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Aún no era grande

15 Ene

Para los tuiteros ignorantes, sin imaginación ni sentido del humor que están dudando del talento y la erudición de Estefanía Uribe Wolff rescato esta reseña que escribí sobre su libro maravilloso. Les recuerdo que fue reconocido como uno de los libros del año en 2013 y por el hecho de que Tefa no haya vuelto a publicar otros libros nadie tiene derecho a dudar de ella, de su escritura, su estilo, su fuerza ni su sensibilidad.

“Cuando lloraba y se acercaban a quitarme las lágrimas les decía suplicando: no me quiten mis tristezas. Adoraba el líquido que brotaba de mis ojos porque  era la consumación y demostración más pura de mis dolores; por eso no las llamaba lágrimas sino tristezas. Esas, que impregnaban de un olor mi trapo rosado que perdí o perdieron en una cantina de un olor que solamente mi olfato percibía”.

Unos cuantos piqueticos

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A Tefa, @tefa_ o Estefanía la conozco desde hace ya bastante tiempo si partimos de la certeza de que a través de Twitter podemos llegar a conocer a la gente mucho más y mejor que cuando convivimos con ellos. Ella se disputa el puesto de mi mejor amiga virtual con @jmalaparte. A las dos las quiero con intensidades similares y ellas se quieren un poco también aunque a veces discuten porque @tefa_ quiere seguir bebiendo y @Jmalaparte quiere que ella deje de beber. Lo que @jmalaparte no sabe es que @tefa_ comparte creencias con algunos místicos presocráticos: “Estoy segura de que en otra vida fui eso, una planta de agave macho segada por un jimador allá de Jalisco a la que luego procesaron, fermentaron y convirtieron en un tequila del que habrían de beber el mismísimo Emiliano Zapata brindando con Pancho Villa y que luego fue a dar a la casa de Frida, donde Chavela Vargas se lo encontró y se lo tomó con ella, Diego y Trotsky (pág. 24-25).

El libro de Tefa lo recibí el viernes. Siempre es emocionante recibir libros de otras ciudades o países pero este libro me emocionó más que otros venidos de mucho más lejos. Destapé la bolsa, rompí el sobre, miré su nombre y el mío con nuestras direcciones y nuestros nombres completos y adentro estaba su libro:  Aún no era grande, de Estefanía Uribe Wolff. La llamé y deseé con todo mi amor que me fascinara su libro y, claro, me fascinó, es un libro digno de mis ojos: literatura colombiana escrita por una mujer digna de ser leída con atención, digna de ser recomendada por alguien como yo. Lo leí el sábado, hoy es domingo, me levanté temprano, lo volví a leer y ahora me dispongo a escribir sobre esta belleza.

Es un libro de 57 páginas compuesto por diez textos breves con varios temas recurrentes: el coqueo, las tristeza, el dolor, el vómito, las supersticiones, el alcohol, Frida y Carolina Sanín. Mientras los leía pensaba que tal vez yo también debería publicar un libro, la experiencia de leer en pantalla no se compara con la experiencia del lector ante el papel con un resaltador rosado en la mano y un micropunta para hacer anotaciones sobre lo que se ha resaltado. Las palabras de Tefa merecen la letra impresa, la experiencia única que implica leer en papel, ver cómo se va transformando el libro a medida que transcurre el tiempo y vamos dejando marcas de cada una de las lecturas. Es un libro con dedicatoria, a primera vista pensé en la letra de una niña de colegio, pero cuando terminé de leer y volví a revisarla noté la mano temblorosa de quien escribe en el libro: “Tiemblo, es inevitable. Y no es miedo, ni es frío, ni es rabia, ni angustia, ni desazón. Tiemblo porque sí, desde siempre, por lo que me tomo en las mañanas y durante el día. Pastillas y café: una para la gastritis, otra inmunosupresora, otra azulita que no sé bien qué hace y otras dos blancas que me permiten ser gente…  Todas hacen temblar”. (pág. 31). Con esa misma mano temblorosa Estefanía escribió con tinta negra: “Para mi muy querida amiga Elsy (un corazón gordo dibujado) con amor, Estefanía Uribe W.).

