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La idea de Dios de Albert Einstein

5 Feb

Mi idea de Dios consta de un gran sentimiento relacionado con la convicción de que hay una razón expresándose en la Naturaleza. Según el modo como se exprese, podría llamársele “fantástica”.

Dios es complicado, pero no es malo. Me basta con aceptar que la vida eterna es un misterio, con estar consciente e intuir la arquitectura magnífica del mundo existente y tender a comprender la parte más pequeña de la religión que se evidencia por medio de la Naturaleza.

Todo trabajo científico tiene en sus cimientos una parte delicada, el convencimiento de que la razón es base para el mundo y sólo por ella puede comprendérselo. Esa convicción se vincula con el sentido más profundo de la existencia de una mente superior que encuentra su expresión en el campo de la experiencia. Yo lo llamo la idea de Dios, pero corrientemente se denomina panteísmo.

Me maravilla pensar en la fe profunda que Newton y Kepler tuvieron en la racionalidad estructural del mundo y qué deseo inmenso de conocer aunque más no sea un atisbo de razón mostrada del mundo.

Hay en la Naturaleza una gran armonía interior. Es una característica tan fantástica que quizás, a partir de hechos aparentemente desconocidos, se pueda llegar a descubrir fenómenos que jamás se observaron antes; todo con la certeza de que se puede esperar sin miedo y sin curiosidad en el momento de enfrentar la experiencia.

Computación natural

4 Feb

Para referirnos al estudio de la mente inspirado por los ordenadores sería más adecuado hablar de Computación Natural y no de Inteligencia Artificial.

La teoría computacional de la mente se ha atrincherado en la neurociencia, es decir, en el estudio de la fisiología del cerebro y el sistema nervioso.

Dos bolas de papel de periódico arrugado nos parecen similares, aunque sus formas sean completamente diferentes; en cambio, los rostros de dos personas nos parecen diferentes, aunque sus formas sean las mismas.

La computación ha conseguido finalmente desmitificar los términos mentalistas. Las creencias son inscripciones de objetivos, el pensamiento es computación, las percepciones son inscripciones activadas de sensores, probar es ejecutar operaciones que se desencadenan en función de un objetivo.

Steven Pinker, en Cómo funciona la mente.

 

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Es una suerte que los neurobiólogos no sean filósofos

4 Feb

Es una suerte que los neurobiólogos no sean filósofos, pues, de lo contrario, se verían inmersos, al igual que éstos, en una discusión interminable y en el fondo estéril sobre el significado de palabras como “inconsciente”, “inferencia”. “conocimiento” o “información”, en vez de intentar desenmarañar y resolver aspectos y problemas importantes relativos al cerebro. En resumen, su contribución a la comprensión del cerebro y de la mente acabaría siendo tan exigua como la de los filósofos. Este último punto no es trivial, ya que a la larga los problemas de los que se ocuparán los neurobiólogos corticales serán precisamente aquellos que han preocupado a los filósofos de todas las épocas, es decir, los relativos al conocimiento, la experencia, la consciencia y la mente, todos ellos consecuencia de las actividades del cerebro, que, en el fondo sólo se podrán comprender cuando se comprenda debidamente el cerebro.

Semir Zeki, en Una visión del cerebro.

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El miedo de Albert

4 Feb

Cuando Albert tenía once meses, Watson y Rayner le mostraron una serie de objetos, entre ellos una rata. Ninguno de los objetos asustó a Albert; le gustaba jugar con la rata. Pero cuando de pronto, dieron un martillazo en una barra de hierro, lógicamente, Albert se puso a llorar. Los dos psicólogos se pusieron a martillear la barra cada vez que Albert tocaba la rata. A los pocos días, casi con toda probabilidad, Albert lloraría en cuanto apareciera la rata, una respuesta condicionada de miedo. Y también le asustaban un conejo blanco y un abrigo de piel de foca, aparentemente había traspasado su miedo a cualquier cosa blanca con pelo. Con sus sarcasmo característico, Watson anuncío la moraleja del cuento:

Dentro de veinte años, los freudianos, a menos que cambien de hipótesis, cuando analicen el miedo de Albert a los abrigos de piel de foca -suponiendo que vaya a psicoanalizarse a esa edad- desentrañarán un sueño por el cual su análisis mostrará que a los tres años Albert intentó jugar con el vello púbico de su madre y lo regañaron violentamente por ello.

