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Son contados los dramaturgos decentes en Colombia

7 Sep

Un comentario sobre teatro colombiano que vale la pena compartir:

No puedes hablar de forma general sobre el teatro colombiano y decir que todo es malo tomando como punto de referencia a un personaje salido del mundo de la farándula como Fabio Rubiano. Es bien sabido que hay muchos desastres como él que se creen unos maravilloso dramaturgos, ahí tenemos una de las peores y más sobrevaloradas actrices de la televisión colombiana: Alejandra Borrero, la fundadora de la Casa Ensamble, otro teatro dedicado a vender basura sobrevalorada y hasta hace poco en teatro se tuvo el debut del care papa sin gracia de Rafael Novoa (un desastre) Y como todos ellos hay muchos personajes deplorables en el mundo del teatro nacional pero no por eso vamos a decir que es una cosa decadente, es como decir que la música colombiana es una mierda si nos centramos en Juanes, Shakira y los reguetoneros.

Es verdad que son contados los dramaturgos decentes en Colombia pero los hay. Te invito a conocer las obras de Enrique Buenaventura, de Santiago García fundador del Teatro la Candelaria y autor de una de mis obras de teatro favoritas “El dialogo del rebusque” una adaptación maravillosa de “Pablus”. Además de ellos esos dos grandes en la historia del teatro colombiano hay que ver las propuestas de teatros como el Varasanta. Hace un tiempo hicieron un montaje de una obra también colombiana llamada “Kilele” esta es de Federico García Lombarda y toma estructuras del teatro clásico para escribir una obra sobre el conflicto en Colombia que a diferencia de muchas otras no está llena de clichés y por último debes conocer la historia del Teatro Libre; aunque el Libre trabaja teatro de autor no tiene actores compartidos con la televisión, tienen un maravilloso sentido de la estética, basta con recordar sus mejores montajes como “La orestiada”, “El rey Lear” las adopciones al teatro que hicieron a las noveles de Dostoevsky “Crimen y castigo” y “El idiota”.

Puedo concordar en la crítica a Fabio Rubiano y los divos de la farándula que quieren ser actores de teatro cuando no saben más que ser ellos mismos. Por el momento elijo creer que ese juicio tan negativo fue por desinformación ya que me gustan mucho tus ensayos y este me dejó con un mal sabor de boca.

El maestro Fabio Rubiano

6 Sep

El teatro en Colombia es un completo desastre si pensamos que el teatro es arte, arte excelso como la música, la danza y la pintura. Las obras las escriben los artistas y son representadas por los actores, que también son artistas. Los dramaturgos (Shakespeare, Ibsen, Brecht, Bernhard…) escriben las obras para ser representadas en un escenario  por los actores y -como pasa con la música, la danza y todo lo que implique la presencia de artistas en el escenario- el público debe ser un público cultivado, el público debe conocer la obra, amar el arte y presenciar cada representación con pleno conocimiento de lo que significa el teatro y la actuación en un contexto bien definido. El teatro no es la televisión, el cine ni la ópera, el teatro es el teatro, se rige a partir de unas reglas bien definidas, no es diversión ni entretenimiento, es arte y como arte debe ser escrito, representado y contemplado. En el teatro, como en la música, la danza y la pintura, no se vive de buenas intenciones sino de ejecución, de la puesta en escena segundo a segundo. Es como el deporte de alto nivel: no se valora el esfuerzo del artista ni el aplauso del público.

Cuando el teatro se convierte en un circo merece ser despreciado y en Colombia el teatro siempre ha sido un circo. Merece todo nuestro desprecio. Un libro sobre el teatro en Colombia merece un buen título: La náusea. Debemos imaginar que leemos ese libro y luego vomitamos y sacamos todos nuestros demonios internos, los que nos dicen que en Colombia todo es un fracaso y tiende a empeorar.

El principal drama del teatro en Colombia es que se trata como otra forma de rebusque, el teatro se maltrata más que la televisión y el cine porque para hacer teatro no se necesita nada y la prueba de eso es que cualquier persona en Colombia puede terminar convertida en actriz o en actor de teatro como quien se lanza a una pista de baile sin saber bailar. Son actores La gorda Fabiola, La gorda Mayer, La exgorda Azcárate y El flaco Solórzano. Las personas que actúan en Sábados Felices y en las telenovelas de Dago Producciones son las mismas que sin ningún tipo de pudor se presentan en una sala de teatro con el rótulo de actores; lo peor de todo es que esas personas y esas obras tienen público, el público compra las boletas, llena los espacios y aplaude de pie ante esos espectáculos que llaman El teatro en Colombia. Ese público que ama el teatro colombiano es el mismo que ama Sábados Felices, la telenovela de Diomedes y las películas de Dago. El panorama es aterrador.

