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A Virginia Mayer le sobran 50 kilos

30 Nov

La última columna de Virginia Mayer se titula “Gordos, calvos y peludos exigiendo mujeres flacas”. Comienza explicando por qué le  dolieron tanto las críticas que le hicieron a ella por criticar el reinado nacional de la belleza, enfatiza que las mujeres gordas también tienen derecho a apreciar la belleza de una reina porque las gordas también conocen los ideales estéticos de la belleza femenina como cualquier otro ser humano. Por increíble que parezca el origen de la indignación es el reinado nacional de la belleza, sí, esa banalidad creada para divertir masas embrutecidas, las mismas masas que gozan viendo, telenovelas, realitys y partidos de fútbol. Las predilectas de los políticos, los dueños de los medios y los anunciantes.

Nuestra adorada Virginia Mayer ve reinados de belleza y nos cuenta por qué los reinados de belleza son patéticos. ¿una persona con dos neuronas ve reinados de belleza? No. ¿una persona con dos neuronas se detiene a pensar en el coeficiente intelectual de una reina de belleza? No. ¿una persona con dos neuronas trata de explicarnos por qué los reinados de belleza son patéticos? No. Pero Virginia Mayer sufre y llora porque los reinados de belleza son machistas y refuerzan ideas tontas como que las mujeres altas, delgadas, esbeltas y de sonrisa diseñada son las mujeres deseadas por los hombres calvos, gordos y peludos.

Virginia Mayer: no seas tonta. Todos sabemos que la belleza es escasa y que por ser tan escasa nos sobrecogemos de emoción ante una cara hermosa, un cuerpo equilibrado, una voz divina, una forma de caminar elegante. Hombres y mujeres admiramos la belleza femenina porque las formas equilibradas llaman la atención y los cuerpos grotescos nos invitan a mirarlos con rechazo o con burla, es parte de nuestra triste condición humana, no somos ángeles, somo miquitos burlones.

El cuerpo de los demás y el cuerpo propio dan pistas sobre la salud, la edad, el estado de ánimo y la condición física; el cuerpo y la forma en que cargamos con ese cuerpo es nuestra carta de presentación ante los demás nos guste o no. Los animales también se seleccionan así y aunque te cueste creerlo las perras, las gatas y las cerdas no saben de feminismo ni de machismo, son animales y ya. Debes saber que tú, yo y el resto de los seres humanos descendemos de otros animales, no somos creación divina ni nos modelamos a nuestro antojo, conservamos intacto el deseo inconsciente de copular con los ejemplares mejor dotados aunque no queramos reproducirnos o hayamos superado la edad para realizar semejante hazaña. La belleza tiene que ver con la biología, no es una creación humana, está en la naturaleza.

Te invito a que superes la inocencia y la ignorancia, sumérgete en los libros de Desmond Morris, Richard Dawkins y Rodolfo Llinás, no leas sólo basura feminista de mujeres viejas, feas y resentidas porque la vida no las ha tratado bien, no armes tanto alboroto porque las masas embrutecidas se emocionan viendo tetas y culos, en esos seres el miquito está más latente que en los seres privilegiados que renunciamos desde hace mucho tiempo a ver programas de televisión.

***

Virginia Mayer escribió en tono indignado: “Mientras mis médicos en Nueva York me decían que hiciera ejercicio y controlara mi sobrepeso, aquí me han dicho que soy obesa mórbida. Los obesos mórbidos del primer mundo son los que andan en sillas eléctricas al no poder moverse por sus propios medios. Aquí la obesa mórbida soy yo. Sociedad enferma”. Ahí también te equivocas. En Colombia la mayor parte de la gente no tiene problemas de obesidad como los que tú padeces, pocas personas tienen 50 kilos de sobrepeso como tú. En Nueva York podrías pasar por una persona normal pero Bogotá no es Nueva York. En Bogotá podemos gozar de una alimentación balanceada y hay cierta conciencia sobre el cuidado del cuerpo con fines relacionados con salud y bienestar más que con obsesiones sexuales y complacencia ante la mirada ajena, esas obsesiones tuyas no son las obsesiones de la mayoría de las mujeres en Bogotá ni en Colombia.

Continúa Virginia Mayer con esta joya: “Tengo un amante, un hombre que a pesar de asegurar que estoy entre el top tres de los mejores polvos de su vida, me ha dicho que si me adelgazo podría penetrarme más profundamente”. Ay, Dios mío, qué niveles alarmantes de superficialidad.

“Es cierto que estoy gorda, y mi salud se está viendo comprometida por los 50 kilos que me sobran. La artritis degenerativa que tengo en la espalda no se ve beneficiada por mi sobrepeso. Subo dos pisos de escaleras y llego ahogada. No me puedo quedar dormida si no me empepo. Me sobran los motivos para adelgazar, es verdad. Pero esta sociedad no me condena por no estar sana, me condena porque no soy flaca”. Ay, Dios mío, Virginia Mayer necesita con urgencia un psicólogo y un nutricionista que la asesore. Si aspira a ser nuestra Virginia Woolf o nuestra Marguerite Duras es preciso que, para comenzar, aprenda a leer y a escribir y no use su condición física para inspirar la lástima de este público morboso acostumbrado a ver expuesta la miseria de la gente común en Laura en América o El show de Cristina.

“Vivir en Colombia con sobrepeso es tóxico para el alma. Aquí es pecado ser gorda. La gorda siempre podría ser diferente. A la gorda no la aceptan como tal, ¡siempre está la posibilidad de que haga dieta! Y yo, hasta el momento, me he negado. Es mí opción”. Ay, Dios mío, estas pataletas insoportables las llamas periodismo en KienyKe.

“Deliro con mujerones como Monica Bellucci, Scarlett Johansson, Marcela Mar y Carolina Guerra”. Ay, Dios mío. Parece que Virginia no sabe que estas mujeres son mujeres diseñadas para hacer películas y armar revistas.

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Twitter y el odio

17 Nov

Twitter se impuso como medio de comunicación gracias a los medios tradicionales. En televisión, radio y prensa se habla de lo que la gente dice en Twitter casi como si Twitter fuera el medio por excelencia y los medios tradicionales sólo hicieran eco de lo que se dice allí. ¿qué tipo de plan es este? Todavía no logro descifrarlo. No puede tratarse de un ejercicio inocente. ¿por qué tendría que interesarle a Caracol y a RCN que su público se fije en lo que es tendencia o escándalo en Twitter y no que se queden viendo su programación habitual y se olviden de las redes sociales?

En Twitter se presencian fuertes disputas entre personas influyentes -o que se toman por influyentes- con la ilusión de que el hecho se mencione en los medios tradicionales y, de esa manera, ganan más seguidores y más fama ¿pero a costa de qué tipo de sacrificios? ¿a costa de qué tipo de presiones psicológicas empezando por la adicción a estar mirando el teléfono para saber qué se dice de ellos en las redes sociales y qué beneficios le reportará semejante hecho, en qué terminará tanta fama virtual?