Matt Ridley, en Qué nos hace humanos. Bogotá: Taurus. 2005: 210-211.

 

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El cerebro y el mito del yo

4 Feb

Una neurona es, entre otras cosas una pila eléctrica y, como tal, genera un voltaje.

Somos básicamente máquinas de soñar que construyen modelos virtuales del mundo real.

Lo que hemos dado en llamar pensamiento es la interiorización evolutiva del movimiento.

El movimiento sin objetivo no sólo es un gasto inútil, sino que puede ser muy peligroso.

¿Cómo se efectúa esta interiorización de la motricidad cuando adentro nada se mueve?

El control cerebral del movimiento organizado dio origen a la generación y naturaleza de la mente.

Las plantas no se mueven activamente y no necesitan cerebro: su sobrevivencia no depende de la anticipación.

La gran desventaja de la homogeneidad es que disminuye la variación, la cual es la clave de la supervivencia.

Las emociones representan la plataforma premotora que impulsa o que frena la mayoría de nuestras acciones.

A pesar de que el corazón late por sí mismo, el sistema nervioso también modula la periodicidad de este ritmo intrínseco, como en el caso de estar aterrorizado.

Algunos estudiosos señalan que el hecho de no poder determinar directamente si lo animales tienen sentimientos subjetivos (cualias) implica que no los tienen.

Si el problema de caminar se dejara en manos de las propiedades intrínsecas de nuestros músculos propiamente dichos, no llegaríamos ni a la esquina de la casa.

No parece que los computadores de hoy en día estén listos para tener una mente, pero ello puede deberse más a limitaciones del diseño arquitectónico que a limitaciones teóricas para crear mentes artificiales.

Dada la naturaleza del sistema tálamo-cortical, la entrada sensorial del mundo externo sólo adquiere significado merced a la disposición funcional preexistente del cerebro en un momento dado, es decir, merced a su contexto interno.

La relación entre los estados emocionales y las acciones –y, por supuesto, la motricidad misma- es de suma importancia, pues, bajo circunstancias normales, los estados emocionales son disparadores de la acción y de su contexto interno.

A pesar del saludable respeto que tengo hacia la evolución, he llegado a creer que ésta puede explicarse básicamente como un producto de la Ley Universal de la Pereza. Esta ley ordena la comodidad y la utilidad: la vía de la menor resistencia.

Aunque nos resulte molesto, el hecho es que el “sí mismo” es fundamentalmente tan sólo una estructura funcional útil, generada por parte del sistema nervioso para centralizar y por tanto para coordinar sus propiedades predictivas.

Las cuestiones concernientes a la función de la mente se rigen por las mismas reglas biológicas que resultaron en la evolución del sistema nervioso, a saber, el desarrollo evolutivo por ensayo y error por parte de la selección natural, tanto en células singulares como en el animal como un sistema completo.

Si se coloca un electrodo de estimulación en el haz medial telencefálico de la rata, el centro de placer del cerebro, y se permite al animal activar esta área presionando una palanca conectada eléctricamente, la rata dejará de comer, de dormir y de beber para mantenerse en un estado de perpetua felicidad. Y se mantendrá así hasta morir.

Una vez evolucionadas, las neuronas constituyen la estructura central de todos los cerebros en todas las formas animales: transmiten información, construyen, soportan y memorizan el mundo interno –mundo compuesto de neuronas que simula la realidad externa apropiándose de sus principios operativos, para después volver a introducir en el mundo exterior el producto de la cognición por medio de los movimientos que denominamos conducta.

El cerebro es básicamente cerrado en su naturaleza y operación, escapa completamente al examen directo de los sentidos, no lo vemos ni oímos, no lo sentimos palpitar, no se mueve en ninguna dirección, no siente dolor si lo golpeamos. Más aún, parece muy distante de su asiento corporal como cuando nos compadecemos del dolor ajeno u observamos admirados el universo.

El placer debe tasarse y no inhalarse demasiado profundamente. Idealmente el placer no es un “fin en sí mismo”, sino el medio para un fin. Si llegamos a un tipo de conciencia colectiva, podría ser una conciencia peligrosamente narcisista, una conciencia que precipitara la desintegración de la sociedad, ya de por sí debilitada por el clima ominosamente anti-intelectual en el cual vivimos.

