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Sabiduría total

5 Feb

Produce a la verdad un singular efecto el pasearse tan tranquilamente por los restos de tantas agitaciones; encontrar a cada paso males previstos que no sobrevinieron, bienes esperados que no se realizaron, y para colmo de miserias las huellas de violentas preocupaciones a propósito de hechos ignorados, que no están indicados, y cuya memoria misma, si se encuentra, no nos dice nada. Semejante paseo debería ser suficiente para enseñarnos a sobrellevar con calma el vaivén de todas las cosas de este mundo.

Tocqueville

El hombre indignado, y todo aquel que con sus propios dientes se despedaza y se desgarra a sí mismo (o, en sustitución de sí mismo, al mundo, a Dios, o a la sociedad), ése quizá sea superior, según el cálculo de la moral, al sátiro reidor y autosatisfecho, pero en todos los demás sentidos es el caso más habitual, más indiferente, menos instructivo. Y nadie miente tanto como el indignado.

Nietzsche

Así como el alegre es incapaz de decir el motivo de su alegría y expresar la naturaleza de lo que le colma, el melancólico no sabe precisar el motivo de su tristeza ni la naturaleza de lo que le falta -salvo que se repita con Baudelaire que su melancolía carece de contenidos y lo que le falta no figura en el registro de las cosas existentes… De ahí la diferencia fundamental entre el vacío romántico y el vacío alegre: el primero fracasa al describir lo que no existe, el segundo al hacer el recorrido completo de lo que existe. En otras palabras, la alegría siempre anda relacionada con lo real, mientras que la tristeza se debate sin cesar, y ahí reside su propia desdicha, en lo irreal.

Rosset

No presumo de ir hacia un falso idel de estoicismo, pero evito las ocasiones de sufrimiento y las atracciones peligrosas de las que ya no se vuelve… No he podido llegar al estoicismo, al que nada afecta, y que no se rebela más ante la estupidez que ante el crimen; pero he conseguido librarme completamente de todo cuanto puede mostrarme la estupidez humana… Me oriento hacia una especie de misticismo estético (si ambas palabras pueden ir juntas), y querría que fuese más fuerte. Cuando ningún estímulo nos viene de los demás, cuando el mundo exterior nos asquea, nos vuelve lánguidos, nos corrompe y nos embrutece, las personas honradas y delicadas se ven forzadas a buscar en sí mismas, en algún lugar, un sitio más limpio para vivir.

Flaubert

Todo el que posee méritos personales distinguidos, reconocerá más claramente los defectos de su propia nación, puesto que siempre la tiene presente a la vista. Pero todo imbécil execrable, que no tiene en el mundo nada de lo que pueda enorgullecerse, se refugia en este último recurso, de vanagloriarse de la nación a que pertenece por casualidad; en eso se ceba, y, en su gratuidad, está dispuesto a defender (con manos y pies) todos los defectos y todas las tonterías propias de esta nación.

Schopenhauer

La buena cultura nace de la buena disposición

5 Feb

El que discute dependiendo de la autoridad no usa su ingenio sino más bien la memoria. La buena cultura nace de una buena disposición; y como la causa es más noble que el efecto, prefiero alabar una buena disposición sin cultura que una buena cultura sin disposición.

Leonardo da Vinci

Tú tampoco lo entenderás

5 Feb

Un día en el cual Rumi dictaba sus clases, rodeado de sus estudiantes y libros vio a Shams-é Tabrizi, un pobre vagabundo, quien saludando entró sin ser invitado. Shams descansó en un rincón y escuchó el discurso de Rumi, y señalando la pila de libros preguntó: “¿Qué son esos?”. Y Rumi, juzgando a Shams por su apariencia de mendigo, le contestó: “Tú no lo entenderás”. Aún no había terminado su frase cuando una llamarada incendió los libros. Rumi, asustado, gritó: “¿Qué es eso?” Y Shams, calmado, le contestó: “Tú tampoco lo entenderás”, y salió.

Mohiuddin Abdolghader

Aforismos y aforistas

5 Feb

Un aforismo te lleva a la cabeza de la persona que lo escribió o lo dijo.

Los aforismos pican la curiosidad más que la satisfacen, provocan otros pensamientos más que los coartan.

Los aforistas son personas que han experimentado “situaciones espirituales extremas” y los aforismos los leen las personas que se encuentran en el mismo aprieto.