La primera historia arranca con el bendito coqueo: “El coqueo es una cobija pequeña en forma de conejo que me regaló un amigo de mi papá cuando nací” (pág. 13) y el amor que Estefanía profesa hacia esa cobija devenida en trapo sucio y feo casi me hace llorar, yo que no lloro desde hace más de treinta años. El coqueo se perdió en una cantina: “Con el coqueo limpian regueros de aguardiente, mocos de borracho y no de niño y ya no es ni siquiera rosadito sino gris y feo, le cortaron las orejas, le quitaron el borde de satín y ya ni siquiera era un conejo” (pág. 15). Nuestra heroína recupera su coqueo porque lo reconoce después de mucho tiempo en la cantina donde quedó abandonado: “Mi llanto tiene  la particularidad de impregnar las cosas por siempre, con todo y un olor característico” (pág. 26).

Aún no era grande no es literatura infantil, no es una novela, tampoco es una colección de cuentos, nos recuerda la prosa de Fernando Vallejo y la de Juan Rulfo: “Al lado del río Cauca, entre Bolombolo y Concordia, quedaba La Herradura. Ya no existe… Y en ese lugar del mundo las estrellas son tantas, tantas, que el cielo parece blanco con manchas negras… Abajo, luciérnagas y cocuyos en un danzar extraño parecían hacerle espejo a la bóveda celestial” (pág. 19).  Es una prosa premeditada, escritura pura, atención y cuidado en la combinación de palabras y sonidos, una verdadera delicia para los ojos y para los oídos y de una tristeza más triste que la de los narradores jaliscienses de algunos cuentos de  Juan Rulfo; pero no es una vil copia de ningún autor, es la obra de una mujer y plasma temas que otras mujeres no se han atrevido a plasmar en la literatura colombiana. Esa es la gran novedad.

La mujer retratada por Estefanía no es una modelo SoHo siempre lista para ser penetrada sino una mujer de carne y hueso: “Sí, calma, y al otro día da temblor. Como el tiempo, pensamientos y obsesiones se detienen por un instante y todos los órganos con terminaciones nerviosas  se anestesian: el clítoris, por ejemplo, es como un miembro fantasma, y creo que es lo que sienten las personas mutiladas con sus pedazos faltantes. No hay lubricación y una penetración duele mucho. ¿Cómo harán la señoras casadas? ¿Y las que tienen novio? Bueno, yo no soy casada ni tengo novio. Punto a mi favor (pág 32).

Hay varias mujeres amadas en el libro, las que más sobresalen son la abuela Lucinés, Frida Kahlo y Carolina Sanín. A través de la abuela se recrea el amor a primera vista que solemos tener con un familiar muy cercano, a través de la  artista mexicana se recrea el  dolor del cuerpo femenino -la fuerza sacada a través de ese dolor- y a través de la escritora colombiana, llamada Justina en el libro, se recrea la sabiduría, la madurez, las profecías cumplidas pronunciadas por la sabia. Es en estas citas donde mejor se reconoce la voz de la autora con toda su originalidad, ella está obsesionada con lo femenino y no necesita que un hombre le explique su comportamiento, ella misma se encarga de hacerlo. En “Unos cuantos piqueticos”, el último relato, es donde mejor podemos apreciarlo:

Y el dolor de Frida  no es por la sangre que le escurre de su cuerpo desnudo. Ella siente un dolor que va más allá de esa pintura y de la sangre, de los piquetes… Tatuajes, los tatuajes son unos cuantos, infinitos, incontables o innumerables piqueticos… Sangre que sale de uno mismo, de las mujeres, sangre que hacía que las niñas  se volvieran mujeres. Que crecieran, por chillonas, ¿yo por qué? ¿Yo para qué iba a querer senos si me gustaba quitarme la camisa para jugar lo que fuera cuando hacía calor… Y el día que lloré, que me vieron llorar, fui a hacerme mi primer tatuaje, ese de la virgen que vino a tapar la mariposa. Punto por punto, aguanté un martirio de siete horas justo en la columna, el lugar del cuerpo que más le jodió la vida a Frida, que la invalidó e hizo que sus yesos en forma de corsés fueran obras de arte. La sangre me brotaba por la espalda baja y era de colores, de muchos colores.