Hay personas que se han hecho famosas gracias a Twitter pero preocupa que gracias a esta fama se asuman a partir de un momento dado como pertenecientes a un grupo, como partidarios de unas ideas que casi siempre tienen que ver con política y aunque los tuiteros no se pueden matar a través de tuits sí es evidente que se unen y se admiran gracias al odio que comparten por una persona, porque lo que los une casi siempre es el odio.

Es más claro el odio hacia un usuario o contra un grupo de personas que la admiración hacia una persona en particular o hacia una idea. Eso es muy preocupante y valdría la pena saber si esos odios virtuales se materializan en venganzas reales, en daños personales o en enfermedades psicológicas de personas que sienten que Twitter es el mundo y la vida y la construyen a partir de esa idea.

En Twitter Colombia lo que más crea disputas tiene que ver con política. Con Uribe y contra Uribe, con Petro y contra Petro. No se admiten términos medios. Me gusta o no me gusta, lo amo o lo odio y pocos usuarios están dispuestos a cambiar su postura o a hacerla menos fuerte y menos radical.

Esta mañana tuve una conversación pública vía Twitter con Leszli Kálli  y lo que más me sorprendió fue la idea que tiene de mí y de “mis amigos”. Parece que no ha notado que no trabajo para una organización política y que si apoyo una causa no lo hago motivada por un grupo de tuiteros sino que todas mis opiniones son fruto de mis reflexiones personales. No tengo nada en contra de ella, no la odio ni la amo, como no odio ni amo a casi ningún ser humano porque el amor y el odio me distraen de actividades que me interesan mucho más que mis amigos virtuales o mis amores de sala de chat.

Leszli Kálli publicará un libro a partir de un escándalo en la Alcaldía de Bogotá que se “destapó” gracias a Virginia Mayer, una periodista que trabaja para Kien y Ke y que es respaldada por Julio Sánchez Cristo desde W radio y por Andrés Hoyos, desde El Malpensante. Parece como si los medios adoctrinaran a sus periodistas para que tomen partido a través de sus cuentas de Twitter y para que a través de tuiteros sin mucha relevancia expresaran sus ideas en libros o en artículos publicados en internet.

Diana Valencia tuvo una fuerte disputa con Leszli Kálli y gracias a la sugerencia de Claudia Morales (periodista de La Luciérnaga y colaboradora de Semana) escribió un post sobre una experiencia muy dolorosa que vivió en la vida real pero que repercutió en su vida como tuitera gracias a algunos comentarios desafortunados de Leszli Kálli. Diana Valencia es partidaria de Gustavo Petro y el libro de Leszsli Kálli se titula En las entrañas del poder. Acoso laboral en la Alcaldía de Bogotá. Lo más seguro es que detrás de la escritura de ese libro hay un grupo de antipetristas que asesoran a  Leszli Kálli. Como los antipetristas casi siempre son uribistas ella termina siendo una especie de neouribista gracias al destape del escándalo y la publicación del libro.

Los periodistas de los medios tradicionales casi nunca toman partido con su nombre sino que buscan personas menos relevantes que ellos para que ataquen con libros y artículos. Son los tuiteros ávidos de fama quienes terminan poniendo la cara y respondiendo por ideas que seguramente no tienen muy claras sino que simplemente se dejan asesorar con el sueño de que este puede ser el comienzo de una carrera brillante como destapador de escándalos a través de libros. Todos sabemos que la mayoría de esos libros se compran por morbo y que, en últimas, quienes se llevan la mayor parte de la ganancia son las editoriales. Un escándalo es tapado con un escándalo nuevo. En eso se ha convertido el periodismo.

Yo por yo al estilo nuevo periodismo colombiano

12 Oct

Cuando una fórmula literaria funciona y quien la desarrolla gana un premio esta formula se repite de forma incesante mientras aparece otra fórmula digna de ser imitada y premiada. Imitan a Fernando Vallejo, imitan a Alberto Salcedo Ramos. Fernando Vallejo es imposible de imitar, quien lo intente se expone al ridículo;  Alberto Salcedo Ramos, en cambio, nació para ser imitado. Su “arte” parece tan fresco, tan original, tan artístico. En las universidades lo llaman Maestro y él juega a serlo, representa muy bien la pose de humilde, detallista, profundo, diestro en el contenido y en la forma… Y millones de imbéciles en Colombia están concentrados en la crónica periodística al mejor estilo de revistas tipo SoHo y El Malpensante porque decidieron seguir los pasos del Bienaventurado.

Desde el más burdo periódico virtual hasta la más encumbrada revista de farándula contratan periodistas formados en la Escuela del Maestro Alberto Salcedo Ramos  para que deconstruyan a sus invitados en sendos perfiles biográficos que dejan siempre muy bien parado al observador, cuidadoso de los detalles -psicólogo, sociólogo y antropólogo intuitivo- y al protagonista de la historia, que casi siempre termina representado como un semidios. Los dos quedan satisfechos con el producto final y el lector queda con la sensación de que se hizo más culto leyendo un texto profundo, artístico, sincero y bien estructurado. En estos perfiles la imagen fresca del protagonista de la historia a través de la fotografía  se constituye en un detalle fundamental.

Voy a intentar deconstruirme a través de una crónica enmarcada en el nuevo periodismo colombiano. Espero que queden fascinados con la observadora y con el objeto de observación:

Estoy en calle 72 con 15, miro los libros de la Panamericana mientras espero a Elsy, a ella no le gustan las citas en una esquina cualquiera sino en espacios cerrados. La he obligado a que nos veamos aquí porque le voy a demostrar que en esta ocasión seré yo quien domine la situación. Es un sector congestionado de Bogotá. La gente camina desesperada. Las mujeres se miran el culo en los vidrios de las vitrinas mientras pasan apresuradas y los hombres las miran mirarse preguntándose por qué se miran tanto ese lugar específico del cuerpo si a los hombres les gusta mirar más tetas que culos, en fin. Son las 3:59, Elsy está a punto de llegar, tiene fama de ser puntual, consulté a tres miembros de su familia, a tres estudiantes y a tres amigos cercanos y los tres coincidieron en que ella es muy puntual.

Han pasado más de cuarenta y cinco minutos y nada que aparece, me estoy empezando a poner nerviosa. Recibo un mensaje de texto en el que me dice que mejor nos veamos a las cinco en el Oma de la Avenida Chile, esto se me está empezando a salir de las manos. Camino resignada hacia el oriente, veo los cerros imponentes de esta imponente ciudad (cabe recordar que todos los provincianos estamos obligados a decir que los cerros de Bogotá nos parecen imponentes y que nos  instalamos aquí porque no podemos vivir sin esos cerros).

Llego entre nerviosa y confundida y ella está ahí, con su mirada de pocos amigos:

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Me dice con voz de ultratumba que no tiene mucho tiempo para conversar conmigo, que odia las entrevistas,  nunca ha concedido una y no entiende por qué se ha prestado para esta payasada que le recuerda a Virginia Mayer jugando a la periodista zalamera y aduladora con Catalina Ruiz-Navarro y con Margarita Rosa de Francisco.

