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Cosas que piensas cuando te muerdes las uñas

3 Oct

Este libro de Amalia Andrade se lee en tres horas y el título del post es el título del libro para que el lector dimensione de entrada y sin anestesia la calidad literaria del bodrio que nos ocupa.

El adefesio que llaman libro y catalogan como literatura es un homenaje a la gente que se enriquece sin esfuerzo y a la gente que lee libros sin esfuerzo, como quien se come una hamburguesa, toma la foto, la publica en Instagram y recibe muchos favs de otra gente que también come hamburguesa, toma la foto y la publica en Instagram; un libro digno de ser reseñado y elogiado en la revista Shock por la gran pensadora y filósofa feminista Paula Ricciulli, que basa sus investigaciones en salud mental en tuits profundos de otras expertas tipo Lorena Beltrán, gurú en Twitter y quién sabe dónde más sólo porque tiene problemas de depresión y ansiedad y asume que su estado la convierte en experta en enfermedades mentales, igual que la otra doctora sin título, la vendedora de libros más exitosa en este momento en Colombia porque descubrió el toque secreto para engañar inocentes: Amalia Andrade.

¿Puede ser más desolador el panorama?

¡No!

¿Las mujeres colombianas que se hacen notar en los medios están matando al feminismo y de paso nos están demostrando que fueron educadas para ser mujeres superficiales y facilistas que echan a perder el trabajo académico de otras mujeres que se han ocupado del feminismo y de la literatura de forma seria y rigurosa?

¡Sí!

Cito a continuación una de las reflexiones profundas más recientes de la hermana gemela de Amalia Andrade que de paso da cuenta de la acogida que estas divas del pensamiento joven tienen en redes sociales:

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Y ahora un tuit estrella de la Autora para dimensionar el éxito que tienen sus reflexiones más célebres:

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Estamos en un momento crucial en la Historia del Pensamiento porque nunca como antes el universo de los tontos se había tomado el mundo y una persona como Amalia Andrade y quién sabe cuántos clones más de ella a lo largo del planeta pasan por artistas, ilustradoras, asesoras espirituales y salvavidas.

¿Quiénes la llaman Artista?

Los editores de Planeta que se están llenando los bolsillos vendiendo ejemplares de estos libros que superan niveles de estupidez nunca antes vistos en la historia de los libros de autosuperación; Amalia Andrade es la Yuya de las tonterías impresas sin haber pasado antes por una canal en YouTube, tiene talento para engañar a la gente y debe tener un buen grupo de amigos mucho menos inteligentes que ella que la asesoran con trucos para engañar incautos.

Citemos a la Autora:

“Hay que hablar. Hay que mostrar lo

invisible. Hay que incomodar a algunos

para liberarnos a nosotros mismos.

Hay que gritar: se vale estar “roto”

se vale no ser perfecto se vale no querer

serlo. Está bien estar mal. Está bien

tener miedo”.

No se necesita ser Harold Bloom para saber que la reflexión mal redactada (como todo el libro) que acabo de digitar nos presenta de paso el tipo de lector que construye esta narración. Se trata de libros de autosuperación para señoras y señoritas que se toman por feministas empoderadas y que además se quieren sentir inteligentes y de avanzada porque leen libros que parecen profundos y con excelente sentido del humor aunque sean superficiales y ninguno de los chistes premeditados para hacer reír hagan reír a una persona con buen sentido del humor y cito de nuevo:

“NOTA: Estamos en el siglo XXI

y yo le tengo miedo a todas

las cosas citadas anteriormente.

En especial a la brujería.

SOBRETODO a la brujería. ¿Será

que seré víctima de este flagelo

por haber hecho esta confesión?

POR FAVOR, personas creativas

afines a la brujería, no me

hagan NADA. Por si acaso, igual

voy a dejar por acá un dibujo de

San Benito y de Selena a

manera de protección perpetua”.

Catalina Ruiz-Navarro incurre en plagio de forma recurrente para parecer inteligente, profunda y culta y eso no tiene presentación porque se apropia de las ideas y el estilo de otros y además el plagio es un delito. ¡Muy mal por Cata! Pero parece todavía más preocupante la actitud de Amalia Andrade porque de entrada se presenta como lo que es: una mujer que aunque pasó por la universidad parece no haber sido tocada por el espacio académico y no sólo eso sino que además desprecia la la vida intelectual y a los intelectuales; lo de ella es Wikipedia, Instagram, los tutoriales de maquillaje, las series, las tontas canciones de amor, encontrar el truco perfecto para hacer desaparecer estrías, comer postres deliciosos que no le hagan perder la figura y, por sobre todas las cosas en la vida, el deseo infinito de volverse rica vendiendo basura. Lo dice sin rubor y eso la convierte en una mujer cínica que no merece ningún tipo de consideración precisamente por eso.

