Tag Archives: amistad

La amistad según Gustave Flaubert

29 Mar

En nuestros tiempos se escriben bellos cantos a la amistad, la sinceridad, el amor… todo sumido en la más triste banalidad. Si Gustave Flaubert estuviera vivo y tuviera una cuenta en Twitter sería acribillado sin compasión por las bellas almas que pueblan las redes sociales. Gente buena, noble y dulce que dice decir exactamente lo que piensa.

¡No!

Nadie dice en las redes sociales lo que de verdad piensa porque la verdad de las sensaciones y los sentimientos es exclusividad de la gente fuerte y lo que domina el mundo virtual es la debilidad, la banalidad y la tontería.

Nunca antes en la historia de la humanidad habíamos podido contemplar con mirada de asombro -con los ojos cerrados y la boca abierta- tanta tontería reunida en un solo espacio. Es asombroso y emocionante al mismo tiempo. Hay mucho material para analizar. Se sufre pero también se goza.

En las cartas a Louise Colet hay una bella colección de frases hermosas sobre la amistad, pero para hablar de amistad Flaubert debe hablar también de amor, soledad, amargura y miseria de la vida.

Demos gracias a Dios porque este hombre está muerto. Si estuviera vivo se sentiría aún más deprimido y destrozado -gracias a la imbecilidad ajena- de lo que pudo estarlo en el siglo XIX.

Con ustedes, uno de los hombres más malos que ha dado la tierra, una de las peores alimañas. Un ser lleno de odio, envidia, amargura.

¿Saben qué es lo peor de todo?

Yo admiro a este hombre despreciable ante la mirada implacable de la chusma de su tiempo.

Con ustedes el gran Gustave Flaubert:

Tengo el defecto de haber nacido dotado de una lengua especial, cuya clave sólo yo poseo.

No hay oso blanco encaramado en su témpano del polo que viva más olvidado que yo en la tierra.

Me da miedo ser frío, seco, egoísta, y Dios sabe, sin embargo, lo que en estos momentos siento dentro de mí.

He cavado mi agujero y en él me quedo, poniendo gran cuidado en que reine siempre la misma temperatura dentro.

Lo que me sorprende es que, debajo de esas críticas se note un odio contra mí, contra mi persona, un prejuicio denigrador.

No quisiste creerme cuando te dije que era viejo. ¡Sí que lo soy, por desgracia! pues todo sentimiento que a mi alma llega se agría igual que el vino cuando lo introducen en recipientes ya muy usados.

He hecho mal, he sido un necio. Me he portado contigo igual que, en otros tiempos, lo hice con aquellos a quienes más quería: les mostré el fondo de mi saco, y el polvo acre que despedía se les pegó a la garganta.

Adiós, trata de olvidarme; yo nunca te olvidaré. Te equivocaste al decirme que sólo sentía por ti curiosidad. Hay más, pero tú sólo crees en las cosas cuando son extremas. Adiós otra vez. Siempre que necesites algo me encontrarás.

Otro se sentiría orgulloso del amor que me prodigas; su vanidad bebería en él con gusto y su egoísmo de varón se sentiría halagado hasta en los repliegues más íntimos. Pero en cambio tu amor hace que mi corazón desfallezca de tristeza.

Si he sido duro es porque estoy enfermo. Dolorido, amargado, la vida me desloma como un trote demasiado duro que destroza las riñones. El único momento en que no sufro es cuando estoy solo. Los mejores afectos con frecuencia me irritan desmesuradamente.

Yo soy el oscuro y paciente pescador de perlas que bucea en los bajos fondos y vuelve con las manos vacías y la cara azulada. Una atracción fatal me empuja hacia los abismos del pensamiento, me lleva al fondo de esos precipicios interiores que jamás se agotan para los fuertes.

No estoy con nadie, en ningún sitio, no soy de mi país y puede que tampoco del mundo. Aunque muchos me rodeen, sigo estando solo; por eso los huecos que dejó la muerte en mi vida no aportaron a mi alma un nuevo estado de ánimo, sino que acentuaron ese estado. Yo estaba solo por dentro y ahora estoy también solo por fuera.

