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El rey está desnudo. A propósito de Lucas Ospina

30 Ago

A continuación un nuevo mensaje de “otro estudiante de Lucas Ospina”:

Te ahorraré el chiste flojo sobre la reproducción 3 veces de mi comentario Elsy, me honra que lo aprecies. En el entretiempo me han llegado 6 emails de amigos y colegas pidiéndome que me sume a los emails, páginas web y hasta reuniones de solidaridad con el profesor Ospina. Me escriben como si fuera un ataque a nuestro “gremio” y resaltan el acto “noble” de Ospina de haberse disculpado. Ninguno ha sido capaz de responderme dónde está lo “agridulce” del texto del estudiante, como tampoco cómo manejo Ospina ese material y ese personaje tan mezquinos, si lo hizo reflexionar por el orgasmo de placer que tuvo al enterarse del suicidio de Daniel. Las disculpas de Ospina para mí son tan venenosas como la carta que envió. Reducir la decisión de Daniel a su experiencia “agridulce” con el mundo laboral o con la incertidumbre de sus medios de subsistencia es muy bajo: acaso Ospina es psiquiatra también? acaso ser profesor de arte le desvela como por arte de magia los secretos del alma humana? es un fan de “mi vida por un puñado de dólares”? Además se cree un brillante detective privado, con esa carta cree haber encontrado la pieza perdida que terminaba de armar el rompecabezas. No estoy a favor de su linchamiento mediático sino a favor de que se detenga y evalúe a conciencia todo lo que lo llevó a: 1. Ver algo agridulce en ese ensayo y 2. Enviárselo a Piedad como un acto de “profunda empatía”. Las muestras de apoyo que recibe ahora no le ayudarán en ese sentido. Menos mal hay verdaderas voces críticas como la tuya que ayudan a mostrar que el rey está desnudo y no hay disculpas que lo cubran.

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A un tuitero le dio un infarto, producto del matoneo

24 Jun

Me acaban de contar -vía WhatsApp- que a un tuitero le dio un infarto debido a las múltiples burlas de que fue objeto en el pasado reciente, es decir, durante los últimos días, semanas, meses o años.

La semana pasada no soportó más su tragedia y ahora está hospitalizado. Leía la noticia y no salía de mi asombro, no lo podía creer, porque la pregunta es sencilla: ¿Si usted está en un espacio virtual por voluntad propia, si se siente agredido, si las agresiones afectan su salud física y mental lo más sensato no es renunciar a ese espacio? ¿Qué sentido tiene soportar el dolor hasta terminar en consulta psicológica, psiquiátrica, escapando de su lugar de origen, su trabajo o su lugar de estudio si pudo haber renunciado a un espacio que no le ofrecía ningún beneficio a su vida sino que sólo le trajo problemas?

Sé de personas que han terminado verdaderamente trastornadas gracias a Twitter por el matoneo o porque han llegado al convencimiento de que son bellos, famosos o influyentes. Me han narrado conversaciones en clínicas de reposo sobre tuiteros convencidos de su valía que no supieron administrar su poderío.

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Ante este panorama tan desolador uno no sabe si reír o llorar.

En la mente del troll tuitero

1 Mar

Escribo para deshacerme de ciertas obsesiones y sentimientos opresivos; quiero decir, por ejemplo -y para variar- que me importa un bledo lo que piense, diga o haga Elsy Rosas Crespo (la innombrable).

Escribo para tratar de dar forma y comprender mejor ideas e intuiciones que me pasan por la mente cada vez que leo un tweet deslumbrante de @ensayista, pero por más que me esfuerce nunca los voy a entender del todo. Lo reconozco, soy un ignorante.

Escribo para contar algo que merece ser contado, decir, por ejemplo -y sin asomo de rubor- que leo los tweets de @ensayista en secreto y lloro de admiración cada día.

Escribo para crear sin otro recurso que las palabras algo que sea bello y duradero, aunque debo reconocer que mi repertorio léxico no incluye más de trescientas míseras palabras y cien de ellas son frecuentes en la gente despreciable y en narcotelenovelas de putas y traquetos (debo reconocer también que las historias de Gustavo Bolivar me fascinan).

Escribo por una necesidad humana de ser reconocido, apreciado, admirado y amado, pero no, nada de eso, al contrario, a medida que pasa el tiempo reconocen, aprecian, admiran y aman más a @ensayista (ahora la nombran y la defienden de mí hasta en @lasillavacía).

Escribo porque es lo único que sé hacer más o menos bien, aunque los únicos que me felicitan por mis liras son gente tan despreciable como yo.

Escribo porque me libera de un sentimiento de culpa inexplicable: sé que @ensayista es la mejor twittera de Colombia y lloro y tiemblo de dolor cada noche al saber que ella me bloqueó y no me va a dar una segunda oportunidad.

Escribo porque me he acostumbrado a hacerlo y porque es para mí, más que una rutina, un vicio; no como, no duermo, sólo quiero gritarle al mundo que odio a @ensayista (a veces sospecho que la amo).

Escribo para que mi experiencia de la vida -así sea pequeña- no sea perdida, quiero que todos sepan que @ensayista no fue hackeada, ¡No queremos hacerla reír, queremos verla llorar!

Escribo porque el hecho de estar solo frente a la pantalla y la página en blanco me da la ilusión de ser absolutamente libre y poderoso pero sé que es mentira, sólo soy un triste parásito que vive a costa de la inteligencia deslumbrante de @ensayista, no soy digno ni siquiera de su desprecio.

Escribo para continuar de existir después de muerto, ya sea sobre la forma de un libro, como de una voz que alguien se dé el trabajo de escuchar, pero sé que eso también es mentira, ningún troll de @ensayista logrará tal cosa, me siento como el más miserable de los seres, incluso peor que un poeta de pacotilla.

En cada lector futuro del blog de un troll de @ensayista el escritor renace (el escritor, el lector y el admirador de ella, no mío). ¡Ah!