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Bullying a la madre

26 Ene

Los grandes autores de autoficción (casi todos hombres, claro) hacen ajustes de cuentas a través de la literatura y los peores insultos casi siempre recaen sobre la pobre mujer que les dio la vida: la madre:

Me quiero follar a mi madre, vieja hijueputa, no me abrazaron lo suficiente, soy muy marica y muy loco y la responsable es ella, lo mío es pura falta de amor y por eso escupo a todas las mujeres…

Esta mañana pensé en ese asunto y me pregunté por qué aunque pretendo hacer autoficción -porque está de moda- mi pelea no es con mi madre, mi padre, mi hermana, mi marido, mis vecinos ni ningún otro ser humano con el que haya tenido contacto cara a cara; mi lucha es con vendedores de libros que posan de artistas, tuiteras emprendedoras, periodistas que hacen porno, modelos Soho dizque feministas, todo tipo de embaucadores digitales pero jamás con una persona con la que no haya conversado, con seres humanos no construidos a partir de la escritura. El hecho de que le haya sonreído y lo haya arrullado con el tono de mi voz lo salva como por arte de magia de mi vara implacable y la pregunta es simple. ¿Por qué?

No tengo nada que reclamarle a mi familia y no me imagino haciendo esos reclamos en público, a través de un largo insulto al que pretendo llamar literatura. No se me antoja escribir la versión criolla de  Carta al padre y tampoco me parece elegante escribir la versión femenina de El olvido que seremos.

No creo en traumas de infancia ni en la literatura como terapia familiar. Le creo más a Paul Watzlawick que a Freud.

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Amo a mi mamá

12 May

Mi mamá no es como la mamá de Fernando Vallejo,

Tampoco es como la de Marguerite Duras,

Virginia Woolf,

Emily Dickinson,

Flaubert

o Proust.

En pocas palabras:

No tengo problemas con  mi madre ni con la idea que me he ido creando de la linda palabra a lo largo de la vida.

No deseo estar pegada a ella como si fuéramos siamesas,

No soy su parásito, no nos tratamos como cajeros automáticos,

No me esclaviza a costa de su afecto

Evito todo tipo de cursilerías  que me hagan ver como la más falsa de las falsas.

No muero por colmarla de cariño como si se tratara de un ser sobrenatural porque no lo es,

No deseo verla muerta porque no me hace ningún daño ni me estorba, ella vive en su casa y yo en la mía.

Si me preguntaran en una entrevista qué pienso de mi madre respondería con naturalidad:

Hemos construido una relación muy sana, más sana de lo que cualquier psicólogo se pueda llegar a imaginar.

No escribo para santificarla porque no es una santa

No escribo para  condenarla porque ha sido tan buena como puede serlo la madre de una persona  como yo.

Si yo fuera mi madre me sentiría orgullosa de su hija, claro que sí.

En un mundo tan feo tuve suerte de tener una madre joven, bonita y juguetona.

De grande decidí que no sería madre porque no podría entregarme así como se entrega ella.

Ahora que yo soy una señora vieja y ella es 22 años mayor que yo y ella tiene una mamá 22 años mayor que ella, es decir 44 años mayor que yo, empiezo a sentir el abismo que ha sentido mi pobre mamá ante su mamá y ahora soy yo quien me levanto pensado: ¡yo podría vivir 44 años más y estos 43 años no son pocos! Ay.