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Escritura académica 2017

14 Ene

Después de haber escrito sin parar durante más de veinte años llegué a la siguiente conclusión: el terreno en el que mejor me desempeño es en el de la escritura académica, ensayos sobre teoría y crítica literaria.

En 1996 empecé a escribir ensayos académicos, veinte ensayos a través de los cuales traté de dar respuesta a los grandes interrogantes que me obsesionaban en ese tiempo en relación con la literatura, la teoría y la crítica literaria, el amor, la melancolía, la risa, la lectura, la escritura y la interpretación de textos. Esos ensayos terminaron de publicarse en 2004 y el gran problema tiene que ver ahora con el hecho de que me quedé sin preguntas siendo aún muy joven y entonces no tengo tema de investigación. Hay otros temas que me interesan, claro, pero lo mío tiene que ser una obsesión, una pregunta que me desvele y me afecte la vida. Esos temas dejaron de existir hace mucho tiempo, leo por placer pero no estoy buscando respuestas, las encontré todas antes de haber cumplido treinta años; a esas respuestas me acojo y todavía no me han defraudado.Vivo una buena vida pero me encanta escribir, ese es mi dilema. Mi escritura tiene que ser honesta, no está a la venta ni es para fortalecer el ego, es por el simple placer de ver cómo se van organizando las frases en la pantalla, sincronización total entre dedos y ojos, es decir, placer neuronal. Me gusta darle placer a mi cerebro y lo que más lo satisface es la escritura. No lo creo, lo sé.

Fui bloguera durante diez años y creo que fue ahí, aquí, donde perdí rigurosidad y profundidad; me acostumbré a escribir en tiempo real y ahora Word parece retrógrado, una máquina de escribir manual en tiempos de DOS; mi cerebro se ha modificado, lo que lo emociona hasta el límite es ver como empiezo un texto, lo termino y lo publico ese mismo día, es decir, hoy, mañana es demasiado tarde, ese es el límite del placer cerebral. Si empiezo un texto en Word y lo reviso mañana a mi cerebro le parecerá un texto muerto, he  intentado escribir con calma, puliendo el estilo, tratando de llevarlo al límite, he intentado volver a ser la gran erudita más de diez veces en los últimos cinco años y siempre termino desechando el texto porque me parece un texto sin vida. La escritura en tiempo real termina convertida en arma de doble filo: produce adrenalina pero nos hace sentir culpables y sin compromiso como intelectuales, dolorosamente superficiales.

Sospecho que mi tragedia es una tragedia compartida por personas que escribieron y publicaron antes y después de internet, antes de las redes sociales, YouTube y WhatsApp. Vivimos el día a día y los días se esfuman de forma asombrosa, pasamos el día entero chateando y muertos de la risa leyendo las estupideces que la gente escribe en Twitter, siendo testigo de las olas de indignación de un día.

¿Cuál es el destino de la escritura académica? ¿Muertos casi todos los intelectules del siglo XX debemos acostumbrarnos a la falta de profundidad, a que los grandes temas sean abordados de la forma en que se abordan en las redes sociales?

Este año decidí no volver a comprar libros y eso también es preocupante. Tomé la decisión porque comprar libros se me ha convertido en un vicio y una enfermedad. Compro cien y leo veinte y luego los regalo o los tiro a la basura.

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Carolina Sanín matoneada

4 Nov

Una persona demasiado llena de sí misma no puede tener buen sentido del humor, una escritora que insulta sin compasión desde una red social no puede esperar se tratada con dulzura cada vez que agrede a una persona o a un grupo de personas con un español digno de una vendedora de fritanga; debe estar dispuesta a recibir todo tipo de burlas y asumir que en las redes sociales las reglas del juego no se corresponden con las de la realidad real, aquí no existen títulos ni dignidades. No puede esperar que después de insultar a los estudiantes de la Universidad de los Andes en Facebook la feliciten por ser sincera, irreverente, contestataria, amiga de la verdad y le den un premio de periodismo de inmersión o de literatura de autoficción.

