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La respuesta larga de Catalina Ruiz-Navarro

7 Dic

El plagio de Catalina Ruiz-Navarro ha sido perdonado y quienes lo denunciamos quedamos como gente sin sentimientos ni sensibilidad, personas que sufren con el triunfo de una persona brillante como ella. Catalina redactó un bonito regaño con muchos visos de erudición dedicado a sus lectores y a quienes dudamos de su integridad como intelectual.  Sus lectores fieles quedaron satisfechos -ahora son más fieles que antes del plagio porque descubrieron que su columnista estrella es humana y comete errores como cualquier pobre mortal- y quienes la acusamos aprendimos una bonita lección sobre derechos de autor, inexistencia de una identidad difusa llamada El Autor del Texto, nodo, hipermedia, futurología… Como dicen en la cultura popular, quienes la denunciamos por deshonesta y por subestimar a sus lectores, le salimos a deber. Nos terminó dando clases de ética y de paso nos sacó un poco de la ignorancia que nos carcome.

En Twitter todo es fiesta y mensajes de admiración, parece que el plagio aumentó su número de fans, se materializó un  slogan muy colombiano: “Perdón y olvido”, aquí no ha pasado nada, que la gran intelectual y pensadora nos siga impactando con sus ideas reveladoras.

Analicemos el regaño de Catalina a quienes dudamos de sus dotes para escribir sin plagiar.

Para comenzar nos encontramos con su biografía, para ella es fundamental presentarse como una intelectual con gran trayectoria profesional antes de dar a conocer sus textos, la biografía sobresale con el propósito de impactar al lector y lo impacta, claro. Recordemos que en Colombia la Educación Superior es para la gente que está dispuesta a empeñar la vida para poder pagarse una carrera y pocos son los arriesgados que se lanzan a ese mundo incierto de estudiar para luego conseguir un trabajo digno del valor del semestre que pagó. Catalina no es ninguna principiante, la biografía es una carta de presentación imponente y quienes no han tenido el “privilegio” de “educarse” en una universidad suelen impactarse cuando se habla en su presencia de títulos profesionales en universidades prestigiosas.

Con ustedes, la biografía:

“Columnista y reportera de El Espectador, Directora y fundadora de Hoja Blanca revista-ONG (HojaBlanca.net) y dicta la cátedra de Periodismo Digital en la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Ha trabajado como Oficial de Comunicaciones en Women’s Link Worldwide, como Jefe de Prensa de el Instituto Caro y Cuervo y la Feria Internacional del Libro de Bogotá y como catedrática de Periodismo de Opinión en la Facultad de Comunicación de la Universidad Javeriana. Su trabajo en poesía ha sido publicado en revistas como Viacuarenta y El Malpensante. Maestra en Artes Visuales con énfasis en Artes Plásticas y Filósofa de la Univesidad Javeriana. Tiene una Maestría en Literatura de la Universidad de Los Andes. Barranquillera”.

En el primer párrafo dice: “No es la primera vez que se me escapa algún error, los ritmos de producción son rápidos, casi que industriales”. ¿Cómo pretende ser la brillante columnista que nos ha querido hacer creer que es si trabaja al ritmo del capitalismo salvaje y los salarios miserables? El exceso de trabajo es algo que debería hacerla sentir mediocre antes que justificar “el error” como parte del afán por entregar textos para tres o cuatro medios para los que trabaja tal vez porque padece el terrible miedo al vacío; tal vez vive con la ilusión de que más es más porque no sabe que más es menos, no tiene tiempo para pensar porque siempre está ocupada trabajando. Más es menos, más trabajo es más miedo, menos vida, menos reflexión, menos brillantez, menos lectura, menos profundidad y más vacío y miseria existencial. El trabajo intelectual, la producción intelectual y la redacción de textos exigen meditación y revisión permanente, un Bachiller lo sabe.

Más adelante escribe Catalina: “Lo más frustrante de toda la historia es que el nombre de Lisa Wade sí aparece en el artículo en la versión original que publiqué, con lo cual la acusación de plagio resulta doblemente ofensiva”. Es ahí donde empieza el regaño para nosotros los insensibles que nos tomamos por seres perfectos que nunca cometemos errores y creemos tener algo llamado ideas propias. Acepta que cometió un error -un plagio- (ella usa la palabra error para referirse al delito llamado plagio con el propósito de  hacerlo parecer menos grave de lo que es). Dice que olvidó poner “algunas” comillas, que este triste incidente le servirá para educar a sus estudiante bajo el precepto de que se aprende de los errores, pero en todo caso está muy ofendida con quienes detectaron la omisión de las comillas y el parafraseo en su texto, está doblemente ofendida con quienes la acusan de deshonesta.

A medida que avanza se pone más furiosa con nosotros los insensibles: “si no creen que soy honesta, al menos no piensen que también soy estúpida”. Yo creo que Catalina Ruiz-Navarro sí es bastante estúpida: ha pasado los últimos tres días de su vida justificando sus “errores” desde Twitter y a través de “comunicados”  cada vez más extensos y más furiosos para hacernos creer que está muy indignada cuando en realidad debe estar muy asustada y muy avergonzada; se empeña en convencernos de que es la más honesta de las honestas. Catalina: cuando una persona es honesta no lo dice ella misma, lo dicen los demás. La versión más distorsionada de una persona es la que hace ella misma y los genios, los verdaderos genios, pasan su vida divagando sobre si son genio o son estúpidos. Sólo los estúpidos están seguros de su genialidad.

En la segunda parte de la respuesta larga Catalina es mucho más erudita que en la primera y el tono es mucho más arrogante. Nos da a entender que conoce muy bien las teorías textuales e hipertextuales de la modernidad, la modernidad tardía y la postmodernidad. Esta segunda parte debe ser la más impactante para su lectores fieles, quienes la toman por una gran intelectual. La mayoría de estas almas nobles no deben entender mucho de lo que Catalina expresa en tono intelectual iracundo pero les debe parecer digna de ellos porque es evidente la hondura y la profundidad intelectual. Catalina es digna de confianza, debemos seguir leyéndola, eso debe pensar el inocente lector de textos complejos como esta gran segunda parte de la Respuesta Larga.

