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8 de noviembre de 2015

8 Nov

11:11 a.m. Domingo

Anoche tardé un poco en dormirme, es algo que suele suceder un día en la semana. Estoy tan llena de mí, me siento tan plena que la plenitud no me deje dormir porque la sensación es muy intensa. Me siento muy bien por ser yo, eso es todo, parece poco pero es mucho, la sensación es muy agradable, tanto que a veces termino pensando en sexo, recordando algunos muy buenos momentos rebosantes de salud y energía. No miro el reloj porque no es aconsejable, mirar el reloj atrae el insomnio, pero sospecho que me dormí un poco después de las doce. No soñé. A veces lo mejor es no soñar.

No amaneció lloviendo y el día no es frío y como es domingo es el día de salir a caminar. ¡Maravilloso! Antes de salir tomo café y me hago un masaje. Por ser domingo el masaje es en todo el cuerpo porque tengo todo el tiempo y puedo hacerlo con mucha calma. Una caminata después de un masaje es como una droga, me siento muy bien. Cuando me siento muy bien pierdo el apetito porque me gusta sentir como que vuelo, es cuando más recuerdo a Virginia Woolf y entiendo su fastidio al hecho de comer:

No comer es un vicio, una especie de droga: con el estómago vacío se siente limpia y veloz, con la cabeza despejada, lista para la pelea. Toma un sorbo de café, baja la taza, estira los brazos. Levantarse a lo que parece ser un buen día, prepararse para trabajar pero no embarcarse todavía, resulta una de las experiencias más singulares. En este momento las posibilidades son infinitas, tiene muchas horas por delante. Su mente canturrea. Es posible que esta mañana logre atravesar el ofuscamiento, las tuberías atascadas, y llegar al oro. Lo siente en su interior, un segundo yo prácticamente indescriptible, o más bien un yo paralelo, más puro. Si fuera religiosa, lo llamaría el alma. Es más que la suma del intelecto y de sus emociones, más que la suma de sus experiencias, aunque corre por las tres como venas de metal brillante. Es una facultad interior que reconoce los misterios que animan el mundo porque está hecha de la misma sustancia y cuando es muy afortunada es capaz de escribir directamente a través de esa facultad. La satisfacción más profunda que conoce es escribir en ese estado, pero su capacidad de hacerlo viene y se va sin previo aviso. A veces levanta la pluma y la sigue con su mano mientras se mueve por el papel; a veces levanta la pluma y descubre que es sólo ella, una mujer con una bata de estar en casa y una pluma en la mano, temerosa e incierta, apenas competente, sin ninguna idea de dónde empezar o qué escribir. (La señora Woolf)

Las Horas. Michael Cunningham. Bogotá: Norma. 2000. 281 páginas.

Imagen

4:13 p.m.

Salí con la firme intención de comprar un mueble nuevo para organizar más libros y terminé almorzando como si llevara un mes sin comer. Lo mejor de todo es que estaba delicioso.

Hoy he pasado el día como me gusta, como un perro o gato doméstico, sin hacer nada pero sintiéndome muy bien. Así sospecho que se siente la gente feliz, aquellos que nunca han leído un libro, tienen esposa gorda, cinco hijos, aman la televisión y cada mañana le dan gracia al Dios vengador por tantos regalos. Cuando me siento bien -con la sospecha de que así se debe sentir la gente común- no alcanzo a llegar a envidiarlos, lo que siento es pena por ellos al saber que pasan por la vida con la misma profundidad con la que pasa su mascota. No, tal vez sus mascotas son un poco más reflexivas, no hay que despreciar a los perros y a los gatos, animales cariñosos y encantadores.

Renuncio a mi carrera

12 Sep

Para renunciar es preciso estar facultado, tener talento y vitalidad para realizar una tarea. Se renuncia para emprender un nuevo camino, porque las pruebas han sido superadas o porque ha dejado de ser emocionante eso que tanto nos motivaba al comienzo, cuando sentíamos que eso que hacíamos era lo mejor que habíamos hecho en la vida, lo que nos hacía sentir plenos y felices. No vale la pena seguir haciendo algo sólo porque es lo que debemos hacer, porque todos lo hacen, porque así es el comportamiento de las personas normales y porque debemos dar una buena impresión, parecer felices, plenos y realizados.

No estoy hablando del trabajo sino del amor. Después de 23 años de pasión intacta, después de haber disfrutado plenamente primero durante trece años y luego durante diez con dos hombres encantadores creo que el amor es una prueba superada para mí y no me interesa volver a experimentar porque no sé lo que es actuar, porque no puedo hacer nada sin entusiasmo y porque tengo otros planes para mí, planes acordes con mi edad, mis deseos y lo que he ido cultivando a lo largo de la vida. El amor entre un hombre y una mujer es una prueba superada para mí, con lo vivido hasta ahora me sobra y me basta, no me apetece más. Estoy satisfecha.

El primer amor es el amor para siempre, el segundo amor es el verdadero y no quiero saber nada del tercer amor porque lo más seguro es que se trata de otra nueva ilusión muy persistente, otra interpretación de la realidad que me hará creer que llegó aquello que había estado soñando durante tanto tiempo sin esperarlo ni buscarlo. No quiero saber cómo es el tercer amor, no quiero saber cómo es el amor en la vejez, siempre tuve claro que el amor apasionado y el ejercicio de la sexualidad son experiencias dignas de la gente joven; después de los 45 no vale la pena soñar con grandes amores y con grandes pasiones porque a esa edad uno ya sabe qué es lo que de verdad le apasiona y la gran pasión de mi vida es la lectura: comprar libros, leerlos, recordarlos y escribir sobre esos libros. Descubrí la lectura hace treinta y cinco años y desde el primer día no he podido parar de leer. A eso me voy a dedicar durante el tiempo que me queda de vida.

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Cinco autoentrevistas recientes

13 Dic

1.  Una entrevista sobre las entrevistas

Odio la publicidad, sinceramente. He pasado por la piedra de molino de las entrevistas y las considero una pérdida de tiempo. El tipo que encuentro en esas entrevistas haciéndose pasar por mí suele ser un engreído al que no me gustaría conocer.

