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Carolina Sanín matoneada

4 Nov

Una persona demasiado llena de sí misma no puede tener buen sentido del humor, una escritora que insulta sin compasión desde una red social no puede esperar se tratada con dulzura cada vez que agrede a una persona o a un grupo de personas con un español digno de una vendedora de fritanga; debe estar dispuesta a recibir todo tipo de burlas y asumir que en las redes sociales las reglas del juego no se corresponden con las de la realidad real, aquí no existen títulos ni dignidades. No puede esperar que después de insultar a los estudiantes de la Universidad de los Andes en Facebook la feliciten por ser sincera, irreverente, contestataria, amiga de la verdad y le den un premio de periodismo de inmersión o de literatura de autoficción.

Si a un grupo de estudiantes en un espacio real les da por jugar cartas encima de una mesita la profesora no tiene ninguna autoridad para escribir en Facebook que preferiría verlos robando o consumiendo drogas.

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Esos juicios no son una broma y lo más natural es que a una agresión se responda con más agresiones y con un meme.

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Carolina Sanín ha creado un personaje grotesco en Facebook y en YouTube, la versión de una mujer altanera que insulta sin compasión y sin mesura en un español no precisamente digno de una profesora de literatura de la Universidad de los Andes. Ese personaje grotesco se hunde en la exposición de temas banales tratados con profundidad y en temas serios tratados con ligereza y cada cierto tiempo logra que sus pataletas virtuales en Facebook lleguen a Twitter, después a los medios y después al despacho del rector de la Universidad de los Andes.

El último gran escándalo ha causado más revuelo que todos los anteriores, se han manifestado varios columnistas en diferentes medios, hay cartas firmadas por profesores indignados que no saben cómo funcionan las redes sociales, hay columnas de estudiantes denunciando que la Universidad de los Andes se convirtió en un negocio rentable y que en el claustro hay o ha habido profesores abusadores que encierran niñas menores de veinte años en los salones no precisamente para discutir asuntos relacionados con crítica literaria.

Hay quienes se ponen de parte de la víctima (por ser mujer) y hay quienes se burlan sin compasión de la profesora-escritora ávida de fama, de premios y de reconocimiento que aspira a ser la versión moderna de Quevedo y termina recordándonos a Nicolás Arrieta-; lo que ella llama humor es la peor representación del mal gusto y en su cadena de insultos terminó damnificado hasta el pobre  Héctor Abad Faciolince.

Carolina Sanín quiere formar parte del campo literario, quiere ser la versión femenina de Fernando Vallejo y sueña con escribir un libro como El olvido que seremos, éxito indiscutible en ventas. Intenta ser la fusión de Vallejo y Abad y su fórmula la ha llevado a ponerse al lado de figuras tan lamentables como Catalina Ruiz-Navarro y Virginia Mayer, que  se solidarizaron con ella.

¿Qué pasa con Carolina Sanín?

¿Por qué deshonra el apellido del abuelo?

¿Por qué le cuesta tanto trabajo entender que la realidad virtual y la realidad son mundos diferentes?

¿No es preocupante que quienes estén poniendo en aprietos a las directivas de las universidades por hacer mal uso de las redes sociales y mezclarlas con entornos laborales sean los profesores y no los estudiantes?

¿Qué sentido tiene que una profesora universitaria matonee a los estudiantes desde una red social y luego se ponga en el papel de víctima cuando los agredidos responden con un meme y luego con otro?

¿Es el fin de la civilización?

¿Me volverán a amenazar de muerte o con ácido por tratar estos temas tan sensibles en este humilde blog?

¿Cuál será la próxima pataleta de Carolina Sanín?

¿Los viajes, el estudio y los apellidos ilustres no sirven para nada?

¿Por qué Carolina Sanín no es graciosa?

14 May

Carolina Sanín se presenta como una mujer divertida ante su público y asume que es la maestra del humor negro y la ironía (partamos del siguiente principio: el humor no se explica y, además, su público está en Facebook). Dice sin vergüenza que la verdad duele y que ella dice la verdad y para ella decir la verdad es hablar de los lugares comunes más manoseados usando palabras dignas de un mecánico de motos borracho después de haber ingerido muchas cervezas Poker en una tienda de borrachos tristes de barrio popular de la peor calaña, de esos que ella seguramente no conoce porque es una señora muy distinguida que no se junta con la chusma.

