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Ni amor ni odio

6 Dic

Los mejores afectos con frecuencia me irritan desmesuradamente. ¿Me comprenderás hasta el final, soportarás el peso de mi tedio, mis manías, mis caprichos, mis desánimos y mis coléricas mudanzas?

Gustave Flaubert a Louise Colet

Mi vida es casi tan triste como la del pobre Flaubert porque los mejores afectos con frecuencia me irritan desmesuradamente y poca gente entiende un sentimiento como ese.  Cuando los rechazo porque me admiran sin medida se molestan y algunos terminan odiándome, me odian porque no admito la admiración desmedida. Es extraño. Creen que estoy obligada a agradecer la admiración y a mí la admiración me desarma, me hace sentir culpable porque no soporto tener club de admiradores. ¿Será porque mucha gente admirada por muchos es gente despreciable? ¿Será porque la admiración le quita libertad al admirado y lo aleja de aquello que lo hacía digno de admiración? ¿Será porque muchas personas admiradas se convierten en personas vanidosas que terminan valiendo más como presencia que por su obra? Debe ser triste que se imponga la presencia.

La admiración desmedida sorprende tanto como el odio concentrado porque ningún ser humano debe doblegarse ante otro ser humano y porque ningún ser humano debe sentirse con el derecho a odiar y aspirar a hacerle daño a otro ser humano sólo porque no comparten puntos de vista. Se puede tener una opinión favorable o desfavorable de alguien y esa opinión puede ser o no aceptada, pero una opinión, un texto escrito, un discurso, no puede conducir al fanatismo ni al deseo de destrucción de quien lo escribe porque la escritura no se corresponde siempre con la persona que escribe y porque los textos escritos precisan de tiempo (en algunas ocasiones más de cien años) para saber si quien los escribió estaba equivocado o no. Si estaba equivocado su yerro no debe convertirlo en víctima y los lectores no tienen ninguna autoridad para asumir el papel de verdugo. Lo digno sería que manifestaran su inconformidad a través de un texto escrito, para que haya paridad.

¿Vale la pena escribir en internet?

6 Dic

Lo que me sorprende es que debajo de esas críticas se note un odio contra mí, contra mi persona, un prejuicio denigrador.

Gustave Flaubert

Cometí la imprudencia de leer esta mañana algunos papeles públicos; repentinamente, una lasitud como el peso de veinte atmósferas se abatió sobre mí, y me he visto paralizado ante la espantosa inutilidad de explicar cualquier cosa a quien fuese. Quienes saben, me pueden adivinar, y para los que no quieren o no pueden comprenderme, amontonaría en vano las explicaciones.

Charles Baudelaire

Hay momentos en los que me siento halagada al saber que hay gente que dice que me odia porque lee lo que escribo, me hacen sentir como Sade, Flaubert, Baudelaire, Benjamin… Más si tenemos en cuenta que no he publicado ningún libro, no existo en la Historia de la Literatura Colombiana Contemporánea, no he participado en ningún concurso de cuento,  no acepto entrevistas, no escribo columnas de opinión ni asisto a eventos culturales de ningún tipo. No existo como intelectual ni como escritora pero hay gente que me odia porque no le gusta lo que escribo. El mío es un triste dilema.

También hay momentos en los que deseo no ser tan “famosa” porque esa “fama” me la he ganado escribiendo en internet y como en internet impera la ley del monte y el 98% de los usuarios que comentan o envían mensajes privados son anónimos, entonces el precio de la “fama” es muy agotador.

Como le ocurre a las grandes mentes de todos los tiempos me acusan por haber escrito ciertos textos y yo como “escritora” esperaría que quienes me acusan me explicaran con otro texto qué es lo que tanto les molesta, pero en buenos términos, no con insultos, amenazas y malas palabras.

Lo he dicho veinte veces y lo vuelvo a decir:

  1. Soy una persona común.
  2. No tengo amigos influyentes.
  3. No busco fama.
  4. No busco dinero.
  5. No busco prestigio.
  6. Escribo porque tengo mucho tiempo libre.
  7. El 98% de los textos que publico en este blog son sobre oralidad, lectura, escritura, crítica literaria, literatura colombiana…
  8.  La  mayor parte de mi tiempo transcurre leyendo.
  9. Soy una persona indefensa.
  10. No sería capaz de hacerle daño ni a una mosca.
  11. ¿Vale la pena atacar de forma violenta e irracional a una persona como yo?

