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Nos engañaron con las redes sociales y las nuevas tecnologías

21 Oct

Hace cinco años nos preguntábamos con la boca abierta y los ojos cerrados:

“¿Después de esto qué más se irán a inventar? Es imposible que algo nuevo supere tanta perfección, tanta complejidad”.

Nos referíamos a los teléfonos móviles y a las redes sociales. Habíamos estrenado teléfono en masa hace menos de diez años, recordábamos con nostalgia cuando aprendíamos a identificar el sonido particular de nuestro nuevo juguete y llorábamos de alegría cuando recordábamos nuestra primera conversación en una sala de chat, las imágenes recibidas vía MSN y nuestro primer post en ese blog que la mayor parte de la gente abandonó porque no tenía nada que decir y no sabía cómo decirlo porque no le habían enseñado a leer ni a escribir o porque fueron consumidos por Facebook o por Twitter.

Facebook es ahora un sitio miserable que no vale nada. Allá quedó la gente más vil, quienes gozan sufriendo con el triunfo ajeno y aquellos que consideran que triunfar consiste en publicar fotografías de momentos de supuesta felicidad relacionados con nacimientos, matrimonios, grados, desayunos, almuerzos, comidas, viajes, vida de mascotas, crecimiento del bebé mes a mes y todo tipo de adquisiciones: carros, casas, teléfonos, cámaras fotográficas… Después de Facebook no habrá nada parecido a Facebook, nada que lo supere en vileza y superficialidad.

Twitter es la otra gran red, lleva más de cinco años en el mismo estado  y cada día se envilece más. Todavía hay quien considera que esta página revolucionó el periodismo, el activismo y la política; hay usuarios optimistas seguros de que cambiaron el mundo y refundaron el arte y las relaciones sociales gracias a esta gran experiencia, hay quien pontifica sin vergüenza que posicionarse en Twitter es el primer paso para ser reconocido como persona influyente más allá de la pantalla y -lo más triste de todo- hay quien lo cree y toma por Figura Pública a un personaje anónimo con más de diez mil seguidores sólo porque un “experto en redes sociales” certificado por él mismo lo dijo en una conferencia y lo hizo parecer más creíble porque proyectó algunas imágenes en un video bean. Las empresas y las universidades invierten en expertos en engañar a la gente con supuestas ganancias millonarias que no reportó Facebook y que no reportará Twitter. Ese es el actual estado del arte sobre redes sociales.

¿Y qué decir de las Nuevas Tecnologías?

No hay consenso todavía sobre qué son las Nuevas Tecnologías y como no sabemos qué son tampoco podemos saber para qué sirven, pero, en todo caso,  también hay expertos certificados en Nuevas Tecnologías.

No pensemos en redes sociales, pensemos en dispositivos tecnológicos. La gran novedad consiste en que ahora el teléfono es más sofisticado y podemos interactuar en redes sociales desde soportes móviles pequeños, livianos y amigables con todos nuestros amigos. Pero esa experiencia no reporta ningún beneficio porque las redes no nos ofrecen experiencias nuevas sino que éstas son el reencauche de experiencias anteriores, con la diferencia de que ahora los usuarios son más adictos a estar conectados y a comprar el teléfono que los expertos en marketing les hacen ver como el más sofisticado, como el que le dará más estatus social, intelectual o económico. Y llegamos a la triste conclusión de que quienes se enriquecen cada día más a costa de personas inocentes y optimistas son los fabricantes de aparatos tecnológicos, las empresas que ofrecen planes de internet móvil y los psicólogos confundidos que no saben cómo abordar tantas modalidades de locura y desesperación ocasionada por las redes sociales y los dispositivos tecnológicos.

Conclusión:

¡Nos engañaron!

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Amores con fluidos y amores sin fluidos

26 Ago

La última vez que escribí un texto en Word fue hace diez años, ahora escribo directamente en el blog. Lo que lees lo acabo de pasar de Word al blog, quería que fueran dos cuartillas -como en los buenos tiempos- cuando estaba segura de que la extensión ideal de los textos para ser leídos en línea es de dos cuartillas.  Acabo de replantear esa idea: prepárate para leer un post de tres o cuatro cuartillas, es imposible saberlo, recuerda que empecé en Word con dos cuartillas y terminé aquí, en el blog, donde es imposible delimitar la extensión de un texto en número de caracteres y de páginas. ¿no lo sabías? ¡ahora lo sabes!