Los aforistas no son ni mucho menos inofensivos. Son agitadores e iconoclastas, dogmáticos cuya mayestática autoridad exigen aprobación. Son, por definición, revolucionarios convencidos de que sus verdades son manifiestas.

Los aforismos no son las frases simpáticas y ocurrentes de las tarjetas de felicitación. Son mucho más bruscos, agresivos y subversivos. No hay que sentarse cómodamente a leer un buen libro de aforismos, éstos saltan de las páginas y penetran en tu interior.

Los aforismos no son pequeñas citas edificantes pensadas para su consumo pasivo, sino que son desafiantes declaraciones que exigen una respuesta: o bien el reconocimiento de una percepción compartida -lo que Alexander Pope describió como algo que “se ha pensado con frecuencia pero nunca se habría expresado tan bien”- o bien un rechazo y una réplica.

Los aforismos tampoco pretenden hacerte sentir bien contigo mismo. Las más de las veces son cínicos y mordaces, un antídoto ante las anodinas e implacablemente optimistas panaceas de los libros de autoayuda y de la literatura inspiradora. Definitivamente no te animan. En lugar de ello, los aforismos cumplen una tarea mucho más difícil e importante: te hacen cuestionar todo lo que piensas y haces. Los aforismos asestan el certero golpe de las antiguas verdades olvidadas. Mantienen tu mente en forma porque hacen que cada mañana te preguntes si simplemente vas al trabajo o si estás cavando tu propia tumba.

James Geary, en El mundo en una frase. Una breve historia del aforismo. Bogotá: Planeta. 2007. 286 páginas.

El cerebro y el mito del yo

4 Feb

Una neurona es, entre otras cosas una pila eléctrica y, como tal, genera un voltaje.

Somos básicamente máquinas de soñar que construyen modelos virtuales del mundo real.

Lo que hemos dado en llamar pensamiento es la interiorización evolutiva del movimiento.

El movimiento sin objetivo no sólo es un gasto inútil, sino que puede ser muy peligroso.

¿Cómo se efectúa esta interiorización de la motricidad cuando adentro nada se mueve?

El control cerebral del movimiento organizado dio origen a la generación y naturaleza de la mente.

Las plantas no se mueven activamente y no necesitan cerebro: su sobrevivencia no depende de la anticipación.

La gran desventaja de la homogeneidad es que disminuye la variación, la cual es la clave de la supervivencia.

Las emociones representan la plataforma premotora que impulsa o que frena la mayoría de nuestras acciones.

A pesar de que el corazón late por sí mismo, el sistema nervioso también modula la periodicidad de este ritmo intrínseco, como en el caso de estar aterrorizado.

Algunos estudiosos señalan que el hecho de no poder determinar directamente si lo animales tienen sentimientos subjetivos (cualias) implica que no los tienen.

Si el problema de caminar se dejara en manos de las propiedades intrínsecas de nuestros músculos propiamente dichos, no llegaríamos ni a la esquina de la casa.

No parece que los computadores de hoy en día estén listos para tener una mente, pero ello puede deberse más a limitaciones del diseño arquitectónico que a limitaciones teóricas para crear mentes artificiales.

Dada la naturaleza del sistema tálamo-cortical, la entrada sensorial del mundo externo sólo adquiere significado merced a la disposición funcional preexistente del cerebro en un momento dado, es decir, merced a su contexto interno.

La relación entre los estados emocionales y las acciones –y, por supuesto, la motricidad misma- es de suma importancia, pues, bajo circunstancias normales, los estados emocionales son disparadores de la acción y de su contexto interno.

A pesar del saludable respeto que tengo hacia la evolución, he llegado a creer que ésta puede explicarse básicamente como un producto de la Ley Universal de la Pereza. Esta ley ordena la comodidad y la utilidad: la vía de la menor resistencia.

Aunque nos resulte molesto, el hecho es que el “sí mismo” es fundamentalmente tan sólo una estructura funcional útil, generada por parte del sistema nervioso para centralizar y por tanto para coordinar sus propiedades predictivas.

Las cuestiones concernientes a la función de la mente se rigen por las mismas reglas biológicas que resultaron en la evolución del sistema nervioso, a saber, el desarrollo evolutivo por ensayo y error por parte de la selección natural, tanto en células singulares como en el animal como un sistema completo.