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Amalia Andrade y el arte de vender basura

18 Sep

Colombia se supera a sí misma como desastre año tras año y la literatura que se escribe en este país sin esperanza es una muestra más de la corrupción que todo lo devora, del mundo del marketing, la superficialidad, la ignorancia y la falta de profundidad asumidas de forma consciente por “autores” que no tienen nada que decir pero lo dicen porque les parece chévere escribir un libro para dedicarle a los amigos que también posarán de escritores y con quienes se encontrarán en ferias y fiestas del libro para posar de artistas juntos aunque todos sepan que ninguno tiene talento. Ellos no tienen talento, tienen amigos que los ponen en contacto con el negocio de la literatura que no es rentable pero los hace sentir bien, al lado de los Artistas.

Por puro morbo me gusta saber en qué va la movida cultural colombiana, quiénes son las nuevas modelos Soho, actrices de telenovela, modelos webcam o chicas Aguila dispuestas ahora a complacernos con sus letras inspiradas en sus vivencias o fantasías y navegando supe de la existencia de Amalia Andrade, el paquete perfecto para vender libros al estilo Walter Riso, su Maestro espiritual y en ventas. Me imagino que ve muy lejos a Paulo Coehlo pero como va va muy bien. Dicen los medios que es la vendedora de libros más exitosa que tenemos, vendedora tipo exportación.

Amalia no es feminista pop pero sí fue chica Soho lesbiana y elitista. Ya sabemos todos, todas y todes que salir del clóset vende y ser depresiva también y esta pobre chica ha sabido sacarle provecho a su triste condición. Amalia es de la rosca de Gloria Susana Esquivel (íntima amiga de Carolina Sanín), a quien le dedica el bodrio del que nos vamos a ocupar hoy. El título del libro es tan espantoso que prefiero no digitarlo porque me siento sucia copiando esas palabras tan mal articuladas (al final del texto copio la imagen para que el lector lo lea con sus propios ojos).

El libro es libro porque son hojas impresas encuadernadas pero el contenido es una absoluta estupidez que se lee en una tarde, es el tipo de libro para leer en el avión o en la sala de espera y tiene más espacios en blanco que contenido. Lo venden como obra no acabada que la lectora terminará de armar y entonces es una especie de obra colectiva que empieza la escritora boba y termina la lectora boba. Leyendo el libro me imaginé los kits para niñas tontas que vende la youtuber Yuya, que probablemente inspiró a nuestra presa de amor depresiva y creadora.

Amalia Andrade se siente tremendamente creativa porque escribe a mano una lista interminable de frases insulsas y consejos estúpidos que aprendió de los cientos de libros de autosuperación que ha leído y dibuja mamarrachos del tipo de los que hace un niño en una cartilla de segundo de Primaria; luego imprimen esa tontería, la encuadernan y la llaman obra literaria porque lo más sorprendente de todo es que no están vendiendo a la chica depresiva, superficial, adicta a las compras y a las series, autodestructiva y enamoradiza como escritora de basura de autosuperación ni como autora de libros para mujeres tristes de las que se duermen leyendo un clásico de doscientas páginas sino que la promocionan como artista. La chica tonta cree que Madame Bovary es un libro de autosuperación y se siente dichosa si sus libros basura pueden ayudar a alguien a superar las penas de amor. ¡Nunca había visto una forma tan errada de interpretar la obra de Flaubert!

Uno de los peores desaciertos de este libro, que se constituye además en una falta de respeto con la psicología y en un riesgo para las personas con enfermedades mentales que tengan la mala suerte de leerlo y sentir que curan sus heridas siguiéndole la cuerda a la autora, es que da consejos con autoridad como si se tratara de una terapeuta cuando es evidente que se trata de una persona perturbada que necesita ayuda profesional. No olvidemos que la autora de Cómo superar las dificultades se mató ante la primera dificultad y el autor de Cómo salvar su matrimonio mató a su esposa.

