Archivo | julio, 2015

Quince años de escritura. Causas y consecuencias

29 Jul

Hace quince años era el año 2000 y yo tenía treinta años, he pasado un tercio de mi vida escribiendo.

¿Por qué empezó a escribir?

Porque era una estudiante muy juiciosa en la universidad y me tomaba tan en serio la elaboración de reseñas y ensayos que terminé de estudiar y seguí escribiendo, no para mis profesores sino para mí.

¿En qué momento empezó a publicar sus textos?

En 2002 o un poco antes, no lo recuerdo bien.

¿Dónde empezó a publicar?

En revistas universitarias de España y Chile.

¿Qué publicaba en esas revistas?

Ensayos.

¿Qué tipo de ensayos?

Ensayos argumentativos, era lo que mejor sabía hacer.

¿Por qué?

Porque me acababa de graduar y había escrito dos trabajos de grado que me habían ejercitado mucho en la escritura. Tuve excelentes profesores en el pregrado y en la maestría.

¿Sobre qué eran esos ensayos?

Los primeros son sobre crítica literaria y los últimos son sobre las grandes preguntas que me hacía en ese tiempo: el amor, el erotismo, el origen del arte, la risa, la melancolía, la escritura…

¿Se siente satisfecha con esos ensayos?

Sí, claro, creo que es lo mejor que he hecho. Yo misma me asombro de la rigurosidad, de la cantidad de referencias, de lo pertinente de las citas, de la bibliografía tan selecta y de la forma de desarrollar las ideas. A veces vuelvo sobre esos ensayos y me siento orgullosa porque aprendo leyéndome, me asombro de lo claras que tenía las ideas; ahora soy mucho más relajada, aprendí a serlo escribiendo sobre la risa. Parece como si quien escribiera fuera otra persona pero soy yo y ese yo logra sorprenderme porque me gusta su estilo. No es como el de ahora pero me gusta mucho.

¿De esa época recuerda algún incidente molesto gracias a lo que usted escribía?

Sí, claro, Ricardo Cano Gaviria es inolvidable.

¿Quién es Ricardo Cano Gaviria?

Un escritor colombiano sobre el que hice mi trabajo de grado en la maestría.

¿Y qué pasó con este autor?

Se molestó mucho porque escribí en ese trabajo que él no era la reencarnación de Silva y que el gran escritor de nuestro tiempo no es él sino Fernando Vallejo.

¿Fue la primera persona que quiso perjudicarla porque no escribió lo que él quería que escribiera?

Sí.

¿Cómo podemos llegar a esa historia, a partir de cuáles textos?

Es fácil entenderlo todo leyendo dos textos: Cartas de Ricardo Cano Gaviria a Elsy Rosas Crespo y José Asunción Silva y Ricardo Cano Gaviria: lector artista, lector que escribe. Los dos están publicados en este blog.

¿Por qué dejó de publicar sus ensayos en esas revistas?

Porque aparecieron los blogs.

¿Cuando aparecieron los blogs dejó de escribir ensayos?

Sí.

¿Por qué?

Porque los blogs son más amigables con los textos cortos.

¿Y entonces cambió su estilo y los temas sobre los que escribía?

Sí.

¿Eso fue en 2005?

Sí. 2005 0 2006, no lo recuerdo bien.

Pero su blog más antiguo empieza en 2007.

Antes tuve otro y lo borré.

¿Por qué lo borró?

Porque tenía dudas.

¿En esa época ya recibía amenazas de muerte?

No, en esa época sólo me relacionaba con lectores de otros países. Vine a conocer a los internautas colombianos en 2010, gracias a Twitter.

¿Entonces entre 2005 y 2010 era bloguera?

Sí.

¿Y en 2010 empieza la nueva temporada gracias a Twitter?

Sí.

¿Y qué piensa de todo lo que ha provocado su presencia en Twitter?

Tiene ventajas y desventajas.

¿Más ventajas o más desventajas?

Más ventajas.

¿Por qué?

