Tag Archives: Gustave Flaubert

Mi vocación de maestra

20 Feb

Todos los días recibo mensajes de agradecimiento, este es mi favorito del día. Hay algo en este mensaje que me hace sentir que hay placeres que el dinero no puede comprar, por ejemplo, tratar de imaginar lo que cada persona hace con los textos que lee cuando pasa por aquí.

Espero que les guste tanto como a mí:

Al igual que la mujer del comentario yo también la admiro, me gusta mucho ese blog y sigo no tan regularmente su cuenta de twitter, aunque su humor me divierte debo reconocer que me llama mucha la atención sus apuntes literarios yo desde mi total ignorancia, producto de la falta de tiempo, obligaciones como madre y esposa, han hecho dificultoso la terminada de un libro, recuerdo un tuit suyo donde escribía algo sobre que los escritores Gustavo Flaubert y Baudelaire tenían obsesión con el cabello de la mujer, yo tratando de descrestar a mi colega de trabajo él un intelectual consumado, le comento su tuit haciéndolo pasar por idea mía , y el hombre queda sorprendido sonríe, y me dice tienes toda la razón!, a mí esto me causa mucha gracia, yo no sabía de lo que estaba hablando. Unos días después le dije a mi niña de 12 años que sacara la biblioteca de su colegio “Madame Bovary”, y pues la leí con un gusto increíble, y releía los comentarios suyos acerca de este gran escritor y pues yo sin saber mucho me maravillé con este texto y tristemente encontré muchas semejanzas conmigo, una mujer casada hace 20 años sin derecho a descanso, también he leído a Fernando Vallejo y anoto sus sugerencias de lecturas, al igual que la persona que le hizo su comentario yo le agradezco su generosidad al compartir sus conocimientos me imagino producto, de su vocación como maestra.

En estas redes abunda la superficialidad y la tontería los que la agreden simplemente no se han dado el trabajo de leerla , yo encuentro una diferencia notable en la profundidad que usted maneja y la tontería que abunda, de los que solamente gobernados con su ego quieren impresionar, descrestar , con palabras en inglés, me gusta la simpleza con que escribe y refleja en su cuenta de instagram.

Muchas gracias

Los seguidores no son nada porque la escritura lo es todo

19 Dic

En las redes sociales reina la gran tontería

La gente quiere muchos seguidores

Eso les da seguridad.

Lo que no saben es que los seguidores no son nada y la escritura lo es todo.

***

Los tuiteros que más me importan

– La gente para la que escribo con toda la pasión que me cabe en las manos-

– La gente a la que quiero seducir con simples palabritas-

Es la gente que me tiene bloqueada pero me lee,

Aquellos seres sensibles que no me siguen pero están leyendo este bello poema.

¡Sí!:

Tú, tú y tú.

***

Hay quien me lee en secreto

Hay quien me admira y sabe que no lo puede decir.

¡Eso me gusta!

Sentirme como una revista pornográfica en un salón de clase de niños de Grado Séptimo en 1976.

***

Me gusta convertirme en una droga para la gente,

Desarrollar sentimientos confusos.

Mi tuitero favorito es una especie de chico bueno en forma de usuario de redes sociales,

Un niño confundido

Un pobre ser que no tiene claro si me odia o si me ama,

Si me teme o si sería capaz de escupirme si se cruzara conmigo en alguna calle,

Si soy la más simple o la más inteligente.

La idea de despertar sentimientos extremos me seduce

No tiene sentido negarlo.

____

Ven, vamos, repitamos con Flaubert. Dime si a veces, cuando me lees en secreto te sientes como este pobre muchacho aunque seas hombre o mujer, joven o viejo, culto o ignorante:

Si alguna vez se enamora de ti un pobre muchacho que te encuentra hermosa, un chico como era yo, tímido, dulce, tembloroso, que te tiene miedo y te busca, te evita y te persigue, sé buena con él, no lo rechaces, dale solamente tu mano a besar; morirá de embriaguez. Pierde tu pañuelo, lo recogerá y dormirá con él; se revolcará encima, llorando.

La hijueputa esa (autoentrevista)

23 Ago

Quiero a este pueblo áspero, vivo, último tipo de las sociedades primitivas y que, al hacer alto a mediodía, tumbado a la sombra, bajo el vientre de sus camellas, se burla, mientras fuma su chibuquí, de nuestra valiente civilización que tiembla de ira.