Ella dice que su humor es fino y que nosotros no lo entendemos porque somos provincianos. Asume que su humor es una mezcla del mejor humor inglés y norteamericano y que a nosotros nos falta mundo y formación académica para comprenderlo. No entendemos sus chistes porque no estamos a su altura, no somos dignos de su inteligencia y creatividad desbordante.

Carolina Sanín debería repasar las ideas fundamentales sobre lo que significa la verdad y sobre el miedo natural a enunciarla porque puede ser peligroso. Que lo digan Sócrates, Sade, Flaubert, Baudelaire y yo. Tuve que autocensurarme porque me amenazaron de muerte, con ácido, me suspendieron la cuenta de Twitter, inventaron todo tipo de mentiras y calumnias para enlodar ni nombre y mi honra por el simple hecho de haber dicho algunas pequeñas verdades, por ejemplo, sobre Carolina Sanín y sobre otras estrellitas del mundo de la farándula y de la alta intelectualidad colombiana. Ricardo Silva Romero es intocable, eso ya lo sé, es el niño mimado de los medios y de algunas universidades. Doña Marianne Ponsford se indignó cuando leyó una breve remembranza que escribí hace un tiempo sobre su adorada Margarita Posada. Quienes dicen la verdad se exponen al odio de la masa y que yo sepa a Carolina Sanín nadie la odia, la ven como a una señora ridícula y sobreactuada convencida de que es chistosa cuando sólo es sería, amargada, arrogante, sin sentido del humor y víctima del autoengaño. Eso la convierte en un ser patético.

Carolina Sanín debería hacerse el favor de  leer, por ejemplo, a Nietzsche y a Étienne de La Boétie para que aprenda a distinguir la verdad de la grosería y la vulgaridad, que es lo que ella practica. Debería tomarse el trabajo de leer “Sobre verdad y mentira en sentido extramoral” y “Sobre la servidumbre voluntaria” y reflexionar profundamente y con humildad sobre el hecho de si vale la pena seguir exponiéndose al ridículo de forma deliberada en Facebook y en YouTube.

El gran error de nuestra señora mayor de cuarenta años que asume la actitud de una niña mimada y malcriada -una humorista que no hace reír sino que da pena ajena en su papel de irreverente-es que parece no conocer las cualidades del humor y la ironía. Para que entienda de una vez por todas y para siempre en qué consiste este bello arte vamos a explicarle brevemente y de forma clara (1,2,3,4…) en qué consiste y por qué se requiere no sólo el deseo de hacer reír sino que también hay que contar con algunas cualidades escasas en ella y abundantes en mí: libertad, convencimiento, honestidad, inteligencia, estilo y creatividad, cualidades que nuestra señora de alcurnia no posee, entre otras cosas, porque no se ha untado de pueblo y porque cree que la verdad está en los libros y sólo es chistoso lo que le causa gracia a ella y a su perra salchicha, animal con el que come en el mismo plato y con el que comparte el lecho. ¡Qué asco!

Mientras explico en qué consiste el arte de hacer reír al inteligente y llorar al tonto daré ejemplos detallados para que el lector comprenda por qué la feminista más ofendida de Colombia, la señora indignada que cree que todos la odian sólo porque es mujer, no es una señora graciosa sino una señora seria, afectada, convencida, amargada y engañada. Se empeña en ser divertida y logra el efecto contrario.

  1. Carolina Sanín no posee la vis comica, está poseída por la indignación y un feminismo malsano, el que suele envenenar a tantas mujeres:

Quien por ejemplo sepa dejar en ridículo a un hipócrita, también podrá aplastarlo con su indignación. En cambio, el que quiera emplear la indignación y no posea la correspondiente vis comica sucumbirá fácilmente a la declamación y resultará cómico él mismo. Soren Kierkegaard.

