¿Mi vida no es mi vida?

8 Feb

yo“Su vida en Twitter es imaginaria, así funciona, sólo en la imaginación de la “rebelde antisistema”. “Acabarla como una rata”, es como lo dijo Landa, es despreciarla por ser lo que es. Usted jura que la quieren matar, y no vale ni una bala”.

“Porque uno tiene la esperanza de que en ese cerebro entre la realidad que ella evade a través de su Twitter y su blog (la vida que se inventó) y entienda que no es envidia. Es desprecio por ser quien es. Igual ya me bloqueará y listo. Pero dije lo que quería decir”.

“Elsy es como mi novia ficticia de Montreal, que habla conmigo (Juan) y otros personas del Twittter por teléfono. No seré consecuente con lo que hago y mejor me victimizo, como de costumbre”.

 

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El palacio de la luna

8 Feb

Pero su cuerpo me hablaba en clave, y yo no tuve los recursos o la inteligencia necesarios para descifrar el mensaje

A Paul Auster llegué a través de Siri Hustvedt y su libro La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres. Después de haber leído las quejas de Siri a propósito de las desventajas que tiene como escritora si se mira al lado de su marido yo -como mujer interesada en el feminismo y en la literatura- en vez de interesarme en las obras de ella después de haber leído su libro, como buena hija del sistema heteropatriarcal que prefiere leer a hombres por prejuicios que todavía no saben los biólogos ni las feministas si tienen que ver con fenómenos sociales o biológicos, yo, que he estudiado con juicio a Virginia Woolf y a Simone de Beauvoir, terminé leyendo al hombre y la elección fue afortunada porque encontré una de las mejores novelas que he leído a lo largo de mi vida.

Me puse a gritar y después me permití enloquecer -dice el protagonista del libro mágico- y casi al final de la historia narrada vuelve a hablar de gritos. En este libro tres hombres llegan al límite de la desesperación y encuentran en el grito la salida más digna: Cuando un hombre siente que ha llegado al límite de su resistencia, es absolutamente natural que necesite gritar, dice casi al final del libro el narrador, que es el mismo protagonista de la historia, un joven de fantasía, personaje hecho de palabras, literatura pura y, claro, terminé pensando en el grito de Charles cuando ve muerta a Madame Bovary.

Mientras leía El palacio de la luna pensé de forma permanente en Flaubert y estaba segura de que al místico estético le hubiera encantado leer o escribir este libro que hace pensar en lectura, escritura y filosofía, en la gratuidad del acto de leer como lo plantea Daniel Pennac en Como una novela y en los libros que se nos convierten en fetiche como bien lo muestra Barnes en El loro de Flaubert. Los cuatro hombres del libro: hijo, padre, abuelo y tío son lectores apasionados y creadores de fantasías, no sabremos nunca si lo que dicen que vivieron ocurrió o si es producto de su imaginación a partir de los libros leídos.

A lo largo de la novela aparece la imagen de Montaigne como autor de culto, el que nunca puede faltar. Los valores que encarnan los personajes se parecen a los que encarna el sabio francés, el hombre que entendió que vivir es algo sencillo a pesar de que la vida de los personajes esté marcada por la tragedia, el azar, la aventura y el infortunio, nada que ver con su maestro guía; como en los Ensayos de Montaigne hay en los personajes del libro un deseo claro de reflexionar sobre la forma más afortunada de concebir y vivir la vida, la más deseada, y también nos encontramos con la pasión por narrar la propia vida no sólo a partir de lo que les ha ocurrido como hombres sino como lectores y entonces vemos aparecer y desaparecer dinero a lo largo del libro y el dinero no es el fin sino un respiro que vive el personaje principal a lo largo de su travesía. Hay desprecio al dinero y al poder y amor absoluto al ocio creativo, la imaginación, la lectura y la escritura. El dinero son simples papeles verdes: Nunca había visto tanto dinero junto, pero cuando terminé de contarlo, la magia había desaparecido y el dinero había quedado reducido a lo que realmente era: cuatrocientos pedazos de papel verde.

