Tag Archives: cerebro

Entrevista a Rodolfo Llinás sobre el cerebro, Dios y el amor

5 Feb

El científico colombiano asegura que hoy ve a los colombianos con más ganas de sobrevivir.

Cada vez que visita el país, a Rodolfo Llinás se lo ve rodeado de una pequeña tempestad de gente que lo reconoce como uno de sus más grandes investigadores.

De ese séquito que no le da un respiro hacen parte estudiantes, artistas, políticos, admiradores, funcionarios y, sí, uno que otro lagarto que se muere por una foto con él. Y Llinás responde en su tono acachacado con frases amables en las que, curiosamente, siempre falta algo: el nombre de las personas.

“Es que sufro de anomia”, confiesa en tono confidencial uno de los neurocientíficos más reconocidos del mundo, hoy a cargo de la jefatura de ciencias de la Universidad de Nueva York.

“Reconozco a las personas, su vida y milagros, por sus caras, pero nunca me acuerdo de los nombres”, dice. Y para dejar bien claro el alcance de su condición, cuenta que hace ya casi 50 años, en Australia, tuvo que preguntarle a su novia cómo se llamaba para poder presentársela a uno de sus maestros.

Volvió a Bogotá para asistir a la inauguración de la sala ‘Movimiento: la energía del pensamiento’, en Maloka. Con un reconocible sentimiento positivo Llinás asegura que “hoy veo a los colombianos con más ganas de sobrevivir”.

¿Los humanos tenemos el mismo cerebro o hay diferencias entre razas, entre hombre y mujer, entre ricos y pobres…?

La similitud de los cerebros es como la de la nariz: todas las personas la tienen, pero no hay dos iguales. El cerebro es el mismo para todos, pero se diferencia en la organización de los circuitos, que se da al azar; aquí la variabilidad es infinita. Hay personas con mayor capacidad para ver los colores, para interpretar música o para ser parlanchinas… Y eso depende de las propiedades intrínsecas de las neuronas, no del color de la piel o del tamaño del bolsillo.

¿Qué nos hace distintos entonces?

Una neurona es como una maraca que suena por su lado, y nunca deja de sonar. Frente a un estímulo externo, o de manera automática, todas las neuronas entran en un estado de ‘maraquismo’ y suenan a la par, después vuelve cada una a lo suyo… Esa capacidad para cambiar sus ritmos es distinta. Eso nos hace diferentes, pero la gente tiende a exagerar esas diferencias.

¿Para qué las exageramos?

Para sentir que los Rodríguez, son distintos a lo Pérez. Ese tiene las uñas largas y yo las tengo redondas. Eso es importantísimo en los humanos para la supervivencia, porque hay mayor variedad y eso garantiza mayores posibilidades de evolucionar.

¿Qué es la conciencia y donde está?

Es un estado funcional del cerebro, que está en continuo movimiento y donde los valores y las implicaciones de lo que se está pensando forman parte de las mismas cosas. Yo veo una línea azul y puedo decir al mismo tiempo “qué color tan feo”. Por supuesto que esto no tiene un lugar específico en el cerebro, está disperso en él.

¿Qué son cerebralmente los valores?

Son patrones de acción fijos que nos impulsan a actuar por un proceso de negociación que se hace desde que se nace. Le pegaron a él y a mí no. Él debe ser culpable…

¿En qué parte del cerebro se elaboran el amor y las emociones?

El cerebro emocional es muy viejo. Es el cerebro truhán, el de los reptiles, donde no existen más que patrones de acción fijos; por eso ellos se acercan o se van si quieren comida; atacan si quieren defenderse, y tienen sexo si quieren reproducirse. Así mismo es el amor…

Si es tan simple, ¿entonces por qué se le da tanta importancia?

Porque el sexo, que es vital para la reproducción, está involucrado. En el afán de controlarlo, por razones sociales, se ha modulado ese patrón cerebral de acción fijo al punto de convertirlo en algo vital para todos.

