El arte de desaparecer

12 Jun

No hay nada más emocionante que irse sin avisar cuando todos esperan el desenlace final porque apenas está empezando la fiesta.

Me fui de varios colegios sin avisar.

He dejado de hablarle a mucha gente sin ninguna explicación.

Abandoné varios trabajos antes de haber terminado el primer día.

Me fui de mi barrio de infancia sin haber saludado a ningún vecino.

Me iré de mi barrio actual sin haber saludado a ningún vecino.

Llegaré a la vivienda del futuro -el lugar en el que espero morir- y nadie sabrá quién soy ni por qué decidí llegar a morir ahí y no en otro lugar.

Me fui de todas las redes sociales sin un adiós y sin un por qué, sin que ninguno de esos millones de pequeños seres que leyeron mis ocurrencias durante quince años tuvieran la certeza de que yo era yo. Nunca oyeron mi voz.

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Distorsión de la imagen propia

9 Jun

En Colombia el 80% de las mujeres existen para agradar a los demás, viven para la mirada ajena y por eso somos potencia mundial en consumo de maquillaje, tratamientos faciales y capilares, cirugía estética y fajas. Las mujeres colombianas aman la opresión y les gusta ser tratadas como niñas o como muñecas y por eso usan tacones, medias de seda, cuatro capas de maquillaje, faldas cortas, escotes pronunciados… pero muchas de estas muñecas andantes se toman también por feministas empoderadas que luchan contra el patriarcado y el falo opresor.

Mientras los hombres beben y ven partidos de fútbol las mujeres van a gimnasios y salones de belleza. Después de ser madre y esposa el sueño de la inmensa mayoría de colombianas es ser reina, modelo, presentadora, youtuber o influencer de la moda al estilo Ita Maria, ella es un referente para jóvenes universitarias.

Las mujeres colombianas son superficiales, masoquistas y machistas. Nadie lo duda. Pero va una pregunta: ¿Por qué en Colombia abundan más los hombres con una imagen distorsionada de ellos mismos y por qué al ser tan abundantes estos personajes se convierten en parte de nuestra colombianidad?

En la televisión colombiana ha prevalecido siempre el personaje masculino al estilo Trino Epaminondas Tuta, Pedro El escamoso y N.N. Jorge Barón, Julio Sánchez Cristo, Diomedes Díaz, Galy Galiano, Darío Gómez y un larguísimo etcétera no son personajes sino personas y estos pobres seres se han tomado o se siguen tomando por referentes de la moda, la elegancia y el buen gusto.

La muerte de Jota Mario Valencia me llevó a recordar a los hombres colombianos más grotescos porque tienen una imagen distorsionada de ellos mismos y no se imaginan lo ridículos que son y la risa mezclada con compasión que pueden llegar a desatar.

Ellos son -desde mi humilde opinión- los hombres colombianos vivos más grotescos porque son víctimas del autoengaño, son nuestros pequeños gigantes.

Fabián Sanabria

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Vladdo

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Abelardo de la Espriella

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Juan Esteban Constaín

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Murió Jota Mario Valencia

8 Jun

En Colombia la televisión valió la pena hasta hace unos veinte años y por eso es tan fácil dejar de ver televisión, porque es una especie de suplicio para una persona con dos dedos de frente. Si me quisieran torturar bastaría con sentarme frente a un televisor durante quince horas y obligarme a ver la cartelera de televisión nacional: telenovelas, noticieros, realitis, programas de humor, transmisión de partidos de fútbol y quién sabe qué más tipo de esperpentos mediáticos que no me alcanzo a imaginar.

Pacheco y Gloria Valencia fueron grandes presentadores de la televisión colombiana, presentadores de la televisión colombiana no grandes escritores, filósofos ni escenógrafos, pero en este país olvidado de la mano de Dios “personalidades” como Pacheco y como Gloria Valencia son más reconocidos, aclamados, llorados y recordados que José Asunción Silva y Gabriel García Márquez. De Silva los colombianos saben muy poco o nada y de García Márquez saben que nació en Aracataca, ganó un premio nobel y lo asocian con la palabra Macondo pero no saben exactamente qué es Macondo ni por qué Colombia es como Macondo.

