Los jóvenes de mi generación fracasaron y se quemaron

5 Oct

Cuando tenía quince años vivía como si tuviera ocho y cuando tenía treinta vivía como si tuviera quince y ese vivir tan lento y esas décadas sin deseos de hacer nada, ni siquiera saber sobre la vida de los famosos de mi bello país se ha constituido en una ventaja porque la gente de mi generación y otros mucho más jóvenes que yo se quemaron antes de cumplir cuarenta años porque estaban convencidos de que el trabajo duro es la fuente de toda riqueza y los contactos, la risa falsa y la cara bonita los iba a llevar hacia el estrellato y no los llevó, se estrellaron.

Ahora son viejos cansados porque antes de cumplir treinta años se lanzaron a la vida de cabeza y la devoraron convencidos de que eran niños prodigio y no lo eran, por supuesto. Era gente que veía mucha televisión, lo que llaman ahora series, vieron muchas series gringas estos hijos del lugar más abandonado del tercer mundo, un país lejano y olvidado en el que reinan las castas de los elegidos que nacieron en Bogotá o llegaron a Bogotá para aprender a ser como de Bogotá -el pueblo más grande de Colombia- y se educaron en los “mejores” colegios y en las “mejores” universidades.

Bogotá no es ninguna Gran Capital y nuestra Educación es bastante regular pero la “elite” gobierna y hace “arte” convencida de que lo hace muy bien. Da un poco de risa pensar en cómo nos ven desde el exterior o si nos ven. Aquí siguen reinando los Elegidos convencidos de que se parecen un poco o tal vez mucho a los europeos cuando en realidad copian de manera grotesca el modelo gringo y eso los hace ver bastante ridículos.

Estoy leyendo el libro de Margarita Posada titulado Las muertes chiquitas y estando a punto de terminarlo sólo puedo pensar que su vida es una vida equivocada, como la de tantas personas “brillantes” de mi generación, “promesas” que se tomaron en serio la idea de que iban a ser ricos, famosos e influyentes porque vieron mucha televisión y creyeron en la pauta publicitaria, se la tragaron sin digerirla, eran jóvenes bien preparados que iban por la de oro.

Toda esa gente horrorosa es ahora gente vieja y quemada a los cuarenta o cincuenta años, es gente fracasada, enferma, deprimida y desesperada; después de saborear el fracaso y el cansancio devinieron y devenirán en profetas de tercera o en escritores de horrorosos libros de autosuperación en los que con pésima prosa nos confiesan o nos confesarán con detalle su larga cadena de errores y equivocaciones. Pensemos en Adolfo Zableh, Antonio García Ángel, Carolina Sanín, Margarita Posada y hasta en la pequeña Catalina Ruiz-Navarro. Estos jóvenes inocentes nacidos entre 1965 y 1975 se tragaron los mensajes publicitarios sin masticarlos y ahora sólo pueden escribir libros sobre el fracaso y sobre la depresión.

El panorama de las Letras Colombianas no puede ser más desolador.

Tu perro es tan estúpido como tú

22 Sep

Porque un imbécil tenga dos pies como yo, en vez de cuatro como un burro, no me creo obligado a quererlo, o al menos, a decir que lo quiero y que me interesa.

Gustave Flaubert

La mayoría indiscutible de seres humanos son un simple ser vivo que pasa por la vida igual que la gran mayoría de cuadrúpedos: sin pena ni gloria, siendo un simple bulto más en medio de otros bultos, seres tan insignificantes como las motas y el polvo que barremos cada semana en la sala de la casa, si es que acaso tenemos una casa y aliento para mover la escoba.

Si Dios existe tiene que ser un gran bromista porque dotó al ser humano de un cerebro prodigioso pero le puso también el espejo, la sombra, el miedo al vacío, a la pobreza y a la soledad; lo dotó de conciencia y memoria y, como si fuera poco, le adornó la vida miserable y sin sentido con televisores, carros, aviones, centros comerciales, redes sociales, familia, vecinos, estatus, deseo, clases sociales, raza, género, desarrollo, subdesarrollo y vía hacia el desarrollo.

