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La situación de Carolina Sanín es complicada

5 Feb

Supe de la existencia de Carolina Sanín hace menos de un mes y ese tiempo me bastó para desilusionarme de ella. ¿Dónde supe de su existencia? En Twitter, por supuesto, como supe también allí que hay un personaje lamentable llamado Suso el Paspi y una presentadora de farándula llamada Jessica Cediel que lloró ante Pirry mientras narraba su drama relacionado con una cirugía estética mal practicada. Sí, los profesores de literatura de los Andes ahora son Trending Topic en Twitter como cualquier Amparo Grisales o Natalia París y no precisamente porque escriban literatura o crítica literaria sino porque, como las figuras de la farándula, escriben con el propósito de ser insultados bajo el precepto de Oscar Wilde.

Carolina Sanín no logró hacerse notar con sus lamentables obras literarias ni con sus columnas de señora amargada y ahora, como si se tratara de una caricatura de Fernando Vallejo mimada, se despide de su espacio en El Espectador con un insulto de varios párrafos que sólo se pueden tomar en serio sus eternos enamorados y los jóvenes melancólicos que se deprimen porque llueve y porque no llueve.

No debe ser agradable saberse sobrina de Noemí Sanín, bella, burguesa, doctora en literatura, políglota, feminista, espectadora sufrida de la deplorable televisión colombiana -incluyendo reinados de belleza y conciertos de Juanes- y además de todo eso, solitaria, triste, melancólica y clara en lo que tiene que ver con su odio a los taxistas, el agua embotellada, las mujeres enmorcilladas en sus pantalones debajo de sus botas y sus horribles “rayitos”.

Carolina Sanín, como todo buen principiante que aspira a convertirse en Maestro de Las Letras Colombianas, en este momento adopta el estilo de Héctor Abad Faciolince y Evelio Rosero antes de convertirse en divos, en buenos vendedores de libros, en bebedores compulsivos de whisky en eventos culturales patrocinados por El Malpensante, Soho o Arcadia (no debemos olvidar que nuestra sufrida escritora ha publicado en estas revistas); pasa por la fase en que sufre, llora y se lamenta porque nadie comprende la hondura de su pensamiento, el estilo de su prosa, los mensajes cifrados que se ocultan en párrafos de aparente sencillez.

No quisiera estar en el cuerpo de Carolina Sanín, no debe ser fácil soportar el peso de un apellido y una familia, estar bajo la sombra y seguramente la tutela de una tía que pocas escritoras quisieran tener, un rostro hermoso que excita a hombres ordinarios que sueñan con un beso de la mujer seria que escribe cuentos para niños que no soportan ni siquiera los niños, la misma mujer que seguramente ha estudiado con juicio los clásicos de la literatura tal vez con la idea de que en estos tiempos la literatura significa lo mismo que significaba hace veinte años, una mujer demasiado seria y exquisita para soportar los insultos de millones de ignorantes que pasan sus días escuchando música popular y viendo televisión colombiana.

Contra la palabra interesante

5 Feb

La palabra interesante no es una palabra fea, pero se abusa de ella, especialmente en los supuestos círculos intelectuales, en las revistas culturales o universitarias, en la televisión, la radio, la prensa y en las universidades, especialmente en las universidades. Todo profesor universitario que se jacte de serlo, ha sido estudiante universitario, ha tenido el privilegio de conocer una variedad divertida de profesores y entre sus profesores el 50% usó en algún momento -con aire de persona inteligente, analítica y profunda- la palabra interesante para referirse a situaciones, personas, ideas, libros y preguntas. El estudiante veía con tan buenos ojos la pronunciación de la bella palabra en labios de sus profesores y ahora los imita, él también es un profesor al que casi todo lo que tiene que ver con su trabajo le parece muy interesante.

Cuando un intelectual usa la palabra interesante parece más interesante, más intelectual, más profundo; decir interesante no tiene el mismo sentido que decir me llamó la atención o me gustó mucho, no, nada de eso, es mejor decir interesante, esa simple palabra se basta a sí misma y no admite explicaciones. Una película es interesante, una clase es interesante, la letra de una canción es interesante, una mujer es interesante, una situación es interesante. Pero por qué es interesante, no sería preferible que en vez de decir interesante la eminencia nos explicara por qué es tan interesante.

