Tag Archives: Universidad de los Andes

Carolina Sanín y Luciana Cadahia

5 Jun

Las redes sociales son más adictivas que el basuco y cuando las personas torpes usan las redes sociales suelen mostrarse más torpes de lo que pueden llegar a ser hablando o escribiendo por más educación, viajes y amigos que hayan sumado a lo largo de sus tristes vidas.

Luciana parece la hija de Carolina y tienen mucho en común: son mujeres feministas, mamertas arrogantes, cuaderneras convencidas de que son más feministas y más mamertas que las demás mujeres y además forman parte de la rosca intelectual colombiana, que también tiene tentáculos en el exterior; forman parte del grupo de niños y niñas mimados, malcriados y caprichosos convencidos de que las redes sociales son más que una congregación de adolescentes solitarios con dificultades para relacionarse en la vida real con otros seres humanos. Ellos creen que van a cambiar el mundo y que sus jefes tienen que postrarse ante ellos porque están acostumbrados a satisfacer todos su caprichos porque así fueron educados por sus padres.

Ellos, unos veinte mocosos de más de treinta y cinco años que sólo han sabido relacionarse con gente como ellos porque no les gusta juntarse con la chusma y que gracias a esa marginación voluntaria son unos tarados sociales, gente torpe a más no poder para usar las redes sociales y las relaciones laborales, pobres seres desvalidos y blandengues que a pesar de que tengan cédula desde hace mucho tiempo y a pesar de que se sientan muy seguros porque son muchos -como si fueran adolescentes norteamericanas de una institución de educación media- ellos, en su inocencia, creen que tienen más poder que las instituciones para las que trabajan porque hablan fuerte en las redes sociales y son retuiteados por centenares de personas que aspiran a existir aunque sea en los sueños de estos poetas, pensadores, profesores y locos.

Carolina Sanín fue despedida de la Universidad de los Andes por andar peleando con los niños más groseros de Facebook y Luciana Cadahia fue despedida de la Javeriana al parecer porque adoctrinaba a sus discípulos en Cátedra Petrista. Carito lleva como cinco años en esa pelea y Lucianita lleva una semana pero ha armado mucho más alboroto.

Para el lector frecuente de este blog va la siguiente pregunta:

¿En la Universidad Javeriana explicarán primero si ya terminaron de revisar el trabajo de grado de Catalina Ruiz-Navarro para saber si incurrió o no en plagio en más o menos cuarenta páginas o le explicarán primero al país y a la Comunidad Académica Internacional por qué Luciana Cadahia fue despedida de la Universidad sin una razón?

Todos los semestres las universidades públicas y privadas renuevan su planta de profesores y es algo a lo que estamos acostumbrados desde hace mucho tiempo. ¿Por qué Lucianita arma semejante show cuando ella y todos sabemos que en este momento en Colombia a centenares de profesores no les renovarán el contrato o serán despedidos sin ninguna explicación y les desearán éxitos en sus proyectos futuros?

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Carolina Sanín matoneada

4 Nov

Una persona demasiado llena de sí misma no puede tener buen sentido del humor, una escritora que insulta sin compasión desde una red social no puede esperar se tratada con dulzura cada vez que agrede a una persona o a un grupo de personas con un español digno de una vendedora de fritanga; debe estar dispuesta a recibir todo tipo de burlas y asumir que en las redes sociales las reglas del juego no se corresponden con las de la realidad real, aquí no existen títulos ni dignidades. No puede esperar que después de insultar a los estudiantes de la Universidad de los Andes en Facebook la feliciten por ser sincera, irreverente, contestataria, amiga de la verdad y le den un premio de periodismo de inmersión o de literatura de autoficción.

Si a un grupo de estudiantes en un espacio real les da por jugar cartas encima de una mesita la profesora no tiene ninguna autoridad para escribir en Facebook que preferiría verlos robando o consumiendo drogas.

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Esos juicios no son una broma y lo más natural es que a una agresión se responda con más agresiones y con un meme.