Hay un momento de la historia en que la inverosimilitud llega al límite y uno como lector se siente triste y desilusionado, no es justo que se traté de manera tan superficial a la mujer que le salvó la vida al protagonista y entonces, después, cuando hemos perdonado al escritor por este fallo, volvemos al libro y descubrimos que la inverosimilitud y el exceso de juegos del azar confirman después de haber pasado la página 100 que se trata de un juego premeditado, mezcla explosiva de humor, crueldad y maestría en el arte de construir mundos dentro de otros mundos: Por ahora, vamos en direcciones opuestas. Pero antes o después nos reuniremos de nuevo, estoy seguro. Al final todo sale bien, ¿comprendes?, todo conecta. Los nueve círculos. Los nueve planetas. Las nueve entradas. Nuestras nueve vidas. Piénsalo. Las correspondencias son infinitas. Pero ya basta de charlatanería por esta noche. Se hace tarde y el sueño nos llama a los dos. Ven, dame la mano. Sí, eso es, un buen apretón, firme. Así. Y ahora sacúdela. Eso es, un apretón de mano de despedida. Un apretón que nos dure hasta el fin de los tiempos.

La luna se conecta con todo lo demás y como el protagonista es más poeta que hombre práctico su vida gira alrededor de esta idea fija: Podré seguir viviendo en la luna el resto de mi vida… Era una luna llena, tan redonda y amarilla como una piedra incandescente. No aparté mis ojos de ella mientras iba ascendiendo por el cielo nocturno y sólo me marché cuando encontró su sitio en la oscuridad.

Ahora viene lo difícil –dijo-. Los finales, las despedidas, las famosas últimas palabras, arrancar las estacas, creo que le llaman en las películas del Oeste. Aunque no tengas noticias mías a menudo recuerda que siempre pienso en ti.

 

Aún no era grande

15 Ene

Para los tuiteros ignorantes, sin imaginación ni sentido del humor que están dudando del talento y la erudición de Estefanía Uribe Wolff rescato esta reseña que escribí sobre su libro maravilloso. Les recuerdo que fue reconocido como uno de los libros del año en 2013 y por el hecho de que Tefa no haya vuelto a publicar otros libros nadie tiene derecho a dudar de ella, de su escritura, su estilo, su fuerza ni su sensibilidad.

“Cuando lloraba y se acercaban a quitarme las lágrimas les decía suplicando: no me quiten mis tristezas. Adoraba el líquido que brotaba de mis ojos porque  era la consumación y demostración más pura de mis dolores; por eso no las llamaba lágrimas sino tristezas. Esas, que impregnaban de un olor mi trapo rosado que perdí o perdieron en una cantina de un olor que solamente mi olfato percibía”.

Unos cuantos piqueticos

***

A Tefa, @tefa_ o Estefanía la conozco desde hace ya bastante tiempo si partimos de la certeza de que a través de Twitter podemos llegar a conocer a la gente mucho más y mejor que cuando convivimos con ellos. Ella se disputa el puesto de mi mejor amiga virtual con @jmalaparte. A las dos las quiero con intensidades similares y ellas se quieren un poco también aunque a veces discuten porque @tefa_ quiere seguir bebiendo y @Jmalaparte quiere que ella deje de beber. Lo que @jmalaparte no sabe es que @tefa_ comparte creencias con algunos místicos presocráticos: “Estoy segura de que en otra vida fui eso, una planta de agave macho segada por un jimador allá de Jalisco a la que luego procesaron, fermentaron y convirtieron en un tequila del que habrían de beber el mismísimo Emiliano Zapata brindando con Pancho Villa y que luego fue a dar a la casa de Frida, donde Chavela Vargas se lo encontró y se lo tomó con ella, Diego y Trotsky (pág. 24-25).

El libro de Tefa lo recibí el viernes. Siempre es emocionante recibir libros de otras ciudades o países pero este libro me emocionó más que otros venidos de mucho más lejos. Destapé la bolsa, rompí el sobre, miré su nombre y el mío con nuestras direcciones y nuestros nombres completos y adentro estaba su libro:  Aún no era grande, de Estefanía Uribe Wolff. La llamé y deseé con todo mi amor que me fascinara su libro y, claro, me fascinó, es un libro digno de mis ojos: literatura colombiana escrita por una mujer digna de ser leída con atención, digna de ser recomendada por alguien como yo. Lo leí el sábado, hoy es domingo, me levanté temprano, lo volví a leer y ahora me dispongo a escribir sobre esta belleza.