Gustave Flaubert

****

– ¿Por qué comenzamos con este fragmento de una de las cartas de Flaubert a Louise Colet?

– Porque siempre, cuando camino, recuerdo esa frase y me gusta mucho. Me gusta sentirme como el señor bajo el vientre de sus camellas, aunque no fume. La idea de descanso y de desprecio es lo que más me seduce.

– ¿Disfruta haciendo temblar de ira a la gente civilizada?

– Aquí no hay gente civilizada, recuerde que estamos en Colombia. Me gusta burlarme de la gente exitosa y de la idea que tienen de éxito.

– ¿Está pensando en Virginia Mayer y en las frases desobligantes que escribió ayer sobre usted en su cuenta de Twitter?

– Sí, estoy pensando en ella, todavía trato de entender por qué se descontroló tanto si no es la primera vez que me burlo de sus poses en este blog.

– ¿Será porque la ridiculizó más de la cuenta explicándole por qué no es Bukowski con vagina?

–  Probablemente.

– Hablemos de lo que Virginia Mayer dijo de usted anteponiendo a cada prejuicio el sonoro ¡La hijueputa esa!, una expresión tan colombiana. 

–  Dijo que no sé inglés, no he presentado obras en la feria del libro, no he entrevistado a nadie, no tengo una maestría y no he publicado en ninguna revista. Insinuó también que soy ama de casa.

– ¿Es cierto eso que ella dijo de usted? ¿En realidad es usted tan poca cosa? ¿No ha cosechado ningún triunfo? Trate de explicarnos de forma concreta y sin llorar qué piensa de esos juicios.

– Mi vida ha consistido en despreciar todo eso que ella aprecia y usa como carta de presentación. Se supone que sé inglés pero hago lo posible por pensar, escribir y hablar sólo en español. Creo que mi lengua materna es un tesoro y siendo yo hispanohablante no necesito presumir con el inglés o con cualquier otro idioma. Otra sería la historia si yo fuera rumana o japonesa. Mi política lingüística ha sido siempre clara: si quiere hablar conmigo aprenda español. Prefiero explorar el español que balbucear otras lenguas para parecer cosmopolita, globalizada o internacional.

– Ahora hablemos de las obras que usted no ha presentado en las ferias del libro.

– Las ferias del libro no me interesan ni siquiera para comprar libros, prefiero las librerías o las bibliotecas. Formo parte del campo intelectual y, como se podrá imaginar, casi toda la gente que conozco ha publicado por lo menos dos libros. La mayoría de mis amigos y conocidos han presentado sus obras en ferias de libro, bibliotecas, librerías, centros culturales, universidades… La idea de convertirme en vendedora de libros, de autopromocionarme, de hablar de mis procesos de escritura, de invitar a un amigo para que hable ante mí y ante un público inocente de lo inteligente que soy, de lo bien que escribo, de la pureza de mi estilo, de mis influencias, maestros y lecturas fundamentales tampoco me seduce.

Aunque usted no lo crea soy una persona humilde y sencilla y no soportaría sentarme a hablar de  mi cerebro en público; tampoco soportaría que alguien hablara de la grandeza de mi ser, la profundidad de mis ideas y la originalidad de mis palabras en mi presencia, para vender libros. Eso no lo soportaría, lo supe cuando vi a mis amigos pasando por ese espectáculo tan denigrante.

– Usted no ha publicado un libro . ¿Por qué?

– Porque no me interesa, cualquiera publica un libro en Colombia, es muy fácil, además tendría que promocionarlo, venderlo, venderme para vender mis libros. Eso es algo a lo que no estoy dispuesta, sería una experiencia muy fuerte para mí. Me parece más emocionante verme citada en otros libros, que se hable de lo que escribo aquí en las ferias del libro, estar ausente de cuerpo pero presente en la mente de las personas que hablan sobre escritura. Eso me gusta más, me parece un juego muy divertido.

– Virginia Mayer dice que usted no ha entrevistado a nadie. ¿Toma esa acusación precedida de ¡La hijueputa esa! como una gran ofensa?

– No he entrevistado a nadie porque no soy periodista, no me imagino entrevistando a nadie que no sea yo misma. Cuando Virginia me propuso un perfil para KienyKe, cuando me dijo que la gente quería saber quién era Ensayista, sentí lo mismo que siento cada vez que alguien se siente ante mí como ante un ser excepcional o digno de ser entrevistado. Cuando me proponen una entrevista pregunto siempre qué me van a preguntar y cuando me lo dicen quedo todavía más confundida y desilusionada porque los periodistas colombianos hacen preguntas muy estúpidas. No aspiro a entrevistar a nadie que no sea yo y no le acepto entrevistas a nadie que no sea yo, esa es mi política periodística.

