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Como decía Nietzsche: puro afán de dominio

6 Abr

Un comentario de Gustavo Vélez Arcila que vale la pena convertir en post. El comentario fue dejado en el post titulado “Las ventajas de no tener hijos”:

La naturaleza tiene todas las artimañas para garantizar este “torrente de gente”, y hasta en la reproducción vegetal acude al engaño para polinizar ; en nosotros escoge el momento de mayor inconsciencia e irresponsabilidad para la reproducción , segundo te muestra un ser maravilloso y joven que el tiempo te va mostrando que solo era el instrumento para la perpetuación de esta especie tan poco recomendable como es la humana y el cincel para tallar un ser perfecto que es el que demanda la piedrita en el zapato en que ahora se te corvirtió el idilio para al final te confieses que las razones que te movían , ya despojado el proyecto de las cintas y las rosas , era bien narcicistas: ver tu fenotipo reproducido en un ser que te obedece y complace , y abrirse a tumbar selva para establecer una estirpe a codazos en un mundo que no comparte ni regala nada ,  como decía Nietzche , puro afán de dominio.

Las ventajas de no tener hijos

5 Abr

Cuando tenía nueve años decía en tono grave que nunca me casaría ni tendría hijos y los adultos lloraban de la risa porque pensaban que era una broma y les parecía increíble que una niña sin vida fuera tan seria y pronunciara frases de adulto.

El tiempo pasó, yo cumplí y ahora me les río en la cara a ellos porque no era una niña estúpida, estaba hablando muy en serio y ahora ellos se tienen que tragar sus carcajadas.

Aunque sea un hijo, decían. ¿un hijo? ¿para qué un hijo?

Viva con una amiga. ¿con una amiga? De irme a vivir con alguien me voy a vivir con un hombre, no soy lesbiana. Y entonces viví con Andrés durante tres años.

Decía yo cuando era niña: un hijo no porque tienes que hacerte cargo de él hasta cuando  uno de los dos muera, sin contar con que tienes que cargar también con el padre del niño. Si no tienes hijos te deshaces de una vez y para siempre de tus viejos amores y eso sí que es un verdadero alivio porque es horrible cargar con el peso del pasado.

Estando a punto de cumplir 46 años creo que la gran ventaja de no tener hijos es que la juventud se alarga de forma sorprendente, eres el joven eterno porque tu tiempo libre es sólo tuyo, no tienes que correr a hacer lo que hacen las mujeres que son madres con niños pequeños, con jóvenes estudiantes, con viejos fracasados, porque hasta donde entiendo una madre es madre hasta cuando muere. La madre eterna ama a sus hijos con locura porque no tiene más alternativa, porque una madre está programada para amar a sus hijos hasta el último día.

Otra gran ventaja es que no tienes que compartir tu sueldo con tus hijos. Los bebés crecen y se convierten en adultos y ningún adulto goza tanto al lado de su madre como al lado de su novia, su esposa, su amante o sus hijos. Es más práctico ser hija que madre y tía que abuela.

Así lo veo yo.

De por qué es mejor tener treinta que cuarenta

19 May

La edad ideal es nueve años, para mí fue una revelación. En 1979 supe qué quería, qué no quería, qué me gustaba y qué me fastidiaba, qué haría con mi vida a partir de ese momento.

Los veinte me fastidiaron mucho, por aquello de Juventud Divino Tesoro, te vas para no volver (sí, en esa época leía mucha poesía latinoamericana), por aquello de que los jóvenes son el futuro y muchos otros lugares comunes falsos, como son todos los lugares comunes. Tener veinte años no es la gran cosa, es la fase más animal del ser humano. Cuando tenía veinte lo que más deseaba era tener treinta para deshacerme de la tontería llamada Juventud.

Los treinta son los mejores, es mentira que a medida que pasan los años la gente es más feliz. A menos que se trate de viejos que han vivido a los golpes, como animales, cumpliendo ciclos biológicos que los tomaron por sorpresa, por ejemplo, realizándose como esposos, padres y adultos. Yo no cometí esa tontería, nunca creí que se aprende a los golpes, que la vida es dura y que las grandes satisfacciones son fruto de un gran esfuerzo, que se siembra para recoger.

