Tag Archives: Ovidio

Si Ovidio fuera tuitero

1 Jul

¡Que no es vean maquillándoos!

En el amor es preciso obrar con arte.

Como no podía dar regalos daba palabras.

Mejor es buscar mujeres con edad y experiencia.

Haya algo que tengas en mayor estima que el cuerpo.

De mí no se aprende otra cosa sino los amores lascivos.

El artificio embellece siempre que se mantenga en secreto.

Añade a los dones del cuerpo las cualidades del espíritu.

La casualidad interviene en el desarrollo de los hechos.

Una divinidad airada se doblega ante una voz suplicante.

Venus en medio del vino ha sido fuego que al fuego se añadía.

Tú eres ingrávido y mucho más obediente al viento que tus alas.

Por medio del arte se mueven las rápidas barcas a vela y a remo.

El vino prepara el espíritu y lo hace receptivo para el acaloramiento.

El varón no sabe disimularlo, pero ella lo desea más escondidamente.

El amor furtivo es tan agradable para una mujer como para un varón.

Se puede celebrar con versos a las muchachas que lo han merecido.

Lo que te niego cuando me lo reclamas, deja de quererlo y te lo daré.

En un rostro silencioso se puede adivinar lo que sucederá más adelante.

Poco pueden los versos ante el dinero, pero algunas saben apreciarlos.

Diviértanse las que son hermosas: casta es aquélla a la que nadie ha solicitado.

La oportuna condescendencia es lo que principalmente gana los corazones.

Yo cantaré un amor que no tiene nada que temer y unos escarceos permitidos.

No el hecho de dar, sino el de reclamar un precio es lo que yo aborrezco y odio.

Si eres baja, siéntate para que si estás de pie no parezca que estás sentada.

No se callaron tus ojos ni la mesa escrita con vino, y también en tus dedos hubo letras.

Ulises no era hermoso pero era elocuente, y así hirió de amor a las diosas marinas.

A mí Venus me puso ante los ojos de todos como maestro en el arte del tierno Amor.

Dile tiernos halagos y palabras que regalen su oído para que ella se alegre con tu llegada.

Qué a punto he estado de advertiros que os cuidarais del olor a macho cabrío en los sobacos.

Antes que nada, penetra en tu mente la confianza de que a todas se las puede conquistar.

Ningún amor vale tanto como para que yo sienta una y otra vez deseos intensos de morir.

La locura de mi alma se convierte en sensatez de nuevo y ya ese rostro no cautiva mis ojos.

La sangre desapareció de mi rostro helado, y una profunda noche se puso delante de mis ojos.

Al verte desnuda se erguirá de pasión mi miembro y cumpliré, siendo anillo, el cometido de un hombre.

No preguntes qué edad tiene ni bajo qué consulado nació, sobre todo si ya no está en la flor de la vida.

El artificio resulta provechoso si se mantiene escondido, pero una vez descubierto produce vergüenza.

Ofrécete a mí como argumento fecundo para mis versos: surgirán versos dignos de quien los inspira.

¿Por qué afeas con lágrimas tus ojos delicados? Lo que tu padre era para tu madre, eso seré yo para ti.

Libraos las hermosas de fijar un precio por cada noche; no tiene buenos resultados un botín mezquino.

¿Por qué te apartas de mí? En vano lo haces, porque el límite de los asientos nos obliga a estar juntos.

Cupido: pesa poco y tiene además dos alas para elevarse volando, a las que es difícil imponer un ritmo.

Se han clavado en mi corazón las agudas flechas, y el fiero Amor revuelve mi pecho una vez conquistado.

Eres, y no te das cuenta, habladuría en toda la ciudad, en tanto que, sin ningún pudor, relatas tus hazañas.

¿Me preguntas por qué he cambiado? Porque me pides que te pague. Por ese motivo no me puedes agradar.

Es de creer que tú también has sido víctima del arco de Cupido: defiende la bandera de tu milicia en favor mío.

Para ser amado has de ser amable, y eso no te lo proporcionará tu cara ni tu apariencia externa únicamente.

Deja que soporte el frío durante toda la noche en medio de la escarcha, tendido en el umbral ante tus puertas.

De noche se ocultan las faltas y se quita importancia a cualquier defecto, esa hora hace hermosa a cualquier mujer.

Para que una mujer no te sorprenda en los escondites que ella conoce, no debes citar a todas en el mismo sitio.

He visto a los toros luchar por una compañera blanca como la nieve, y la ternera misma, mirándolos, les daba bríos.

Mientras el vigor y la edad lo permiten, soportad las fatigas: pronto vendrá la encorvada vejez con paso silencioso.

¿Qué regalos te hace, a no ser versos recién escritos, ése tu amigo el poeta?, muchos miles recogerás de tu amante.

También nosotros seremos cantados por el mundo entero, juntos los dos, y mi nombre estará siempre unido al tuyo.

Dos amantes no dan suficiente provecho: más seguro y sin que provoque ya celos, es el botín que se obtiene de muchos.