Si se coloca un electrodo de estimulación en el haz medial telencefálico de la rata, el centro de placer del cerebro, y se permite al animal activar esta área presionando una palanca conectada eléctricamente, la rata dejará de comer, de dormir y de beber para mantenerse en un estado de perpetua felicidad. Y se mantendrá así hasta morir.

Una vez evolucionadas, las neuronas constituyen la estructura central de todos los cerebros en todas las formas animales: transmiten información, construyen, soportan y memorizan el mundo interno –mundo compuesto de neuronas que simula la realidad externa apropiándose de sus principios operativos, para después volver a introducir en el mundo exterior el producto de la cognición por medio de los movimientos que denominamos conducta.

El cerebro es básicamente cerrado en su naturaleza y operación, escapa completamente al examen directo de los sentidos, no lo vemos ni oímos, no lo sentimos palpitar, no se mueve en ninguna dirección, no siente dolor si lo golpeamos. Más aún, parece muy distante de su asiento corporal como cuando nos compadecemos del dolor ajeno u observamos admirados el universo.

El placer debe tasarse y no inhalarse demasiado profundamente. Idealmente el placer no es un “fin en sí mismo”, sino el medio para un fin. Si llegamos a un tipo de conciencia colectiva, podría ser una conciencia peligrosamente narcisista, una conciencia que precipitara la desintegración de la sociedad, ya de por sí debilitada por el clima ominosamente anti-intelectual en el cual vivimos.

¿Es la ”mente” una propiedad únicamente biológica o es en realidad una propiedad física, que en teoría podría ser soportada por una arquitectura no biológica? En otras palabras, ¿hay alguna duda de que la biología sea diferente de la física? El conocimiento científico acumulado en los últimos 100 años sugiere que la biología, con todo y su sorprendente complejidad, no difiere de los sistemas sujetos a las leyes de la física. Por tanto, sería posible generar la conciencia con base en un organismo físico, que fue lo que ocurrió en nuestro caso, y al cual llamamos “un sistema biológico”.

El cerebro debe reconstruir el mundo externo como una película o un sueño continuo, en permanente discurrir. Para ello debe anticipar o prever constantemente, operando y orientando su foco de manera discontinua, pero integrando todo lo anterior mediante una actividad en saltos, en intervalos discretos de tiempo. En otras palabras, la predicción impulsa la reorganización de foco de manera rápida y evanescente.

Teóricamente se comprende que el sistema nervioso puede diseñar dos tipos generales de estrategia. En la primera dejaría el sistema en completa libertad y en la segunda lo dotaría de un mecanismo intrínseco que reduzca el número de tales elecciones. Por libre entiendo que si una gacela ve llegar a un tigre, puede decidir correr brincando de la manera esperada, o con sólo tres de sus cuatro patas o con dos patas hacia adelante y dos hacia atrás. El problema de una acción completamente libre, con posibilidades infinitas, es que resultaría muy costoso para el sistema. Por ser hipercompleto, necesita un mecanismo eficiente que reduzca sus grados de libertad, ya que sus elecciones son verdaderamente críticas. No sólo sería ineficiente, sino potencialmente letal pasar demasiado tiempo deliberando cómo escapar del tigre. Un sistema que implemente inadecuadamente la fuga, como sería, por ejemplo, intentar primero movimientos natatorios entando en la tierra, llevaría a la muerte.

El cerebro y el mito del yo. Rodolfo Llinás. Bogotá. Norma. 2002. 360 páginas.

Y Dios dijo: Hágase la comodidad

4 Feb

Hágaseme entender, según raciocinio, en qué fundamentos ha erigido el hombre esa gran ventaja que piensa tener sobre las demás criaturas, y dígaseme quién le ha persuadido de que se han creado para su comodidad y servicio cosas como el admirable movimiento de la bóveda celeste, la eterna luz de los luminares que orgullosamente brillan sobre su cabeza y los espantosos movimientos del mar infinito, con todo lo demás así establecido y que perdura desde hace tantos siglos. ¿Es posible imaginar nada tan ridículo que esa infeliz criatura, que ni siquiera es dueña de sí y está expuesta a las ofensas de todo y de todos, se diga dueña y emperatriz del Universo a pesar de que no está en su mano conocer la menor parte de sí mismo y mucho menos imperar sobre él?