Por muy uniforme que sea tu vida por lo menos tienes algo que contarme. Pero la mía es un lago, un estanque quieto donde nada se mueve, en donde nada sobresale. Cada día que pasa se parece al anterior. Puedo decirte lo que haré dentro de un mes, dentro de un año, y considero esto no sólo sabio sino afortunado.

Quisiera mandarte únicamente palabras dulces y tiernas, de esas suaves como un beso que algunos saben decir pero que, en mi caso, se quedan en el fondo del corazón y expiran al llegar a los labios. Si yo pudiera, cada mañana tu despertar se vería perfumado por una olorosa página de amor.

El contemplar una vida que una pasión violenta -de la índole que sea- ha vuelto miserable es siempre algo más instructivo y altamente moral. Eso rebaja, con una ironía aullante, tantas pasiones banales y manías vulgares, que uno queda satisfecho al pensar que el instrumento humano puede vibrar hasta ese extremo y subir hasta tonos tan agudos.

La faceta ridícula que veo en el amor siempre me impidió entregarme a él. He deseado, en ocasiones, seducir a una mujer, pero con sólo pensar en el aspecto extraño que en esos momentos debía de tener, me entraban ganas de reír. Tanto es así que mi voluntad se derretía al fuego de la ironía interior, y dentro de mí cantaba el himno de la amargura y de la irrisión.

La diferencia que ha existido siempre entre mi modo de ver la vida y el de los demás ha hecho que me encerrase (¡no bastante, por desgracia!) en una áspera soledad de la que nada lograba hacerme salir. Me han humillado tantas veces, he escandalizado y hecho gritar tanto que he terminado, desde hace ya mucho tiempo, por reconocer que, para vivir tranquilo, hay que vivir solo y poner burletas en todas las ventanas por miedo a que el aire del mundo llegue hasta uno.

No estimes tanto mi talento, no aspiro a ser un Goethe, pues las velas resultan pálidas al lado del sol y, aunque no lo creas, no me esfuerzo por remedar a nadie, y a los grandes hombres mucho menos. En cuanto a mi corazón, su conducto es angosto y está embozado, el líquido no sale de él con facilidad, va corriendo arriba y da vueltas como un torbellino… todo él lleno de bajos fondos movedizos, muchos barcos embarcaron en ellos.

Contra la amistad

1 Dic

Desde hace más o menos cinco años siento que no tengo amigos, conozco a mucha gente, me relaciono con algunas personas graciosas, me divierto conversando con ellas, pero ninguna de esas amistades me entusiasma como me entusiasmaban mis amigos del pasado, los de la lejana juventud. ¿Será la edad? ¿Será el estado civil? ¿Será la pereza de ver cómo todo comienzo termina convertido en nada?

Lo más bello de la vida es el entusiasmo y me entusiasma caminar sola, reírme con Andrés viendo bobear a la gente o masajearme los pies con mucho cariño mientras pienso que ahora no tengo amigos.

No tengo los amigos que me gustan: amigos amados con los que se comparten los mejores momentos durante años, durante más de diez años. Hasta que parezcan mis hermanos aunque sólo sean mis amigos.

Me gustan las amistades largas que se parecen al amor por la emoción que se le concede a cada encuentro, las que se acaban de forma abrupta pero me dejan un bonito recuerdo. Llevo más de cinco años sin vivir esa experiencia, el entusiasmo no me dura más de dos o tres años y ese es apenas el comienzo de la amistad ideal para una persona seria y sensible como yo. Prefiero querer como loca a una persona que tener veinte amigos bobos.

Hace veinte años valoraba más la amistad que el amor, pasaba horas pensando en la plenitud vivida con las dos o tres personas que me hacían sentir dichosa de la vida. Ahora no, ahora prefiero quedarme todo el día en la casa viendo pasar el tiempo, perdida como si no me importara nada. Lo peor de todo es que me gusta.

Me entusiasmaba cuando recordaba cómo quería a esas personas que me daban tanta felicidad. Ahora no. Todo se acabó, el sentimiento llamado amistad está negado para mí.