Esta presentación me deja un poco confundida, no sé por dónde empezar.  Le pregunto para romper el hielo qué piensa  de la imagen que se ha ido creando la gente de @ensayista y ella cambia el rostro de pálido a más pálido de la ira que le ha provocado mi pregunta -es obvio que le parezco repugnante- y me responde con una mirada todavía más hiriente que la de la imagen que les he compartido.  No va a ser fácil abordar a este personaje, creo que le voy a dar un giro a la entrevista.

Son las 5:15 y no hemos avanzado mucho, no he sido capaz de ofrecerle un café y ella tampoco está dispuesta a proponer que compartamos alguna bebida, tengo la garganta seca, quisiera entretenerme con un vaso entre las manos, debo confesar que estoy bastante nerviosa.

Intento hacer una pregunta más afortunada: ¿por qué es más fácil si buscan tu nombre en Google? Ella sonríe un poco, es un ser repugnante, es obvio que le gusta jugar con la gente y que no me va a dar más información de ella de la que puedo encontrar si busco su nombre en Google, no sé si odiarla o pedirle que me dé un beso ¿ya les dije que soy bisexual y que me gustan las tetas grandes?

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No puedo sacarme esta imagen de la mente, es una de las fotografías más extrañas de Elsy, ella me confiesa que todas las fotos que circulan en internet han sido tomadas por ella misma o por Andrés, que es como la monja sin cabeza: si alguien intenta tomarle una foto el fotógrafo desaparece y la cámara también, es un verdadero misterio. Tendré que llamar al fotógrafo de Kien y Ke para decirle que no venga, que ella no se va a dejar tomar una sola fotografía por más que sea con una cámara profesional.

Son las 5:30 y no hemos avanzado mucho.  Le pregunto qué piensa del amor, las mujeres y la muerte, sé que a ella le parecerá graciosa esa pregunta puesto que es experta en Schopenhauer. Se relaja un poco y me pide que cambie la pregunta porque no se siente cómoda hablando de temas serios y eruditos si no es en un salón de clase o con una persona digna de ser oída por ella y que definitivamente yo, como interlocutora suya, le parezco un verdadero desastre. Siente pena porque la experiencia no está saliendo bien pero es incapaz de fingir como fingiría cualquier entrevistado en cualquier revista del mundo,  el solo hecho de pensar que está pasando por esta situación la hace temblar de ira y se siente ridícula. Todos sabemos que llegará a su casa a llorar y a vomitar recordando los cuarenta y cinco minutos que pasó conmigo en esta desafortunada experiencia.

Le muestro estas  tres imágenes suyas y le pido que me explique qué espera de nosotros cuando las veamos:

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Ella dice que mi pregunta no es inteligente pero responde: “Me apasiona la idea de que la gente se divierta a costa de estas imágenes, que fantasee con la idea de que tiene un pedacito de mí porque conserva un archivo llamado “imágenes de Ensayista”, porque se siente superior a otros ante semejante hallazgo. Es algo simple y tonto, pero a la gente  sin vida propia le fascina vivir ese tipo de experiencias. La gente que me conoce ríe fascinada porque la persona que ven en la imagen no tiene nada que ver con la imagen que tienen de mí cara a cara. Lo que más me divierte de la escritura es imaginar la cara del lector, lo que puede llegar a pensar o interpretar cuando lee lo que escribo; también fantaseo con esa misma cara cuando buscan imágenes mías en Google, es un placer inocente pero muy vital”.

Análisis pragmático del discurso lastimero de Virginia Mayer

11 Oct

¿Quién es Natalia Roldán?

Es una periodista  de la revista Cromos que contactó a Virginia Mayer en Twitter con un sencillo “Hola. Soy periodista de Cromos y quiero escribir sobre ti, por Polaroids. ¿Me darías un teléfono o un correo para contactarte?”. Virginia la contactó, se conocieron mejor y de la conversación salió un esperpento periodístico que analizaremos a continuación.

La introducción es apoteósica: “Sincera hasta la crudeza, idólatra de Bukowski y Frida Kahlo, libre y libertina, Virginia Mayer empezó a hacerse famosa cuando escandalizó a los puritanos con sus calientes columnas en Kien y Ke. Ahora es una reconocida escritora y tuitera”.

¿Sincera hasta la crudeza? ¿Qué tipo de imbécil se define a sí mismo como sincero hasta la crudeza. ¡nadie! O sí, alguien: Virginia Mayer, la periodista más inocente que he tenido el gusto de leer.

Idolatra a Bukowski y a Frida Kahlo. ¡Qué novedad! Otra pobre muchacha que por el hecho de tomarse unas cervezas de vez en cuando con las amigas y por padecer un terrible dolor de espalda se siente hermana de artistas que merecen un poco de respeto.

“Libre y libertina”. Virginia se autodefine como libre y libertina y yo me pregunto qué es ser libre y libertino, nadie puede serlo, estamos condicionados. ¿ella busca escandalizarnos? Esas frases tontas causan escándalo por lo tontas que pueden llegar a ser. Sí, estoy obsesionada con la tontería. Virginia es la maestra indiscutible representando el papel de muchacha tonta, muy tonta.

“Empezó a hacerse famosa cuando escandalizó a los puritanos con sus calientes columnas en Kien y Ke. Ahora es una reconocida escritora y tuitera”. Como diría Ricardo Cano Gaviria: “esto no hay por dónde agarrarlo”, ¿qué puede uno decir sobre la fama y las columnas calientes de Virginia Mayer? ¿a quién escandaliza con la basura que escribe en Kien y Ke? ¿a la gente que sabe escribir? ¿quiénes son los puritanos?

“Cuando te la presentan es pura dulzura. Sonríe –con los labios siempre rojísimos–, saluda con su voz acaramelada y se ve adorable detrás de los rollitos de su figura”, escribe la periodista pudiendo ser sincera; pudo haber escrito, por ejemplo, “Es una gorda sin gracia con voz de ardilla” pero se empeña en afinar al personaje con palabras que sólo pueden engañar a un albañil o a un lector de El olvido que seremos.

“Parece mentira que es ella quien también escribe, sin el menor resquicio de pudor, que folla a la carta; que le gustan las tetas grandes, más grandes y chiquitas, y que se masturbaba con un muñeco Alf cuando empezó a conocer el placer que le podía regalar su cuerpo”. ¡Ríanse!

“Aunque parece una blanca paloma, hace tres años llegó a Kien y Ke con una columna en la que destapaba todo lo que se podía saber acerca de su vida, incluso las revelaciones sexuales más brutales. Los más mojigatos pusieron el grito en el cielo, otros la leyeron con morbosidad y sin falta, y algunos encontraron en ella una voz que se atrevía a contar lo que todos vivimos pero no confesamos”. ¿Todo lo que se podía saber acerca de su vida? ¿acaso ella quién es? ¿una estrella del cine porno? ¿Natalia París? ¿La gorda Fabiola? ¿revelaciones sexuales más brutales? Ni siquiera Nacho Vidal usaría la expresión “revelaciones sexuales más brutales” si llegara a narrar algún día la historia de su vida. ¿quién se cree Virginia Mayer? ¿por quién nos toma? ¿juega con nosotros como juega Carolina Sanín con sus videos en YouTube? ¿qué es esto? ¿el fin del mundo? ¿estamos dominados por la tontería absoluta?