Catalina Ruiz-Navarro: acepta de una vez por todas que lo tuyo fue un plagio infame que ya corregiste y que lo quieres hacer pasar por un simple error, ni siquiera como una locura de juventud. Al presentarlo como  una suma de errores y no como un plagio estás reafirmando la idea de que no sólo no respetas el trabajo intelectual de los demás sino que, además, y como si fuera poco, eres terca, arrogante e intransigente.

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El plagio perdonado a Catalina Ruiz-Navarro

3 Dic

Gracias a Twitter nos enteramos de la muerte de Rosa Elvira Cely y marchamos indignados (Catalina Ruiz-Navarro recuerda ese atroz feminicidio cada vez que se agrede a una mujer).

Gracias a Twitter supimos que en el parqueadero de Andrés Carne de Res las parejas embriagadas de alcohol y de deseo se aman ante la mirada atónita de los vigilantes que cubren el turno de las 3 a.m (Catalina Ruiz-Navarro odió como tantas a Andrés Jaramillo  y desde su columna en El Espectador volvió a gritar: ¡No más maltrato a la mujer! Desde ese día no ha dejado de usar minifalda para sentar su voz de protesta).

Gracias a Twitter supimos quién es Gabriela Salazar: una niña recién graduada de Bachiller que dejó a su papá con una deuda de 180 millones porque copió ilustraciones de varias autoras norteamericanas para un libro de Pilar Castaño y éste tuvo que ser recogido por plagio. La deuda sólo incluye la recogida de los libros; a la  familia de Gabriela Salazar sólo le queda esperar si las ilustradoras de las obras originales la denuncian por el robo o no (Catalina Ruiz-Navarro decidió seguir los pasos de Gabriela, aunque plagiar a una mujer no es precisamente un detalle cordial y respetuoso con ella ni con sus ideas. Más tratándose del robo de una feminista colombiana a una feminista norteamericana, entre feministas deberían tratarse mejor porque comparten el peso de esta sociedad patriarcal y falocéntrica).

La primera pregunta que vale la pena formularse es simple: ¿Por qué en Colombia se le rinde tanta reverencia a los autores norteamericanos hasta el nivel de robarse sus trabajos?

Plagio es plagio como violación es violación, no se plagia un poquito y de nada sirve ofrecer disculpas y arrepentirse de la falta cuando un hombre viola o asesina a una mujer; es un delito imperdonable y no se admiten términos medios. Catalina es una feminista radical como sólo podría serlo en un país tropical y amarillista como Colombia, ella está dispuesta a denunciar todo tipo de abusos y malos tratos a las mujeres sin importar su condición social, es una especie de Pirry de las nuevas tecnologías y tiene su club de fans, gente que está dispuesta a hacerse matar por ella especialmente porque es una mujer muy deseable y porque hizo una cata de condones para la revista SoHo. Cada vez que se convoca a una marcha -en minifalda o no- por el maltrato a una mujer, ella marcha y grita como todas las demás y luego se indigna a través de su columna en El Espectador y los otros cuatro medios para los que trabaja.

Y entonces pasamos a formularnos la segunda pregunta:

¿Esperaríamos un plagio tan obvio de una mujer tan ejemplar como ella? ¡No!

Catalina Ruiz-Navarro es una trabajadora incansable de los derechos vulnerados de las mujeres y necesita que su voz de protesta llegue desde diferentes medios. También es profesora  en el área de Comunicación Social en la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Irónico sería que la materia a su cargo se llamara Comunicación y Ética, o Derechos de Autor, o Escritura en Medios Digitales. Si es escandaloso que un estudiante incurra en plagio y lo niegue cuando ha sido evidenciado, cuál será nuestro nivel de indignación cuando Catalina Ruíz-Navarro copia casi todo el texto de Lisa Wade y luego ofrece disculpas diciendo que sí, que le faltaron algunas comillas y que ya envió la corrección al medio en el que el plagio fue publicado.

Los tuiteros en general le han perdonado el plagio a Catalina Ruíz-Navarro, lo han visto como un mal menor, algo que pasó y debe ser olvidado porque todos en algún momento se han robado las ideas ajenas. Para mí sigue siendo escandaloso, más tratándose de una persona dispuesta a luchar con manos y pies por los derechos de los desvalidos, dispuesta a denunciar a los corruptos y a analizar todas las formas de atropello en contra de seres sin voz. Eso se llama falta de coherencia, es una actuación infame, una pose, un personaje que ella ha creado porque es creíble y porque posar de justiciero es algo que excita a las masas estúpidas y le reporta buenos dividendos a quien asume el rol.

Cuando un estudiante se acostumbra a plagiar llega un momento en el que se confía tanto que no le da importancia a los detalles, un golpe de suerte del profesor puede darle pistas sobre un plagio. Seguramente Catalina viene incurriendo en este delito desde hace mucho tiempo y se confió como se confía el estudiante vago, la copia es tan evidente y premeditada que es obvio que no es la primera vez que lo hace, es un acto recurrente. una forma de subestimar a los lectores, cuando roba a otros autores debe pensar con cinismo: “¿Si lo he hecho tantas veces y no lo han notado por qué lo van a notar esta vez?”. Ella pone en práctica las políticas de El rincón del vago: “¿Para qué escribir lo que ya está escrito? Se supone que El rincón del vago es para estudiantes, no para profesores de Comunicación Social y activistas profesionales.

A ella no le va a pasar nada, no va a tener que rendir cuentas ante el director de El Espectador ni ante el Director de Comunicación Social en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, reinará la ley del silencio en ese otro mundo de la impunidad amparado por los medios de comunicación, pero nos queda internet, este blog, la maravillosa herramienta llamada Twitter para decirle a quien pase por aquí:

Catalina Ruiz-Navarro no es coherente, lo suyo no debería ser el activismo, el periodismo y la docencia sino la política.

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A Virginia Mayer le sobran 50 kilos

30 Nov

La última columna de Virginia Mayer se titula “Gordos, calvos y peludos exigiendo mujeres flacas”. Comienza explicando por qué le  dolieron tanto las críticas que le hicieron a ella por criticar el reinado nacional de la belleza, enfatiza que las mujeres gordas también tienen derecho a apreciar la belleza de una reina porque las gordas también conocen los ideales estéticos de la belleza femenina como cualquier otro ser humano. Por increíble que parezca el origen de la indignación es el reinado nacional de la belleza, sí, esa banalidad creada para divertir masas embrutecidas, las mismas masas que gozan viendo, telenovelas, realitys y partidos de fútbol. Las predilectas de los políticos, los dueños de los medios y los anunciantes.

