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Carta abierta al escritor argentino Francisco Cerón G

24 Mar

Señor Francisco Cerón G:

Supe de su existencia a través de Twitter y estoy asombrada con el escándalo que está armando en Colombia y en el mundo entero gracias al texto extenso que usted publicó bajo un título muy sugestivo:

Elsy Rosas Crespo: ¡La semilla del mal, y la conjura de Alfagura…! (¡Podrían proponerme para el Premio Nobel de Literatura…!)

A partir de una conversación pública que compartí con usted desde mi cuenta de Twitter que no pasó de cinco mensajes usted sacó unas conclusiones descabelladas y antes de confirmarlas decidió enviar sendas cartas al presidente de Colombia, a la ministra de educación, a la canciller, al rector de la universidad central y a todos los medios colombianos. Usted pide una sanción ejemplar para mí porque descubrió -gracias a esa breve conversación-  que yo fui la causante de que usted no recibiera el premio Alfaguara. Según usted yo intercedí para que Jorge Franco ganara ese premio y lo ilusioné haciéndole creer que gracias a mí usted ganaría el próximo Premio Nobel de Literatura.

¿Es consciente del poder que me está concediendo? ¿Quién puede creer que una profesora hora cátedra cuente con semejante privilegio?: decidir quién gana y quién no gana esos premios a los que usted aspira.

Si se fija bien, si lee con atención lo que publico en este blog y en mi cuenta de Twitter, podrá descubrir que soy la persona más común del mundo, una señora sin ambiciones en la vida y sin amigos, especialmente sin amigos. Una decepción reciente con una persona en la confiaba me tiene sumida en una tremenda crisis y desde hace más de un mes me cerré al trato humano profundo. Tenía dos amigos, ahora no tengo ninguno, y pienso permanecer así durante por lo menos un año más, hasta cuando olvide a ese hombre insensible que me hizo dudar de toda la humanidad, de si existe ese sentimiento llamado Amistad Pura y Desinteresada.

Los pocos amigos que he tenido en la vida (no son más de cinco) no son personas relacionadas con el mundo editorial ni con los premios literarios; no me relaciono con escritores, con jurados, ni siquiera soy correctora de estilo. No asisto a conferencias, lanzamientos de libros, no voy a tertulias literarias ni a ferias del libro. Soy una completa nulidad intelectual y eso me hace sentir bien porque no tengo aspiraciones en la vida, no creo en el éxito sino en la vida tranquila.

El único contacto que he tenido con una editorial fue para promover la lectura a través de Twitter y fue un completo fracaso, descubrí que en esa red social la gente no quiere saber de libros, ni siquiera regalados. Me daban novelas de autores ilustres para que los rifara y nadie participaba, nadie quería libros en su casa, fue un completo fracaso. Esa es otra crisis de la que no quiero hablar aquí porque terminaría más deprimida de lo que ya estoy.

Tenga en cuenta que usted es argentino y yo soy colombiana, usted es escritor y yo soy una pobre profesora hora cátedra, usted es hombre y yo mujer. Tengo todo en mi contra.  ¿Tiene sentido querer destrozarme creando semejante ficción?, ¿qué sentido tendría actuar así en contra de un ser tan insignificante?, ¿cree que una persona medianamente cuerda creería que la historia que usted ha inventado tiene algún sentido? Yo creo que no.

Yo, que soy la directa implicada en el asunto, creo que el “escándalo” que usted pretende “destapar” es una completa locura de la que tengo que hacerme cargo para que usted no llegue más allá, para que no intente usted, acaso, venir hasta Bogotá y hacerse cargo de mí con sus propias manos porque se lo dicta su espíritu vengador, su deseo de ser un justiciero implacabable.

Me contemplo ante el espejo, me miro con compasión y lo único que se me ocurre pensar es: ¿qué puede haber en la mente de un escritor argentino que aspira a ganarse el premio nobel para creer que yo haré lo que sea para que no lo logre? ¿por qué yo? ¿por qué no escogió a otra? ¿por que lo vine a conocer? Señor.

La literatura argentina no me gusta, Argentina como país para mí no existe, no sé de música argentina ni de nada que tenga que ver con Los admiradores de Borges y de Cortázar, a mí esa literatura no me interesa. En este momento estoy completamente entregada a la literatura japonesa, esa es la única que me apasiona, a esa literatura es a la única que le dedico los largos momentos de mi vida, a nada más.  ¿por qué tendría yo que ensañarme en contra de alguien a quien no conozco ni me interesa conocer, un hombre a quien nunca antes en la vida había oído mencionar?

Señor Francisco Cerón G, le pido de todo corazón que me deje en paz, le deseo lo mejor para su vida, deseo que todos su proyectos se realicen, busque en otra parte a sus enemigos, piense con cabeza fría en todo lo que he escrito. No le pido que me ofrezca disculpas ni que se retracte de lo escrito, sólo le pido que no pierda el tiempo y no se lo haga perder a las grandes personalidades de la cultura, la política y los medios colombianos con una queja tan absurda. Vea que nosotros tenemos asuntos más serios de los que hacernos cargo, no intente hacer de una ficción suya una realidad de la que debamos ocuparnos en este pobre país, le pido un poco de compasión hacia nosotros porque la necesitamos.

 

Carta de Virginia Woolf a Leonard antes de suicidarse

11 Feb
Esta es la carta de despedida de Virginia Woolf a su esposo. Este hombre admirable y sacrificado merece todo nuestro respeto. Ojalá todas las mujeres talentosas tuvieran la suerte de encontrar un esposo como este.
 
Querido: Siento con absoluta seguridad que voy a enloquecer de nuevo. Creo que no podemos pasar otra vez por una de esas épocas terribles. Yo sé que esta vez no podré recuperarme. Estoy comenzando a oír voces, y me es imposible concentrarme. Así que hago lo mejor que puedo hacer. Tú me has dado la máxima felicidad posible. Has sido en todos los sentidos todo lo que uno puede ser. No creo que haya habido dos personas más felices que nosotros, hasta que ha venido esta terrible enfermedad. No puedo luchar más. Sé que estoy arruinando tu vida, que sin mí tú podrás trabajar. Sé que lo harás, lo sé. Ya ves que no puedo ni siquiera escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que te debo a ti toda la felicidad que he tenido en mi vida. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirlo — todo el mundo lo sabe. Si alguien hubiera podido salvarme ese alguien hubieras sido tú. Ya no queda en mí nada que no sea la certidumbre de tu bondad. No puedo seguir arruinando tu vida durante más tiempo. No creo que dos personas puedan ser más felices de lo que lo hemos sido tú y yo. 
 
