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Séneca, Pascal y Bourdieu

13 Sep

Las grandes ideas se me pasan por la mente mientras camino y las grandes sensaciones ocurren mientras lavo ropa a mano. Tengo pensado cambiar de casa antes de cumplir cincuenta años, no vivir más de quince en el mismo lugar para que el cambio de espacio me modifique la red neuronal. No creo que encuentre una casa nueva con lavadero, creo que estaré obligada a comprar una lavadora y eso sí que es una verdadera pena porque tendré que renunciar a una gran sensación, casi la mejor de todas. Supongo que la sensación que experimento, el éxtasis, está relacionado con el hecho de oír y ver correr el agua. Supongo que el movimiento del cuerpo activado por la vista y el oído, por el hecho de hacer algo que he disfrutado siempre, hace que se me active el cerebro, que experimente el vuelo sin salir de la casa y que me pregunte en medio del viaje por qué me siento tan bien.

Esta mañana en medio del éxtasis recordé que hace veinte años tenía pensado escribir un ensayo muy erudito de veinte páginas titulado “Séneca, Pascal y Bourdieu”, recordé que estaba segura de que había una relación total, una secuencia lógica y misteriosa entre estos tres autores y que al haberlos leído en orden: primero a Séneca, después a Pascal y finalmente a Bourdieu, un día caminando descubrí que estaba casi obligada a escribir, a compartir mi hallazgo con la humanidad entera. El tiempo pasó y el ensayo no fue escrito, pero todavía estoy segura de que ellos son los grandes sabios del mundo occidental y sé también que para mí ha sido muy fácil vivir, jugar con la escritura y ser una crítica rigurosa porque la suma de estos tres autores da todas las pistas, todos los trucos para vivir y para escribir.

¿Qué es lo que vale la pena leer porque el ensayo no lo pienso escribir?

¿Cuáles son los libros fundamentales de los tres sabios que es preciso leer en secuencia para descubrir el misterio de la vida, lo fácil y placentero que puede llegar a ser cada momento?

Podría seguir formulando preguntas y decir cuáles son los títulos de los libros, lo complicado es que el lector sepa comprender esos libros porque los tres pueden llegar a parecer lo que no son. El más complicado es Pascal, no es fácil hacerle a entender a la gente que no se fije en el creyente, en el Cristo de Pascal sino en lo demás.

Así como hay cinco predisposiciones para leer la Biblia, hay tres o cuatro formas de leer a Séneca, a Pascal y a Bourdieu, especialmente a Pascal. No es casualidad que Pierre Bourdieu hay escrito este libro:

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Mi sueño es que usted intente leer estos libros con la seguridad de que está leyendo a tres sabios y pueda llegar a la esencia del ser de estos tres libros:

1.

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2.

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3.

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Historia de una mente sin recuerdos

27 Abr

Desde que tengo uso de razón (1979) me ha gustado pensar en la memoria,

Rememorar los grandes momentos de la vida y hacer las cuentas de cinco en cinco o de uno en uno.

Cuando tenía 19 sentía que había vivido mucho y tenía suficientes recuerdos acumulados para jugar con ellos.

En esos tiempos hacía mis cuentas de recuerdos de uno en uno:

A los 5, a los 6, a los 7, a los 8, a los 9… hasta llegar a 19.

Y jugaba con mis recuerdos mientras caminaba porque siempre me ha gustado caminar.

***

Cuando tenía 30 pensaba que 19 eran muy pocos para evaluar bien una vida

Y empecé a organizar los recuerdos a partir de sucesos definitivos.

Mientras caminaba trataba de recordar qué había sido lo más importante a los 5, a los 10, a los 15, a los 20…

***

Desde los 40 estoy tratando de vivir según el mandato de Séneca y de Schopenhauer hasta llegar al vacío absoluto, a la perfecta Nada con N mayúscula, a la muerte en vida, a la plenitud total:

Ese es el mandato de los sabios y creo que lo estoy cumpliendo a cabalidad.

Lo único real es el tiempo presente porque el pasado es una interpretación y el futuro nunca llega.

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Tengo quince años de experiencia jugando ese juego y esta mañana – mientras caminaba- traté de jugar con mis recuerdos de cinco en cinco, de diez en diez

Y descubrí con asombro que no encontré nada que destacar. Ni bueno ni malo.

Como si no hubiera vivido.

Puedo decir en este momento que soy una mente sin recuerdos.

¿Dónde puedo reclamar el premio?

Escritura como curación

15 May

Esta mañana traté de recordar los grandes pesares de mi vida y no recordé ninguno, soy un ser sin sufrimiento, mi vida ha sido imperturbable, no hay nada que lamentar, ningún recuerdo digno de ser esquivado por la mente por miedo a sufrir rememorando el instante perfecto o monstruoso.

Recordé mi vida de año en año desde que tengo cinco años y no encontré grandes cambios; recordé mi vida desde los cinco años de cinco en cinco y hay algunos cambios pero todo lo veo de forma muy positiva: leer, estudiar, trabajar, escribir, esta casa, vivir con Andrés. No recuerdo con dolor ni con alegría los pocos paseos de mi vida, las muertes ni las preocupaciones. Y no es porque no haya vivido experiencias negativas sino porque antes de vivir leí a Séneca, a Plotino y a Plutarco y creí cada una de las frases sabias que escribieron estos genios, claro, con la inocencia de una niña de siete años. Hoy saqué de la biblioteca esos libros que me modificaron el cerebro; los quiero volver a leer sólo para saber si recuerdo las frases fundamentales.

Aprendí a vivir antes de haber vivido y eso hace de cualquier vida una vida plena. Pero pensé de forma persistente que tal vez es más efectiva la escritura que la lectura, no quedarse con las ganas de expresar a través de las palabras, de forma oculta o explícita, el origen del dolor o la alegría, los recuerdos bellos o desagradables, las experiencias buenas o malas.

Cuando una experiencia pide ser contada a través de la escritura es preciso no quedarse con las ganas, es un atentado contra uno mismo. Estoy casi segura de que  no puedo sentir placer ni insatisfacción recordando la mayor parte de las experiencias vividas durante los últimos veinte años porque más o menos desde hace veinte años cuando tengo uno inquietud relacionada con la vida leo, pienso y después escribo, entonces vivo como si no tuviera vida y me siento bien, no sufro ni gozo, estoy más allá del bien y del mal.