– ¿Tampoco tiene una maestría?

– Sí la tengo y es gracioso saber que a la gente le importan ese tipo de cosas. Los títulos académicos significan muy poco para mí, casi nada. Lo que me importa de verdad es lo que he encontrado fuera del sistema educativo, eso ha sido lo mejor. 

– ¿Tampoco ha publicado en revistas?

– Si, he publicado en revistas, parece que no es fácil encontrarlas. Eso tampoco me interesa mucho, ni siquiera guardo los ejemplares que me envían por ser la Autora de uno de los textos publicados. La meta es no volver a publicar en ninguna revista impresa, rechazar todas las ofertas que tengan que ver con publicación de libros, participación en ferias y fiestas, columnas de opinión y participación en revistas. Todo está tan degradado que la mejor alternativa sigue siendo internet.  A eso le estoy apostando desde hace unos diez años.

– ¿Es usted ama de casa?

– Supongo que sí, no tengo mucama ni negrita, me ocupo yo misma de todo lo que necesito para vivir.

¿Soy un talento desperdiciado o necesito ayuda profesional?

7 Ago

Cuando me lo propongo puedo parecer torpe, lenta y fracasada. Sé representar muy bien ese papel (especialmente si voy muy mal vestida y muy mal peinada).

Me aferro con terquedad obstinada al deseo de realizar sueños y anhelos superiores a mis condiciones y cualidades particulares, sueños inverosímiles.

Soy fría y seca con la gente que no me interesa.

Hay tardes en las que aspiro el aire desde mi ventana, llena de tedio y con la muerte en el alma. Siento deseos de lanzarme y acabar con todo, pero recuerdo que hay alimentos deliciosos en la nevera que no puedo dejar abandonados.

Soy dueña de un corazón testarudo que va demasiado lejos en las fantasías o en el estudio de las cosas que mi razón no puede comprender, soy presa de absurdos pensamientos, amiga del capricho y de lo deshilvanado.

La sabiduría en mí viene del abismo, deriva de la inmersión, nada debe a la voz de la revelación o al deseo de grandeza o de reconocimiento. Ni en los avances intelectuales ni en los materiales. No aspiro a nada, no quiero nada.

Cuando alguien me asfixia con su amor o con su admiración desmedida pienso: tu amor hace que mi corazón desfallezca de tristeza. No es una pose, es real. Déjame en paz, no me tortures más.

A veces tiendo a la desesperación, siento náuseas de tedio que impulsan a desear la muerte, llevo dentro de mí el aburrimiento de vivir. Puedo pensar también: ayer estuve espantosamente triste con una de esas tristezas que tenía en mi juventud y para librarme de las cuales hubiera sido capaz de tirarme por la ventana. Cuando tenía nueve años me lancé desde la terraza y nada pasó, caí parada, nadie se enteró de mi triste plan. No lo volví a intentar porque le temo al ridículo.

Los espectáculos alegres me ponen triste y los espectáculos tristes no me afectan gran cosa. Lloro demasiado por dentro para derramar lágrimas por fuera y es porque  sufro por la humanidad entera.

La aflicción, que en otros ablanda el corazón hasta la humildad, sólo consigue que me obstine cada vez más en mis extraños pensamientos; mis lágrimas no caen en el corazón, ablandando mi dureza, sino que me sucede lo que a la piedra: cuando el tiempo está húmedo suda por fuera.

En alguien como yo las ansias de vivir y el desprecio por la vida se mezclan de manera extraña: nací obsesionada con la idea de la muerte (frecuentemente la deseo con fervor desenfrenado) y, sin embargo, mi vida está colmada de planes para el futuro; mientras desprecio de manera consciente la vida, al mismo tiempo, a través de mi comportamiento y mis ilusiones, lucho por preservarla; cuando paso por periodos optimistas sueño con una vejez en la que rememoro el pasado.

Soy reservada, directa y poco dispuesta a expresar cariño a través de efusivas manifestaciones, razón por la cual es  imposible saber a quién amo y a quién desprecio. Evoco acontecimientos por las reacciones que éstos suscitaron en mí, los lugares son recordados con nostalgia por las emociones que han producido en mi mente y las personas por el encuentro que experimenté a través de ellos; vivo en función de mí misma y de las experiencias que pueda realizar sin ilusionarme fervorosamente por nada en particular.

