El chiste del día: la soledad en la pandemia es un infierno

18 May

“El confinamiento también ha revelado otra línea divisoria: la que separa a las personas que viven solas de las que tienen a alguien importante con quien interactuar. De repente, estar soltero no era un estilo de vida, sino un decreto impuesto a las personas obligadas a vivir la falta de relaciones sexuales y calor humano. Seguramente, esta experiencia de aislamiento obligatorio y lo que ello entraña (el celibato forzoso) hará que aumente el número de personas que quieran establecer vínculos estables y con sentido”.

https://elpais.com/especiales/2020/coronavirus-covid-19/predicciones/se-buscan-parejas-estables/

La que separa a las personas que viven solas de las que tienen a alguien importante con quien interactuar.
Vivo sola desde hace treinta años y siempre hay personas importantes para interactuar. Existen los teléfonos e internet, excelentes medios de comunicación. Interactuar con gente importante en un espacio físico es algo que se vuelve insoportable cuando usted se acostumbra a vivir solo. Me gusta tanto vivir sola que no soporto la presencia de animales ni plantas. Si veo una mosca volando la persigo sin tregua hasta que la veo salir por la ventana. Puede ser difícil de imaginar esa forma de vivir pero no es ningún infierno, es el cielo en la tierra para el que escogió la soledad como su castillo.

2. De repente, estar soltero no era un estilo de vida, sino un decreto impuesto a las personas obligadas a vivir la falta de relaciones sexuales y calor humano.

Estar soltero es un estilo de vida, una forma de vivir, una elección consciente. No vivo sola porque esté obligada sino porque así imaginé mi vida desde la infancia, construí mi vida para vivirla en soledad. Pensar en la falta de relaciones sexuales y calor humano como algo imprescindible es ver la vida de manera muy elemental, como si sólo fuéramos animales y estoy segura de que hay mucho más que eso. Pasar cincuenta días absolutamente solo es una gran aventura.

3. Seguramente, esta experiencia de aislamiento obligatorio y lo que ello entraña (el celibato forzoso) hará que aumente el número de personas que quieran establecer vínculos estables y con sentido.

La señora que escribe el texto está obsesionada con el sexo y no puede imaginarse sola. Nací en una familia y ahí, en esas condiciones, decidí que quería vivir sola, entre 2012 y 2015 viví en pareja y esa experiencia me llevó al convencimiento de que prefiero vivir sola. Si estuviera compartiendo la cuarentena en familia o con algún ser querido seguramente ya estaría al borde de la locura.

Sospecho que mucha gente vive el infierno de la compañía en cuarentena y cuando puedan volver a tomar decisiones autónomas soñarán con vivir solos.

Vallejo, Abad y Carito

18 May

Hace veinte años estudiaba en el Instituto Caro y Cuervo y mi trabajo de grado fue un análisis del campo literario colombiano actual. Estudié la obra, la apuesta estética y la toma de posición de Fernando Vallejo, Héctor Abad Faciolince y Ricardo Cano Gaviria. Mis sospechas se convirtieron en certezas: Vallejo es el gran renovador, el auténtico, original, honesto y arriesgado, Héctor Abad es blandengue y acomodado, un escritor de libros para tías y Ricardo Cano Gaviria es un hombre posudo y ridículo, su obra literaria es una extensión del hombre caricatura en que terminó convertido.

Antes de hacer el estudio de campo revisé la obra literaria de los escritores colombianos más destacados y no se me cruzó el nombre Carolina Sanín en ninguna biblioteca, vine a saber de ella en las redes sociales por sus peleas con estudiantes de los Andes en Facebook, sus videos en los que no dimensionó los límites del ridículo en YouTube y sus recientes delirios en Twitter. En 2010 supe que escribía, que era la sobrina de Noemí Sanín, una mujer prepotente y despiadada con las amas de casa que iban a verla en sus charlas y conversatorios. Me llamó la atención un personaje tan gracioso y pintoresco y desde hace diez años me ocupo de Carito en este blog con el propósito de divertirme a mí misma mientras escribo, pienso también en la carcajada del futuro cuando estas pequeñas piezas se conviertan en clásicos.