Si a un grupo de estudiantes en un espacio real les da por jugar cartas encima de una mesita la profesora no tiene ninguna autoridad para escribir en Facebook que preferiría verlos robando o consumiendo drogas.

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Esos juicios no son una broma y lo más natural es que a una agresión se responda con más agresiones y con un meme.

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Carolina Sanín ha creado un personaje grotesco en Facebook y en YouTube, la versión de una mujer altanera que insulta sin compasión y sin mesura en un español no precisamente digno de una profesora de literatura de la Universidad de los Andes. Ese personaje grotesco se hunde en la exposición de temas banales tratados con profundidad y en temas serios tratados con ligereza y cada cierto tiempo logra que sus pataletas virtuales en Facebook lleguen a Twitter, después a los medios y después al despacho del rector de la Universidad de los Andes.

El último gran escándalo ha causado más revuelo que todos los anteriores, se han manifestado varios columnistas en diferentes medios, hay cartas firmadas por profesores indignados que no saben cómo funcionan las redes sociales, hay columnas de estudiantes denunciando que la Universidad de los Andes se convirtió en un negocio rentable y que en el claustro hay o ha habido profesores abusadores que encierran niñas menores de veinte años en los salones no precisamente para discutir asuntos relacionados con crítica literaria.

Hay quienes se ponen de parte de la víctima (por ser mujer) y hay quienes se burlan sin compasión de la profesora-escritora ávida de fama, de premios y de reconocimiento que aspira a ser la versión moderna de Quevedo y termina recordándonos a Nicolás Arrieta-; lo que ella llama humor es la peor representación del mal gusto y en su cadena de insultos terminó damnificado hasta el pobre  Héctor Abad Faciolince.

Carolina Sanín quiere formar parte del campo literario, quiere ser la versión femenina de Fernando Vallejo y sueña con escribir un libro como El olvido que seremos, éxito indiscutible en ventas. Intenta ser la fusión de Vallejo y Abad y su fórmula la ha llevado a ponerse al lado de figuras tan lamentables como Catalina Ruiz-Navarro y Virginia Mayer, que  se solidarizaron con ella.

¿Qué pasa con Carolina Sanín?

¿Por qué deshonra el apellido del abuelo?

¿Por qué le cuesta tanto trabajo entender que la realidad virtual y la realidad son mundos diferentes?

¿No es preocupante que quienes estén poniendo en aprietos a las directivas de las universidades por hacer mal uso de las redes sociales y mezclarlas con entornos laborales sean los profesores y no los estudiantes?

¿Qué sentido tiene que una profesora universitaria matonee a los estudiantes desde una red social y luego se ponga en el papel de víctima cuando los agredidos responden con un meme y luego con otro?

¿Es el fin de la civilización?

¿Me volverán a amenazar de muerte o con ácido por tratar estos temas tan sensibles en este humilde blog?

¿Cuál será la próxima pataleta de Carolina Sanín?

¿Los viajes, el estudio y los apellidos ilustres no sirven para nada?

Creo que te pasa en Twitter

31 Ago

De nuevo un comentario digno de ser convertido en post, a cargo de “Otro estudiante de Lucas Ospina”:

Iré un paso más allá de lo que dices: es incomprensible un mundo donde un joven estudiante se burla de la “cara roja” del artista suicida aplastada contra el piso y un profesor no encuentra nada mejor que llamar esto una pieza del rompecabezas. Todo esto me tiene muy afectado Elsy. Ante tanta insensibilidad qué sentido tendría levantar mi voz y decir lo que realmente siento? Reconozco también que en un mes seré parte de una exposición que no quiero ver rodeada por la polémica de un enfrentamiento contra Ospina. Me horroriza que en mi Universidad haya “escuadrones de la muerte”. Piensa en el ataque a mansalva a Luis Colmenares. Alguno de esos jóvenes también podría escribir una carta similar contando cómo ese negro guajiro pedía clemencia antes de darle el golpe final. Todos esos que forman clanes para aplastar al que piensa o vive diferente, como creo que te pasa en Twitter. No comentaré más Elsy, siento ya que germina una nueva obra para expresar el dolor que me causa tanta vileza humana. Sigue tú adelante.