Montaigne

Sobre la felicidad

4 Feb

La grandeza del alma no se ve tanto en elevarse como en saber ordenarse y circunscribirse.

Grande es todo lo que es suficiente, y más elevación hay en amar las cosas medias que las eminentes.

La más fiera de nuestras enfermedades es despreciar nuestro ser.

No existe nada tan lícito y hermoso como cumplir bien y debidamente la misión del hombre, ni ciencia tan ardua como saber vivir bien y naturalmente esta existencia.

La intemperancia es la peste de la voluptuosidad y la templanza no es azote, sino su adobo.

El dolor ha de tomarse como medicina y necesidad, y escasamente; la voluptuosidad se ha de tomar para apagar la sed, pero no hasta la embriaguez.

Montaigne, en Sobre la felicidad

La sabiduría de Montaigne

4 Feb

Renuncio a lo útil por lo honrado.

Cuando no hay estudio no hay artificio.

Prefiero crear mi alma que amueblarla.

El valor de la victoria se mide por su dificutad.

Nadar en agua turbia son querer pescar en ella.

Una dama no tentada no puede jactarse de castidad.

No hay ni continencia ni virtud si no hay fuerza contraria.

El valor del alma no consiste en subir alto sino ordenadamente.

No se ejercita su grandeza en la grandeza sino en la mediocridad.

Es exquisita la vida que se mantiene ordenada, incluso en privado.

No deseo que mis conocimientos superen y coaccionen mi palabra.

La maldad aspira la mayor parte de su propio veneno y se intoxica.

Nadie está libre de decir necedades. Lo malo es decirlas con aplicación.

Un hablar abierto abre otro hablar y lo saca fuera, como hace el vino con el amor.

¡Tierno y novicio negociador que prefiere fallar en el trato a fallarse a sí mismo!

Se ha escapado mi naturaleza, expresándose a la fuerza, contra un largo hábito.

Soy más celoso de los derechos de mi tranquilidad que de los de mi autoridad.

Hacemos y sopesamos los vicios no según su natureleza sino según nuestro interés.

Nada impide poder comportarse correcta y lealmente entre hombres que son enemigos.

El agradecimiento por el favor depende por entero de la voluntad de aquel que lo hace.

El derecho de la virtud debe prevalecer sobre el derecho de nuestro compromiso.

Se ha de poner uno a la altura de aquéllos con los que está y a veces fingir ignorancia.

Una fealdad y una vejez confesada es menos vieja y menos fea que otra pintada y acicalada.

El ofrecerse con todas las fuerzas a éstos y a aquéllos, revela aún menos prudencia que conciencia.

Los otros se estudian para hacer gala de una mente elevada y afectada; yo, para rebajarla y reclinarla.

Pedimos más cuando menos ofrecemos; queremos elegir más cuando menos merecemos ser aceptados.

La fuerza de toda decisión reside en el tiempo; las circunstancias y las materias ruedan y cambian sin cesar.

La perfidia puede ser perdonable en un caso; sólo lo es cuando se emplea para castigar y traicionar a la perfidia.

Así como no traicionaría al príncipe por un particular, lamentaría mucho traicionar a un particular por el príncipe.

Requiere el bien público que se traicione, se mienta y se asesine; dejemos esa tarea a gentes más obedientes y maleables.

No tengáis en cuenta si hablo con gran libertad, sino si lo hago sin tomar nada a cambio y sin sacar provecho para mis asuntos.

Fundar la recompensa de las acciones virtuosas en la aprobación de los demás es adoptar un fundamento demasiado incierto y confuso.

No pretendo más fruto al actuar que actuar y no saco de ello más consecuencias ni más proyectos; cada acción tiene juego propio.

No se ha de llamar deber (como solemos hacer) a una acritud y avidez intestina que nace del interés y de la pasión privada; ni valor, a una conducta traidora y malvada.

No hay nadie que no halle dentro de sí, si se escucha, una forma suya, una forma dominadora, que lucha contra la educación y contra la tempestad de las pasiones que le son contrarias.

Y citan a Platón y a Santo Tomás en cosas para las cuales serviría igual de testigo el primer recién llegado. La doctrina que no ha podido llegarles al alma, se les ha quedado en la lengua.

Mis actos están regulados y conformados a lo que soy y a mi condición. No puedo hacer más. Y el arrepentimiento no afecta propiamente a las cosas que no están a nuestro alcance aunque sí se puede lamentar no llegar a ellas.