Hace diez años tenía PC sin acceso a internet, ahora tengo un aparato más sofisticado, Google, Wikipedia, Facebook y Twitter. El mundo ha cambiado en diez años y la forma de escribir también. Yo también he cambiado, por supuesto.

Word fue un gran descubrimiento, una revolución mental, recuerdo cómo gozaba con la barra de herramientas, especialmente con los sinónimos; ahora no los necesito, no pienso usarlos en esta nueva temporada de textos extensos para ser publicados sólo en medios digitales. ¡porque los publicaré sólo en medios digitales!

Hace diez años publicaba en revistas impresas de circulación nacional e internacional, renuncié a esos privilegios hace diez años también. Me lancé a la aventura de publicar sólo en medios digitales y debo reconocer que no me ha ido mal: estoy bien posicionada en Google, aparezco en varias páginas de Wikipedia que no administro yo (por supuesto), tengo fans en Facebook y seguidores en Twitter.  Hay varios periodistas tontos ansiosos soñando que algún día le revelarán al mundo quién soy yo, quién es el autor de este texto, de todos los textos que voy publicando aquí. Corre el rumor de que puedo ser un hombre o quizás somos varios, una especie de grupo interdisciplinario o transdisciplinario. Me tiene sin cuidado lo que piensen de mí. Nunca me van a entrevistar, ¡nunca!

Mientras escribo esta línea me tiemblan un poco los dedos porque quiero retomar la escritura de textos extensos (creo que ya lo había dicho).

La escritura de textos extensos implica leer con mucha concentración, implica volver a escribir en Word, ver cómo se van llenando las páginas, cómo se van reproduciendo y cómo unos párrafos le dan vida  a otros y de un ensayo se van desgajando -como si fueran florecitas-  otros mucho más extensos que amenazan con volverme un poco loca, como hace diez años.

Estoy a punto de terminar la primera página, seguramente tienes la sensación de que es un poco más. Yo también la tengo, es extraño.

Tengo pensado escribir un texto titulado Amores con fluidos y amores sin fluidos. La idea surgió ayer, tiene sentido, está inspirada en la lectura de El cielo es azul, la tierra blanca, de  Hiromi Kawakami, un libro maravilloso que me recomendó @jairogarciacol, sí, un usuario de Twitter. No conozco su cara y él sólo ha visto fotografías mías en la web. No me interesa saber cómo es su cara, lo único que sé es que vale la pena conversar de literatura con Jairo -supongo que su nombre es Jairo-. Probablemente algún día nos veamos y sigamos conversando sobre los mismos temas, probablemente no. Quizás nos veamos sólo una vez y lamentemos habernos conocido. Bueno, no importa, lo que importa es que gracias a él yo escribo y tú lees. Fíjate bien, ¡estás a punto de terminar! ¡estás viendo la fotografía que cierra el post!

Cuando leas esas narraciones eróticas que voy a componer para ti no te detengas, serán tan fluidas como lo que estás leyendo hoy.

¿Es erótico leer sobre el proyecto que tengo de escribir narraciones eróticas para ti? ¿no?, ¿no lo es?  Anda, dime que sí, que te entusiasma la idea.

¿Estás fantaseando con las imágenes que pasan por mi mente en torno a mis amores?

Voy a compartir esas historias  contigo porque la vida es bella y las aventuras morbosas narradas por otros nos entretienen y nos ayudan a matar el tiempo.

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Tu teléfono no es inteligente

17 Ago

Tú teléfono no es inteligente

De la misma manera que no es inteligente tu lavadora

Ni tu licuadora.

¡Piénsalo!

Compraste un teléfono inteligente porque te seduce la idea de que la inteligencia de tu teléfono se transfiera algún día a tu cerebro pero tú y yo sabemos que hay momentos en los cuales te sientes un completo imbécil -un idiota entre millones de idiotas-  incluso más imbécil que cuando no tenías un teléfono inteligente.

¿Estás seguro de que tu teléfono merece ser nombrado como teléfono inteligente?