La celosa: a propósito de la señora de @MrIlseKoch

5 Oct

Muchas personas sueñan con conversar conmigo: familiares, amigos, colegas, admiradores, lectores, gente de la vida real, gente de la vida virtual…  y yo casi nunca quiero conversar con nadie. Esa es la verdad pura y simple. ¿Por qué? Porque la mayor parte de la gente no tiene gracia para conversar y me desesperan. Soy sensible y sofisticada.

Hace dos días tuve la fortuna de conocer en Twitter a una persona digna de mi conversación: el señor @MrIlseKoch. Cuando descubro a alguien con quien puede conversar me entusiasmo y comparto mi entusiasmo con otras personas, y como @MrIlseKoch es tuitero tenía que presumir nuestra reciente amistad desde mi cuenta de Twitter y lo hice dos o tres veces. Quería que todos supieran que había descubierto joyas en medio de la porquería. La conversación fue a través de mensajes privados.

Dos días bastaron para que la señora del tuitero se pusiera celosa y entonces tengo que pasar por primera vez en la vida por esta situación tan escabrosa: decirle a una señora celosa que no se preocupe por mí porque no estoy interesada en tener un romance con su señor.

Es obvio que la esposa del tuitero lo vigila y es obvio también que él sabe que es vigilado. Problema de ellos. Lo que me fastidia es que yo, precisamente yo, la persona más seria, recta y fiel en mis principios, tenga que dar explicaciones de este tipo para que una señora insegura deje de fijarse en mí y busque la semilla del mal en otra parte, la mala mujer que le quiere arrebatar a su hombre.

Muchas personas usan Twitter para buscar sexo, yo no. Uso Twitter para leer, para conversar, para divertirme, para aprender… pero no para buscar amantes o placeres de fin de semana.

Señora: la forma más efectiva de expresarle amor a un hombre no es a través de los celos sino de la confianza. Con su hombre hablamos de vacas, de superficialidad, de reproducción irresponsable, de  subdesarrollo, de mal gusto, de apariencia, de libros, de películas, de ignorancia, de escritura, de viajes, de vinos, de comidas… y no pensamos en la posibilidad de un posible romance entre los dos porque no somos tan bestias y elementales como la mayoría de los seres humanos.

Hablé con su hombre precisamente porque es un hombre serio con el que se puede hablar de temas serios, esos son los hombres que me interesan, pero sólo para hablar, para nada más, no se asuste. Tengo la impresión de que la quiere mucho a usted y a sus hijos. Sospecho que es una persona seria, responsable, de carácter fuerte y claro en lo que le gusta y en lo que no le gusta y creo también que no usa Twitter para conseguir mujeres dignas de sus celos. Esa es mi conclusión después de haber conversado con él durante varias horas.

La invito a recapacitar, piense que los celos no sirven para nada porque hacen ver a la gente ordinaria, sin contar con que ponen en ridículo a  seres inocentes. Piense también en la molestia que me ocasiona, me obligó a usar este blog tan erudito para transfigurarme en protagonista de telenovela. No es justo, pero no tenía más alternativa.

Experiencia, recuerdo y olvido

1 Sep

Esta mañana, mientras esperaba que pasara el tiempo, tomé un libro de Walter Benjamin con sus mejores ensayos: 

Baudelaire, Proust, Poe, Kafka, la fotografía, la historia, la violencia…

Benjamin era maravilloso hace veinte años, sospecho que las nuevas generaciones de lectores deben dormirse cuando lo leen, como deben dormirse también leyendo a Flaubert, el maestro del estilo.

Flaubert y Benjamin se sienten muy rancios a pesar de que tardarán en ser olvidados y enterrados. Mucha gente seguirá hablando de ellos para parecer eruditos y profundos pero pocos comprenderán las ideas de estos pobres hombres tristes y contemplativos, pocos los seguirán admirando de corazón como los admiré yo durante tanto tiempo. Ya no, están muy gastados en mi mente, me entusiasma más pensar en Pascal, en Ovidio o en Séneca, ¿a quién queremos engañar? 

Si Flaubert y Benjamin parecen tipos pesados cómo será de pesado y fastidioso para el lector de nuestro tiempo -con teléfono móvil, adicto a revisar sus redes sociales y a chatear- leer a Proust, al Proust de En busca del tiempo perdido. Sospecho que ese ladrillo no lo leerá con gusto alguien nacido después del año 2005. 