En definitiva, ¿qué es el amor?

Es un estado funcional, como una golosina, y los enamorados son golosos (“que me ame, que me ame”). Eso hace que se sienta rico y que se activen los sistemas de gratificación. Por eso gusta. Claro, eso es indistinto de lo que se ame o a quién se ame. Amar la plata o a alguien del mismo sexo es, funcionalmente, la misma vaina. Eso sí, nunca es demasiado, nadie se muere por exceso de amor. No es como la epilepsia.

¿Y el odio y la envidia?

Son estados funcionales automáticos de los núcleos de la base del cerebro. Como todos los pecados capitales, no son negociables: el señor se enamoró y, como el que se va de rabo, no hay nada que hacer. Ahora, como todos los patrones de acción fijos, se pueden modular con otros. Por ejemplo, en el caso de la señora que ama a su marido y luego lo odia por infiel, hay un cambio de patrón de acción fijo, que era el amor, por otro, que es el odio… ¡Simple!

¿Y el amor a primera vista?

Funciona como en el cerebro de los pájaros: el patrón de acción fijo estaba activado, disponible y listo cuando apareció la persona que le gustó, y listo.

¿Y el amor eterno?

Ese es de inteligentes que estructuran y modulan los patrones de acción fijos sobre la base de ver al otro como la mano de uno. Cuidarla es mi responsabilidad y viceversa. Saber que no habrá puñalada trapera es la norma. ¡Nunca, primero me matan tres veces! Esa es la clave neuronal del amor eterno, la que mantiene el estado funcional activo y bloquea cualquier cosa que le sea contraria. Es una calidad de estado mental. Si se entiende no hay otra posibilidad que amar al otro; en cambio, querer acostarse con otro y pasarla rico no es amor. Amor es compromiso y cerebralmente está en el cerebro truhán. Uno no se enamora de una mujer porque tiene unas tetas buenísimas, uno se enamora de su cerebro, porque con él se interactúa y se avanza, con las tetas no. Amar es cerebralmente un baile y hay que bailar con el que pueda danzar con el cerebro de uno. Amar es bailar, no hacer gimnasia. Encontrar eso es muy difícil; hallarlo es un tesoro.

¿Cerebralmente qué es Dios?

Es un invento del hombre. Y como todos los inventos humanos, se parece a él. Dios tiene dos razones de ser: a los inteligentes les sirve para gobernar a los demás y a los menos inteligentes para pedirle favores. A todos para explicar lo que no entendemos de la naturaleza. Es una lógica de un primitivismo náuseo.

¿Qué es la inteligencia?

Cerebralmente es la capacidad de abstraer para simplificar y actuar sobre esa simplificación. Cerebralmente está entre un oído y el otro, es decir en todas partes… Y claro, existen diferentes tipos de inteligencia.

¿Qué es un tipo malo, neuronalmente?

Esa no es una condición cerebral, es una condición social. Los ladrones y asesinos son sociales: ¿Por qué roba? “Por mis hijos, los ladrones son ustedes, porque me quitan y luego me castigan por querer recuperarlo”.

¿El subdesarrollo es un patrón cerebral?

El país puede estar subdesarrollado, pero yo no. Eso no es contagioso. Ah, no hay cerebros subdesarrollados.

Se dice que solo usamos el 10 por ciento del cerebro…

Esa es una forma estúpida de pensar. Lo usamos todo y nunca se detiene. El cerebro actúa todo siempre; lo que sí sucede es que unas funciones se inactivan para que otras puedan marchar. Eso es necesario.

¿Las nuevas generaciones serán más inteligentes?

No hablen caca…

¿Cómo define a una persona inteligente?

La que es capaz de poner en contexto el mundo externo.

¿Se puede ejercitar el cerebro?

Sí, la labor intelectual genera más labor intelectual…

¿Quién es genio?

Aquél al que no le cuesta trabajo.

¿Y nace o se hace?