(Raymond Chandler)

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a) ¿Alguna vez ha sido entrevistada?

b) No, sólo he sido entrevistada por mí misma.

a) Pero, ¿le han pedido que conceda una entrevista?

b) Ah, sí, varias veces.

a) ¿Y no ha aceptado?

b) No, Chandler me ha puesto sobre aviso, por él sé lo que significan las malditas entrevistas… una engreída que se hace pasar por mí… Eso no me gusta.

a) Se ha visto hablando en público.

b) Sí.

a) ¿ Y cómo se siente hablando en público?

b) Bien, el problema es cuando veo hablando en público a otras personas y descubro que todos los que hablamos en público nos queremos hacer los inteligentes. Hace dos semanas estuve viendo grabaciones de escritores y críticos, incluída yo, y todos asumen más o menos la misma pose y dicen más o menos lo mismo, ver esos videos me sumió en una depresión de la que casi no logro salir.

a) ¿Cree que es más peligroso ser artista o crítico?

b) Artista, no tengo ninguna duda.

a) ¿Por qué?

b) Porque el artista de esta época todavía cree que es tan artista como Flaubert o Kafka y esos artistas son imposibles en este tiempo en el que los artistas están obligados a sentirse del mismo lado de Juanes, Shakira o Héctor Abad Faciolince. Están obligados a ser felices, a sonreir, a ser chistosos, humanitarios, a tomar partido en relación con la política, el deporte, la moda. Firman contratos en los que se incluye que están obligados a responder las misma pregunta obvia todas las veces que de una emisora, un periódico, una revista o un programa de televisión los llamen personas que no han leído sus libros y no saben nada de literatura; están obligados a sonreír en los lanzamientos de sus libros y ferias del libro, tienen que aceptar invitaciones a conversatorios sobre la grandeza de su obra y su vida de artista y, además, tienen que ir a la venta de libros a firmar autógrafos y escribir dedicatorias a gente que no conocen, mientras despliegan una encantadora sonrisa de reina de belleza de pueblo. Eso sería insoportable para un artista porque el artista no es un vendedor de libros. El artista de nuestro tiempo puede escribir las frases más existencialistas, los monólogos más joyceanos, las metáforas metafísicas más convincentes, pero cuando su libro aparece publicado lo escrito por él en éxtasis místico en su estudio se ve nublado porque termina irrevocablemente condenado a ser un vendedor de libros compulsivo.

a) Usted es una persona angustiada, una Pensadora, pasa la mayor parte de su tiempo sumida en la más dolorosa soledad sufriendo por los demás, usted sufre porque hay personas que trabajan mucho. ¿En este momento quién es el hombre más trabajador si pensamos en el campo cultural colombiano?

b) Ricardo Silva Romero.

a) ¿Lo admira?

b) No.

a) ¿Por qué?

b) Porque trabaja mucho.

a) ¿Y acaso el trabajo no dignifica al ser humano?

b) Sí, claro, lo dignifica, pero yo me imagino a este pobre muchacho viendo películas de mala gana todas las semanas para escribir su columna de cine en la revista Semana, me lo imagino escribiendo de manera compulsiva para tres o cuatro revistas más de diverso calibre, me lo imagino viendo Muertos de Susto y Allien Vs Depredador y luego, tal vez por sugerencia del jefe, terminar escribiendo que estas películas son imperdibles y que Harold Trompetero es un director de culto, una especie de Scorsese a la colombiana. Se necesita mucha sangre fría para ejercer este trabajo y seguir viviendo, como si nada. Me lo imagino investigando todos los días en Google para armar sus novelas de más de trescientas páginas y luego, además de ser columnista, consagrarse a la carrera de vendedor de libros, yo creo que esa vida no es digna de ser vivida.

2. Todo lo que quiso saber sobre sexo y no se atrevió a preguntar

¿Por qué le gusta tanto hablar de sexo al aire?

Yo nunca he hablado de sexo al aire, tengo muchas prevenciones con el tema, no soy exhibicionista. No soy capaz ni de fumarme un cigarrillo caminando, lo encuentro vulgar.

¿Su mamá no la regaña por oír Mujeres W?

Ella no sabe que de vez en cuando escucho a esas mujeres con risa de puta hablando de sexo y posando de liberadas sólo para cautivar oyentes necesitados de morbo auditivo.

¿Habla con su mamá de sexo?

No, en mi casa no somos muy amigos de poner de moda un discurso, una práctica, sólo porque una supuesta doctora del sexo lo aconseja en televisión.

¿Qué le dice su novio cada vez que usted escucha Mujeres W?

El no dice nada, yo soy la que le digo que no soporto a esas viejas.

¿Y anda muy enamorada?

Muy es una palabra exagerada para hablar de amor.

¿Usted es virgen?

No

¿A qué edad la perdió?

“Perder la virginidad” es una expresión tan idiota como “hacer el amor”.

¿Cómo fue la primera vez?

Nada del otro mundo, había leído tanto sobre sexo que no parecía la primera vez. Me parece absurdo que haya mujeres que pretendan llegar al sexo como animales indefensos y que confundan pureza con ignorancia.

¿Con qué frecuencia ver porno?

Con mucha frecuencia.

¿A una mujer le parece excitante ver porno?

Yo no puedo hablar por todas las mujeres.

¿Le gusta ver porno sola?

¿Y por qué lo ve?

Porque estoy obesionada con el comportamiento humano, con la relación entre hombres y mujeres, con la sexualidad humana, con el discurso cinematográfico, con diversas formas de violencia y humillación, con los límites de la imaginación, con las adicciones, con la idea del cuerpo como máquina… Mientras veo porno pienso en muchas cosas, nunca lo uso para alegrarme el rato.

¿Qué tanto se masturba?

Nunca, si el sexo es gracioso la masturbación es digna de una película de Todd Solondz.

¿Tiene vibrador?

Esa es otra moda creada por el cine porno. No, yo que voy a tener juguetes como la profesora de piano.

Hablemos de posiciones: ¿Cuál es su favorita?

Ver a dos hombres agotadísimos con una mujer insaciable que se les ríe en la cara.

¿Qué opina del sexo en el agua?

Es otra moda creada por el cine porno.

¿Luz prendida o apagada?

Prendida, apagada y a media luz.

¿Y en sitios raros?

No, me parece idiota, más clichés de cine porno.

¿Entonces sus fantasías son más de hacer cosas raras que de lugares?

No, ¿qué “cosas raras” pueden hacer un hombre y una mujer con dos cuerpos con características particulares? Lo que se hace está limitado por el cuerpo.

¿Y un trío?

No, debe ser horrible pasar la faena y luego mirarse la cara y conversar, no me gusta conversar con dos personas al mismo tiempo.

¿Pero lo haría para complacer a su pareja?

A mí pareja también le asquean los tríos.

¿Qué es lo más lejos que ha llegado con una mujer?

Un beso

¿Por qué cree que dos mujeres es la máxima fantasía masculina?

Porque si no pueden con una mucho menos van a poder con dos, es la gran fantasía masculina.

¿Cuál es la parte más sensible de su cuerpo?

El pelo. Por eso soy intocable.