Es mejor derramar sangre que lágrimas. Aguantar unos cuantos piqueticos. (pág. 56-57).

 

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¿Es Tefa defendiendo a Catalina Ruiz-Navarro?

15 Ene

Acaban de dejar este comentario en el blog y no me queda claro quién es qué quiere. Lean y saquen sus propias conclusiones:
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Elsy, para su información, nuevas formas de para instrumentar la defensa:
¿Necesitan piedras, 🅱️🆎🅾️🆘 yyyyy 🅱️🅰️🅱️🅾️s🅰️s? En Twitter siempre hay comida para el pajarito que quiera estar enjaulado y dispuesto a aventar piedras y despellejar, preferiblemente si es mujer y en nombre de la justicia, a quien de pronto no esté a la altura de la mediocridad de sus estándares académicos o femeninos que, ay, cómo les costó el titulito en lo que a esfuerzo mental se refiere pa’ que, a la primera sospecha de un fraude o ante una columna que les desencuaderne el modo de pensar, empiecen a seguir la batuta de quienes dicen odiar y a practicar todo lo opuesto a las ideas que se jactan practicar Me les fui de allá, sí, pero estoy por acá, entonces dejen la bobada de preguntarme que si cerré mis cuentas y pedirme que vuelva, que no puedo yo dignarme a estar en todas las redes y opinar idéntico a la piara ni muchísimo menos, eso sí que no, aplaudirles las injusticias que cometen. Porque ese vertedero de ignorancia, foco de indignaciones que no llevan sino a rasgadas de vestiduras, al final solo demostró que la red nos tiene es cada vez más desconectados de la verdad o, como son panditos yyy panditas pa’ lo que es que se dice pensar, si lo prefieren, la realidad -que aunque mucho tiene de creación y mito, nunca, nunca se logra aprenderla ni a valorarla en su medida Ella es @catalinapordios, quien debe coger una cuchilla oxidada y, en vivo, despellejarse para que así queden saciados y contentos, ¿verdad? ¿Qué hace ya falta, acaso? ¿La enterrarán en el desierto guajiro para matarla de hambre y sed, a la espera de que alimañas diferentes a las que a diario le reclaman (qué, exactamente) la devoren? ¿Qué castigo es aquel que debe infligirse para dejarlos plenos? ¿Renunciar a sus derechos, columnas y diplomas? Ya me enteré de cuánto han leído sobre feminismo, ¿sí? Y mucho y todo eso y hasta de marxismo y de citar apropiadamente, como del APA, el Icontec y el ISO y de que viven en palacios de cartones otorgados por las aivi ligs y universidades del orbe entero y de que, bendito, no plagian #muérdasenuncodo #culeros #justicieros #infelices #graduaos #titulaos #feministos
A post shared by Estefanía Uribe Wolff (@tefa_) on Dec 16, 2017 at 11:01pm PST

Esas no son penas

12 Sep

La semana pasada tuve una conversación muy erudita con Estefanía Uribe Wolff, una joven promesa de la literatura colombiana que ha publicado un solo libro en el que retumban dos voces de las letras hispanas: Juan Rulfo y Fernando Vallejo:

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Le pregunté a Tefa entre sollozos por qué los ensayistas tienen la bendita manía de posar con libros -para la foto- en vez de aparecer subidos en un rodadero o con una peluca afro y entre las dos concluimos que los grandes intelectuales asumen poses porque tal vez son inseguros y necesitan reafirmarse y ese es el motivo por el cual aparecen (buscando en Google-Imágenes) con sus libros al lado, al frente o atrás:

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Tefa me propuso que fuera más osada: que no sólo usara peluca afro sino que buscara la rosada -la del Pibe- y esta fue la mayor aproximación que encontré en Cachivaches (la tienda de moda), con la ilusión de aparecer en el futuro al lado de los grandes intelectuales y ensayistas del pasado, del presente y del futuro, con los más grandes del mundo y de todos los tiempos, claro:

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Aquí poso con libros y con gafas para parecer un poco más creíble:

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Mientras compraba la fallida peluca del Pibe recordé que siempre soñé con verme un poco como Marina Abramovic,  Terele Pávez y Charlotte Gainsbourg pero el problema es que no soporto el pelo largo.

