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Mi Credo

5 Feb

Creo que Dios está en el cerebro

Creo que no hay alma ni mente ni yo, son ilusiones creadas por el cerebro para que no nos matemos

No creo en la Iglesia

No Creo en los Sacerdotes

No creo en la Confesión

No creo en la Comunión

No creo en la vida eterna

No creo en la reencarnación

Creo que la oración divierte al cerebro

Creo que el sueño divierte al cerebro

Creo que Twitter divierte al cerebro

Creo que el sexo divierte al cerebro

Creo que los juegos de azar divierten al cerebro

Creo que me gusta divertir a mi cerebro

No creo en el poder de la mente

No creo en el Destino

Creo en el azar, que es la misma buena suerte.

Creo que tengo buena suerte

No creo en la Astrología

Creo en la Urinoterapia como consuelo

Creo en la Hidroterapia como consuelo

No creo en el vegetarianismo

No creo en la risoterapia

No creo en la cultura de los abrazos gratis

No creo en la Cienciología

No Creo en la Almas

Creo que la mayor experiencia humana es el Amor:

A Dios como un amigo imaginario

A sí mismo como la gran creación propia

A un hombre que ama a una mujer

A la madre por haberme dado la vida

A los hermanos porque son los amigos mejor conocidos

A los sobrinos porque me evitaron la crueldad de dar vida, aburrimiento y sufrimiento

A los animales porque son más hermosos que la gente

A los niños en general porque son divertidos

Al conocimiento en general

Al arte

Creo que la vida es una gran oportunidad para dedicarse a comer, dormir y descansar.

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El ateo que grita

4 Feb

¿Qué es Dios?

¿Un amigo imaginario, un fantasma, un meme, un aliciente o un cuento contado por nuestros padres antes de los cinco años con extrema seriedad y creído por nosotros con absoluta ingenuidad?

Puede ser todo esto o nada de esto o parte de esto, pero el hecho es que Dios, el Onmipotente, el Grande, el Sabio, el que todo lo sabe, el que todo lo ve, sigue ocupando un lugar privilegiado y en vez de gritar: “Dios no existe”, debemos preguntarnos por qué hay tanta gente que todavía sigue creyendo en Dios.

Dios, el grande, está hecho a la medida del hombre, un ser pequeño.

Dios, el sabio, está hecho a la medida del hombre, un ser ignorante.

Dios, el Salvador, está hecho a la medida del hombre, un ser perdido.

Dios, el onmipotente, está hecho a la medida del hombre, un ser débil y corto de miras.

Dios, el eterno, está hecho a la medida del hombre, un ser fugaz.

Dios, el silencioso, está hecho a la medida del hombre, un charlatán.

Dios, el casto, está hecho a la medida del hombre, un glotón.

Dios, el serio, está hecho a la medida del hombre, un gracioso y amigo de la diversión.

Podríamos continuar alargando la lista para llegar a la misma conclusión:

El hombre no fue hecho a imagen y semejanza de Dios, es sólo un invento útil del hombre para controlar el impulso de su deseo, para decir no cuando se quiere decir sí, para cometer errores y luego decir que lo hecho no fue hecho por él sino que fue obra del Diablo, del Demonio, del Maligno.

Hay dos tipos de ateos: el que grita y el que no grita.

¿El que grita por qué grita?

Grita porque el creyó, grita porque él se confeso, grita porque él se dio golpes de pecho, grita porque él hizo penitencia, grita porque cuando se masturbaba se sentía sucio, grita porque oraba en silencio con fe, grita porque en Semana Santa materializaba lo que venía planeando desde el Miércoles de Ceniza, grita porque sus padres y abuelos todavía rezan como le enseñaron y al verlos no siendo niño sino siendo un hombre, al recordar el lavado de cerebro del que fue víctima en la niñez no le queda otra alternativa que gritar. “Dios no existe, la religión es el opio del pueblo, Dios es para los ignorantes”.

Uno no se vuelve ateo en un fin de semana, en una borrachera, leyendo a Sartre o a Nietzsche,

es todo un proceso de disintoxicación que empieza con La Primera Comunión y la familia es de gran ayuda en el proceso, siempre y cuando ellos también sean bastante escépticos y le hayan dado al niño la religión sólo para que luego no fuera a quejarse de que él la necesitaba en sus momentos de soledad, desemparo, miedo, desesperación, convalescencias, viajes en avión, partidos de fútbol de la selección, entrevistas laborales, citas a ciegas, copulación con el propósito de concebir, exámenes de admisión a la Nacional, cirujías, funerales, sida, cáncer, gonorrea, sífilis, impotencia, eyaculación precoz…

 

Imagen fe

Ejercicios espirituales

4 Feb

Tercero

Mirar quién soy yo, disminuyéndome; por ejemplo: cuánto soy yo en comparación de todos los hombres; segundo, qué cosa son los hombres en comparación de todos los ángeles y santos del paraíso; tercero: mirar qué cosa es todo lo creado en comparación de Dios, pues yo solo ¿qué puedo ser?; cuarto, mirar toda mi corrupción y fealdad corpórea; quinto, mirarme como una llaga y postema de donde han salido tantos pecados y tantas maldades y ponzoña tan túrbida.

San Ignacio de Loyola