“Mayer empezó a coquetear con el periodismo cuando decidió estudiar Comunicación Social, interesada en la radio. Todavía en la universidad, pasó por Javeriana Estéreo, trabajó con Jaime Sánchez Cristo y luego su hermano Julio se la robó para que fuera su productora internacional en Miami”. Julito y Andrés Hoyos son los padrinos intelectuales de esta joyita. ¡Ríanse de nuevo!

“¿Qué vio en ella la voz más conocida de Colombia? «Soy la persona más intensa que has conocido –explica–. No me rindo, y estoy convencida de que si uno toca puertas y toca puertas y toca puertas, las abren. Yo le conseguí a Julio, entre muchas otras, la entrevista con Paul McCartney por la que se ganó el Simón Bolívar»”. Oh, ah, ay, Virginia nos confiesa cómo se ha ganado a pulso cada triunfo cosechado. Y reniega de nosotros, los pobres habitantes del país del Sagrado Corazón.

“Pero Mayer odió el blanco –blanquísimo– Miami. Odió que todo el mundo quisiera ser J.Lo y Ricky Martin, que los carros brillaran tanto y que en cada esquina hubiera un latino pretencioso, así que escapó. Terminó en Nueva York, estudiando escritura creativa. Lo suyo no eran las chivas noticiosas sino la gente, en su intimidad, y en la ciudad que nunca duerme empezó a coleccionar esas historias que le interesaba contar y con ellas fue armando un libro cuyos capítulos llegaron a Kien y Ke en Bogotá. Su voz directa y sincera les llamó mucho la atención y le ofrecieron una columna que escribió durante un tiempo desde Estados Unidos pero finalmente llegó a Colombia como periodista de planta del medio digital”. Virginia considera que trabajar en Kien y Ke es un gran triunfo como periodista y como profesional.

“El cuerpo de Mayer ha sufrido mucho y ella con él. Cuando tenía diez años y vivía en Uruguay –allí creció, su papá es uruguayo y su mamá colombiana–, sufrió un accidente mientras jugaba en el parque, al caer sobre un tubo que se clavó en su vagina. «Di 100 besos antes de tener sexo porque siempre pensé que no podía ser penetrada». Luego, dos décadas más tarde, debió someterse a una cirugía de columna: tenía una hernia del tamaño de una pelota de golf que presionaba el nervio ciático y que la obligó a aguantar el dolor más intenso que jamás había sentido. «Desde ese entonces, no hay nada que me parezca más sexi que un bastón –cuenta–. Pensar que esa persona puede sentir el mismo dolor que yo sentí y saber que aún así sigue marchando me parece increíble». Ahora sabe que sufre de artritis degenerativa y en su casa tiene pequeños altares para Frida Kahlo, pues se identifica con su historia y vive obsesionada con su sufrimiento: «Sé que mientras duela estoy viva»”. Desde hace un tiempo Virginia usa como estrategia para ser más “famosa” ponerse en el papel de víctima, nos cuenta que está enferma, endeudada, cada día más gorda; sabemos que se hace tratar por problemas psicológicos, que está sola, deshecha, triste… Busca inspirar lástima y lo logra. Como tierna representante de esta pobre patria expone la miseria propia para recaudar fondos con los que sobrevivir ¿Imaginan a Bukowski o al marqués de Sade desarrollando semejante pose? Yo no, estos hombre tenían dignidad, eran orgullosos y arrogantes.

“Ese cuerpo condenado a la mala suerte también fue el que le indicó que las mujeres despertaban algo especial en ella y el que la llevó a aceptar que es bisexual: «Yo empecé a afrontar esas sensaciones cuando llegué a Bogotá a estudiar comunicación. Aquí perdí mi libertad, me sentí atrapada, juzgada. En ese entonces mis sueños todavía eran los que mis viejos tenían para mí y solo hasta que llegué a Nueva York pude sentirme realmente libre, ser fiel a mi naturaleza».” Virginia se endeudó más que un usuario del Fondo Nacional del Ahorro para pagar sus estudios en el exterior pero se vanagloria como cualquier provinciano de que su coeficiente intelectual y su estilo en la escritura mejoraron de manera evidente gracias a que es una joven “bien preparada” porque montó en avión.

Y siguen los lamentos y la lambonería por parte de la pobre periodista: “Cuando aprendió a ignorar el qué dirán, siempre cargando sobre sus hombros la dramática historia de su cuerpo, empezó a seguir su corazón y a escribir con su estómago. Tardó nueve años en terminar su primera novela, Polaroids, que se nutre de su vida, de la gente que la rodea y de las historias que ha conocido en su andar gitano por el mundo. Su voz literaria es honesta y deja entrever su amor por Bukowski, Sade, Bret Easton Ellis y los beatniks. El libro tiene algunas escenas sexuales, pero no es literatura erótica: «Se tiene la idea de que yo soy la gurú del sexo, pero simplemente me gusta lo más íntimo de la gente». Por eso, como periodista le interesa escribir sobre lo que es tabú, sobre drogas, libertinaje y vidas no convencionales. Al leerla no se encuentra a una autora pretenciosa, sino a una maravillosa contadora de historias, que lleva al lector encantado del título al punto final con un lenguaje sencillo, franco y cercano”.

“Mayer se considera impulsiva, energética, fiel, libre y libertina. Adora las groserías colombianas, como «pirobo» y «gonorrea», y las majestuosas montañas bogotanas. Le encantan las mujeres masculinas y los hombres viejos. Asegura que siempre va en subida, pero no pisa cabezas para avanzar. Confiesa que nunca ha probado follar con amor, que no tiene arrepentimientos y que no cree en nada. Y aunque admite que le encanta el sexo puerco, al final es una romántica que sueña con enamorarse de «alguien con quien quedarse en la casa un viernes tomando vino con la luz apagada y las ventanas abiertas»”. ¿Cómo puede ser nuestra heroína libre y libertina con veinte kilos de más, tan enferma como se nos presenta? No creo que tenga mucho de qué arrepentirse porque tampoco creo que haya recibido propuestas sexuales muy atrevidas, para tener sexo puerco, como lo llama ella, se necesita buen estado físico y nos acaba de confesar que un amante suyo es una especie de confidente que la llama para preguntarle si se tomó los medicamentos y durmió bien.

Hay gente que pide compasión para Virginia Mayer, hay gente que se molesta con posts de este tipo. Pero, por favor, alguien tiene que denunciar la infamia, la mentira, la pose, el engaño. ¿por qué hay periodistas como Natalia Roldán y medios como Cromos que se empeñan en subestimar a los lectores? ¿quién cree este tipo de patrañas? ¿cuando se quedan sin personas para entrevistar no sería más decoroso publicar números menos voluminosos a costa de expresar un poco de respeto hacia los lectores?

