Tag Archives: Carolina Sanín

Corrección política y autocensura

16 Jul

En tiempos de desempleo escandaloso y de crisis general en todos los aspectos de la vida es imposible encontrar gente directa dispuesta a decir lo que de verdad piensa porque el miedo no les permite semejante lujo y privilegio aunque se trate de decir algo tonto y simple que todos sabemos pero no se puede decir porque estamos todos muy asustados y debemos parecer gente digna de ser contratada o lo suficientemente informada y consciente como para defender una Causa que nos abra puertas y amplíe nuestra lista de contactos de gente divinamente.

¿Carolina Sanín está buscando trabajo?

¿Por qué está tan desesperada y quiere demostrarnos que Petro es el que es?

Hay gente que hace dos meses era indiferente ante la política, después eran de izquierda, de centro o de derecha y ahora son de centro y van a votar por el candidato de derecha aunque se suponía que el centro está más cerca de la izquierda pero, bueno. Así es el Nuevo Mundo, todo cambia muy rápido.

Es tendencia ser de izquierda y nuestra Carolina Sanín es la nueva líder de la manada mamerta. Está de moda ser de izquierda como en otro tiempo estuvo de moda fumar marihuana, andar con mochila y sandalias o ser gay, bisexual o amante de los animales sin mucha convicción sino porque estaba de moda, porque era tendencia entre la gente sensible y buena.

El fanatismo de Caro hacia Petro ha desencadenado fanatismo hacia ella porque la pasión desencadena más pasión: si ella lo adora a él yo la adoro a ella y olvido toda su tontería acumulada durante años. No importa que la niña mimada y malcriada de más de cuarenta años siga posando de profesora autoritaria en programas de televisión con gente de derecha que parecía de centro, esa actitud no nos saca de la modorra a los nuevos súbditos de la nueva mamerta porque definitivamente es cierto que Gustavo Petro es tratado como un Mesías y yo también lo adoro y soy ciega y sorda y se observa mejor el asunto cuando se leen cuentas de gente que dice ser de izquierda, de derecha y de centro.

Ante un paisaje tan enrarecido y convencida de que la política es la filosofía y el arte de los tontos, viendo a Las feministas luchando por demostrar quién convoca más mamertos llego a la conclusión de siempre: lo que de verdad vale la pena es la literatura y la lectura, la política nos deja ver la faceta más infantil de los seres humanos y en estas elecciones ha sido tanto lo que hemos visto que no estamos seguros de si como dicen los verdaderos sabios: a veces es mejor no saber, no reconocer, no llegar al fondo de las cosas y no ver la verdad revelada de la gente que pensábamos que era inteligente y resultó ser la más tonta de las tontas o de la gente tonta que resultó ser más tonta de lo que habíamos imaginado.

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La política: arte y filosofía de los tontos

16 Jul

Cualquiera que haya leído con juicio a los Artistas y a los Sabios sabe que las almas más grandes y las inteligencias más puras reniegan de la política porque todos los políticos son más o menos la misma persona ávida de poder y dispuesta a todo por conseguirlo y para conservarlo, gente a la que le parece muy emocionante tener súbditos a los que prometerá exactamente aquello que no puede cumplir: el cambio

No hay nada más tonto que prometer el cambio porque el cambio casi siempre ocurre entre un siglo y otro y no en periodos de cuatro años. La gente lo sabe, el político lo sabe, pero partidarios y políticos seducen con La palabra y todos terminan creyendo que las falsas promesas se pueden cumplir y cada cuatro años les vuelven a mentir y cada cuatro años vuelven a creer y todos los políticos mienten y pocos cumplen y el entusiasmo sigue intacto a pesar de las promesas.

¿La Naturaleza Humana está hecha de tontería?

La pregunta que debemos hacernos cada vez que pensamos en política es simple:

¿Por qué el ser humano es tan inocente y permite que le mientan una y otra vez?

Y después de hacernos esa pregunta debemos hacernos una pregunta todavía más importante para sentirnos un poco menos tontos que los politólogos:

¿Por qué hay gente que paga millones por estudiar Ciencias Políticas y luego creen que nos educan en las artes del Misterio y nos enseñan a Pensar en las redes sociales?

Pensemos en Sara Tufano, por ejemplo.