Nuestra adorada Virginia Mayer ve reinados de belleza y nos cuenta por qué los reinados de belleza son patéticos. ¿una persona con dos neuronas ve reinados de belleza? No. ¿una persona con dos neuronas se detiene a pensar en el coeficiente intelectual de una reina de belleza? No. ¿una persona con dos neuronas trata de explicarnos por qué los reinados de belleza son patéticos? No. Pero Virginia Mayer sufre y llora porque los reinados de belleza son machistas y refuerzan ideas tontas como que las mujeres altas, delgadas, esbeltas y de sonrisa diseñada son las mujeres deseadas por los hombres calvos, gordos y peludos.

Virginia Mayer: no seas tonta. Todos sabemos que la belleza es escasa y que por ser tan escasa nos sobrecogemos de emoción ante una cara hermosa, un cuerpo equilibrado, una voz divina, una forma de caminar elegante. Hombres y mujeres admiramos la belleza femenina porque las formas equilibradas llaman la atención y los cuerpos grotescos nos invitan a mirarlos con rechazo o con burla, es parte de nuestra triste condición humana, no somos ángeles, somo miquitos burlones.

El cuerpo de los demás y el cuerpo propio dan pistas sobre la salud, la edad, el estado de ánimo y la condición física; el cuerpo y la forma en que cargamos con ese cuerpo es nuestra carta de presentación ante los demás nos guste o no. Los animales también se seleccionan así y aunque te cueste creerlo las perras, las gatas y las cerdas no saben de feminismo ni de machismo, son animales y ya. Debes saber que tú, yo y el resto de los seres humanos descendemos de otros animales, no somos creación divina ni nos modelamos a nuestro antojo, conservamos intacto el deseo inconsciente de copular con los ejemplares mejor dotados aunque no queramos reproducirnos o hayamos superado la edad para realizar semejante hazaña. La belleza tiene que ver con la biología, no es una creación humana, está en la naturaleza.

Te invito a que superes la inocencia y la ignorancia, sumérgete en los libros de Desmond Morris, Richard Dawkins y Rodolfo Llinás, no leas sólo basura feminista de mujeres viejas, feas y resentidas porque la vida no las ha tratado bien, no armes tanto alboroto porque las masas embrutecidas se emocionan viendo tetas y culos, en esos seres el miquito está más latente que en los seres privilegiados que renunciamos desde hace mucho tiempo a ver programas de televisión.

***

Virginia Mayer escribió en tono indignado: “Mientras mis médicos en Nueva York me decían que hiciera ejercicio y controlara mi sobrepeso, aquí me han dicho que soy obesa mórbida. Los obesos mórbidos del primer mundo son los que andan en sillas eléctricas al no poder moverse por sus propios medios. Aquí la obesa mórbida soy yo. Sociedad enferma”. Ahí también te equivocas. En Colombia la mayor parte de la gente no tiene problemas de obesidad como los que tú padeces, pocas personas tienen 50 kilos de sobrepeso como tú. En Nueva York podrías pasar por una persona normal pero Bogotá no es Nueva York. En Bogotá podemos gozar de una alimentación balanceada y hay cierta conciencia sobre el cuidado del cuerpo con fines relacionados con salud y bienestar más que con obsesiones sexuales y complacencia ante la mirada ajena, esas obsesiones tuyas no son las obsesiones de la mayoría de las mujeres en Bogotá ni en Colombia.

Continúa Virginia Mayer con esta joya: “Tengo un amante, un hombre que a pesar de asegurar que estoy entre el top tres de los mejores polvos de su vida, me ha dicho que si me adelgazo podría penetrarme más profundamente”. Ay, Dios mío, qué niveles alarmantes de superficialidad.

“Es cierto que estoy gorda, y mi salud se está viendo comprometida por los 50 kilos que me sobran. La artritis degenerativa que tengo en la espalda no se ve beneficiada por mi sobrepeso. Subo dos pisos de escaleras y llego ahogada. No me puedo quedar dormida si no me empepo. Me sobran los motivos para adelgazar, es verdad. Pero esta sociedad no me condena por no estar sana, me condena porque no soy flaca”. Ay, Dios mío, Virginia Mayer necesita con urgencia un psicólogo y un nutricionista que la asesore. Si aspira a ser nuestra Virginia Woolf o nuestra Marguerite Duras es preciso que, para comenzar, aprenda a leer y a escribir y no use su condición física para inspirar la lástima de este público morboso acostumbrado a ver expuesta la miseria de la gente común en Laura en América o El show de Cristina.

“Vivir en Colombia con sobrepeso es tóxico para el alma. Aquí es pecado ser gorda. La gorda siempre podría ser diferente. A la gorda no la aceptan como tal, ¡siempre está la posibilidad de que haga dieta! Y yo, hasta el momento, me he negado. Es mí opción”. Ay, Dios mío, estas pataletas insoportables las llamas periodismo en KienyKe.

“Deliro con mujerones como Monica Bellucci, Scarlett Johansson, Marcela Mar y Carolina Guerra”. Ay, Dios mío. Parece que Virginia no sabe que estas mujeres son mujeres diseñadas para hacer películas y armar revistas.

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Twitter y el odio

17 Nov

Twitter se impuso como medio de comunicación gracias a los medios tradicionales. En televisión, radio y prensa se habla de lo que la gente dice en Twitter casi como si Twitter fuera el medio por excelencia y los medios tradicionales sólo hicieran eco de lo que se dice allí. ¿qué tipo de plan es este? Todavía no logro descifrarlo. No puede tratarse de un ejercicio inocente. ¿por qué tendría que interesarle a Caracol y a RCN que su público se fije en lo que es tendencia o escándalo en Twitter y no que se queden viendo su programación habitual y se olviden de las redes sociales?