3. Autoentrevista sobre Virginia Mayer y el matrimonio

A. ¿Cuándo fue la última vez que se autoentrevistó? Si mal no recuerdo usted dijo en tono enfático -como si fuera verdad- que no volvería a hacerlo porque ya no lo encontraba tan divertido.

B. No recuerdo la última autoentrevista pero tengo la sensación de que fue hace menos de un año. Autoentrevista Razonada, creo, es el título pretencioso de nuestra última conversación, dizque para diferenciar esa experiencia de las demás. No recuerdo si dije esa vez que estaba harta de autoentrevistarme, tengo mala memoria y lo peor de todo es que me gusta.

A ¿Definitivamente nunca le va a conceder una entrevista a nadie que no sea usted misma?

B. No.

A. ¿Por qué fue tan dura con Virginia Mayer?

B. Porque ella pensaba que tenía más poder como periodista que yo como Elsy Rosas Crespo y está equivocada, el periodista es la sirvienta de los divos, son los entrevistados los que le dan de comer a esa gente.

A. Yo creería que ella no quería acabar con su imagen, nombre y honra, sino que, muy al contrario, ella quería que todos supieran quién es @ensayista: la twittera que le quita el aliento a medio país. ¿por qué se empeña usted en figurar como una niña grosera o como la estrella de la farándula que nunca será?

B. Porque me divierte, siempre busco pretextos para sonreír y me excito cuando alguien me propone una entrevista y yo primero le digo que sí y luego le digo que no sólo para imaginar cómo cambian los rasgos y los colores de su rostro ante el sí y ante el no. Es un placer inocente, que yo sepa ningún periodista ha muerto porque yo me haya negado a hacerlo sentir inteligente haciéndome preguntas estúpidas, porque estoy segura de que me harían preguntas estúpidas.

A. Defina pregunta estúpida.

B. En este momento no estoy de ánimo para definir.

A. ¿No es un poco vergonzoso que todos y cada uno de los miembros de su honorable familia -enemiga pública de las redes sociales- algún día se enteren de sus pasos y temamos lo peor?

B. Acabas de hacerme una pregunta estúpida ¿cómo se van a enterar ellos de mis aventuras en las redes sociales si las detestan?

A. ¿Es usted consciente de lo ridícula que puede llegar a ser?

B. No

A. Virginia Mayer escribió en Twitter que la propuesta que ella le hizo a usted (nada más ni nada menos que concederle una entrevista a ella -que no es cualquier periodista- para ficcionalizarla luego en Kienyke) es lo mejor que le han propuesto este año. ¿Es cierto semejante esperpento? Hasta donde tengo entendido ese portal es un pasquín hediondo, la síntesis de los errores periodísticos de este pobre país.

B. No

A. ¿Qué es lo mejor que le han propuesto este año?

B. Me han propuesto un ejercicio de convivencia pacífica con un hombre y lo he aceptado.

A. ¿Cómo ha sido esa experiencia?

B. Han sido casi setenta días que ha valido la pena vivir.

A. ¿No es extraño vivir la primera Luna de miel a los cuarenta y dos años?

B. Supongo que sí.

A. ¿Estaba en sus planes devenir en amorosa esposa después de siete años de ser una abnegada novia?

B. No.

A. ¿Por qué aceptó entonces tan dura prueba? Hasta donde tengo entendido usted se jactó hasta hace menos de un año de haber decidido desde que tenía nueve años que JAMÁS se casaría ni tendría hijos ¿así de consecuente es siempre?

B. Acepté porque no tenía más alternativa, mi hermana tuvo que ver mucho en la decisión, ella adora a mi novio devenido en marido. Y como ser humano tengo derecho a cambiar de opinión todas las veces que se me dé la gana.

A. ¿Qué ha sido lo mejor de estrenar marido?

B. Dormir, es cierto lo que dice la leyenda: en tierras frías es mejor dormir de a dos que de a uno porque se calienta uno más rápido.

A. ¿Y qué más la tiene con la boca abierta de esta nueva experiencia?

B. Creo que estoy llegando a la conclusión parcial de que en la convivencia entre un hombre y una mujer el amor es Amor cuando los días transcurren mucho más rápido que antes y hablamos mucho después de cada comida y antes de cerrar los ojos. No es cierto, o por lo menos no lo es en mi caso, que lo más maravilloso sea decir cada mañana con mirada radiante: “Buenos días mi amor”.

4.  Segunda autoentrevista

¿Por qué ha decidido autoentretevistarse de nuevo?

Porque quería escribir dos cuartillas y no se me ocurrió nada original, mientras el agua caía sobre la última taza (el agua me inspira) pensé en la segunda autoentrevista, mi estado de ánimo actual me permite concedérmela. Desde hace varios meses recibo mensajes en los que se me piden juicios sobre temas particulares, creo que esta es una buena ocasión para desarrollarlos.

¿Qué necesita para escribir?

Un estado de ánimo poco usual -muy alegre o muy triste- un tema para desarrollar y música. Para leer siempre escucho la misma música, para escribir también. Leo al son de la música clásica, escribo al ritmo de la popular, música con letra, letras que haya escuchado muchas veces, desde la infancia, música que me haga recordar a mi hermano muerto.

En la primera autoentrevista sus respuestas eran concisas, dice simplemente sí o no, ¿por qué está tan conversadora hoy?

Porque tengo mucho sueño, el sueño y el alcohol me conceden una lucidez poco usual. Me gusta dormir pero también me gusta escribir con sueño y con sueño y con alcohol hablo tanto como en situaciones cotidianas pero siento que soy un poco más explícita.

¿Siempre que bebe es conversadora?

No. Sólo si estoy con personas a las que aprecio mucho, si estoy con personas con las que no me siento cómoda no hablo ni me río. Si una persona no me interesa no me saca una sola sonrisa. Mi manera de decirle a alguien que me gusta estar con él es a través de la risa.

Mientras conversábamos hubo un corte repentino de energía, íbamos comenzando la tercera página y sólo rescatamos una, usted estaba muy sensible, a punto de sentarse a llorar y yo sentía que nos iba a revelar secretos de su personalidad, usted finalmente no lloró, se rió cuando la pantalla quedó en blanco, miró por la ventana, vio a su vecina ofreciéndole el pecho a su hijo y como por arte de magia su estado de ánimo cambió, ya no está triste, está tranquila, no quiere volver a preguntarse lo mismo, su estado de ánimo no se lo permite, ¿cree que estaba escrito que sus lectores no tuvieran el derecho de conocer a la profesora en un estado de lirismo extremo, de los que terminan siendo un poco ridículos, de aquellos que no enternecen sino divierten, tan gratos para usted en las comedias gringas y en la películas de Alex de la iglesia?