Pensemos en el entusiasmo de Carolina Sanín y Luciana Cadahia y su forma chic de hacer política al lado de sus chicos inteligentes pero sin talento, chicos despabilados que quieren ascender intelectualmente y posicionarse como Grandes Figuras de la Filosofía y las Letras pegados a la campaña ¡Petro Presidente!

¡No hay derecho!

¿De dónde salieron estos nuevos payasos?

Así dan ganar de vomitar ante la simple idea de volver a entusiasmarse con La política, con un político, el político del amor que vino a salvar el planeta.

Deleuze y Olímpica Estéreo -a propósito del humor involuntario de Catalina Ruiz-Navarro

15 Ene

Han pasado más de cuatro meses después de que se comprobó el plagio de Catalina Ruiz-Navarro en su trabajo de grado en la Universidad Javeriana para pontificar como filósofa y a medida que pasa el tiempo se vuelve más divertida la historia porque se han agregado nuevos ingredientes que han hecho devenir a Cata en cómica, el sueño frustrado de Carolina Sanín.

El pronunciamiento de Mario Jursich en Facebook dinamizó la historia porque muchas personas consideraron que si alguien como él se pronuncia sobre los 53 pares de comillas que faltan a lo largo de cuarenta páginas entonces debemos empezar a hablar en serio del asunto porque dejó de ser la intriga de una señora chismosa y envidiosa, es decir yo, y se convirtió en un asunto que a todos nos debe indignar y debemos tratar de forma seria, con altura.

Llevamos dos semanas de indignación y creo que sirvió de algo porque se pronunciaron dos grandes personalidades de los medios que minimizaron el plagio de Catalina y exaltaron sus cualidades humanas, su simpatía, su actitud de mujer moderna y su espíritu frentero. Fidel Cano Correa (director de El Espectador) considera que un plagio viejo -de hace diez años- es una especie de travesura de Cata, que debemos olvidar y perdonar porque era joven e inexperta. Eso es lo que da a entender y remata diciendo que aunque no es una intelectual rigurosa a él le gusta su estilo y no la va a castigar.

Luego Matador (caricaturista de El Tiempo), la defendió con estas palabras: Apoyo a @catalinapordios escribe bien y tiene criterio. Acusarla de plagio desde un portal web, es una celada rastrera.

Fidel Cano y Matador no ven el plagio como delito, deshonestidad intelectual y falta de ética sino como una tontería sin importancia y la pregunta que nos hacemos quienes observamos desde la barrera es por qué los hombres poderosos del periodismo protegen y defienden a Catalina Ruiz-Navarro de forma condescendiente, como en actitud de hermanos mayores y si esa actitud no entra en contradicción con el hecho de que ella se presente como feminista empoderada, autónoma e independiente.

También apareció un psiquiatra no tan reconocido y considera que quienes le piden explicaciones a Catalina Ruiz-Navarro tienen un problema de narcisismo, están enfermos y la atacan por su condición de mujer.

De la revista Arcadia le enviaron una entrevista a Catalina Ruiz-Navarro y @jmalaparte tuvo la gentileza de sintetizarla para nosotros y nuestra risa involuntaria:

Le preguntamos a Catalina por el plagio.

–¿Usted no plagió, verdad?

–No.

–¿Nunca se le ocurriría eso?

–No.

–¿No poner comillas ni citar no es plagio?

–No.

–¿Fue un descuido?

–Si.

–¿La atacan por feminista?

–Sí.

–Gracias por aclarar las cosas.

–Gracias por aclarar las cosas.

Y otro tuitero descubrió un nuevo talento en la feminista de moda: Qué ternura: @catalinapordios modifica su acento en función de su público. Antier era chilanga, ayer gomela bogotana, hoy costeña. Por fin entendí el concepto del feminismo pop.

Hoy Catalina publicó su columna de El Espectador y descubrimos que le fascina oír Olímpica Estéreo y entonces nos imaginamos a Deleuze saltando de su tumba no precisamente para perrear con la feminista sino ante el asombro de lo que terminaron haciendo con sus libros.

En Colombia no hay escritoras

19 Dic

Carolina Sanín no tiene talento, sentido del humor ni gracia pero se empeña en ser reconocida como una de las grandes escritoras colombianas del Nuevo Milenio. Posa de feminista irreverente, sueña con que es la fusión entre Quevedo y Fernando Vallejo, se toma por la mejor copia de las humoristas norteamericanas a las que tanto imita con logros bastante lamentables -porque Carolina no nació con la vis comica– y aunque quiera renegar de su clase se siente cómoda en su condición privilegiada. Con esos antecedentes es imposible hacer arte, feminismo, humor o cualquier objetivo que se proponga en la vida.