Con Pacheco y Gloria Valencia empezamos a ver a Jota Mario Valencia y los conocedores sabíamos que gracias a este presentador-personaje-patético-grotesco excesivamente molesto se venía el desastre que me obligó a renunciar a la televisión para siempre. Pasaron veinte años y Jotica seguía ahí, todos los días metido entre la pantalla adormeciendo, entreteniendo y humillando a la gente, posando de sabio, erudito, profundo y profeta. Jota Mario era un colombiano típico y por eso era tan amado, porque reflejaba lo que somos, nuestro nivel cultural, nuestro sentido del humor y la idea que tenemos del hombre y la mujer, de la elegancia y el triunfo, del mal gusto y el fracaso.

Uno quiere dejar de ver televisión para siempre pero en Colombia es imposible porque hay televisores en todas partes y ahí, en restaurantes, panaderías, centros comerciales, bancos… vi transcurrir la brillante carrera del hombre que Colombia llora desde ayer. Jota Mario es la síntesis perfecta de lo que somos, recoge los valores y el sentido del humor de todo un pueblo y es apenas comprensible que todo un país sienta que perdieron al hombre más valioso de los últimos tiempos porque los dueños del país saben que estos son los ídolos que su pueblo merece.

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Carolina Sanín y Luciana Cadahia

5 Jun

Las redes sociales son más adictivas que el basuco y cuando las personas torpes usan las redes sociales suelen mostrarse más torpes de lo que pueden llegar a ser hablando o escribiendo por más educación, viajes y amigos que hayan sumado a lo largo de sus tristes vidas.

Luciana parece la hija de Carolina y tienen mucho en común: son mujeres feministas, mamertas arrogantes, cuaderneras convencidas de que son más feministas y más mamertas que las demás mujeres y además forman parte de la rosca intelectual colombiana, que también tiene tentáculos en el exterior; forman parte del grupo de niños y niñas mimados, malcriados y caprichosos convencidos de que las redes sociales son más que una congregación de adolescentes solitarios con dificultades para relacionarse en la vida real con otros seres humanos. Ellos creen que van a cambiar el mundo y que sus jefes tienen que postrarse ante ellos porque están acostumbrados a satisfacer todos su caprichos porque así fueron educados por sus padres.

Ellos, unos veinte mocosos de más de treinta y cinco años que sólo han sabido relacionarse con gente como ellos porque no les gusta juntarse con la chusma y que gracias a esa marginación voluntaria son unos tarados sociales, gente torpe a más no poder para usar las redes sociales y las relaciones laborales, pobres seres desvalidos y blandengues que a pesar de que tengan cédula desde hace mucho tiempo y a pesar de que se sientan muy seguros porque son muchos -como si fueran adolescentes norteamericanas de una institución de educación media- ellos, en su inocencia, creen que tienen más poder que las instituciones para las que trabajan porque hablan fuerte en las redes sociales y son retuiteados por centenares de personas que aspiran a existir aunque sea en los sueños de estos poetas, pensadores, profesores y locos.

Carolina Sanín fue despedida de la Universidad de los Andes por andar peleando con los niños más groseros de Facebook y Luciana Cadahia fue despedida de la Javeriana al parecer porque adoctrinaba a sus discípulos en Cátedra Petrista. Carito lleva como cinco años en esa pelea y Lucianita lleva una semana pero ha armado mucho más alboroto.

Para el lector frecuente de este blog va la siguiente pregunta:

¿En la Universidad Javeriana explicarán primero si ya terminaron de revisar el trabajo de grado de Catalina Ruiz-Navarro para saber si incurrió o no en plagio en más o menos cuarenta páginas o le explicarán primero al país y a la Comunidad Académica Internacional por qué Luciana Cadahia fue despedida de la Universidad sin una razón?

