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¿Quién es esa chica?

31 Ene

El siguiente texto se compone de siete historias y son historias de terror, no están relacionadas con la vida sino con la realidad mental que los personajes crean en la mente a través de sus experiencias virtuales. Hay historias de locura disfrazadas de cordura y hay historias de cordura disfrazadas de locura. Aquí los cuerdos son los locos y los locos son los cuerdos. Quien narra es un observador mudo que conoce a cuerdos y a locos por igual, una especie de Dios Todopoderoso que puede leer la mente de los protagonistas porque aquí los cuerpos carecen de importancia.

El personaje central de todas las historia es Elsy Rosas Crespo, mejor conocida como Ensayista, la ensayista, ella, esa señora, ensajackson, la loca de los ensayos, ensayante, la mal llamada Rosa, Elvis Crespo, Rosa Elvira Cely y veinte o treinta variaciones a partir del nombre más sonoro que haya existido jamás para crear un personaje virtual, un nombre perfecto para ser desplegado como no lo ha sido jamás ninguno en obras literarias del pasado ni del futuro.

Comencemos por el principio:

¿Quién o qué es Ensayista?

¿Es un hombre?

¿Es una mujer?

¿Es un grupo de personas que se dividen el trabajo y por eso es tan prolífica y diversa?

¿Es un loco que se comunica con el mundo desde su centro de reclusión?

Algunos dicen que Ensayista no existe.

Otros dudan de la existencia de  Elsy Rosas Crespo.

Ella o él, o ellos, remiten siempre al lector interesado en develar  el misterio de tan emblemático personaje a Google. Se puede leer en Twitter y en su blog como única carta de presentación la siguiente biografía: “Es más fácil si buscas mi nombre en Google”.

Pero uno va y busca su nombre en Google, Elsy Rosas Crespo o Ensayista, y siempre se estrella con un bloque de concreto porque se pierde en la cantidad de información que circula. Su admirador o su detractor puede pasar meses navegando y al final quedará con la sensación de que no sabe nada de ella. A partir de este momento vamos a pensar en nuestro personaje como ella.

Necesito un editor que quiera trabajar conmigo por una causa noble: los lectores de la biblioteca Luis Angel Arango

29 Nov

Un día por bromear busqué mi nombre en el catálogo de la biblioteca Luis Angel Arango y encontré dos registros. Quería pedir esos documentos para préstamo externo con la intención de saber qué trato le dan los lectores a esos textos, el nivel de deterioro de las páginas y los comentarios anotados al margen. Me encontré con una agradable sorpresa: estaban prestados. Llevo más de un año tratando de verlos y siempre están prestados. 

¿Cuáles son esos textos tan deseados por los lectores de la bloguera más famosa y leída de Colombia?:

La monografía que escribí para graduarme en la Universidad Nacional de Colombia y la monografía que escribí para graduarme en el Instituto Caro y Cuervo. ¿Cómo llegaron esos trabajos a la biblioteca? No sé. Fueron requerimientos académicos para ser Profesional en Estudios Literarios y Magíster en Literatura Hispanoamericana. El primero es sobre Luvina, un cuento de Juan Rulfo, y el segundo es sobre Fernando Vallejo y Ricardo Cano Gaviria. Ninguno de esos trabajos fue escrito por placer, los escribí como requisito para graduarme. Yo quería ser autodidacta, mi Universidad será siempre la biblioteca Luis Angel Arango, es allá donde he pasado la mayor parte de mi vida, el sitio con el que he sido más constante y fiel, es una de las grandes ventajas de vivir en Bogotá: ir a esa biblioteca y no a otra cada quince días para pedir tres libros en préstamo externo.

Estudié porque es más fácil vivir la vida con títulos académicos de instituciones prestigiosas pero en ninguno de esos dos trabajos encontrarán la pasión que me caracteriza, el estilo y la erudición de los ensayos que escribí después y  publiqué en revistas de circulación nacional e internacional.

Esos dos trabajos los escribí bajo la supervisión de Fabio Jurado y Hélène Pouliquen, dos pesos pesados en el arte de dirigir trabajos de grado. Ellos y yo hicimos lo posible por escribir algo digno de nuestro jurado, nada pretencioso, nada digno de ser leído en el futuro por admiradores de la autora; cuando los escribí no los imaginaba en el catálogo de la biblioteca Luis Angel Arango, esa es la verdad pura y simple. Lo que imaginaba mientras escribía era el diploma para guardar luego en la bolsa de manila gigante. Ahí están guardados esos dos diplomas y las actas de grado.