Leyendo y pensando pensaba en mi forma de procesar los recuerdos a lo Proust, crecí leyendo ese tipo de literatura, la de la gente que goza más recordando que viviendo y leyendo que conversando con los amigos. No fue una experiencia muy reveladora:

He tenido dos o tres amigos con los que he pasado momentos dignos de ser recordados, los he admirado tanto que he llegado a confundir el afecto con el amor, he pensado de todas las formas posibles cómo pude ser tan dichosa al lado de gente tan inteligente, dulce, sensible y culta como ellos… Me he solazado en su recuerdo, en el recuerdo de nuestros mejores momentos. Ha pasado el tiempo, mucho tiempo, diez o veinte años. Un día cualquiera nos volvimos a encontrar por casualidad y el recuerdo de ese ser sobrenatural no correspondía con la imagen que mi mente había creado, fue todo una gran desilusión, un fraude total. Estamos en otros tiempos, ya no se puede vivir a lo Proust, es antiestético, ridículo y vulgar.

La felicidad consiste en hablar con alguien y volver a casa conmovido

27 Jul

Te encuentras con alguien a quien no has visto desde hace mucho; habláis durante horas, pero es la nada. Encuentras a otra persona, habláis y vuelves a casa conmovido. Esa es la verdadera originalidad de las personas, lo que esconden y que se trasluce, pese a todo, en lo que dicen.

Exactamente como la música y, para mí, con la gente que dice: “Para mí la música no significa nada” considero que se acabó, no puedo continuar, es algo sumamente grave, porque la música afecta precisamente a eso, a lo más íntimo de alguien. Con quien no siente la música no tengo punto común alguno, es de una gravedad sin nombre y como una maldición de la que el tipo no es consciente.

Cioran

La mujer más hermosa del mundo

27 Feb

Desde hace doce años conozco a un hombre que me ama como no me ha amado nunca nadie jamás.

¿Por qué se enamoró?

Porque es un actor consagrado, un experto en el cuerpo, un intelectual competente, un hombre que siempre hace la cuenta de todas las mujeres que se quieren acostar con él. Quiso darme lecciones de erotismo y cuando me vio desnuda y sospechó lo apasionada que puedo llegar a ser se desplomó como un muñeco de trapo y se sintió humillado como actor y como hombre. El no sabía que soy tan apasionada dando un beso como escribiendo un post y entonces no pudo estar a la altura de mis encantos, se vistió y se fue. Me había prometido una tarde de pasión y locura, se iba a convertir en mi Maestro esa tarde de ese día  y nada salió como lo imaginaba.

Yo me reí un poco narrándole el asunto a mis amigos y para él me convertí en su reto sexual.

Doce años de insistencia lo han convertido en un enamorado dulce, persistente, humillado y ofendido. Me llama en las fechas especiales para decirme que me recuerda, me envía mensajes especiales en las fechas especiales, me invita a tomar café, a beber cerveza, me sorprende con frutas y me pide que seamos amantes.  Cuando está muy enamorado me mira a los ojos y me besa las manos como si fuera una princesa sacada de un cuento de hadas. Y, claro, yo me siento ridícula, estos tiempos no dan para semejante cursilería, sin contar con que no soy una niña de doce años y no tengo cara ni cuerpo de princesa.

Yo lo rechazo casi siempre, le digo que estoy muy ocupada, le respondo en tono altanero, me río en su cara para que se olvide de mí porque no quiero nada de él. Le digo que soy una señora casada y fiel. El dice que sí, que lo sabe, pero dice también que no lo puede evitar, que me quiere, me admira y le parezco la mujer más talentosa del mundo. No sabe si ama más mi escritura o mi cuerpo. ¡Qué locura!

Hoy llamó, estaba segura de que no lo volvería a hacer, la última vez que hablamos lo traté con mucho desprecio para que me dejara en paz. No es divertido hacer sufrir a un hombre, no, no soy ese tipo de mujer. Llamó, me  encontró de buen humor, con espíritu festivo. Nos vimos una hora y durante esa hora me declaró su amor como nunca antes lo había hecho, me hizo sentir como Marguerite Duras cuando recibió la llamada de su amante chino después de muchos años, me dijo que me admiraba como a nadie, que esa tarde, aquella tarde, fue una de las tardes más bellas de su vida con una mujer, que le parecía hermosa, divina, casi una diosa. Ah, esas frases me hicieron reír mucho, como una niña y sospecho que esa risa lo enamora todavía más. ¡Pobre hombre!