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En la revista Jetset deben sentir compasión por Virginia Mayer

30 Sep

Ayer encontré sin querer este video. Virginia Mayer de nuevo.  Ahora con sus frases célebres:

– Yo soy muy valiente,  soy muy valiente,  muy valiente….

– Soy temeraria, que es  un sinónimo de estúpida, pero es un poco valiente.

– Hablo sin pelos en la lengua.

–  No tengo temores ni miedos y no tengo vergüenzas.

– Yo digo las cosas como las pienso y las siento y pienso  que de eso  no hay mucho en Colombia y menos en la voz de una mujer.

– El éxito de mi columna es mi voz, siendo  que es una mujer, contando  y  diciendo las cosas que digo.

–  El hecho de que yo no combine con esta sociedad retrógrada del Sagrado Corazón es un constante motor para mí.

– ¡Soy una rebelde!

– Yo soy sencilla.

– No me las doy de nada.

– Soy lo que ven.

Lo que vemos es a una muchacha insegura, tímida, más gorda que en el último video, deseosa de ser admirada. Inspira compasión.

¿Por qué hay gente así?

 

El periodismo de investigación de Virginia Mayer

11 Jul

Cada cierto tiempo Virginia Mayer vuelve a dar de qué hablar, siempre porque cometió un error periodístico peor que el anterior. Tiene patrocinadores de la talla de Julio Sánchez Cristo en W Radio Colombia y de Andrés Hoyos en los “circulos intelectuales bogotanos” y al parecer es la periodista mimada de Kienyke. Con su actitud en Twitter nos da a entender a todos que ella puede insultar a quien quiera, calumniar a quien quiera y siempre va a mantener su puesto en este medio porque es la predilecta, la iconoclasta, el perro que muerde, la encargada de decir las verdades que nadie se atreve a decir porque a todos nos falta lo que a ella le sobra. La buena noticia es que a medida que pasa el tiempo más personas van descubriendo el juego infame de Virginia Mayer.

Julio Sánchez Cristo y Andrés Hoyos no son precisamente cultos o buenos escritores pero tienen mucha influencia en este país de ignorantes y de gente que toma por cierto lo que se dice en los medios y en las “revistas culturales” tipo El Malpensante. El sueño es que no aparezcan más “figuras públicas” a decir que Virginia Mayer es una gran periodista. La gota que rebosaría la copa sería que apareciera postulada a un Premio Simón Bolivar por una de sus maravillosas historias y se lo ganara. ¡Así es Colombia!

Virginia se siente cada día más fuerte y a medida que pasa el tiempo le hace más daño a las personas que caen en sus manos con engaños. Ella busca personas vulnerables siempre: un viudo joven, un escritor olvidado, una actriz vieja y fea, un homosexual menor de edad, dos amigas que dejaron de serlo y sellaron su amistad con tuits. Esa es la base de su última Historia:

Virginia Mayer contactó a la examiga más vulnerable, inocente, explosiva y a costa de su estado de ánimo armó una noticia digna de ser discutida en Laura en América, no en casi todos los medios de circulación nacional. Con este nuevo escándalo, que llegó a ser casi como el escándalo de Dania Londoño y los agentes de la DEA, aparecieron de nuevo Andrés Hoyos y Julio Sánchez Cristo a describir las cualidades innegables del estilo y la rigurosidad de su adorada Virginia.

¿Hasta qué punto un periodista tiene derecho a contactar no a sus informantes o a sus personajes sino a sus víctimas para  exponerlos sin ningún tipo de consideración y sin previo aviso sobre la distorsión que se hará de la información que ellos le ofrecen con la idea de conseguir fama, dinero, prestigio o simplemente por lograr el sueño de aparecer en el noticiero del mediodía o en el periódico?

¿Por qué las personas contactadas por periodistas no se toman el trabajo de investigar sobre la trayectoria y el estilo de este periodista antes de dar información?

¿Esta es la Escuela de Nuevo Periodismo que está cultivando la revista SoHo?

Yo pude haber formado parte del Círculo de Víctimas de Virginia Mayer, pero como no concedo entrevistas de ningún tipo a nadie ni me muero por aparecer en ningún medio me salvé de la furia que debe producir el producto periodístico final en las personas que caen en las manos de esta supuesta nueva estrella de los medios colombianos.

¡Pobre país!

Cada día  vamos de mal en peor.

Autoentrevista sobre Virginia Mayer y el matrimonio

1 Mar

A. ¿Cuándo fue la última vez que se autoentrevistó? Si mal no recuerdo usted dijo en tono enfático -como si fuera verdad- que no volvería a hacerlo porque ya no lo encontraba tan divertido.

B. No recuerdo la última autoentrevista pero tengo la sensación de que fue hace menos de un año. Autoentrevista Razonada, creo, es el título pretencioso de nuestra última conversación, dizque para diferenciar esa experiencia de las demás. No recuerdo si dije esa vez que estaba harta de autoentrevistarme, tengo mala memoria y lo peor de todo es que me gusta.

A ¿Definitivamente nunca le va a conceder una entrevista a nadie que no sea usted misma?

B. No.

A. ¿Por qué fue tan dura con Virginia Mayer?

B. Porque ella pensaba que tenía más poder como periodista que yo como Elsy Rosas Crespo y está equivocada, el periodista es la sirvienta de los divos, son los entrevistados los que le dan de comer a esa gente.

A. Yo creería que ella no quería acabar con su imagen, nombre y honra, sino que, muy al contrario, ella quería que todos supieran quién es @ensayista: la twittera que le quita el aliento a medio país. ¿por qué se empeña usted en figurar como una niña grosera o como la estrella de la farándula que nunca será?

B. Porque me divierte, siempre busco pretextos para sonreír y me excito cuando alguien me propone una entrevista y yo primero le digo que sí y luego le digo que no sólo para imaginar cómo cambian los rasgos y los colores de su rostro ante el sí y ante el no. Es un placer inocente, que yo sepa ningún periodista ha muerto porque yo me haya negado a hacerlo sentir inteligente haciéndome preguntas estúpidas, porque estoy segura de que me harían preguntas estúpidas.

A. Defina pregunta estúpida.

B. En este momento no estoy de ánimo para definir.

A. ¿No es un poco vergonzoso que todos y cada uno de los miembros de su honorable familia -enemiga pública de las redes sociales- algún día se enteren de sus pasos y temamos lo peor?

B. Acabas de hacerme una pregunta estúpida ¿cómo se van a enterar ellos de mis aventuras en las redes sociales si las detestan?

A. ¿Es usted consciente de lo ridícula que puede llegar a ser?

B. No

A. Virginia Mayer escribió en Twitter que la propuesta que ella le hizo a usted (nada más ni nada menos que concederle una entrevista a ella -que no es cualquier periodista- para ficcionalizarla luego en Kienyke) es lo mejor que le han propuesto este año. ¿Es cierto semejante esperpento? Hasta donde tengo entendido ese portal es un pasquín hediondo, la síntesis de los errores periodísticos de este pobre país.