En Twitter se presencian fuertes disputas entre personas influyentes -o que se toman por influyentes- con la ilusión de que el hecho se mencione en los medios tradicionales y, de esa manera, ganan más seguidores y más fama ¿pero a costa de qué tipo de sacrificios? ¿a costa de qué tipo de presiones psicológicas empezando por la adicción a estar mirando el teléfono para saber qué se dice de ellos en las redes sociales y qué beneficios le reportará semejante hecho, en qué terminará tanta fama virtual?

Hay personas que se han hecho famosas gracias a Twitter pero preocupa que gracias a esta fama se asuman a partir de un momento dado como pertenecientes a un grupo, como partidarios de unas ideas que casi siempre tienen que ver con política y aunque los tuiteros no se pueden matar a través de tuits sí es evidente que se unen y se admiran gracias al odio que comparten por una persona, porque lo que los une casi siempre es el odio.

Es más claro el odio hacia un usuario o contra un grupo de personas que la admiración hacia una persona en particular o hacia una idea. Eso es muy preocupante y valdría la pena saber si esos odios virtuales se materializan en venganzas reales, en daños personales o en enfermedades psicológicas de personas que sienten que Twitter es el mundo y la vida y la construyen a partir de esa idea.

En Twitter Colombia lo que más crea disputas tiene que ver con política. Con Uribe y contra Uribe, con Petro y contra Petro. No se admiten términos medios. Me gusta o no me gusta, lo amo o lo odio y pocos usuarios están dispuestos a cambiar su postura o a hacerla menos fuerte y menos radical.

Esta mañana tuve una conversación pública vía Twitter con Leszli Kálli  y lo que más me sorprendió fue la idea que tiene de mí y de “mis amigos”. Parece que no ha notado que no trabajo para una organización política y que si apoyo una causa no lo hago motivada por un grupo de tuiteros sino que todas mis opiniones son fruto de mis reflexiones personales. No tengo nada en contra de ella, no la odio ni la amo, como no odio ni amo a casi ningún ser humano porque el amor y el odio me distraen de actividades que me interesan mucho más que mis amigos virtuales o mis amores de sala de chat.

Leszli Kálli publicará un libro a partir de un escándalo en la Alcaldía de Bogotá que se “destapó” gracias a Virginia Mayer, una periodista que trabaja para Kien y Ke y que es respaldada por Julio Sánchez Cristo desde W radio y por Andrés Hoyos, desde El Malpensante. Parece como si los medios adoctrinaran a sus periodistas para que tomen partido a través de sus cuentas de Twitter y para que a través de tuiteros sin mucha relevancia expresaran sus ideas en libros o en artículos publicados en internet.

Diana Valencia tuvo una fuerte disputa con Leszli Kálli y gracias a la sugerencia de Claudia Morales (periodista de La Luciérnaga y colaboradora de Semana) escribió un post sobre una experiencia muy dolorosa que vivió en la vida real pero que repercutió en su vida como tuitera gracias a algunos comentarios desafortunados de Leszli Kálli. Diana Valencia es partidaria de Gustavo Petro y el libro de Leszsli Kálli se titula En las entrañas del poder. Acoso laboral en la Alcaldía de Bogotá. Lo más seguro es que detrás de la escritura de ese libro hay un grupo de antipetristas que asesoran a  Leszli Kálli. Como los antipetristas casi siempre son uribistas ella termina siendo una especie de neouribista gracias al destape del escándalo y la publicación del libro.

Los periodistas de los medios tradicionales casi nunca toman partido con su nombre sino que buscan personas menos relevantes que ellos para que ataquen con libros y artículos. Son los tuiteros ávidos de fama quienes terminan poniendo la cara y respondiendo por ideas que seguramente no tienen muy claras sino que simplemente se dejan asesorar con el sueño de que este puede ser el comienzo de una carrera brillante como destapador de escándalos a través de libros. Todos sabemos que la mayoría de esos libros se compran por morbo y que, en últimas, quienes se llevan la mayor parte de la ganancia son las editoriales. Un escándalo es tapado con un escándalo nuevo. En eso se ha convertido el periodismo.

Otro motivo para admirar a Martín de Francisco

2 Nov

Dos, tres vibraciones. Al otro lado de la línea Martín de Francisco dice: –Mirá, es que… es que yo te llamaba porque… porque yo ayer estaba metido en lo de la obra, tenía que ensayar y… –la voz, un hilo frágil, lleno de pausas–. Quisiera saber si podemos repetir otra vez la conversación… pues, vos sabés… no toda… entendeme… solo unas partes –una pausa como un silencio empecinado. El hombre respira hondo–. Mirá, a mí me da pena con vos… pero… es que yo pensando en el ensayo dije cosas que no… no sé… no creo que eso haya salido bien…

Es la mañana de un martes de septiembre y a tres segundos de que sean las nueve –luego de establecer un lugar, una hora– la conversación se corta. Días después, dirá: –Yo soy obsesivo con vainas que debí decir o que no debí decir nunca y eso no me deja tranquilo…, ¿me entendés? Yo soy neurótico, en el sentido de que sufro mucho de ansiedad social, no me gustan ni las reuniones… ni las mesas redondas… ni nada que tenga que ver con cosas públicas… A veces me siento cómodo con lo que soy hoy, aunque eso no quiere decir que esté pleno o sea feliz… y ¿sabés? Antes era más temeroso, yo ahora no le rehúyo al miedo, lo dejo estar ahí.

http://www.revistadonjuan.com/interes/muertos-de-la-risa-con-martin-de-francisco-y-santiago-moure/13154685

Periódicos y libros

27 Oct

Hace veinte años comprar el periódico y leerlo era interpretado y asumido como signo de estatus, había gente que se sentía inteligente y culta porque sabía cómo doblarlo, cómo organizarlo, cómo presumir con él en la sala de su casa, en la oficina, en el taxi o en el bus. Se andaba con el periódico debajo del brazo para presumir. Eso se acabó. Leer el periódico se convirtió en una actividad tediosa, es más fácil y efectivo leer noticias sueltas en versión digital compartidas en las redes sociales que manipular ese papel feo y sin gracia, sin contar con que ahora no hay grandes periódicos y la gente ha dejado de comprarlos porque los distribuyen en las esquinas de forma gratuita y quienes se sienten privilegiados con ese regalo maravilloso son las personas que constituyen la base de la sociedad, es decir la mayoría de los colombianos, los que no gozaron el “privilegio” de ser suscriptores de El Tiempo o El Espectador. Estas personas no son conscientes de que no consumen noticias sino publicidad, la peor publicidad.