La mayoría indiscutible de seres humamos cumplen funciones biológicas esenciales inherentes al hecho de estar vivos: comer, dormir, caminar, reunirse en grupo, vivir en comunidad, tener hijos, envejecer y morir. A lo largo de la vida buscan ocupaciones de diversa índole con el sano interés de no tener la más remota posibilidad de pensar y de sentir y, entonces, hacen lo posible para estar ocupados siempre porque si piensan, si se quedan un solo día encerrados en su casa en silencio y sin joder a nadie, terminarían tirándose de cabeza desde un balcón o desde la terraza de un centro comercial.

El cerebro del humano es mucho más desarrollado que el del perro pero la mayoría de los seres humanos se sienten hermanos de los perros porque su masa encefálica, a pesar de tener un gran potencial, es perezosa y por eso les resulta infinitamente satisfactorio repetir como una lora que el mejor amigo del hombre es el perro y que ambos, humano y perro, devienen en hermanos y por eso comparten la cama y comen en el mismo plato.

La publicidad te quiere hacer creer que tu perro es tan inteligente como tú, que los dos, hombre y perro, son prodigios de entrega y amor incondicional, que tú eres bueno porque amas a los perros y a tu perro le compras la mejor marca de concentrado precisamente porque lo amas y quieres lo mejor para él. Te sientes fascinado con tu perro porque te hace sentir inteligente sin necesidad de usar el cerebro, lo amas porque te da un aire de superioridad, te hace sentir amo, maestro y compañero. No te interesa experimentar esta superioridad con un ser humano porque sabes de sobra que no darás la talla porque eres un tarado social.

Amar a tu perro es casi más fácil que amar a tu madre y quizá un poco más porque tu madre es un poco estorbosa cuando habla más de lo que estás dispuesto a soportar. Tu perro, en cambio, siempre te va a dar grandes satisfacciones porque sabe callarse, es agradecido, sale barato, no te reclama nada, no te trata de idiota y siempre está dispuesto para ti.

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Supongamos que soy una influencer “feminista”

22 Sep

Lxs invito a pensar en dos palabras: privilegio y empatía.

Les propongo que hablemos de forma clara y sin miedo a incomodar: somos una sociedad racista y clasista. Hemos normalizado prácticas discriminatorias que deben parar porque aunque no nos gusten los pobres, los negros ni los feos y aunque los ignoremos en nuestras redes sociales, por obvias razones, debemos aprender a decir que sí nos gustan porque eso nos hace ver lindas y empáticas y vamos a atraer más campañas con las mejores marcas. Todxs sabemos que no importa ser sino representar y por eso propongo que esta gente sea visibilizada. Amigues: no nos acostumbremos a normalizar la falta de empatía.

Es urgente establecer debates en diferentes espacios sobre racismo, colonialismo, falta de representación de mujeres de barrios marginales, negras e indígenas en los medios, en las universidades, en cargos administrativos y gerenciales. Pensemos en supremacía blanca, colonialismo, invisibilización de personas feas, gordas, sucias y con aliento pestilente por exceso de pobreza y falta de higiene; pensemos en la forma en que practicamos la apropiación cultural de la jerga de los ñeros. Los invito a que nos preguntemos por qué no tenemos amigues ñeros pero nos encanta decir gonorrea, parce, garbimba y severa lámpara.

A veces el privilegio (ser blancxs, pertenecer a determinada clase social, no estudiar en el SENA ni en universidades públicas llenas de gente fea y mal vestida, ser una persona cisgénero, etc.) y la falta absoluta de empatía (no nos enseñaron a desarrollarla) no nos dejan ver lo rentable que puede ser para una persona con privilegio como yo defender a esta pobre gente para ganar más seguidores y que me entrevisten en los medios.