Porque a pesar de todas las agresiones he podido conocer mejor la naturaleza de los colombianos.

¿Qué es lo que más la ha asombrado?

El odio y lo que ese odio genera.

¿La habían amenazado de muerte antes?

No.

¿Le habían hecho seguimiento para saber dónde vive, cuáles son sus números telefónicos y su lugar de trabajo para intimidarla?

No, nunca.

¿Vive con miedo?

No

¿Por qué?

Porque esa es mi naturaleza. Olvido pronto y perdono a todas las personas que me han ofendido. Si me matan también los perdono porque de algo me tengo que morir, soy humana como ellos.

El estilo aristocrático de Sade

28 Jul

El castillo del conde de Gernande estaba situado en una explanada de diez metros de alto, rodeada de murallas más altas todavía. Cuando Justina fue llevada a aquel lugar, las cortinas del vehículo estaban cerradas, por lo tanto no pudo observar si había otros obstáculos además de aquellas murallas; lo mismo sucedía con madame de Gernande, que había sido conducida allí de noche; no le fue posible observar si existían barreras adicionales. Así que, cuando realizaron su huida, las dos mujeres actuaron pensando que cuando llegaran a la parte alta de las murallas -cosa fácil, gracias a toda la experiencia de Justina con obstáculos de este tipo- se encontrarían en el camino que cruzaba el bosque… y libres.

Es triste decirlo, pero la realidad era muy distinta. Cuando las dos hermosas mujeres, disfrazadas de jardineros, se descolgaron a lo largo de sábanas anudadas hasta el suelo exterior de la fortaleza, se horrorizaron al darse cuenta que se encontraban dentro de un enorme jardín que rodeaba completamente las murallas, y que también estaba cercado por inmensas paredes de casi veinte yardas de altura, y cubiertas en su parte superior por puntas de hierro y vidrios rotos. Subir por aquel monstruoso muro era menos que imposible, no tenían esperanza, salvo posiblemente contar con que el carruaje del conde saliera muy temprano; entonces, si el vehículo estaba ocupado por miembros de la servidumbre de carácter amable, Justina y la condesa podrían rogar que las dejaran subir a bordo.

Momentos después de que amaneció el enorme portón rechinó al abrirse, y apareció el carruaje del conde. Corriendo hacia el vehículo, las desesperadas mujeres comenzaron a golpear las portezuelas y a pedir ayuda. De pronto el cochero detuvo los caballos, las cortinas se abrieron, y surgió en la ventanilla la cara… no de algún sirviente amistoso, sino del propio conde.

-¡Ajá! – Gritó el pervertido golpeando con el bastón- Mi esposa trata de huir, y mi fiel Justina la ayuda. Pues bien, ese delito no quedará sin castigo…

Más temerosa por su querida Justina que por ella, madame de Gernande se hincó a los pies de su abominable marido.

-¡Por favor, señor! -gimió- Todo este intento ha sido planeado por mí. Justina esta aquí sólo porque yo la he forzado a hacerlo. Castígame, si así lo deseas, pero te ruego que la perdones a ella.

Pero aquellos lastimeros ruegos no fueron escuchados.

-De ninguna manera- dijo fríamente el conde. Dos han pecado, y las castigadas serán dos. Esta noche, en cuanto termine la cena, las despacharé a ambas en busca de sus recompensas celestiales; quizá me pase el día construyendo otro aparato para sangrar, y entonces podré contemplar como mueren juntas.

-Pero, señor- comenzó a decir Justina-, por piedad…

-No, muchacha- la interrumpió Gernande-. La piedad es una virtud desconocida para mí. Las dos merecen que les corte las venas en este mismo momento; si aplazo el castigo no es por piedad… Sólo es para realizarlo con más crueldad que hasta ahora.

Y diciendo esto, metió a las dos mujeres en el carruaje y ordenó al cochero que regresara al castillo.