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La mirada de Antonio García Ángel

11 Ago

No conozco a nadie porque nací arrogante y aunque me he cruzado con mucha gente a lo largo de la vida no hago ningún esfuerzo para recordar nombres, ocupaciones, escalones sociales o posiciones en el hall de la fama. Tampoco recuerdo caras.

Muchas veces me han preguntado por personas con nombre propio y mi respuesta siempre es la misma: no lo conozco. No lo conozco aunque esa persona me conozca, sepa mi nombre, lea lo que escribo, haya conversado conmigo un par de veces y hasta se tome por amigo mío.

Casi siempre camino mirando hacia ninguna parte porque mi ocupación favorita no es mirar sino pensar, pero muchas veces siento que me miran con atención, como si me conocieran y algunas veces miro bien a la persona que me mira tratando de entender quién es y si alguna vez hemos hablado y casi nunca puedo saber quién es el que me mira.

Ayer estaba en la biblioteca y vi que alguien me miraba, lo miré para tratar de saber si sabía quién era y por qué me miraba como me miraba. El me miraba, yo lo miraba, él me volvía a mirar, yo lo volvía a mirar y al final el pobre hombre me miró con mirada lastimera, como de perro apaleado, y yo decidí mirar para otro lado.

Lo mirada lastimera de perro apaleado en el rostro de un hombre me conmovió un poco, me pregunté por qué alguien a quien nunca había visto antes mi miró con esa cara, como si temiera un golpe en la espalda de mi parte con una porra, como si conociera la contundencia de mis golpes y lo implacable de mis palizas.

Mi compañero de viaje estaba haciendo la consulta en la biblioteca y mientras él miraba el catálogo le narré la conmovedora historia, él detuvo un momento la búsqueda, me miró a los ojos y me dijo sonriendo: ¡Es @erizodemar!

Era Antonio García Ángel el hombre con mirada de perro apaleado, la eterna promesa de la literatura colombiana, el remedo de escritor de quien me he ocupado varias veces en este blog, el mismo hombre que me había mirado antes (en Avenida Chile) y yo no había visto y sí había visto mi amigo que goza viendo la mirada y la reacción de otros mientras me miran.

Cuando mi amigo llegó a la biblioteca yo estaba mirando el teléfono y el perro apaleado me estaba mirando a mí. Vio cómo nos miramos él y yo cuando nos saludamos, después me miró con mirada de perro porque seguramente pensó que yo sabía a quién estaba mirando y no, no lo sabía.

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Aún no era grande

15 Ene

Para los tuiteros ignorantes, sin imaginación ni sentido del humor que están dudando del talento y la erudición de Estefanía Uribe Wolff rescato esta reseña que escribí sobre su libro maravilloso. Les recuerdo que fue reconocido como uno de los libros del año en 2013 y por el hecho de que Tefa no haya vuelto a publicar otros libros nadie tiene derecho a dudar de ella, de su escritura, su estilo, su fuerza ni su sensibilidad.

“Cuando lloraba y se acercaban a quitarme las lágrimas les decía suplicando: no me quiten mis tristezas. Adoraba el líquido que brotaba de mis ojos porque  era la consumación y demostración más pura de mis dolores; por eso no las llamaba lágrimas sino tristezas. Esas, que impregnaban de un olor mi trapo rosado que perdí o perdieron en una cantina de un olor que solamente mi olfato percibía”.

Unos cuantos piqueticos

***

A Tefa, @tefa_ o Estefanía la conozco desde hace ya bastante tiempo si partimos de la certeza de que a través de Twitter podemos llegar a conocer a la gente mucho más y mejor que cuando convivimos con ellos. Ella se disputa el puesto de mi mejor amiga virtual con @jmalaparte. A las dos las quiero con intensidades similares y ellas se quieren un poco también aunque a veces discuten porque @tefa_ quiere seguir bebiendo y @Jmalaparte quiere que ella deje de beber. Lo que @jmalaparte no sabe es que @tefa_ comparte creencias con algunos místicos presocráticos: “Estoy segura de que en otra vida fui eso, una planta de agave macho segada por un jimador allá de Jalisco a la que luego procesaron, fermentaron y convirtieron en un tequila del que habrían de beber el mismísimo Emiliano Zapata brindando con Pancho Villa y que luego fue a dar a la casa de Frida, donde Chavela Vargas se lo encontró y se lo tomó con ella, Diego y Trotsky (pág. 24-25).