Estamos en un momento de mayor conciencia, mayor conexión, mayor posibilidad de escuchar esas voces que han sido históricamente invisibilizadas… ¡Hagámoslo! Reconozcamos esos errores, esos comportamientos racistas y clasistas.

No nos gustaría que la coima que barre el piso de nuestra casa compartiera los mismos lugares ni nuestros gustos, como tampoco nos gustaría que ella usara la misma ropa que usamos nosotras porque ¡qué boleta, en serio, parce! pero les propongo que luchemos para cambiar esa forma de ser y de pensar.

Aprendamos a desear que ellas y nosotras seamos Hermanas de Causa, feministas empoderadas y empresarias de la mentira, la melosería y la manipulación.

¡Que se acaben todas las barreras!

ita

Chao 2019

15 Sep

Como vivo de forma veloz y ya está terminando septiembre podemos dar por hecho que se acabó 2019 y va siendo hora de hacer balance, positivo como siempre.

2019 fue el año de las renuncias definitivas y de empezar a pensar que en 2020 cumpliré cincuenta años y mi mayor deseo es no caer en la cursilería y el ridículo de las mujeres que no quieren envejecer. El caso más lamentable es, por supuesto, Margarita Rosa de Francisco, seguida de una fila larga de viejas lastimeras que producen una mezcla de risa y pesar porque quieren parecer de veinte o de treinta y tienen cincuenta, sesenta o setenta.

Después de los cincuenta es ridículo volverse feminista, lesbiana, animalista, lectora, pensadora, la mejor vecina del barrio o creyente y rezandera con porte de mansa paloma.

Todo eso no es más que Miedo y nada más.

La filosofía griega educa para la vejez y ese es el gran reto, por supuesto. Empecé la vida leyendo los lamentos de los viejos que no supieron vivir la vida y se supone que mi Buena Vida ha sido una larga preparación para no cometer los mismos errores y las mismas tonterías de los griegos viejos y de todos sus discípulos. No deseo el final ridículo de Nietzsche y tampoco sueño con terminar arrepentida de mi vida como el pobre Sabato. No sueño con la locura y tampoco quiero terminar rezando el Rosario, creyendo en el Amor Universal y lamentando no haber abrazado más fuerte y de manera más intensa a mis “viejos”.

Me acaban de decir una frase muy graciosa: ¡La yegua envejece por los cascos!

Esto a propósito de que mañana pienso ir a Monserrate no precisamente en funicular.

En 2018 leí un libro hermoso sobre adicciones con sustancia (marihuana, basuco, LSD…) y adicciones sin sustancia (compras, televisión, redes sociales…) y en el primer semestre de 2019 leí todos los libros de Byung-Chul Han y entonces vino el Despertar Definitivo y renuncié de una vez y para siempre al consumo estúpido de centro comercial, al café, a Twitter y a Instragram.

Dejar el café fue más refrescante que dejar Twitter y dejar de comprar basura de forma instintiva me han convertido en la ahorradora estrella y ese ha sido el gran dilema del año: Fundar una ONG, tirar plata desde una avioneta o renunciar al trabajo remunerado y convertirme en una señora que se queda todo el día sentada en la banca de un parque viendo pasar gente adormecida durante cada uno de los días que les queda de vida.

Desaparecí de las redes sociales y probablemente desaparezca en cinco o diez años de este blog porque uno de mis grandes sueños es el sueño que no logró Fernando Vallejo porque fue tragado por la fama y el negocio de los libros: ser una muerta viviente que está más viva que todos y sonríe al ver cómo el 98% de sus conciudadanos corren todos los días detrás de algo que no van a alcanzar porque no existe o se lo ofrecieron en un anuncio o en un centro comercial.