B. No

A. ¿Qué es lo mejor que le han propuesto este año?

B. Me han propuesto un ejercicio de convivencia pacífica con un hombre y lo he aceptado.

A. ¿Cómo ha sido esa experiencia?

B. Han sido casi setenta días que ha valido la pena vivir.

A. ¿No es extraño vivir la primera Luna de miel a los cuarenta y dos años?

B. Supongo que sí.

A. ¿Estaba en sus planes devenir en amorosa esposa después de siete años de ser una abnegada novia?

B. No.

A. ¿Por qué aceptó entonces tan dura prueba? Hasta donde tengo entendido usted se jactó hasta hace menos de un año de haber decidido desde que tenía nueve años que JAMÁS se casaría ni tendría hijos ¿así de consecuente es siempre?

B. Acepté porque no tenía más alternativa, mi hermana tuvo que ver mucho en la decisión, ella adora a mi novio devenido en marido. Y como ser humano tengo derecho a cambiar de opinión todas las veces que se me dé la gana.

A. ¿Qué ha sido lo mejor de estrenar marido?

B. Dormir, es cierto lo que dice la leyenda: en tierras frías es mejor dormir de a dos que de a uno porque se calienta uno más rápido.

A. ¿Y qué más la tiene con la boca abierta de esta nueva experiencia?

B. Creo que estoy llegando a la conclusión parcial de que en la convivencia entre un hombre y una mujer el amor es Amor cuando los días transcurren mucho más rápido que antes y hablamos mucho después de cada comida y antes de cerrar los ojos. No es cierto, o por lo menos no lo es en mi caso, que lo más maravilloso sea decir cada mañana con mirada radiante: “Buenos días mi amor”.

Masturbación a la carta

19 Feb

– Soy fea, a nadie le importo.

– Sí, le importas a alguien.

– ¿A quién?

– A la Legión de orcos que ansiosos esperan tus órdenes.

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Virginia Mayer lo hizo de nuevo, logró que mis ojos se posaran sobre una de sus famosas revelaciones y, de nuevo, voy a escribir sobre lo que ella escribe. Virginia nos confiesa sin rubor que se masturba desde niña con peluches, almohadas, colchones, dedos, manos… De grande goza también con su juguetería importada.

¿Por qué tenemos tan pésimas columnistas en Colombia? ¿Por qué tantas mujeres jóvenes recién egresadas de carreras de literatura, politología, mercadología y relaciones internacionales posan como las más irreverentes en sus columnas de opinión? ¿Son mujeres muy jóvenes y debemos ser condescendientes y comprensivos con ellas? ¿Por qué se ocupan tanto de temas tan irrelevantes como las prácticas sexuales públicas o privadas y hacen de esas prácticas un gran acontecimiento periodístico, una revelación de su idea de rebelión, de liberación femenina y apertura mental?

Para Carolina Sanín el sexo debe ser antiestético.

Para Catalina Ruiz-Navarro la liberación de la mujer es proporcional a la cantidad de amantes de cada fin de semana.

Para Virgina Mayer el sexo lo es casi todo en su vida y pretende modernizar a Colombia narrando con lujo de detalles sus experiencias con hombres y mujeres. Ella lo llama Sexo a la carta, yo lo llamo falta de un amante que también la ame y que goce tanto con ella, hasta que los dos entiendan que el sexo no es lo primero en la vida sino lo tercero o lo cuarto. Virginia necesita ser saciada, no tanto de sexo sino de afecto, de amor, de caricias, de mimos.

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Señores, señoras, niños y niñas, el sexo no es ningún gran acontecimiento, es una de las actividades más efímeras que vive el ser humano a lo largo de su miserable existencia. Dura más el deseo que la realización y cuando tienes una pareja estable con la que puedes gozar de los placeres de la carne, el sexo pasa a un merecido tercer plano, después de comer, beber, dormir y conversar. El sexo es un gran acontecimiento para quien ha pasado por prolongados y dolorosos periodos de soledad y todas las miserias asociadas a esta sensación o para quien no ha tenido un amante diestro que lo convenza después de siete años de que el sexo es una actividad repetitiva, puede llegar a ser más excitante hablar, comer o burlarse a costa de gente estúpida.

El sexo es el sexo, un acto básico, elemental, animal, limitado por el cuerpo.

Columnistas jóvenes: vivan la vida, gocen a su manera, sean vírgenes, promiscuas, lesbianas, sadomosoquistas… sean lo que quieran, administren su cuerpo según sus creencias, pero no pretendan darnos clases de educación sexual. Aprendan a escribir, crezcan, pulan el estilo, no se repitan, no pretendan armar una revolución mental cada fin de semana. Sabemos que necesitan sobrevivir, sabemos que necesitan ser aplaudidas por inteligentes, críticas, creativas, feministas, necesitan ser aplaudidas, necesitan reafirmarse cada fin de semana, todos lo sabemos. Traten de hacerse dignas de mí, tal vez esa petición las obligue a pensar si vale la pena seguir escribiendo columnas de opinión.

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El nevecón

7 Feb

Virginia Mayer, tú no tienes la culpa de ser gorda,

¡Pero yo tampoco!

———-

Siente mi cuerpo una presencia extraña,

se acalora ante tu simple presencia…

Si tu culo fuese una tostada, necesitaría un remo para untarla.

*

Se llena de ternura mi corazón vacío…

y se abren mis alas para abrigar tu frío,

Eres una gorda hermosa que folla a la carta.

¿No es paradójico eso? ¡Amor mío!

*

Nace una fuerza extraña de asustar al miedo…

tienes un closet envidiable, ¡No te creo!

Se centra en mi pensamiento la sola idea de verte libre,

En tu traje de dos piezas,

descalza en la playa superando todas tus inseguridades.

¡Tampoco te creo!

*

Anhelo el día de verte flotar con tus propias alas,

Difícil ha de ser ladrar y morder,

Como nos quieres hacer creer,

siendo -como eres- periodista de KienYKe

(la versión digital de El Espacio).

*

Te imagino con los ojos cerrados,

Al son de la voz divina del humorista

Daniel Samper Ospina o,

tal vez

la de crítico de cine, Ricardo Silva.

Los imagino a los dos recitando con voz queda:

“¿Jugamos al adivino? vos te sientas

en mi cara y yo adivino cuánto pesas”.

*

No quiero voltear y verte atrás, ni quisiera ver tu sombra nada más…

Por eso toma mi mano y déjame levantar tu vuelo

Toma mi mano y mira al cielo

Toma mi mano y ajustemos el ritmo, para estar siempre paralelos al camino…

*

Sospecho que todos tus amantes insaciables

Al terminar la faena deben decir estupefactos:

“Gorda! vos me haces gozar el doble,

una vez cuando acabo y otra cuando te bajas de encima!”.

 

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Twitter le cambió la vida a Virginia Mayer

7 Feb

Para quienes no conocen a Virginia Mayer a continuación una breve descripción:

Es una mujer muy gorda, muy fea, muy masculina, muy agresiva, muy burda y muy reconocida -por ella misma- como: lesbiana insaciable, crítica despiadada, implacable desbaratando figuras públicas en Kienyke, sin pelos en la lengua para hablar de sexualidad sucia y reveladora de Grandes Verdades. Debe suponer que como nadie está dispuesto a decir la verdad, ella está condenada a realizar tan honorable tarea a pesar de que el ejercicio pueda resultar doloroso para el lector, no para ella.