Hoy lo traté con dureza pero con alegría, llevaba años sin sacar a flote la faceta de mujer que se expresa de forma ruda y no le hablaba de amor ni de sexo sino de la agobiada que estoy con tanto admirador interesado en sacar provecho mío de alguna manera. Me dijo de nuevo que publicara un libro, que soy grande, inmensa, que la gente se merece que yo dé todo lo que tengo. Tenía el pelo sucio, estaba vestida como una loca, salía de la biblioteca y hasta allá fue, iría a donde yo quisiera sólo porque hoy se me dio la gana verme con él  y lo dejé tirado a la hora porque tenía otra cosa que hacer y me acompañó hasta la puerta.

¿Lo disfruto un poco?

Sí, claro

¿Soy consciente de mis encantos?

No, claro que no, soy la persona más común del mundo

¿Qué pienso de este hombre?

Pienso que es un machista asqueroso que quiere demostrarme que me puede hacer gemir y cree que algún día le voy a conceder semejante dicha.

¿Estaría dispuesta a volver a tener un encuentro sexual con él sólo con el propósito de comprobar si es el mal amante que conoció hace doce años?

No, claro que no, soy una señora casada y fiel.

Caminando bajo el sol

21 Dic

El sol tiene un efecto benéfico para alguien como yo porque soy de espíritu jovial y ayer caminé durante diez o quince minutos con un hombre con el que casi siempre nos sentamos a tomar café. Café y sólo café hasta quedar temblando con la sensación. El café de ayer estuvo mucho mejor que todos los anteriores ¿fue porque nos vimos a las once de la mañana y casi siempre nos vemos a las tres de la tarde? Es probable. Nací a las ocho de la mañana y por eso cuando soy más yo es antes del mediodía. Soy más yo cuando camino que cuando estoy sentada tomando café.

Ese hombre hizo realidad un sueño de vaqueros que añoraba desde hace ocho años: ir al mismo sitio a beber lo de siempre con la misma persona. Soñaba con el mensaje que me envía cuando nos vamos a ver: “A las tres donde siempre”. Nuestro hombre es un hombre dulce que quiere pasar por rudo pero no puede, le gana la dulzura.

Una de las ventajas de sentarse a tomar café en el mismo sitio, en la misma mesa, a la misma hora… es que no hay distractores, conocemos el paisaje de memoria y nos concentramos en la conversación. Nuestro héroe es un gran conversador. Sin contar con que el tono de voz y la expresión corporal lo convierten en un ser único y excepcional ante la mirada de alguien tan caprichoso como yo. Para mí es único y excepcional y no es ni novio ni amante, no somos tan vulgares, es un hombre respetuoso conmigo como lo son mis dos o tres amigos. Pero yo lo espero temblando de emoción porque siempre será emocionante verlo y volver a hablar con él.

Ayer terminamos nuestra conversación de dos horas que él calcula muy bien sin mirar el reloj, entramos a mirar ropa para él que nunca compra, salimos y -en vez de despedirnos en la misma salida del odioso centro comercial- decidimos dar una vuelta por iniciativa mía. Le dijo al señor serio: “¿Nos despedimos aquí tú y yo o damos una vuelta?” y él dijo en tono jovial: “¡Demos una vuelta!”. Me tocó el brazo, me tomó como si fuéramos Tola y Maruja y nos fuimos a dar nuestra vuelta. Ay, no, qué sensación tan agradable me quedó de esa tontería llamada caminar al lado de una persona querida ¿por qué sentimos la esencia de la gente cuando caminamos uno al lado del otro? Es un misterio para mí.

Como no estamos acostumbrados a caminar juntos, en un momento de la ruta tropezamos un poco y yo le dije en tono imperativo bromista “¡No me empuje!” y él me empujó para responder a mi broma. ¡Ay, Dios!, el mundo perfecto en medio de esta podredumbre llamada mundo real.