El disimulo y el secreto son una necesidad para alguien como yo, a menudo mis relaciones son complejas, veladas, a pesar del afecto que pueda sentir y pienso: soy fría, seca, egoísta, y Dios sabe, sin embargo, lo que en estos momentos siento dentro de mí… He hecho mal, he sido necia. Me he portado contigo igual que en otros tiempos hice con aquellos a quienes más quería: les mostré el fondo de mi saco, y el polvo acre que despedía se les pegó a la garganta… Quisiera mandarte únicamente palabras dulces y tiernas, de esas suaves como un beso que algunos saben decir pero que, en mi caso, se quedan en el fondo del corazón y expiran al llegar a los labios. Si yo pudiera, cada mañana tu despertar se vería perfumado por una olorosa página de amor…

Deseo pasar desapercibida aún en medio de mis “excentricidades”, no quiero llamar la atención de nadie. Y, sin embargo, hay quien me condena debido a que mi comportamiento es interpretado de manera equivocada o exagerada: mi indiferencia se interpreta como arrogancia, mi sequedad como orgullo y mi frialdad como desprecio.

Los mejores afectos con frecuencia me irritan desmesuradamente y pienso de las personas que me interesan: ¿me comprenderás hasta el final, soportarás el peso de mi tedio, mis manías, mis caprichos, mis desánimos y mis coléricas mudanzas?… soy la oscura y paciente pescadora de perlas que bucea en los bajos fondos y vuelve con las manos vacías y la cara azulada. Una atracción fatal me empuja hacia los abismos del pensamiento, me lleva al fondo de esos precipicios interiores que jamás se agotan para los fuertes.

La verdad sobre la verdad

17 Abr

La verdad es algo tan infrecuente que es preciso decirla, dijo Emily Dickinson, pero qué es la verdad, es tan fácil especular sobre la verdad y la mentira…

Dijo también: Nunca intenté levantar palabras que no puedo sostener y tenía razón: a lo largo de su vida se esforzó por ser fiel a su naturaleza. Para la mayoría de los lectores y críticos esta mujer excepcional sigue siendo una loca virgen solterona frustrada que no se realizó en la vida como nada, ni siquiera como mujer. No llegó a ser una empresaria exitosa como Shakira ni como Jennifer Lopez. Veía duendes, hadas, ángeles y gnomos. Hablaba con ellos y hablaba también con su perro, pero no eran conversaciones estúpidas como las de los amos con sus mascotas de apartamento alquilado de nuestro tiempo, no, se trataba de algo mucho más complejo, profundo, poético y sofisticado. Y lo más seguro es que el perro comprendía a la señora virgen que siempre caminaba con una flor en la mano y corría como una niña vestida de blanco por el bosque buscando seres de fantasía:

Cuando frecuentaba el Bosque de Pequeña, me decían que una Serpiente podría picarme, que podría coger una flor venenosa o que los Duendes me podrían raptar, pero continué yendo y no encontré sino Ángeles, mucho más tímidos ante mí de lo que yo pudiera sentirme ante ellos.

Oigo petirrojos a lo lejos y carretas a lo lejos y ríos a lo lejos, y todo se me aparece como apresurándose hacia algún sitio no desvelado para mí.

También dijo Emily Dickinson:

Siempre hay una cosa por la que estar agradecido -y es que uno sea uno mismo y no otro.

Uno aprende, cuando se hace viejo, que ninguna ficción puede ser tan extraña ni parecer tan improbable, como lo sería la simple verdad.

No nos dice qué es la verdad pero aspira a ella y ese detalle la convierte en un ser admirable. Se puede aspirar a llegar a la Verdad a través del arte, la ciencia o el misticismo, no a través del periodismo, la historia, la politología o el derecho. Hay periodistas, especialmente periodistas, que se autodefinen como Perros guardianes de la verdad, sí, perros guardianes de la verdad. Aquí no vamos a hablar de periodismo, no vamos a caer tan bajo.

***

Ahora Pascal, el gran físico filósofo que fue tomado por un simple cristiano desquiciado por las mentes brillantes de su tiempo y por otras que vinieron después. Pocos lectores han logrado comprender la hondura del pensamiento de Pascal, Pierre Bourdieu es una de esas excepciones. A partir de su comprensión pudo conferirle a la sociología un estatus que nadie le había concedido antes.