Nace con patrones cerebrales específicos: por ejemplo, el que es buen matemático, no es bueno bailando; el que es bueno pintando, se puede enredar haciendo una cuenta.

¿Por qué los científicos no son políticos?

Porque la política es un arte, no una ciencia.

¿Cree que este país debe seguir siendo manejado por esos artistas?

Desgraciadamente no hay más remedio.

¿Tenemos buenos artistas de la política?

No son artistas de la política pura. La mayoría son fracasados de otras disciplinas.

¿Por qué usted pudo y otros no?

Por suerte. Sea lo que sea, no me hice a mí mismo. Si en el momento en que uno nace las narices grandes son favorables, y uno viene con ellas, ¡de buenas! El valor que uno tiene es el problema de los demás, uno no se juzga, lo juzgan los demás.

¿Cómo se sentiría si mañana encuentra la cura de una enfermedad?

¡Colombianísimo!

Usted es un referente, de los pocos para el país. ¿Qué le significa eso?

Una cantidad de entrevistas como ésta, la cosa más jodida…

CARLOS F. FERNÁNDEZ
ASESOR MÉDICO DE EL TIEMPO

http://www.eltiempo.com/vida-de-hoy/salud/doctor-llinas-que-son-el-cerebro-dios-y-el-amor_8929060-4

El lenguaje del pensamiento

5 Feb

Las oraciones de la lengua hablada, como el inglés o el japonés, están destinadas a la comunicación verbal entre seres sociales impacientes e inteligentes. Logran la brevedad al omitir toda información que el receptor es capaz de completar mentalmente deduciéndola del contexto. En cambio el “lenguaje del pensamiento” en que se expresa el conocimiento no puede dejar nada a la imaginación, ante y sobre todo, porque él es la imaginación.

Steven Pinker en ¿Cómo funciona la mente?

Mi Credo

5 Feb

Creo que Dios está en el cerebro

Creo que no hay alma ni mente ni yo, son ilusiones creadas por el cerebro para que no nos matemos

No creo en la Iglesia

No Creo en los Sacerdotes

No creo en la Confesión

No creo en la Comunión

No creo en la vida eterna

No creo en la reencarnación

Creo que la oración divierte al cerebro

Creo que el sueño divierte al cerebro

Creo que Twitter divierte al cerebro

Creo que el sexo divierte al cerebro

Creo que los juegos de azar divierten al cerebro

Creo que me gusta divertir a mi cerebro

No creo en el poder de la mente

No creo en el Destino

Creo en el azar, que es la misma buena suerte.

Creo que tengo buena suerte

No creo en la Astrología

Creo en la Urinoterapia como consuelo

Creo en la Hidroterapia como consuelo

No creo en el vegetarianismo

No creo en la risoterapia

No creo en la cultura de los abrazos gratis

No creo en la Cienciología

No Creo en la Almas

Creo que la mayor experiencia humana es el Amor:

A Dios como un amigo imaginario

A sí mismo como la gran creación propia

A un hombre que ama a una mujer

A la madre por haberme dado la vida

A los hermanos porque son los amigos mejor conocidos

A los sobrinos porque me evitaron la crueldad de dar vida, aburrimiento y sufrimiento

A los animales porque son más hermosos que la gente

A los niños en general porque son divertidos

Al conocimiento en general

Al arte

Creo que la vida es una gran oportunidad para dedicarse a comer, dormir y descansar.

Imagen

La idea de Dios de Albert Einstein

5 Feb

Mi idea de Dios consta de un gran sentimiento relacionado con la convicción de que hay una razón expresándose en la Naturaleza. Según el modo como se exprese, podría llamársele “fantástica”.

Dios es complicado, pero no es malo. Me basta con aceptar que la vida eterna es un misterio, con estar consciente e intuir la arquitectura magnífica del mundo existente y tender a comprender la parte más pequeña de la religión que se evidencia por medio de la Naturaleza.