Seguimos hablando de los temas de siempre pero éramos más joviales y yo -que soy tan reservada- empecé a revelarle los secretos más sensibles, lo que él no debía saber sobre mi táctica y estrategia cuando me dispongo a escribir algo como lo que escribo en este momento (y él está ansioso por leer). Me traicionó la breve caminata como a los borrachos los traiciona el alcohol. Fui presa de la embriaguez provocada por el sol, el afecto y el hecho de habernos salido de nuestra rutina, estuve tentada a repetir la dulzura de cuando fui presa de una dulzura tan dulcemente dulce.

Anoche soñé con él, un sueño erótico que no voy a describir aquí para no echar a perder el tono de la historia. Sospecho que mi cerebro quedó fascinado con nuestro juego de empujones y creó esa fantasía; al cerebro le gusta armar historias mientras el pobre ser humano duerme porque no puede parar, tiene que jugar con él mismo. Con frases y sensaciones vividas durante el día creamos mundos fantásticos que nos perturban o nos hacen sentir culpables. No lo voy a negar, el sueño fue tan dulce como la experiencia vivida. ¿a quién queremos engañar? 

¿Freud tenía razón? ¿busco a mi papá de forma inconsciente en hombres desconocidos?

1 Dic

Ayer quedé asombrada cuando le describí a Andrés los hombres que me gustan mucho aunque no termine acostándome con ellos.

Son hombres mayores que yo, trabajadores incansables, casados con una sola mujer o solteros; proveedores no sólo de su familia nuclear sino almas nobles que trabajan para ayudar económicamente a personas con las que no tienen vínculos familiares o con familiares lejanos. Hombres que gozan dando por el simple placer de dar y admirables porque tienen dinero, poder o premios y los han conseguido por méritos propios, porque se han esforzado trabajando, porque han tenido suerte o porque son inteligentes y talentosos. Hombres que necesitan ser admirados por alguien como yo.

Físicamente no tienen nada que ver con los hombres que me gustan para disfrutar placeres no precisamente espirituales. Los hombres con los que termino involucrada sexualmente son altos, de piernas largas, manos grandes y apasionados por el descanso como yo, gozadores de la vida como no lo será nunca mi papá ni esos hombres a los que tanto admiro y terminan agotándome porque son muy estrictos o muy exigentes con ellos mismos y conmigo, con mi espíritu infantil y poco apegado a los bienes materiales, a la realización de grandes sueños relacionados con fama, poder o riqueza.

Mi papá es serio, tímido, irónico, amargado, trabajador incansable, madrugador, entregado a su esposa, a sus hijos, a sus nietos, feliz compartiendo el fruto de su trabajo con los demás, especialmente con los miembros de su familia.

Los dos hombres a los que me referiré a continuación son un poco como él, hombres masculinos que seguramente me inspiran confianza y me dan seguridad como me la dio durante tantos años mi adorado papá. Ese dato es para mí una revelación, sospecho que no volveré a entusiasmarme como una loca cuando vuelva a conocer a un hombre que me haga pensar de manera inconsciente en mi papá. No sé si he perdido o ganado con semejante descubrimiento. Sospecho que he perdido. Se acabaron mis amores imposibles.

¿Cuando me fijo en esos hombres, me ilusiono y hasta fantaseo un amor con ellos estoy buscando de manera inconsciente  el amor de mi papá? ¿son amores incestuosos aunque no nos toquemos ni una mano?

Anoche descubrí que es un patrón de acción fijo en mi cerebro: cuando descubro en un hombre cualidades de mi papá me entusiasmo y lo empiezo a querer. Si me habla de su esposa y de sus hijos con respeto y admiración me gusta. Si me habla de sus triunfos como profesional me gusta. Si le gusta el dinero y me explica cómo lo consiguió me gusta. Si me muestra objetos fetiche que lo entusiasman me gusta.

