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Al café le dije ¡No más!

10 Sep

Completé seis meses leyendo sobre drogas y adicciones y Juan Sebastián Lozano tiene razón: el café es una droga tan dañina como el alcohol y el tabaco si se consume en exceso.  Altera la conciencia, modifica nuestro comportamiento.

¡Pero son drogas legales y tenemos vía libre para pagar por envenenarnos, por compartir la adicción disfrazada de placer con nuestros amigos y señalar con aire de superioridad al marihuanero, al basuquero, al cocainómano y a todos los demás enfermos sin voluntad para renunciar a la adicción que los ata!

El café no se presenta como droga en este momento de la historia, pero en otros tiempos y en otros lugares se le ha condenado y despreciado como al vino y al opio. Optar por las drogas legales (dulces, harinas, café, alcohol, tabaco, partidos de fútbol, pornografía, consumo desmesurado…) es una estrategia de supervivencia, una actitud cómoda y un gran negocio para los productores de estas diversiones “sanas”.

Tomo café desde hace más de treinta años. Más de dos veces intenté renunciar a este vicio absurdo y fracasé siempre, pero ahora, desde hace unos dos meses o más, puedo pasar el día entero sin tomar café, puedo pasar tres días sin tomar café como primera bebida de la mañana.

La cita que me convenció de que se puede renunciar a cualquier droga fue esta:

La dependencia psíquica se relaciona con las propiedades reforzadoras de los opioides: positivas al principio (los efectos placenteros), negativas después (evitar la aparición del síndrome de abstinencia). La influencia del ritual de la inyección de la morfina desempeña un papel fundamental en la dependencia psíquica del adicto. Algunos lo llaman el “hábito de la aguja”, aunque en animales se ha visto que no sólo el piquete participa en el efecto. Dos interesantes experimentos nos ofrecen las pruebas.

En uno de ellos se investigaba el efecto de un antagonista de narcóticos el cual se administraba a todos los sujetos. A éstos se les dividió en tres grupos: uno de ellos se inyectaba una solución salina, otro de ellos se administraba una dosis baja de morfina, y el otro grupo se inyectaba una dosis elevada. Para hacer que los voluntarios se sintieran en confianza se trataron de recrear las condiciones de la administración habitual, en la que el adicto se inyectaba la droga en el baño. Así, se acondicionó un baño donde los morfinómanos, usando su propio equipo y ritual, se inyectaban una de las tres soluciones.

Al principio todos ellos reportaban efectos placenteros, a pesar de estar bajo los efectos del antagonista. Fue sólo después de tres a cinco sesiones cuando empezaron los reportes subjetivos de ausencia de efectos. Un sujeto, sin embargo, mostraba los efectos típicos de los opiáceos, ¡incluyendo la característica constricción pupilar! hasta la sesión 26, a pesar de que pertenecía al grupo que se inyectaba solución salina. Estos experimentos demostraban que el cerebro es capaz de reproducir cualquier estado producido por drogas, en ausencia de ellas. El dicho: “Nos ponemos como queremos”, tendría que ver con ello, y se aplicaría también a cualquier estado de ánimo.

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Caminando bajo el sol

21 Dic

El sol tiene un efecto benéfico para alguien como yo porque soy de espíritu jovial y ayer caminé durante diez o quince minutos con un hombre con el que casi siempre nos sentamos a tomar café. Café y sólo café hasta quedar temblando con la sensación. El café de ayer estuvo mucho mejor que todos los anteriores ¿fue porque nos vimos a las once de la mañana y casi siempre nos vemos a las tres de la tarde? Es probable. Nací a las ocho de la mañana y por eso cuando soy más yo es antes del mediodía. Soy más yo cuando camino que cuando estoy sentada tomando café.

Ese hombre hizo realidad un sueño de vaqueros que añoraba desde hace ocho años: ir al mismo sitio a beber lo de siempre con la misma persona. Soñaba con el mensaje que me envía cuando nos vamos a ver: “A las tres donde siempre”. Nuestro hombre es un hombre dulce que quiere pasar por rudo pero no puede, le gana la dulzura.

Una de las ventajas de sentarse a tomar café en el mismo sitio, en la misma mesa, a la misma hora… es que no hay distractores, conocemos el paisaje de memoria y nos concentramos en la conversación. Nuestro héroe es un gran conversador. Sin contar con que el tono de voz y la expresión corporal lo convierten en un ser único y excepcional ante la mirada de alguien tan caprichoso como yo. Para mí es único y excepcional y no es ni novio ni amante, no somos tan vulgares, es un hombre respetuoso conmigo como lo son mis dos o tres amigos. Pero yo lo espero temblando de emoción porque siempre será emocionante verlo y volver a hablar con él.