Cada cierto tiempo Carolina arma un escándalo y logra su objetivo: trascender Facebook y crear alboroto a partir de una tontería y esas actitudes de niña mimada siempre arrastran a seres inocentes bien sea porque atenta contra instituciones prestigiosas o porque al querer hacer el bien termina haciendo el mal y cae la máscara de algún impostor. Con la última travesura intelectual de Carolina Sanín fueron varias las damnificadas, todas mujeres, claro, y no precisamente porque el heteropatriarcado haya querido prescindir de mujeres en un tonto evento en París (ese fue el origen de todos los males) sino porque gracias al show de más de cincuenta mujeres que no saben escribir -incluida Carolina- descubrimos que en Colombia no hay escritoras consagradas como Gabriel García Márquez o Fernando Vallejo y que estamos muy mal de crítica literaria y de aproximaciones feministas a apuestas estéticas cuando son abordadas por mujeres. No hay escritoras, no hay críticas y el feminismo está en manos de Carolina Sanín y Catalina Ruiz-Navarro. El panorama no puede ser más desolador.

Carolina no quiere ni respeta a Catalina pero Catalina cometió la torpeza de seguirle el juego a Carolina y escribió una columna “demoledora” contra García Márquez que ha sido objeto de análisis por parte varios críticos hombres, ninguna mujer. ¿Dónde están las críticas colombianas?

El mandato de Carolina Sanín fue contundente: si hay diez hombres en París el Ministerio está obligado a encontrar a las mujeres, a las escritoras colombianas. Y entonces las mujeres empoderadas empezaron a buscarlas y terminaron encontrando a las modelos SoHo que ya pasaron de moda por viejas y gastadas, porque ya fueron a todas las ferias y fiestas del cuerpo y están agotadas. Encontraron a las escritoras consagradas que no alcanzan el nivel de los hombres y siguieron buscando para hacer una gran lista de mujeres que escriben y las listas no son muy extensas, son listas cortas y son tan escasas nuestras maestras de las letras que terminó colada en los listados hasta Estefanía Uribe Wolff. El panorama no puede ser más desolador.

De lista en lista y de Manifiesto en Manifiesto hasta los señoritos Ricardo Silva Romero y Juan Esteban Constaín trataron de alzar un poco la voz y parecer un poco indignados y acompañaron a las exmodelos y a otras mujeres a decir en tono de reproche: ¡En Colombia sí hay escritoras!

De este lamentable circo llamado Cultura Colombiana hay algo que podemos rescatar: por fin los lectores expertos y el público en general están empezando a notar que Catalina Ruiz-Navarro pasó por la universidad pero no fue tocada por el mundo académico y su feminismo y empoderamiento son tan frágiles que se pueden desbaratar en dos columnas. Esa es la noticia positiva.

Carolina Sanín y el peligro de dejarse devorar por el mundo virtual

21 Ene

Me he ocupado de Carolina Sanín desde hace siete años, supe de su existencia en Twitter y a partir de ese momento le he hecho seguimiento a su carrera, a sus actitudes y a su apuesta  estética porque es feminista y porque está interesada en la literatura, como yo. No la sigo porque esté obsesionada con ella, la envidie o la odie sino porque es perfecta para pensar en temas de mi total interés como lo son el campo literario, los intelectuales colombianos, la literatura del futuro  y especialmente internet, cómo se puede afectar la vida personal y laboral cuando los usuarios no son hábiles para navegar en estos mundos en los que no se sabe en qué momento la persona se convierte en personaje y el personaje termina arruinando la vida del sujeto, la vida privada de la persona de carne y hueso que sufre y llora, que siente miedo con todo su cuerpo y  no sabe cómo encaminar de nuevo esa vida real que ha sido tragada por el personaje virtual.