2. Carolina Sanín no sabe reír, está demasiado llena de ella misma. Aunque parezca convencida no está segura de su propia valía y de su propio poder, es una señora indignada que gruñe y se muerde a sí misma porque está muy ofendida:

Si el crítico gruñe o no sonríe es porque todavía no hay apropiación cabal de posición dominante o simplemente el portador del rostro -la máscara, la personalidad- no ha descubierto los beneficios que aporta el hecho de desplegar una amplia sonrisa. El hombre indignado, y todo aquel que con sus propios dientes se despedaza y se desgarra a sí mismo (o, en sustitución de sí mismo, al mundo, a Dios, o a la sociedad), ése quizá sea superior, según el cálculo de la moral, al sátiro reidor y autosatisfecho, pero en todos los demás sentidos es el caso más habitual, más indiferente, menos instructivo. Y nadie miente tanto como el indignado. Nietzsche.

3. Carolina Sanín es una señora seria y amargada:

El humor es una herramienta crítica de gran eficacia, manifestación de grandeza que pareciera revelar que en última instancia todo es absurdo y por lo tanto la mejor alternativa consiste en reír, es una afirmación de dignidad, declaración de superioridad ante los acontecimientos. Carecer de humor es carecer de humildad, es estar demasiado lleno de uno mismo. Elsy Rosas Crespo.

4. Carolina Sanín es muy trascendental:

El sentido del humor es el término medio entre frivolidad y seriedad: para el frívolo nada tiene sentido, para el serio todo es trascendente. El frívolo se ríe siempre, es insípido y molesto, no se preocupa por evitar herir a otros con sus comentarios, para el serio todo es profundo. El serio confía en que el camino que recorre lo conducirá hacia el lugar con el que sueña, cree que podrá descubrir algo nuevo sobre la faz de la tierra y suele concebirse como centro y fin del universo aunque no lo manifieste. Elsy Rosas Crespo.

5. ¿A qué aspira un sátiro reidor y autosatisfecho? Al sueño de Baudelaire:

Una amplia sonrisa en un hermoso rostro de gigante.

Lo que existe de embriagador en el mal gusto es el placer aristocrático de disgustar. Pero hay que disgustar a los grandes, a los poderosos, a tus amigos y colegas, querida Carolina, no a la gente que comenta tus chistes malos y tus insultos llenos de insolencia y mala educación en Facebook.

Twitter y Facebook

16 Oct

Twitter es para genios y Facebook es para chismosos imprudentes.

Twitter se lee y Facebook se mira.

La mayoría de la gente con una cuenta en Twitter la usa para leer;

La mayoría de la gente con una cuenta en Facebook la usa para mirar.

El que lee sufre y el que mira también sufre.

El que lee sufre porque algunos tuits hieren

El que mira sufre porque la imagen hiere más que la palabra.

Twitter y Facebook sirven para presumir.

En Twitter se presume con humor, ironía, conocimiento, inconformidad, denuncia, falsa denuncia….

En Facebook se presume con fotografías. La vida privada, la felicidad compartida sin decoro para ser envidiada por quienes ven esas fotografías.

En Twitter se exhiben fotografías y en Facebook se anotan estados y frases para pensar, para poner a pensar a la gente envidiosa mientras mira fotografías, reflejo de felicidad, de plenitud total.

Mirar fotografías en Facebook es una forma de envilecerse al contemplar la vida de los imprudentes que publican fotografías de su vida privada.

Leer tuits no sé qué pueda llegar a significar.

Títulos, viajes y libros

13 Mar

Tengo en mis manos el libro titulado El hombre en las redes de las nuevas tecnologías. Aportes a la disolución del enfrentamiento hombre-técnica, de Andrea Cortés-Boussac. Un libro pretencioso que no terminé de leer porque mi paciencia tiene límites.

La autora es filósofa de los Andes y doctora en filosofía de la Freie Universität de Berlín (Alemania, aclara ella), parece que allá conoció a su esposo ilustre, a quien dedica su libro agradecida por haberla sacada de la ignorancia en la que estaba sumida. A su esposo Etienne, a su hija Sophie y a su maestro Andrew Feenberg, quien fue discípulo de Marcuse, quien fue discípulo de Heidegger.