Fernando Vallejo es el rey porque escribió La virgen de los sicarios y El desabarrancadero, es un clásico vivo, una leyenda, puede decir y hacer lo que le dé la gana porque renovó el campo literario y se puso al lado de José Asunción Silva y Gabriel García Márquez . Héctor Abad Faciolince sigue siendo el segundón pero ha acumulado más premios y sigue vendiendo como pan El olvido que seremos, el libro favorito de secretarias y vigilantes. Ve uno la “carrera” de Carolina Sanín y descubre que no hay nada, ni siquiera un trabajo de grado de una de sus fans analizando uno de los veinte bodrios que ha escrito a los que ella llama libros o literatura. Ella sueña con estar al lado de Vallejo y de Abad y sólo ha conseguido la indiferencia del rey y las burlas del segundón, hoy supe que Héctor Abad se refiere a ella como la boba graduada y creo que tiene razón porque en veinte años de “carrera” nos ha demostrado que es una máquina de autodestrucción, al parecer lo único que le queda es el curso virtual en la librería Lerner y seguir llorando con su grupo de amigos porque se les acabó el reinado de la mediocridad en la revista Arcadia. ¿Tiene sentido haber estudiado tanto para terminar siendo una estrella tipo Nicolás Arrieta?

Hay una pelea cazada desde hace varios años entre Abad y Vallejo y en el último asalto Fernando Vallejo dejó tirado en el suelo al pobre Abad. Los lectores nos divertimos de lo lindo viendo la valentía de Vallejo y la cobardía de Abad y a la única persona que se le ocurre meterse en esa pelea que no es de ella es a Carito, una especie de gato de taller queriendo inmiscuirse en una pelea de perros callejeros.

Jugadores en cuarentena

18 May

Una de las pocas cosas que he extrañado en la cuarentena es ir al casino a ver a los adictos más atormentados que conozco. Jugar es una experiencia contradictoria, una mezcla de amor y odio, diversión, frustración y adrenalina.

Ayer me llegó la invitación de mi casino de confianza para que juegue, me divierta y gane en línea. No quiero jugar en línea, prefiero seguir soñando con ir al casino como quien va a un parque de diversiones. Es lo primero que haré cuando termine el cautiverio.

No me gustan los juegos en línea y no hago ningún tipo de transacción por internet. Sospecho que el jugador de casino de centro comercial difícilmente cae en los juegos en línea porque uno no va al casino sólo para creer que gana sino por todo lo que pasa en un casino. Por la gente que va a los casinos, las conversaciones que se oyen, las actitudes de los jugadores, la música, las funcionarias y todo un mundo que sólo conoce la gente que es feliz metida en un casino.

No sé si soy adicta al juego pero extraño a mi máquina de confianza, la última ladrona que conocí. Extraño más los sonidos y las trampas de esa máquina que las salas de cine, las librerías, la biblioteca, las universidades, los estudiantes, los compañeros de trabajo, la familia, comer en restaurante y todo lo demás.

Autoentrevista sobre la pandemia

18 May

¿Cómo ha vivido la pandemia?

En términos generales muy bien. Lo que me parece asombroso es que los lunes sigan siendo lunes, el día más triste de la semana. No es un invento mío, la gente en los buses los lunes va siempre con cara de culo, como decía mi amigo Francisco Hoyos. El domingo siempre es el mejor día y el lunes me recuerda siempre que odio los lunes y cuando es lunes siempre sé que es lunes. Todo se arregla de forma muy positiva el martes en tiempos de pandemia y en tiempos sin pandemia. En esencia sigo siendo el mismo ser.

¿Qué día es hoy?

Lunes y por eso decidí autoentrevistarme. Para que las respuestas sean absolutamente objetivas y desapasionadas.

¿Una persona tan culta como usted a qué se dedica en tiempos de pandemia además de trabajar?

Como mi trabajo tiene que ver con leer, escribir, pensar, argumentar y todo lo relacionado con comunicación humana paso mucho tiempo escribiendo mensajes y leyendo composiciones, el trabajo me obliga a seguir siendo culta.

¿Cuando se olvida del trabajo a qué se dedica? ¿Está acaso escribiendo una Obra Maestra sobre la pandemia?