Compré esta otra peluca para gozar durante media hora con mi fantasía:

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Sibarita, hedonista y egoísta

17 Jul

Te das a los placeres con facilidad. Nunca te sacrificas, eres sibarita, hedonista, egoísta y no amas el dinero.

Estefanía Uribe Wolff

He visto cara a cara a Tefa sólo una vez, pero hemos hablado por teléfono varias veces y hemos conversado en Twitter durante los últimos cuatro o cinco años. Hemos peleado como gatas, como novias, y también nos hemos querido con mayor o menor intensidad. Puedo decir con orgullo que es una de las personas que mejor me conoce sin haberme visto, sólo leyendo lo que escribo; es hábil e inteligente, sabe descifrarme, sabe llegar al fondo y a la esencia de mi ser y eso siempre será estimulante para alguien como yo porque no es fácil encontrar interlocutores como ella.

Tefa me describió, ahora yo voy a desarrollar punto por punto cada una de esas cualidades mías, cualidades de las que me siento orgullosa porque he trabajado en ellas con empeño y con amor  a lo largo de mi vida y gracias a ese empeño y a ese amor, que en realidad es autoamor, he saboreado con risa y con placer la suma de millones de momentos cuidadosamente planeados para que sean casi perfectos y estoy satisfecha con lo gozado hasta ahora, creo que lo he hecho bien. Soy digna de mí.

No es fácil vivir en estado de placer permanente durante cuarenta y seis años, para lograrlo se necesita cálculo, salud, buen estado de ánimo, predisposición innata, creatividad, suerte y mucha inteligencia.

Salud

Para disfrutar la vida a cabalidad es preciso tener excelente salud. Desde 1979 supe que había nacido para gozar y supe también que un cuerpo adolorido no puede disfrutar las glorias del placer. Uno de los placeres más sublimes de la vida consiste en comer y asociado al acto de comer está el hecho de gozar de buena salud. La salud depende del cuidado en la primera infancia, de los genes, la nutrición, el mantenimiento del cuerpo y, entonces, si quiero gozar cada momento con intensidad debo cuidar cada uno de los sistemas que sumados se constituyen en mi cuerpo y el gran sistema, el sistema mayor, el sistema por excelencia, es el digestivo: el alimento se convierte en sangre, energía y huesos; un cuerpo sano se acompaña siempre de buen estado de ánimo  y espíritu festivo y con sangre, energía y huesos resistentes puedo correr, saltar, brincar, gritar, retorcerme de risa y de placer.

Los órganos involucrados en el acto de comer (labios, dientes, lengua…) sirven para disfrutar de este placer sublime, pero también sirven para sonreír, para hablar y para besar y esos placeres precisan de no ser descuidados, no se debe desperdiciar nada.

Desde la infancia he consagrado la vida a darme placer a través de la cavidad bucal y como sé que me encanta comer con voracidad, pero no quiero subir de peso -porque es insano y antiestético- cuando sé que hay un banquete y no quiero desperdiciar nada, dos o tres días antes del festín tomo jugos de frutas y mucho té para poder devorar como una bestia y a cabalidad. Me gusta sorprender a mis familares y amigos con mi apetito voraz y al lado de mi apetito voraz hay siempre otros placeres: hablar, hacer bromas y reír.

No como con cualquier persona, sólo como con las personas que son de mi total agrado porque sé que comer es un acto sagrado, una liturgia. El centro y motor de nuestra vida no es el cerebro sino el estómago, centro sensible de nuestras más finas emociones. Soy celosa y selectiva, no como con cualquiera, no se ilusione conmigo.