Andrew Feenberg se deshace en elogios al libro de Andrea Cortés-Boussac, quien se deshace en elogios a la obra de Marcuse y Heidegger, parece que Andrea parte del presupuesto de que en la universidad se gestan las grandes ideas y que el cuatrinomio Cortés-Boussac-Feenberg-Marcuse-Heidegger es apenas lógico: los maestros preparan a los discípulos para que dominen la materia y den cuenta de que en la universidad surgen las grandes ideas, las más revolucionarias.

En el libro son fundamentales los títulos, los cargos y los reconocimientos académicos de la autora y de quien presenta el libro de la autora y se presenta la obra y la figura de Heidegger como si se tratara de El Más Sabio de los hombres. Se usan las grandes ideas del Maestro para saber si cuando una persona usa su cuenta de Twitter o de Facebook se trata de un hombre, un ser, un ser humano, un ente, un humano, un sujeto, una persona, una cosa, un zombie… Lo más gracioso de todo es que la autora se rompe la cabeza tratando de explicar la tonterías que el Maestro explicó de manera confusa (para que las entendiera sólo él mismo) y la susodicha ni siquiera tiene perfil en las redes sociales, es una completa nulidad en el manejo de estos espacios.

¿Por qué se publican este tipo de libros?

¿Quién lee este tipo de libros?

¿Qué sentido tiene usar la obra de Heidegger para explicar algo tan tonto como la experiencia de los usuarios en las redes sociales?

¿Qué sentido tiene viajar desde Bogotá hasta Berlín, perder varios años de la vida allá para terminar escribiendo babosadas del tipo?:

“Esto no quiere decir que el hombre esté preso de la tecnología porque según esta interpretación seguiría primando el esquema sujeto-objeto. Bajo este esquema no se explica el mundo en redes, más que como una suma de objetos que afectan al sujeto, pues, en determinados casos éste ya no los puede dominar. Por el contrario, la propuesta heideggeriana de “In-der-Welt-sein” (ser o estar en el mundo) envuelve hombre y mundo en una unidad con diferentes dimensiones que no la descomponen, sino la exponen mejor y la enriquecen”. (página 35).

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Combo de Año Nuevo

1 Ene

Anoche fue 31 de diciembre y -como siempre- estuve compartiendo en familia. En un momento pasé a revisar mi cuenta de Twitter y uno de mis tantos detectives no remunerados y no convocados compartió esta imagen a través de un mensaje privado conmigo. La vi, me impactó y como no me la puedo sacar de la mente la quise compartir con ustedes porque si no escribo lo que pienso de la bendita foto me gano un dolor de estómago y -ya saben- lo que más amo y cuido es mi salud.

En la imagen aparecen en pose informal y descomplicada Javier Moreno, Alejandro Gaviria, Katherine Ríos y Jorge Orlando Melo. La niña alzada es la hija de Javier Moreno, creo. Hay un ministro y un gran intelectual, un hombre joven que presume con su combo de Año Nuevo (gente importante) y una joven esposa de un hombre muy culto pero muy viejo que no me deja dormir en paz desde hace varias noches.

Yo admiraba a Jorge Orlando Melo por sus reflexiones sobre la lectura y porque fue director de la biblioteca Luis Angel Arango. Vine a ver fotos suyas en las redes sociales, lo leía desde hace mucho tiempo sin interesarme en ver su cara, sólo lo pensaba como intelectual, como un gran intelectual colombiano. Viendo sus fotografías, enterándome de su vida privada a través de la redes sociales, vuelve a mi mente la frase triste que dice: “si te gusta el libro no conozcas al autor”. Las redes sociales echan a perder la imagen que teníamos de las personas ilustres, de los autores que nos conmovieron con sus ideas. Para mí es una gran pérdida, no lo puedo negar.