No. En mis tiempos libres duermo y tomo el sol. Los días se me pasan muy rápido haciendo nada, más que cuando era libre. No he podido entender ese misterio.

La mayoría de los grandes intelectuales se jactan de que están leyendo más ahora que hace un mes porque tienen mucho tiempo libre y el encierro los obliga a fijarse en lo que más les gusta hacer: leer. ¿Usted también está leyendo?

No estoy leyendo libros porque los libros pueden esperar, me parece más emocionante leer sobre la pandemia. Desde el comienzo decidí estar absolutamente informada sobre lo que está pasando en el mundo y me gustaría tener un ancho de banda en el cerebro más potente que me permitiera guardar más información. Me gustaría saberlo todo sobre el coronavirus y cómo reaccionan las personas antes, durante y después de la cuarentena, me gusta ver las promesas de la mayor cantidad posible de políticos y me encanta ver los discursos arrogantes que a la siguiente semana son pronunciados por seres lastimeros que le piden perdón a los oyentes porque sus medidas fueron equivocadas o simplemente todo se salió de las manos. Mi pasión es el comportamiento humano, eso lo encuentro en la literatura y en la filosofía pero me parece más emocionante ver ese comportamiento, esa necedad y esa arrogancia de primera mano, como si se tratara de un reality. Me encanta ver a esos personajes grotescos llamados presidentes en noticieros, entrevistas, videos de usuarios de redes sociales y en Youtube. También me gusta leer el mayor número posible de columnas de opinión y análisis de economistas y científicos. Entre más leo y más veo más me convenzo de que nadie sabe nada y es imposible predecir el futuro. Es muy emocionante ver como se cumplen las profecías de Bauman.

¿Si la pandemia fuera un campeonato cuáles son sus equipos favoritos?

China, Rusia, Corea del Norte y Japón.

¿Si la pandemia fuera un programa de chistes quiénes serían los mejores humoristas?

Trump, Bolsonaro y López Obrador.

¿Todavía cree que Europa no estuvo a la altura de su responsabilidad con América Latina?

Claro. En Italia, Francia y España empezaron la cuarentena casi en simultánea que en América Latina. Eso es imperdonable y esa gente debería pedirnos perdón de rodillas cuando todo termine por haber sido tan arrogantes, irresponsables, inmaduros, ignorantes, ambiciosos y despectivos.

¿La Humanidad va a dejar de consumir, viajar, trabajar como burros, vivir de la apariencia y todo lo demás?

No. En este momento mucha gente representa su mejor papel y se siente el mejor ser humano porque vive el poder del ahora, no necesita nada más de lo necesario, ama a sus seres queridos con un poco más de zalamería y siente que es un ejemplo para los demás, cuando todo termine volverán a ser el mismo bicho malo que eran hace seis meses.

¿Las transformaciones en la educación van a ser positivas gracias a las clases a distancia?

No.

¿Van a mejorar las condiciones laborales después de haber descubierto las grandes ventajas del teletrabajo?

No

¿Va a aumentar el desempleo?

¿Va a aumentar la depresión?

¿No es optimista desde ninguna perspectiva?

No

Protesta, isla, aeropuerto y pandemia

18 May

El año pasado había renunciado a las redes sociales y hace más de veinte años había renunciado a la televisión en general y a los noticieros en particular pero gracias a la protesta generalizada en el mundo por diferentes motivos -desde Hong Kong hasta París, pasando por Santiago de Chile y Bogotá- volví a ver el noticiero y a leer tuits porque en Bogotá la protesta afectó no sólo la educación pública sino que también marcharon y pararon los estudiantes de algunas universidades privadas.

La protesta y el caos terminaron afectando el calendario académico como nunca antes en los últimos cuarenta años y el 21 de noviembre de 2019 fue una fecha histórica porque salimos en masa a la calle a decir ¡No Más! cargados de indignación. Varias veces llegué a clase durante el semestre y estaba cerrada la universidad, terminamos de forma un poco caótica aunque no nos imaginábamos cómo serían marzo y abril, nadie imaginaba que después de haber marchado y caceroleado con ímpetu se nos vendría una cuarentena que comenzó hace un mes y no sabemos cuándo terminará, una cuarentena que le convirtió la casa en cárcel a más de la mitad de los humanos que en este momento habitan el planeta llamado Tierra. Combatimos encerrados al enemigo común llamado coronavirus, vivimos como nunca antes en la ciudad del miedo y somos dóciles ante la autoridad, ahora los policías y los soldados son los reyes de la calle y de la noche mientras nosotros nos lavamos las manos con énfasis y creemos ciegamente en lo que dicen el ministro de salud y el presidente porque no tenemos más alternativa y si quebrantamos la ley -que consiste en estar en la calle sin justificación alguna- tendremos una multa de un millón de pesos.