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El miembro más pequeño que ella haya visto jamás

27 Jul

En ese momento Justina se dio cuenta de que Gernande, por muy degenerado que fuera, tenía el miembro más pequeño que ella hubiera visto jamás: un órgano que, por su modesto tamaño de cacahuate, era un insulto a la especie. Peor aún, era tal su torpeza, que ni los mayores esfuerzos de los dos afeminados pudieron provocar que levantara su pequeña cabeza; colgaba sin vida, como si todos los esfuerzos de los activos afeminados fueran inútiles. Finalmente el conde abandonó la tarea, y empujando a los maricones hacia el aparato de sangrar, los incitó para que fastidiaran a la condesa; así lo hicieron con cachetadas, puñetazos y blasfemias… y mientras más la humillaban, más satisfecho se veía el conde…

Al darse cuenta Justina de que la tortura de la condesa podría ser menor si el conde alcanzaba rápidamente el clímax, empezó a esforzarse con el afán de lograrlo, y aprovechando todos los conocimientos adquiridos durante diez años de putería forzosa, se convirtió en puta voluntaria en nombre de la compasión. Y realmente su labor fue un gran éxito, pues momentos después de haberse empeñado en su desagradable tarea, el conde tuvo un orgasmo tal, que Justina, a pesar de sus viajes por todas los caminos de la perdición, no había sido testigo de otro igual. Tambaléandose, gruñendo, agitando los brazos y lanzando alaridos que podían oírse a leguas de distancia, el ruin monstruo casi estalló de placer, y finalmente cayó al suelo hecho un ovillo.

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Mi Max Brod

26 Jul

En 1996 -cuando yo tenía 26 años- nació un lindo bebé. Ese niño tiene ahora veinte años y es una de las personas más asombradas ante las dotes de la tía, me admira con locura desde que nació, lo nuestro fue amor a primera vista. Ha tenido el privilegio de compartir su vida entera conmigo aunque nunca hayamos vivido en la misma casa y ha sido testigo de mis procesos y mis cambios. Me lee con la emoción de la gente inteligente y se sorprende ante mi talento innato y mi versatilidad.

Nunca nos hemos dicho cuánto nos amamos porque no somos cursis, pero los dos temblamos de emoción cuando nos vemos y yo le cuento lo que hago, lo que leo, lo que escribo; le hablo de mis amigos y de los que se toman por mis enemigos, le doy consejos sabios, le regalo libros y le resumo con lujo de detalles mis libros favoritos, mis películas favoritas y después le cuento por qué es tan importante aprender a vivir y la forma en que debe ser usado el conocimiento: la ciencia, el arte y la filosofía. Siempre ha confiado en mí porque es una persona inteligente, es mucho más inteligente que yo, mucho más adelantado que yo y seguramente ve mucho más allá de lo que puedo ver yo y porque es un niño prodigio está un poco preocupado.

Está preocupado porque cree que soy muy despreocupada, porque llevo al límite el hecho de no darle importancia a nada, cree que algunos de los textos que he escrito aquí son tan buenos que podrían ser usurpados cuando muera y no es justo que eso pase. Cree que hay que tomar medidas al respecto.

Cuando me entero de estos hechos me siento como Van Gogh ante Teo, como Virginia ante Leonard, como kafka ante Max y debo reconocer que es muy emocionante. Mi sobrino podría llegar a ser mi Quentin Bell y eso sería maravilloso.

La madre de ese niño, es decir, mi hermana, me conoce desde hace mucho más tiempo, desde hace cuarenta y cinco años, para ser precisos; ella sí que conoce la historia de mi vida y es mi más ferviente admiradora, hemos estado juntas siempre aunque hayamos vivido muy poco tiempo en la misma casa y ella también sueña con ver esto que escribo mucho más allá de la pantalla. Durante años me ha pedido que publique un libro porque quiere verlo en su biblioteca, quiere ver mi nombre en el papel.

Le doy todas las razones para no hacerlo y ella siempre termina dándome la razón, pero al ver que el tiempo pasa, el material es mucho más abundante, aparecen más admiradores y algunos crueles detractores que sueñan con verme muerta, loca o perturbada, está decidida a hacer algo: si no lo hago yo lo hará ella, dice. Esta dispuesta a interceder por mí para convertirme en la autora que, según ella, merezco ser.