V. 

Ella

31 Ene

Ella es el personaje perfecto para crear una horripilante historia de horror como la que vamos a desarrollar aquí, a partir de este momento.

Ella es una especie de tuza de un buen amor, ella, por sobre todas las cosas del mundo y aunque nos duela y nos cueste reconocerlo… Ella sabe escribir. Ella escribe muy bien, es imposible no leerla y pensar  en ella intermediado por un suspiro y mucha confusión:

¿Quién es ella?

Ella nos ha dicho de todas las formas posibles que es una mujer y nosotros seguimos empeñados en imaginárnosla como nos dé la gana, según nuestro estado de ánimo y nuestro coeficiente intelectual, según nuestros deseos de discutir con ella para que nos responda de forma altanera; queremos provocarla, queremos herirla, queremos que nos responda como un ser humano, como una colombiana. Y ella sólo responde con el silencio, como un ser inmisericorde y mudo, o  como sabe responder ella, con escritura, con la mejor escritura. Así es como ella mejor nos explica que ella es ella y que no es él quien se dirige a nosotros. Léanla, lloren de admiración con su estilo característico. Si en algún momento han dudado de esta mujer y de su genio deslumbrante les pido que le pidan perdón de rodillas, llorando:

Los textos escritos, a diferencia de la narración o el diálogo oral, conservan el discurso y se convierten en archivos disponibles para la memoria individual y colectiva, si la lectura es posible es porque el texto no está cerrado en sí mismo sino abierto a otra cosa. Leer es encadenar un discurso conocido al discurso del texto que se está leyendo, relacionar experiencias anteriores de lectura y de vida y actualizar o activar la lectura de nuevos textos o de textos ya leídos a partir de perspectivas nuevas, la capacidad de reactualización de los documentos escritos es lo que garantiza su carácter abierto. En la correspondencia de Flaubert, y especialmente en las Cartas a Louise Colet, esta regla se evidencia en todo su esplendor puesto que al lector se le brinda la posibilidad de encontrar una y otra vez, expresado desde diversas perspectivas y con énfasis diferentes, desde la voz del enamorado que expresa la intensidad de sus sentimientos sólo a través de la escritura y desde la distancia, pasando por los más honestos consejos para emprender una vida menos dolorosa -toda una filosofía de la vida con argumentos lo suficientemente lógicos, sólidos y consecuentes- hasta las reflexiones más lúcidas relacionadas con el arte, la lectura y la escritura, sopesadas por un hombre que se autoproclama como un practicante del misticismo estético.

Para Flaubert el amor loco y las valores de la vida comunitaria como experiencias humanas son inferiores a las que proporciona la relectura de un clásico en absoluta soledad; él necesita de todo su tiempo para volver una y otra vez sobre los autores que más admira: Cervantes, Rabelais, Epicteto… y se empeñó en convertir en realidad la escritura de las obras con las que soñó. Ese fue su gran ideal y lo alcanzó a fuerza de trabajo, soledad y perseverancia, tres valores que enaltece a lo largo de su correspondencia.

Flaubert le escribía a su amante para distraerse del trabajo o para desatar la ira, la felicidad o la impotencia que generaba en él la escritura de su obra literaria más importante: Madame Bovary. La gran paradoja alrededor de la escritura simultánea de estos dos textos está relacionada con el hecho de que a pesar del innegable valor estético de la novela la lectura de las cartas en algunas ocasiones puede llegar a ser más estimulante, actual y universal, este hecho se debe, tal vez, a que son expresión cabal de lo que el mismo Flaubert consideraba sería la gran obra literaria del futuro: un texto autobiográfico escrito con total sinceridad, buen estilo y sin omitir detalles que pongan a salvo la imagen del escritor: “Cualquier hombre que supiera escribir correctamente crearía un libro soberbio al redactar sus Memorias, si las expusiera con sinceridad y de manera completa” (Flaubert. 1989. 95).

El principal objeto de estudio de Flaubert a lo largo de su vida fue él mismo y la experiencia amorosa con Louise Colet se constituyó en el mejor pretexto para profundizar más en su autocontemplación, en algunas ocasiones es asombrosa la convicción de Flaubert para expresar sus sentimientos y otorgarle un lugar preciso o cada pasión, casi siempre de manera racional y calculada, en medio de la placidez que le proporciona el hecho de compartir impresiones sobre la gran pasión de su vida -la lectura y la escritura- con una mujer que además de eso lo ama y estuvo dispuesta siempre a soportar sus cambiantes estados de ánimo y sus ausencias.

Flaubert escribe sobre la vida y la muerte, sobre las pasiones y las flaquezas humanas, sobre el arte, la lectura y la escritura. En vista de que se trata de un hombre tan consecuente consigo mismo y ha constituido su vida de tal manera que cada idea y acción suyas se corresponden de manera plena, sobran más explicaciones.

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Te hice un triste regalo al ofrecerte mi amistad

12 Ene

No estimes tanto mi talento, no aspiro a ser un Goethe, pues las velas resultan pálidas al lado del sol y, aunque no lo creas, no me esfuerzo por remedar a nadie, y a los grandes hombres mucho menos. En cuanto a mi corazón, su conducto es angosto y está embozado, el líquido no sale de él con facilidad, va corriendo arriba y da vueltas como un torbellino… todo él lleno de bajos fondos movedizos, muchos barcos embarcaron en ellos.

Adiós, trata de olvidarme; yo nunca te olvidaré. Te equivocaste al decirme que sólo sentía por ti curiosidad. Hay más, pero tú sólo crees en las cosas cuando son extremas. Adiós otra vez. Siempre que necesites algo me encontrarás.

