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La imagen del desconsuelo

26 Jul

Una de las experiencias más desagradables para las personas mayores de cuarenta es encontrarnos con nuestros contemporáneos, ver cómo envejecen, se conservan, se hinchan, se secan, se encorvan, se quedan calvos, se hacen joviales o se convierten en personas amargadas.

A los cuarenta una persona tiene más o menos definido el rumbo de su vida, sabe si ha sido tratado con cariño o con crueldad, puede empezar a hacer el balance de su vida y puede tener más o menos claro si se cumplieron sus sueños o si puede llamarse a sí mismo fracasado, soñador, gente sin atributos y un pobre ser golpeado sin compasión por el azar y la mala suerte.

A los cuarenta se sabe si hemos tenido suerte en el amor, si la fortuna nos persigue o nos es esquiva y si la salud y la enfermedad son nuestros mejores amigos o nuestros verdugos.

No hay nada más doloroso que encontrarse con una persona de nuestra edad que se ha echado diez años encima en dos meses, los vemos y temblamos de miedo al pensar que eso nos podría pasar a nosotros.

Es agradable encontrarse con los amigos y ver sus rostros resplandecientes cuando nos dicen que nos vemos muy bien, mucho más jóvenes de lo que en verdad somos. Pero esas dichas son peligrosas porque mientras oímos las frases de júbilo y pensamos en los bien que nos vemos y nos sentimos, pensamos también, si somos un poco compasivos, en aquellos contemporáneos que no han sido bien tratados por la vida.

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De por qué es mejor tener treinta que cuarenta

19 May

La edad ideal es nueve años, para mí fue una revelación. En 1979 supe qué quería, qué no quería, qué me gustaba y qué me fastidiaba, qué haría con mi vida a partir de ese momento.

Los veinte me fastidiaron mucho, por aquello de Juventud Divino Tesoro, te vas para no volver (sí, en esa época leía mucha poesía latinoamericana), por aquello de que los jóvenes son el futuro y muchos otros lugares comunes falsos, como son todos los lugares comunes. Tener veinte años no es la gran cosa, es la fase más animal del ser humano. Cuando tenía veinte lo que más deseaba era tener treinta para deshacerme de la tontería llamada Juventud.

Los treinta son los mejores, es mentira que a medida que pasan los años la gente es más feliz. A menos que se trate de viejos que han vivido a los golpes, como animales, cumpliendo ciclos biológicos que los tomaron por sorpresa, por ejemplo, realizándose como esposos, padres y adultos. Yo no cometí esa tontería, nunca creí que se aprende a los golpes, que la vida es dura y que las grandes satisfacciones son fruto de un gran esfuerzo, que se siembra para recoger.

Desde que nací he practicado la Filosofía del descanso y, ahora, que voy a cumplir cuarenta y cuatro, creo que llegó la hora de descansar todavía más a conciencia, por aquello del peso de los años. Ese no es otro lugar común, es real. No es lo mismo tener treinta que cuarenta. Si una vieja de cuarenta dice que se siente mejor ahora que cuando tenía veinte es porque a los veinte ya era casada y tenía cuatro hijos o, simplemente, era una mujer enferma que superó sus enfermedades en la edad adulta. Jamás un niño de diez años pronunciaría frases del tipo: estoy pasando por el mejor momento de mi vida, es mejor tener ocho que seis.

 

El mejor café del mundo

4 Sep

Mi mamá me convirtió en adicta al café. No recuerdo cuándo empezó a llevármelo a las seis de la mañana todos los días y cuando me dejaron viviendo sola, siendo apenas una infante de diecinueve años, empecé a prepararlo yo misma.

Comencé con uno dos o tres horas antes del desayuno y después aprendí a gozar el placer del café después del almuerzo. Como en mi casa también toman café cuando vienen de visita lo comparto con ellos y si conozco a alguien siempre le pido que nos tomemos un cafecito (si tengo hambre, con leche. Pero eso no ocurre casi nunca). Hay noches en las que no duermo porque me he encontrado con varias personas y con todas he bebido una taza de café o hasta dos o tres. Hasta quedar temblando de emoción porque disfruto conversando y porque el café es una especie de droga para el cerebro. Mientras pasa el insomnio de esa noche disfruto pensando que valió la pena disfrutar tanto y que habrá otras noches para dormir sin pensar de la forma en que me pone a pensar el café acumulado durante el día.

El café sabe mejor en un café que en una panadería, pero el mejor café, el que más disfruto y  el que más deseo, es el café que preparo yo misma y saboreo muy despacio, con ojos y sonrisa que nadie conoce, ni siquiera yo.

Una fantasía era recibir café por correo, suelo recibir libros y, claro, me emociono, me gusta que los libros viajen en aviones y camiones hasta que llegan a mí; pero siempre había soñado con probar café que viniera de otras manos, no de un supermercado.

El milagro se dio: la semana pasada estaba hablando del placer de tomar café con dos o tres tuiteras y  a través de un mensaje privado @SergioAL_ me preguntó si me gustaría recibir un café del Quindío y yo encantada le dije que sí, que claro, que me encantaría recibir café. El lo envió el viernes y llegó hasta el lunes. Pasé el fin de semana ansiosa imaginando el placer que sentiría cuando lo probara. Cuando llegó lo destapé y el empaque era mucho más vistoso de que lo me hubiera imaginado. Esperaba terminar el que me queda del paquete anterior pero hoy estaba dichosa después del almuerzo y decidí probarlo de una vez.

Es una delicia, no sé describir las cualidades del café. Lo disfruté desde cuando destapé la bolsa, dejé caer un poquito en un recipiente para olerlo, puse a calentar el agua, la mezclé con el café y lo empecé a saborear. Han pasado más de dos horas y todavía tengo intacta la sensación. ¡lástima no saber de café para describirla!

Le reporté a mi amigo tuitero el placer que me espera mientras termino el regalo y él me respondió con un: “en serio? Así de bueno? Qué bien. Podrías organizar una sección con lo que te pueda ir enviando”.

Pueden envidiarme: pocas personas disfrutan como disfruto yo de los placeres privados. Espero hacer el reporte de lo que me vaya enviando nuestro amigo complaciente con las mujeres sensibles.

El eterno rebelde

4 Feb

Esta es una breve lista de las costumbres que a lo largo de los últimos cincuenta años se han considerado tremedamente subversivas, muy originales, atrevidas, de gente diferente, irreverente, crítica, ajena a la masificación y la manipulación, al lavado de cerebro mediático:

Fumar

Dejarse el pelo largo un hombre

Llevar el pelo corto una mujer

Dejarse barba

La minifalda

El biquini

La heroína

La música jazz

El rock

La música punk

La música reggae

El rap

Los tatuajes

Dejarse crecer el pelo en las axilas

El grafiti

El surf

El monopatín

El pearcing

Las corbatas estrechas

No llevar sujetador

La homosexualidad

La marihuana

La ropa rota

La gomina

El pelo cortado en cresta

El pelo afro

Tomar “la píldora”

El posmodernismo

Los pantalones de cuadros

Ls verduras orgánicas

El calzado militar

El sexo interracial.

Hoy en día, los elementos de esta lista salen en el típico video de Britney Spears (con la posible excepción del pelo bajo las axilas y las verduras orgánicas).

Tomado de Rebelarse vende. El negocio de la contracultura. Joseph Heath / Andrew Potter. Bogotá: Taurus. 2004. Pag. 173

 

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