Dinero

La plata no me gusta, no me interesan los lujos, los viajes, los lugares exóticos ni la apariencia, no necesito casi nada para vivir. Aprendí a despreciar el dinero, la apariencia y los bienes materiales viviendo  y viendo vivir a los demás en función del dinero, los bienes materiales y la apariencia; viéndolos vivir decidí que no quiero ser como ellos, no quiero desear lo que ellos desean, no quiero gozar lo que ellos gozan, no me interesa. El hecho de no amar el dinero me convierte en una persona libre porque no vivo pensando en lo que tiene el otro y no tengo yo. En esa dirección no apunta mi deseo. El bien más preciado a lo largo de mi vida tiene que ver con el disfrute del tiempo libre. Para vivir no necesito plata, necesito tiempo para dormir, caminar, descansar, leer, mirar por la ventana. Me seduce la idea de ir caminando por ahí como un perro de nadie, un gato de nadie, una persona que no es mirada sino a la que le gusta mirar.

Amor

El placer lo descubrí en la infancia, uno de los recuerdos más antiguos de mi vida es que bañaban al bebé y lo ponían desnudo en la cama sobre unas sábanas recién lavadas y entonces la dulce Elsy se quedaba dormida sobre esas sábanas. No recuerdo cuando me despertaba sino cuando me quedaba dormida, supongo que eso sólo pasó una vez en la vida pero a mi cerebro y a mi cuerpo le gustó la sensación y guardó el recuerdo con celo para que a partir de ahí construyera el edificio de mi vida y a partir de ahí lo construí. Ese es mi gran recuerdo de infancia, creo que nací para gozar. Tal vez por eso me encanta lavar a mano, ver ropa recién lavada y el acto de planchar, me encanta lavar y planchar sábanas. Ese es  mi fetiche. Las sábanas me hacen pensar en descanso y en sueño pero también me hacen pensar en sexo y en amor y a esos placeres he consagrado mi vida desde 1989. Pero no soy una puta promiscua, es algo mucho más sofisticado: encuentro a un hombre admirable digno de darle todo mi amor y mi placer, gozo con él del tiempo libre, las comidas, las caminatas, la conversación y la risa durante muchos años, hasta que los dos quedamos saciados y satisfechos con tanto placer y tanto amor y nos despedimos al final con una franca sonrisa de satisfacción y de gratitud.

Estefanía Uribe Wolff sabe por qué suspendieron la cuenta @ensayista

6 Jun

El acuerdo al que llegaron los cientos de usuarios colombianos para hacer suspender la cuenta de Twitter @ensayista fue que cometí el delito de compartir información privada de algunos usuarios. Es una absoluta calumnia: toda la información y las fotografías que he publicado en este blog y en Twitter de la gente de la farándula colombiana y de  las divas tuiteras la he encontrado buscando información en Google, es información que han publicado ellas mismas o que han divulgado en algún medio, cuando son imágenes siempre las tomo de Google o de Twitter. Se supone que es delito cuando se comparte información privada tomada de computadores o teléfonos sin autorización del propietario; cuando se comparten números telefónicos o números de tarjetas de crédito. Nunca he hecho eso, siempre he actuado respetando las normas.

En un comentario dejado en este blog por Estefanía Uribe Wolff ella asume que cometí los delitos de los que se me acusa y al parecer ella también fue una de las convocadas a ejercer el acto de censura. Asume también que estoy temblando de miedo y que nunca jamás volverá a escribir sobre las divas tuiteras, los escritores colombianos, los emprendedores y los influyentes porque tengo mucho miedo.

