasa es que una descripción no es la realidad, o sea, no sirve de nada, hagas lo que hagas. Y ni siquiera cuando se trata de hechos resulta. Si digo: “Murieron tres hombres”, es algo distinto que si se pudiera publicar su muerte misma, pero no se puede. Y cuando se lee una noticia de periódico, cada lector percibe y asimila una verdad distinta. Hay tantas verdades como hombres observan algo. Suponiendo que quieran saber la verdad. Pero la verdad es de todas formas una tontería. Yo me veo ahora de forma distinta a como usted me ve, y usted se ve distinto de como yo lo veo, y siempre a la inversa; así pues, cuando ocurre algo, es ya algo totalmente cambiado, embrollado y totalmente distinto. Con cada uno que escriba será una nueva verdad.

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