Mientras pienso en esas preocupaciones y propuestas -que no han sido manifestadas sólo por mi hermana y mi sobrino sino por quince o veinte personas más- pienso también en la gente insensible y descorazonada que me lee no con admiración sino con odio, pienso en esos seres perversos y malvados que sueñan con un final infeliz para mi vida y me ponen todo tipo de trampas y trabas para hacerme desfallecer. Trato de ponerme en su situación y creo entender la naturaleza de sus sentimientos, debe ser extraño encontrarse ante tantos contrastes, sé que algunos textos tienen la fuerza y la furia de la página escrita por un borracho o por un pobre hombre perdido en las drogas; otros son escritos con la claridad y contundencia de un gran erudito, no de una pobre y simple mujer; otros tienen la elegancia y la erudición digna de una dama de alcurnia y no de una simple ama de casa y otros -los más perturbadores- están cargados de un erotismo desbordante y malsano que no parecen hacer juego con el humor que se despliega en otras composiciones. Sospecho que el origen tiene que ver con la confusión, con vivir con la sensación permanente de que nada queda del todo claro y ante la incomprensión la salida más fácil es el odio, el sentimiento más vil y despreciable.

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Si los sueños de mi hermana y mi sobrino se ven truncados deben saber lo siguiente, queridos amigos y enemigos, admiradores y detractores:

Me basta con saber que estos textos han sido leídos con atención por millones de ojos de todos los tipos y colores durante los últimos diez años y han generado todo tipo de reacciones: desde peticiones de matrimonio hasta amenazas de muerte.

Me basta con saber que tengo la libertad absoluta para escribir lo que escribo sin preocuparme porque mis problemas con el alcohol o con las drogas son las que me llevan a escribir como escribo. Quien escribe no es una vieja borracha ni una marihuanera o heroinómana al borde del suicidio, no, lo que me domina siempre es la lucidez.

Me basta con saber que no estoy enferma, que esta “obra” es escrita desde la salud, la plenitud y la vitalidad, no desde la miseria de la vida.

Me basta con saber que mi salud mental es plena, lo que leen no son textos de una persona perturbada por la depresión, la locura y cualquier otra enfermedad de moda en nuestro tiempo.

Me basta con saber que no escribo desde una prisión, que mis gritos no tienen nada que ver con la impotencia ante la crueldad y el abandono al que me tienen sometida mis verdugos.

Me basta con saber que no escribo desde la pobreza, desde la miseria ni desde la ambición. No necesito que me paguen por escribir y tampoco espero enriquecerme a costa de la escritura.

Me basta con saber que soy una persona común que se da el lujo de caminar por cualquier calle, comer cualquier cosa y hablar con cualquier persona porque no tengo la marca del artista ni del intelectual.

Me basta con saber que estoy más cerca de los santos que de los sabios y de los humildes que de los arrogantes y que eso lo saben bien las personas que me conocen, especialmente mi hermana y mi sobrino.

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Si llegara a morir hoy o mañana o pasado mañana, sepa usted querido lector y querido usurpador, que esta obra ya tiene dueño. Hay dos personas que se quieren hacer cargo de ella: mi hermana y mi sobrino. Mi hermana es una mujer con una fuerza y una arrogancia mucho más fuerte que la mía, una mujer admirable y capaz de hacer todo lo que se propone y mi sobrino no es de este mundo, es un joven que todavía no sé cómo describir porque suelo desfallecer ante su simple presencia.

No es Flaubert, es Sade

26 Jul

Finalmente, después de que el conde había repetido seis veces  sus argumentos aceptó. Bressac estaba muy contento. Tomándola de la cintura la levantó por los aires y la hizo girar en sus brazos. Después, poniéndola de nuevo sobre sus pies, la estrechó contra su pecho y le besó tiernamente la mejilla.

-Mi querida Justina- dijo-. Eres la primera mujer a quien beso, y realmente, lo hago de todo corazón. Nunca me había parecido tan atrayente una hembra.