Es un libro de 57 páginas compuesto por diez textos breves con varios temas recurrentes: el coqueo, las tristeza, el dolor, el vómito, las supersticiones, el alcohol, Frida y Carolina Sanín. Mientras los leía pensaba que tal vez yo también debería publicar un libro, la experiencia de leer en pantalla no se compara con la experiencia del lector ante el papel con un resaltador rosado en la mano y un micropunta para hacer anotaciones sobre lo que se ha resaltado. Las palabras de Tefa merecen la letra impresa, la experiencia única que implica leer en papel, ver cómo se va transformando el libro a medida que transcurre el tiempo y vamos dejando marcas de cada una de las lecturas. Es un libro con dedicatoria, a primera vista pensé en la letra de una niña de colegio, pero cuando terminé de leer y volví a revisarla noté la mano temblorosa de quien escribe en el libro: “Tiemblo, es inevitable. Y no es miedo, ni es frío, ni es rabia, ni angustia, ni desazón. Tiemblo porque sí, desde siempre, por lo que me tomo en las mañanas y durante el día. Pastillas y café: una para la gastritis, otra inmunosupresora, otra azulita que no sé bien qué hace y otras dos blancas que me permiten ser gente…  Todas hacen temblar”. (pág. 31). Con esa misma mano temblorosa Estefanía escribió con tinta negra: “Para mi muy querida amiga Elsy (un corazón gordo dibujado) con amor, Estefanía Uribe W.).

La primera historia arranca con el bendito coqueo: “El coqueo es una cobija pequeña en forma de conejo que me regaló un amigo de mi papá cuando nací” (pág. 13) y el amor que Estefanía profesa hacia esa cobija devenida en trapo sucio y feo casi me hace llorar, yo que no lloro desde hace más de treinta años. El coqueo se perdió en una cantina: “Con el coqueo limpian regueros de aguardiente, mocos de borracho y no de niño y ya no es ni siquiera rosadito sino gris y feo, le cortaron las orejas, le quitaron el borde de satín y ya ni siquiera era un conejo” (pág. 15). Nuestra heroína recupera su coqueo porque lo reconoce después de mucho tiempo en la cantina donde quedó abandonado: “Mi llanto tiene  la particularidad de impregnar las cosas por siempre, con todo y un olor característico” (pág. 26).

Aún no era grande no es literatura infantil, no es una novela, tampoco es una colección de cuentos, nos recuerda la prosa de Fernando Vallejo y la de Juan Rulfo: “Al lado del río Cauca, entre Bolombolo y Concordia, quedaba La Herradura. Ya no existe… Y en ese lugar del mundo las estrellas son tantas, tantas, que el cielo parece blanco con manchas negras… Abajo, luciérnagas y cocuyos en un danzar extraño parecían hacerle espejo a la bóveda celestial” (pág. 19).  Es una prosa premeditada, escritura pura, atención y cuidado en la combinación de palabras y sonidos, una verdadera delicia para los ojos y para los oídos y de una tristeza más triste que la de los narradores jaliscienses de algunos cuentos de  Juan Rulfo; pero no es una vil copia de ningún autor, es la obra de una mujer y plasma temas que otras mujeres no se han atrevido a plasmar en la literatura colombiana. Esa es la gran novedad.

La mujer retratada por Estefanía no es una modelo SoHo siempre lista para ser penetrada sino una mujer de carne y hueso: “Sí, calma, y al otro día da temblor. Como el tiempo, pensamientos y obsesiones se detienen por un instante y todos los órganos con terminaciones nerviosas  se anestesian: el clítoris, por ejemplo, es como un miembro fantasma, y creo que es lo que sienten las personas mutiladas con sus pedazos faltantes. No hay lubricación y una penetración duele mucho. ¿Cómo harán la señoras casadas? ¿Y las que tienen novio? Bueno, yo no soy casada ni tengo novio. Punto a mi favor (pág 32).