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Marketing y feminismo

19 Ago

Me han amenazado de muerte y de ataque con ácido ¿por ocuparme de feministas tipo Catalina Ruiz-Navarro y Carolina Sanín?

¡No hay derecho!

Me han amenazado de muerte y de ataque con ácido ¿por ocuparme de rebeldes tipo Virginia Mayer?

¡No hay derecho!

Me han amenazado de muerte y de ataque con ácido ¿por ocuparme de emprendedoras tipo Catalina Alba, Diana Marcela Ariza y Sandra Súarez?

¡No hay derecho!

Me han amenazado de muerte y de ataque con ácido ¿por ocuparme de intelectuales tipo Katherine Ríos?

¡No hay derecho!

Las amenazas de muerte y de ataque con ácido siempre han sido anónimas, claro (estamos en Colombia)  y para mí es imposible saber cuál de las víctimas de mi supuesta muy variada y mucha maldad ha decidido tomar medidas en contra mía. Tal vez sea un simpatizante de una de las damas, una especie de justiciera que no soporta la libertad de expresión en un país en el que es prohibido dar opiniones sobre gente que expone su vida privada en público y aspira a convertirse en modelo, en mujeres dignas de respeto y admiración aunque no lo sean.

Todas las mujeres de las que me he ocupado en este blog exponen sus dotes o sus atributos en las redes sociales o en las revistas de farándula y lo que he hecho siempre es dar mi opinión sobre sus apuestas, sus estrategias, sus juegos, sus tomas de posición, su habitus, su posición en el campo. ¿Es tan difícil entender que me eduqué en la sociología del arte y que mi maestro indiscutible es Pierre Bourdieu? ¿Es tan difícil  entender que lo que puede ser interpretado como ataque personal a unas dulces e inocentes mujeres es una toma de posición intelectual que yo asumo ante lo que esas mujeres representan en un contexto particular?

Si me he ocupado de estas respetables damas es porque ellas encarnan los sueños, deseos y frustraciones de muchas mujeres. Mi intención nunca ha sido atacarlas a ellas sino lo que ellas representan.

¿Por qué vuelvo a escribir sobre “divas” si la última vez me advirtieron que el ataque con ácido sería efectivo si volvía a vulnerar los derechos de tan respetables damiselas?

Porque soy así, arriesgada. Porque si no escribo reviento, porque me gusta ejercer mi derecho a opinar en un país que presume de democrático aunque no lo sea. Se supone que las opiniones, que la escritura, es eso, escritura, y que quien escribe merece seguir viviendo a pesar de lo que haya escrito. Las palabras no son balas ni cuchillos y no deben ser recibidas con balas ni con cuchillos sino con otras palabras.

Yo esperaría palabras contra mis palabras, no amenazas de muerte ni ataques con ácido.

Sin más preámbulos pasemos a analizar este esperpento que encontré sin buscarlo. La autora es Catalina Ruiz-Navarro.

El título de este post es “Marketing y feminismo” porque nuestra feminista estrella es la mujer que mejor encarna la idea de que todos somos objetos de consumo, de que todos nos construimos no precisamente como sujetos sino como personas que han sido puestas a la venta en el mercado de la carne sin que lo sepamos. Yo lo sé, la casta Catalina no lo sabe, ella siente que crea su propio estilo en un mundo en el que la publicidad nos impone los estándares de belleza, libertad, estilo y sensualidad. Esta fotografía que la bella Catalina comparte con sus lectoras feministas podría ser perfectamente usada en un anuncio publicitario de toallas higiénicas, alimento para mascotas o planes turísticos. Ella jura que ha sido la artífice de tan bella obra de arte y nos dice que una mujer inteligente puede usar bikini, pintarse la boca de rojo y ser filósofa, que una cosa no riñe con la otra.