Colombia se ha destacado por tomar a tiempo medidas necesarias para evitar muertes innecesarias aunque poco podemos esperar del futuro próximo porque nuestro sistema de salud no está diseñado para una pandemia (es un consuelo saber que China es el único país que está preparado para una pandemia). Es imposible imaginar la situación en mayo o en junio no sólo aquí sino el cualquier lugar del mundo porque el virus ya está en los cinco continentes en apenas tres meses, es tan eficaz como los chats en WhatsApp y tan perturbador y lamentable como una reunión de trabajo vía Zoom.

Un día de finales de noviembre estaba concentrada en el casino perdiendo plata que no me hace falta mientras jugaba en una máquina y recibí un mensaje: me invitaban a pasar una semana de descanso en una isla. No lo dudé mucho y dije que sí. Ese sí me llevaría después de diez años a estar de nuevo en un aeropuerto con mi maleta lista para descansar por compromiso, tenía que volver a pagar por algo que me fluye tan bien como dormir o caminar y la cuarentena me está convenciendo de forma concluyente de tres sospechas que tenía desde 1979: Dios no existe, rezar pasó de moda y nací para no hacer nada. Había renunciado a los viajes desde hace más de diez años y era evidente que en los últimos seis meses había quebrantado varias promesas.

Al aeropuerto fui el 12 de diciembre a recoger a uno de mis futuros compañeros de viaje y era asombrosa la cantidad de gente que llegaba y salía de Bogotá, el aeropuerto parecía una plaza de mercado, seguramente era similar a la plaza en la que había empezado una epidemia que luego se convirtió en pandemia.

Llegó Navidad y seguí viendo el noticiero aunque no hubiera gente marchando en Bogotá y aunque ya habíamos terminado las clases en la universidad, lo veía porque me había acostumbrado a verlo.

Antes del 20 de diciembre empezaron a hablar de un virus en un mercado chino. Empezaron hablando de forma anecdótica, avanzaba el tiempo y esa noticia dejaba de ser anecdótica y se iba convirtiendo en la más relevante, en este momento hablan todo el día y seguramente toda la noche en televisión y en todas las redes sociales del virus. La gente está muy alterada, cada país y cada ser humano ha sacado a flote la parte más oscura de su ser.

Pasé Navidad sin pensar mucho en el virus y me fui disfrutar de la isla el 25 de diciembre. Estando en la isla supe que no quería volver a disfrutar de otras islas ni de otros destinos porque es un poco grotesco ser feliz al lado de otros turistas.

Regresé al aeropuerto de nuevo en enero para despedir a uno de mis acompañantes de viaje y ahí el virus ya formaba parte de mis intereses intelectuales y filosóficos. Comenté con mis contertulios de aeropuerto que al ver la cantidad de gente que entra y sale de Bogotá todos los días era el momento perfecto para un desastre mundial ocasionado por un virus, todos los aeropuertos del mundo tenían que presentar el mismo paisaje grotesco de turistas que buscan escapar de sí mismos y por eso se mueven sin sentido ni propósito. Me miraron con desprecio, se rieron en mi cara y sugirieron que estaba equivocada, pensaban que tal vez había visto muchas películas y ellos, mis hermanos menores, estaban seguros de que ningún virus iba a interponerse en los sueños de los turistas del mundo entero.

El gran sueño del 99% de los humanos en 2019 es viajar.

¿Cómo y de qué manera lograron inocular ese pensamiento en las masas adormecidas sabiendo que el avión es el aparato más contaminante en tiempos de contaminación que tienen al borde del colapso al planeta entero?

La respuesta no la tengo.