La historia debe pedir ser contada

3 Dic

Desde hace más de cinco años he tratado de escribir un texto en Word y nunca paso de la página diez. No paso de la página diez y el texto no se convierte en post, lo termino desechando sin pena ni pesar. Me pregunto por qué no puedo escribir textos de más de diez páginas si esa era mi especialidad y la respuesta tiene que ver seguramente con los ritmos de escritura y con su propósito. Me acostumbré a escribir directamente aquí y parece que es imposible regresar a la forma de escribir de antes. Sólo puedo escribir como lo piden los grandes maestros: llevada por un impulso, por algo que me dice escriba sobre este tema y no sobre otro. Hay una voz que me dice: escriba ya, si deja pasar el tiempo se le va a esfumar la idea y las frases que le rondan por la mente desde hace varios minutos.

Cuando me dejo llevar por ese impulso me gusta el resultado. Las mejores ideas se me pasan por la mente cuando me despierto y mientras camino. Si la idea se me ocurre dormida me despierto, pienso cinco minutos y me dispongo a escribir el post; si la idea se me pasa por la mente mientras camino empiezo a imaginarme las frases en el trayecto, pienso en el título del texto y en la estructura. Abro la puerta, prendo el computador y empiezo a escribir. Siempre tiene que ser así.

Este post se me pasó por la mente mientras preparaba un café. Recordé a Freud, a Marguerite Duras y a Virginia Woolf. Sus cartas y sus ensayos donde explican cómo escriben, cuál es el método y qué los impulsa a escribir. Casi todos los grandes escritores coinciden en que las historias o los temas no se escogen de forma racional sino que aparecen de la nada y no hay que dejarlos ir. La nada en realidad no es la nada sino el resultado de un proceso intelectual que requiere calma y mucho tiempo libre; es importante  pensar en  libros, en autores, relacionar lecturas y recordar pasajes de los libros favoritos de memoria. Es preciso pasar el día pensando -de forma natural- en aquello que se lee, no en aquello que se vive o en la vida de los demás. Pensar en la vida de los escritores y no en la de los vecinos, colegas o familiares.

Sin tiempo libre debe ser complicado escribir textos meritorios. Hay algo en el cerebro que pide lecturas sofisticadas y luego tiempo libre para digerirlas con calma. La mayoría de los grandes escritores no trabajaron o trabajaban muy poco. Ese es el secreto.

Hasta ahora estoy entendiendo a los autores que piden llevar siempre una libreta para anotar las ideas que fluyen. Cuando estoy lejos, cuando sé que tardaré varias horas en regresar y se me pasan ideas por la mente lo que hago es anotar el título. Siempre parto del título para escribir un post. Primero pienso en el título, luego en la estructura del texto, después me imagino las frases y luego escribo. Escribo de forma automática, muy rápido y sin orden y luego leo desde el comienzo y organizo los párrafos. Publico el post y sigo revisando. Luego lo leo en el teléfono. En el teléfono se detectan errores que no se ven en la pantalla del computador. Me imagino que si imprimiera los textos descubriría nuevos errores, pero no es necesario exagerar. Lo leo dos o tres días consecutivos para que  se incruste en mi alma y se convierta en sangre y entonces  me quedo con la sensación que me dejó la lectura de ese texto y ese texto se suma en mi cerebro a los más de dos mil textos que he escrito en los últimos diez años.

Estoy cumpliendo a cabalidad el plan de escribir para leer y la experiencia ha sido satisfactoria. La Idea consiste en convertirme en mi propio clásico.

Escribir desde la normalidad

30 Nov

Uno de mis grandes placeres consiste en  indagar en la vida de las grandes mentes de todos los tiempos. Casi toda la gente admirable es de extremos: muy pobre, muy triste, muy enferma, muy suicida, muy adicta, muy infeliz, muy fea, muy tímida, muy frustrada, muy encerrada, muy abandonada, muy aislada, muy anormal, muy rechazada…  Las personas normales y corrientes no suelen ser talentosas, suelen ser personas comunes, gente que pasa por la vida como cualquier perro o gato de barrio.

Algunas personas me  han dicho que soy inteligente, que tengo talento y escribo muy bien. Me lo han dicho desde 1979. A veces yo también lo creo.  Puedo tomar distancia de mí misma y leer de forma objetiva lo que escribo. Una ventaja es que algunos de los textos que más me gustan los escribí hace más de veinte años. Los leo y pienso con asombro: “¿Yo escribí eso? Es muy bueno. ¿Por qué era tan culta, madura y profunda si era tan solo una niña? ¿por qué escribía como una doctora si era apenas una pobre muchacha?, ¿vengo de otra galaxia?, ¿nací aprendida?.. Son muchas preguntas y pocas respuestas.

