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La sensación de estrés depende de la situación social

17 May

En qué medida la situación de estrés depende de la situación social lo vemos corroborado por el comportamiento de los babuinos. Como observó en la sabana de Serengueti el estudioso del estrés Robert Sapolski, los babuinos machos situados en la punta de la jerarquía prescriben a los demás cuándo deben beber. Si el jefe de la manada se acerca al pozo de agua, los más débiles se apartan. Y aunque los babuinos no carecen de agua ni de alimento, los de rango inferior sienten por este hecho una enorme presión. Cuanto más padecen el capricho del jefe, más hormonas del estrés circulan por su sangre y más frecuente enferman o incluso mueren.

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El gen egoísta

4 Feb

Otro aspecto curioso de la teoría de la evolución es que todo el mundo cree que la comprende.

Un hombre encuentra el balbucear y el hacer pucheros atractivos en una mujer adulta.

Diversos insectos y arañas también presentan dicho fenómeno de alimentación a la hembra durante el periodo del galante.

Una de las propiedades más sorprendentes de la máquina de supervivencia es su aparente determinación.

Un macho viril no sólo debe tener la apariencia de ser un macho con buenas cualidades: realmente debe serlo, de otra forma no será aceptado como tal por las hembras escépticas.

Una de las cualidades más deseables que un macho puede tener ante los ojos de una hembra, es, simplemente, atractivo sexual.

Trato a la madre como a una máquina programada para que haga todo lo que está en su poder para propagar copias de los genes que porta en su interior.

La suerte, buena o mala, golpea al azar, y un gen que permanentemente se encuentra en e lado de los perdedores no es que sea desafortunado: es un mal gen.

Un gen es definido como una porción de material cromosómico que, potencialmente, permanece durante suficientes generaciones para servir como una unidad de selección natural.

Aun en especies monógamas aparentemente fieles, una hembra puede estar unida al territorio de un macho más que a él personalmente.

A menudo es posible representar a los machos como jugadores de altas apuestas que afrontan un elevado riesgo, y a las hembras como inversoras seguras.

Un compromiso de larga duración puede también beneficiar al macho en las situaciones en que existe el peligro de ser engañado para que cuide a los hijos de otro macho.

Los rituales de galanteo incluyen, a menudo, una considerable inversión previa a la copulación por parte del macho. La hembra puede negarse a copular hasta que el macho le haya construido un nido.

Podemos considerar a los animales como jugadores. La mejor estrategia para un jugador puede, en ocasiones, ser una estrategia de aguardar y esperar, más que una estrategia similar a la de un toro frente a un portón.

En una sociedad con un alto índice de infidelidad conyugal, los tíos maternos debieran ser más altruistas que los “padres” ya que ellos tienen más base de confianza en su parentesco con las criaturas.

De igual forma que el programador de ajedrez, los genes deben “dar las instrucciones” a sus máquinas de supervivencia no de manera especificada sino en términos de estrategias generales y trucos válidos para el oficio de vivir.

Es ciertamente un error condenar al pobre Homo Sapiens como perteneciente a la única especie que mata a sus propios congéneres, como el único heredero de la marca de Caín, y otros cargos similares melodramáticos.

Una de tus unidades genéticas puede también existir en un primo tuyo de segundo grado. Puede existir en mí, en el Primer Ministro o en tu perro, ya que todos compartimos nuestros antepasados si retrocedemos en el tiempo lo suficiente.

Si en una población hay hembras que no tienen compañero y que se encuentran listas para dar la bienvenida a aquellos machos que han abandonado a sus esposas, compensará a un macho abandonar a su esposa, no importa cuánto haya invertido ya en sus hijos.

Las especies con las cuales nos encontramos más familiarizados –los mamíferos y las aves- tienden a ser grandes cuidadores. La decisión de parir un nuevo hijo es seguida, normalmente, por la decisión de cuidarlo. Debido a que la gestación y el cuidado van, tan a menudo, juntos en la práctica, la gente ha confundido ambos términos.

Aún cuando la relación entre padres e hijos no es más próxima, genéticamente que la relación entre hermano y hermana, su certeza es mayor. Normalmente es más posible estar seguro de quiénes son nuestros hijos que de quiénes son nuestros hermanos. Y aún se puede estar más seguro de saber quién es uno mismo.

La decadencia senil es simplemente subproducto de la acumulación, en el acervo génico, de genes letales que actúan a una edad tardía y semiletales, a los que se les ha permitido que se deslicen a través de la red de la selección natural simplemente porque actúan a una edad tardía.

Las características adquiridas no son hereditarias. No importa cuántos conocimientos y cuánta sabiduría se adquiera durante una vida, nada pasará a los hijos por medios genéticos. Cada nueva generación empieza desde el principio. Un cuerpo es el medio empleado por los genes para preservar los genes inalterados.