El libro de Tefa lo recibí el viernes. Siempre es emocionante recibir libros de otras ciudades o países pero este libro me emocionó más que otros venidos de mucho más lejos. Destapé la bolsa, rompí el sobre, miré su nombre y el mío con nuestras direcciones y nuestros nombres completos y adentro estaba su libro:  Aún no era grande, de Estefanía Uribe Wolff. La llamé y deseé con todo mi amor que me fascinara su libro y, claro, me fascinó, es un libro digno de mis ojos: literatura colombiana escrita por una mujer digna de ser leída con atención, digna de ser recomendada por alguien como yo. Lo leí el sábado, hoy es domingo, me levanté temprano, lo volví a leer y ahora me dispongo a escribir sobre esta belleza.

Es un libro de 57 páginas compuesto por diez textos breves con varios temas recurrentes: el coqueo, las tristeza, el dolor, el vómito, las supersticiones, el alcohol, Frida y Carolina Sanín. Mientras los leía pensaba que tal vez yo también debería publicar un libro, la experiencia de leer en pantalla no se compara con la experiencia del lector ante el papel con un resaltador rosado en la mano y un micropunta para hacer anotaciones sobre lo que se ha resaltado. Las palabras de Tefa merecen la letra impresa, la experiencia única que implica leer en papel, ver cómo se va transformando el libro a medida que transcurre el tiempo y vamos dejando marcas de cada una de las lecturas. Es un libro con dedicatoria, a primera vista pensé en la letra de una niña de colegio, pero cuando terminé de leer y volví a revisarla noté la mano temblorosa de quien escribe en el libro: “Tiemblo, es inevitable. Y no es miedo, ni es frío, ni es rabia, ni angustia, ni desazón. Tiemblo porque sí, desde siempre, por lo que me tomo en las mañanas y durante el día. Pastillas y café: una para la gastritis, otra inmunosupresora, otra azulita que no sé bien qué hace y otras dos blancas que me permiten ser gente…  Todas hacen temblar”. (pág. 31). Con esa misma mano temblorosa Estefanía escribió con tinta negra: “Para mi muy querida amiga Elsy (un corazón gordo dibujado) con amor, Estefanía Uribe W.).

La primera historia arranca con el bendito coqueo: “El coqueo es una cobija pequeña en forma de conejo que me regaló un amigo de mi papá cuando nací” (pág. 13) y el amor que Estefanía profesa hacia esa cobija devenida en trapo sucio y feo casi me hace llorar, yo que no lloro desde hace más de treinta años. El coqueo se perdió en una cantina: “Con el coqueo limpian regueros de aguardiente, mocos de borracho y no de niño y ya no es ni siquiera rosadito sino gris y feo, le cortaron las orejas, le quitaron el borde de satín y ya ni siquiera era un conejo” (pág. 15). Nuestra heroína recupera su coqueo porque lo reconoce después de mucho tiempo en la cantina donde quedó abandonado: “Mi llanto tiene  la particularidad de impregnar las cosas por siempre, con todo y un olor característico” (pág. 26).

Aún no era grande no es literatura infantil, no es una novela, tampoco es una colección de cuentos, nos recuerda la prosa de Fernando Vallejo y la de Juan Rulfo: “Al lado del río Cauca, entre Bolombolo y Concordia, quedaba La Herradura. Ya no existe… Y en ese lugar del mundo las estrellas son tantas, tantas, que el cielo parece blanco con manchas negras… Abajo, luciérnagas y cocuyos en un danzar extraño parecían hacerle espejo a la bóveda celestial” (pág. 19).  Es una prosa premeditada, escritura pura, atención y cuidado en la combinación de palabras y sonidos, una verdadera delicia para los ojos y para los oídos y de una tristeza más triste que la de los narradores jaliscienses de algunos cuentos de  Juan Rulfo; pero no es una vil copia de ningún autor, es la obra de una mujer y plasma temas que otras mujeres no se han atrevido a plasmar en la literatura colombiana. Esa es la gran novedad.