Seguí viendo el noticiero todos los días y empecé a buscar información adicional en internet. Parecía increíble lo que estaba ocurriendo en China y aquí la gente pensaba que lo que ocurra en China no tendría que afectarnos a nosotros por más doloroso e imposible que pareciera. Aquí la vida seguía exactamente igual, como si no existiera el virus.

Comenzó de nuevo el semestre y el transporte público era más caótico que el año anterior, el clima parecía más amenazador, estuvimos en alerta naranja durante varias semanas. Yo me obsesionaba cada día más con el virus.

Terminamos 2019-2 en la universidad pública y comenzamos 2020-1 en la privada y luego llegó la cuarentena. Así de abrupto fue. El centro de la pandemia dejó de ser China, en menos de un mes fue Italia y ahora es Estados Unidos. Nos acostumbramos a ver a la gente caer muerta en cualquier calle de cualquier ciudad del mundo, a ver la fila de camiones militares transportando muertos en Italia, a imaginamos el olor a muerte en Guayaquil, vemos en directo lo que ocurre en la isla en la que entierran a los residentes sin allegados que mueren en Nueva York, nos imaginamos cómo será el desastre cuando el virus llegue a las cárceles colombianas y no alcanzamos a imaginar nuestro asombro cuando contemplemos lo que vendrá para África, India y América Latina, cuando nosotros seamos el epicentro de la pandemia. Estamos encerrados y creo que todavía no tenemos claro por qué ni para qué, somos uno de los países más subdesarrollados, pobres y abandonados del mundo, ni siquiera somos América Latina, cuando hablan de América Latina casi nunca mencionan al país pequeño llamado Colombia.

Twitter y la literatura

18 May

Desde 2009 tenemos Twitter y desde el comienzo de Twitter los escritores han estado ahí con su ego malo y sus fantasías de quinceañera.

Con Twitter se vive una especie de historia de amor y al comienzo -en los dos o tres primeros años- los novatos, los más inocentes, los más incautos y menos inteligentes, asumen que se puede cambiar el mundo desde Twitter, creen que ahí se pueden encontrar los mejores amigos, los grandes trabajos, los mejores contactos y que además se puede hacer literatura, filosofía y sociología en tiempo real y para siempre. Nada más alejado de la realidad y nadie ha escrito una novela en tuits aunque muchos inocentes lo hayan intentado y en Twitter, como en todas las redes sociales, lo que es importante hoy no lo será mañana y la pelea o la confesión de hoy será borrada y olvidada por la pelea o la confesión de mañana.

Como en todas las historias de amor siempre pasa lo mismo y recientemente descubrí una nueva promoción, una nueva sociedad de poetas y filósofos más o menos malditos y rebeldes recién graduados en universidades de Medellín, niños y niñas que llegaron a Twitter en 2018 o 2019 repitiendo las mismas tonterías de los “artistas” que hicieron el ridículo con sus experimentos absurdos en 2012 o 2013. Igual que con el amor nadie vive las experiencias de otro y cada quien debe meter la pata en el mismo hueco para convencerse de que está cometiendo las mismas tonterías de nuestros abuelos.

Mucha gente lamenta que Kafka, Nietzsche, Bukowski, Schopenhauer, Bernhard, Pascal, Dickinson y los grandes aforistas del mundo estén muertos y, por lo mismo, no tengan cuenta en Twitter para vivir el privilegio de asombrarnos con la contundencia de sus frases y la claridad de sus pensamientos.

Entre 2010 y 2015 usé Twitter de forma frenética y analicé la experiencia en este blog. Mis “experimentos” de escritura me trajeron muchos problemas y ninguna obra y, sin embargo, hay gente escribiendo novelas ridículas sobre amores con hombres esquivos que no se dejaron ver ni tocar y hay una sociedad de filósofos disertando sobre el ser y la nada como si estuvieran en una aburrida clase en una universidad cualquiera.

El culo en tiempos de pandemia

18 May

La cirugía estética se impuso en la sociedad actual y el consumo también. No basta con tener casa, carro, salarios y viajes para mostrar, el cuerpo también es un objeto para la venta y las cirugías hablan tanto como el estrato y la marca del carro.