Las noticias que publican periódicos como ADN o Publimetro son redactadas por aficionados que se toman por periodistas o por periodistas recién egresados que no encontraron un trabajo bien remunerado y tuvieron que conformarse con este. Se consuelan con la idea de que trabajan para un medio y seguramente se presentan ante sus amigos como periodistas; lo que no saben es que los grandes periodistas, los profesionales de la escritura, el redactor y el investigador rigoroso y autoexigente es una especie en vía de extinción, están condenados a desaparecer. El destino de los periodistas no es ni siquiera un medio virtual tipo La silla vacía o KienyKe sino su propio espacio, sea en un blog o en una página propia. La miseria de los medios digitales, de los “nuevos medios” es que en esos espacios impera la mediocridad, el maltrato a la lengua, el afán de inmediatez y los publireportajes.

¿Un periodista con vocación se tomaría el trabajo de publicar en un periódico de circulación gratuita, sea en papel o en versión digital? ¡no! No tiene sentido engañarnos de semejante manera.

Hacer periodismo como se hacía hace veintes años es un sueño imposible de realizar en este momento. Probablemente desaparecerá el periódico y los medios tradicionales terminarán doblegándose ante las redes sociales, se impondrán los espacios como Twitter porque las noticias dejaron de ser noticias. Cada día tiene su evento, su chiste, su escándalo y su forma de expresarlo de forma divertida o poética a través de un tuit que será leído por millones de usuarios ávidos de saber qué está ocurriendo en el tiempo presente, en el instante puro, no precisamente para tomar partido y para tratar de modificar el estado de la cosas sino por simple diversión y morbo.

Los periódicos desaparecerán pero los libros no, ese es el consuelo dirán algunos, esa es la verdadera aristocracia, digo yo. Los lectores de periódicos siempre fueron masa, una masa estúpida y dominada. Ahora no estamos seguros de si en el futuro se impondrán las redes sociales y los dispositivos para acceder a éstas o si el imperio más efectivo para dominar a las masas estúpidas seguirá siendo la televisión, el fútbol, los dispositivos tecnológicos y Adidas.

La buena noticia es que los libros no desaparecerán porque no desaparecerán los lectores de libros. No desaparecerán y lo dice una lectora consagrada como yo. Pueden aparecer todos los dispositivos, todos los soportes, toda la juguetería tecnológica y sofisticada, liviana y amigable, pero la experiencia de ir a las bibliotecas, a las librerías, el placer de ver envejecer un libro, de regalarlo y volverlo a comprar después de veinte años; el placer de subrayar, pasar páginas y observarlas no se compara con ninguna gran experiencia digital.

Es un privilegio contar con este blog para publicar sin intermediarios, sin censura, pero el placer de leer un libro no se compara con ningún tipo de placer. El cerebro no acepta la experiencia virtual como algo muy estimulante a nivel intelectual cuando se ha pasado la mayor parte de la vida leyendo libros, no periódicos o viendo  programas de televisión.

Los lectores de libros siempre han sido una minoría absoluta y por eso es tan fácil decir que el libro va a desaparecer, la mayoría de los cibernáutas no los extrañarán porque para la mayoría de los seres humanos los libros no forman parte de su vida, la lectura no se ha constituido  en una experiencia imprescindible. No pierden nada cuando dicen que desaparecerá el libro porque nunca los tuvieron, porque no conocen la trascendencia de lo que significa leer.

Yo por yo al estilo nuevo periodismo colombiano

12 Oct

Cuando una fórmula literaria funciona y quien la desarrolla gana un premio esta formula se repite de forma incesante mientras aparece otra fórmula digna de ser imitada y premiada. Imitan a Fernando Vallejo, imitan a Alberto Salcedo Ramos. Fernando Vallejo es imposible de imitar, quien lo intente se expone al ridículo;  Alberto Salcedo Ramos, en cambio, nació para ser imitado. Su “arte” parece tan fresco, tan original, tan artístico. En las universidades lo llaman Maestro y él juega a serlo, representa muy bien la pose de humilde, detallista, profundo, diestro en el contenido y en la forma… Y millones de imbéciles en Colombia están concentrados en la crónica periodística al mejor estilo de revistas tipo SoHo y El Malpensante porque decidieron seguir los pasos del Bienaventurado.

Desde el más burdo periódico virtual hasta la más encumbrada revista de farándula contratan periodistas formados en la Escuela del Maestro Alberto Salcedo Ramos  para que deconstruyan a sus invitados en sendos perfiles biográficos que dejan siempre muy bien parado al observador, cuidadoso de los detalles -psicólogo, sociólogo y antropólogo intuitivo- y al protagonista de la historia, que casi siempre termina representado como un semidios. Los dos quedan satisfechos con el producto final y el lector queda con la sensación de que se hizo más culto leyendo un texto profundo, artístico, sincero y bien estructurado. En estos perfiles la imagen fresca del protagonista de la historia a través de la fotografía  se constituye en un detalle fundamental.

Voy a intentar deconstruirme a través de una crónica enmarcada en el nuevo periodismo colombiano. Espero que queden fascinados con la observadora y con el objeto de observación:

Estoy en calle 72 con 15, miro los libros de la Panamericana mientras espero a Elsy, a ella no le gustan las citas en una esquina cualquiera sino en espacios cerrados. La he obligado a que nos veamos aquí porque le voy a demostrar que en esta ocasión seré yo quien domine la situación. Es un sector congestionado de Bogotá. La gente camina desesperada. Las mujeres se miran el culo en los vidrios de las vitrinas mientras pasan apresuradas y los hombres las miran mirarse preguntándose por qué se miran tanto ese lugar específico del cuerpo si a los hombres les gusta mirar más tetas que culos, en fin. Son las 3:59, Elsy está a punto de llegar, tiene fama de ser puntual, consulté a tres miembros de su familia, a tres estudiantes y a tres amigos cercanos y los tres coincidieron en que ella es muy puntual.