Lo que en algún momento parecía tener forma se desfiguró por completo porque teniéndolo todo (capital social, intelectual, económico, cultural y simbólico) Carolina Sanín asumió la actitud de una joven inocente que no tiene nada sino apenas una cuenta en Twitter o en Facebook y se lanza con furia al vacío con un propósito bien definido: volverse famosa, influencer, emprendedora, empresaria, conseguir novio rico o de la farándula, convertirse en actriz porno siendo periodista, etcétera. La joven inocente y arriesgada apuesta y gana o no gana, si pierde no pierde nada puesto que no tiene nada que perder, no  tiene capital y por eso es arriesgada y pendenciera; hará el ridículo durante una o dos semanas y luego aparecerá la apostadora de turno, la protagonista del nuevo show mediático. Una persona como Carolina Sanín no necesitaba jugar en las redes sociales de esa forma y mucho menos en Facebook, donde la ignorancia, el fanatismo, la zalamería y la desinformación son ley.

Carolina Sanín en muy poco tiempo parece haber acabado con la obra que había construido, con su formación profesional y su desempeño laboral. Terminó poniéndose en contra de la universidad de la que es egresada y de la que luego fue profesora. Eso se llama desde la teoría del campo no saber jugar, no saber mover las fichas, no saber apostar, jugar de forma torpe. Y toda una suma de errores no es más que el fruto de haber sentido que podía ejercer más poder desde un tonto perfil de Facebook que desde el mundo real. Sintió que sus fans y los cientos de mensajes zalameros que recibe cada día tenían más valor que lo que había cosechado en el mundo real, en la realidad ajena a las redes sociales.

Como experta en lectura y escritura en redes sociales cuál es mi consejo para no caer en estos límites absurdos:

Cuando sienta que su vida virtual es más relevante que su vida real, que la gente de carne y hueso y su propio cuerpo, cuando su personaje virtual empiece a ser más importante que el cuerpo que usted habita y ese personaje empiece a afectar de forma negativa su vida real y sus relaciones con otros seres humanos en diferentes entornos, lo mejor es desaparecer de una vez y para siempre de todas las redes sociales, hacer de cuenta que no existen. Muchas personas en el mundo viven perfectamente sin redes sociales.

Cuando sienta que su personaje en internet es más fuerte que usted como persona, como ser humano de carne y hueso que disfruta comiendo, bebiendo, durmiendo, caminando, trabajando y compartiendo la vida con otros seres humanos, lo mejor es desaparecer de las redes sociales de una vez y para siempre, no pensarlo tanto, no seguir arruinando la vida.

Internet produce adicción física y psicológica y puede ser más peligroso que el bazuco, arruina vidas y el usuario debe estar siempre alerta. En este mundo negro donde la persona deja de ser relevante para darle todo el poder al personaje puede caer el niño de siete años y la profesional mayor de cuarenta, no es un asunto simple y no debe ser tratado con ligereza.

Carolina Sanín matoneada

4 Nov

Una persona demasiado llena de sí misma no puede tener buen sentido del humor, una escritora que insulta sin compasión desde una red social no puede esperar se tratada con dulzura cada vez que agrede a una persona o a un grupo de personas con un español digno de una vendedora de fritanga; debe estar dispuesta a recibir todo tipo de burlas y asumir que en las redes sociales las reglas del juego no se corresponden con las de la realidad real, aquí no existen títulos ni dignidades. No puede esperar que después de insultar a los estudiantes de la Universidad de los Andes en Facebook la feliciten por ser sincera, irreverente, contestataria, amiga de la verdad y le den un premio de periodismo de inmersión o de literatura de autoficción.

Si a un grupo de estudiantes en un espacio real les da por jugar cartas encima de una mesita la profesora no tiene ninguna autoridad para escribir en Facebook que preferiría verlos robando o consumiendo drogas.

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Esos juicios no son una broma y lo más natural es que a una agresión se responda con más agresiones y con un meme.

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Carolina Sanín ha creado un personaje grotesco en Facebook y en YouTube, la versión de una mujer altanera que insulta sin compasión y sin mesura en un español no precisamente digno de una profesora de literatura de la Universidad de los Andes. Ese personaje grotesco se hunde en la exposición de temas banales tratados con profundidad y en temas serios tratados con ligereza y cada cierto tiempo logra que sus pataletas virtuales en Facebook lleguen a Twitter, después a los medios y después al despacho del rector de la Universidad de los Andes.

El último gran escándalo ha causado más revuelo que todos los anteriores, se han manifestado varios columnistas en diferentes medios, hay cartas firmadas por profesores indignados que no saben cómo funcionan las redes sociales, hay columnas de estudiantes denunciando que la Universidad de los Andes se convirtió en un negocio rentable y que en el claustro hay o ha habido profesores abusadores que encierran niñas menores de veinte años en los salones no precisamente para discutir asuntos relacionados con crítica literaria.