¿No te parece más sofisticada la inteligencia de tu lavadora?

¡Mira a tu alrededor!

¿El rostro de las personas que pasan la vida mirando su teléfono y riendo solos como si fueran idiotas resplandece más que el del idiota promedio?

¡No!

Son tontos de otra manera, de una manera mucho más visible para la gente común (para quienes no tenemos un teléfono inteligente).

***

El poder de las redes sociales y de los teléfonos inteligentes está sobredimensionado. Tú lo sabes, yo lo sé, todos lo saben…

Pero -confiésalo- tienes miedo de parecer tonto al decirlo porque todos dicen que las redes sociales y los teléfonos inteligentes son lo mejor de lo mejor y tú no puedes contradecirte: tienes cuenta en Twitter, en Facebook y un teléfono inteligente para contemplar cuán famoso e influyente eres en esas redes tan prestigiosas.

¡Estás dispuesto a cambiar el mundo desde tu teléfono!

***

Sueñas con llegar a ser más inteligente gracias a tu teléfono. Exitoso y popular gracias al uso de la tecnología -y no de cualquier tecnología sino de la tecnología inteligente-. Estás convencido de que la  tecnología inteligente hace más inteligentes a los usuarios de esa tecnología;  el dinero y las ideas brillantes aparecerán sin que las busques porque tienes las herramientas necesarias para que el milagro se materialice.

¡Sí!

¡Así de sencillo!

¡Esa es la estrategia de marketing!

¡Tu religión!

***

¡No me digas que no lo sabías!

¡Se supone que eres inteligente como tu teléfono!

¡En realidad eres un tonto!

***

El inteligente, el genio,  es ese ser -hombre o mujer- que un día dijo:

“Hagamos sentir inteligente a un tonto y venderemos muchos teléfonos”.

Tú formas parte de esa clientela.

¡Mis más sinceros sentimientos de compasión y de pesar hacía ti!

¡Sigue intentando!

Mensajes de los lectores

2 Ago

Siempre es grato encontrarse en Facebook con saludos de personas que se toman el trabajo de leer lo que se escribe en este blog, son jóvenes que animan a la  profesora para que siga intentando escribir algo que valga la pena leer. Acabo de revisar mi correo y me encontré con este mensaje.

No es un mensaje cualquiera, no son las letras dulces de un joven tembloroso, un niño que me conoce, me persigue, me desea, me teme o me odia porque no sabe exactamente qué sentimientos desencadenan en él -en su cuerpo o en su alma- mis  composiciones y confunde a la persona que escribe con la persona que camina por ahí con sonrisa resplandeciente y voz de ángel recién caído del cielo.

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No, nada de eso, se trata de un joven admirable, una de las personas  encantadoras que conocí en la miseria llamada Twitter y que mientras estaba allá  no dejaba de preguntarme por qué tenía tan pocos seguidores y por qué se empeñaba en ocultar su talento, en no llamar la atención con sus dotes. En medio de la podredumbre también están las almas puras.

Con ustedes, las palabras de mi corresponsal:

Hola Ensayista, o profe, no sé; estoy en vacaciones de la U y pensando de todo un poco hacía un balance de lo que he hecho en lo que llevamos de este año, y dentro de ese balance encontré que me he desencantado de las redes sociales en una medida enorme. Sin embargo, a pesar del desdén creciente que me despierta la idea de interactuar digitalmente, no niego que hubo cosas interesantes que conocí en la red, y una de esas es el blog de Ensayista. A pesar de que nunca digo nada al respecto, ahí se mantiene uno de cuando en cuando ojeando y leyendo las últimas ocurrencias de la profe, y considero un poco solapado leer allá escondido detrás de la pantalla sin darle ningún mérito a la persona que constantemente está creando con las palabras aquellos párrafos que me sacan del tedio y de la rutina. Escribes cosas contundentes y es ameno leerte aún cuando hacerlo signifique verse uno mismo cuestionado en sus opiniones. Has ido ralentizando la frecuencia de tus publicaciones, pero aún las pocas que vas haciendo me gustan y entretienen. Escribes muy ameno y muy rico, sólo era para eso. Un gusto molestarte.