Es probable.

¿Usted se cuida de no hacer el ridículo?

Sí.

¿Cree que lo logra?

Sólo en la vida real, la mejor manera de hacer el ridículo sin que lo vean a uno es a través de la escritura, por eso me gusta escribir, porque puedo decir todo lo que se me ocurra sin mirar a quien lee a los ojos, sin dar explicaciones, sin aceptar reclamos, con total libertad; la vida cotidiana no ofrece este placer. La voz y la mirada pueden ser más implacables que un texto que se lee. En las conversaciones siempre interfiere la risa, yo me río mucho cuando hablo, cuando escribo también me río pero tengo pleno control sobre lo escrito, normalmente escribo riendo o llorando y el lector no se entera cuándo río o cuándo lloro, qué me inspira risa y qué llanto.

¿Siempre que escribe ríe y llora?

La mayoría de las veces no lloro, digamos que lloro un 3% pero casi siempre que escribo río.

Dicen que quien ríe se halla en una posición de superioridad en relación con quien no conoce el motivo de su risa o, en el peor de los casos, tratándose de la escritura, el lector llora porque sospecha que usted escribió bajo el efecto de un estado lírico cuando en realidad usted escribió bajo el efecto de un estado de ánimo festivo. ¿Usted quiere que sus lectores lloren o rían cuando la leen?

Yo sólo quiero que lean

¿y cree que la leen?

¿Por qué está tan segura?

Por las estadísticas

¿Cuáles estadísticas?

Las de los blogs

¿Cuáles blogs?

Los virtuales

¿Cuántas personas la siguen diariamente?

2000

¿y a usted le pagan por leerla?

No

Entonces, ¿por qué escribe?

Porque escribiendo he conocido gente que me interesa mucho. En los blogs y en Facebook de vez en cuando aparecen comentarios que me inquietan, confesiones que me estremecen, mensaje privados que me impactan. La virtualidad es algo serio para mí, es parte de mi trabajo, seguir blogs o leer comentarios es un proceso de lectura, no menos rico o serio que la lectura de un libro, esta autoentrevista, por ejemplo, es un proceso de escritura serio y el único fin es que sea leído en internet, no tiene pretensiones eruditas, no aspiro a que aparezca publicado en una revista para intelectuales o para profesionales, cualquier persona se puede encontrar con este texto y lo mas seguro es que se enganche, que lea, se ría un poco, piense un poco, me imagine un poco y le quede una idea vaga de una señora que goza autoentrevistándose porque encuentra muy formales las entrevistas de persona a persona pero, de todas maneras, quiere expresarse, quiere que a quien le interese, sepa un poco sobre la naturaleza de quien escribe, de quien lee y relee lo que escribe con la ilusión de que dos mil personas la lean cada día y sientan que el tiempo de la lectura no fue tiempo perdido, que valió la pena escribir porque valió la pena leer.

5. La hijueputa esa (autoentrevista)

Quiero a este pueblo áspero, vivo, último tipo de las sociedades primitivas y que, al hacer alto a mediodía, tumbado a la sombra, bajo el vientre de sus camellas, se burla, mientras fuma su chibuquí, de nuestra valiente civilización que tiembla de ira.

Gustave Flaubert

****

– ¿Por qué comenzamos con este fragmento de una de las cartas de Flaubert a Louise Colet?

– Porque siempre, cuando camino, recuerdo esa frase y me gusta mucho. Me gusta sentirme como el señor bajo el vientre de sus camellas, aunque no fume. La idea de descanso y de desprecio es lo que más me seduce.

– ¿Disfruta haciendo temblar de ira a la gente civilizada?

– Aquí no hay gente civilizada, recuerde que estamos en Colombia. Me gusta burlarme de la gente exitosa y de la idea que tienen de éxito.

– ¿Está pensando en Virginia Mayer y en las frases desobligantes que escribió ayer sobre usted en su cuenta de Twitter?

– Sí, estoy pensando en ella, todavía trato de entender por qué se descontroló tanto si no es la primera vez que me burlo de sus poses en este blog.

– ¿Será porque la ridiculizó más de la cuenta explicándole por qué no es Bukowski con vagina?

–  Probablemente.

– Hablemos de lo que Virginia Mayer dijo de usted anteponiendo a cada prejuicio el sonoro ¡La hijueputa esa!, una expresión tan colombiana.

–  Dijo que no sé inglés, no he presentado obras en la feria del libro, no he entrevistado a nadie, no tengo una maestría y no he publicado en ninguna revista. Insinuó también que soy ama de casa.

– ¿Es cierto eso que ella dijo de usted? ¿En realidad es usted tan poca cosa? ¿No ha cosechado ningún triunfo? Trate de explicarnos de forma concreta y sin llorar qué piensa de esos juicios.

– Mi vida ha consistido en despreciar todo eso que ella aprecia y usa como carta de presentación. Se supone que sé inglés pero hago lo posible por pensar, escribir y hablar sólo en español. Creo que mi lengua materna es un tesoro y siendo yo hispanohablante no necesito presumir con el inglés o con cualquier otro idioma. Otra sería la historia si yo fuera rumana o japonesa. Mi política lingüística ha sido siempre clara: si quiere hablar conmigo aprenda español. Prefiero explorar el español que balbucear otras lenguas para parecer cosmopolita, globalizada o internacional.

– Ahora hablemos de las obras que usted no ha presentado en las ferias del libro.

– Las ferias del libro no me interesan ni siquiera para comprar libros, prefiero las librerías o las bibliotecas. Formo parte del campo intelectual y, como se podrá imaginar, casi toda la gente que conozco ha publicado por lo menos dos libros. La mayoría de mis amigos y conocidos han presentado sus obras en ferias de libro, bibliotecas, librerías, centros culturales, universidades… La idea de convertirme en vendedora de libros, de autopromocionarme, de hablar de mis procesos de escritura, de invitar a un amigo para que hable ante mí y ante un público inocente de lo inteligente que soy, de lo bien que escribo, de la pureza de mi estilo, de mis influencias, maestros y lecturas fundamentales tampoco me seduce.

Aunque usted no lo crea soy una persona humilde y sencilla y no soportaría sentarme a hablar de  mi cerebro en público; tampoco soportaría que alguien hablara de la grandeza de mi ser, la profundidad de mis ideas y la originalidad de mis palabras en mi presencia, para vender libros. Eso no lo soportaría, lo supe cuando vi a mis amigos pasando por ese espectáculo tan denigrante.

– Usted no ha publicado un libro . ¿Por qué?