Desde que nací he practicado la Filosofía del descanso y, ahora, que voy a cumplir cuarenta y cuatro, creo que llegó la hora de descansar todavía más a conciencia, por aquello del peso de los años. Ese no es otro lugar común, es real. No es lo mismo tener treinta que cuarenta. Si una vieja de cuarenta dice que se siente mejor ahora que cuando tenía veinte es porque a los veinte ya era casada y tenía cuatro hijos o, simplemente, era una mujer enferma que superó sus enfermedades en la edad adulta. Jamás un niño de diez años pronunciaría frases del tipo: estoy pasando por el mejor momento de mi vida, es mejor tener ocho que seis.

 

Richard Dawkins para feministas empoderadas y ofendidas

17 Nov

Un hombre encuentra el balbucear y el hacer pucheros atractivos en una mujer adulta.

Diversos insectos y arañas también presentan dicho fenómeno de alimentación a la hembra durante el periodo del galante.

Un macho viril no sólo debe tener la apariencia de ser un macho con buenas cualidades: realmente debe serlo, de otra forma no será aceptado como tal por las hembras escépticas.

Una de las cualidades más deseables que un macho puede tener ante los ojos de una hembra, es, simplemente, atractivo sexual.

Trato a la madre como a una máquina programada para que haga todo lo que está en su poder para propagar copias de los genes que porta en su interior.

La suerte, buena o mala, golpea al azar, y un gen que permanentemente se encuentra en el lado de los perdedores no es que sea desafortunado: es un mal gen.

Aun en especies monógamas aparentemente fieles, una hembra puede estar unida al territorio de un macho más que a él personalmente.

A menudo es posible representar a los machos como jugadores de altas apuestas que afrontan un elevado riesgo, y a las hembras como inversoras seguras.

Un compromiso de larga duración puede también beneficiar al macho en las situaciones en que existe el peligro de ser engañado para que cuide a los hijos de otro macho.

Los rituales de galanteo incluyen, a menudo, una considerable inversión previa a la copulación por parte del macho. La hembra puede negarse a copular hasta que el macho le haya construido un nido.

Podemos considerar a los animales como jugadores. La mejor estrategia para un jugador puede, en ocasiones, ser una estrategia de aguardar y esperar, más que una estrategia similar a la de un toro frente a un portón.

En una sociedad con un alto índice de infidelidad conyugal, los tíos maternos debieran ser más altruistas que los “padres” ya que ellos tienen más base de confianza en su parentesco con las criaturas.

De igual forma que el programador de ajedrez, los genes deben “dar las instrucciones” a sus máquinas de supervivencia no de manera especificada sino en términos de estrategias generales y trucos válidos para el oficio de vivir.

Si en una población hay hembras que no tienen compañero y que se encuentran listas para dar la bienvenida a aquellos machos que han abandonado a sus esposas, compensará a un macho abandonar a su esposa, no importa cuánto haya invertido ya en sus hijos.

Aún cuando la relación entre padres e hijos no es más próxima, genéticamente que la relación entre hermano y hermana, su certeza es mayor. Normalmente es más posible estar seguro de quiénes son nuestros hijos que de quiénes son nuestros hermanos. Y aún se puede estar más seguro de saber quién es uno mismo.

Un macho que espera a una hembra esquiva para que al fin copule con él, está pagando un costo: está renunciando a la oportunidad de copular con otras hembras y está gastando bastante tiempo y energía en cortejarla. Cuando, por fin, se le permite copular con dicha hembra determinada, se verá, inevitablemente “comprometido” con ella. Tendrá pocas tentaciones de dejarla, si sabe que cualquier hembra que escoja en el futuro obrará con dilación, de igual forma que la anterior, antes de consentir.

Los individuos no son elementos estables, son efímeros. Así, también, los cromosomas se entremezclan hasta quedar relegados al olvido, al igual que una partida de naipes después de ser barajadas las cartas. Pero las cartas mismas sobreviven a la barajada. Las cartas, en este caso, representan los genes. Los genes no son destruidos por el cruzamiento, se limitan a cambiar de compañeros y seguir adelante. Por supuesto que siguen adelante. Ese es su negocio. Ellos son los replicadores y nosotros somos sus máquinas de supervivencia. Cuando hemos servido nuestro propósito somos descartados. Pero los genes son los habitantes del tiempo geológico: los genes permanecerán siempre.