La televisión colombiana tiende a empeorar pero el teatro tiende a ganar estatus gracias a Fabio Rubiano, un hombre con buenas intenciones que se para al lado de los grandes para hablar de arte y se atrevió a humillar y ofender a Héctor Abad Faciolince, le dio clases de erudición a uno de los escritores más eruditos y con mejor ortografía de Colombia. ¡No hay derecho!

El maestro Fabio Rubiano -así lo llaman ahora en los perfiles y las entrevistas- se presenta a sí mismo como un gran artista, pensador, filósofo y hombre comprometido, es una especie de Camus del siglo XXI en la tierra de Gabo. La figura del maestro da como para escribir una buena comedia titulada El hombre sin atributos:

Érase una vez un niño que nació en Fusagasugá pero no era de Fusagasugá sino de Bogotá, más rolo que Andrés Ospina, ala. Ese niño vivía en el barrio Restrepo pero luego se fue a vivir a Chapinero; fue mesero y arreglaba máquinas de escribir, inició más de cinco carreras y no terminó ninguna, tenía un bar y una noche se dijo “tengo que escoger entre el teatro o la noche”, escogió el teatro pero lo vimos en televisión actuando de él mismo -como casi todos los actores colombianos- en Vuelo Secreto (una de las series colombianas más vistas en la historia de la televisión colombiana -lo que no sabe el maestro Fabio es que los colombianos tienen muy mal gusto y por eso Sábados Felices es el programa más antiguo de la televisión colombiana). El maestro conoció a Marcela Valencia (su compañera de toda la vida) fundaron Petra y es ahí, en ese momento, cuando Fabio se sintió al lado de los grandes dramaturgos, se presenta como tal, asume la pose de pensador y erudito y todos los periodistas y el público no exigente le siguen el juego. Su última Gran Obra es Labio de libre y ante Labio de liebre todos salen estupefactos y el más estupefacto es él. Gracias a su genio se da el lujo de cambiar de esposa con cierta frecuencia y esas muchachas se sienten a su lado como ante la Idea hecha hombre, habría que ver cómo se desvivía en palabras hacia Fabio la recién reemplazada Carolina Cuervo, en fin.

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Prefiero ser ama de casa que humorista

22 Mar

Esta semana me encontré con una amiga hastiada de tanto trabajar, de la realización de proyectos que no colman sus expectativas aunque desde la mirada ajena parezcan grandes realizaciones personales e intelectuales. Estaba cansada, agotada.

“¿Y tú qué?” Me preguntó.

“Nada, bien” -dije yo- “Descansando mucho como siempre, feliz con mis horitas, mis lecturas, mis caminatas y mis siestas de la tarde. Pero tengo un capricho, una idea que estoy gestando en mi mente: el sueño femenino de ser una feliz ama de casa gorda y despreocupada. Andrés está dichoso con su trabajo y como dicen las abuelas Donde come uno comen dos, sin contar con que no somos dos bolas de sebo que sólo trabajan para comer”.

Ella dijo: “Ojalá yo pudiera conseguirme también un hombre que me mantuviera”.

“Tengo otras dos ofertas”, dije yo: “Deconstruirme en humorista o escribir telenovelas, eso da plata, me dijeron” Y le resumí la idea que un magnate de las telenovelas y del humor colombiano me presentó y desea presentar en el futuro como obra de teatro para plasmar lo fracasados que pueden llegar a ser los profesores universitarios y los intelectuales en general:

Una exitosa escritora de telenovelas vive con un escritor fracasado que también da clases en una universidad, el pobre hombre sueña con ser tan exitoso (tener mucha plata) como su esposa y siente envidia cuando ve las telenovelas que ella hace. Ella lo encuentra un día viendo la telenovela -de la que tanto reniega el intelectual mamerto que odia la televisión- y él le reclama porque ella lo toma a él como personaje para las historias que hacen llorar a las amas de casa gordas.

Mi amiga palideció y me dijo con voz temblorosa: “¡No lo hagas!, entre realizarte como ama de casa gorda y ser humorista o escribir telenovelas escoge lo primero, no vayas a perder la dignidad”. Y, claro, mi amiga tiene razón, si yo fuera un hombre preferiría vender aguacates en una carreta que ser humorista colombiano o escribir telenovelas para terminar de embrutecer a este pobre pueblo.

Espero que haya quedado claro que a mi amigo el magnate del humor le importa la plata y sólo la plata.

Drama amoroso

2 May

Algunos suponen  que además del gran engaño original se organiza  en cada caso un pequeño engaño particular  especialmente destinado a ellos, esto es, que, por ejemplo,  cuando se representa un drama amoroso en el escenario, la actriz no sólo dirige una sonrisa hipócrita a su amado, sino que reserva, además,  una sonrisa con segundas intenciones  a ese espectador  concreto situado en el gallinero. Eso es ir demasiado lejos.

 

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