Un macho que espera a una hembra esquiva para que al fin copule con él, está pagando un costo: está renunciando a la oportunidad de copular con otras hembras y está gastando bastante tiempo y energía en cortejarla. Cuando, por fin, se le permite copular con dicha hembra determinada, se verá, inevitablemente “comprometido” con ella. Tendrá pocas tentaciones de dejarla, si sabe que cualquier hembra que escoja en el futuro obrará con dilación, de igual forma que la anterior, antes de consentir.

Los individuos no son elementos estables, son efímeros. Así, también, los cromosomas se entremezclan hasta quedar relegados al olvido, al igual que una partida de naipes después de ser barajadas las cartas. Pero las cartas mismas sobreviven a la barajada. Las cartas, en este caso, representan los genes. Los genes no son destruidos por el cruzamiento, se limitan a cambiar de compañeros y seguir adelante. Por supuesto que siguen adelante. Ese es su negocio. Ellos son los replicadores y nosotros somos sus máquinas de supervivencia. Cuando hemos servido nuestro propósito somos descartados. Pero los genes son los habitantes del tiempo geológico: los genes permanecerán siempre.

La versión más simple de la estrategia de la felicidad conyugal es la siguiente: la hembra examina a los machos y trata de descubrir signos de fidelidad y de domesticidad por adelantado. Tiende a haber variaciones en la población de machos en cuanto a su predisposición a ser maridos fieles. Si las hembras pudieran detectar tales cualidades de antemano, se podrían beneficiar escogiendo a aquellos machos que poseyeran tales características. Una de las maneras que tiene la hembra de de probar al macho es no ceder a los requerimientos de éste durante un largo periodo, ser esquiva. Cualquier macho que no tenga bastante paciencia para esperar hasta que la hembra, al fin, consienta en copular, no tiene muchas posibilidades de resultar una buena apuesta en lo referente a que sea un marido fiel. Al insistir en prolongado periodo de compromiso, una hembra elimina a los aspirantes informales y finalmente sólo copula con un macho que ha demostrado de antemano sus cualidades de fidelidad y perseverancia.

La anticoncepción es, en ocasiones, atacada como algo “artificial”, “desnaturalizado”. En efecto, es muy inhumana. El problema radica en que también lo es el Estado benefactor. Pienso que muchos de nosotros creemos que un Estado benefactor es altamente deseable. Pero no puede tenerse un Estado benefactor artificial y desnaturalizado a menos que también se cuente con un control de natalidad igualmente desnaturalizado, de otra forma el resultado final será una calamidad aún mayor que la que se alcanza en la naturaleza. El estado benefactor es, quizá, el sistema más altruista que el reino animal jamá ha conocido. Pero cualquier sistema altruista es, inherentemente, inestable, ya que está sujeto al abuso por parte de sujetos egoístas, dispuestos a explotarlo. Los individuos humanos que tienen más hijos que los que son capaces de criar son probablemente demasiado ignorantes en la mayoría de los casos para ser acusados de una explotación malévola consciente. Las instituciones poderosas y los líderes que deliberadamente los estimulan a actuar así, me parecen menos libres de sospecha.

Richard Dawkins. Barcelona: Salvat. 1985. 303 páginas

Neofilia y neofobia

4 Feb

En todo comportamiento exploratorio, sea artístico o científico, se desarrolla el eterno combate entre los impulsos neofílico y neofóbico. El primero nos empuja a nuevas experiencias; nos hace buscar afanosamente la novedad. El segundo nos retiene, hace que nos refugiemos en lo conocido. Nos hallamos constantemente en un estado de equilibrio inestable entre las atracciones opuestas del nuevo estímulo excitante y del antiguo y familiar. Si perdemos nuestra neofilia, nos quedaremos estancadoss. Si perdemos nuestra neofobia, correremos hacia el desastre. Este estado de conflicto explica no sólo las más visibles fluctuaciones de las modas y caprichos, del tocado y del vestido, de los muebles y los coches, sino que constituye también la misma base de nuestro progreso cultural. Exploramos y nos atrincheramos; investigamos y nos estabilizamos. Paso a paso, aumentamos el conocimiento y la comprensión, tanto de nosotros mismos como del complejo medio en que vivimos.

Desmond Morris, en El mono desnudo

 

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La mansa paloma

4 Feb

Un animal que se muestre perfectamente altruista, que siempre le ceda el turno a sus compañeros, que no acapare recursos vitales cuando se presenta la oportunidad, que no responda con violencia a las agresiones o las injusticias, que no se muestre vengativo, que no se interese en el sexo, que no descanse de trabajar en bien de sus parientes o que no se alimente en abundancia cuando las circunstancias lo propicien, ese animal no dejará descendientes, o dejará muy pocos en relación con sus compañeros de grupo. En cambio, los lujuriosos, los egoístas, los altruistas con sus parientes próximos, los ventajosos, los agresivos, los maquiavélicos, los codiciosos y los avaros tenderán a dejar más descendientes y en consecuencia, esas “virtudes” – “pecados” desde la perspectiva humana- serán elegidos por la selección natural para incorporarlos en la dotación biológica de cada especie. Y el hombre no es ninguna excepción.

Imagenz, en Homo Sapiens. Bogotá: Villegas Editores. 2007: 29.