Gustave Flaubert, a Louise Colet

La carta de amor que a cualquier mujer le gustaría recibir

11 Ene

¡Qué hermosos son los versos que me envías! Su ritmo es dulce como la caricia de tu voz cuando incluyes mi nombre en tu tierno balbuceo. Perdóname si me parecen los más bellos de todos cuantos has escrito. No es amor propio lo que he sentido al pensar que estaban hechos para mí, no, es amor, es ternura. ¿Sabes que tus brazos de sirena hechizarían al más duro? Sí, hermosa mía, me has apresado con tu encanto, me has empapado con tu sustancia. ¡Oh!, si he podido parecerte frío, si mis sátiras son rudas y te hieren, quiero, cuando vuelva a verte, rodearte de amor, de voluptuosidad, de embriaguez; quiere colmarte con todas las felicidades de la carne, hasta cansarte, hasta hacerte morir. Quiero que te asombres de mí y que, en tu interior, te confieses que ni siquiera habías soñado que existiesen semejantes arrebatos. Yo he sido feliz y deseo que tú lo seas también. Quiero que, cuando llegues a vieja, recuerdes estas pocas horas, y que tus huesos ya resecos, se estremezcan de gozo al recordarlas.

Flaubert, a Louise Colet

Mensajes de los lectores

2 Ago

Siempre es grato encontrarse en Facebook con saludos de personas que se toman el trabajo de leer lo que se escribe en este blog, son jóvenes que animan a la  profesora para que siga intentando escribir algo que valga la pena leer. Acabo de revisar mi correo y me encontré con este mensaje.

No es un mensaje cualquiera, no son las letras dulces de un joven tembloroso, un niño que me conoce, me persigue, me desea, me teme o me odia porque no sabe exactamente qué sentimientos desencadenan en él -en su cuerpo o en su alma- mis  composiciones y confunde a la persona que escribe con la persona que camina por ahí con sonrisa resplandeciente y voz de ángel recién caído del cielo.

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No, nada de eso, se trata de un joven admirable, una de las personas  encantadoras que conocí en la miseria llamada Twitter y que mientras estaba allá  no dejaba de preguntarme por qué tenía tan pocos seguidores y por qué se empeñaba en ocultar su talento, en no llamar la atención con sus dotes. En medio de la podredumbre también están las almas puras.

Con ustedes, las palabras de mi corresponsal:

Hola Ensayista, o profe, no sé; estoy en vacaciones de la U y pensando de todo un poco hacía un balance de lo que he hecho en lo que llevamos de este año, y dentro de ese balance encontré que me he desencantado de las redes sociales en una medida enorme. Sin embargo, a pesar del desdén creciente que me despierta la idea de interactuar digitalmente, no niego que hubo cosas interesantes que conocí en la red, y una de esas es el blog de Ensayista. A pesar de que nunca digo nada al respecto, ahí se mantiene uno de cuando en cuando ojeando y leyendo las últimas ocurrencias de la profe, y considero un poco solapado leer allá escondido detrás de la pantalla sin darle ningún mérito a la persona que constantemente está creando con las palabras aquellos párrafos que me sacan del tedio y de la rutina. Escribes cosas contundentes y es ameno leerte aún cuando hacerlo signifique verse uno mismo cuestionado en sus opiniones. Has ido ralentizando la frecuencia de tus publicaciones, pero aún las pocas que vas haciendo me gustan y entretienen. Escribes muy ameno y muy rico, sólo era para eso. Un gusto molestarte.

La obsesión de Emily Dickinson: la muerte y los muertos

9 Feb

El corazón sigue sollozando en su sueño.

El dolor que merece la pena no se va tan rápido.

Cada uno que perdemos se lleva una parte de nosotros.

El temor – como el Morirse, dilata la confianza o la impone.

Las candilejas no pueden mejorar la tumba, sólo la inmortalidad.

Un Hoyuelo en la Tumba Convierte esa feroz Habitación En un Hogar –

Sólo se conoce lo que se pierde. Sólo se posee lo que se destruye.

La vida es una muerte que prolongamos; la muerte es el gozne de la vida.

No recibo cartas de los muertos, y sin embargo, cada día los quiero más.

No sabemos dónde se encuentra, aunque sean tantos los que nos lo dicen.

Es reconfortante reconocer que somos provisionales permanentes, aunque nada más sepamos.

Hasta que el primer amigo muere, creemos impersonal el éxtasis, pero luego descubrimos que él era la copa de la que bebíamos, siendo ella misma aún desconocida.

Madre estaba hermosa cuando murió. Los serafines son artistas solemnes. La iluminación que no viene sino una sola vez, se posó sobre sus facciones y parecía como esconder un cuadro al ponerla en la tumba.

Sueño con mi padre todas las noches, siempre un sueño diferente, y olvido lo que hago durante el día, preguntándome dónde estará. Sin nadie, continúo pensando. ¿Cómo puede ser eso?

Emily Dickinson. Cartas poéticas e íntimas (1859-1886). Barcelona: Grijalbo. 1996. 244 páginas.

Cartas de Ricardo Cano Gaviria a Elsy Rosas Crespo

7 Feb

Hace diez años estaba terminando el segundo año de la maestría en Literatura Hispanoamericana en en Instituto Caro y Cuervo, en ese tiempo el director del Insitituto era el profesor Ignacio Chávez Cuevas y mi directora de Trabajo de Grado la profesora Hélène Pouliquén. El titulo de la monografía es Dos tomas de posición en el campo literario colombiano actual: Fernando Vallejo y Ricardo Cano Gaviria. Ricardo Cano Gaviria vino a Colombia a un Congreso organizado por el Instituto Caro y Cuervo y allí lo conocí, le hice saber que me interesaba estudiar su obra y él se puso a mi total disposición para colaborarme. El viajó a España y yo me quedé en Colombia, nuestra “amistad” fue virtual y a través de unos inocentes e-mail se desató una historia que vale la pena volver a recordar:

1. Cuando lo conocí el trabajo no había avanzado mucho y la imagen que yo tenía de él y de su obra era muy favorecedora.

2. A medida que pasaba el tiempo y yo ahondaba en el estudio de la obra de los autores descubría que Fernando Vallejo era quien me sorprendía más -de manera positiva, claro- y eso a Ricardo cano Gaviria le molestaba mucho.