Han pasado más de cuarenta y cinco minutos y nada que aparece, me estoy empezando a poner nerviosa. Recibo un mensaje de texto en el que me dice que mejor nos veamos a las cinco en el Oma de la Avenida Chile, esto se me está empezando a salir de las manos. Camino resignada hacia el oriente, veo los cerros imponentes de esta imponente ciudad (cabe recordar que todos los provincianos estamos obligados a decir que los cerros de Bogotá nos parecen imponentes y que nos  instalamos aquí porque no podemos vivir sin esos cerros).

Llego entre nerviosa y confundida y ella está ahí, con su mirada de pocos amigos:

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Me dice con voz de ultratumba que no tiene mucho tiempo para conversar conmigo, que odia las entrevistas,  nunca ha concedido una y no entiende por qué se ha prestado para esta payasada que le recuerda a Virginia Mayer jugando a la periodista zalamera y aduladora con Catalina Ruiz-Navarro y con Margarita Rosa de Francisco.

Esta presentación me deja un poco confundida, no sé por dónde empezar.  Le pregunto para romper el hielo qué piensa  de la imagen que se ha ido creando la gente de @ensayista y ella cambia el rostro de pálido a más pálido de la ira que le ha provocado mi pregunta -es obvio que le parezco repugnante- y me responde con una mirada todavía más hiriente que la de la imagen que les he compartido.  No va a ser fácil abordar a este personaje, creo que le voy a dar un giro a la entrevista.

Son las 5:15 y no hemos avanzado mucho, no he sido capaz de ofrecerle un café y ella tampoco está dispuesta a proponer que compartamos alguna bebida, tengo la garganta seca, quisiera entretenerme con un vaso entre las manos, debo confesar que estoy bastante nerviosa.

Intento hacer una pregunta más afortunada: ¿por qué es más fácil si buscan tu nombre en Google? Ella sonríe un poco, es un ser repugnante, es obvio que le gusta jugar con la gente y que no me va a dar más información de ella de la que puedo encontrar si busco su nombre en Google, no sé si odiarla o pedirle que me dé un beso ¿ya les dije que soy bisexual y que me gustan las tetas grandes?

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No puedo sacarme esta imagen de la mente, es una de las fotografías más extrañas de Elsy, ella me confiesa que todas las fotos que circulan en internet han sido tomadas por ella misma o por Andrés, que es como la monja sin cabeza: si alguien intenta tomarle una foto el fotógrafo desaparece y la cámara también, es un verdadero misterio. Tendré que llamar al fotógrafo de Kien y Ke para decirle que no venga, que ella no se va a dejar tomar una sola fotografía por más que sea con una cámara profesional.

Son las 5:30 y no hemos avanzado mucho.  Le pregunto qué piensa del amor, las mujeres y la muerte, sé que a ella le parecerá graciosa esa pregunta puesto que es experta en Schopenhauer. Se relaja un poco y me pide que cambie la pregunta porque no se siente cómoda hablando de temas serios y eruditos si no es en un salón de clase o con una persona digna de ser oída por ella y que definitivamente yo, como interlocutora suya, le parezco un verdadero desastre. Siente pena porque la experiencia no está saliendo bien pero es incapaz de fingir como fingiría cualquier entrevistado en cualquier revista del mundo,  el solo hecho de pensar que está pasando por esta situación la hace temblar de ira y se siente ridícula. Todos sabemos que llegará a su casa a llorar y a vomitar recordando los cuarenta y cinco minutos que pasó conmigo en esta desafortunada experiencia.

Le muestro estas  tres imágenes suyas y le pido que me explique qué espera de nosotros cuando las veamos:

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Ella dice que mi pregunta no es inteligente pero responde: “Me apasiona la idea de que la gente se divierta a costa de estas imágenes, que fantasee con la idea de que tiene un pedacito de mí porque conserva un archivo llamado “imágenes de Ensayista”, porque se siente superior a otros ante semejante hallazgo. Es algo simple y tonto, pero a la gente  sin vida propia le fascina vivir ese tipo de experiencias. La gente que me conoce ríe fascinada porque la persona que ven en la imagen no tiene nada que ver con la imagen que tienen de mí cara a cara. Lo que más me divierte de la escritura es imaginar la cara del lector, lo que puede llegar a pensar o interpretar cuando lee lo que escribo; también fantaseo con esa misma cara cuando buscan imágenes mías en Google, es un placer inocente pero muy vital”.

Análisis pragmático del discurso lastimero de Virginia Mayer

11 Oct

¿Quién es Natalia Roldán?

Es una periodista  de la revista Cromos que contactó a Virginia Mayer en Twitter con un sencillo “Hola. Soy periodista de Cromos y quiero escribir sobre ti, por Polaroids. ¿Me darías un teléfono o un correo para contactarte?”. Virginia la contactó, se conocieron mejor y de la conversación salió un esperpento periodístico que analizaremos a continuación.

La introducción es apoteósica: “Sincera hasta la crudeza, idólatra de Bukowski y Frida Kahlo, libre y libertina, Virginia Mayer empezó a hacerse famosa cuando escandalizó a los puritanos con sus calientes columnas en Kien y Ke. Ahora es una reconocida escritora y tuitera”.

¿Sincera hasta la crudeza? ¿Qué tipo de imbécil se define a sí mismo como sincero hasta la crudeza. ¡nadie! O sí, alguien: Virginia Mayer, la periodista más inocente que he tenido el gusto de leer.

Idolatra a Bukowski y a Frida Kahlo. ¡Qué novedad! Otra pobre muchacha que por el hecho de tomarse unas cervezas de vez en cuando con las amigas y por padecer un terrible dolor de espalda se siente hermana de artistas que merecen un poco de respeto.

“Libre y libertina”. Virginia se autodefine como libre y libertina y yo me pregunto qué es ser libre y libertino, nadie puede serlo, estamos condicionados. ¿ella busca escandalizarnos? Esas frases tontas causan escándalo por lo tontas que pueden llegar a ser. Sí, estoy obsesionada con la tontería. Virginia es la maestra indiscutible representando el papel de muchacha tonta, muy tonta.