Pascal también aspiró a la verdad, pero no era tan optimista ni tan atrevido como los historiadores y algunos periodistas que trabajan para un medio, propiedad de un banquero español.

Así reflexionaba Pascal, el fanático:

La suprema adquisición de la razón consiste en reconocer que hay una infinidad de cosas que la sobrepasan.

No veo sino infinitos en todo, que me encierran como un átomo, y como una sombra, que no dura sino un instante y ya no vuelve.

No es bueno que el hombre no vea nada; no es bueno tampoco que vea lo bastante para creer que posee; sino que vea tan sólo lo suficiente para conocer que ha perdido. Es bueno ver y no ver; esto es precisamente el estado de naturaleza.

Si hay Dios es infinitamente incomprensible, puesto que, no teniendo ni parte ni límites, no tiene ninguna relación con nosotros; somos, pues, incapaces de conocer cómo es, ni es siendo así ¿Quién osará proponerse resolver esta cuestión? No nosotros, que carecemos de relación con él.

¿No está más claro que el día que sentimos en nosotros mismos los caracteres imborrables de la excelencia? ¿Y no es verdad también que experimentamos constantemente los efectos de nuestra deplorable condición? ¿Qué nos clama pues, este caos y esta confusión monstruosa sino la verdad de estos dos estados, con una voz que es imposible resistir?

Yo no sé quién me ha traído al mundo, ni lo que es el mundo, ni lo que soy yo mismo. Permanezco en una ignorancia terrible de todas las cosas. No sé lo que es mi cuerpo, ni mis sentidos, ni mi alma, ni esta parte de mí mismo que piensa lo que estoy diciendo y que reflexiona sobre todo, y sobre sí misma, y que, por otra parte, no se conoce tampoco. Veo estos espantosos espacios del Universo que encierran, y me encuentro ligado a un rincón de esta vasta extensión , sin que sepa por qué estoy colocado en este lugar y no en otro, ni por qué este poco tiempo que me es dado vivir me ha sido asignado a este punto, y no a otro, de toda la eternidad que me precede y de toda la que me sigue.

***

Nietzsche va un poco más allá que Pascal y que Emily Dickinson. Se instala en lo que más tarde plantearía Ferdinand de Saussure y algunos filósofos del lenguaje. Es la palabra la que nos lleva a ocultar la verdad, es la mentira, la falsedad, la maldad y el disimulo, la humanidad… es la convención, la comodidad y el miedo lo que nos lleva a engañarnos a conciencia y a engañar a los demás. Y sin embargo, a pesar de Nietzsche y de la filosofía del lenguaje, hay quien se atreve a defender con uñas y dientes ¡En pleno siglo XXI! la revelación de la verdad, la verdad revelada. Sienten -gracias a su formación universitaria- que la bella palabrita se manifiesta  en un trabajo de investigación financiado por Colciencias que será publicado posteriormente en una revista indexada que hará todavía más respetables a sus autores.

Con ustedes: Nietzsche, el loco.

Si pudiéramos comunicarnos con la mosca, llegaríamos a saber que también ella navega por el aire poseída de ese mismo pathos, y se siente el centro volante de este mundo.

Todo lo que eleva al hombre por encima del animal depende de esa capacidad de volatilizar las metáforas intuitivas en un esquema; en suma, de la capacidad de disolver una figura en un concepto.

Las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son; metáforas que se han vuelto gastadas y sin fuerza sensible, monedas que han perdido su troquelado y no son ahora ya consideradas como monedas, sino como metal.

El hombre desea la verdad en un sentido análogamente limitado: ansía las consecuencias agradables de la verdad, aquellas que mantienen la vida; es indiferente al conocimiento puro y sin consecuencias e incluso hostil frente a las verdades susceptibles de efectos perjudiciales o destructivos.

La omisión de lo individual y de lo real nos proporciona el concepto del mismo modo que también nos proporciona la forma, mientras que la naturaleza no conoce formas ni conceptos, así como tampoco ningún tipo de géneros, sino solamente una x que es para nosotros inaccesible e indefinible.

Se encuentran profundamente sumergidos en ilusiones y ensueños; su mirada se limita a deslizarse sobre la superficie de las cosas y percibe “formas”, su sensación no conduce en ningún caso a la verdad, sino que se contenta con recibir estímulos, como si jugase a tantear el dorso de las cosas.