– Porque no me interesa, cualquiera publica un libro en Colombia, es muy fácil, además tendría que promocionarlo, venderlo, venderme para vender mis libros. Eso es algo a lo que no estoy dispuesta, sería una experiencia muy fuerte para mí. Me parece más emocionante verme citada en otros libros, que se hable de lo que escribo aquí en las ferias del libro, estar ausente de cuerpo pero presente en la mente de las personas que hablan sobre escritura. Eso me gusta más, me parece un juego muy divertido.

– Virginia Mayer dice que usted no ha entrevistado a nadie. ¿Toma esa acusación precedida de ¡La hijueputa esa! como una gran ofensa?

– No he entrevistado a nadie porque no soy periodista, no me imagino entrevistando a nadie que no sea yo misma. Cuando Virginia me propuso un perfil para KienyKe, cuando me dijo que la gente quería saber quién era Ensayista, sentí lo mismo que siento cada vez que alguien se siente ante mí como ante un ser excepcional o digno de ser entrevistado. Cuando me proponen una entrevista pregunto siempre qué me van a preguntar y cuando me lo dicen quedo todavía más confundida y desilusionada porque los periodistas colombianos hacen preguntas muy estúpidas. No aspiro a entrevistar a nadie que no sea yo y no le acepto entrevistas a nadie que no sea yo, esa es mi política periodística.

– ¿Tampoco tiene una maestría?

– Sí la tengo y es gracioso saber que a la gente le importan ese tipo de cosas. Los títulos académicos significan muy poco para mí, casi nada. Lo que me importa de verdad es lo que he encontrado fuera del sistema educativo, eso ha sido lo mejor.

– ¿Tampoco ha publicado en revistas?

– Si, he publicado en revistas, parece que no es fácil encontrarlas. Eso tampoco me interesa mucho, ni siquiera guardo los ejemplares que me envían por ser la Autora de uno de los textos publicados. La meta es no volver a publicar en ninguna revista impresa, rechazar todas las ofertas que tengan que ver con publicación de libros, participación en ferias y fiestas, columnas de opinión y participación en revistas. Todo está tan degradado que la mejor alternativa sigue siendo internet.  A eso le estoy apostando desde hace unos diez años.

– ¿Es usted ama de casa?

– Supongo que sí, no tengo mucama ni negrita, me ocupo yo misma de todo lo que necesito para vivir.

6. Autoentrevista al estilo Tómbola de la revista Cromos

¿Cuánto dura un rato feliz?

La palabra rato es una palabra fea, es más hermoso pensar en instantes.

Una canción que le levante el ánimo.

Ninguna.

Una motivación para dejar la cama un lunes.

No tengo nada en contra de los lunes.

¿A qué edad regresaría?

Nunca me he ido.

Su mayor acierto en un escenario.

Callar a la gente con la mirada.

Lo mejor de ser irreverente.

No aspirar a serlo.

Un libro de autoayuda para recomendar.

La primera parte de Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva.

Un espacio para esconderse y olvidarse de todo.

No necesito esconderme ni olvidarme de nada.

¿A quién sueña conocer?

A nadie.

Un tuit para sus enemigos.

No tengo enemigos.

¿Qué está sobrevalorado en la sociedad?

Los seguidores en una cuenta de Twitter.

Un plan para distraer la cabeza.

Mirar por la ventana.

Un remedio para combatir la tristeza.

Caminar.

¿Qué momento de su vida borraría?

Ninguno.

Su mayor embarrada.

Ninguna.

¿Cuándo fue la última vez que lloró de felicidad?

No suelo llorar de felicidad.

¿A quién ha hecho feliz?

A toda la gente que me conoce.

¿Qué la entristece?

Las preguntas estúpidas.

¿Cómo le gustaría que la recuerden?

Como una persona que pasó la mayor parte de su vida descansando.

Una pelea.

La del Bolo y el Gringo. Es muy buena esa pelea.

¿Qué es la felicidad?

No hacer nada pero hacerlo a conciencia.

¿Qué la mantiene alerta?

Mi cerebro.

¿Cuál ha sido la peor crítica que le han hecho?

Que sigo a muy poca gente en Twitter.

¿Qué le saca la piedra?

La expresión que usted acaba de pronunciar. Y es dizque periodista.

¿Qué la aburre?

Una conversación de más de tres personas.

¿Qué la entretiene?

No soy una persona a la que haya que entretener.

¿En qué es aprendiz?

En nada.

¿Qué cambiaría de usted?

Nada.

Una deuda.

No tengo deudas.

Un sueño recurrente.

No suelo soñar.

Lo positivo de morirse un día de estos.

Esa no es una pregunta inteligente.

Una palabra que la defina.

Dulzura.

Lo peor de ser irreverente.

Que tanta gente en Colombia crea que lo es cuando en realidad son imbéciles.

De todas sus opiniones, ¿con cuál se queda?

Con todas.

Un compañero inseparable.

La ropa.

¿Adónde van a parar los secretos?

No tengo secretos.

¿El secreto para reinventarse?

Esa pregunta se la debes hacer a Madonna.

¿Qué la desvela?

Nada.

¿Un episodio que no repetiría?

Volver a estudiar.

Contra la ropa de control, las fajas y los brasieres rellenos de espuma de colchón

25 Jun

La conquistadora es la mujer, es ella quien escoge, es ella quien decide por quién quiere ser mirada, por quién quiere ser conquistada, a quién le quiere despejar el camino para que desarrolle su papel de galán: un caballero que conquistará a la dama.

La mujer tiene encantos naturales para atraer al hombre pero también se vale del artificio para hacerse mirar con mayor énfasis. Usa maquillaje, se peina, usa zapatos de todos los colores, diseños y tacones y sobre esos zapatos se inventa formas de caminar y de correr y finge que lo hace de forma natural pero todos sabemos que quiere reafirmarse cada día, quiere seguir vigente aunque tenga doce o aunque tenga ochenta y seis años.

Quiere que la miren, la deseen, quiere amor, quiere llenar el vacío que la invade aunque lo tenga todo. Quiere ser mirada por todos, por hombres y mujeres, quiere escandalizar, quiere devorar el mundo, no intenta estimular la mirada de un hombre en particular sino la de todos, quiere ser modelo o maniquí ambulante. ¡Es todo tan asqueroso!