La mujer retratada por Estefanía no es una modelo SoHo siempre lista para ser penetrada sino una mujer de carne y hueso: “Sí, calma, y al otro día da temblor. Como el tiempo, pensamientos y obsesiones se detienen por un instante y todos los órganos con terminaciones nerviosas  se anestesian: el clítoris, por ejemplo, es como un miembro fantasma, y creo que es lo que sienten las personas mutiladas con sus pedazos faltantes. No hay lubricación y una penetración duele mucho. ¿Cómo harán la señoras casadas? ¿Y las que tienen novio? Bueno, yo no soy casada ni tengo novio. Punto a mi favor (pág 32).

Hay varias mujeres amadas en el libro, las que más sobresalen son la abuela Lucinés, Frida Kahlo y Carolina Sanín. A través de la abuela se recrea el amor a primera vista que solemos tener con un familiar muy cercano, a través de la  artista mexicana se recrea el  dolor del cuerpo femenino -la fuerza sacada a través de ese dolor- y a través de la escritora colombiana, llamada Justina en el libro, se recrea la sabiduría, la madurez, las profecías cumplidas pronunciadas por la sabia. Es en estas citas donde mejor se reconoce la voz de la autora con toda su originalidad, ella está obsesionada con lo femenino y no necesita que un hombre le explique su comportamiento, ella misma se encarga de hacerlo. En “Unos cuantos piqueticos”, el último relato, es donde mejor podemos apreciarlo:

Y el dolor de Frida  no es por la sangre que le escurre de su cuerpo desnudo. Ella siente un dolor que va más allá de esa pintura y de la sangre, de los piquetes… Tatuajes, los tatuajes son unos cuantos, infinitos, incontables o innumerables piqueticos… Sangre que sale de uno mismo, de las mujeres, sangre que hacía que las niñas  se volvieran mujeres. Que crecieran, por chillonas, ¿yo por qué? ¿Yo para qué iba a querer senos si me gustaba quitarme la camisa para jugar lo que fuera cuando hacía calor… Y el día que lloré, que me vieron llorar, fui a hacerme mi primer tatuaje, ese de la virgen que vino a tapar la mariposa. Punto por punto, aguanté un martirio de siete horas justo en la columna, el lugar del cuerpo que más le jodió la vida a Frida, que la invalidó e hizo que sus yesos en forma de corsés fueran obras de arte. La sangre me brotaba por la espalda baja y era de colores, de muchos colores.

Es mejor derramar sangre que lágrimas. Aguantar unos cuantos piqueticos. (pág. 56-57).

 

En Colombia no hay escritoras

19 Dic

Carolina Sanín no tiene talento, sentido del humor ni gracia pero se empeña en ser reconocida como una de las grandes escritoras colombianas del Nuevo Milenio. Posa de feminista irreverente, sueña con que es la fusión entre Quevedo y Fernando Vallejo, se toma por la mejor copia de las humoristas norteamericanas a las que tanto imita con logros bastante lamentables -porque Carolina no nació con la vis comica– y aunque quiera renegar de su clase se siente cómoda en su condición privilegiada. Con esos antecedentes es imposible hacer arte, feminismo, humor o cualquier objetivo que se proponga en la vida.

Cada cierto tiempo Carolina arma un escándalo y logra su objetivo: trascender Facebook y crear alboroto a partir de una tontería y esas actitudes de niña mimada siempre arrastran a seres inocentes bien sea porque atenta contra instituciones prestigiosas o porque al querer hacer el bien termina haciendo el mal y cae la máscara de algún impostor. Con la última travesura intelectual de Carolina Sanín fueron varias las damnificadas, todas mujeres, claro, y no precisamente porque el heteropatriarcado haya querido prescindir de mujeres en un tonto evento en París (ese fue el origen de todos los males) sino porque gracias al show de más de cincuenta mujeres que no saben escribir -incluida Carolina- descubrimos que en Colombia no hay escritoras consagradas como Gabriel García Márquez o Fernando Vallejo y que estamos muy mal de crítica literaria y de aproximaciones feministas a apuestas estéticas cuando son abordadas por mujeres. No hay escritoras, no hay críticas y el feminismo está en manos de Carolina Sanín y Catalina Ruiz-Navarro. El panorama no puede ser más desolador.

Carolina no quiere ni respeta a Catalina pero Catalina cometió la torpeza de seguirle el juego a Carolina y escribió una columna “demoledora” contra García Márquez que ha sido objeto de análisis por parte varios críticos hombres, ninguna mujer. ¿Dónde están las críticas colombianas?