“Empezó a hacerse famosa cuando escandalizó a los puritanos con sus calientes columnas en Kien y Ke. Ahora es una reconocida escritora y tuitera”. Como diría Ricardo Cano Gaviria: “esto no hay por dónde agarrarlo”, ¿qué puede uno decir sobre la fama y las columnas calientes de Virginia Mayer? ¿a quién escandaliza con la basura que escribe en Kien y Ke? ¿a la gente que sabe escribir? ¿quiénes son los puritanos?

“Cuando te la presentan es pura dulzura. Sonríe –con los labios siempre rojísimos–, saluda con su voz acaramelada y se ve adorable detrás de los rollitos de su figura”, escribe la periodista pudiendo ser sincera; pudo haber escrito, por ejemplo, “Es una gorda sin gracia con voz de ardilla” pero se empeña en afinar al personaje con palabras que sólo pueden engañar a un albañil o a un lector de El olvido que seremos.

“Parece mentira que es ella quien también escribe, sin el menor resquicio de pudor, que folla a la carta; que le gustan las tetas grandes, más grandes y chiquitas, y que se masturbaba con un muñeco Alf cuando empezó a conocer el placer que le podía regalar su cuerpo”. ¡Ríanse!

“Aunque parece una blanca paloma, hace tres años llegó a Kien y Ke con una columna en la que destapaba todo lo que se podía saber acerca de su vida, incluso las revelaciones sexuales más brutales. Los más mojigatos pusieron el grito en el cielo, otros la leyeron con morbosidad y sin falta, y algunos encontraron en ella una voz que se atrevía a contar lo que todos vivimos pero no confesamos”. ¿Todo lo que se podía saber acerca de su vida? ¿acaso ella quién es? ¿una estrella del cine porno? ¿Natalia París? ¿La gorda Fabiola? ¿revelaciones sexuales más brutales? Ni siquiera Nacho Vidal usaría la expresión “revelaciones sexuales más brutales” si llegara a narrar algún día la historia de su vida. ¿quién se cree Virginia Mayer? ¿por quién nos toma? ¿juega con nosotros como juega Carolina Sanín con sus videos en YouTube? ¿qué es esto? ¿el fin del mundo? ¿estamos dominados por la tontería absoluta?

“Mayer empezó a coquetear con el periodismo cuando decidió estudiar Comunicación Social, interesada en la radio. Todavía en la universidad, pasó por Javeriana Estéreo, trabajó con Jaime Sánchez Cristo y luego su hermano Julio se la robó para que fuera su productora internacional en Miami”. Julito y Andrés Hoyos son los padrinos intelectuales de esta joyita. ¡Ríanse de nuevo!

“¿Qué vio en ella la voz más conocida de Colombia? «Soy la persona más intensa que has conocido –explica–. No me rindo, y estoy convencida de que si uno toca puertas y toca puertas y toca puertas, las abren. Yo le conseguí a Julio, entre muchas otras, la entrevista con Paul McCartney por la que se ganó el Simón Bolívar»”. Oh, ah, ay, Virginia nos confiesa cómo se ha ganado a pulso cada triunfo cosechado. Y reniega de nosotros, los pobres habitantes del país del Sagrado Corazón.

“Pero Mayer odió el blanco –blanquísimo– Miami. Odió que todo el mundo quisiera ser J.Lo y Ricky Martin, que los carros brillaran tanto y que en cada esquina hubiera un latino pretencioso, así que escapó. Terminó en Nueva York, estudiando escritura creativa. Lo suyo no eran las chivas noticiosas sino la gente, en su intimidad, y en la ciudad que nunca duerme empezó a coleccionar esas historias que le interesaba contar y con ellas fue armando un libro cuyos capítulos llegaron a Kien y Ke en Bogotá. Su voz directa y sincera les llamó mucho la atención y le ofrecieron una columna que escribió durante un tiempo desde Estados Unidos pero finalmente llegó a Colombia como periodista de planta del medio digital”. Virginia considera que trabajar en Kien y Ke es un gran triunfo como periodista y como profesional.

“El cuerpo de Mayer ha sufrido mucho y ella con él. Cuando tenía diez años y vivía en Uruguay –allí creció, su papá es uruguayo y su mamá colombiana–, sufrió un accidente mientras jugaba en el parque, al caer sobre un tubo que se clavó en su vagina. «Di 100 besos antes de tener sexo porque siempre pensé que no podía ser penetrada». Luego, dos décadas más tarde, debió someterse a una cirugía de columna: tenía una hernia del tamaño de una pelota de golf que presionaba el nervio ciático y que la obligó a aguantar el dolor más intenso que jamás había sentido. «Desde ese entonces, no hay nada que me parezca más sexi que un bastón –cuenta–. Pensar que esa persona puede sentir el mismo dolor que yo sentí y saber que aún así sigue marchando me parece increíble». Ahora sabe que sufre de artritis degenerativa y en su casa tiene pequeños altares para Frida Kahlo, pues se identifica con su historia y vive obsesionada con su sufrimiento: «Sé que mientras duela estoy viva»”. Desde hace un tiempo Virginia usa como estrategia para ser más “famosa” ponerse en el papel de víctima, nos cuenta que está enferma, endeudada, cada día más gorda; sabemos que se hace tratar por problemas psicológicos, que está sola, deshecha, triste… Busca inspirar lástima y lo logra. Como tierna representante de esta pobre patria expone la miseria propia para recaudar fondos con los que sobrevivir ¿Imaginan a Bukowski o al marqués de Sade desarrollando semejante pose? Yo no, estos hombre tenían dignidad, eran orgullosos y arrogantes.

“Ese cuerpo condenado a la mala suerte también fue el que le indicó que las mujeres despertaban algo especial en ella y el que la llevó a aceptar que es bisexual: «Yo empecé a afrontar esas sensaciones cuando llegué a Bogotá a estudiar comunicación. Aquí perdí mi libertad, me sentí atrapada, juzgada. En ese entonces mis sueños todavía eran los que mis viejos tenían para mí y solo hasta que llegué a Nueva York pude sentirme realmente libre, ser fiel a mi naturaleza».” Virginia se endeudó más que un usuario del Fondo Nacional del Ahorro para pagar sus estudios en el exterior pero se vanagloria como cualquier provinciano de que su coeficiente intelectual y su estilo en la escritura mejoraron de manera evidente gracias a que es una joven “bien preparada” porque montó en avión.