3. Llegó un momento en el que él tenía claro que yo no iba a “defender” su obra ni su toma de posición y optó por hablar con el director del Instituto Caro y Cuervo para que me sancionaran por “atacarlo”.

4. Yo tuve que dar cuenta de lo que estaba haciendo y defender mi trabajo, poner en claro que la honestidad intelectual y la rigurosidad deben estar por encima de la amistad, si es que se podía llamar amistad a un intercambio de correos electrónicos con una persona a la que vi sólo dos veces.

5. Las cartas de Ricardo Cano Gaviria se hicieron más extensas, agresivas, nerviosas, insistentes, tanto que cada vez que las leía veía un relato epistolar con inicio, nudo y deselance, estaba segura de que las haría pasar por ficción.

6. Las publiqué cambiando los nombres de los dos para que las Cartas no se vieran como una simple pelea entre un escritor y su crítica.

7. Titulé la colección de cartas con un nombre muy diciente para mí en esa época: Cartas del inquisidor, las envié a la revista Crítica y las publicaron. Anoche, para sorpresa mía, noté que las cartas fueron borradas, sospecho que Ricardo Cano Gaviria descubrió ahí su pluma, pidió que fueran retiradas y las retiraron.

8. La obra de Ricardo Cano Gaviria dejó de interesarme desde hace unos cuatro o cinco años, lo último que leí de él fue El hombre que rezó a Baudelaire.

9. Di por terminada nuestra disputa hace mucho tiempo pero tenía claro, me lo había prometido, que diez años después de haber iniciado nuestro intercambio epistolar yo explicaría los detalles y le cambiaría el título al “cuento”:

Las cartas que a continuación transcribo fueron enviadas a mí -vía internet- por Ricardo Cano Gaviria (un escritor colombiano radicado en Barcelona desde hace más de treinta años) mientras yo escribía una monografía sobre literatura colombiana contemporánea. Pueden ser leídas como un relato epistolar con visos literarios (no precisamente gracias a mis dotes como artista) o como una serie de fragmentos de cartas inéditas publicadas sin autorización de su autor.

¿Las cartas pertenecen a quien las envía o a quien las recibe? Yo, como es obvio, creo en la segunda opción y acepto como justos los reproches que me hagan quienes conozcan y aprecien las obras de Cano Gaviria y con mayor razón los de sus amigos colombianos; seguramente -y por paradójico que pueda parecer- serán ellos los primeros en sorprenderse cuando lo descubran en ataque directo en contra de una estudiante a quien no era necesario intentar eliminar en una lucha tan desigual.

Las coléricas mudanzas de mi corresponsal se instalan entre lo sublime y lo ridículo (no sobra recordar que “de lo sublime a lo ridículo sólo hay un paso”) y en los momentos de mayor desilusión reveló lo que apenas se insinuaba en las primeras cartas. A medida que aumentaba su irritación eran más notorias las semejanzas entre su escritura y la de algunos personajes de sus novelas, este detalle me puso sobre aviso y entonces decidí publicar las cartas para compartir mi hallazgo con los lectores.

La selección parte del siguiente principio: se le da prelación a lo literario sobre lo biográfico, a las ideas sobre las acciones y a las acciones sobre las personas; en pocas palabras, los lectores no encontrarán detalles de la vida privada del escritor, sino apenas una síntesis de ideas que se podría resumir a través del siguiente interrogante, pensando siempre en los argumentos de Cano Gaviria: ¿es posible hacer crítica literaria cuando el crítico se pone en contacto con el autor de la obra que estudia y éste, de manera generosa, se ofrece para ayudarle a interpretarla sin ningún tipo de “interés”?

En las últimas cartas Durán se empeña en insistir en que yo no leí una de sus galardonadas novelas, bajo este argumento crea una serie de ficciones y comentarios que sólo podrían surgir de una mente tan talentosa como la suya. La otra ficción creada por Durán consiste en suponer que yo trabajo con un grupo interdisciplinario y tengo asesores de imagen.

Septiembre 2 de 2001

Querida Elsy,

Al fin he recibido tu mensaje, estando ya de regreso en casa, y sólo he podido leerlo parcialmente porque aparece con muchas letras cambiadas.

Me limito a decirte ahora que todo lo que me cuentas acerca de tu interés por mis obras publicadas es muy estimulante para mí. Acerca de tu intención de utilizar la primera edición de mi novela para tu trabajo, es perfectamente legítima, pues una vez publicados los libros pasan a un dominio en el que el autor sólo puede hacer recomendaciones… es un derecho tuyo hacer lo que más te convenga. Entiendo, por otra parte, que dispones de poco tiempo para entrar a comparar las dos versiones. Finalmente, si puedo ayudarte en algo cuenta conmigo y no dejes de comunicármelo.

Septiembre 16 de 2001

… Escribir cartas puede convertirse en una actividad compulsiva, perversa y hasta peligrosa. Al final de la novela se alude a esos enfermos epistolares que hacen reales sus fantasías en sus cartas; si se añade esto a la idea de que la carta en la novela es la base de un voyerismo, de un mirar en la intimidad ajena y que el juego consiste en entrar a saco en el otro, pero considerado como un juego de moda, es decir, como algo aceptado aunque irregular, tenemos la base para plantear la praxis misma de la escritura como un acto perverso…

Por otro lado, creo que en la novela hay muchas cosas anormales o perversas, pero en el caso del personaje que mencionas, que actúa como catalizador de las desviaciones ajenas, su desviación tiene que ver con su defecto físico…

Finalmente, ten en cuenta que al decirte estas cosas yo actúo, más que como autor, como lector de mí mismo, actividad que es un poco anómala…

… Creo que hay que tener una perspectiva sobre lo que se escribe, y en mi caso creo que no la tendría si escribiera sobre hechos más actuales. Es más fácil llegar a ellos a través del periodismo, y no quiero caer en la trampa de utilizar a la novela como un sucedáneo del periodismo, o viceversa. Pero lo decisivo aquí es la perspectiva; el ejemplo de los clásicos de siglo XIX es fundamental; tanto Flaubert como Stendhal tuvieron que esperar a tener una perspectiva que les permitiera ver los hechos en pasado cuando quisieron ocuparse de algunos que habían vivido ellos mismos, como fueron la revolución del 48 y las guerras napoleónicas…

¿Los escritores que en Colombia escriben sobre el narcotráfico posiblemente son mejores que Flaubert o Stendhal, por no haber tenido que guardar esta regla? El tiempo lo dirá.