Es la vida movimiento desigual, irregular y multiforme. No es ser amigo de uno mismo y menos aún señor sino esclavo, el obedecerse constantemente y estar tan preso por las propias inclinaciones que no pueda uno desviarse de ellas ni torcerlas.

Para aquellos que nada valen resulta muy dulce, una vez que han sacado provecho de una acción viciosa, poder entonces añadirle en toda seguridad algún rasgo de bondad y justicia como compensación y corrección de conciencia.

Se pueden desautorizar y rechazar los vicios que nos sorprenden y hacia los cuales nos empujan las pasiones; mas aquellos que por larga costumbre se hallan enraizados y anclados con voluntad fuerte y vigorosa, no están sujetos a contradicción.

Los traidores y asesinos obedecen a las leyes del ceremonial y se hacen de ellas un deber; y así ni puede quejarse la injusticia de la falta de civismo, ni la maldad de indiscreción. Es una lástima que un hombre malvado no sea también necio y que la decencia palie también su vicio.

No se ve en ellos más que mísera afectación de rareza y unos disfraces fríos y absurdos que en lugar de elevar la materia, la rebajan. Con tal de atiborrarse de novedad, nada se les da de la eficacia; por agarrarse a una palabra nueva, dejan la normal que suele ser más fuerte y más nerviosa.

No hemos de anclarnos tanto en nuestros gustos y actitudes. Nuestra principal capacidad es saber adaptarnos a distintas costumbres. Es ser, mas no vivr, el permanecer atado y obligado por necesidad a una sola manera. Las almas más hermosas son aquellas que tienen más variedad y flexibilidad.

Las mentes brillantes, al usar y manejar la lengua, la revalorizan, no tanto innovándola como usándola más vigorosa y diversamente, estirándola y moldeándola. No le aportan palabras, mas enriquecen las que tiene, dan peso y profundidad a su significado y a su empleo, enseñándole movimientos desacostumbrados, mas con prudencia e ingenio.

Alabo a un alma de distintos niveles que sepa tensarse y distenderse, que esté bien en todo lugar al que el destino la lleve, que pueda cambiar impresiones con el vecino sobre su casa, la caza y sus disputas, que pueda charlar con placer con el carpintero y el jardinero; envidio a aquellos que saben confraternizar con el último de su séquito y llevar la conversación con su propio paso.

Nuestro sistema, tanto público como privado, está lleno de imperfección. Mas nada inútil hay en la naturaleza; ni siquiera la propia inutilidad; nada hay inserto en este universo que no ocupe lugar oportuno. Nuestro ser está cimentado en cualidades enfermizas; la ambición, los celos, la envidia, la venganza, la superstición, la desesperación, alójanse en nosotros con posesión tan natural que reconocemos su imagen también en los animales; incluso la crueldad, el vicio tan desnaturalizado; pues en medio de la compasión sentimos en nuestro interior cierta punta agridulce de voluuptuosidad maligna al ver sufrir a los demás.

Nosotros principalmente, que vivimos una vida privada que sólo nosotros vemos, hemos de haber establecido en nuestro interior un modelo al que remitir nuestras acciones, y, según él, acariciarnos o castigarnos. Tengo mis leyes y mi tribunal para juzgarme a mí mismo y a ellos me atengo más que a cualquier otra cosa. Limito mis actos según los demás, mas sólo los amplío según yo mismo. Sólo vos sabéis si sos cobarde o cruel, o leal y devoto; los demás no os ven; os adivinan por conjeturas inciertas; no ven tanto vuestra naturaleza como vuestro arte. Por lo tanto, no es atengáis a su sentencia; atenéos a la vuestra.

Es menester que Dios nos llegue al corazón. Es menester que nuestra conciencia se enmiende ella misma por el refuerzo de nuestra razón, no por el debilitamiento de nuestros apetitos. No está la voluptuosidad pálida ni descolorida en sí misma porque así la vean unos ojos legañosos y turbios. Se ha de amar la templanza por sí misma y por respeto a Dios que nos la ha oredenado, y la castidad; aquella que nos prestan los achaques y que debo al favor de mi cólico, no es ni castidad ni templanza. No se puede uno jactar de despreciar y combatir la voluptuosidad si no la ve, si la ignora, y con ella sus gracias, sus fuerzas y su belleza más atractiva.