Ella es una feminista fuera de serie porque no parece hombre, porque no es una machorra.

descarga (1) La publicidad y el marketing empaquetan a las personas para que crean que se construyen como sujetos cuando en realidad forman parte de un grupo específico, de un paquete de personas que se venden como productos a sí mismos en las redes sociales y que los expertos en marketing no dudan en organizar para ofrecerles luego productos y servicios cuidadosamente diseñados para satisfacer la fase emocional, intelectual o espiritual por la que el empaquetado está pasando; los paquetes de productos y servicios son cuidadosamente diseñados para ellos, para crearles la ilusión de que son libres, de que seleccionan, de que se construyen y, es, sin duda, la mujer, una mujer como Catalina Ruiz-Navarro (mujer que en esta fase ha decidido etiquetarse como feminista filósofa inteligente maquillada y con bikini), una mujer que a los 33 años ha dejado de sentirse vieja y fea.

Cuando Catalina cumplió treinta entró en crisis y sentía que había quedado fuera del mercado de la carne, a los 33 siente que ha vuelto a renacer y el mercado le ofrece productos y servicios hechos a la medida de sus deseos y requerimientos. Cuando Catalina cumpla 40, 50, 60, 70, 80 y 90 soñará con ser otras mujeres y siempre habrá un paquete para ella, para hacerla sentir en su mejor momento. ¡Así funciona el asunto! No somos sujetos libres, ahora mucho menos que en los tiempos del casto Sartre.

La mujer-objeto perfecto para ser modelado- para ser todas las mujeres con las que pueda llegar a soñar. ¡En eso va el feminismo! Catalina es la mujer perfecta para formar parte de un paquete de mujeres como ella a las que se les crea un mundo hecho a su medida para hacerlas vivir en la ilusión de que ellas deciden, de que ellas escogen, de que ellas construyen su propio estilo, su modelo, no según las estrategias del mercado sino según sus propias elecciones.

La publicidad y el marketing saben que nadie como las mujeres y el feminismo para vender mucho más de lo que vendían antes.

Esta otra fotografía (lobísima, kitsch a más no poder) es exhibida por Catalina Ruiz-Navarro en el texto titulado “Soy feminista y eso no me quita lo femenina”.

No hay necesidad de hacer un análisis minucioso del documento para corroborar que Catalina ve mucha televisión y muchas revistas de novias, para constatar que está completamente dominada por el arte de no ser sujeto sino objeto.

¿Cuáles son los límites del feminismo?

¿A dónde hemos llegado?

¿Qué sigue?

¿Por qué te moriste Pierre Bourdieu?

¡Llamen a mi mamá!

catalina

http://www.univision.com/estilo-de-vida/trending/soy-feminista-y-eso-no-me-quita-lo-femenina-aunque-no-siempre-lo-tuve-tan-claro

 

Un mensaje privado para compartir en público

24 Jul

Buenos dias José, le cuento que renuncié a Twitter y a Whatsapp y espero que esta vez sea para siempre. Es mi primer intento en Twitter y el segundo en Whatsapp. Quiero saber cómo se vive la vida usando sólo el blog, google, youtube, gmail y otras páginas que son de uso obligatorio por el trabajo. Lo que quiero es volver a hablar con la gente, chatear menos y vivir más. Necesito darle un giro a mi vida para que eso afecte la escritura. No voy a dejar de leer ni de escribir, eso es lo que más me gusta.