Como dice mi mamá: con esos amigos para qué enemigos:

Mira, baby, por más bajos que sean tus comentarios no vas a lograr que yo caiga en ese juego.
Jamás te retiré mi amistad, ni tampoco me he ensañado en tu contra.
Ahora, repito acá lo que te dije en Twitter: no fue una foto, fueron dos, y no fui yo quien pidió tomarlas (aunque si no lo hubieras hecho es muy probable que sí te lo hubiera pedido) sino que además quisiste que hiciéramos una Twitcam.
Yo simplemente enlacé un artículo (como seguiré haciéndolo) que me pareció lúcido y sensato.
Ese papelón que vienes haciendo de quedar como una pobre víctima de toda la triste humanidad que ha rozado tu existencia está bordeando ya con lo lastimero y lo absurdo.
No soy tu enemiga, así tú quieras graduarme de eso. Tampoco busco de ti todo eso que dices, porque la fama, Elsy, los seguidores, las cuentas con muchos o los blogs más visitados y todo eso que dices despreciar, a mí me repele y me tiene muy sin cuidado.
Deja de insistir -con falsa modestia- en que no eres nadie, cuando a lo que te dedicas es a demostrar el día entero lo contrario. Que eres alguien y qué haces u opinas ante cualquier suceso de índole mediática. Cuántas visitas recibes, cuántos seguidores, cuántos RT y hasta cuántos miles se tomaron la molestia de hacerte cerrar la cuenta anterior.
Yo creo que lo mejor que puedes hacer para que evites llegar a todas estas conjeturas que te sirven a tu causa como mártir es, aparte de tenerme bloqueada, dejar de entrar cada rato a mi Twitter a ver qué pongo o no, con quién y de qué manera me tomo fotos o qué partes muestro o no en mi cuenta de Instagram.

Por cierto, ya que te importa tan poquito todo lo que dices que te importa tan poquito, es hasta triste ver cómo evitas mencionar a tus “víctimas” con su nombre de usuario y has dejado de poner sus fotos por miedo a que te cierren tu actual cuenta en Twitter.

Besis

Carta abierta a Estefanía Uribe Wolff

6 Jun

En su cuenta de Twitter enlazó hoy uno de mis posts y ha escrito en tono zalamero: “Sea lo que sea, tengo que decirlo, esto me gustó mucho. Es lúcido y ameno”. También ha mostrado con orgullo una foto que me tomé con usted cuando vino a Bogotá y tuve la desgracia de conocerla.

Me parece de muy mal gusto que siendo usted una de las personas que más se ha ensañado en contra mía en los últimos meses decida compartir ahora esas joyas con sus amigos y seguidores. Tenga en cuenta que yo le ofrecí mi amistad de forma auténtica y desinteresada y usted decidió en un momento de su vida que lo mejor era prescindir de mí.

Yo me tomé en serio la ruptura de esa amistad y creo que lo más sensato es que usted haga lo mismo.

La única persona con la que he cometido el error de tomarme una foto ha sido usted, a nadie más le he aceptado ese tipo de payasada, veo que tanta insistencia no era gratuita: usted colecciona fotos con gente famosa para luego presumir con sus allegados, con sus nuevos amigos.

No se confunda conmigo, no soy una figura pública, no merezco formar parte de su álbum para mostrar con orgullo. Veo que se siente famosa al tomarse la foto con los famosos pero se equivocó usted de persona, no soy escritora, reina, cantante ni candidata a la alcaldía, soy la persona más común del mundo y me molesta mucho que haya abusado usted de mi confianza de esa manera.

No se engañe más conmigo, no aspire a que vuelva a congraciarme con usted, parece que no llegó a conocerme ni siquiera un poco. ¿Cree que soy otra de esas personas que le siguen la corriente para que no beba o no se deprima? ¿Cree que al exhibir esos trofeos a costa de mi nombre y de mi imagen lo justo es que sienta pena por usted porque está enferma y es alcohólica? ¿Cree que también le voy a ofrecer mi lástima como se la ofrece el 90% de la gente que la conoce?

No, no lo voy a hacer.

Le escribo este mensaje en público para que me deje en paz de una vez por todas y para siempre, para que se convenza de algo: yo confié en su amistad y le ofrecí lo mejor que tengo como ser humano y usted me usó hasta el momento en que se le dio la gana. Ese tipo de actos no merecen ningún tipo de consideración.

Haga el favor de ignorarme, deje de presionarme, sea más cuidadosa con las personas que le ofrecen cualquier tipo de cariño, no use sus problemas personales para abochornar a los demás.