Todos los semestres las universidades públicas y privadas renuevan su planta de profesores y es algo a lo que estamos acostumbrados desde hace mucho tiempo. ¿Por qué Lucianita arma semejante show cuando ella y todos sabemos que en este momento en Colombia a centenares de profesores no les renovarán el contrato o serán despedidos sin ninguna explicación y les desearán éxitos en sus proyectos futuros?

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Lucha sin tregua contra la acumulación

30 May

En este momento tengo dos managers: Juan y Daniel.

Los dos -junto con otras cinco o seis personas- llevan más de cinco años insistiendo en que no joda más con este blog, me ponga seria y escriba un libro en el que le demuestre a este pueblo ignorante que una mujer puede escribir mucho más que las bobadas que escriben lo que aquí llaman dizque escritoras colombianas, feministas empoderadas, mujeres maltratadas que dejaron de comer carne, aman a su gato, usan copa menstrual, fuman marihuana y caminan descalzas con falda larga y ojos cerrados para ponerse en contacto con la Madre Tierra, hacen rituales en los que se reúnen sólo mujeres a leer sus bobadas, se creen brujas y creen que eso las convierte en artistas. Mujeres que escriben porque les parece más emocionante escribir que cocinar, no porque tengan algo importante que decir o sepan escribir. Mis managers creen en mí y yo creo en ellos pero todavía necesito tiempo para dejar de escribir aquí para empezar a escribir allá sin el afán del aplauso inmediato y sin la risa eterna que me acompaña cada vez que me siento ante un teclado. Necesito la seriedad de las mujeres que admiro y espero de todo corazón que esa seriedad aparezca pronto porque necesito darle lo mejor de mí a mi clientela.

Mis managers me regañaron esta mañana como se regaña a una niña malcriada porque los dos creen que debería reconsiderar seguir perdiendo el tiempo aquí, seguir derrochando mi talento aquí para saciar el morbo de gente interesada en leer las bobadas que escribo aqui. Yo les dije que no puedo ponerme seria, que eso es imposible, que estoy acostumbrada a escribir muerta de la risa y que renunciar a Twitter no me llevó a Word sino que me desbocó en el blog.

A los dos les prometí que hoy empiezo a escribir mi libro, lo empecé de mala gana y mientras estaba en mi ritual de té me sentí dichosa porque descubrí que mi lucha contra la acumulación se manifiesta de forma contundente en la cocina. Completé cinco o seis meses sin comprar por comprar, jugar por jugar, beber por beber, escribir por escribir y me siento orgullosa por los alcances logrados hasta hoy.

Zygmunt Bauman y Byung-Chul Han

29 May

En 1985 descubrí a Fernando Vallejo y fue una especie de revelación porque reafirmó varias ideas en las que venía pensando a lo largo de la infancia: la madre no es una santa, casarse es un error, tener hijos es un mal negocio, los médicos no inspiran confianza, los profesores tampoco, Dios es una construcción mental…

Leyendo a Vallejo me reafirmé en mis propias creencias y soñaba con encontrar otro autor de literatura tan contundente, claro y divertido que me educara mientras me mata de la risa y hasta hoy vine a convencerme de que la literatura y la historia murieron y entonces podemos concluir que los profetas de finales del siglo XX acertaron en varios de sus pronósticos: los futuros visionarios serán los sociólogos-filósofos y la literatura, la historia, la familia y la nación dejaron de ser la Respuesta.

No es sencillo tomarse en serio a Bauman después de haber leído a Bourdieu y no es sencillo tomarse en serio a Han después de haber leído a Foucault pero es lo que nos trae el siglo XXI, un siglo que no se parece en nada al siglo XX, el siglo largo, pesado, serio, trascendental, comprometido y difícil de leer.