Desde cuando supe que Jorge Orlando Melo es el esposo que Katherine Ríos, la geógrafa de la Universidad Nacional que nunca ejerció, una especie de secretaria del Maestro, la encargada de organizar su obra en una página web; cuando vi que él puede ser cuarenta o más años mayor que ella, no dejo de pensar en los dos como pareja, en su séquito de admiradores que hacen todo lo posible por posicionar a Katherine Ríos como una mujer con méritos intelectuales sólo por ser la esposa de Jorge Orlando Melo. Cuando noto que nadie cuestiona que él podría ser el abuelo de ella me vuelve a fastidiar la condición humana porque es vil, despreciable, interesada, zalamera, disimulada y arrodillada ante el poder, ante la imagen que representa la gente importante, es casi como si el viejo tuviera derecho a su niña sólo porque es Jorge Orlando Melo, un gran intelectual. Para mí eso es simplemente asqueroso, más cuando es consentido y casi aplaudido por su club de fans en Twitter (sin nombrarlo a él, claro).

¿Qué hace él con esa mujer tan joven? ¿qué hace ella con ese hombre tan viejo? ¿qué piensan los fans de la pareja que hablan de temas serios como si no fuera serio pensar en la pareja dispareja? Todos callan, estoy intrigada y admirada, casi desconcertada.

Los comentarios a la fotografía también fastidian mucho, Javier Moreno es digno de  la envidia de su público -que quisiera estar allá en vez de él y posando para la foto, claro-  y con ese propósito publicó la fotografía. Es un juego, una exhibición. Si no hay registro fotográfico el encuentro es irrelevante, se puede decir que no existió. Esto lo veíamos en Facebook, las fiestas de los muchachos jóvenes presumiendo con su trago barato. Ahora vemos a las figuras públicas de renombre representando el mismo papel. ¿A dónde hemos llegado?

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Necesito un editor que quiera trabajar conmigo por una causa noble: los lectores de la biblioteca Luis Angel Arango

29 Nov

Un día por bromear busqué mi nombre en el catálogo de la biblioteca Luis Angel Arango y encontré dos registros. Quería pedir esos documentos para préstamo externo con la intención de saber qué trato le dan los lectores a esos textos, el nivel de deterioro de las páginas y los comentarios anotados al margen. Me encontré con una agradable sorpresa: estaban prestados. Llevo más de un año tratando de verlos y siempre están prestados. 

¿Cuáles son esos textos tan deseados por los lectores de la bloguera más famosa y leída de Colombia?:

La monografía que escribí para graduarme en la Universidad Nacional de Colombia y la monografía que escribí para graduarme en el Instituto Caro y Cuervo. ¿Cómo llegaron esos trabajos a la biblioteca? No sé. Fueron requerimientos académicos para ser Profesional en Estudios Literarios y Magíster en Literatura Hispanoamericana. El primero es sobre Luvina, un cuento de Juan Rulfo, y el segundo es sobre Fernando Vallejo y Ricardo Cano Gaviria. Ninguno de esos trabajos fue escrito por placer, los escribí como requisito para graduarme. Yo quería ser autodidacta, mi Universidad será siempre la biblioteca Luis Angel Arango, es allá donde he pasado la mayor parte de mi vida, el sitio con el que he sido más constante y fiel, es una de las grandes ventajas de vivir en Bogotá: ir a esa biblioteca y no a otra cada quince días para pedir tres libros en préstamo externo.

Estudié porque es más fácil vivir la vida con títulos académicos de instituciones prestigiosas pero en ninguno de esos dos trabajos encontrarán la pasión que me caracteriza, el estilo y la erudición de los ensayos que escribí después y  publiqué en revistas de circulación nacional e internacional.

Esos dos trabajos los escribí bajo la supervisión de Fabio Jurado y Hélène Pouliquen, dos pesos pesados en el arte de dirigir trabajos de grado. Ellos y yo hicimos lo posible por escribir algo digno de nuestro jurado, nada pretencioso, nada digno de ser leído en el futuro por admiradores de la autora; cuando los escribí no los imaginaba en el catálogo de la biblioteca Luis Angel Arango, esa es la verdad pura y simple. Lo que imaginaba mientras escribía era el diploma para guardar luego en la bolsa de manila gigante. Ahí están guardados esos dos diplomas y las actas de grado.