Tengamos en cuenta que mi formación académica es en crítica literaria contemporánea y el único escritor colombiano que merece mi respeto y reverencia es Fernando Vallejo. Nadie más. No hay nadie que se merezca el honroso segundo lugar. No hay nadie en Colombia que se acerque a la originalidad, el estilo y la honestidad intelectual de Fernando Vallejo. Es un gran escritor  y los demás dan pena ajena.  Tengamos en cuenta que soy muy exigente. Implacable con los mediocres y los falsos. Esa exigencia mía me dice que podría llegar a escribir algún día textos de ficción y que probablemente esos textos podrían llegar a tener valor, valor ante mis ojos implacables. Creo que podría escribir composiciones poéticas dignas de mi cerebro y de mi formación académica. Decir con la arrogancia del autor que escribía libros dignos de ser leídos: “Si quiero leer un libro bien escrito lo escribo y luego lo leo”. Es una propuesta “interesante”. También pienso que podría escribir composiciones de corte nietzschiano como las que escribía el maestro cuando estaba a punto de caer en la locura profunda y definitiva, textos titulados “Yo, la mejor de todas”, “Yo, la más inteligente de todas”… Yo, yo y yo pero no porque crea que yo soy la mejor o la más inteligente sino por el simple placer de leer. Escribir para leer y leer para sonreír y para ver sonreír a otros. Quiero escribir  pastiches  y parodias, ejercicios de estilo a partir de las obras de los escritores más locos y degenerados de la historia de la literatura. ¿Lo lograré? ¿eso está por verse? Como idea es una Gran Idea.

Leo viejos textos -textos escritos por quien esto escribe, la persona más común y simple que se puedan llegar a imaginar, una pobre señora sumida en la normalidad, un ser casi insignificante- leo algunos textos viejos que escribí con total convencimiento y me asombra la profundidad y la originalidad de algunas ideas, la forma en que organizaba las frases y la contundencia y versatilidad de las palabras. Si es verdad que tengo talento es extraordinario saber que soy una persona ordinaria, la más común de las personas. Me gusta ser la persona común, la señora  normal. ¿Por qué me gusta? Yo misma no lo sé.

7 de noviembre de 2015

7 Nov

9: 36 a.m. Sábado

La mayor parte de mi tiempo transcurre pensando, hablando, leyendo, mirando, recordando y escribiendo sobre libros. En medio de la noche que acaba de pasar desperté pensando en mi propia escritura y sentí la imperiosa necesidad de darle un nuevo giro a mi estilo porque vale la pena experimentar y entonces pensé que valdría la pena escribir en este blog como si se tratara de un diario en todo el sentido de la palabra, una mezcla explosiva entre el estilo de Proust, Joyce, Dickinson, Barthes, Duras, Woolf, Emerson, Kafka, Pascal, Yeats, Keats, Rilke, Hofmannsthal, Séneca, Benjamin, Walser, Montaigne, Ovidio, Platón, Rousseau, Flaubert, Baudelaire, Blake y todas las personas que saben escribir y gozan narrando sus propios sentimientos, aquellos que tuvieron el don de convertir una tontería en un hecho memorable porque tenían mucha imaginación, sabían saborear a fondo cada instante de su vida y gozaban al plasmar las sensaciones que las experiencias les transmitían a través de la escritura. Una mezcla de literatura y filosofía. Eso es lo que haré a partir de hoy: voy a escribir mi Diario pero será un diario público y cumplirá con los requerimientos exigidos para la literatura del futuro con la que soñó Flaubert, un texto autobiográfico escrito con total sinceridad, buen estilo y sin omitir detalles que pongan a salvo la imagen del escritor: “Cualquier hombre que supiera escribir correctamente crearía un libro soberbio al redactar sus Memorias, si las expusiera con sinceridad y de manera completa”, le escribe Flaubert a Louise Colet en una carta.