La versión más simple de la estrategia de la felicidad conyugal es la siguiente: la hembra examina a los machos y trata de descubrir signos de fidelidad y de domesticidad por adelantado. Tiende a haber variaciones en la población de machos en cuanto a su predisposición a ser maridos fieles. Si las hembras pudieran detectar tales cualidades de antemano, se podrían beneficiar escogiendo a aquellos machos que poseyeran tales características. Una de las maneras que tiene la hembra de de probar al macho es no ceder a los requerimientos de éste durante un largo periodo, ser esquiva. Cualquier macho que no tenga bastante paciencia para esperar hasta que la hembra, al fin, consienta en copular, no tiene muchas posibilidades de resultar una buena apuesta en lo referente a que sea un marido fiel. Al insistir en prolongado periodo de compromiso, una hembra elimina a los aspirantes informales y finalmente sólo copula con un macho que ha demostrado de antemano sus cualidades de fidelidad y perseverancia.

La anticoncepción es, en ocasiones, atacada como algo “artificial”, “desnaturalizado”. En efecto, es muy inhumana. El problema radica en que también lo es el Estado benefactor. Pienso que muchos de nosotros creemos que un Estado benefactor es altamente deseable. Pero no puede tenerse un Estado benefactor artificial y desnaturalizado a menos que también se cuente con un control de natalidad igualmente desnaturalizado, de otra forma el resultado final será una calamidad aún mayor que la que se alcanza en la naturaleza. El estado benefactor es, quizá, el sistema más altruista que el reino animal jamá ha conocido. Pero cualquier sistema altruista es, inherentemente, inestable, ya que está sujeto al abuso por parte de sujetos egoístas, dispuestos a explotarlo. Los individuos humanos que tienen más hijos que los que son capaces de criar son probablemente demasiado ignorantes en la mayoría de los casos para ser acusados de una explotación malévola consciente. Las instituciones poderosas y los líderes que deliberadamente los estimulan a actuar así, me parecen menos libres de sospecha.

Richard Dawkins. Barcelona: Salvat. 1985. 303 páginas

Mis autores favoritos reniegan de la maternidad

21 Abr

Cuando tenía nueve años tenía también cuatro ideas claras: me gustaba leer, descansar, no tendría hijos y no me casaría jamás. Lo que tenía más claro y más le costaba creer a la gente es que no quisiera tener un hijo, ¡un hijo!, ¡el milagro!, ¡la experiencia más maravillosa deseada por cualquier mujer!, ¡la prolongación de la existencia! ¡la presencia de Dios en algo tan pequeño y tan perfecto!

A la mayoría de la gente esa decisión le parece una decisión un poco triste, más si quien lo decide es una niña que no sabe de amor ni de sexo pero le surge de la mente esa idea como algo claro, algo con lo que venía desde antes de nacer, supongo.

Dar vida es dar muerte, esa es la idea que más me convenció de mi idea; dar vida es dar sufrimiento; la vida es un encarte, algo que hay que soportar con la esperanza de que algún día se volverá al seno de la nada,  la salida de la eterna repetición de ciclos biológicos, rutinas digestivas y conversaciones tontas mientras llega el gran momento: la desaparición total y definitiva.

Como era de esperarse admiraba también a los lectores, los amigos del descanso, los solteros y los que tampoco querían hijos. Si un libro me gustaba, me fijaba en su autor y me obsesionaba con su biografía; si era soltero o casado pero distante con su pareja, si gozaba encerrado en su cuarto pensando en frases encontradas en otros libros y distorsionadas en los propios, me gustaba todavía más. Si miraba con desprecio desde su ventana a las pobres gentes que viven felices en medio de su podredumbre, los idolatraba. Si no tenían hijos y renegaban de la vida y de la multiplicación de los seres me extasiaba y compraba sus obras completas aunque no las leyera nunca.

Hot hot Bogotá ¿una novela feminista?

4 Feb

Alejandra López González es de Cali y escribió una novela sobre Bogotá, la Bogotá hot, la del sexo casual, la rumba y la marihuana. La protagonista tenía que llamarse Sola, Solita, Soledad, no podía llamarse de otra forma, y es, claro, una mujer joven, hermosa e inteligente que cree vivir como se debe vivir y supone que sus valores son los Valores dignos de una mujer liberada, crítica y autoconsciente.

