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La esperanza de volver a estar en el Paraíso

3 Oct

Nos sucede una o dos veces en la vida embriagarnos con algún libro que probablemente tenga un extraordinario poder relativo para emborracharnos a nosotros y a nadie más; y tras haber agotado esa copa de hechizo exploramos a tientas las bibliotecas durante todos los años que siguen, con la esperanza de volver a estar en el Paraíso.

Emerson

No vuelvo a la biblioteca

10 Abr

Hace veinte años era asistente de un profesor mayor de cincuenta años; yo era feliz contándole al pobre viejo lo que encontraba en la Luis Angel Arango, se divertía el anciano con mis relatos y al final siempre decía: “Ay, Elsita, yo me conformo con mis libros, me da mucha pereza ir hasta una biblioteca”. Un día me encontré -rumbo a la biblioteca- con otro gran intelectual mayor que mi profesor del pasado y al ver cuánto peso soportaba sobre mi espalda casi llora de admiración. Me dijo que por orden médica no podía cargar nada, ni siquiera podía lleva un libro en la mano, evita el peso y lo disfruta. Yo también sueño a veces con la levedad. Debe ser maravilloso caminar sin nada en la mano, sin ningún peso sobre los hombros o sobre la espalda.

Todavía no tengo cincuenta años ni problemas de espalda pero me cansé de cargar libros de varias bibliotecas porque perdí el entusiasmo. La mayor parte de los libros que llevo para leer en la casa no colman mis expectativas. Antes era paciente, ahora no. Los viejos tienen razón: a medida que pasa el tiempo es más complicado entusiasmarse con lecturas nuevas, los mejores libros, los mejores autores, las grandes experiencias para un lector son las primeras. Lo que viene después es casi siempre para matar las horas o para recordar las lecturas de antes, las que nos entusiasmaban cuando éramos muy jóvenes y muy inocentes y yo ya no soy ni lo uno ni lo otro.

Parece que va llegando la hora de empezar a redactar mis Memorias. Triste y conmovedora la idea, más cuando la pasión de mi vida ha sido leer más que escribir sobre lo frustrante que resulta salir a cazar libros a una biblioteca pública.

Condenada a leer y a escribir

10 Oct

Leer es un placer aristocrático,

Comprar libros también,

Tener un cuarto amplio para coleccionar libros lo es todavía más.

Jactarse de estar afiliada a la biblioteca desde hace treinta años también es un dato para presumir.

Verse joven y ser un clásico vivo es una maravilla.

Ser referencia obligada en Google embriaga de placer.

Pero hay días como hoy en los que quisiera no leer nada ni escribir nada

Y lo único que se me ocurre es decirlo a través de este blog, que tiene millones de seguidores ávidos de leer las reflexiones de la sabia.

Porque hay quien me toma por sabía porque soy una mujer que ha leído demasiado.

Cada cinco o diez años me da la crisis del lector:

Me siento estúpida,

Boba,

Siento que no tengo nada que decir porque todo lo que pienso lo he leído en un libro

Y envidio la inocencia de los vendedores de papa y los conductores de bus

Porque ellos viven como animales y son felices siguiendo el curso de sus procesos biológicos.

A lo largo de la vida he hecho más de cinco intentos para dejar de leer,

Para ser una persona espontánea que comprende un proceso sin buscar explicaciones en un libro, sin intentar explicarlo a través de la escritura.

La escritura abre la mente pero también nos convierte en tontos para otras actividades que deben ser mucho más emocionantes que pasar páginas y pensar que vale la pena pasar páginas.

Quemar los libros no ha servido para nada,

Regalarlos tampoco porque siempre los vuelvo a comprar.

Lo mío es una obsesión.

Me gustan mis libros pero también me gustan los libros de las bibliotecas públicas,

Me gusta ir a las librerías a ver con qué me encuentro.

Compro revistas porque dentro de las revistas hay palabras.

Cuando paso por mis crisis de lectora tarada pienso cómo sería mi vida si no leyera nada.

Probablemente sería una persona más auténtica,

Tal vez podría salir a flote lo peor y lo mejor de mí.

No voy a intentar dejar de leer porque cada fracaso me hace sentir peor.

Voy para la biblioteca a ver qué hay,

Con cuál libro me puedo olvidar de que hay momentos en los que me siento culpable de leer porque he construido mi vida de tal manera que lo único, lo imprescindible para darle sentido a la miserable existencia es tener un libro al alcance de la mano.

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