En tiempos de emprendimiento y posicionamiento de marca nada vende mejor que un buen culo, un culo bien tonificado en el gimnasio después de haber pasado por una buena cirugía estética. Primero se piensa en el culo y luego se diseña el plan de negocios.

Las feministas colombianas están tristes porque gracias a la pandemia sus cuentas de Instagram están paralizadas debido a que no pueden mostrar fotos del culo, de la ropa, del maquillaje, de los viajes y los encuentros con otras mujeres idénticas a ellas que posan de buenas y que gracias a esta falsa bondad engañan a centenares de mujeres especialmente mujeres de primeros semestres de universidades públicas y privadas que sueñan con esos viajes, esa ropa, ese maquillaje, esas amigas y con tener culos como los que ven en las fotografías falsamente casuales.

En tiempos de pandemia podemos observar con claridad de qué estaba hecho el supuesto feminismo del país más abandonado de la tierra: estaba hecho de apariencia, de frases lindas y fotos hermosas de mujeres hermosas con culos deliciosos que se quedaron sin público debido a un virus que nos tiene a todos pensando de qué forma podemos olvidarnos de cuerpo y descubrir que tenemos cerebro.

Las grandes influenciadoras del falso feminismo se las ingenian para seguir publicando fotos puteriles en el sofá de la casa que se convirtió en su cárcel durante el próximo mes. Se notan desganadas y un poco resignadas y no dicen nada sobre el aumento de feminicidios y de violencia intrafamiliar en tiempos de pandemia en Colombia.

Carolina Sanín en tiempos de pandemia

18 May

Ni el secuestro ni la enfermedad ni la cárcel ni el exilio cambian a la gente. Cada quien es el que es en las circunstancias más adversas y en los tiempos más prósperos y gloriosos. Carolina Sanín es el ejemplo perfecto para hablar de tan triste realidad como parte esencial de la triste condición humana porque ella es un toro no precisamente inteligente dándose golpes contra un portón de aquí a la eternidad, un toro convencido de que es dueño de la verdad absoluta y que golpe tras golpe, de tantos golpes en la cabeza, parece haber perdido el rumbo de forma inexorable ante la mirada estupefacta de quienes hemos presenciado sus múltiples metamorfosis durante los últimos diez años y no somos sus amigos ni admiradores.

Desde diciembre pasado el mundo entero tiene en la mira al virus que colapsó la economía mundial y tiene en cuarentena hasta tiempo indefinido a más de la mitad de la Humanidad; mientras esto pasa, mientras estamos estupefactos ante lo que pasó hace tres días y no nos atrevemos a imaginar el panorama mundial dentro de una semana y mucho menos dentro de un mes, la pequeña Carolina Sanín sigue dando muestras de torpeza, brutalidad, falta de inteligencia, falta de tacto, de cortesía, compasión y un largo etcétera de actitudes que desconciertan incluso a sus amigos y admiradores, porque es obvio que todavía no ha encontrado una mano amiga que le diga con total sinceridad que cada día que pasa se hunde más en su propia ineptitud y en sus propias contradicciones.

Carolina Sanín ya demostró que es un completo desastre como artista, humorista y columnista. Después de clausurada la revista Arcadia, que era una especie de club de Carolina Sanín y sus amigos donde escribían textos lamentables que hacían pasar por alta cultura y alta crítica, a Carito no le quedó más remedio que escribir sus análisis absurdos en La nueva prensa, el medio que tuve el placer de conocer en sus inicios y que no es precisamente el espacio para hacer dizque Cultura. En La nueva prensa se escribe especialmente sobre política y corrupción, ñeñepolítica y deseo de orden de captura a Alvaro Uribe Vélez por favorecer la elección de Iván Duque con votos comprados, pero Carolina Sanín, en su ceguera, ha de suponer que escribe en un medio similar a The New York Times.