En la novela aparecen bien definidos los tipos femeninos eternos: la bruja, la puta y la madre santa: Sola consulta a la bruja, Clarita es una gran puta y al final de la historia la heroína renuncia a depender de la presencia de un hombre y la cambia por la que le brinda la hija, que se tenía que llamar María, claro, y ante a cual se siente felizmente esclavizada, como tenía que ser en una novela moralista que lleva implícito el sello de uno de los lugares comunes más extendidos: la máxima realización personal de una mujer consiste en ser Madre y al ser madre se le borra su historial de puta: “Pienso en el aborto, pero sé muy bien que a pesar de todo, a pesar del abandono de Oliver, de la partida de Santi, a pesar del calentamiento global y de las fosas comunes, quiero tener ese bebé” (pág. 84).

La protagonista reivindica el papel de la madre soltera, el amor filial y la recuperación de la pureza, cumple con el recorrido de rigor: una niña bien educada por una pareja de padres decentes al cumplir 18 años decide liberarse y olvidarse de los padres decentes y los valores inculcados por ellos, la niña se las da de inteligente y liberada, supone que serlo consiste en rumbear todos los fines de semana, putearse, fumar marihuana, tener amantes y quedar embarazada de uno de ellos, del más promiscuo y machista, del que la hacía sentir más puta: “Total que con chequera en blanco, tarjetas de crédito Gold Platino con cupo ilimitado, este hombre que tenía todas las posibilidades de llevarse a la que quisiera, a la hora que quisiera, como quisiera y cuando quisiera a las camas más lujosas de la hot Bogotá city” (pág.30). Cuando se ve como una mujer sola, abandonada por el amante y desamparada, regresa a la casa de los padres, que le perdonan todos los pecados y aman a su nietecita como si fuera la reencarnación de la hija; la hija omitirá ahora en su historial su pasado de puta marihuanera y aparecerá ante su hija como una santa, la niña al crecer recreará la historia y al cumplir 18 años deseará no ser tan santa como su santa madre y se hará una puta redimida con futuro de santa, como tal vez fue su abuela.

Sola posa de crítica pero no toma distancia de las situaciones que critica; ella goza de la banalidad, de la vanidad, de la tontería, es de las tontas que saben que son tontas pero no les preocupa mucho seguir siéndolo; en varias ocasiones se jacta de su propia tontería, de lo estúpidas y banales que son sus amigas, pero la reflexión no la lleva nunca a renunciar a su mundo. Para dárselas de inteligente vive con un antropólogo destapador de fosas y profesor universitario y, como era de esperarse, tenía que ser durísima con los “intelectuales”, con estos viles seres: “da clases en universidad, dicta foros y talleres y se la pasa entre otros seres como él, que creen que tienen las respuestas a todo y que el sol gira alrededor de ellos y de su sabiduría infinita” (pág. 10), la idea que tiene la narradora de los intelectuales no es muy diferente a la de algunos facebookqueros muy ignorantes que, en conclusión, definen al intelectual colombiano como un hijueputa.

La historia se desarrolla en contextos de supuesta clase alta, pero las puticas son traductoras, egresadas de lenguas modernas, se evidencia el deseo por parte de la autora de hacerle creer al lector que está bien relacionada en Bogotá, muy bien relacionada, pero al escribir la historia descuida detalles que ponen en tela de juicio la verosimilitud de las fantasías que narra: “Entonces yo, Sola, Solita, tuve que acompañarla a la clínica, todo en gran secreto, con gran misterio, con pañoletas en la cabeza y gafas oscuras gigantes para que nadie reconociera a Clarita y para que jamás la sociedad bogotana se enterara de que a la mujer mejor vestida del año, su propio marido le había pegado una enfermedad venérea de esas que hacen picar, arder y doler al orinar” (pág. 14).

Solita reniega del matrimonio: “A las que están casadas se les ve infelices. Se les nota en la cara y en la forma en que repiten, de manera incansable y casi obsesiva, que son muy felices y están muy satisfechas con lo que les ha dado la vida” (Pág. 24). Solita tiene alma de campesina: “El baño de las siete hierbas tiene ruda, altamisa, manzanilla, nogal, laurel y cicuta… con una pequeña vasija, uno se va echando esa agua de la siete hierbas por todo el cuerpo” (pág. 72). Solita es básica, tiene pensamientos de postal de Día de la Madre: “Tengo miedo y ansiedad. Quiero que mi hija venga pronto al mundo, quiero que nazca para que me dé motivos suficientes para vivir, para ser feliz para siempre” (pág. 105).

 

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