Y Justina, completamente convencida de que tenía más razones que nunca para aborrecerlo, se sintió embriagada por el deseo irresistible de languidecer entre sus brazos…

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Llamada caliente o, bien, los infortunios de la virtud

25 Jul

Eran las dos de la mañana y timbró el teléfono. Yo, por supuesto, estaba absolutamente dormida.

Aló.

Para preguntar por el clasificado.

¿Cuál clasificado?

El de la mujer madura que ofrece servicios.

Yo no he puesto ningún clasificado, lo engañaron señor.

Colgué y devolví la llamada, le pregunté al señor dónde había visto ese clasificado y me dio todos los detalles, me dijo que el anuncio iba acompañado de una foto. Le pedí que me describiera la foto y al parecer sí es una foto mía. Cuando terminó de hacer la descripción dijo en tono amable que es una foto muy agradable.

Mientras hablaba con el señor que buscaba compañía de mujer madura a las dos de la mañana me sentí como la protagonista de Justina o los infortunios de la virtud, de Sade, y le narré a mi interlocutor las desventuras de mi vida a propósito de anuncios publicados por personas que me aman o me odian y me ofrecen para prestar servicios eróticos. Primero pusieron un anuncio donde Andrés y yo trabajábamos en pareja, después pusieron otro anuncio donde Andrés ofrecía servicios a hombres y ahora de nuevo conmigo en el papel de la mujer madura. Le dije que esos anuncios los publica gente que me conoce, está obsesionada conmigo y busca que me despierten a las dos de la mañana.

El señor me oyó con atención, por el tono de mi voz y mis palabras no tuve que aclararle que estaba hablando con una persona que de nuevo es víctima de una broma de muy mal gusto, nos despedimos amablemente y luego volví a pensar en las fotografías que he publicado en internet.

Son fotos que he publicado yo. Algunas personas creen que soy la mujer más fea del universo y otros creen que tengo un  atractivo que no pueden explicar.

Recordemos que en el último mes han aparecido dos galanes deseosos en Twitter que han fantaseado en una experiencia conmigo porque han visto esas fotos, fotos que ha visto mucha gente y fueron publicadas hace un año o más, no son ninguna gran revelación.

El joven 18 años menor decía que me veía muy joven y que me imaginaba como una persona plena, sospecho que se concentró en esta foto

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El Casanova que me mostró tres fotografías del tamaño y la forma de su admiración hacia una dama como yo me dijo que estas son las dos fotografías que lo ponen a soñar, esas y no otras

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Quiero creer que la fotografía que vio el señor que llamó a las dos de la mañana fue esta, ahí me siento como una persona agradable

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Esa es mi foto favorita, donde me siento más yo.

No quiero creer que la foto con la que se encontró el señor triste fue esta porque no se ve mi mirada ni mi sonrisa

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Mi sueño dorado es que la gente se fijara con atención en estas tres fotografías porque lo que me caracteriza no es el erotismo sino la dulzura, debería ser considero como falta grave hacerle propuestas indecorosas a una persona como yo, no me lo merezco

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Tú tan dama y yo tan gamín

25 Jul

Cada cierto tiempo aparece un hombre encantador que me habla por el privado en Twitter, me dice que lee todo lo que escribo, que le gusta mi estilo y que debe ser extraño conocer a alguien como yo. La semana pasada apareció un nuevo admirador, nos seguimos desde hace poco tiempo y hemos interactuado poco, pero tenía una idea remota de él en nuestra primera conversación. Tuvo la habilidad que tienen pocos: lograr pasar del privado al Whatsapp en dos minutos.

Lo primero que me dijo -como buen conquistador- fue si podía llamarme. Mi respuesta fue clara: no, no quiero asustarte, soy muy seria, mi voz ha asustado a mucha gente, mejor hablemos de por qué me admiras tanto y cuál de los temas que he desarrollado en el blog es el que más te gusta. Dijo que le gustaba cuando escribo sobre sexo y que es muy probable que muchos hombres me deseen pero no tienen la valentía de decírmelo. El me lo dijo sin decirlo.