Octubre 18 de 2001

Estimada Elsy,

Estoy desolado… Te había escrito un larga carta y se me borró. Ahora no puedo reconstruírtela. Te la resumo telegráficamente: acerca de tu desconcierto por mis opiniones sobre lo que escribo, te decía que no tiene razón de ser; utiliza lo que te digo cuando te sirva y cuando no, lo dejas de lado y ya está.

Tus cambios se deben quizá a que esperas que los personajes sean totalmente negativos o totalmente positivos; pero la verdad es que tienen los dos signos, porque están vivos.

Noviembre 13 de 2001

Querida Elsy,

… Cuando escribí la novela no pensaba en ese cuadro, sino en otro. Luego, al revisarlos todos reparé en el que mencionas, que ya conocía, y supe que estaba inspirado en un caso real, de una joven que se volvió loca por amor, pero sin pensar en ese poema, que no recuerdo haber leído, esa es la verdad pura y simple.

De todos modos, aunque eso haya sido así, creo que no invalida tu interpretación, que me parece muy sugerente… En última instancia, esa interpretación y la que parte del poema no se contradicen y hasta es posible que en última instancia se apoyen.

Enero 11 de 2002

Querida Elsy,

Espero que estés bien.

Ah, no se me había ocurrido que pensaras en las otras cosas mías.
Tienen en común que no se parecen a nada de lo que se escribe en Colombia, he ahí un bonito tema.

Febrero 13 de 2002

Querida Elsy,

Disculpa que esta vez haya tardado tanto en responderte. Te prometo que en cuanto pueda te mandaré todo lo que encuentre sobre mi “biografía”, si así puede llamarse…

Mientras tanto, opino que eres muy generosa al ocuparte tanto de mis escritos… Espero que te encuentres bien y con ganas de trabajar…

Por cierto, ¿Cuál es el trabajo que te quita tanto tiempo?

Me gusta saber de la gente que tengo cerca…

Febrero 26 de 2002

Querida Elsy,

Nosotros empezamos a estar bien después de unos días bastante difíciles; aún no he podido mirar nada acerca de mi biografía… Hay una entrevista que salió en la televisión de Colombia en la que menciono algunos detalles; no sé si tienen mucha importancia; yo creo, en ese punto, que hay dos tipos de escritores; los que tienen biografía y los que no; en el primer caso Conrad, en el segundo Borges; si Conrad no hubiera sido hombre de mar, no hubiera podido escribir las novelas que escribió; pero nadie imagina que Borges hubiera debido tener grandes experiencias para escribir lo que escribió…

De todos modos, la línea divisoria a lo mejor no es tajante y se admiten ejemplos en los que se mezclan los dos modelos; pero yo estoy en este punto sin duda más cerca de Borges que de Conrad…

Abril 7 de 2002

Querida Elsy,

Espero que estés bien.

No recuerdo exactamente tu último mensaje, creo que me hablabas de la publicación de un texto sobre mis obras en una revista mexicana. Espero que me mandes una copia, o al menos una fotocopia.

Yo estoy desde hace días calentando motores, ni sé bien para qué, si para una nueva novela o para darle el toque que le falta a la que ya tengo desde hace años acabada pero que no me he decidido a publicar. Ganas de escribir tengo muchas, lo que me hace falta es tiempo y tranquilidad.

Como ves, todos tenemos problemas gordos que resolver para intentar al menos hacer lo que queremos o más nos gusta.

Abril 30 de 2002

Querida Elsy,

Me alegra mucho que tu trabajo siga adelante, no tanto por mí como por ti. Me gusta que la gente que está cerca de mí alcance sus objetivos, acaso porque yo atravesé una vez una época en la que no avanzaba y me sentía estancado, cosa que considero muy insana…

Respecto a tu artículo, ¿No te parece absolutamente natural que si escribes algo sobre mis cosas, y lo publicas, yo quiera leerlo? Ahora bien, prefiero hacerlo cuando tú lo decidas, no tengo ningún inconveniente en esperar.

Mientras tanto, te deseo mucha suerte.

Mayo 23 de 2002

Querida Elsy,

He tenido que esperar varios días para leer tu artículo, que me ha sorprendido muy agradablemente. Me parece que abre muchas puertas y que maneja muy buenas referencias y bibliografías. Sólo tengo una sugerencia que hacerte: deberías ampliarlo un poco más, se acaba muy pronto.

Muchas gracias por tu artículo, por el que te felicito, y con el que disfruté mucho.

Julio 25 de 2002

Querida Elsy,

… Reivindico mi derecho a figurar entre los melancólicos, lo quieras o no: la relación es tan evidente que no entiendo cómo se te ha pasado por alto… Imposible e inadmisible… Me sublevo. ¡Quiero estar en los dos grupos! ¡Y si no es posible en los dos, entonces en el de los melancólicos!

Bromas aparte (que no son del todo bromas) me alegra que te hayan pedido ese texto y sólo quisiera que a la hora de escribirlo, te deshicieras un poco de los esquemas. Creo que es un buen consejo el que te doy; los esquemas a veces no sirven más que para evitar descubrir la realidad; hay que usarlos con cautela… Mira si no lo que te pasa con eso de la melancolía: tienes a un melancólico agarrado al cuello y te pones a buscarlo debajo de la cama. Una posibilidad sería la de desarrollar más la línea del texto que me mandaste, que sólo parecía un esbozo… Mi postura es la de la ruptura y por ahí tienes una buena línea de entrada…
A mí me han escrito para que participe también en ese libro, pero no entiendo muy bien cuál es el planteamiento y les he respondido que antes de aceptar necesito más datos.

No sé si te conté que una de mis novelas salió en portugués y han publicado en Lisboa, que junto a París es la ciudad más bella del mundo, unas entrevistas y reseñas de las cuales te mando la única que tengo en versión electrónica: tiene algunos datos biográficos que te sorprenderán.

Bueno, espero que esté bien, con el abrazo de siempre.