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Carolina Sanín ha creado un personaje grotesco en Facebook y en YouTube, la versión de una mujer altanera que insulta sin compasión y sin mesura en un español no precisamente digno de una profesora de literatura de la Universidad de los Andes. Ese personaje grotesco se hunde en la exposición de temas banales tratados con profundidad y en temas serios tratados con ligereza y cada cierto tiempo logra que sus pataletas virtuales en Facebook lleguen a Twitter, después a los medios y después al despacho del rector de la Universidad de los Andes.

El último gran escándalo ha causado más revuelo que todos los anteriores, se han manifestado varios columnistas en diferentes medios, hay cartas firmadas por profesores indignados que no saben cómo funcionan las redes sociales, hay columnas de estudiantes denunciando que la Universidad de los Andes se convirtió en un negocio rentable y que en el claustro hay o ha habido profesores abusadores que encierran niñas menores de veinte años en los salones no precisamente para discutir asuntos relacionados con crítica literaria.

Hay quienes se ponen de parte de la víctima (por ser mujer) y hay quienes se burlan sin compasión de la profesora-escritora ávida de fama, de premios y de reconocimiento que aspira a ser la versión moderna de Quevedo y termina recordándonos a Nicolás Arrieta-; lo que ella llama humor es la peor representación del mal gusto y en su cadena de insultos terminó damnificado hasta el pobre  Héctor Abad Faciolince.

Carolina Sanín quiere formar parte del campo literario, quiere ser la versión femenina de Fernando Vallejo y sueña con escribir un libro como El olvido que seremos, éxito indiscutible en ventas. Intenta ser la fusión de Vallejo y Abad y su fórmula la ha llevado a ponerse al lado de figuras tan lamentables como Catalina Ruiz-Navarro y Virginia Mayer, que  se solidarizaron con ella.

¿Qué pasa con Carolina Sanín?

¿Por qué deshonra el apellido del abuelo?

¿Por qué le cuesta tanto trabajo entender que la realidad virtual y la realidad son mundos diferentes?

¿No es preocupante que quienes estén poniendo en aprietos a las directivas de las universidades por hacer mal uso de las redes sociales y mezclarlas con entornos laborales sean los profesores y no los estudiantes?

¿Qué sentido tiene que una profesora universitaria matonee a los estudiantes desde una red social y luego se ponga en el papel de víctima cuando los agredidos responden con un meme y luego con otro?

¿Es el fin de la civilización?

¿Me volverán a amenazar de muerte o con ácido por tratar estos temas tan sensibles en este humilde blog?

¿Cuál será la próxima pataleta de Carolina Sanín?

¿Los viajes, el estudio y los apellidos ilustres no sirven para nada?

El rey está desnudo. A propósito de Lucas Ospina

30 Ago

A continuación un nuevo mensaje de “otro estudiante de Lucas Ospina”:

Te ahorraré el chiste flojo sobre la reproducción 3 veces de mi comentario Elsy, me honra que lo aprecies. En el entretiempo me han llegado 6 emails de amigos y colegas pidiéndome que me sume a los emails, páginas web y hasta reuniones de solidaridad con el profesor Ospina. Me escriben como si fuera un ataque a nuestro “gremio” y resaltan el acto “noble” de Ospina de haberse disculpado. Ninguno ha sido capaz de responderme dónde está lo “agridulce” del texto del estudiante, como tampoco cómo manejo Ospina ese material y ese personaje tan mezquinos, si lo hizo reflexionar por el orgasmo de placer que tuvo al enterarse del suicidio de Daniel. Las disculpas de Ospina para mí son tan venenosas como la carta que envió. Reducir la decisión de Daniel a su experiencia “agridulce” con el mundo laboral o con la incertidumbre de sus medios de subsistencia es muy bajo: acaso Ospina es psiquiatra también? acaso ser profesor de arte le desvela como por arte de magia los secretos del alma humana? es un fan de “mi vida por un puñado de dólares”? Además se cree un brillante detective privado, con esa carta cree haber encontrado la pieza perdida que terminaba de armar el rompecabezas. No estoy a favor de su linchamiento mediático sino a favor de que se detenga y evalúe a conciencia todo lo que lo llevó a: 1. Ver algo agridulce en ese ensayo y 2. Enviárselo a Piedad como un acto de “profunda empatía”. Las muestras de apoyo que recibe ahora no le ayudarán en ese sentido. Menos mal hay verdaderas voces críticas como la tuya que ayudan a mostrar que el rey está desnudo y no hay disculpas que lo cubran.