En el Diario que empiezo a escribir hoy encontrará el lector todo tipo de textos narrados siempre en primera persona: Ahora estoy pensando en Emerson:

Siempre es útil que otros te digan qué es lo que no funciona. Entonces, cuando esa persona habla de lo que sí funciona, podemos darle crédito. Emerson abandonó el sistema del encabezamiento predeterminado del tema. Le explicó su nuevo sistema a Elizabeth Peabody, quien se lo transmitió por carta a su hermano George:

“Me aconsejó llevar un libro manuscrito y tomar nota en él de cada idea que se me ocurriera sobre cualquier tema interesante, conservando las imágenes con las que había surgido en mi mente. Este manuscrito debía ser perfectamente informal, permitiendo pasar de un tema a otro con sólo trazar una línea divisoria entre ellos. Después de que estuviera escrito, podía encabezar cada zona con un tema; y cuando quisiera escribir un artículo… allí estarían todas mis ideas, listas“.

Emerson debería haber agregado -o tal vez Peabody lo olvidó- que uno tenía que hacer un índice de cada diario al final para poder encontrar todas las entradas sobre un determinado tema sin tener que leer todo el manuscrito cada vez que se deseaba localizar algo.

Para realizar el sueño soñado por Emerson cada Diario tendrá un buen número de tags, los de este día de mi vida serán etiquetados con palabras del tipo: lectura, escritura, libros, Flaubert, Emerson, diario…

¿Para qué sirven las etiquetas en el Diario que tengo en mente?

Para que el lector y yo misma podamos navegar a lo largo del tiempo sin perder del todo el rumbo, para crear unidad de temas en medio de la diversidad de días y de horas.

***

El lector podrá hacer el seguimiento de mi pobre vida y lo podrá leer por morbo o por curiosidad.

Para no comprometer a nadie que no sea yo misma si narro un encuentro con un ser humano lo mencionaré con la primera letra de su nombre. Ejemplo: mientras caminaba rumbo a la 72 recordé que A había quedado de prestarme un libro que nunca vi, le narré el incidente a H y no se sorprendió, puesto que sabe qué tipo de sujeto es A…

Como los días se dividen en horas es probable que escriba varias veces durante el día y como cada hora del día nos trae experiencias nuevas es probable que narre esas experiencias el mismo día para que no pierdan la esencia, para que no sean tocadas por la interpretación.

Para que el lector pueda imaginar bien los hechos y y los cambios en mis estados de ánimo, para que pueda observar cambios abruptos en los fragmentos temporales, cada vez que apague el PC dejaré registro de la hora y si transcurridas algunas horas ha ocurrido algún hecho memorable me conectaré de nuevo y lo primero que haré será anotar la hora exacta. Siempre escribiré desde el mismo lugar, nunca desde el teléfono o desde un PC que no sea el mío.

1:23 p.m.

Tenía una cita a la 1, la había cancelado dos horas y media antes porque me sorprendió un aguacero digno del fin del mundo, dejó de llover, decidí que tal vez sí podría acudir a la cita pero gracias al pésimo servicio de transporte que tenemos en Bogotá esperé durante 45 minutos la ruta E25 y no pasó. Tuve que devolverme entre confundida y desconcertada. Llamé a A para narrarle el incidente y aproveché para decirle que sea valiente, que no es justo que tenga novia sólo para no soportar los fines de semana solo. Aproveché para tomarme el tercer café negro sin azúcar del día y aquí estoy de nuevo, mi Querido Diario.

3:13

“Werther alaba su propia tensión, que él afirma, frente a la simpleza de Alberto. Nacido de la literatura, no pudiendo hablar sino con la ayuda de esos códigos usados, estoy no obstante solo con mi fuerza, consagrado a mi propia filosofía”.

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6:02 p.m.

“ANULACIÓN: Explosión de lenguaje en el curso del cual el sujeto llega a anular al objeto amado bajo el peso del amor mismo: por una perversión típicamente amorosa lo que el sujeto ama es el amor y no el objeto”.

Robert D. Richardson describe este blog

6 Oct

“Lleva un diario para hacerte el hábito de rendir cuenta de ti mismo ante ti mismo de alguna manera rigurosa y con intervalos más regulares que los que puede ofrecerte la mera conversación”. Lo que Emerson llevaba , y lo que recomendaba con entusiasmo a otros, era lo que solía denominarse un libro de citas, un volumen en blanco en el que uno toma nota de las imágenes más vívidas, las grandes descripciones, las expresiones notables, los puntos sobresalientes de la propia vida y de sus lecturas; las cosas que uno quiere recordar y conservar.  Un libro de citas no es un diario, ni un calendario ni una agenda, ni un registro de los propios sentimientos. Si tu diario consiste en los mejores momentos de tu vida y tus lecturas, entonces releerlo será como caminar por una elevada senda de montaña que va de una cumbre a otra sin tener que descender a la depresión de la rutina. El solo hecho de leer un diario exclusivamente compuesto por puntos altos tensará las cuerdas y elevará el tono del lector.