En tiempos de pandemia Carolina Sanín se superó a si misma cuando:

Antes de que el virus llegara a azotar a Colombia le pedía que no fuera tímido.
El distanciamiento social es una de las formas más efectivas para lograr que el virus no nos ataque a todos en simultánea. A Carito le pareció muy feminista el virus porque los hombres dejarían de abrazar y besar a las mujeres en las oficinas y gozaba sin disimilo ante el hecho de que el virus ataca de forma más despiadada a los hombres que a las mujeres. Nuestra supuesta intelectual cree que el virus viene a castigar a los hombres y lo celebra con alegría ¿No hay hombres en su entorno familiar?
Fernando Vallejo ha escrito tres textos en El espectador sobre la pandemia. Sí, el autor de La virgen de los sicarios y El desbarrancadero, las dos obras maestras que nos mostraron hace ya varios años el futuro que se ha convertido en nuestro triste presente. Carito, en su nuevo papel de iconoclasta, en su ceguera y su nulo nivel como lectora de literatura, se atrevió a escribir el siguiente esperpento sobre nuestro profeta y sabio. ¡No hay derecho a tanta bajeza, a tanta ineptitud! Esto fue lo que escribió Carito sobre el más grande escritor colombiano después de José Asunción Silva y Gabriel García Márquez:
“Vallejo es un magnífico narrador, es absolutamente irrelevante como pensador, como escuchador de la realidad, como observador de su tiempo”.

¿Podemos caer más bajo y tocar más fondo?

Yo creo que sí porque parece que Carito no conoce los límites de la estupidez humana.

Mil lectores en quince días y eso que nadie me conoce ni me quiere

19 Ene

Para comenzar, tres reflexiones de Virginia Woolf pocos años antes de morir, es decir, poco antes de 1941:

  1. Todo eso de ser tan distinguida y tan culta, es algo que hay que eliminar sin contemplaciones.
  2. No, decididamente no voy a escribir para las revistas que pagan mejor, de hecho, soy incapaz de hacerlo. De ese modo estoy poniendo diariamente en práctica Tres guineas.
  3. Las cartas me irritan. Ni una sola que sea desinteresada. Siempre piden algo: que hable, que escriba, que dé una conferencia, que vea a tales personas. Eso es la fama.
    Hay un ensayo famoso titulado: “Me he ganado la vida sin trabajar”. El autor habla de la escritura, de vivir de la escritura.

Fue un hombre feliz y realizado porque su gran placer consistía en escribir y además le pagaban por hacerlo, era una especie de emprendedor antes del emprendimiento, una excelente influencia para mí antes de la existencia de los influencers y de internet. Me eduqué para ser enemiga del trabajo y a lo largo de la vida he buscado libros que me ayuden a justificar el ocio, la aristocracia del alma, la vida sin tiempo, el cultivo del alma, la falta de interés por el dinero y la risa franca mientras escribo y mientras camino viendo sufrir a los demás.

Nuestro autor era un autor de otros tiempos, de la época en que no había internet ni redes sociales y sabíamos de la vida de los Grandes gracias a la publicación de sus Diarios y sus Cartas, los buenos tiempos en los que literatura se escribía con L mayúscula. En ese tiempo vender libros ya era un negocio pero no era un negocio tan grotesco como el que vivimos en el siglo XXI, el siglo de la incertidumbre, las redes sociales, las adicciones, la enfermedades mentales, la crisis ambiental, laboral y familiar, el caos en el transporte urbano y el límite más absurdo de consumo, viajes, apariencia y banalidad.

Las tres citas de Virginia Woolf son perfectas para pensar en mi propio proyecto de escritura y todavía no sé si mis decisiones radicales tienen algo que ver con la lectura del Diario de la autora de Una habitación propia y Tres guineas, dos libros que también fueron un gran influencia desde más o menos hace unos treinta años, o si le debo más en lo relacionado con mis ideas radicales a Schopenhauer, Pascal, Flaubert, Bernhard y Chandler, todos hombres, por supuesto. El hecho es que probablemente esos tres libros más la lectura de varias novelas de Virginia Woolf, más la lectura de varias biografías de más de mil páginas en las que narran los detalles minuciosos de la vida de Virginia Woolf, influyeron en buena medida en la idea que tengo de la escritura como negocio.

Escribo desde hace veinte años y mi gran orgullo y placer es simple: siempre ha sido gratis porque escribir es como amar y el amor no se cobra porque se convierte en prostitución, esa última reflexión se consolidó en mi vida leyendo a Ovidio y la afiné un poco más leyendo a Daniel Pennac. Para Daniel Pennac el amor y la lectura son gratis porque son placenteros, para mí es más placentero escribir que leer y por eso regalo la escritura, porque me parece vil cobrar por hacer lo que más me gusta.