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Esos egos tan grandes no tienen cura

27 Ago

A continuación un comentario que vale la pena compartir:

Elsy, yo también fui estudiante de Lucas Ospina y compañero de Daniel Segura en esa misma clase. Daniel era muy talentoso, de los mejores de la clase. Era un poco retraído y hoy lamento no haberme acercado más a él, hubiera querido ser un apoyo en esos períodos de duda que nos acompañan a los artistas. En la clase había estudiantes que pasaban mucha parte de su tiempo buscando la confirmación de que eran artistas. Cuando el profesor Ospina les daba un gesto de aprobación lo adoraban. Hay muchos que todavía dicen que él fue quien los entusiasmó a seguir su camino. Para quienes no estábamos tan atormentados por nuestra vocación, el profesor Ospina era más bien una pesadilla, un hombre completamente lleno de verdades incuestionables (para él), que parecían más bien elucubraciones de una mente paranoica. Como el “razonamiento” que lo llevó a enviarle una carta tan vergonzosa a la profesora Bonnet: ¿en qué estaba pensando Ospina? Pues en otra de sus grandes y brillantes ideas. Como cosa rara le pareció tan buena que no pudo esperar a enviársela a la profesora Bonnet. En clase teníamos el chiste de que el profesor Ospina era EL artista de meter el dedo en la llaga, solo que en su caso era el brazo completo. Como en este caso. Todo en nombre de la verdad, nunca con mala intención. 18 años de experiencia docente y esto es lo mejor que puede hacer: me sorprende que siga siendo profesor cuando está rodeado de gente mucho mejor en la misma universidad. El tirón de orejas que le dieron no servirá para nada, esos egos tan grandes no tienen cura.

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¿Quién es Lucas Ospina?

21 Ago

He leído ocho veces la columna escrita por Piedad Bonnett titulada “Historia de un oprobio” y entre más la leo más me asombro porque no es ficción, es algo que le ocurrió a ella, una escritora colombiana que además fue profesora de la Universidad de los Andes durante treinta y dos años, un acto vil perpetrado por otro intelectual colombiano: Lucas Ospina, también profesor de esa Universidad. El estudiante egresado del Gimnasio Campestre es un caso perdido como ser humano, sin duda será el futuro empresario exitoso, el ministro o el senador de renombre. Así funciona Colombia.

El  profesor, intelectual y crítico Lucas Ospina representa muy mal a su gremio, especialmente a los profesores de la Universidad de los Andes. ¿Esa es la Educación de Calidad por la que pagan más de seis millones de pesos cada semestre esos pobres estudiantes? ¿Cuál es la función de los profesores universitarios en la formación de valores aunque sus discípulos ya hayan pasado por la educación básica? ¿Qué tipo de educación se da en el Gimnasio Campestre?  ¿Por qué las directivas de la Universidad de los Andes consideran caso cerrado la queja de Piedad Bonnett y le respondieron después de ocho meses? ¿Por qué la mayoría de los Grandes Intelectuales Colombianos callan ante este hecho tan lamentable? ¿Esa es la tan anhelada paz?