Julio 30 de 2002

Querida Elsy,

1) ¿Es cierto como me dijiste en carta anterior, que te han pedido un trabajo sobre mis cosas? ¿Sigue en pie esa petición? ¿Vas a redactar ese trabajo para ellos y ellos lo van a publicar?

2) para mí es fundamental saber esto a la hora de decidir si escribo lo que me piden o no… No quiero aparecer en un volumen sobre literatura como crítico y no como narrador; en cualquier caso como narrador y crítico, o sólo como narrador…
Te ruego me respondas lo más pronto posible…

Septiembre 4 de 2002

Querida Elsy,

Gracias por mandarme tu texto; convendrás en que tu correspondencia sobre lo que escribías sobre mí ha sido muy incoherente, sembrada de comentarios ambiguos, lo cual no ha hecho más que sembrar en mí el desconcierto; y tenía yo razón en mis temores acerca de las conclusiones a las que te llevaría tu clasificación: si bien me equivoqué al detectar la fuente, no me equivoqué al presentir por dónde iban los tiros, ni en sospechar que, si sólo me habías mandado un fragmento de tu trabajo, debía ser porque en el resto había cosas que evidentemente no me iban a gustar.

Respecto a la forma como te ocupas de mis escritos, tengo que decirte que, así como en otros trabajos que se han escrito sobre mí se ha afinado muy bien, lo tuyo me parece bastante desafinado. Y aquí tenemos que sincerarnos; tú me puedes pedir ayuda siempre y cuando mantengas la objetividad, y tus clasificaciones no sean ni alabatorias ni condenatorias, ni mucho menos que parezcan hechas para darle gusto quién sabe a quién, pero lo que no puedes pedirme es que yo te ayude a escribir contra lo que yo mismo escribo. Yo prefiero que seamos amigos y escribas lo que quieras sobre mí, pero no me pidas que te ayude a sostener cosas inspiradas en mi opinión por lecturas muy mal digeridas…

Bueno, espero que no lo tomes a mal, deseo simplemente que te encuentres a ti misma. Y, sobre todo, no vayas a pensar que estoy enojado; sólo sorprendido y un poco decepcionado. Tampoco te vayas a sentir desalentada en tu trabajo… Lo que ocurre tal vez es que hay que tener una cierta afinidad con la obra de un autor para poder interpretarla y entenderla; yo no percibo que tengas mucha afinidad con mis escritos, mientras que sospecho que la tienes con los de otros autores, por cierto, no muy parecidos a mí.

Abrazos.

P-D:

para finalizar, te hago sobre todo una recomendación: cuando en una investigación o lo que sea te hagas una pregunta, procura que esté bien formulada y que no sea una pregunta tramposa: llamo pregunta tramposa aquella que se responde a sí misma con una manera falseada de plantear las cosas; las preguntas hay que hacerlas limpiamente, de modo que permitan respuestas limpias y nuevas. Por ejemplo, si tú le dices a alguien acerca de un libro: “Dime sinceramente cómo te pareció”, aquí hay una pregunta limpia que permite una respuesta nueva; pero si tú le preguntas: “¿verdad que este libro es pretencioso y falso?”, esta es una pregunta sucia, que no permite una respuesta nueva.

Septiembre 14 de 2002

Hola Elsy,

Me encuentras en línea, y te respondo en caliente. Creo que mi último mensaje dejó muy claro que no esperaba que escribieras elogiándome… No sé por qué te cuesta tanto entender que eres libre de escribir y publicar sobre mí lo que quieras, yendo por tu cuenta, pero en el momento en que te pones en contacto conmigo, adquieres un compromiso mínimo, y es el de no escribir elogiando lo que escribo, pero tampoco echándolo por tierra. Simplemente siendo objetiva: es más, personalmente no creo que estés convencida de lo que has escrito, pues todavía no tienes criterios (es normal, te falta aprender muchas cosas), y estoy convencido de que tus opiniones negativas provienen de otras personas; escribes lo que has oído comentar, y lo has puesto ahí para parecer seria y crítica. Quienes te asesoran han abusado de ti, en el sentido de que te ha inducido a escribir esas cosas a sabiendas de que no eran tus opiniones sino las de ellos. Es más, no te han aconsejado bien si han sido incapaces de explicarte que una cosa es consignar esas opiniones en un manuscrito y otra cosa más grave es publicarlas: la publicación es algo muy serio, que requiere que uno sea incapaz de escribir tan crudamente sobre algo que ni siquiera ha leído.

Finalmente, no tengo nada contra ti, no tenemos por qué pelearnos, si trazamos una línea de separación entre lo profesional y lo personal: no mezclamos las dos cosas, nos servirá a los dos: mi discrepancia es profesional no personal, y no sabes cuánto admiro tus esfuerzos por estudiar y hasta qué punto te deseo buena suerte. Pero, en lo profesional, no puedo ser cómplice de una forma de trabajar tan irresponsable; supongo que todavía no has pensado en el daño que le puedes hacer a otra persona haciendo públicas opiniones negativas tan poco meditadas y tan superficiales (¿qué más superficial que lo que has escrito sobre una novela mía si leerla?)

Creo que te harías un favor a ti misma si fueras un poco más responsable, si maduraras un poco. En cuanto a mí, si yo puedo ayudarte no dudes en decírmelo, pero no me pidas que te ayude sobre mis cosas, si no estás dispuesta a respetar un pacto mínimo, que es el de no escribir elogiando, pero tampoco destruyendo, y también esa ley de la cortesía que no hubieras violado si me hubieras consultado antes de hacer públicas las conclusiones de tus “investigaciones” sobre mis libros; ¡por lo menos me hubieras dado la oportunidad de mandártelos para que los leyeras!

Este pasaje tuyo resulta algo gracioso: “Es relativamente fácil detectar si quien escribe es amigo o no muy amigo del autor de la obra estudiada, no se arriesga mucho como lector e intérprete para no poner en peligro la amistad”. Claro, diría el autor, no arriesga mucho como lector, ¡ni siquiera lee los libros que refuta!, ¿”para no poner en peligro su amistad”? Ay Catalina, esto no hay por dónde agarrarlo…

Cuéntame mejor de tu vida, si sigues trabajando en lo mismo… El otro día encontré en Internet un anuncio que pusiste para buscar trabajo… Te deseo mucha suerte, pues yo también pasé por ahí. ¡Pero tenía más cuidado con lo que escribía sobre los demás!