¿Qué es entonces la verdad? Una hueste en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorfismos, en resumidas cuentas, una suma de relaciones humanas que han sido realzadas, extrapoladas y adornadas poética y retóricamente y que, después de un prolongado uso, un pueblo considera firmes, canónicas y vinculantes.

***

Hay una literatura que se hace llamar La literatura de la verdad y se vende como la saga de Harry Potter. Los autores se deben proclamar fieles discípulos de Montaigne, Pascal, Flaubert y Proust. Narran con lujo de detalles -y con pésimo estilo- los actos más escabrosos de sus miserables vidas. Se trata de vidas no meditadas, dominadas por el exceso, el desenfreno y el consumo y lo que llaman literatura es apenas la expresión morbosa de unas vidas ordinarias que pretenden ser devoradas como se devoran las hamburguesas, las malteadas y las películas pornográficas. Hombres y mujeres ansiosos de ganar mucho dinero a costa de la literatura y asquerosos lectores que se sienten poseedores del arte porque leen estas páginas hediondas. Esos autores no hacen arte y esos lectores son dignos de los libros que les ofrecen, esa es la verdad pura y simple, ¿a quién queremos engañar?

Hay un autor que soñó con la literatura del futuro, el gran autor del siglo XIX, este hombre no es puro como Emily Dickinson, fanático como Pascal ni loco como Nietzsche sino un pobre hombre enamorado del estilo y dolorosamente melancólico. Genio como pocos para imaginar el porvenir:

Cualquier hombre que supiera escribir correctamente crearía un libro soberbio al redactar sus Memorias, si las expusiera con sinceridad y de manera completa.

Esa frase parece haberle dado vida a mucha literatura del presente pero pocos autores tienen en cuenta la otra frase de Flaubert para llegar al centro de las cosas y de los sentimientos:

Soy el oscuro y paciente pescador de perlas que bucea en los bajos fondos y vuelve con las manos vacías y la cara azulada. Una atracción fatal me empuja hacia los abismos del pensamiento, me lleva al fondo de esos precipicios interiores que jamás se agotan para los fuertes.

O su obsesión por el estilo:

Todo el talento de escribir no consiste, después de todo, más que en la elección de las palabras. La precisión es la que hace la fuerza. En estilo es como en música: lo más hermoso y lo más raro que hay es la pureza del sonido.

Flaubert no habla mucho de la verdad, pero es uno de los grandes pensadores -sin definirse como Pensador y sin tener ningún título universitario- que más ha reflexionado sobre la verdad y la mentira, el engaño y el disimulo: Al leer estas verdades el lector corriente juzga al pobre Flaubert como amargado, frustrado, resentido, machista… Le encontrarán todos los defectos, pocos lo verán como un hombre que se esforzó por llegar al fondo de las cosas, a la sinceridad de sus sentimientos:

¡Qué mecánica supone lo natural, y cuántas artimañas hacen falta para ser auténtico!

Esta disposición para planear sobre uno mismo es quizá la fuente de toda virtud. Te arranca de la personalidad, lejos de retenerte en ella.

Yo soy un arabesco de marquetería; hay trozos de marfil, de oro y de hierro; los hay de cartón pintado; los hay de diamante; los hay de hoja de lata.

La gente que medita, o sea, los champiñones intelectuales que se pudren en su sitio, como yo, hacen bien de vez en cuando en acercarse al fuego. Hace que despidan su jugo, luego quedan aún más secos.

El hastío que me entra por los ojos me rompe, desde el punto de vista nervioso, y además, sufrir durante mucho tiempo el espectáculo de la multitud me hunde siempre en ciénagas de tristeza, donde me asfixio!

Ya he vuelto a mi vida chata y monótona, que sólo tiene algún placer en su uniformidad, y alguna grandeza, quizá, sólo en su perseverancia. En cuanto rompo mi ritmo ordinario y quiero volver a él, siento una amargura sin fondo.

De día en día siento operarse en mi corazón un alejamiento de mis semejantes que va ensanchándose, y estoy contento de ello, pues mi facultad de aprehensión hacia lo que me es simpático va en aumento, debido a ese mismo alejamiento.

A partir de la noche en que me besaste en la frente, me juré a mí mismo no mentirte nunca. Es el procedimiento más rudo, más brutal; ¿dirás, acaso, el menos tierno? Pero creo que obrar de otro modo sería despreciarte, envilecerte incluso. No estás hecha para que se te sirva con un amor falso y lleno de muecas. Preferiría rajarte la cara que burlarme de ti a tus espaldas.