Sigo con la intención de publicar libros aunque no ha sido fácil comenzar, tendré que tener mucha paciencia. De los tuiteros (de las personas que conocí en Twitter)  sólo me interesa seguir hablando con usted, con nadie más. Podemos vernos cuando quiera, sigo teniendo mucho tiempo libre y nos queda la opción de los mensajes privados y las llamadas. Hace años no oigo su voz a través del teléfono.
Eso era lo que le quería contar. Vamos a ver cómo me va con el síndrome de abstinencia virtual, espero que lo supere pronto y pueda renunciar a Twitter igual renuncié a Facebook: de una vez y para siempre. Creo que las redes sociales son una gran pérdida de tiempo y una exhibición desmedida del ego, a eso quiero renunciar.
Yo soy buena gente, una persona amable y cordial. No quiero seguir jugando a distorsionarme sólo para burlarme de la gente y hacerlos reaccionar como si fueran una jauría de perros rabiosos, hace mucho tiempo dejó de ser divertido jugar ese juego. Cinco años de burlas fueron suficientes y creo que no tengo nada más que decir en Twitter.
Besos y abrazos. Espero que nos veamos pronto para hablar de cómo van nuestros proyectos.

Me invade la sensación de vuelo

24 Jul

Tengo ansias de perfección

Sin ser mormona aspiro a ser una Santa de los Últimos Días

Ayer mientras veía correr el agua sentí como una especie de voz que me decía “No hagas eso que estás pensando hacer, yo sé por qué te lo digo, no trunques el camino que has construido a lo largo de tu vida, falta poco para que sientas lo que siempre has soñado, déjame guiarte”

Y mi ser entero -cuerpo, mente, cerebro, alma, espíritu y esencia- sintió que debía oír con atención el mandato de esa voz y viví una especie de arrebato místico sin ser monja y sin vivir en un claustro. Para ser una simple mortal se trató de una gran experiencia, algo con lo que había soñado siempre. Mi sueño consiste en vivir experiencias límite hacia arriba no hacia abajo, más cerca de la elevación que de la caída, al lado de la gente común y viviendo una vida común, sin público y sin aplausos, sin premios, menciones ni diplomas.

Pasaron varias horas y mi ser racional me decía que esas voces no son reales sino producto de mi mente y decidí lanzarme a la aventura sin pensarlo mucho, sin fijarme en esas voces sin presencia. La experiencia no se realizó y me dio por pensar que la voz se encargó de que no pasara eso que estaba decidida a hacer. Ahora sospecho que hay Algo que me guía y tiene bellos planes reservados para mí. Recordé que todos mis deseos, al ser deseados de forma tan genuina, se han realizado siempre sin ningún tipo de esfuerzo, sólo con la fuerza del deseo. Es como si existiera un ser mágico que me concede lo  que sueño. Puedo sentir que el futuro me pertenece y sólo debo dejarme conducir por la voz que se manifestó ayer y que seguramente siempre ha estado ahí.

Hoy estaba sobre una superficie elevada con mi ropa leve, con la que paso la mayor parte del tiempo con la ilusión de que al perder peso gano.

Y estando sobre esa altura sentí que no sólo no debía hacer eso que pensaba hacer sino que también debía tomar una decisión radical que le dará un nuevo rumbo a mi vida, que me hará sentir en la cima sin necesidad de estar es un espacio elevado.

Con mis zapatos de ángel y mi capa improvisada decidí renunciar a la comunicación humana a través de medios digitales y entonces bajé la escalera y desinstalé Twitter y WhatsApp, los dos venenos a los que la voz me dice que debo renunciar.

No quiero más amistades virtuales con personas a las que puedo ver y no quiero creer que soy amiga de personas a las que nunca veré. Ahora mi teléfono sólo sirve para llamar y recibir llamadas. Me voy a reconciliar con la vida real, sólo hablaré con personas con cuerpo y sangre.

Censura en Colombia

2 Jul

La censura es la herramienta de aquellos que tienen la necesidad de esconder realidades de sí mismos frente a los demás.