Todo trabajo científico tiene en sus cimientos una parte delicada, el convencimiento de que la razón es base para el mundo y sólo por ella puede comprendérselo. Esa convicción se vincula con el sentido más profundo de la existencia de una mente superior que encuentra su expresión en el campo de la experiencia. Yo lo llamo la idea de Dios, pero corrientemente se denomina panteísmo.

Me maravilla pensar en la fe profunda que Newton y Kepler tuvieron en la racionalidad estructural del mundo y qué deseo inmenso de conocer aunque más no sea un atisbo de razón mostrada del mundo.

Hay en la Naturaleza una gran armonía interior. Es una característica tan fantástica que quizás, a partir de hechos aparentemente desconocidos, se pueda llegar a descubrir fenómenos que jamás se observaron antes; todo con la certeza de que se puede esperar sin miedo y sin curiosidad en el momento de enfrentar la experiencia.

Computación natural

4 Feb

Para referirnos al estudio de la mente inspirado por los ordenadores sería más adecuado hablar de Computación Natural y no de Inteligencia Artificial.

La teoría computacional de la mente se ha atrincherado en la neurociencia, es decir, en el estudio de la fisiología del cerebro y el sistema nervioso.

Dos bolas de papel de periódico arrugado nos parecen similares, aunque sus formas sean completamente diferentes; en cambio, los rostros de dos personas nos parecen diferentes, aunque sus formas sean las mismas.

La computación ha conseguido finalmente desmitificar los términos mentalistas. Las creencias son inscripciones de objetivos, el pensamiento es computación, las percepciones son inscripciones activadas de sensores, probar es ejecutar operaciones que se desencadenan en función de un objetivo.

Steven Pinker, en Cómo funciona la mente.

 

Imagen

Es una suerte que los neurobiólogos no sean filósofos

4 Feb

Es una suerte que los neurobiólogos no sean filósofos, pues, de lo contrario, se verían inmersos, al igual que éstos, en una discusión interminable y en el fondo estéril sobre el significado de palabras como “inconsciente”, “inferencia”. “conocimiento” o “información”, en vez de intentar desenmarañar y resolver aspectos y problemas importantes relativos al cerebro. En resumen, su contribución a la comprensión del cerebro y de la mente acabaría siendo tan exigua como la de los filósofos. Este último punto no es trivial, ya que a la larga los problemas de los que se ocuparán los neurobiólogos corticales serán precisamente aquellos que han preocupado a los filósofos de todas las épocas, es decir, los relativos al conocimiento, la experencia, la consciencia y la mente, todos ellos consecuencia de las actividades del cerebro, que, en el fondo sólo se podrán comprender cuando se comprenda debidamente el cerebro.

Semir Zeki, en Una visión del cerebro.

Imagen

El miedo de Albert

4 Feb

Cuando Albert tenía once meses, Watson y Rayner le mostraron una serie de objetos, entre ellos una rata. Ninguno de los objetos asustó a Albert; le gustaba jugar con la rata. Pero cuando de pronto, dieron un martillazo en una barra de hierro, lógicamente, Albert se puso a llorar. Los dos psicólogos se pusieron a martillear la barra cada vez que Albert tocaba la rata. A los pocos días, casi con toda probabilidad, Albert lloraría en cuanto apareciera la rata, una respuesta condicionada de miedo. Y también le asustaban un conejo blanco y un abrigo de piel de foca, aparentemente había traspasado su miedo a cualquier cosa blanca con pelo. Con sus sarcasmo característico, Watson anuncío la moraleja del cuento:

Dentro de veinte años, los freudianos, a menos que cambien de hipótesis, cuando analicen el miedo de Albert a los abrigos de piel de foca -suponiendo que vaya a psicoanalizarse a esa edad- desentrañarán un sueño por el cual su análisis mostrará que a los tres años Albert intentó jugar con el vello púbico de su madre y lo regañaron violentamente por ello.

Matt Ridley, en Qué nos hace humanos. Bogotá: Taurus. 2005: 210-211.

 

Imagen