Me oriento hacia una especie de misticismo estético (si ambas palabras pueden ir juntas), y querría que fuese más fuerte. Cuando ningún estímulo nos viene de los demás, cuando el mundo exterior nos asquea, nos vuelve lánguidos, nos corrompe y nos embrutece, las personas honradas y delicadas se ven forzadas a buscar en sí mismas, en algún lugar, un sitio más limpio para vivir.

Hubo un tiempo en que me mirabas como a un egoísta celoso que se complacía rumiando perpetuamente su propia personalidad. Eso es lo que creen quienes ven la superficie. Lo mismo ocurre con ese orgullo que tanto indigna a los demás y que, no obstante, cuesta tamañas miserias. Al contrario, nadie ha aspirado a los demás más que yo. He ido a olfatear estiércoles desconocidos, me he apiadado de muchas cosas ante las que no se enternecían las personas sensibles.

 

Ella

31 Ene

Ella es el personaje perfecto para crear una horripilante historia de horror como la que vamos a desarrollar aquí, a partir de este momento.

Ella es una especie de tuza de un buen amor, ella, por sobre todas las cosas del mundo y aunque nos duela y nos cueste reconocerlo… Ella sabe escribir. Ella escribe muy bien, es imposible no leerla y pensar  en ella intermediado por un suspiro y mucha confusión:

¿Quién es ella?

Ella nos ha dicho de todas las formas posibles que es una mujer y nosotros seguimos empeñados en imaginárnosla como nos dé la gana, según nuestro estado de ánimo y nuestro coeficiente intelectual, según nuestros deseos de discutir con ella para que nos responda de forma altanera; queremos provocarla, queremos herirla, queremos que nos responda como un ser humano, como una colombiana. Y ella sólo responde con el silencio, como un ser inmisericorde y mudo, o  como sabe responder ella, con escritura, con la mejor escritura. Así es como ella mejor nos explica que ella es ella y que no es él quien se dirige a nosotros. Léanla, lloren de admiración con su estilo característico. Si en algún momento han dudado de esta mujer y de su genio deslumbrante les pido que le pidan perdón de rodillas, llorando:

Los textos escritos, a diferencia de la narración o el diálogo oral, conservan el discurso y se convierten en archivos disponibles para la memoria individual y colectiva, si la lectura es posible es porque el texto no está cerrado en sí mismo sino abierto a otra cosa. Leer es encadenar un discurso conocido al discurso del texto que se está leyendo, relacionar experiencias anteriores de lectura y de vida y actualizar o activar la lectura de nuevos textos o de textos ya leídos a partir de perspectivas nuevas, la capacidad de reactualización de los documentos escritos es lo que garantiza su carácter abierto. En la correspondencia de Flaubert, y especialmente en las Cartas a Louise Colet, esta regla se evidencia en todo su esplendor puesto que al lector se le brinda la posibilidad de encontrar una y otra vez, expresado desde diversas perspectivas y con énfasis diferentes, desde la voz del enamorado que expresa la intensidad de sus sentimientos sólo a través de la escritura y desde la distancia, pasando por los más honestos consejos para emprender una vida menos dolorosa -toda una filosofía de la vida con argumentos lo suficientemente lógicos, sólidos y consecuentes- hasta las reflexiones más lúcidas relacionadas con el arte, la lectura y la escritura, sopesadas por un hombre que se autoproclama como un practicante del misticismo estético.

Para Flaubert el amor loco y las valores de la vida comunitaria como experiencias humanas son inferiores a las que proporciona la relectura de un clásico en absoluta soledad; él necesita de todo su tiempo para volver una y otra vez sobre los autores que más admira: Cervantes, Rabelais, Epicteto… y se empeñó en convertir en realidad la escritura de las obras con las que soñó. Ese fue su gran ideal y lo alcanzó a fuerza de trabajo, soledad y perseverancia, tres valores que enaltece a lo largo de su correspondencia.

