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¿Por qué escribo tan rápido?

18 Ene

– ¿Por qué escribes tan rápido?

– ¿Lo has notado cuando lees mis mensajes privados? Es cierto, el teclado siempre queda caliente.

– No, no pensaba en eso sino en tu blog, eres muy prolífica. A mí me cuesta trabajo escribir, puedo pasar catorce horas frente al teclado ante la página en blanco. ¿Cuál es tu secreto?

– El secreto es tener algo que decir y decirlo. Quedarse pensando en las conversaciones, esto que escribo es parte de nuestra conversación. ¿La recuerdas?

-Sí, claro, la recuerdo.

– Y anoche, mientras hablábamos de la película que estaba viendo y nombraste a Woody Allen recordé que lo quiero volver a leer, me gusta más lo que escribe que cualquiera de sus películas.

– Sí, recuerdo que lo dijiste y lo volviste a decir hoy.

– Voy a volver a leer esos libros pensando en ti.

– Sí, ya lo dijiste, no lo vuelvas a decir.

– Para ser humorista eres muy serio, debes tener la vis comica.

– Sí, sospecho que tú también la tienes.

– Eres un señor muy serio cuando hablas de humor.

– Tú también eres una señora muy seria.

– Me gustan tus frases largas y sin un solo error de ortografía en tus mensajes privados.

– A mí también, escribes muy rápido.

-Sí, ya lo sé, es la tercera vez que lo dices.

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La vis comica:

La seriedad mira a través de lo cómico, y cuanto más profundamente se alza desde abajo tanto mejor, pero no interviene. Naturalmente, no  considera cómico lo que quiere en serio, pero sí puede ver lo que de cómico hay en ello. De este modo lo cómico depura lo patético, y viceversa, lo patético da énfasis a lo cómico. Por eso, lo más devastador sería una concepción cómica configurada de tal modo que secretamente actuase en ella la indignación, pero sin que, por pura risa, nadie la notara.  La vis comica es el arma que exige mayor responsabilidad, y por eso tan sólo está sustancialmente a disposición de quien posea el pathos correspondiente. Quien por ejemplo sepa dejar en ridículo a un hipócrita, también podrá aplastarlo con su indignación. En cambio, el que quiera emplear la indignación y no posea la correspondiente vis comica sucumbirá fácilmente a la declamación y resultará cómico él mismo.

Soren Kierkegaard, Estadios en el camino de la vida, “¿Culpable? ¿No culpable?, 7 de junio a medianoche

La mujer del presidente

20 Dic

Ayer me encontré con uno de mis pocos amigos. Hablamos de Petro, de Twitter, de humor e ironía. Me regañó como siempre porque le parezco inmisericorde con mi prójimo y porque no sé reírme de mí misma. Yo le dije con mirada dulce y sonrisa resplandeciente: “Jamás me reiré de mí misma, no estoy dispuesta a hacer eso, no sé en qué consiste reírme de mí misma”. Y es cierto, no lo sé. El tampoco se esfuerza, no me explica en qué consiste ese arte tan cultivado por la mayoría de los humoristas colombianos.

Mientras me dice furioso que no sé reírme de mí misma yo me río de él porque se ve hermoso tratando de cambiar a una persona como yo, precisamente como yo. Yo tampoco lo puedo cambiar a él y no hago ningún intento porque no es un imbécil, es un hombre que sabe lo que quiere y por eso me gusta hablar con él. Me fascino con sus planes, con los resultados de sus planes y con la expresión de su rostro cuando se indigna pensado en el futuro de Colombia o en la mala educación de la gente que pasa por su lado y lo mortifica con sus actitudes de miquito malcriado y subdesarrollado.

El tema de nuestra conversación que más me impactó tiene que ver con que él (mi amigo) habló con ella (una mujer a quien los dos conocemos) y ella le dijo en tono solemne que había tomado una decisión radical que cambiará su vida: dejará de usar su cuenta de Twitter para siempre. En ese momento yo pensé: “Ay, Dios mío, qué gran hazaña, a partir de mañana la declaro mi heroína”.

Mi amigo cree que ella debe tener algo de razón para haber tomado semejante decisión tan bien pensada, puesto que ella es la esposa de un hombre ilustre y ese hombre no va a relacionarse con una tonta y, entonces, desde la lógica de mi amigo y la de mucha gente que piensa como él, la tonta deja su estatus de tonta, se le borra de un plumazo la tontería, sólo porque fue capaz de convertirse en la fiel esposa de un hombre ilustre.