Soy muy capaz de hacer y conservar amistades raras y exquisitas. Como me ato con tanto apetito a las uniones que son de mi gusto, me muestro, me abalanzo tan ávidamente que no puedo dejar de ligarme fácilmente y de dejar huella cuando me doy. A menudo he hecho la prueba con felicidad. Para las amistades comunes soy algo estéril y frío pues mi andar no es natural si no es a toda vela; aparte de que la fortuna, al haberme acostumbrado y engolosinado desde mi juventud con una amistad única y perfecta, en verdad que de algún modo me ha hecho perder el gusto por los demás y me ha grabado en el cerebro que soy animal de compañía y no de tropa, como decía aquel clásico. También porque por naturaleza me cuesta comunicarme a medias y con disimulo, y con esa servil y desconfiada prudencia que se nos ordena en el trato con esas amistades numerosas e imperfectas; y se nos ordena principalmente en esta época en la que no se puede hablar del mundo sin peligro o falsedad.

Las mentes brillantes

4 Feb

“Las mentes brillantes, al usar y manejar la lengua, la revalorizan, no tanto innovándola como usándola más vigorosa y diversamente, estirándola y moldeándola. No le aportan palabras, mas enriquecen las que tiene, dan peso y profundidad a su significado y a su empleo, enseñándole movimientos desacostumbrados, mas con prudencia e ingenio”.

Montaigne

Reflexiones de Borges

4 Feb

Hubo una época en que un rey, por ejemplo, podía ser inocentemente cruel; no tenía necesidad de justificarse. Tal vez hoy se actúa mal pero se siente la necesidad de hacer creer a los otros , y lo que es más importante, se hacerse creer a sí mismo, que se ha actuado bien. Hemos llegado a una mejor etapa, la etapa de la mentira y la hipocresía. Y eso es mucho. Vivimos en el tiempo, vivimos en la sucesión.

Puesto que la felicidad no es más que un estado pasajero que no presagia nada nuevo, lo que hay que buscar es menos la felicidad que la serenidad. Para mí la serenidad, y quizas la felicidad, se encuentran más fácilmente en la lectura y en la reflexión que en las otras cosas de este mundo.

La literatura es mi único destino y trato de cumplirlo lo mejor que puedo. Para mí, la literatura es más verdad que muchas otras cosas, más verdad que circunstancias de mi propia vida.

Cuando tenía treinta años creía no haber vivido. En esa época no sospechaba todavía que era imposible no vivir. A los treinta años comprendí el error de pensar que la lectura y al meditación pertenecen menos a la vida que otras ocupaciones del hombre. En el presente creo que la meditación, el estudio, la pedagogía, el ocio, el sueño y el soñar son tan reales o irreales como las cosas de la vida de los hombres que llevan una vida “activa”: todo es real, todo está vivo.

Si podemos concebir las cosas tal vez podamos realizarlas. Pienso que la imaginación puede cumplir una misión profética: se comienza por imaginar las cosas y después éstas llegan.

Estoy seguro de que Jesús no pensé nunca en fundar una religión. Pienso que le habría sorprendido si le hubieran hablado de la religión cristiana. El era judío y se sentía como los otros.

Hay muchos autores jóvenes -y yo era uno de esos hace tiempo- que escriben pensando menos en la literatura que en la historia de la literatura, en su lugar en la historia de la literatura. Piensan: “Soy argentino, escribo en 1969, después de dos guerras mundiales, después de una dictadura, etc. ¿Qué suerte de poemas debo escribir, quién convendrá con ese carácter abstracto que acabo de crear?”.

La muerte me inquieta muy poco. Ya que estamos entre amigos puedo decirle que hay una sola cosa de la que tengo miedo, es la eventualidad de no morir.

Si las cosas no van tan bien aquí. quizá vayan mejor en otro lugar o, lo cual sería mejor, quizá no haya nada en absoluto. Eso sería perfecto.

Sería triste para mí, después de mi muerte, pensar que en la Tierra me llamaba Borges, que publiqué algunos libros, que venía de una familia de militares… prefiero olvidar todo eso, al igual que prefiero olvidar la época en que estaba en el vientre de mi madre. Estoy un poco fatigado de ser Borges, y después de mi muerte seré tal vez alguien, tal vez nadie, pero espero no ser Borges.