La conclusión que saco de su perfil es que todo lo que ella quiere parecer revelar con su supuesta rudeza no es más que una máscara que usa para ocultar su verdadera naturaleza. Virginia Mayer es una ciudadana más, una persona común, como la mayoría. Vamos a demostrarlo analizando sus propias letras.

En su última columna se ocupa de Twitter, lo aborda con humor e ironía. Para solaz mío no nos habla sólo de cómo Twitter le cambió la vida sino que nos presenta rasgos de su ser que está empeñada en ocultar. Con ustedes Virginia Mayer:

1. El domingo en la noche me acosté muy angustiada, pues al día siguiente era lunes. Tuve pesadillas toda la noche, pero la peor fue una en que ya no había Twitter. ¡Fue horrible! Cuando sonó el despertador lo primero que hice fue mirar Twitter en mi BlackBerry. Ahí estaba, bendito.

Análisis: entre chiste y chanza Virginia nos confiesa que pasa el bendito día y la bendita noche pensando en Twitter. ¡A Virginia le falta vida, le faltan emociones que ocupen su mente, tal vez Twitter se ha convertido en su prioridad! Y la pregunta es por qué: Twitter es una red social más, lo que vino después de Facebook y lo que nos entretiene mientras aparece otra que sintetice las demás, ese ha sido el orden de las cosas hasta ahora.

2. Durante la noche me habían seguido siete personas, cada una con una biografía más ridícula que la anterior, pero bienvenidos, bienvenidos todos, enhorabuena. Esta semana he sufrido, pues habiendo llegado a los 6 mil seguidores, parecen haberse detenido. ¿Será que no voy a pasar de los 6100 seguidores? Sufro.

Análisis: Nuestra periodista irreverente se fija en cuántas personas la siguen diariamente y lee sus biografías, quiere saber quiénes son sus fans. Le importan los seguidores como a cualquier pelmazo que hace lo que sea para hacerse notar, para parecer popular. 6.100 le parece una cifra nada despreciable, pero espera más.

3. ¿Y de qué me sirve toda esta gente? A veces he pensado en pedirle mil pesos a cada uno de mis seguidores, pero con eso no pagaría ni la deuda de la tarjeta de crédito.

Análisis: Virginia quiere que sepamos que tiene tarjeta de crédito. Es típico del tuitero típico presumir con objetos de supuesto lujo. La tarjeta de crédito dejó de serlo hace mucho tiempo, pero bueno, a ella todavía le parece un bien digno de ser mencionado para que nos hagamos una idea de su valía.

4. La realidad es que en Twitter nadie te da nada, al menos nada tangible. Entonces, ¿de qué me ha servido? Allí comencé a promocionar mis columnas hace dos años, también me hice una idea de cuántos de ustedes me leían. A través de Twitter he conocido personas que ya ocupan un lugar importante en mi corazón: @sergioaraujoc, @Sanchezbaute, @bocasdeceniza, @ninolatex, @SoyAndresParra, @AspasiaSegunda, @delosnervios, @catalinapordios y @Perroacuadros.

Análisis: es aquí donde Virginia empieza a revelarse como una ciudadana más, una colombiana común: Twitter no le da nada tangible pero le brinda la posibilidad de promocionarse, de venderse. Mientras ella se vende vende a otros que también la venderán porque son buenos vendedores en Twitter, y si tú me vendes yo te vendo y todos ganamos. Yo leo el párrafo y me pregunto: ¿Dónde está la Virginia Mayer que se sale del montón? ¡Admira a zalameros profesionales dispuestos a promocionar a otros zalameros profesionales para crear entre todos la ilusión de que no son simples zalameros sino que son gente de mundo, grandes intelectuales, periodistas, trabajadores honestos y bla bla bla! Virginia sabe a quién vale la pena mencionar en su lista de “personas que ya ocupan un lugar importante en su corazón”. En lenguaje mundano esa frase bonita se traduce en buenos términos colombianos en un: “Esas personas son buenos contactos para proyectos futuros”. ¡Virginia es una colombiana promedio!

5. También he conseguido trabajo; editores de diferentes revistas han visto mis tweets con mis columnas y me han pedido que escriba para ellos. Inclusive, he hecho investigaciones a punta de hacerle preguntas a mis seguidores.

Análisis: Aquí el análisis pierde su tono de objetividad y me apropio de un tono epistolar indignado con la tuitera exitosa:

Virginia, a todos nos han ofrecido dulces de todos los sabores en Twitter, a todas nos han pedido que nos vendamos y vendamos todo tipo de productos. Tú misma quisiste venderme como buen producto en Kienyke para ser más “famosas” las dos y no acepté porque Kienyke es un pasquín inmundo y tú eres una periodista deshonesta y tramposa. Me convencí más de mi decisión cuando me dijiste que serías complaciente conmigo para hacerme sentir bien. ¿Mientras me hacías esas propuestas te pasaba por la mente que yo sería un buen contacto para un proyecto colectivo en el futuro? Supongo que sí, estás acostumbrada a tratar con gente ávida de protagonismo en revistas infames,con personas dispuestas a venderse por lo que sea, sin medir las consecuencias, sin pensar en ética, en honestidad, en pertinencia… sin pensar ni siquiera en el daño que se le puede hacer a otros con la realización de esos proyectos.

6. También he hecho denuncias y sometido al escarnio público a un par de personajes absurdos que han pretendido sabotearme o matonearme sin éxito. Y es que Twitter se presta, precisamente, para eso.

Análisis: Nuestra irreverente es tan valiente que denuncia que es implacable denunciando pero ni siquiera se toma el trabajo de anotar los nombres de los denunciados. Le tiembla la mano como en casi toda la columna y su texto adquiere el tono de conversación de viejas chismosas que dicen el milagro pero no el santo. ¡Esa es Colombia!

7. Con todo el lío de la columna del periodista Daniel Pardo en Kien&Ke, María Elvira Bonilla y Adriana Bernal fueron sometidas a un matoneo desagradable, y es que esta red social permite que todos opinemos. Los que saben y los que no tienen ni idea. Se siente como una herramienta para el desahogo, para la expresión desbocada de pensamientos y sentimientos que parecen ser pensados a medida que van siendo tecleados.

Análisis: como buena empleada es obediente, servil y conforme con los jefes, los defiende, es feliz en su rol de perro guardián de los poderosos. Esto ya es demasiado, ¿Será posible que los dueños de Kienyke le pidieron a la guerrera Virginia que los defendiera de los agresores porque ellos solos no pueden? ¡Virginia es más sumisa que un cajero de Carrefour!

8. En Twitter la gente no piensa antes de escribir, la mayoría se vomita, más que expresarse. Y yo, que soy más impulsiva, me enciendo en ira y comienzo a responder animaladas que ya comienzan a identificarme.