No dije nada, pero la imagen de la esposa boba del hombre ilustre me desilusionó todavía más de esa neointelectual que se esfuerza por estar a la altura de su marido, se devaluó todavía más la imagen que tenía de ella, la que tenía antes de saber que es la esposa de ese hombre y no de otro y a continuación les voy a explicar por qué:

Una mujer como Virginia Woolf es admirable porque encontró el esposo perfecto para convertirse en la escritora que llegó a ser. No es la sombra de ese hombre sino que es ese hombre quien está maravillado ante el talento de su mujer; sacrificó su vida y soportó su locura  porque sabía que no era una tonta como nuestra joven enamorada y orgullosa porque se sabe la esposa de un gran intelectual, un hombre ilustre al que todos respetamos y admiramos.

Esta pobre muchacha (porque es mucho más joven que el Maestro) me recuerda a la boba Simone de Beauvoir, la supuesta feminista que vivió siempre a la sombra de Sartre y que acomodó su feminismo a su estado de sumisión con ese hombre mezquino que siempre la trató como seguramente el Maestro de la historia trata a nuestra heroína desilusionada del impacto de las redes sociales.

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La vis comica

1 Oct

La seriedad mira a través de lo cómico, y cuanto más profundamente se alza desde abajo tanto mejor, pero no interviene. Naturalmente, no  considera cómico lo que quiere en serio, pero sí puede ver lo que de cómico hay en ello. De este modo lo cómico depura lo patético, y viceversa, lo patético da énfasis a lo cómico. Por eso, lo más devastador sería una concepción cómica configurada de tal modo que secretamente actuase en ella la indignación, pero sin que, por pura risa, nadie la notara.  La vis comica es el arma que exige mayor responsabilidad, y por eso tan sólo está sustancialmente a disposición de quien posea el pathos correspondiente. Quien por ejemplo sepa dejar en ridículo a un hipócrita, también podrá aplastarlo con su indignación. En cambio, el que quiera emplear la indignación y no posea la correspondiente vis comica sucumbirá fácilmente a la declamación y resultará cómico él mismo.

Soren Kierkegaard, Estadios en el camino de la vida, “¿Culpable? ¿No culpable?, 7 de junio a medianoche

 

El nevecón

7 Feb

Virginia Mayer, tú no tienes la culpa de ser gorda,

¡Pero yo tampoco!

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Siente mi cuerpo una presencia extraña,

se acalora ante tu simple presencia…

Si tu culo fuese una tostada, necesitaría un remo para untarla.

*

Se llena de ternura mi corazón vacío…

y se abren mis alas para abrigar tu frío,

Eres una gorda hermosa que folla a la carta.

¿No es paradójico eso? ¡Amor mío!

*

Nace una fuerza extraña de asustar al miedo…

tienes un closet envidiable, ¡No te creo!

Se centra en mi pensamiento la sola idea de verte libre,

En tu traje de dos piezas,

descalza en la playa superando todas tus inseguridades.

¡Tampoco te creo!

*

Anhelo el día de verte flotar con tus propias alas,

Difícil ha de ser ladrar y morder,

Como nos quieres hacer creer,

siendo -como eres- periodista de KienYKe

(la versión digital de El Espacio).

*

Te imagino con los ojos cerrados,

Al son de la voz divina del humorista

Daniel Samper Ospina o,

tal vez

la de crítico de cine, Ricardo Silva.

Los imagino a los dos recitando con voz queda:

“¿Jugamos al adivino? vos te sientas

en mi cara y yo adivino cuánto pesas”.

*

No quiero voltear y verte atrás, ni quisiera ver tu sombra nada más…

Por eso toma mi mano y déjame levantar tu vuelo

Toma mi mano y mira al cielo

Toma mi mano y ajustemos el ritmo, para estar siempre paralelos al camino…

*

Sospecho que todos tus amantes insaciables

Al terminar la faena deben decir estupefactos:

“Gorda! vos me haces gozar el doble,

una vez cuando acabo y otra cuando te bajas de encima!”.

 

Imagen

El sentido del humor en el autor de Eclesiastés

4 Feb

Vale más perro vivo que león muerto.

Vale más lo que uno ve que lo que se imagina.

Donde abundan las palabras abundan los disparates.

No hay que pasarse de bueno, ni tampoco pasarse de listo.

El hacer muchos libros no tiene fin y el mucho estudio cansa.

He encontrado que lo mejor y más agradable es comer y beber.

No hay que pasarse de malo, pero tampoco hay que pasarse de tonto.

Por mucho pensar se tienen pesadillas y por mucho hablar se dicen tonterías.

Más vale un puñado de descanso que dos de fatiga por querer atrapar el viento.

Nunca te preguntes por qué todo tiempo pasado fue mejor, pues esa no es una pregunta inteligente.