El efecto Vallejo

1 Sep

Mi primer encuentro con Fernando Vallejo fue gracias a El fuego secreto y fue amor a primera vista. Era el año 1987 y yo era la chica incomprendida de un barrio triste que todavía andaba repitiendo el infinito grado noveno. Nadie creía en mí porque sospechaban que no sería ni siquiera Bachiller pero ya había leído a mis maestros de la vida y de la obra, mis guías espirituales desde 1979 hasta el presente y el futuro: Séneca, Schopenhauer, Sade, Nietzsche, Flaubert, Baudelaire y Rilke. Ya había leído a Andrés Caicedo pero no había leído a Bukowski, el borracho más ilustre de la historia de la literatura; no lo había leído por puro asco hacia los admiradores del artista más original que he conocido en la vida porque tiene mucho de bestial y lleva su vida al límite, pero también escribe: es poeta, cuentista, novelista y crítico. No es un borracho que escribe, es un ángel disfrazado de borracho que bebe hasta el último día de su vida y escribe mucho mejor que millones de estudiantes juiciosos que no han probado el alcohol.

A Bukowski lo vine a leer en 2013 o 2014 gracias a la influencia de Tefa, Juan y José y creo que es un hombre absolutamente auténtico y talentoso, tan grande como Fernando Vallejo pero peligroso para las mentes débiles, las personas sin carácter y los internautas sin talento pero con muchos seguidores:

Gracias a Bukowski muchos jóvenes inocentes asumirán que para ser poetas necesitan beber y gracias a Vallejo muchos viejos inocentes asumirán que para ser como Vallejo necesitan posar como Fabián Sanabria o como Carolina Sanín, dos burócratas clasistas y conservadores que han viajado mucho, estudiado mucho, hablado mucho y compiten en límites de estupidez y ridiculez. Sospecho que la mitad de sus “fans” son en realidad personas medianamente cultas que los miran asombrados esperando ansiosos el próximo numerito, la nueva puesta en escena de los payasos tristes enfermos de inautenticidad.

El estudiante alcoholizado probablemente no se gradúe nunca ni escribirá poemas, su obra será su alcoholismo.

Carolina Sanín y Fabián Sanabria seguirán dejándonos con la boca abierta porque todavía no hemos podido comprender si tienen límites o no.

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Solitaria social

26 Ago

Existe una gran contradicción entre mi deseo de justicia social, mi amor por la gente común, mi placer de caminar y confundirme entre la gente común y que la gente común sienta que soy más común que ellos, más insignificante que ellos, menos arreglada y sofisticada que ellos, un ser insignificante con un gusto mucho más precario que el suyo.

Me gusta como me miran con altanería de gente de orden superior y me gusta achicarme ante sus miradas cargadas de odio y de desprecio.

¿Hay algo más noble que hacer sentir grande a un miserable?

¡No!

Me resulta excitante ser pobre y desvalida entre pobres arrogantes mucho más ignorantes que yo, casi completamente sumidos en el estado y la felicidad del animal más elemental, gente que es pura biología, un colombiano más, el 85% o el 90% de Nuestra Adorada Nación.

Sueño con el logro del compromiso social porque creo en utopías aunque no consuma ninguna droga ni me considere amiga del comunismo, sueño con que nadie madrugue ni trabaje por plata, que cada día todos puedan despertar tarde sin pensar en el sustento, con la sensación de que la vida tiene sentido aunque no lo tenga ni valga la pena buscárselo.

Sueño con que se acaben los pobres y cada quien haga lo que quiera con su vida miserable mientras es consciente de lo que significa vivir y por eso escribo aquí, escribo allá, hablo aquí, hablo allá, califico aquí, califico allá, camino por aquí y camino por allá.

Mi absoluta falta de ganas de estar acompañada ni por otras personas (solo una, máximo dos) ni por comunidades así como mi absoluto asco por los grupos, las masas, los partidos, las asociaciones, los que son amigos de todos porque no son amigo de ninguno, mi absoluto desprecio por la gente que no sabe estar sola más de cinco minutos, los enemigos del silencio, la gente horrenda que forma parte de corporaciones y colectivos que no son amigos sino amigues, gente “buena” y “desinteresada” porque aspira a un cargo público o a una curul en el Senado.