La historia:

Piedad Bonnett es la madre de un joven que fue profesor del Gimnasio Campestre durante dos años; uno de sus alumnos estudia ahora en la Universidad de los Andes  y su profesor es Lucas Ospina, un intelectual y crítico de arte que, además, dirigió el trabajo de grado de Daniel Segura Bonnett, hijo de Piedad Bonnett. Daniel Segura Bonnett se suicidó y ese hecho conmocionó tanto a la madre que escribió un libro titulado Lo que no tiene nombre.  El egresado del Gimnasio Campestre elaboró un trabajo académico que en resumidas cuentas es una burla infame a Daniel Segura Bonnett y el profesor Lucas Ospina lo compartió con Piedad Bonnett. Ella envió una queja a la Universidad de los Andes y el único medio que tuvo para hacerse oír fue su columna en El Espectador, las directivas de la Universidad de los Andes no consideraron relevante su queja y le respondieron después de ocho meses. Al profesor le hicieron un llamado de atención leve y la vida segirá su rumbo como si nada hubiera sucedido.

Me cuentan que lo que la escritora narra en la columna es poco comparado con la historia completa. Ojalá algún pudiera llegar a conocerla.

Esta es la columna:

En enero de este año un profesor de arte de la Universidad de los Andes, quien también funge de crítico y escribe en una reconocida revista nacional, me reenvió un trabajo —“agridulce”, según él— en el que un alumno suyo recordaba a mi hijo Daniel, quien fue su profesor en el Gimnasio Campestre. Dice el estudiante que mi hijo “sufrió la mala fortuna de enseñar en un colegio masculino teniendo una voz algo afeminada. Cada clase, sin falta, se la montábamos y nos reíamos en su cara. Parecía que él no se lo tomaba personal, pero para poder dictar su clase nos tenía que gritar o amenazar con jodernos disciplinariamente”. Años después, cuando se enteraron de su suicidio, dice: “yo sólo podía pensar en un evento cómico”. Según él, mi hijo enfureció, tomó a uno de los muchachos del cuello “y le metió la cabeza debajo de un pupitre repitiéndole en un tono amenazante, pero pasivo, que si no paraba la jodedera no lo iba a soltar”. Pero ellos siguieron riéndose, sobre todo de su cara roja, “probablemente muy similar a la cara roja que vieron quienes pasaban por la calle cuando Daniel se votó (sic) desde su apartamento y dejó pintado el piso de sangre”. La conclusión del estudiante es triunfante: “la cosa fue que nosotros todavía teníamos tiempo para vivir, nosotros no decidimos quitarnos la vida, así que decidimos reír otro rato”.

Después de limpiarme las lágrimas, y mientras recordaba la bella voz de mi hijo, envié al rector de los Andes, sitio donde trabajé 32 años, una carta donde me quejaba de la falta de empatía —ese sentimiento que nos hace humanos solidarios— de un profesor que tiene en sus manos la formación de jóvenes, y me preguntaba por la razón de enviarle este mensaje a la madre de un muchacho muerto. “¿Acaso informarle, por si no lo sabe, que su hijo sufrió de burlas e irrespeto por parte de sus alumnos, para los que trabajó con dedicación y afecto durante dos años? ¿Hacerle cambiar de opinión sobre la condición serena y respetuosa de Daniel, mostrándole que tuvo una reacción violenta? ¿O tal vez hacerle recrear la imagen de su cara contra el pavimento, por si no la tiene?” Y preguntaba: ¿Estaba el profesor autorizado por el estudiante a hacerme llegar ese trabajo? ¿qué evaluaba este? ¿La actitud cínica e inhumana del joven estudiante le valió algún comentario negativo de su maestro? La Universidad de los Andes, cuyo Consejo Superior asegura “tener la responsabilidad social de sancionar y rechazar toda forma de amenaza, acoso, matoneo, maltrato, discriminación…” duró ocho meses sin darme una respuesta formal. Esta semana, después de muchas presiones, me informaron que un Comité que estudió el caso lo declaró cerrado, después de invitar al profesor “a hacer una reflexión sobre el límite que existe entre lo que él considera público y la sensibilidad de las personas”. Razón tiene el analista extranjero que escribió hace poco que lo que le pasó a este país es que perdió su capacidad de escandalizarse. Qué tristeza.

http://www.elespectador.com/opinion/historia-de-un-oprobio

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