La  redacción de las monografías fueron la base para aprender a escribir textos extensos y rigurosos, pero lo más bello, lo mejor, es lo que viene después. Los ensayos están publicados en revistas digitales, revistas chilenas, mexicanas, españolas… lo demás está todo en el blog que empecé a usar como medio de expresión desde 2007. A partir de ese año no volví a publicar en otro medio que no fuera ese, es una apuesta arriesgada pero ha valido la pena. Más de 1000 visitas diarias no son poca cosa, es imposible que mil personas pasen los ojos diariamente por el mismo libro. Esa es una de las grandes ventajas de publicar sólo en internet.

Me gusta publicar sólo en el blog y compartir lo escrito en Facebook y en Twitter, pero me siento culpable con los lectores de libros, que son los lectores más apasionados. Parece que los lectores fieles de la biblioteca Luis Angel Arango piden a gritos leer un libro mío y al no encontrarlo se conforman con un tonto trabajo de grado, eso es triste y conmovedor. No es justo con ellos.

Si usted es editor y quisiera publicar una selección de ensayos, poemas, pastiches, parodias, o un poco de todo eso, espero su propuesta. Pensemos en los lectores, sólo en los lectores. Por ellos me animo a exponerme al público, a ferearme en la vitrina de cualquier librería al lado  de los autores mediocres que abundan hoy más que en cualquier otro momento de la historia. Los lectores de libros merecen subrayar los textos, mirar el índice, ilusionarse con los títulos. Yo todavía lee más libros que textos en versión digital, todavía voy cada quince días a la biblioteca con la ilusión de perderme en las páginas de un libro.

Si le interesa complacer a ese público ávido no dude en escribirme a esta cuenta de correo: elsyrosas@gmail.com. No lo haga por mí, hágalo por ellos (y de paso se puede ganar una buena plata). Sospecho que mi nombre es vendible.

 

Yo por yo al estilo nuevo periodismo colombiano

12 Oct

Cuando una fórmula literaria funciona y quien la desarrolla gana un premio esta formula se repite de forma incesante mientras aparece otra fórmula digna de ser imitada y premiada. Imitan a Fernando Vallejo, imitan a Alberto Salcedo Ramos. Fernando Vallejo es imposible de imitar, quien lo intente se expone al ridículo;  Alberto Salcedo Ramos, en cambio, nació para ser imitado. Su “arte” parece tan fresco, tan original, tan artístico. En las universidades lo llaman Maestro y él juega a serlo, representa muy bien la pose de humilde, detallista, profundo, diestro en el contenido y en la forma… Y millones de imbéciles en Colombia están concentrados en la crónica periodística al mejor estilo de revistas tipo SoHo y El Malpensante porque decidieron seguir los pasos del Bienaventurado.

Desde el más burdo periódico virtual hasta la más encumbrada revista de farándula contratan periodistas formados en la Escuela del Maestro Alberto Salcedo Ramos  para que deconstruyan a sus invitados en sendos perfiles biográficos que dejan siempre muy bien parado al observador, cuidadoso de los detalles -psicólogo, sociólogo y antropólogo intuitivo- y al protagonista de la historia, que casi siempre termina representado como un semidios. Los dos quedan satisfechos con el producto final y el lector queda con la sensación de que se hizo más culto leyendo un texto profundo, artístico, sincero y bien estructurado. En estos perfiles la imagen fresca del protagonista de la historia a través de la fotografía  se constituye en un detalle fundamental.

Voy a intentar deconstruirme a través de una crónica enmarcada en el nuevo periodismo colombiano. Espero que queden fascinados con la observadora y con el objeto de observación:

Estoy en calle 72 con 15, miro los libros de la Panamericana mientras espero a Elsy, a ella no le gustan las citas en una esquina cualquiera sino en espacios cerrados. La he obligado a que nos veamos aquí porque le voy a demostrar que en esta ocasión seré yo quien domine la situación. Es un sector congestionado de Bogotá. La gente camina desesperada. Las mujeres se miran el culo en los vidrios de las vitrinas mientras pasan apresuradas y los hombres las miran mirarse preguntándose por qué se miran tanto ese lugar específico del cuerpo si a los hombres les gusta mirar más tetas que culos, en fin. Son las 3:59, Elsy está a punto de llegar, tiene fama de ser puntual, consulté a tres miembros de su familia, a tres estudiantes y a tres amigos cercanos y los tres coincidieron en que ella es muy puntual.