¿Es la ”mente” una propiedad únicamente biológica o es en realidad una propiedad física, que en teoría podría ser soportada por una arquitectura no biológica? En otras palabras, ¿hay alguna duda de que la biología sea diferente de la física? El conocimiento científico acumulado en los últimos 100 años sugiere que la biología, con todo y su sorprendente complejidad, no difiere de los sistemas sujetos a las leyes de la física. Por tanto, sería posible generar la conciencia con base en un organismo físico, que fue lo que ocurrió en nuestro caso, y al cual llamamos “un sistema biológico”.

El cerebro debe reconstruir el mundo externo como una película o un sueño continuo, en permanente discurrir. Para ello debe anticipar o prever constantemente, operando y orientando su foco de manera discontinua, pero integrando todo lo anterior mediante una actividad en saltos, en intervalos discretos de tiempo. En otras palabras, la predicción impulsa la reorganización de foco de manera rápida y evanescente.

Teóricamente se comprende que el sistema nervioso puede diseñar dos tipos generales de estrategia. En la primera dejaría el sistema en completa libertad y en la segunda lo dotaría de un mecanismo intrínseco que reduzca el número de tales elecciones. Por libre entiendo que si una gacela ve llegar a un tigre, puede decidir correr brincando de la manera esperada, o con sólo tres de sus cuatro patas o con dos patas hacia adelante y dos hacia atrás. El problema de una acción completamente libre, con posibilidades infinitas, es que resultaría muy costoso para el sistema. Por ser hipercompleto, necesita un mecanismo eficiente que reduzca sus grados de libertad, ya que sus elecciones son verdaderamente críticas. No sólo sería ineficiente, sino potencialmente letal pasar demasiado tiempo deliberando cómo escapar del tigre. Un sistema que implemente inadecuadamente la fuga, como sería, por ejemplo, intentar primero movimientos natatorios entando en la tierra, llevaría a la muerte.

El cerebro y el mito del yo. Rodolfo Llinás. Bogotá. Norma. 2002. 360 páginas.

No somos nada

4 Feb

Si según las aproximaciones de los geólogos la Tierra tiene 4.500.000.000 años; si según las aproximaciones de los microbiólogos el paso de la vida unicelular a la pluricelular duró 2.000.000.000 años; si según los cálculos de Darwin el proyecto de Hombre pasó 30 millones de años durmiendo en y cayéndose de las ramas; si según algunos lingüistas se puede hablar de lenguaje articulado apenas hace 40.000 años; si la Iliada fue escrita hace apenas 2.500 años; si la revolución de la escritura lleva apenas 300 años ¿qué termina siendo un pobre ser débil, lleno de sentimientos contradictorios, sufriente, eternamente enamorado, arrogante, presuntuoso, que vive con la idea de que con él empezó el Universo, la Historia, la Vida y la Trascendencia, un pobre ser que no alcanza a vivir 100 años de manera decente?

Las palabras ontogénesis, filogénesis, diacronía y sincronía, leídas en ciertos contextos, hacen sufrir al lector ataques de vértigo.

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Tres citas sobre el cerebro

4 Feb

La realidad es sólo una ilusión, pero una ilusión muy persistente.

Einstein

El cerebro está acostumbrado a asociar la visión del fuego cerca de la piel con la sensación de quemado, o la imagen de un cristal que cae, a un gran ruido. En el experimento los engañamos: la estimulación táctil del cuerpo real se sincroniza con la estimulación visual del cuerpo virtual. El cerebro intenta arreglar la incoherencia y acaba diciéndonos que nuestro cuerpo está allí donde se encuentra la imagen virtual.

Ehrsson

Si la tecnología de la conciencia se desarrolla suficientemente, se podría colocar a una persona en un entorno virtual y engañar a su cerebro hasta el punto de hacerle creer que su auténtica realidad es aquella y que su cuerpo real es el cuerpo que siente en el mundo virtual… la vuelta al mundo real podría ser muy impactante: una experiencia de este tipo conferiría una percepción muy clara de un hecho que normalmente tendemos a ignorar: que el mismo mundo real, la misma sensación que percibimos cada día de tener una identidad y estar en un cuerpo, no es nada más que una creación del cerebro, tan arbitraria y manipulable como la del mundo virtual. Incluso podríamos ser cerebros conservados en formol y nuestra conciencia, el resultado de una sencilla estimulación externa.

Metzinger