El colmo del artificio es sacarse la grasa del cuerpo en una sala de cirugía, inflarse o desinflarse las tetas con bombas de caucho dentro de los senos naturales, cortarse las piernas y ponerse extensiones con varillas metálicas para parecer un poco más alta encima de sus tacones. Una cirugía lleva a la otra y hay mujeres adictas a las cirugías que terminan pareciendo monstruos. Llaman la atención, todos las miran, nadie las desea porque esas mujeres inspiran miedo, ellas representan el grito desesperado de millones de mujeres que desean ser miradas pero qué mujer desea ser mirada como si se tratara de un payaso triste, una caricatura de la belleza. La respuesta es sencilla: ninguna desea ser vista como la encarnación de la mujer desesperada, ávida de abrazos, de besos y de palabras llenas de admiración. Pero en el mundo, en los centros comerciales, lo que más abunda son las mujeres desesperadas. Y tanta desesperación espanta a los hombres, los asusta. Muchos de ellos han decidido hacerse homosexuales por miedo a ser devorados por una diosa de centro comercial.

Cuando las mujeres no se atreven o no cuentan con el dinero para transformar el cuerpo con cirugías estéticas recurren a artificios al alcance de su presupuesto: fajas, ropa de control, calzones y brasieres rellenos con espuma de colchón.

Esas prendas son mucho más desagradable que la cirugía estética porque son la caricatura de la mujer que quiere verse como una muñeca inflable, es decir, la que recurre a las cirugías. Las fajas asfixian y afectan la forma de caminar, respirar y hablar. Lo saben las mujeres y lo notan los hombres. La ropa de control es familiar cercana de la faja y en muchas ocasiones no hace ver más delgada a la mujer sino que la convierte en un ser de aspecto grotesco porque la grasa que quiere ser disimulada se concentra en otra parte del cuerpo, casi siempre en el cuello o en la espalda.

Siempre que veo a una muñeca de estas en la calle, sea con cirugías o con ropa falsa me pregunto cómo afrontan la experiencia de la desnudez, cómo enfrentan al macho que han conquistad0 cuando se despojan de sus calzones y sus brasieres rellenos, qué sienten cuando su gordura cae al ser despojada de la faja y la ropa de control, cómo afrontan la celulitis, las estrías y la flacidez, cómo se entregan a los placeres del cuerpo si ese cuerpo desnudo no es el cuerpo que parecía insinuar la ropa de control. Un amigo me dijo que las muñecas inflables y las expertas en tacones y en caminada de pasarela por los pasillos del centro comercial no sienten, no gozan, algunas cobran por dejarse tocar una pierna o una teta, pero se sienten mejor cuando se ven vestidas, desnudas no son nada, piden siempre que todo pase con la luz apagada porque cuando se desnudan desaparece todo lo que habían ofrecido a su galán de turno.

La mujer más hermosa del mundo

27 Feb

Desde hace doce años conozco a un hombre que me ama como no me ha amado nunca nadie jamás.

¿Por qué se enamoró?

Porque es un actor consagrado, un experto en el cuerpo, un intelectual competente, un hombre que siempre hace la cuenta de todas las mujeres que se quieren acostar con él. Quiso darme lecciones de erotismo y cuando me vio desnuda y sospechó lo apasionada que puedo llegar a ser se desplomó como un muñeco de trapo y se sintió humillado como actor y como hombre. El no sabía que soy tan apasionada dando un beso como escribiendo un post y entonces no pudo estar a la altura de mis encantos, se vistió y se fue. Me había prometido una tarde de pasión y locura, se iba a convertir en mi Maestro esa tarde de ese día  y nada salió como lo imaginaba.

Yo me reí un poco narrándole el asunto a mis amigos y para él me convertí en su reto sexual.

Doce años de insistencia lo han convertido en un enamorado dulce, persistente, humillado y ofendido. Me llama en las fechas especiales para decirme que me recuerda, me envía mensajes especiales en las fechas especiales, me invita a tomar café, a beber cerveza, me sorprende con frutas y me pide que seamos amantes.  Cuando está muy enamorado me mira a los ojos y me besa las manos como si fuera una princesa sacada de un cuento de hadas. Y, claro, yo me siento ridícula, estos tiempos no dan para semejante cursilería, sin contar con que no soy una niña de doce años y no tengo cara ni cuerpo de princesa.

Yo lo rechazo casi siempre, le digo que estoy muy ocupada, le respondo en tono altanero, me río en su cara para que se olvide de mí porque no quiero nada de él. Le digo que soy una señora casada y fiel. El dice que sí, que lo sabe, pero dice también que no lo puede evitar, que me quiere, me admira y le parezco la mujer más talentosa del mundo. No sabe si ama más mi escritura o mi cuerpo. ¡Qué locura!

Hoy llamó, estaba segura de que no lo volvería a hacer, la última vez que hablamos lo traté con mucho desprecio para que me dejara en paz. No es divertido hacer sufrir a un hombre, no, no soy ese tipo de mujer. Llamó, me  encontró de buen humor, con espíritu festivo. Nos vimos una hora y durante esa hora me declaró su amor como nunca antes lo había hecho, me hizo sentir como Marguerite Duras cuando recibió la llamada de su amante chino después de muchos años, me dijo que me admiraba como a nadie, que esa tarde, aquella tarde, fue una de las tardes más bellas de su vida con una mujer, que le parecía hermosa, divina, casi una diosa. Ah, esas frases me hicieron reír mucho, como una niña y sospecho que esa risa lo enamora todavía más. ¡Pobre hombre!

Hoy lo traté con dureza pero con alegría, llevaba años sin sacar a flote la faceta de mujer que se expresa de forma ruda y no le hablaba de amor ni de sexo sino de la agobiada que estoy con tanto admirador interesado en sacar provecho mío de alguna manera. Me dijo de nuevo que publicara un libro, que soy grande, inmensa, que la gente se merece que yo dé todo lo que tengo. Tenía el pelo sucio, estaba vestida como una loca, salía de la biblioteca y hasta allá fue, iría a donde yo quisiera sólo porque hoy se me dio la gana verme con él  y lo dejé tirado a la hora porque tenía otra cosa que hacer y me acompañó hasta la puerta.

¿Lo disfruto un poco?

Sí, claro

¿Soy consciente de mis encantos?

No, claro que no, soy la persona más común del mundo

¿Qué pienso de este hombre?

Pienso que es un machista asqueroso que quiere demostrarme que me puede hacer gemir y cree que algún día le voy a conceder semejante dicha.

¿Estaría dispuesta a volver a tener un encuentro sexual con él sólo con el propósito de comprobar si es el mal amante que conoció hace doce años?

No, claro que no, soy una señora casada y fiel.

Contra la desnudez (poema erótico dedicado a una cerda sedienta de carne)

1 Nov

Ver a una persona vestida es agradable,

Imaginar a esa misma persona desnuda es triste.

Exhibir el cuerpo femenino o masculino para sentirse deseado es tonto

Y cambiar cuerpos desnudos por bienes materiales digno de gente sin cerebro, con la bestia a flor de piel.