Hay quienes se ponen de parte de la víctima (por ser mujer) y hay quienes se burlan sin compasión de la profesora-escritora ávida de fama, de premios y de reconocimiento que aspira a ser la versión moderna de Quevedo y termina recordándonos a Nicolás Arrieta-; lo que ella llama humor es la peor representación del mal gusto y en su cadena de insultos terminó damnificado hasta el pobre  Héctor Abad Faciolince.

Carolina Sanín quiere formar parte del campo literario, quiere ser la versión femenina de Fernando Vallejo y sueña con escribir un libro como El olvido que seremos, éxito indiscutible en ventas. Intenta ser la fusión de Vallejo y Abad y su fórmula la ha llevado a ponerse al lado de figuras tan lamentables como Catalina Ruiz-Navarro y Virginia Mayer, que  se solidarizaron con ella.

¿Qué pasa con Carolina Sanín?

¿Por qué deshonra el apellido del abuelo?

¿Por qué le cuesta tanto trabajo entender que la realidad virtual y la realidad son mundos diferentes?

¿No es preocupante que quienes estén poniendo en aprietos a las directivas de las universidades por hacer mal uso de las redes sociales y mezclarlas con entornos laborales sean los profesores y no los estudiantes?

¿Qué sentido tiene que una profesora universitaria matonee a los estudiantes desde una red social y luego se ponga en el papel de víctima cuando los agredidos responden con un meme y luego con otro?

¿Es el fin de la civilización?

¿Me volverán a amenazar de muerte o con ácido por tratar estos temas tan sensibles en este humilde blog?

¿Cuál será la próxima pataleta de Carolina Sanín?

¿Los viajes, el estudio y los apellidos ilustres no sirven para nada?

¿Por qué Carolina Sanín no es graciosa?

14 May

Carolina Sanín se presenta como una mujer divertida ante su público y asume que es la maestra del humor negro y la ironía (partamos del siguiente principio: el humor no se explica y, además, su público está en Facebook). Dice sin vergüenza que la verdad duele y que ella dice la verdad y para ella decir la verdad es hablar de los lugares comunes más manoseados usando palabras dignas de un mecánico de motos borracho después de haber ingerido muchas cervezas Poker en una tienda de borrachos tristes de barrio popular de la peor calaña, de esos que ella seguramente no conoce porque es una señora muy distinguida que no se junta con la chusma.

Ella dice que su humor es fino y que nosotros no lo entendemos porque somos provincianos. Asume que su humor es una mezcla del mejor humor inglés y norteamericano y que a nosotros nos falta mundo y formación académica para comprenderlo. No entendemos sus chistes porque no estamos a su altura, no somos dignos de su inteligencia y creatividad desbordante.

Carolina Sanín debería repasar las ideas fundamentales sobre lo que significa la verdad y sobre el miedo natural a enunciarla porque puede ser peligroso. Que lo digan Sócrates, Sade, Flaubert, Baudelaire y yo. Tuve que autocensurarme porque me amenazaron de muerte, con ácido, me suspendieron la cuenta de Twitter, inventaron todo tipo de mentiras y calumnias para enlodar ni nombre y mi honra por el simple hecho de haber dicho algunas pequeñas verdades, por ejemplo, sobre Carolina Sanín y sobre otras estrellitas del mundo de la farándula y de la alta intelectualidad colombiana. Ricardo Silva Romero es intocable, eso ya lo sé, es el niño mimado de los medios y de algunas universidades. Doña Marianne Ponsford se indignó cuando leyó una breve remembranza que escribí hace un tiempo sobre su adorada Margarita Posada. Quienes dicen la verdad se exponen al odio de la masa y que yo sepa a Carolina Sanín nadie la odia, la ven como a una señora ridícula y sobreactuada convencida de que es chistosa cuando sólo es sería, amargada, arrogante, sin sentido del humor y víctima del autoengaño. Eso la convierte en un ser patético.