Objetos fetiche que activaron el patrón de acción fijo en mi cerebro:

1) Un teléfono móvil en 1989 que nunca timbró porque casi nadie tenía un teléfono móvil en Bogotá en 1989. Ese teléfono tan grande no timbró nunca dentro del Chevrolet modelo 37 en el que me transportaba como una reina de otro siglo por las calles de Bogotá. El conductor era un viejo de 44 años de ojos azules y  risa burlona y yo era una niña de 19 fascinada con esos juguetes. El viejo no era un juguete para mí, a él lo trataba con respeto y reverencia, como a un padre. En muchas ocasiones él iba adelante y yo atrás y le pedía que me tratara como si fuera mi chofer. Ese hombre es el que más me alimentó y con el que más he disfrutado de ese placer, como cuando era niña y mi papá joven llegaba con golosinas para los niños mimados. Ese viejo es veinticinco años mayor que yo, si está vivo tiene la edad de mi papá, puesto que mi papá me tuvo a mí de veinticinco años.

2) Un profesor muy serio y muy arrogante, premio nacional de poesía y de crítica literaria. El fetiche es él mismo, su seriedad, su timidez, su erudición, su sensibilidad, su vida privada compartida conmigo porque siempre estoy dispuesta a oír a un viejo contando la historia de sus amores y sus desdichas; su entrega a sus tres hijos contemporáneos míos. Es un padre soltero, su esposa lo abandonó en Estados Unidos mientras ella estudiaba y él cuidaba a los niños; ella conoció a otro hombre, se enamoró y se fue. El profesor tiene una biblioteca inmensa que está dispuesto a compartir conmigo. Doble fetiche. Una locura total. También es veinticinco años mayor y por él terminé haciendo una maestría en literatura. Dejamos de vernos porque peleábamos mucho. El quería que yo admirara a Ricardo Cano Gaviria y despreciara a Fernando Vallejo y yo le daba mis razones para tomar la decisión contraria. Ahora él me dará la razón desde la distancia. ¿todavía me recordará mi profesor de literatura devenido en papá regañón y exigente?

Cara de culo

20 Sep

Casi toda la gente que me simpatiza es gente furiosa.

Nos reunimos cada cierto tiempo a recordar que todo está peor que la última vez.

Que la miseria de mañana será peor que la de hoy.

Siempre son hombres.

Mayores o menores que yo pero hombres en todo caso.

Hombres masculinos.

No he conocido mujeres con las que me reúna a ser tan pesimista como con ellos.

Mis amigos son  sensibles pero furiosos.

Y la furia los lleva a usar malas palabras.

A mí me gusta oírlos, no son  maleducados,

Son  bonitos y de buenos modales.

Sonrientes y tranquilos como yo.

Relajados y con mucho tiempo libre.

***

Pero hay realidades que sólo se pueden expresar con malas palabras y con furia.

El miércoles me encontré con uno de mis amigos furiosos con el mundo pero amables conmigo (siempre son amables conmigo).

Hablamos de políticos corruptos,

De los políticos que se merecen los colombianos.

De la miseria de la gente que trabaja ocho horas diarias y tarda tres horas en un bus apestoso mientras va del trabajo a la casa y de la casa al trabajo. Gente con el derecho a llegar e darle en la jeta a la mujer y a los hijos porque están desesperados.

De los sueldos miserables.

De la televisión inmunda.

De la gente estúpida de nacimiento.

De las putas.

De los traquetos.

De los teléfonos inteligentes.

Mi amigo decía cada vez que pensaba en la pobre humanidad sin conciencia de la miseria en que vive: “si yo viviera en esas condiciones andaría siempre con cara de culo”.

Cada uno de mis amigos tiene sus propias frases, sus propias palabras,

Pero lo fascinante de ellos es que, como son niños bonitos, todo se les ve bien.

Usó la expresión “cara de culo” más de seis veces, nunca se la había oído decir antes y con tanto énfasis.

Esta mañana, mientras iba en mi bus apestoso recordé su furia, su rostro diciendo “cara de culo”,

Miré a la gente con cara de culo que iba al lado mío y los comprendí un poco.

La gratitud

9 Jun

La gratitud es una deuda  que habitualmente  se va acumulando como un chantaje, cuanto más se te da, más se te exige. Hasta que te percatas de que todas las atenciones recibidas se han convertido en una maldición  que desearías que no se hubiera producido nunca.

Mark Twain