Animal de compañía y no de tropa

16 Jul

Soy muy capaz de hacer y conservar amistades raras y exquisitas. Como me ato con tanto apetito a las uniones que son de mi gusto, me muestro, me abalanzo tan ávidamente que no puedo dejar de ligarme fácilmente y de dejar huella cuando me doy… por naturaleza me cuesta comunicarme a medias y con disimulo, y con esa servil y desconfiada prudencia que se nos ordena en el trato con esas amistades numerosas e imperfectas; y se nos ordena principalmente en esta época en la que no se puede hablar del mundo sin peligro o falsedad.

Montaigne

Siempre he sido amiga de una o dos personas

Más de una que de dos.

Esas amistades no han sido eternas y tranquilas como la de Montaigne y de La Boétie sino accidentas e intensas como las de Flaubert y sus amigos y amantes.

Mis grandes amistades han sido tan intensas que se debaten entre el amor, el odio, la pasión y el adiós para siempre entre gritos e insultos. Yo no grito ni insulto, a mí me gritan y me insultan.

Mi actual amistad es la más intensa de todas porque tuve el placer de conocer a un campeón que ha vivido mucho más que yo y le gusta lanzarse al vacío porque no sabe lo que es el miedo ni la moderación. Es ateo como el que más y no le tiene miedo a la muerte. ¿Se le puede pedir más a la vida? ¡Yo creo que no!

Es la amistad perfecta y se ha construido más o menos así:

Intercambio intelectual a primera vista, conversación cordial, café, conversación en la banca de un parque mientras yo fumo porque él no fuma y trato distante y respetuoso durante cuatro años. Conversación franca sobre la vida y el arte, almuerzos y cine. La flor de la calma en dos personas que se llevan muy bien y fluyen como ríos tranquilos que no van hacia ningún lugar en particular, sin propósito.

Inicio de una amistad mucho más intensa desde hace dos años en vista de que yo empecé a ser de nuevo una mujer soltera.

Empezamos a ir a otros sitios, a conocer a otras personas, a reírnos un poco más, empezamos a beber en su casa y en la mía y un día dije Mi casa es tu casa y él no dijo lo mismo pero se siente bien aquí y yo me siento bien allá y ahora bebemos un poco más hasta perder la memoria y a la mañana siguiente no sabemos cómo terminamos, cómo llegamos a la cama, a qué hora dejamos de reírnos con las guitarras y quién ayudó a quién a llegar al sitio del sueño para estar descansando luego un día entero como si no importara nada porque no importa nada y vale la pena conocer gente apasionada por la lectura, el cine, la música, las conversaciones de quince horas y las carcajadas en medio de la borrachera ante lo más ridículo y el llanto en medio de la borrachera ante lo más injusto.

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