Charles Bukowski

Mi nombre es Elsy Rosas Crespo, nací en Bogotá en junio de 1970. En 1975 aprendí a leer y a escribir y en 1979 supe que mi destino era ese: leer y escribir. Cuando era niña soñaba con compartir en público mis lecturas favoritas y los textos escritos fruto de esas lecturas. Eso es lo que hago en el blog, que es mi espacio digital ideal, el soñado por  un lector organizado como Emerson. Cuando era niña me imaginaba dando conferencias, pero en 1995 descubrí internet y supe que mi auditorio estaba ahí, en los espacios digitales.

Hice el recorrido conocido por todos: correo, chats, MSN, comunidades, Facebook y Twitter. Entre 1995 y 2010 mis interlocutores virtuales fueron en su mayoría personas de España, Argentina, Chile y México. Interlocutores cultos, amables e informados. Sólo hasta 2010 vine a interactuar con colombianos -en Twitter- y ahí comenzó mi tragedia: amenazas de muerte, amenazas de ataques con ácido, suplantación de identidad, divulgación de información privada, publicación de avisos clasificados en los que me ofrecían como prostituta con mi número telefónico, precio y tipo de servicio, persecución y toma de fotos en el servicio público, hackeo de la cuenta en 2010 y reporte masivo hasta hacerla suspender en 2015. Antes era @ensayista, ahora soy @marcodelenguaje, un pobre ser abatido y confundido ante tantas formas de violencia ejercidas por mis compatriotas, siempre desde el anonimato, como tiene que ser. Aparte de la bobada literaria que me acusa de fea y del llamado Mad Army, liderado por Nicolás Arrieta, autores del hackeo a la cuenta de Twitter en 2010, no sé más nombres de mis centenares de agresores y odiadores nada amables.

A continuación  un consejo de un lector frecuente que me lee con atención, para que se hagan una idea del tipo de ataques de los que he sido víctima y el contexto en el que se generan. Este mensaje, a modo de comentario, fue dejado en el blog en el año 2014:

“¡Ay ensayista! te advertí hace algunas semanas el costo de hacer trascendental lo intrascendente. Es un esfuerzo inútil y fútil, y ya que te he leído con cierta constancia creo que vales más que eso. No es sano desgastarse glorificando la miseria de algunos seres engreídos en un país donde la crítica siempre ha sido asesinada, ¡muchos han muerto por menos! No leo las notas que le dedicas a las estrellitas insignificantes, me parecen glorificaciones sin sustancia. Si tanto te gusta ese tipo de burlas creo que deberías replantear tus métodos. Puedes hacerlo, pero no directamente, no de un modo tan simple como citándolos y recitándoles su pobreza. Este no es un problema sólo de Colombia, que en sí es un país difícil, es un problema del tiempo en el que vivimos. Nos gobierna el silencio absoluto, el silencio cómplice de los medios, la presión de una observación suprema en donde todos nos sentimos de antemano agredidos por las luces de un espectáculo iracundo en donde todos estamos expuestos. Valora tu privacidad. No expongas a tus familiares al cúmulo de enemigos que te has fabricado. Mucha gente ha muerto por verdades mucho más importantes, y sin embargo, su destino fue igual de insignificante que cualquier otra muerte casual. Si tuvieses la osadía de meterte con políticos y no con estrellitas de Twitter probablemente ya estarías muerta. Yo aprendí eso de un modo mucho más cruel.

En Transmilenio he visto reacciones ilógicas de parte de personas comunes. No soy de Bogotá, así que eso no deja de sorprenderme; una agresividad atroz por parte de gente que en apariencia parece muy normal, muy tranquila. Cualquier provocación obtiene una respuesta desproporcionada. Hay frustración y agresividad en la ciudad.

¿Sabes que puedes burlarte de ellos de un modo mucho más elegante sin que se den cuenta siquiera? Ese es precisamente el poder de la literatura. Úsalo. Creo que deberías involucrarte un poco más con eso que has observado desde una distancia prudente toda la vida.