Ayer terminamos nuestra conversación de dos horas que él calcula muy bien sin mirar el reloj, entramos a mirar ropa para él que nunca compra, salimos y -en vez de despedirnos en la misma salida del odioso centro comercial- decidimos dar una vuelta por iniciativa mía. Le dijo al señor serio: “¿Nos despedimos aquí tú y yo o damos una vuelta?” y él dijo en tono jovial: “¡Demos una vuelta!”. Me tocó el brazo, me tomó como si fuéramos Tola y Maruja y nos fuimos a dar nuestra vuelta. Ay, no, qué sensación tan agradable me quedó de esa tontería llamada caminar al lado de una persona querida ¿por qué sentimos la esencia de la gente cuando caminamos uno al lado del otro? Es un misterio para mí.

Como no estamos acostumbrados a caminar juntos, en un momento de la ruta tropezamos un poco y yo le dije en tono imperativo bromista “¡No me empuje!” y él me empujó para responder a mi broma. ¡Ay, Dios!, el mundo perfecto en medio de esta podredumbre llamada mundo real.

Seguimos hablando de los temas de siempre pero éramos más joviales y yo -que soy tan reservada- empecé a revelarle los secretos más sensibles, lo que él no debía saber sobre mi táctica y estrategia cuando me dispongo a escribir algo como lo que escribo en este momento (y él está ansioso por leer). Me traicionó la breve caminata como a los borrachos los traiciona el alcohol. Fui presa de la embriaguez provocada por el sol, el afecto y el hecho de habernos salido de nuestra rutina, estuve tentada a repetir la dulzura de cuando fui presa de una dulzura tan dulcemente dulce.

Anoche soñé con él, un sueño erótico que no voy a describir aquí para no echar a perder el tono de la historia. Sospecho que mi cerebro quedó fascinado con nuestro juego de empujones y creó esa fantasía; al cerebro le gusta armar historias mientras el pobre ser humano duerme porque no puede parar, tiene que jugar con él mismo. Con frases y sensaciones vividas durante el día creamos mundos fantásticos que nos perturban o nos hacen sentir culpables. No lo voy a negar, el sueño fue tan dulce como la experiencia vivida. ¿a quién queremos engañar? 

El mejor café del mundo

4 Sep

Mi mamá me convirtió en adicta al café. No recuerdo cuándo empezó a llevármelo a las seis de la mañana todos los días y cuando me dejaron viviendo sola, siendo apenas una infante de diecinueve años, empecé a prepararlo yo misma.

Comencé con uno dos o tres horas antes del desayuno y después aprendí a gozar el placer del café después del almuerzo. Como en mi casa también toman café cuando vienen de visita lo comparto con ellos y si conozco a alguien siempre le pido que nos tomemos un cafecito (si tengo hambre, con leche. Pero eso no ocurre casi nunca). Hay noches en las que no duermo porque me he encontrado con varias personas y con todas he bebido una taza de café o hasta dos o tres. Hasta quedar temblando de emoción porque disfruto conversando y porque el café es una especie de droga para el cerebro. Mientras pasa el insomnio de esa noche disfruto pensando que valió la pena disfrutar tanto y que habrá otras noches para dormir sin pensar de la forma en que me pone a pensar el café acumulado durante el día.

El café sabe mejor en un café que en una panadería, pero el mejor café, el que más disfruto y  el que más deseo, es el café que preparo yo misma y saboreo muy despacio, con ojos y sonrisa que nadie conoce, ni siquiera yo.

Una fantasía era recibir café por correo, suelo recibir libros y, claro, me emociono, me gusta que los libros viajen en aviones y camiones hasta que llegan a mí; pero siempre había soñado con probar café que viniera de otras manos, no de un supermercado.

El milagro se dio: la semana pasada estaba hablando del placer de tomar café con dos o tres tuiteras y  a través de un mensaje privado @SergioAL_ me preguntó si me gustaría recibir un café del Quindío y yo encantada le dije que sí, que claro, que me encantaría recibir café. El lo envió el viernes y llegó hasta el lunes. Pasé el fin de semana ansiosa imaginando el placer que sentiría cuando lo probara. Cuando llegó lo destapé y el empaque era mucho más vistoso de que lo me hubiera imaginado. Esperaba terminar el que me queda del paquete anterior pero hoy estaba dichosa después del almuerzo y decidí probarlo de una vez.

Es una delicia, no sé describir las cualidades del café. Lo disfruté desde cuando destapé la bolsa, dejé caer un poquito en un recipiente para olerlo, puse a calentar el agua, la mezclé con el café y lo empecé a saborear. Han pasado más de dos horas y todavía tengo intacta la sensación. ¡lástima no saber de café para describirla!

Le reporté a mi amigo tuitero el placer que me espera mientras termino el regalo y él me respondió con un: “en serio? Así de bueno? Qué bien. Podrías organizar una sección con lo que te pueda ir enviando”.

Pueden envidiarme: pocas personas disfrutan como disfruto yo de los placeres privados. Espero hacer el reporte de lo que me vaya enviando nuestro amigo complaciente con las mujeres sensibles.