En tiempos de Schopenhauer era normal pensar que los hombres buscan tetas y culos

Y las mujeres protección, poder, dinero, agresividad y fuerza física, un apoyo para su pobre alma desvalida.

***

Aunque el 98% de los hombres siguen buscando tetas y culos

Y abundan las mujeres que se operan las tetas y el culo para conquistar mejor

Hay seres sensible como tú o como yo que valoramos cualidades menos tangibles y menos tristes también.

Una persona que sólo nos muestra sus ojos, sus manos y su sonrisa es perfecta.

Si nos pone las tetas en la cara o nos muestra su celulitus y sus llantas,

Sus estrías, sus pelos saliendo de la camisa o asomándose por la espalda

recordamos a la bestia y renegamos de semejante vulgaridad:

¡No quiero ser como este animal sediento de carne,

rebosante de grasa, pelos y deseo de miradas lascivas para reafirmarse como bestia!

¡No!

Si es una belleza fabricada sentimos más asco todavía,

Si es belleza natural sentimos compasión:

Cuántos cerdos y cerdas quisieran revolcarse con este ser excepcional, una persona  bella en medio de tanta inmundicia.

Es como para sentarse a vomitar porque no hay salida digna.

***

Hombres y mujeres hieden por igual,

Sólo se salvan los niños menores de doce años

Su inmundicia es menos evidente.

Bendita sea la ropa, los accesorios y los olores fabricados.

Si hay personas que apestan a pesar del baño diario,

Si hay gente vieja, fea y gorda empacada en ropa estrecha,

Si hay gente que se arranca los dedos cuando cuelga de sus accesorios.

A pesar de lo imperfecto de la moda y de los adornos

¿Qué sería de la vida humana sin la ropa?

***

El sexo casual es un acto triste porque involucra el cuerpo desnudo.

Deshacerse de la ropa,

verse desnudo,

ver al otro desnudo también

resoplar como cerdos.

volverse a vestir y salir.

El sexo es tan ridículo  que vale la pena ejercitarse como actor de semejante faena con una persona dispuesta a ser consciente de lo ridículo que puede llegar a ser, con nadie más.

Los demás seres deben quedar excluidos de ese espectáculo.

***

La fidelidad es sexual

y no debemos ser fieles porque nuestro cuerpo le pertenece a alguien sino por puro sentido de la estética

por no exponer nuestros dulces ojos a la triste experiencia de ver a una persona querida convertida en ave desplumada.

El cuerpo humano desnudo es triste

Se trate del cuerpo más hermoso o del más deforme.

¿a quién queremos engañar?

Análisis pragmático del discurso lastimero de Virginia Mayer

11 Oct

¿Quién es Natalia Roldán?

Es una periodista  de la revista Cromos que contactó a Virginia Mayer en Twitter con un sencillo “Hola. Soy periodista de Cromos y quiero escribir sobre ti, por Polaroids. ¿Me darías un teléfono o un correo para contactarte?”. Virginia la contactó, se conocieron mejor y de la conversación salió un esperpento periodístico que analizaremos a continuación.

La introducción es apoteósica: “Sincera hasta la crudeza, idólatra de Bukowski y Frida Kahlo, libre y libertina, Virginia Mayer empezó a hacerse famosa cuando escandalizó a los puritanos con sus calientes columnas en Kien y Ke. Ahora es una reconocida escritora y tuitera”.

¿Sincera hasta la crudeza? ¿Qué tipo de imbécil se define a sí mismo como sincero hasta la crudeza. ¡nadie! O sí, alguien: Virginia Mayer, la periodista más inocente que he tenido el gusto de leer.

Idolatra a Bukowski y a Frida Kahlo. ¡Qué novedad! Otra pobre muchacha que por el hecho de tomarse unas cervezas de vez en cuando con las amigas y por padecer un terrible dolor de espalda se siente hermana de artistas que merecen un poco de respeto.

“Libre y libertina”. Virginia se autodefine como libre y libertina y yo me pregunto qué es ser libre y libertino, nadie puede serlo, estamos condicionados. ¿ella busca escandalizarnos? Esas frases tontas causan escándalo por lo tontas que pueden llegar a ser. Sí, estoy obsesionada con la tontería. Virginia es la maestra indiscutible representando el papel de muchacha tonta, muy tonta.

“Empezó a hacerse famosa cuando escandalizó a los puritanos con sus calientes columnas en Kien y Ke. Ahora es una reconocida escritora y tuitera”. Como diría Ricardo Cano Gaviria: “esto no hay por dónde agarrarlo”, ¿qué puede uno decir sobre la fama y las columnas calientes de Virginia Mayer? ¿a quién escandaliza con la basura que escribe en Kien y Ke? ¿a la gente que sabe escribir? ¿quiénes son los puritanos?

“Cuando te la presentan es pura dulzura. Sonríe –con los labios siempre rojísimos–, saluda con su voz acaramelada y se ve adorable detrás de los rollitos de su figura”, escribe la periodista pudiendo ser sincera; pudo haber escrito, por ejemplo, “Es una gorda sin gracia con voz de ardilla” pero se empeña en afinar al personaje con palabras que sólo pueden engañar a un albañil o a un lector de El olvido que seremos.

“Parece mentira que es ella quien también escribe, sin el menor resquicio de pudor, que folla a la carta; que le gustan las tetas grandes, más grandes y chiquitas, y que se masturbaba con un muñeco Alf cuando empezó a conocer el placer que le podía regalar su cuerpo”. ¡Ríanse!

“Aunque parece una blanca paloma, hace tres años llegó a Kien y Ke con una columna en la que destapaba todo lo que se podía saber acerca de su vida, incluso las revelaciones sexuales más brutales. Los más mojigatos pusieron el grito en el cielo, otros la leyeron con morbosidad y sin falta, y algunos encontraron en ella una voz que se atrevía a contar lo que todos vivimos pero no confesamos”. ¿Todo lo que se podía saber acerca de su vida? ¿acaso ella quién es? ¿una estrella del cine porno? ¿Natalia París? ¿La gorda Fabiola? ¿revelaciones sexuales más brutales? Ni siquiera Nacho Vidal usaría la expresión “revelaciones sexuales más brutales” si llegara a narrar algún día la historia de su vida. ¿quién se cree Virginia Mayer? ¿por quién nos toma? ¿juega con nosotros como juega Carolina Sanín con sus videos en YouTube? ¿qué es esto? ¿el fin del mundo? ¿estamos dominados por la tontería absoluta?