Hay varias mujeres amadas en el libro, las que más sobresalen son la abuela Lucinés, Frida Kahlo y Carolina Sanín. A través de la abuela se recrea el amor a primera vista que solemos tener con un familiar muy cercano, a través de la  artista mexicana se recrea el  dolor del cuerpo femenino -la fuerza sacada a través de ese dolor- y a través de la escritora colombiana, llamada Justina en el libro, se recrea la sabiduría, la madurez, las profecías cumplidas pronunciadas por la sabia. Es en estas citas donde mejor se reconoce la voz de la autora con toda su originalidad, ella está obsesionada con lo femenino y no necesita que un hombre le explique su comportamiento, ella misma se encarga de hacerlo. En “Unos cuantos piqueticos”, el último relato, es donde mejor podemos apreciarlo:

Y el dolor de Frida  no es por la sangre que le escurre de su cuerpo desnudo. Ella siente un dolor que va más allá de esa pintura y de la sangre, de los piquetes… Tatuajes, los tatuajes son unos cuantos, infinitos, incontables o innumerables piqueticos… Sangre que sale de uno mismo, de las mujeres, sangre que hacía que las niñas  se volvieran mujeres. Que crecieran, por chillonas, ¿yo por qué? ¿Yo para qué iba a querer senos si me gustaba quitarme la camisa para jugar lo que fuera cuando hacía calor… Y el día que lloré, que me vieron llorar, fui a hacerme mi primer tatuaje, ese de la virgen que vino a tapar la mariposa. Punto por punto, aguanté un martirio de siete horas justo en la columna, el lugar del cuerpo que más le jodió la vida a Frida, que la invalidó e hizo que sus yesos en forma de corsés fueran obras de arte. La sangre me brotaba por la espalda baja y era de colores, de muchos colores.

Es mejor derramar sangre que lágrimas. Aguantar unos cuantos piqueticos. (pág. 56-57).

 

Palabras mayores

15 Ene

Con ustedes la síntesis del Pensamiento Feminista Colombiano.

Fue redactada por una mujer, claro. Y celebrado por otras mujeres

¿Notan los niveles de machismo, racismo, clasismo y no sé que más ismos en una sola frase?

“No se afane, uno de esos ataques proviene de Rosa Elvira Cely alias ‘Elsy Rosas’ cuyos dardos en realidad son bodoques de papel. La pobre vieja deschavetada tiene complejo de inferioridad camuflado en una presunta erudición que ella se atribuye a sí misma. Solo es megalomanía”.

Catalina Ruiz-Navarro. Caso Cerrado

15 Ene

Han pasado casi cinco meses después de que supimos que Catalina Ruiz-Navarro olvida poner comillas y llama rizomas a sus plagios. Ninguna institución seria se ha manifestado: la Universidad Javeriana calla, el Ministerio de Educación calla y Fidel Cano Correa sigue insistiendo en que Catalina es una mujer moderna y aunque no sea inteligente ni rigurosa le gusta su voz y no tenemos por qué complicarnos con un plagio de hace diez años.

Desde hace más de cinco meses dije que un plagio de cuarenta páginas y 53 pares de comillas que hacen falta es indefendible y que quien se atreviera a justificar, negar o defenderlo quedaría como un estúpido, como un corrupto o como un irresponsable y de paso harían quedar peor a Catalina Ruiz-Navarro. Lo dije y parece que no lo tomaron en serio y entonces llegaron a defender y a justificar el delito -porque el plagio es un delito-. Han ido llegando de uno en uno cada quien con su numerito. Llegó la feminista, llegó la buena mujer, la mujer sensible, compresiva, buena y noble, llegó el jefe, llegó el marido, llegó la mejor amiga.

Sólo falta el Comunicado de la mamá y el ladrido de la perra y queda listo el libreto para montar la versión colombiana de María la de barrio.

No he visto Caso Cerrado, he visto Laura en América, pero lo que dice la gente que ve televisión es que lo de Catalina, el desenlace que ha tenido el asunto, el trato que se le ha dado, da para un capítulo de Caso Cerrado.

¿A dónde hemos llegado?, compañeros de Causa.

Twitter en el mundo de la modernidad líquida

15 Ene

Tres amigos, tres hombres risueños, amables y graciosos son tres seres humanos de carne y hueso, gente con la que se puede caminar, ir a cine y oír música. Músculos, carne y sangre, realidad real, algo que se puede tocar, átomos, materia viva, lo sólido que no se desvanece en el aire.