Bueno, espero que todo te vaya bien, sinceramente, con un abrazo.

Septiembre 18 de 2002

Querida Elsy,

Te ruego que me mandes las referencias exactas de la revista mexicana en que publicaste el artículo sobre mí; me he enterado de que hay por lo menos tres revistas allí y no sé en cuál ocurrió el incidente; quiero pedir un ejemplar y me gustaría también tener el e-mail de los que están al frente de la misma.

Aprovecho para comentarte, por cortesía hacia ti, dos o tres cosas:

Primero; la afirmación que te hice de que habías estado mal asesorada no es gratuita; a continuación te mando el fragmento de un artículo publicado por un escritor argentino muy conocido y, sobre todo, muy preocupado por escribir desde la perspectiva ideológica y social, que es, según me parece, requisito imprescindible para que los sociocríticos se interesen por una novela. Si lees con atención y sin prejuicios este corto y condensado fragmento verás que quien lo escribe posee las dotes críticas e imaginativas necesarias, en el caso de mis libros, para que la sociocrítica no se convierta en un ejercicio escolástico destinado a proyectar nuestras frustraciones e inconfesables heridas sobre una realidad totalmente falseada; posee también el autor de ese texto las referencias literarias mínimas acerca de la cultura y la literatura francesa que resulta dable esperar también posea una persona culta de esa nacionalidad, en el caso no de una lectura inocente, sino de una lectura crítica y de “investigación” cuyo destino posible es la letra impresa…

Personalmente opino que, si bien la sociocrítica es una disciplina que está expuesta al peligro de ignorar flagrantemente que el investigador hace parte del proceso de investigación, es decir, que el investigador poco preparado puede terminar confundiendo la sombra que proyecta sobre el proyecto investigado con el objeto mismo, es de todos modos una disciplina útil; y que incluso en el caso de un libro como el mío, la lectura ideológica es no sólo posible sino también necesaria; creo que se necesita muy mala fe para no darse cuenta de que los dos protagonistas encarnan diferentes posturas ideológicas respecto a la realidad histórica del periodo de entreguerras; y más mala fe se necesita aún para no entender que entre esas dos posturas, condenadas ambas, la una por frívola y retardataria, y la otra por fantasmagórica, la postura de Piedad es la que ofrece una salida ética al callejón sin salida de entreguerras: muy mala fe, por supuesto, se necesita para no ver que la protagonista es casi una pionera del feminismo (ella reivindica entre líneas incluso el lesbianismo), y que dentro de la novela representa una clara postura a favor de un cierto compromiso ético consigo misma y con los demás.

Por eso te digo que si has sido incapaz de captar cosas tan elementales en la única novela mía que has leído con cierto interés, sin contar con que te negaste a leer la novela en la versión de Alfaguara, en la que los aspectos que acabo de señalar están todavía más resaltados, lo menos que puedo pensar es que careces, respecto a mí, de la imparcialidad o de la limpieza de espíritu que creo necesarias para ocuparse de mis escritos.

Finalmente, te confieso que cuanto más pienso en esta desagradable historia, que ya he tenido que comentar con otras personas, más imposible me parece que todas estas descalificaciones hubieran podido salir sólo de tu cabeza; es evidente que has tenido muy cerca una persona que te ha machacado una y otra vez sobre este asunto, y sólo se me antoja que esa persona ha sido precisamente quien hubiera debido llamarte la atención incluso sobre algo tan elemental como esto: que tanta descalificación en un mismo trabajo, tanto reproche mal argumentado, necesariamente tenía que volverse en contra tuya puesto que todavía creo que no ha nacido en Colombia un escritor tan malo como el que tú pretendes demostrar que soy.

A una persona por la que siento gran respeto le he contado el caso, y de la carta que le he escrito extraigo estos dos fragmentos:

1)… A lo que en realidad me estoy resistiendo es a que mi muerte literaria ocurra en un callejón oscuro y no en la plaza pública, con todos los requisitos marcados por la ley; es decir, que si he de ser eliminado por alguien como ella, quiero para mí un fusilamiento en regla y no un vulgar homicidio.

2) Ahora bien, lo que más me ha irritado de todo es que se ve claramente que había una postura previa a la lectura, es decir, que todas esas ideas eran inducidas, bien por teorías mal digeridas que en ningún momento podrían estar a la altura de algo que pudiera considerarse un estudio serio; a mi modo de ver, esto de invalidar a un escritor, incluso sin haberlo leído, responde a una andanada de prejuicios sobre la fórmula literaria que practico, prejuicios cuya inspiración provienen claramente de una disciplina crítica que prefiere las obras de evidente contenido social o ideológico, a las obras donde hay que hacer un esfuerzo imaginativo para descubrirlo. Como si se eligiera a Vargas Llosa y no a Borges, Mujica Lainez o Lezama Lima, porque en los personajes del primero los mecanismos ideológicos son más fáciles de desentrañar que en las de los segundos; a mí personalmente me preocupan mucho estos excesos que, en virtud de una rutina escolástica y falta de imaginación, canonizan a una serie de escritores de segunda categoría -no es el caso de Vargas Llosa, a quien admiro, pero sí el de Luis Sepúlveda, por aludir a alguien sobre el que se escriben muchos trabajos de sociocrítica-, mientras se dejan de lado muchos escritores que simplemente están intentando explorar nuevos horizontes. Que una tal arbitrariedad pueda plantearse ya al comienzo de un proyecto que debería estar cobijado por el máximo rigor e imparcialidad, y supeditado a una moda teórica, a mí personalmente me parece muy preocupante…”

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Y con esto doy por concluido este incidente, que nunca imaginé que me pudiera ocurrir, y que espero no tener que recordar en el futuro.

Te deseo mucha suerte, con un abrazo de tu amigo (a pesar de todo).