Claro, es el primer tuitero valiente, el primero en hablarme de esa manera tan atrevida, las conversaciones típicas siempre giran en torno a mi inteligencia, versatilidad y erudición, al misterio de mi estilo en la escritura, a la velocidad con la que escribo, a la diversidad de los temas, a la forma de expresar ideas simples y profundas, a mi exquisito sentido del humor. Siempre es todo muy formal.

Nos enganchamos tanto en la conversación que decidimos tomarnos una cerveza ese viernes a las seis de la tarde. Recapacité y recordé que una persona como yo no hace ese tipo de planes. Cita cancelada. Entonces decidimos que era mejor comer helado a las tres de la tarde del sábado, un plan mucho más dulce. Nuestro conquistador se pasó de copas el viernes anterior y tampoco pudimos comer helado y entonces el lunes durante tres horas nos desbocamos hablando de sexo y terminamos deseándonos como animales, usamos las peores palabras para decirnos todo lo que nos haríamos como dos bestias sedientas de carne y él llegó al límite de mostrarme el tamaño y la forma de su deseo en tres fotos que me dejaron sin aliento y me hicieron pasar la noche más ardiente con varios sueños perturbadores. A las tres de la mañana le expliqué en qué consistía la naturaleza de mi deseo.

Estaba decidido: nos veríamos el martes a las 6:15 dispuestos a que pasara cualquier cosa, no responderíamos por nuestros actos, estábamos poseídos; fue el martes más ardiente de la vida para los dos en mucho tiempo, él temía pararse de su silla por miedo a verse expuesto y yo me sentía como una mujer ansiosa ante su primera gran experiencia erótica. Los dos estábamos sorprendidos porque no somos niños: él tiene 34 y yo 45 y los dos hemos vivido varias experiencias muy gratificantes a lo largo de la vida. Aunque es un hombre menor que yo quedé asombrada con la destreza que tiene para explicar lo que puede llegar a lograr con sus palabras, su forma de decir lo que dice y la parte de su cuerpo que decidió compartir conmigo en un momento de ofuscación.

Llegó el momento de encontrarnos y media hora antes del encuentro los dos recapacitamos un poco, él ama a su chica y yo no soy una puta, con esa idea llegamos a nuestro encuentro. Al vernos recapacitamos más profundamente, él es un hombre absolutamente encantador, un hombre dulce, amable y educado y no el cerdo que a veces parecía representar a través de sus palabras y yo, yo soy la señora más sería y formal que ustedes se puedan llegar a imaginar, entonces decidimos ofrecernos las más sinceras disculpas por haber sido tan burdos, tomamos café y hablamos durante una hora de nuestra vida privada, de nuestros amores, de nuestros trabajos, nuestros momentos de plenitud y aburrimiento y de nuestro sueños. Los dos somos nobles, sensibles, profundos, amorosos y respetuosos.

Ninguno de los dos es como parecíamos ser cinco y diez horas antes, no entendíamos qué nos había llevado a convertirnos en otras personas. El no hablaba mucho y yo hablé casi todo el tiempo, después de habernos faltado al respeto de forma tan contundente el pudor ya estaba perdido y entonces fui lo más yo que puedo llegar a ser con la gente que conozco desde hace mucho tiempo, con la gente con la que tengo absoluta confianza. Prometimos no volver a repetir esa triste historia con otras personas porque no somos de este tiempo, no somos muñecos de carne. Los dos creemos en el amor y en la pasión pero no con una persona que aparece de la nada y nos juramos que esta historia bochornosa sería nuestro secreto.

Pasaron tres días y recordé que las más bellas composiciones tienen que ver con mi vida privada, le pedí que me dejara compartirla con los lectores sin decir su nombre y narrándola de forma decorosa, algo digno de los dos. Aceptó y en este momento está ansioso porque le gusta leer mis historias, eso me dijo mientras me decía que tenía cara de profesora y que soy una persona muy natural.