Carolina Sanín debería hacerse el favor de  leer, por ejemplo, a Nietzsche y a Étienne de La Boétie para que aprenda a distinguir la verdad de la grosería y la vulgaridad, que es lo que ella practica. Debería tomarse el trabajo de leer “Sobre verdad y mentira en sentido extramoral” y “Sobre la servidumbre voluntaria” y reflexionar profundamente y con humildad sobre el hecho de si vale la pena seguir exponiéndose al ridículo de forma deliberada en Facebook y en YouTube.

El gran error de nuestra señora mayor de cuarenta años que asume la actitud de una niña mimada y malcriada -una humorista que no hace reír sino que da pena ajena en su papel de irreverente-es que parece no conocer las cualidades del humor y la ironía. Para que entienda de una vez por todas y para siempre en qué consiste este bello arte vamos a explicarle brevemente y de forma clara (1,2,3,4…) en qué consiste y por qué se requiere no sólo el deseo de hacer reír sino que también hay que contar con algunas cualidades escasas en ella y abundantes en mí: libertad, convencimiento, honestidad, inteligencia, estilo y creatividad, cualidades que nuestra señora de alcurnia no posee, entre otras cosas, porque no se ha untado de pueblo y porque cree que la verdad está en los libros y sólo es chistoso lo que le causa gracia a ella y a su perra salchicha, animal con el que come en el mismo plato y con el que comparte el lecho. ¡Qué asco!

Mientras explico en qué consiste el arte de hacer reír al inteligente y llorar al tonto daré ejemplos detallados para que el lector comprenda por qué la feminista más ofendida de Colombia, la señora indignada que cree que todos la odian sólo porque es mujer, no es una señora graciosa sino una señora seria, afectada, convencida, amargada y engañada. Se empeña en ser divertida y logra el efecto contrario.

  1. Carolina Sanín no posee la vis comica, está poseída por la indignación y un feminismo malsano, el que suele envenenar a tantas mujeres:

Quien por ejemplo sepa dejar en ridículo a un hipócrita, también podrá aplastarlo con su indignación. En cambio, el que quiera emplear la indignación y no posea la correspondiente vis comica sucumbirá fácilmente a la declamación y resultará cómico él mismo. Soren Kierkegaard.

2. Carolina Sanín no sabe reír, está demasiado llena de ella misma. Aunque parezca convencida no está segura de su propia valía y de su propio poder, es una señora indignada que gruñe y se muerde a sí misma porque está muy ofendida:

Si el crítico gruñe o no sonríe es porque todavía no hay apropiación cabal de posición dominante o simplemente el portador del rostro -la máscara, la personalidad- no ha descubierto los beneficios que aporta el hecho de desplegar una amplia sonrisa. El hombre indignado, y todo aquel que con sus propios dientes se despedaza y se desgarra a sí mismo (o, en sustitución de sí mismo, al mundo, a Dios, o a la sociedad), ése quizá sea superior, según el cálculo de la moral, al sátiro reidor y autosatisfecho, pero en todos los demás sentidos es el caso más habitual, más indiferente, menos instructivo. Y nadie miente tanto como el indignado. Nietzsche.

3. Carolina Sanín es una señora seria y amargada:

El humor es una herramienta crítica de gran eficacia, manifestación de grandeza que pareciera revelar que en última instancia todo es absurdo y por lo tanto la mejor alternativa consiste en reír, es una afirmación de dignidad, declaración de superioridad ante los acontecimientos. Carecer de humor es carecer de humildad, es estar demasiado lleno de uno mismo. Elsy Rosas Crespo.

4. Carolina Sanín es muy trascendental:

El sentido del humor es el término medio entre frivolidad y seriedad: para el frívolo nada tiene sentido, para el serio todo es trascendente. El frívolo se ríe siempre, es insípido y molesto, no se preocupa por evitar herir a otros con sus comentarios, para el serio todo es profundo. El serio confía en que el camino que recorre lo conducirá hacia el lugar con el que sueña, cree que podrá descubrir algo nuevo sobre la faz de la tierra y suele concebirse como centro y fin del universo aunque no lo manifieste. Elsy Rosas Crespo.

5. ¿A qué aspira un sátiro reidor y autosatisfecho? Al sueño de Baudelaire:

Una amplia sonrisa en un hermoso rostro de gigante.

Lo que existe de embriagador en el mal gusto es el placer aristocrático de disgustar. Pero hay que disgustar a los grandes, a los poderosos, a tus amigos y colegas, querida Carolina, no a la gente que comenta tus chistes malos y tus insultos llenos de insolencia y mala educación en Facebook.