Tres puede parecer poco al lado de catorce mil seguidores y mil rts por cada tuit, pero los tuiteros dizque influyentes juran que son poderosos porque todo el día tienen sentado el culo frente a la pantalla y son dizque famosos en medio de gente tan fracasada en la vida social como ellos. Bobos entre bobos escribiendo frases tontas, lugares comunes, verdades de cajón, fórmulas que conocen bien para parecer lo que no son y para que sus bobadas sean repetidas por otros bobos como ellos con pensamiento uniformado en lo que se supone debemos pensar para parecer buenos ciudadanos, buenos seres humanos, humanos ejemplares, gente respetable y digna de ser imitada.

Olas de indignación de mentiras en manos de falsos mamertos, falsos seres de mente abierta, defensores del pensamiento libre, libertad de expresión y el derecho a no estar de acuerdo con lo que piensa la masa estúpida. Nada de eso es real, es simple movimiento de dedos comandados por un cerebro hueco que le teme al vacío y a la soledad y lo que este cerebro hueco de los tuiteros no sabe es que los cerebros huecos están interconectados a través de materia inexistente, esos amigos no existen, esas ideas no existen y esas vidas no existen.

Twitter es una cloaca insufrible, olla podrida, el mundo de mentiras perfecto para observar cómo, de qué forma tan lamentable, se puede hundir una mente sin rumbo.

Antonia

15 Ene

Nací enamorada de perros y gatos

Me fijé en esos seres fantásticos antes que en el sol, el cielo, los libros y la gente.

El gato me parecía el animal más bello del mundo

El perro me parecía el animal más bueno del mundo

Tenía perro y gato y mi corazón no podía entender si quería más al perro o al gato

Sospecho que quería más al gato pero llevo dos días pensando en mi perra Antonia

Cuando tenía siete años le daba besos y abrazos al gato, le tocaba las orejas, los cojines de las patas y la cola

Me gustaba mirarlo a los ojos y perderme en medio de tanta belleza

Disfrutaba viéndolo caminar, correr y bostezar

Y jugar con un gato, un gato jugando con un niño, sentir sus dientes y su lengua en las manos, verlo jugar con la bola de lana o con la pelota de rayas es algo que no se cambia por nada, el recuerdo más bonito que puede existir de toda la infancia junta.

El gran amor de mi vida durante la infancia fue mi gato negro, cuyo nombre no alcanzo a recordar; o tal vez no tenía nombre, simplemente se llamaba El gato, eso creo.

Cuando tenía gato ya leía El gato, el poema de Baudelaire

Y por amor a los gatos terminé enamorada de la poesía

Y nadie le ha cantado más y mejor a los gatos que Charles Baudelaire, claro, porque él también tenía gato cuando era niño y también era poeta como yo.

El gato es un animal con el que se goza la vida dentro de la casa y los perros que me gustaban eran sólo los perros de calle y sin amo, perros criollos de todos los colores y ahí, en una calle cualquiera, fue donde conocí a Antonia.

Cuando era niña ya caminaba consciente de mis pasos y me gustaba caminar buscando gatos en ventanas, tejados, jardines o tomando el sol en plena calle, gatos atrevidos e irrespetuosos, y me gustaba saludar a los perros con toques en la nuca y juegos típicos entre perros y humanos.

Algunos perros abandonados buscan amo y después de un rato de juego en un parque o en una calle asumen que esa amistad no es pasajera sino que se trata de algo para siempre y ese fue el caso de Antonia.

Un día iba caminando, me crucé con ella, la saludé con cariño, caminamos juntas un rato y luego descubrí que caminaba junto a mí como si fuera mi perra, le decía con cariño que se fuera, que no soy amiga de un perro en particular sino de todos en general y que no puedo ir adoptando perros porque no soy una loca y además tengo una vida y Antonia no entraba en razón, se obsesionó conmigo y se plantó en la entrada de la casa, me acompañaba a todas partes, me esperaba en cualquier lugar mientras salía y así terminó convenciéndome y fue mi perra durante uno o dos meses y después, como hice con otros gatos que me encontré por el camino, se los terminé entregando a mi mamá, que tiene más tiempo y no ama tanto a los animales como yo y por eso los puede cuidar mejor que yo porque mi amor incondicional a los animales está hecho de besos y abrazos y llega un momento en que llego a asfixiarlos y es mejor que se vayan con alguien que los vea como simples animales y les ponga la comida y el agua.