Gracias por enseñarme que en el futuro debo ser mucho mas precavida cuando decido conocer a alguien, gracias por hacerme entender que la próxima vez que alguien me pida una foto tengo que gritar que me dejen en paz, que no me gusta que me tomen fotos para luego ser exhibida como trofeo por gente como usted.

Mi amistad fallida con Estefanía Uribe Wolff

4 May

Para comenzar citemos a uno de los escritores más nobles, justos y sencillos que he tenido el gusto de leer. Un hombre que le concedía un valor especial a la amistad y a partir de quien me guío para buscar, encontrar, tratar y apreciar a mis mejores amigos. No he logrado consolidar una amistan tan perfecta como la del buen hombre pero sigo caminando en busca de ese ideal, supongo que soñar también tiene su mérito y no tiene sentido perder la fe.

Estas son las palabras del sabio:

Soy muy capaz de hacer y conservar amistades raras y exquisitas. Como me ato con tanto apetito a las uniones que son de mi gusto, me muestro, me abalanzo tan ávidamente que no puedo dejar de ligarme fácilmente y de dejar huella cuando me doy. A menudo he hecho la prueba con felicidad. Para las amistades comunes soy algo estéril y frío pues mi andar no es natural si no es a toda vela; aparte de que la fortuna, al haberme acostumbrado y engolosinado desde mi juventud con una amistad única y perfecta, en verdad que de algún modo me ha hecho perder el gusto por los demás y me ha grabado en el cerebro que soy animal de compañía y no de tropa, como decía aquel clásico. También porque por naturaleza me cuesta comunicarme a medias y con disimulo, y con esa servil y desconfiada prudencia que se nos ordena en el trato con esas amistades numerosas e imperfectas; y se nos ordena principalmente en esta época en la que no se puede hablar del mundo sin peligro o falsedad.

Montaigne

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Estefanía Uribe Wolff no ha sido una de mis grandes amistades, no fui yo quien se engolosinó con ella sino que fue ella quien no sé cómo ni de qué manera terminó ganándose mi afecto. Ella supo cultivar la amistad en una persona tan esquiva y desconfiada como yo. ¿Cómo lo hizo? No lo sé, muy pocas personas lo han conseguido, casi todas mis grandes amistades se han consolidado porque el entusiasmo parte de mí, soy yo la que tiendo a idolatrar a otro ser humano cuando descubro una particularidad suya en medio de millones de personas comunes y sin gracia.

Ella se hizo querer, me motivó a leer su libro, me escribió mensajes llenos de afecto, me convirtió en su confidente y varias veces me llamó para compartir sus momentos felices o sus momentos de tristeza. Siempre estuve dispuesta a oírla y creo que la traté con respeto y consideración. Esa es la sensación que me queda.

Un día cualquiera ella decidió renunciar a mi amistad y a medida que pasa el tiempo se pone más agresiva. Con las injurias que me envió ayer por escrito y en público trataré de componer un poema que sintetice el tipo de persona que soy ante sus ojos. Lamento de verdad haber causado tanto desprecio en una persona a la que llegué a ver en algún momento como una buena amiga:

Elsy, una persona totalmente boba, tal y como es, manejada a mi antojo.

A mí me causa profunda conmiseración.

Jura que la atacaré y que soy su enemiga.

Cotitas. No es nada. Pobre. 

Le tengo gran lástima por eso a la pobre y, aunque siga, una criatura de esas solo merece. Pura conmiseración, y pecao, ¡qué pecao de Elsy! 

Le tengo gran lástima por eso a la pobre y, aunque siga, una criatura de esas solo merece. a misma Elsy que, qué pecao, ya cayó en bajezas que solo hablan mal de ella.

 Tan poquita cosa, predecible, débil, desesperada. 

Nunca esperé en mi vida que se pusiera en la posición de víctima mía, ¡y todo por un unfollow! Me da muchísima risa esto… 

Porque Elsy necesita mucho amor y ahora siento que se lo debo entre la lástima y la vergüenza que me causa.

Eso.  Estamos gozando con tu “inteligencia”.