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La esperanza de volver a estar en el Paraíso

3 Oct

Nos sucede una o dos veces en la vida embriagarnos con algún libro que probablemente tenga un extraordinario poder relativo para emborracharnos a nosotros y a nadie más; y tras haber agotado esa copa de hechizo exploramos a tientas las bibliotecas durante todos los años que siguen, con la esperanza de volver a estar en el Paraíso.

Emerson

Adictos a la lectura

22 Sep

Está científicamente comprobado que leer es una adicción. La buena noticia es que los adictos a la lectura son los únicos adictos que no se hacen daño ni buscan ayuda para superar su adicción sino que a medida que pasa el tiempo son más adictos y se convencen de que leer ha sido la gran experiencia de su vida, la mejor por encima de cualquier otra porque la lectura enaltece y el placer no se agota nunca; al contrario, entre más leen más aman la lectura.

El adicto a la lectura no es formado por su entorno, por sus padres, maestros, colegas o amigos sino que surge de manera espontánea, es un ser nacido para leer que descubre los libros por sí mismo en el instante mismo en el que es consciente de que puede leer y escribir. Cuando el adicto descubre que puede leer frases del tipo amo a mi mamá, mi mamá me ama, mi mamá me mima, yo mimo a mi mamá,  el enano come banano… empieza a leer no no puede parar. Para cuando llena la hora de morir.

Dos mil lectores diarios en el blog (autoentrevista)

13 Sep

¿Siente que logró su sueño?

¿Cuál sueño?

El de volverse famosa sin necesidad de publicar libros ni aceptar entrevistas. Haciendo todo por sus propios medios, en las redes sociales y con la ayuda de Google.

Supongo que sí.

¿Cuánto tiempo le costó volverse influyente?

Estoy publicando en internet desde hace trece años.

¿Cuando empezó a publicar sus ensayos tenía claro hasta dónde quería llegar?

Sí, lo tenía muy claro. Siempre lo he tenido todo muy claro.

¿Cuándo escribió sus mejores ensayos? ¿O todavía no los ha escrito?

Los escribí entre el 2000 y el 2005, justo antes de conocer a Andrés y antes de que aparecieran las redes sociales, cuando el furor era publicar en revistas universitarias en versión digital.

¿La gente sigue leyendo esos ensayos? ¿Los que la hicieron convencerse de que tenía que ser reconocida como Ensayista en el futuro?

Sí, todavía los leen y los citan.

¿Esos son los textos que más le gustan?

Sí.

¿Cree que es más importante lo que escribe en Twitter o lo que escribe en el blog?

Son textos diferentes, son emociones diferentes, son propósitos diferentes, son temas diferentes.

¿La han seguido amenazando de muerte?

No, después de que suspendieron la cuenta @ensayista y volví como @marcodelenguaje desaparecieron como por arte de magia las agresiones. Todavía hay personas que insultan pero nada comparado con lo que ocurría antes de la suspensión de la cuenta.

¿Supo quién fue el encargado de organizar la reportada de la cuenta en masa?

No, nunca lo supe. El secreto está muy bien guardado.

¿Extraña la cuenta @ensayista?

No.

¿Cree que también suspenderán @marcodelenguaje?

Es probable.

¿Si la vuelven a censurar regresará con otra cuenta?

No sé, tendría que esperar a que pasara.

Tiene tres blogs. ¿Por qué?

Porque el más antiguo lo van a cerrar, desaparece el dominio y desaparecen todos los blogs, no sólo el mío. Tengo dos blogs en caso de que censuren uno, es una medida preventiva. Si borran uno creo el otro, lo importante es que no se pierda la información que más me interesa.

¿Siempre ha tenido dos blogs?

No, sólo desde cuando empecé a interactuar con colombianos.

¿Desde cuándo tiene el blog que van a cerrar?

Desde 2007.

¿Fue su primer blog?

No, antes tuve otro pero lo borré. Tenía dudas.

¿Le duele que desaparezca su blog más antiguo?

No, las cosas pasan y ya, hay que asumirlo todo con tranquilidad.

¿Recuperó toda la información de ese blog?

No, sólo una parte, menos de la mitad. Es mucho y no tengo tanta paciencia como para recuperarlo todo.

¿Ese blog tiene más visitas que el de WordPress?

Sí, claro, más del doble.

¿Cuántas visitas diarias tiene el blog de WordPress?

Dos mil.