El mandato de Carolina Sanín fue contundente: si hay diez hombres en París el Ministerio está obligado a encontrar a las mujeres, a las escritoras colombianas. Y entonces las mujeres empoderadas empezaron a buscarlas y terminaron encontrando a las modelos SoHo que ya pasaron de moda por viejas y gastadas, porque ya fueron a todas las ferias y fiestas del cuerpo y están agotadas. Encontraron a las escritoras consagradas que no alcanzan el nivel de los hombres y siguieron buscando para hacer una gran lista de mujeres que escriben y las listas no son muy extensas, son listas cortas y son tan escasas nuestras maestras de las letras que terminó colada en los listados hasta Estefanía Uribe Wolff. El panorama no puede ser más desolador.

De lista en lista y de Manifiesto en Manifiesto hasta los señoritos Ricardo Silva Romero y Juan Esteban Constaín trataron de alzar un poco la voz y parecer un poco indignados y acompañaron a las exmodelos y a otras mujeres a decir en tono de reproche: ¡En Colombia sí hay escritoras!

De este lamentable circo llamado Cultura Colombiana hay algo que podemos rescatar: por fin los lectores expertos y el público en general están empezando a notar que Catalina Ruiz-Navarro pasó por la universidad pero no fue tocada por el mundo académico y su feminismo y empoderamiento son tan frágiles que se pueden desbaratar en dos columnas. Esa es la noticia positiva.

Feminismo dañino y distorsionado

19 Dic

La maestra del plagio Catalina Ruiz-Navarro en su última columna ahora sí tocó fondo en el arte de la estupidez, la superficialidad y el feminismo tonto: no invitaron a las malas escritoras colombianas a París y la niña rebelde que posa de feminista sin saber nada de feminismo llegó a unas conclusiones que harían llorar de vergüenza a un estudiante de literatura de segundo semestre de cualquier universidad del mundo. Con ustedes Cata la feminista hipster y boba a conciencia:

Sobre Remedios la Bella se podría escribir un largo ensayo sobre la mirada predadora masculina y el acoso. Tan machista era Gabo que en su verde vejez tuvo el nervio de escribir las Memorias de mis putas tristes, que además de ser un irrespeto simbólico a su fiel esposa, Mercedes, que literalmente lo mantuvo para que escribiera su gran obra, es una fan fiction de La casa de las bellas durmientes de Kawabata, que cuenta la historia de una suerte de prostíbulo a donde los viejos verdes impotentes van a restregársele a doncellas dormidas, es decir, es un libro sobre violaciones. Estos son los tropos de los escritores latinoamericanos, los del Boom son casi todos asquerosamente machistas, y hasta Neruda en sus memorias confiesa una violación “casual” que el escritor comete cuando ve a la empleada que le arregla el cuarto y “le dan ganas”. Pero el machismo en la literatura no lo vamos a notar hasta que leamos a las mujeres. No puede ser que toda nuestra imaginación esté sólo alimentada por las ficciones que escriben los machos.

Esas no son penas

12 Sep

La semana pasada tuve una conversación muy erudita con Estefanía Uribe Wolff, una joven promesa de la literatura colombiana que ha publicado un solo libro en el que retumban dos voces de las letras hispanas: Juan Rulfo y Fernando Vallejo:

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Le pregunté a Tefa entre sollozos por qué los ensayistas tienen la bendita manía de posar con libros -para la foto- en vez de aparecer subidos en un rodadero o con una peluca afro y entre las dos concluimos que los grandes intelectuales asumen poses porque tal vez son inseguros y necesitan reafirmarse y ese es el motivo por el cual aparecen (buscando en Google-Imágenes) con sus libros al lado, al frente o atrás:

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Tefa me propuso que fuera más osada: que no sólo usara peluca afro sino que buscara la rosada -la del Pibe- y esta fue la mayor aproximación que encontré en Cachivaches (la tienda de moda), con la ilusión de aparecer en el futuro al lado de los grandes intelectuales y ensayistas del pasado, del presente y del futuro, con los más grandes del mundo y de todos los tiempos, claro:

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Aquí poso con libros y con gafas para parecer un poco más creíble:

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Mientras compraba la fallida peluca del Pibe recordé que siempre soñé con verme un poco como Marina Abramovic,  Terele Pávez y Charlotte Gainsbourg pero el problema es que no soporto el pelo largo.

Compré esta otra peluca para gozar durante media hora con mi fantasía:

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…..

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