Han pasado más de cuarenta y cinco minutos y nada que aparece, me estoy empezando a poner nerviosa. Recibo un mensaje de texto en el que me dice que mejor nos veamos a las cinco en el Oma de la Avenida Chile, esto se me está empezando a salir de las manos. Camino resignada hacia el oriente, veo los cerros imponentes de esta imponente ciudad (cabe recordar que todos los provincianos estamos obligados a decir que los cerros de Bogotá nos parecen imponentes y que nos  instalamos aquí porque no podemos vivir sin esos cerros).

Llego entre nerviosa y confundida y ella está ahí, con su mirada de pocos amigos:

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Me dice con voz de ultratumba que no tiene mucho tiempo para conversar conmigo, que odia las entrevistas,  nunca ha concedido una y no entiende por qué se ha prestado para esta payasada que le recuerda a Virginia Mayer jugando a la periodista zalamera y aduladora con Catalina Ruiz-Navarro y con Margarita Rosa de Francisco.

Esta presentación me deja un poco confundida, no sé por dónde empezar.  Le pregunto para romper el hielo qué piensa  de la imagen que se ha ido creando la gente de @ensayista y ella cambia el rostro de pálido a más pálido de la ira que le ha provocado mi pregunta -es obvio que le parezco repugnante- y me responde con una mirada todavía más hiriente que la de la imagen que les he compartido.  No va a ser fácil abordar a este personaje, creo que le voy a dar un giro a la entrevista.

Son las 5:15 y no hemos avanzado mucho, no he sido capaz de ofrecerle un café y ella tampoco está dispuesta a proponer que compartamos alguna bebida, tengo la garganta seca, quisiera entretenerme con un vaso entre las manos, debo confesar que estoy bastante nerviosa.

Intento hacer una pregunta más afortunada: ¿por qué es más fácil si buscan tu nombre en Google? Ella sonríe un poco, es un ser repugnante, es obvio que le gusta jugar con la gente y que no me va a dar más información de ella de la que puedo encontrar si busco su nombre en Google, no sé si odiarla o pedirle que me dé un beso ¿ya les dije que soy bisexual y que me gustan las tetas grandes?

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No puedo sacarme esta imagen de la mente, es una de las fotografías más extrañas de Elsy, ella me confiesa que todas las fotos que circulan en internet han sido tomadas por ella misma o por Andrés, que es como la monja sin cabeza: si alguien intenta tomarle una foto el fotógrafo desaparece y la cámara también, es un verdadero misterio. Tendré que llamar al fotógrafo de Kien y Ke para decirle que no venga, que ella no se va a dejar tomar una sola fotografía por más que sea con una cámara profesional.

Son las 5:30 y no hemos avanzado mucho.  Le pregunto qué piensa del amor, las mujeres y la muerte, sé que a ella le parecerá graciosa esa pregunta puesto que es experta en Schopenhauer. Se relaja un poco y me pide que cambie la pregunta porque no se siente cómoda hablando de temas serios y eruditos si no es en un salón de clase o con una persona digna de ser oída por ella y que definitivamente yo, como interlocutora suya, le parezco un verdadero desastre. Siente pena porque la experiencia no está saliendo bien pero es incapaz de fingir como fingiría cualquier entrevistado en cualquier revista del mundo,  el solo hecho de pensar que está pasando por esta situación la hace temblar de ira y se siente ridícula. Todos sabemos que llegará a su casa a llorar y a vomitar recordando los cuarenta y cinco minutos que pasó conmigo en esta desafortunada experiencia.

Le muestro estas  tres imágenes suyas y le pido que me explique qué espera de nosotros cuando las veamos:

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Ella dice que mi pregunta no es inteligente pero responde: “Me apasiona la idea de que la gente se divierta a costa de estas imágenes, que fantasee con la idea de que tiene un pedacito de mí porque conserva un archivo llamado “imágenes de Ensayista”, porque se siente superior a otros ante semejante hallazgo. Es algo simple y tonto, pero a la gente  sin vida propia le fascina vivir ese tipo de experiencias. La gente que me conoce ríe fascinada porque la persona que ven en la imagen no tiene nada que ver con la imagen que tienen de mí cara a cara. Lo que más me divierte de la escritura es imaginar la cara del lector, lo que puede llegar a pensar o interpretar cuando lee lo que escribo; también fantaseo con esa misma cara cuando buscan imágenes mías en Google, es un placer inocente pero muy vital”.