Al Clásico del siglo XX le parecía elegante vivir de la literatura, a mí me parece más elegante vivir de la renta, la herencia o la docencia y esquivar como quien huye de la peste todo lo que tenga que ver con vender la escritura y venderse uno mismo como escritor, pensador o sabio en revistas, ferias y fiestas porque la escritura está completamente devaluada y cualquier persona escribe un libro con la ilusión no sólo de vivir de eso sino también para posar de artista.

Esta mañana leí este hilo envidioso de la escritora varada sobre la miseria que gana ella con su libro sobre la depresión y lo bien que le va a la influencer que gana 17 millones por cada historia en Instagram y me hice la siguiente pregunta:

¿Es más triste ser Margarita Posada buscándole pelea a la estrella de los niños porque no sabe nada de depresión o es más triste que la gente más influyente sea tan joven y no sean precisamente filósofos ni artistas sino gente bonita bien asesorada con un excelente plan de negocios?

Supongo que es mejor ser Luisa Fernanda W porque es muy joven, seguramente hace lo que le gusta y gana bien, es como nuestro autor clásico:

posada

Vi Vita & Virginia y pensé en Tefa, en Carolina Sanín y en Amalia Andrade

16 Ene

Ayer vi Vita & Virginia y pensé en Tefa, en Carolina Sanín y en Amalia Andrade. En Tefa porque me quería echar mano, le gustaba mi carácter y mi pluma y soñó como tantas otras mujeres seductoras -mucho más graciosas y arriesgadas que los hombres para declarar su amor o su deseo- en que por fin me iba a seducir y, como siempre, se estrelló contra un muro de concreto. Pensé en su frase probar mujer y creo que la película es muy graciosa porque no hace pensar en arte sino en porno y sospecho que muchas mujeres salen de la sala con deseos lésbicos sólo para sentirse un poco como Vita haciéndole ver el universo morado a Virginia a través de sus dedos.

En tiempos de Virginia Woolf una relación homosexual era un escándalo, hoy en día lo escandaloso es ser mujer, interesarse en libros y no haber hecho la tijera, eso causa mucho desconcierto, hace ver a las intelectuales como mujeres anormales. Pensé en Amalia Andrade y en su novia actriz, me imaginé a la gran vendedora de libros sintiéndose como la rebelde que escribe, sospecho que ella se toma por Virginia alias la loca depresiva que se quiere matar y Marianela González debe representar muy bien el papel de la andrógina, entre sollozos se deben decir te amo Orlando.

Bukowski lleva medio siglo haciéndole creer a los incautos que para escribir es preciso beber, salir con putas y pelear, Virginia Woolf es cada día más imitada al peor estilo Bukowski porque muchas mujeres inocentes creen que para ser artista es preciso ser lesbiana, loca y suicida. La marca de Bukowski no es el alcohol y el combo de Virginia Woolf tampoco lo es y, sin embargo, gente como Amalia Andrade al usar el paquete completo (lesbiana, depresiva y suicida), para vender libros basura, incentiva a muchas mujeres a caer en la depresión o a devenir en lesbianas. Parece increíble creer que la homosexualidad y la depresión devinieron en moda pero esa es nuestra triste realidad.

Llegué a la casa un poco trastornada porque en la película Virginia es rubia y para convencerme de que esta es la peor payasada que he visto sobre la escritora más grande del siglo XX me senté a repasar su Diario, más exactamente la parte en la que detalle su relación con Vita Sackville-West, y ahora sí que terminé muerta de la risa porque me encontré con frases perfectas para escupirle en la cara a Carolina Sanín.

Escribe Virginia Woolf en su Diario:

Todo eso de ser tan distinguida y tan culta, es algo que hay que eliminar sin contemplaciones.

No, decididamente no voy a escribir para las revistas que pagan mejor, de hecho, soy incapaz de hacerlo. De ese modo estoy poniendo diariamente en práctica Tres guineas.

Las cartas me irritan. Ni una sola que sea desinteresada. Siempre piden algo: que hable, que escriba, que dé una conferencia, que vea a tales personas. Eso es la fama.

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