No es perjudicial un amor fingido; deja que crea que lo amas, pero ten cuidado de que ese amor no se mantenga gratis.

Os vi diciendo muchas palabras con movimiento de cejas; en vuestros movimientos de cabeza había buena parte de voz.

El hijo de Fílira enseñó a tocar la cítara a Aquiles cuando era pequeño y con este pacífico arte dominó su carácter violento.

La que tenga mal aliento, que nunca hable en ayunas y que siempre se mantenga a cierta distancia del rostro del hombre.

El dinero brilla con el uso, un buen vestido pide que se le lleve puesto, las casas abandonadas encanecen con el feo moho.

Como a tantos otros, pero sin que haya tenido yo que matar a nadie, Cupido me ha ordenado empuñar la bandera en su milicia.

Llévame puesto cuando bañes tu cuerpo con agua caliente y no te importe que mi engarce se estropee al contacto con el agua.

A pesar de su abandono estaba hermosa, como una Bacante tracia, cuando, fatigada, yace tendida al azar sobre el verde césped.

¿Por qué sueltas el espejo con mano triste? Te contemplas en él con unos ojos mal acostumbrados: no debes acordarte de ti misma.

Entérate de por qué a un camino se le llama “los nueve caminos” y escucha cómo los bosques, despojándose de sus cabelleras lloraron a Sifis.

Si hay alguien entre el público que no conozca el arte de amar, que lea esta obra y, cuando se haya documentado leyéndola, que ame.

Consejos de una alcahueta del siglo l a una prepago del siglo XXI

24 Jun

Con cierta parquedad debes reclamar el precio, mientras tiendes las redes, no vaya a ser que escapen; pero cuando lo hayas cazado , atosígalos con tus condiciones. Tampoco es perjudicial un amor fingido; deja que crea que lo amas, pero ten cuidado de que ese amor no se mantenga gratis. Niégate a menudo a pasar con él la noche; simula unas veces dolor de cabeza y otras, Isis será quien te dé motivos. Luego recíbelo para que no se acostumbre a la paciencia y para que su amor no se enfríe por ser rechazado una y otra vez. Que tu puerta sea sorda al suplicante, abierta para el que te trae regalos. Que el amante que hayas recibido oiga la voz del que hayas rechazado y, si le has traicionado, enfádate alguna vez con él, tú primera, como si hubiera traicionado él. Se borra tu culpa, compensando con su culpa. Pero no concedas mucho tiempo a tu enfado. A menudo un prolongado enfado es causa de rivalidades. También aprendan incluso tus ojos a llorar forzados, y que éste o aquél sean motivo para que tus mejillas se humedezcan. Y no temas jurar en falso, si engañas a alguno, Venus vuelve sordas a las divinidades en estos juegos eróticos, Procúrate un esclavo y una criada conocedora de su oficio, para que enseñen convenientemente qué se te puede comprar; y que para sí mismos reclamen alguna cosilla; si piden a muchos alguna cosilla, con el tiempo, de una espiga tras otra, se formará una gran parva. Que tu hermana y tu madre, también tu nodriza, saquen provecho de tu amante. Se hace rápidamente botín cuando muchas manos colaboran para alcanzarlo. Cuando te falten motivos para pedir regalos, atestigua con un pastel que es tu cumpleaños. Cuídate de que no ame confiado, sin ningún rival: no dura mucho el amor si le privas de luchas. Que él vea por todas partes en tu lecho huellas de varón y tu cuello amoratado con señales de caricias.

Ovidio, Amores.

Consejos para las putas (porque Ovidio nunca pasará de moda)

24 Jun

Pasa el tiempo sin que nos demos cuenta, volando nos engaña, y el año transcurre rápidamente sobre sus caballos de sueltas bridas; el dinero brilla con el uso, un buen vestido pide que se le lleve puesto, las casas abandonadas encanecen con el feo moho: la hermosura, a no ser que la pongas en juego, envejece si nadie la cultiva. Dos amantes no dan suficiente provecho: más seguro y sin que provoque ya celos, es el botín que se obtiene de muchos: a los lobos de canosa piel, la presa les llega de un rebaño nutrido. Ea, ¿qué regalos te hace, a no ser versos recién escritos, ése tu amigo el poeta?, muchos miles recogerás de tu amante. El dios mismo de los vates aparece vestido con túnica dorada y pulsa las armoniosas cuerdas de una lira recubierta de oro. El que te ofrezca regalos, ése sea para ti más grande que el gran Homero. Hazme caso: el dar es signo de inteligencia y si alguno ha vuelto a la libertad tras haber pagado el precio de su persona no lo desdeñes: fútil es el delito de tener el pie marcado con yeso. No te engañen las ancestrales imágenes  de cera en derredor del atrio: si eres un amante pobre llévate contigo a tus antepasados. ¿Que, porque es apuesto, solicita de ti una noche sin pagar? ¡Que pida antes algo a su amante para dártelo a ti!

Ovidio, en Amores. Libro 1, parte 8.