Análisis: esta es la Virginia acostumbrada a autopromocionarse como la mujer que describimos al comienzo. Este párrafo desdice a la mansa paloma que leímos en los párrafos anteriores.

9. La gran dicha es que uno puede borrar todo lo que escribe, y aunque haya desocupados tomando fotos de pantalla, lo que borre sale de mi TL y es como si nunca hubiese sido escrito. A mí me gusta mantener un TL limpio de menciones, me gusta así porque lo considero más estético. Como si cada tweet fuera una estanza en un poema.

Análisis: Virginia nos explica, como si de una niña pequeña que acaba de cometer una travesura inaceptable se tratara, por qué es tan ruda con sus lectores. Las personas rudas de verdad no sienten ningún deseo de justificar la naturaleza de sus actos, son rudas y ya. ¡Virginia ¿por qué eres tan niña?!

10. Me da risa la gente que cuestiona que borre tweets, como si fuera un documento público, la Constitución. La gente que se toma Twitter muy en serio aún no ha entendido que se trata de un juego.

Análisis: Virginia acaba de pronunciar dos frases del tuitero promedio, el adicto, el que se reúne con otro tuiteros a hablar de lo buenos tuiteros que son. Al tuitero promedio todo le da risa (risa furiosa, por supuesto) y no se toma tuiter en serio (pero llora por todo: porque los dejan de seguir, porque los bloquean…)

11. Hoy día existen varias herramientas para que la experiencia en Twitter sea más enriquecedora. Existe who.stolemytweet.com, que permite ver quién ha plagiado sus tweets. Está www.favstar.fm, que es lo más preciso para ver quién le ha dado RT o FAV. También existen compañías que venden seguidores, o cuentas que ya tienen miles de seguidores, pero esta última herramienta nadie la admite. Yo no he comprado seguidores, pero le he mendigado el follow a un par, por lo que Adolfo Zableh me regañó y me llamó patética. Y sí, a veces soy patética. A veces vale la pena.

Análisis: Virginia sigue manifestando que está obsesionada con Twitter y quiere muchos seguidores. Ahora nombra a @azableh, él también es un muy buen contacto para proyectos futuros, publica en casi todas las revistas colombianas ¿tan mal pagan?

12. ¿Y qué pasaría si este juego un día se acaba? Yo andaría de luto y quizá volvería mi perfil de Facebook algo más creativo y tendría más de los 50 amigos que allí tengo. Leería más libros, escribiría más, pasaría menos tiempo prestándole atención a mi celular y en la calle.

Análisis: Virginia sigue confesándonos que es adicta.

13. Me entregaría al destino a la hora de publicar mis textos, esperando que a ustedes se les ocurriera visitar Kien&Ke para ver qué se ha publicado y cruzando los dedos para que recomendaran mis textos a sus amigos por teléfono o a la hora del almuerzo.

Análisis: Virginia sigue reafirmando sus serios problemas de autoestima. Esta joven necesita ser leída, valorada, amada. No es justo, no es la virginia que nos ha querido hacer imaginar, nos engañó.

14. Las redes sociales se han vuelto parte esencial de nuestras vidas. Confieso que muchas de las cosas que se me ocurren son líneas para Twitter.

Análisis: ¿Es posible leer una descripción más patética de una persona sin vida real?

15. Muchos de los comentarios geniales, ridículos o chistosos de mi gente van para Twitter, con comillas, claro. Antes lo anotaba todo en pequeñas libretas que cabían en mi bolsillo, pero nadie me festejaba lo que escribía.

Análisis: ¿Es posible leer una descripción más patética de una persona sin vida real?

16. Twitter da reconocimiento, saca del anonimato y les da voz a las personas. También le da peso en las huevas a los más cobardes, que son aquellos que abren cuentas anónimas y quienes más duro matonean. Desde el anonimato todos son valientes, pero la gran mayoría de estas cuentas son seudónimos creados por gente que no es capaz de decir lo que piensa dando la cara por miedo a ser juzgados.

Análisis: al parecer a Virginia le duele mucho el matoneo, probablemente es una mujer muy insegura, muy frágil, muy necesitada de ternura, afecto y cursilería y yo me vuelvo a preguntar: ¿Por qué se empeña en presentarse como lo que no es? ¿Por qué no nos presenta su fragilidad, su necesidad de aprobación, su miedo a perder el trabajo y a quedarse sin contactos que le hagan pensar en futuros proyectos? ¿Tan incierta ve la vida? ¿Tan desvalida se siente como para mendigar amor y reconocimiento de esa manera?

17. Si Twitter se acabara varios personajes patéticos volverían a la soledad de sus sabanas pegajosas y sus comics, y sus caras seguirían llenándose de granos por no poder desahogarse matoneando a quienes, de otra manera, jamás los oirían.

Análisis: Virginia sigue transpirando fragilidad.

18. También se desinflarían las reinas tuiteras que fueron elegidas, arbitrariamente, por otro personaje que aunque no lo declare así, bien podría ser el rey de Twitter en Colombia, el cazatalentos, la catapulta a las estrellas: @luisharistizbal. Estas mujeres que destilan creatividad e inteligencia volverían a su cotidianidad, a sus libros y calculadoras, sus busetas y los salones de clases que todavía hacen parte de sus vidas.

Análisis: Aquí está Virginia Mayer en todo su esplendor ante el rey de la zalamería en la vida real y en la vida virtual: Luis H. Aristizábal. Quién sino Luis H. Aristizábal tenía que ser proclamado Rey de Twitter en Colombia por la más irreverente de todas; qué sería de él sin las inocentes niñas que lo adoran -como parte de su inocencia y de su ignorancia- y sin Virginia Mayer para proclamarlo Rey. ¿Dónde ha quedado la supuesta mujer implacable? Esta parte final del texto bien podría ser parte fundamental de un discurso de despedida de un grupo de niñas cristianas o discurso de grado de un colegio femenino de monjas donde las estudiantes adoran a su rey, a cualquier rey. A Virginia la educaron para adorar a la gente que tiene talento para hacer contactos y Luis H. Aristizábal es Maestro indiscutible en ese arte.

19. ¿Qué sería de las controversias de Alejandra Azcárate sin sus 878.809 seguidores? ¿Cómo promocionaría Daniel Samper Ospina sus columnas y libros? ¿Cómo se desahogaría Álvaro Uribe Vélez? ¿Qué haría Andrés Parra para denunciar los abusos y el pésimo servicio de Claro? ¿Por dónde contaría Antonio García Ángel sus cuentos cortos con tanta inmediatez? ¿Por dónde expresaría Bret Easton Ellis su inconformidad con la industria del entretenimiento en Hollywood?

Análisis: Virginia es devota de Twitter.

20. Yo no creo en Dios, pero esta noche voy a orar y le voy a pedir que no se acabe Twitter, que no se acabe nunca. Y yo sé que todos ustedes me acompañarán en mi oración.

Análisis: el final no podría ser más lastimero. He de confesarle a quien se tome el trabajo de leer este post hasta aquí que quedé con infinitos deseos de vomitar después de haber revelado a Virginia Mayer en todo sus esplendor.

Hasta pronto

Elsy

 

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