Septiembre 21 de 2002

Estimada amiga, parece que todavía tengo que explicarle algunas cosas elementales:

1) Usted puso en un compromiso a la Institución de la que forma parte al publicar algo peyorativo contra un escritor por el que esa Institución tiene aprecio, y que a su vez aprecia a dicha Institución bajo cuya sombra usted se cobijó al firmar el artículo aparecido en una revista. Es absolutamente lógico que ahora esta Institución y su director, se sienta apenado, e intente evitar que en el futuro vuelva a ocurrir algo así. ¿Que tal que cada vez que esa Institución se interese por un autor, aparezca alguien indigestado como usted y le vomite toda su indigestión en la cara, en un ensayo publicado y firmado amparándose en esa Institución?

2) Usted ha entendido sólo la mitad de lo que tiene que entender si arguye que no es nadie en el terreno de la crítica, por lo tanto sus opiniones no deben contar todavía, pues no están sedimentadas, no están confrontadas, y son de una parcialidad exacerbante. Pero la primera que tiene que actuar de acuerdo con esto es usted; y usted no lo ha hecho, al hacer públicas, valiéndose del nombre de una Institución, las elucubraciones producto de su inmadurez y falta de información: aquí es donde yo digo que debería haberse asesorado… ¿O es que esa publicación la hizo también sin contar con la opinión de nadie, como dice siempre?… Quien haya sido la persona que la asesoró y la incitó a publicar eso no le hizo a usted un favor, ni tampoco a mí, y no me atrevo a pensar que eso era lo que buscaba; prefiero pensar también en su irresponsabilidad…

3) Yo he intentado asesorarla, pero usted no ha hecho caso de ninguna de mis recomendaciones. A pesar de eso, le he ofrecido siempre mi ayuda y mi amistad; no creo que, con todos los prejuicios que tiene sobre mí (prejuicios quiere decir tomas de postura previas, sin comprobar si son ciertas o no), no está en la situación de cualquier investigador que elija a un escritor para trabajar sobre él.

Desde este punto de vista, cada vez entiendo menos por qué usted me ha elegido a mí. Normalmente, los críticos eligen para sus trabajos a un escritor que les interesa por algo: o les gusta como escribe, o lo que dice, etc. pero no lo eligen porque no les gusta. Eso yo no lo había vista nunca: usted ha inventado una fórmula nueva, la elección de un escritor malo, para escribir contra él; pero en su invento hay algo que no funciona: si usted elige a un escritor en su tesis para escribir contra él, porque le parece muy burgués, procure no ponerse en contacto con él, ni presentarse como su amiga, pues cuando se descubra el embrollo, como se ha descubierto ahora, por mucho que usted haya intentado taparlo, el escritor en cuestión se va a sentir burlado, y usted quedará como quien ha engañado a alguien que ha actuado de buena fe.

4) Yo no estoy llorando por lo ocurrido, esté tranquila. Sí le confieso, en cambio, que cada vez que pienso en esta historia mi asombro se multiplica incrementando mi irritación. Tengo mucho trabajo y estoy perdiendo tiempo con esta historia, que decidí poner en manos de otros, no fuera que usted tuviera otras publicaciones en marcha sobre mí o sobre otros escritores aristocráticos y burgueses a los que quiera destruir con la misma arbitrariedad y falta de responsabilidad, amparándose en la misma Institución. Además, estaba en juego un famoso proyecto editorial, un proyecto muy serio, que no se puede poner en manos de alguien que, como usted, antes que dar lecciones, tiene que recibirlas…

5) Así y todo, querida amiga, le deseo buena suerte. Y le confieso que el trabajo suyo no lo leí entero la primera vez… Fue cuando me escribió ese segundo mensaje en que me dio a entender que no había entendido nada de nada, cuando lo leí entero y me quedé horrorizado. De todo lo que se ha escrito sobre mí, hay un diez por ciento de cosas que son reticentes o poco entusiastas; lo suyo es demoledor. Tiene usted el récord; por mi bien espero nadie lo supere.

Finalmente, le desaconsejo que vuelva a involucrarse en un proyecto literario cargada de tanto odio y resentimiento. El odio y el resentimiento sólo son un buen tema para los grandes escritores, como Dante, que son los que llegan a hacer con ellos algo sublime; los pequeños, como nosotros, cuando están resentidos, sólo hacen el ridículo. Intente encontrar un escritor sobre el que sienta entusiasmo, y dediquese a él; eso le evitará que se equivoque más juzgando a escritores aún vivos…

La calidad estética de una obra no se puede juzgar ni por la extracción social de su autor, ni por la carga ideológica que ella tenga, sino por algo que está más allá, y si usted no lo descubre pronto habrá perdido todo su tiempo y acabará convertida en una profesora que “interpreta” libros con el mismo desafecto e indiferencia con que otro despluma gallinas. Sin descubrir nada en ellos, y por el placer de la simple rutina. O por sentir que tiene algún poder sobre un objeto inerte, un libro.

Bueno, creo que ya le he escrito bastante, y ya estoy cansado de esta historia. Abrazos.

P-D. No he intentado hacerla quedar mal, más de lo que usted se ha hecho quedar por su propio mérito, o el de lo que publicó. Al contrario, he intentado disculparla atribuyendo parte de lo ocurrido a su falta de seriedad y diciendo que usted estaba mal asesorada… Así pues, no tenga miedo de mí en ese sentido, ni intente hacerme creer que me aprecia más de lo que me aprecia para que yo no vaya a proceder contra usted. No es necesario. No haré nada más de lo que ya he hecho y era mi obligación hacer, por lealtad y responsabilidad hacia una Institución; no porque quiera perjudicarla a usted.

Si la fama me perteneciera

5 Feb

Si la fama me perteneciera, no podría escapar de ella – si no, el día más largo se me pasaría en su persecución – y la aprobación de mi Perro me abandonaría así que – Mi Rango Descalzo – es mejor.

Emily Dickinson

Un pobre muchacho

5 Feb

Si alguna vez se enamora de ti un pobre muchacho que te encuentra hermosa, un chico como era yo, tímido, dulce, tembloroso, que te tiene miedo y te busca, te evita y te persigue, sé buena con él, no lo rechaces, dale solamente tu mano a besar; morirá de embriaguez. Pierde tu pañuelo, lo recogerá y dormirá con él; se revolcará encima, llorando.

Flaubert a Louise Colet

 

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