La naturaleza de la gente hacen de mí una persona abarcable cuando hablo para un grupo de personas de forma amable y con sonrisa a flor de piel y entonces me entrego, vacío mi cerebro con alegría y ellos, el público, auditorio o lector, deben sentir que se hallan ante la Presencia de una santa o una sabia. Les pongo mi cerebro al alcance de su mano porque amo lo humano como ideal aunque no crea en la condición humana.

Soy inabordable e intocable cuando me separo de la gente porque mi mejor compañía soy yo misma y no me gusta que me interrumpan cuando camino como volando sin mirar a ninguna parte embebida en mis pensamientos, dándole un masaje a mi cerebro.

Soy una solitaria social, un ser contradictorio al que algunos llaman Despreciable en todo sentido aunque nunca me hayan visto ni conozcan el tono de mi voz. Soy una persona que no hace casi nada y casi nunca habla con nadie pero ama a los humanos con pasión desmedida porque así me hizo Dios.


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¿A quién le cocina Gloria Susana Esquivel

11 Ago

Desde hace unos diez años las pésimas escritoras colombianas que se hacen notar en los medios, en las redes sociales, en las ferias del libro y en las editoriales firman manifiestos contra el machismo en la literatura porque no las invitan a México, a España o a Francia a donde sí van los señores escritores. Las niñas consentidas y caprichosas llamadas Carolina Sanín y Gloria Susana Esquivel tienen secuestrada la “cultura colombiana” pero quieren más, lo quieren todo, quieren más que los hombres. Ellas se sienten Susan Sontag pero son tan profundas como Margarita Rosa de Francisco cuando filosofa sobre el hecho de por qué se siente vieja y han dejado de mirarle el culo con insistencia si tiene apenas 54 años.

Las niñas mimadas, malcriadas, caprichosas y sin talento quieren viajar y ser aplaudidas tanto como los hombres y se indignan porque a ellas también les gusta brillar y figurar aunque no tengan obra para mostrar ni ideas brillantes para deslumbrar; ellas solo saben decir que nunca las van a reconocer porque son mujeres. Asisten a unos treinta eventos anuales en los que repiten su triste lamento como si todavía viviéramos en tiempos de Virginia Woolf o Simone de Beauvoir, dos mujeres talentosas que a pesar de las adversidades expresaron sus ideas y siguen siendo reconocidas por hombres y mujeres.

En Colombia compiten entre hombres y mujeres sin talento para saber quién viaja más lejos y a quién le pagan más por repetir de nuevo las mismas bobadas. Ellas no tienen talento y ellos tampoco pero ellos escriben un poco mejor que ellas y, sin duda, son mucho más cultos y originales, tienen más imaginación. Pensemos en Héctor Abad Faciolince y en Carolina Sanín. El no es un genio pero al lado de ella parece un portento.

Ellas no han ganado ningún premio pero escriben libros que leen entre ellas y se celebran entre ellas. Ellas no entienden todavía que el hecho de que se llamen a sí mismas mujeres geniales y se celebren las bobadas no basta y entre más lo intentan, entre más escriben, entre más se exhiben y más se lamentan peor representan a las supuestas hermanas de lucha, mujeres a las que nunca han visto porque están ocupadas buscando el reconocimiento y relacionándose siempre con el mismo tipo de personas, alejadas de la realidad, de ese mundo desconocido que tal vez podría darles ideas para escribir.

Virginia Woolf escribió Una habitación propia en 1929. Desde 1960 hasta la actualidad muchas mujeres en Europa y en Estados Unidos gozan el placer de ser solteras sin hijos, de trabajar para su sustento, de sentirse libres y autónomas, son mujeres con dinero y una casa o un apartamento propio para escribir. ¿Por qué no escriben?

Yo misma, habiendo nacido en 1970 en uno de los países más subdesarrollados del mundo he vivido según el mandato de Virginia Woolf pero todavía no he escrito mi obra. ¿Será culpa del sistema opresor y del heteropatriarcado o será que soy perezosa, cómoda, no tengo talento o no tengo nada que decir, como la mayoría de las mujeres?

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