Los intelectuales del siglo XX eran para expertos, los del siglo XXI son para todos, como los libros de Fernando Vallejo. La pregunta preocupante sería:

¿Todos, la masa ignorante y superficial amante del reguetón y las divas de Instagram, gente que no distingue entre el arte y la basura, entre lo superficial y lo profundo, entre lo divertido y lo ordinario, masas de ignorantes educadas con el meme, el porno, el chiste fácil y las lecturas ligeras alcanzan a entender lo que quieren decir Vallejo, Bauman, Han y un poco antes Ernesto Sabato en La resistencia y Antes del fin?

Vallejo, Bauman, Han y Sabato escriben de forma sencilla, clara y contundente y sus libros podrían exhibirse en el mismo estante con los de Paulo Coehlo, Alejandro Jodorowski y Walter Riso. En el panorama más horripilante los libros de Vallejo, Bauman, Han, Sabato, Coehlo y Jodorowski podrían ser exhibidos al lado de los bodrios de Carolina Sanín, Amalia Andrade y Fat Pandora. En el Último Infierno se acomodarían los libros de feminismo pop, perreo y puterío como empoderamiento y empresariado del cuerpo a cargo de Catalina Ruiz-Navarro y Amarna Miller. Así de confuso es todo en este momento triste del mundo intelectual y el negocio del pensamiento.

Los tiempos cambiaron y las ciencias humanas dejaron de ser complejas para sumirse en el arte de la facilidad y la claridad. El elogio de la dificultad de Estanislao Zuleta dejó de tener sentido en este tiempo triste y es un hecho que pasamos de lo sólido a lo líquido y de los libros de setecientas páginas a los folletos de cien que se leen en un fin de semana o en el avión.

Bauman y Han no son pensadores de la teoría sino de la acción, más Han que Bauman y por eso cultiva su propio jardín para tener contacto con lo real, para experimentar la paciencia y la gratuidad. Los actos de Han son contundentes: no tiene teléfono móvil, no viaja, no tiene redes sociales y no trata a sus estudiantes como clientes. Bauman murió convencido de que las redes sociales son una marea de indignación que no soluciona nada, murió pensando en refugiados, desempleados, abandonados, vidas desperdiciadas, consumo despiadado y acumulación de objetos y de viajes; Han no sabe cuál es la Respuesta pero tiene claro que no está en las redes sociales, en el éxito, el afán, la velocidad, la competencia despiadada, la apariencia, la ostentación, los viajes ni en el trabajo excesivo y la ocupación eterna y sin sentido. Bauman piensa en el amor al estilo Erich Fromm y Han también; los dos piensan en la solidaridad con el vecino, el inmigrante o el abandonado y en la autenticidad como la única salida. Han y Bauman seguramente no leyeron los últimos libros de Ernesto Sabato y no recuerdan mucho la sabiduría de Erich Fromm y es mucho más contundente y está más desesperado Sabato que Fromm, en sus últimos libros se oye el grito de un viejo ciego arrepentido de todos sus errores y triste en medio de la incertidumbre; Sabato era el viejo sabio al que se le acabó el tiempo, el viejo que sufre porque sabe que vamos hacia el desastre, el desbarrancadero de Vallejo, lo sabía sin haber usado internet y sin haber visto lo que estamos viendo muertos de la risa ante la pantalla.

Twitter: el arte de revolcarse entre la mierda

28 May

Me acaban de ofrecer una cuenta con 24.000 seguidores para que regrese a Twitter y la respuesta contundente es:

¡No!

Una semana fuera de ese Bronx me tiene convencida de que estar allá es estar en las drogas y mi única droga es la lectura.

Espero escribir extensamente sobre lo que es Twitter después de haber perdido mi tiempo allá durante nueve años tratando de rehabilitar y educar a tanta gente enferma.

Pueden ofrecerme una cuenta con cien mil seguidores y la respuestas seguirá siendo ¡No! porque ver a Daniel Coronell, a Paloma Valencia, a Gustavo Petro, a Fabián Sanabria y a tanta otra gente con el rostro descompuesto gracias al abuso de la droga sin sustancia me sacó corriendo de ese lugar oscuro que tiene cautiva a tanta gente inocente, ignorante, convencida, engañada y seducida.

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