Y siguen los lamentos y la lambonería por parte de la pobre periodista: “Cuando aprendió a ignorar el qué dirán, siempre cargando sobre sus hombros la dramática historia de su cuerpo, empezó a seguir su corazón y a escribir con su estómago. Tardó nueve años en terminar su primera novela, Polaroids, que se nutre de su vida, de la gente que la rodea y de las historias que ha conocido en su andar gitano por el mundo. Su voz literaria es honesta y deja entrever su amor por Bukowski, Sade, Bret Easton Ellis y los beatniks. El libro tiene algunas escenas sexuales, pero no es literatura erótica: «Se tiene la idea de que yo soy la gurú del sexo, pero simplemente me gusta lo más íntimo de la gente». Por eso, como periodista le interesa escribir sobre lo que es tabú, sobre drogas, libertinaje y vidas no convencionales. Al leerla no se encuentra a una autora pretenciosa, sino a una maravillosa contadora de historias, que lleva al lector encantado del título al punto final con un lenguaje sencillo, franco y cercano”.

“Mayer se considera impulsiva, energética, fiel, libre y libertina. Adora las groserías colombianas, como «pirobo» y «gonorrea», y las majestuosas montañas bogotanas. Le encantan las mujeres masculinas y los hombres viejos. Asegura que siempre va en subida, pero no pisa cabezas para avanzar. Confiesa que nunca ha probado follar con amor, que no tiene arrepentimientos y que no cree en nada. Y aunque admite que le encanta el sexo puerco, al final es una romántica que sueña con enamorarse de «alguien con quien quedarse en la casa un viernes tomando vino con la luz apagada y las ventanas abiertas»”. ¿Cómo puede ser nuestra heroína libre y libertina con veinte kilos de más, tan enferma como se nos presenta? No creo que tenga mucho de qué arrepentirse porque tampoco creo que haya recibido propuestas sexuales muy atrevidas, para tener sexo puerco, como lo llama ella, se necesita buen estado físico y nos acaba de confesar que un amante suyo es una especie de confidente que la llama para preguntarle si se tomó los medicamentos y durmió bien.

Hay gente que pide compasión para Virginia Mayer, hay gente que se molesta con posts de este tipo. Pero, por favor, alguien tiene que denunciar la infamia, la mentira, la pose, el engaño. ¿por qué hay periodistas como Natalia Roldán y medios como Cromos que se empeñan en subestimar a los lectores? ¿quién cree este tipo de patrañas? ¿cuando se quedan sin personas para entrevistar no sería más decoroso publicar números menos voluminosos a costa de expresar un poco de respeto hacia los lectores?

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En la revista Jetset deben sentir compasión por Virginia Mayer

30 Sep

Ayer encontré sin querer este video. Virginia Mayer de nuevo.  Ahora con sus frases célebres:

– Yo soy muy valiente,  soy muy valiente,  muy valiente….

– Soy temeraria, que es  un sinónimo de estúpida, pero es un poco valiente.

– Hablo sin pelos en la lengua.

–  No tengo temores ni miedos y no tengo vergüenzas.

– Yo digo las cosas como las pienso y las siento y pienso  que de eso  no hay mucho en Colombia y menos en la voz de una mujer.

– El éxito de mi columna es mi voz, siendo  que es una mujer, contando  y  diciendo las cosas que digo.

–  El hecho de que yo no combine con esta sociedad retrógrada del Sagrado Corazón es un constante motor para mí.

– ¡Soy una rebelde!

– Yo soy sencilla.

– No me las doy de nada.

– Soy lo que ven.

Lo que vemos es a una muchacha insegura, tímida, más gorda que en el último video, deseosa de ser admirada. Inspira compasión.

¿Por qué hay gente así?

 

La guerra contra las mujeres

29 Sep

Soy bloguera desde hace nueve años pero tengo blog en esta comunidad apenas desde febrero y hay un dato que me tiene impactada: los temas más populares, los más leídos, son los relacionados con nombres propios -con autores- pero los primeros siete son sobre mujeres. Vende escribir sobre mujeres, vende analizarlas y criticarlas y parece que funciona más la estrategia si quien se toma el trabajo de hacerlo es otra mujer.

Si he cautivado una audiencia dispuesta a leer cada texto que escribo no ha sido por ser amiga de los escritores que venden más libros, publican en más revistas y tienen los mejores contactos, por decir que Alberto Salcedo Ramos es el mejor cronista, Héctor Abad Facilonce y  Ricardo Silva Romero los herederos indiscutibles de Proust, Joyce, Musil, Kafka… y  Daniel Samper Ospina un gran columnista, humorista, periodista… Es muy fácil decirlo, todos lo dicen y todos lo creen. No tiene sentido repetirlo de nuevo para sentirme inteligente, profunda y enterada.

Mi apuesta es un poco más arriesgada: consiste en decir que no es cierto lo que se dice sobre el buen momento por el que pasa la literatura colombiana. Para mí el único escritor vivo que saca la cara por esta pobre patria es Fernando Vallejo, que no es poca cosa. El autor de La virgen de los sicarios y El desbarrancadero es, quizá, uno de los escritores más brillantes de la historia de la literatura, un clásico vivo, duélale a quien le duela.

A continuación el titulo de los posts más leídos siendo el primero el más popular de todos los publicados durante casi un año.

1. El periodismo de investigación de Virginia Mayer

2. Margarita Posada: una puta vieja

3. Emprendedores colombiano en la red: el caso Catalina Alba

4. Carolina Sanín se desnuda para El Espacio

5. Mario Mendoza y Antonio García Ángel

6. Luis H. Aristizábal: maestro del aforismo en Twitter

7. Emprendedores colombianos en la red: el caso Adrián Peláez

8. Sexualidad femenina según cien mujeres típicas de la revista SoHo

9. Masturbación a la carta (sobre Virginia Mayer)

10. Twitter le cambió la vida a Virginia Mayer

Los diez textos son de denuncia, los diez son sobre diferentes formas de engaño, sea desde la literatura, el periodismo, la vida intelectual o el marketing.