Tag Archives: infancia

Mi poema favorito de la infancia

1 May

Cuando aprendí a leer descubrí la poesía y la filosofía. Me gustaba darle besos a los libros, coleccionar frases de los sabios y aprenderme de memoria los poemas más bonitos para recitarlos mientras caminaba; desde que nací creo que lo único que se debe cultivar es el arte de aprender a vivir.

Me aprendí muchos poemas de memoria, todavía recuerdo algunos pero la mayoría los olvidé. Este fue mi poema favorito desde 1979 hasta bien pasado el año 2000.

En paz

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;

porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;

que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.

…Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!

Hallé sin duda largas las noches de mis penas;
mas no me prometiste tan sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas…

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

Amado Nervo

¿Se morirá él o me moriré yo?

25 Sep

Dios santo, estaba en una habitación con veinticinco camas y nada más que ancianos en ellas, pero se morían sin interrupción, e incluso me alegraba de estar allí. Al mismo tiempo, mi abuelo estaba entonces en el mismo hospital y no se sabía: ¿se morirá él o me moriré yo? Y entonces me dieron la extremaunción y a él no, porque creyeron que me moriría yo. Probablemente no fue muy agradable para mi madre. Aunque el abuelo, como supe entonces, no se dejó dar la extremaunción sino que, cuando el cura entró en la habitación, una hora antes de su muerte, gritó: «¡Fuera!». Fue lo último que dijo, fuera, muy bonito. No recibió la extremaunción.  Era un cura que, como un viajante de comercio, tenía una maletita, con dos botones en el costado, los apretaba y se abría de golpe, la maleta. Dentro había dos velas, que la monja, solícita, encendía y entonces él preguntaba: bueno, ¿quién nos toca hoy? Y entonces ella le señalaba las camas y ellos recibían la extremaunción. Así eran las cosas. Es totalmente normal que la gente se muera, pensaba yo, no hay que temer nada.

Thomas Bernhard