¿La entusiasman esas cifras?

No, estoy acostumbrada a que me lean muchas personas todos los días.

¿La reconocen en la calle?

Algunas veces.

¿Le molesta?

Me da igual.

¿Firma autógrafos?

No (risas grabadas).

¿Siguen apareciendo pretendientes ilusionados con la mujer que escribe?

Sí, claro. Todo el tiempo.

¿Por qué cree que se enamoran?

Porque les gusta mi estilo en la escritura, que tiene poco que ver con la persona que soy.

¿Es muy diferente la persona a su escritura?

Sí, claro. No hablo como escribo, soy una persona muy sencilla. La escritura es mucho más sofisticada.

¿Tiene proyectos para el futuro?

Sí, claro. Son los mismos que he tenido desde hace veinte años.

¿Cuáles son esos planes?

Seguir leyendo y escribiendo.

¿Nunca se dejará entrevistar por nadie que no sea usted misma?

No.

¿Han vuelto a aparecer los periodistas con sus preguntas y sus cámaras?

No.

¿Saben que es impenetrable?

Sí.

¿La odian más los periodistas, los escritores, los humoristas o los divos tuiteros?

No sé, es difícil saberlo.

¿Cree que hay gente que la odia de verdad?

Me cuesta trabajo creerlo pero me han dicho que sí.

¿Sigue sin tenerle miedo a la muerte?

Sí.

¿Si la matan como quiere que la recuerden?

Como la persona que no merecía morir de esa manera.

¿Publicará un libro?

No.

¿Participará en foros?

No.

¿Dará cursos de emprendimiento?

No.

¿Dará cursos de escritura creativa?

No.

¿Nunca cederá?

No.

¿Nunca cobrará por escribir?

No.

¿Usted es rebelde?

No.

¿Se ríe mientras se autoentrevista?

A veces sí y a veces no.

¿Hoy se está riendo?

No.

¿Por qué?

Porque tengo mucho sueño.

¿No durmió bien anoche?

No, me acosté tarde.

¿Por qué?

Porque estuve en Twitter hasta la media noche.

¿Hablando con un pretendiente?

No.

¿Entonces?

Explicando que no había amenazado de muerte a @jeringa42

¿Usted ha amenazado de muerte a alguien?

No.

¿Usted sería capaz de matar?

No.

Renuncio a mi carrera

12 Sep

Para renunciar es preciso estar facultado, tener talento y vitalidad para realizar una tarea. Se renuncia para emprender un nuevo camino, porque las pruebas han sido superadas o porque ha dejado de ser emocionante eso que tanto nos motivaba al comienzo, cuando sentíamos que eso que hacíamos era lo mejor que habíamos hecho en la vida, lo que nos hacía sentir plenos y felices. No vale la pena seguir haciendo algo sólo porque es lo que debemos hacer, porque todos lo hacen, porque así es el comportamiento de las personas normales y porque debemos dar una buena impresión, parecer felices, plenos y realizados.

No estoy hablando del trabajo sino del amor. Después de 23 años de pasión intacta, después de haber disfrutado plenamente primero durante trece años y luego durante diez con dos hombres encantadores creo que el amor es una prueba superada para mí y no me interesa volver a experimentar porque no sé lo que es actuar, porque no puedo hacer nada sin entusiasmo y porque tengo otros planes para mí, planes acordes con mi edad, mis deseos y lo que he ido cultivando a lo largo de la vida. El amor entre un hombre y una mujer es una prueba superada para mí, con lo vivido hasta ahora me sobra y me basta, no me apetece más. Estoy satisfecha.

El primer amor es el amor para siempre, el segundo amor es el verdadero y no quiero saber nada del tercer amor porque lo más seguro es que se trata de otra nueva ilusión muy persistente, otra interpretación de la realidad que me hará creer que llegó aquello que había estado soñando durante tanto tiempo sin esperarlo ni buscarlo. No quiero saber cómo es el tercer amor, no quiero saber cómo es el amor en la vejez, siempre tuve claro que el amor apasionado y el ejercicio de la sexualidad son experiencias dignas de la gente joven; después de los 45 no vale la pena soñar con grandes amores y con grandes pasiones porque a esa edad uno ya sabe qué es lo que de verdad le apasiona y la gran pasión de mi vida es la lectura: comprar libros, leerlos, recordarlos y escribir sobre esos libros. Descubrí la lectura hace treinta y cinco años y desde el primer día no he podido parar de leer. A eso me voy a dedicar durante el tiempo que me queda de vida.

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