“Mayer empezó a coquetear con el periodismo cuando decidió estudiar Comunicación Social, interesada en la radio. Todavía en la universidad, pasó por Javeriana Estéreo, trabajó con Jaime Sánchez Cristo y luego su hermano Julio se la robó para que fuera su productora internacional en Miami”. Julito y Andrés Hoyos son los padrinos intelectuales de esta joyita. ¡Ríanse de nuevo!

“¿Qué vio en ella la voz más conocida de Colombia? «Soy la persona más intensa que has conocido –explica–. No me rindo, y estoy convencida de que si uno toca puertas y toca puertas y toca puertas, las abren. Yo le conseguí a Julio, entre muchas otras, la entrevista con Paul McCartney por la que se ganó el Simón Bolívar»”. Oh, ah, ay, Virginia nos confiesa cómo se ha ganado a pulso cada triunfo cosechado. Y reniega de nosotros, los pobres habitantes del país del Sagrado Corazón.

“Pero Mayer odió el blanco –blanquísimo– Miami. Odió que todo el mundo quisiera ser J.Lo y Ricky Martin, que los carros brillaran tanto y que en cada esquina hubiera un latino pretencioso, así que escapó. Terminó en Nueva York, estudiando escritura creativa. Lo suyo no eran las chivas noticiosas sino la gente, en su intimidad, y en la ciudad que nunca duerme empezó a coleccionar esas historias que le interesaba contar y con ellas fue armando un libro cuyos capítulos llegaron a Kien y Ke en Bogotá. Su voz directa y sincera les llamó mucho la atención y le ofrecieron una columna que escribió durante un tiempo desde Estados Unidos pero finalmente llegó a Colombia como periodista de planta del medio digital”. Virginia considera que trabajar en Kien y Ke es un gran triunfo como periodista y como profesional.

“El cuerpo de Mayer ha sufrido mucho y ella con él. Cuando tenía diez años y vivía en Uruguay –allí creció, su papá es uruguayo y su mamá colombiana–, sufrió un accidente mientras jugaba en el parque, al caer sobre un tubo que se clavó en su vagina. «Di 100 besos antes de tener sexo porque siempre pensé que no podía ser penetrada». Luego, dos décadas más tarde, debió someterse a una cirugía de columna: tenía una hernia del tamaño de una pelota de golf que presionaba el nervio ciático y que la obligó a aguantar el dolor más intenso que jamás había sentido. «Desde ese entonces, no hay nada que me parezca más sexi que un bastón –cuenta–. Pensar que esa persona puede sentir el mismo dolor que yo sentí y saber que aún así sigue marchando me parece increíble». Ahora sabe que sufre de artritis degenerativa y en su casa tiene pequeños altares para Frida Kahlo, pues se identifica con su historia y vive obsesionada con su sufrimiento: «Sé que mientras duela estoy viva»”. Desde hace un tiempo Virginia usa como estrategia para ser más “famosa” ponerse en el papel de víctima, nos cuenta que está enferma, endeudada, cada día más gorda; sabemos que se hace tratar por problemas psicológicos, que está sola, deshecha, triste… Busca inspirar lástima y lo logra. Como tierna representante de esta pobre patria expone la miseria propia para recaudar fondos con los que sobrevivir ¿Imaginan a Bukowski o al marqués de Sade desarrollando semejante pose? Yo no, estos hombre tenían dignidad, eran orgullosos y arrogantes.

“Ese cuerpo condenado a la mala suerte también fue el que le indicó que las mujeres despertaban algo especial en ella y el que la llevó a aceptar que es bisexual: «Yo empecé a afrontar esas sensaciones cuando llegué a Bogotá a estudiar comunicación. Aquí perdí mi libertad, me sentí atrapada, juzgada. En ese entonces mis sueños todavía eran los que mis viejos tenían para mí y solo hasta que llegué a Nueva York pude sentirme realmente libre, ser fiel a mi naturaleza».” Virginia se endeudó más que un usuario del Fondo Nacional del Ahorro para pagar sus estudios en el exterior pero se vanagloria como cualquier provinciano de que su coeficiente intelectual y su estilo en la escritura mejoraron de manera evidente gracias a que es una joven “bien preparada” porque montó en avión.

Y siguen los lamentos y la lambonería por parte de la pobre periodista: “Cuando aprendió a ignorar el qué dirán, siempre cargando sobre sus hombros la dramática historia de su cuerpo, empezó a seguir su corazón y a escribir con su estómago. Tardó nueve años en terminar su primera novela, Polaroids, que se nutre de su vida, de la gente que la rodea y de las historias que ha conocido en su andar gitano por el mundo. Su voz literaria es honesta y deja entrever su amor por Bukowski, Sade, Bret Easton Ellis y los beatniks. El libro tiene algunas escenas sexuales, pero no es literatura erótica: «Se tiene la idea de que yo soy la gurú del sexo, pero simplemente me gusta lo más íntimo de la gente». Por eso, como periodista le interesa escribir sobre lo que es tabú, sobre drogas, libertinaje y vidas no convencionales. Al leerla no se encuentra a una autora pretenciosa, sino a una maravillosa contadora de historias, que lleva al lector encantado del título al punto final con un lenguaje sencillo, franco y cercano”.

“Mayer se considera impulsiva, energética, fiel, libre y libertina. Adora las groserías colombianas, como «pirobo» y «gonorrea», y las majestuosas montañas bogotanas. Le encantan las mujeres masculinas y los hombres viejos. Asegura que siempre va en subida, pero no pisa cabezas para avanzar. Confiesa que nunca ha probado follar con amor, que no tiene arrepentimientos y que no cree en nada. Y aunque admite que le encanta el sexo puerco, al final es una romántica que sueña con enamorarse de «alguien con quien quedarse en la casa un viernes tomando vino con la luz apagada y las ventanas abiertas»”. ¿Cómo puede ser nuestra heroína libre y libertina con veinte kilos de más, tan enferma como se nos presenta? No creo que tenga mucho de qué arrepentirse porque tampoco creo que haya recibido propuestas sexuales muy atrevidas, para tener sexo puerco, como lo llama ella, se necesita buen estado físico y nos acaba de confesar que un amante suyo es una especie de confidente que la llama para preguntarle si se tomó los medicamentos y durmió bien.

Hay gente que pide compasión para Virginia Mayer, hay gente que se molesta con posts de este tipo. Pero, por favor, alguien tiene que denunciar la infamia, la mentira, la pose, el engaño. ¿por qué hay periodistas como Natalia Roldán y medios como Cromos que se empeñan en subestimar a los lectores? ¿quién cree este tipo de patrañas? ¿cuando se quedan sin personas para entrevistar no sería más decoroso publicar números menos voluminosos a costa de expresar un poco de respeto hacia los lectores?

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