Flaubert le escribía a su amante para distraerse del trabajo o para desatar la ira, la felicidad o la impotencia que generaba en él la escritura de su obra literaria más importante: Madame Bovary. La gran paradoja alrededor de la escritura simultánea de estos dos textos está relacionada con el hecho de que a pesar del innegable valor estético de la novela la lectura de las cartas en algunas ocasiones puede llegar a ser más estimulante, actual y universal, este hecho se debe, tal vez, a que son expresión cabal de lo que el mismo Flaubert consideraba sería la gran obra literaria del futuro: un texto autobiográfico escrito con total sinceridad, buen estilo y sin omitir detalles que pongan a salvo la imagen del escritor: “Cualquier hombre que supiera escribir correctamente crearía un libro soberbio al redactar sus Memorias, si las expusiera con sinceridad y de manera completa” (Flaubert. 1989. 95).

El principal objeto de estudio de Flaubert a lo largo de su vida fue él mismo y la experiencia amorosa con Louise Colet se constituyó en el mejor pretexto para profundizar más en su autocontemplación, en algunas ocasiones es asombrosa la convicción de Flaubert para expresar sus sentimientos y otorgarle un lugar preciso o cada pasión, casi siempre de manera racional y calculada, en medio de la placidez que le proporciona el hecho de compartir impresiones sobre la gran pasión de su vida -la lectura y la escritura- con una mujer que además de eso lo ama y estuvo dispuesta siempre a soportar sus cambiantes estados de ánimo y sus ausencias.

Flaubert escribe sobre la vida y la muerte, sobre las pasiones y las flaquezas humanas, sobre el arte, la lectura y la escritura. En vista de que se trata de un hombre tan consecuente consigo mismo y ha constituido su vida de tal manera que cada idea y acción suyas se corresponden de manera plena, sobran más explicaciones.

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Te hice un triste regalo al ofrecerte mi amistad

12 Ene

No estimes tanto mi talento, no aspiro a ser un Goethe, pues las velas resultan pálidas al lado del sol y, aunque no lo creas, no me esfuerzo por remedar a nadie, y a los grandes hombres mucho menos. En cuanto a mi corazón, su conducto es angosto y está embozado, el líquido no sale de él con facilidad, va corriendo arriba y da vueltas como un torbellino… todo él lleno de bajos fondos movedizos, muchos barcos embarcaron en ellos.

Adiós, trata de olvidarme; yo nunca te olvidaré. Te equivocaste al decirme que sólo sentía por ti curiosidad. Hay más, pero tú sólo crees en las cosas cuando son extremas. Adiós otra vez. Siempre que necesites algo me encontrarás.

Gustave Flaubert, a Louise Colet

La carta de amor que a cualquier mujer le gustaría recibir

11 Ene

¡Qué hermosos son los versos que me envías! Su ritmo es dulce como la caricia de tu voz cuando incluyes mi nombre en tu tierno balbuceo. Perdóname si me parecen los más bellos de todos cuantos has escrito. No es amor propio lo que he sentido al pensar que estaban hechos para mí, no, es amor, es ternura. ¿Sabes que tus brazos de sirena hechizarían al más duro? Sí, hermosa mía, me has apresado con tu encanto, me has empapado con tu sustancia. ¡Oh!, si he podido parecerte frío, si mis sátiras son rudas y te hieren, quiero, cuando vuelva a verte, rodearte de amor, de voluptuosidad, de embriaguez; quiere colmarte con todas las felicidades de la carne, hasta cansarte, hasta hacerte morir. Quiero que te asombres de mí y que, en tu interior, te confieses que ni siquiera habías soñado que existiesen semejantes arrebatos. Yo he sido feliz y deseo que tú lo seas también. Quiero que, cuando llegues a vieja, recuerdes estas pocas horas, y que tus huesos ya resecos, se estremezcan de gozo al recordarlas.

Flaubert, a Louise Colet

Oscuro paciente pescador de perlas

4 Nov

Yo soy el oscuro y paciente pescador de perlas que bucea en los bajos fondos y vuelve con las manos vacías y la cara azulada. Una atracción fatal me empuja hacia los abismos del pensamiento, me lleva al fondo de esos precipicios interiores que jamás se agotan para los fuertes.

Gustave Flaubert

Un pobre muchacho

5 Feb

Si alguna vez se enamora de ti un pobre muchacho que te encuentra hermosa, un chico como era yo, tímido, dulce, tembloroso, que te tiene miedo y te busca, te evita y te persigue, sé buena con él, no lo rechaces, dale solamente tu mano a besar; morirá de embriaguez. Pierde tu pañuelo, lo recogerá y dormirá con él; se revolcará encima, llorando.

Flaubert a Louise Colet

 

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