La  redacción de las monografías fueron la base para aprender a escribir textos extensos y rigurosos, pero lo más bello, lo mejor, es lo que viene después. Los ensayos están publicados en revistas digitales, revistas chilenas, mexicanas, españolas… lo demás está todo en el blog que empecé a usar como medio de expresión desde 2007. A partir de ese año no volví a publicar en otro medio que no fuera ese, es una apuesta arriesgada pero ha valido la pena. Más de 1000 visitas diarias no son poca cosa, es imposible que mil personas pasen los ojos diariamente por el mismo libro. Esa es una de las grandes ventajas de publicar sólo en internet.

Me gusta publicar sólo en el blog y compartir lo escrito en Facebook y en Twitter, pero me siento culpable con los lectores de libros, que son los lectores más apasionados. Parece que los lectores fieles de la biblioteca Luis Angel Arango piden a gritos leer un libro mío y al no encontrarlo se conforman con un tonto trabajo de grado, eso es triste y conmovedor. No es justo con ellos.

Si usted es editor y quisiera publicar una selección de ensayos, poemas, pastiches, parodias, o un poco de todo eso, espero su propuesta. Pensemos en los lectores, sólo en los lectores. Por ellos me animo a exponerme al público, a ferearme en la vitrina de cualquier librería al lado  de los autores mediocres que abundan hoy más que en cualquier otro momento de la historia. Los lectores de libros merecen subrayar los textos, mirar el índice, ilusionarse con los títulos. Yo todavía lee más libros que textos en versión digital, todavía voy cada quince días a la biblioteca con la ilusión de perderme en las páginas de un libro.

Si le interesa complacer a ese público ávido no dude en escribirme a esta cuenta de correo: elsyrosas@gmail.com. No lo haga por mí, hágalo por ellos (y de paso se puede ganar una buena plata). Sospecho que mi nombre es vendible.

 

El trío perfecto para una mujer como yo

21 Oct

Segura de que no habrá nada nuevo que supere al blog, a Facebook ni a Twitter paso a explicar por qué estos tres recursos son la combinación perfecta.

Escribir en este blog con regularidad, contar diariamente con un promedio de mil personas interesadas en leer eso que escribo aquí -precisamente aquí y no en un medio oficial patrocinado por Pacific Rubiales-, tener  606 “fans” en una página de Figura Pública en Facebook que uso sólo para enlazar posts y en la que jamás interactúo con los lectores ni ofrezco productos de panadería (como Catalina Alba, alias @catalba), y no sé cuántas personas leyendo diariamente lo que publico en Twitter, siendo como soy una persona odiosa, selectiva en el momento de escoger con quién interactúo y con quién no; asqueada de la ignorancia, el mal gusto y la zalamería. Una persona vil a los ojos de los tontos y un genio para quienes no me conocen cara a cara. ¡Tantos beneficios! Es un verdadero privilegio gozar de tanta popularidad en las famosas redes sociales, más si tenemos que cuenta que yo no soy nadie aquí ni en ninguna otra parte.

Millones de personas tienen un blog, una página de fans en Facebook y una cuenta en Twitter. La mayoría son un simple idiota entre millones de idiotas. Yo soy la excepción.

¿Por qué?

-Porque sé leer y escribir, tengo algo que decir y lo digo. Sé cómo obligar a la gente a que lea lo que escribo aunque lo lea temblando de ira ¿estás temblando de ira mientras lees esta línea y te preguntas qué haces aquí?  Anda, dime que sí.

Sé cómo doblegar a un masoquista y lo mejor de todo: no aplico ninguna estrategia de marketing ni cuento con un grupo interdisciplinario que me asesora sobre cómo posicionarme como marca personal, no he hecho curso en la Cámara de Comercio para sacar ganancia de mi “empresa digital”. Eso es lo más gracioso del asunto, el “triunfo” se me da de manera espontánea y natural. Y lo peor de todo: no quiero nada, no espero nada y no ofrezco nada.

El blog es perfecto para redactar todo tipo de textos, Facebook es perfecto para divulgar el último post y Twitter es un espacio maravilloso para descubrir temas, para desarrollar ideas que surgen mientras escribo tuits o mientras interactúo con algún usuario.