Hace algunos días pensaba en una historia con un personaje muy similar a ensayista, una sobreviviente del último cataclismo habitando una ciudad en ruinas. Luego de pasar el día caminando por la ciudad dedica las tardes a escribí sobre gente muerta. ¡Y ni siquiera sabe si existen otros sobrevivientes! pero no por eso deja de escribir. Su inspiración son antiguos ídolos de barro, gente agresiva y engreída que acarició la cúspide de una sociedad arruinada, gente que creyó por un instante acariciar con sus dedos un cielo de cartón. Para mayor comodidad, lleva sus cadáveres a un anfiteatro, y allí los observa mientras les recuerda su miseria. La suya es una tarea bastante absurda, ¿no crees?”. Hasta ahí llega el consejo.

Algunos lectores tienen claro que el asunto en contra mía está relacionado con censura, un atentado a la libertad de expresión. ¿Qué es lo que quieren? Que no vuelva a escribir. Lo sé porque desde hace más de un año dejé de referirme a las estrellas de la farándula tuitera y a los grandes intelectuales colombianos y las amenazas continúan.

Este comentario fue dejado en el blog cuando reportaron y suspendieron la cuenta @ensayista. La calumnia para suspenderla fue que divulgué información privada de usuarios de Twitter. Terminé siendo acusada de un delito del que he sido víctima varias veces, como buenos colombianos convirtieron a la víctima en victimario, me acusaron en masa de lo que me habían hecho padecer. Veamos uno de los tantos comentarios dejado en el blog cuando suspendieron la cuenta que le molestaba a tantos colombianos:

“Esto no solo se refiere a Twitter y este bloqueo no sólo se trata de que ella haga criticas de ciertas personas, parece que a mucha gente le fastidia que les digan la verdad en la cara, se jactan de ser de mente abierta y apoyar la libre expresión pero eso es solo hasta donde su doble moral se los permite, cuantas cuentas llenas de mierda se ven todos los días en Twitter Colombia y nadie dice nada porque como forman parte de los simios de circo de la rosca de turno entonces los aplaudimos, pero como es alguien que odia todos y cada uno de sus comportamientos, entonces a esa persona la reportamos porque no es igual a nosotros”.

Ahora el comentario de un lector que parece comprender cuáles son algunos de mis propósitos cuando escribo:

“No deje Twitter. Usted es mordaz con sus comentarios en muchas ocasiones, pero es más lo que le aporta a todos sus seguidores con sus recomendaciones para leer, con unas preguntas profundas sobre la existencia, porque escribe bien y sobretodo porque es honesta y fiel a sus convicciones. Me parece que de alguna forma cuando es agresiva lo que pretende es llamar la atención de la persona que se puede sentir acosada para que crezca, se pellizque y deje fluir su creación de manera auténtica más allá de poses y de marcadas manipulaciones para destacarse en medio de la frivolidad. Yo la voy a extrañar y ojalá reconsidere su salida”.

Otro comentario, ahora enviado por correo:

“Pensé en esa chispa que hemos perdido, en cómo la falta de arrojo se remplaza por los moldes que elegimos, pretendiendo salir positivos luego de ser vaciados. Y todo se vuelve una pose de adolescentes refinados. Entonces aparecen los niños y las niñas genio que necesitan aplauso y que corren frenéticos a él; entonces aparecen los vergonzantes que lastimeros hacen de la miseria de los pobres su bandera y su experiencia de orden superior. Entonces aparecen todos los perros de mercado de pueblo viejo queriendo un pedazo del gomelo del que nadie sabía que era menos que nadie.

Pensaba en usted, y deseé volver a clase, porque sacar a pasear las palabras sin llevar tras de sí las cosas se ha vuelto un trámite fácil en la fragilidad de gente fragmentada que escribe en retazos. Entonces pensé en usted, con la máscara corrida y envuelta en un tufo de anís, riendo mientras todos se le quedan viendo sin saber qué hacer, sin saber que es precisamente ese no saber lo que los hizo del montón”.