Veamos el abuso de la palabra interesante en una novela colombiana. Vera, de Andrés Hoyos:

Se supone que Vera, la protagonista de la novela, es vista y narrada desde tres perspectivas: la del detective, la del columnista y la de ella misma. A pesar de que el escritor se esfuerza por hacerle creer al lector que se trata de tres voces diferentes los tres narradores desprecian lo mismo que desprecia Andrés Hoyos por diferentes razones: la izquierda, los profesores universitarios que seducen a las estudiantes bonitas y desaplicadas del curso, los sociólogos, los pobres, los feos… y los tres se hallan inmersos en situaciones muy interesantes. Veamos varios ejemplos en los que se usa la expresión que, de paso, sirven para plasmar la pobreza del estilo en la escritura del autor:

Examinando con mayor cuidado, noto que varias de las fotos más interesantes son tomadas en una discoteca que yo conozco. (Pág. 20)

Estas últimas, pese a que están hechas para mundos que no existen, no dejan de tener aquí y allá ideas interesantes. (Pág. 73)

Interesante, pero no para lo que nos ocupa. (Pág. 74)

¿No le interesarán a tu amiguito el grafómano ése para que malgaste en cosas más interesantes su mala prosa? (pág. 91)

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Me he tomado el atrevimiento de escribir una sencilla composición abusando de la palabra interesante para comprobar que el uso reiterado de esta bella expresión le concede a la “literatura” un aire renovador, poético, exquisito:

Un cuento metafísico: una experiencia interesante

Una mujer bebe café pensado en una película que acaba de ver sola en una sala casi vacía, una película interesante, sin duda, piensa la mujer mientras bebe. A los cinco minutos aparece un hombre que dice “hola” con mirada pensativa; él se acaba de librar de una situación compleja, extraña, interesante, y pretende compartirla con ella, pero sabe que ella piensa y la deja seguir en sus cavilaciones. A los cinco minutos entra una pareja de enamorados, sus sonrisas cómplices rompen el silencio circundante y con una mirada interesante logran fragmentar el silencio, quebrar la solemnidad del sitio, son jóvenes, no les importa nada. A los cinco minutos las gotas de lluvia rompen el cristal y un sonido interesante, indefinido, nublado, metálico, irrumpe en el salón y todos los comensales saben que esta situación – este instante- es interesante. Un perro entra al bar, contonea su cuerpo, es interesante verlo, es un perro esbelto, un perro hambriento, un perro callejero, qué interesante es ver a un perro callejero. La mujer, el hombre, los enamorados, el vidrio, el perro, el bar, todo en el ambiente le hace saber al lector que él es un lector de historias interesantes, está embebido, absorto, es interesante imaginar su asombro, esforzarse por unir los hilos que tejen esta anécdota.

El papel de intelectual

5 Feb

Debido a que estamos en un mundo dividido por las identidades, forzosamente el papel del intelectual se ve reducido. Para que un intelectual pueda expresarse libremente debe tomar distancia de sus “pertenencias” culturales. Considero que esto sucede muy poco. Muchos temen ir en contra de la opinión de la comunidad a la que pertenecen. La edad de oro de los intelectuales coincidió con la época de los conflictos ideológicos. Fue en la época de la Guerra Civil española, de la lucha contra el fascismo y las dictaduras, etc. Estamos en una época en la que los intelectuales son puestos al margen y existe tal profusión de medios de comunicación que es mucho más complicado escuchar ciertas voces. En Francia se escuchaba a personajes como Sartre o Camus. En este momento hay muchas voces, pero finalmente tienen menos impacto y credibilidad puesto que se pierden en la marea de informaciones. Estamos en un mundo donde todo se ahoga en la instantaneidad y el zapping. Nos interesamos en ciertas cosas por un día o dos y enseguida nos aburrimos y pasamos a otra cosa. Ya no hay debates a largo plazo, únicamente chispazos y nada más. Es más difícil encontrar un debate intelectual serio que tenga impacto en la sociedad. Y en este tiempo los intelectuales deberíamos hacernos escuchar aún más. Pero es imposible: el ruido mediático es demasiado violento.

Amin Maalouf

Los eruditos

4 Feb

Calvas cabezas que olvidan sus pecados,

Respetables calvas, viejas e instruidas

Editan y anotan los versos

Que jóvenes, inquietos en sus lechos,

Rimaron con amoroso desespero

De halagar el ignorante oído de la Belleza.

Todos andas con rodeos; todos tosen tinta;

Todos gastan la alfombra con sus pasos,

Todos piensan lo que otros piensan;

Todos conocen a quién conoce el vecino.

Señor: ¿qué dirían

Si su Cátulo caminara de tal manera?

W. B. Yeats