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La Sabiduría del señor Bukowski

20 Ago

El que fuera o no un genio no me preocupaba tanto como el hecho de que sencillamente no quería formar parte de nada. El impulso animal y la energía de mis semejantes me pasmaba: que un hombre fuera capaz de cambiar neumáticos el día entero o conducir una camioneta de helados o presentarse al Congreso o abrirle la entrañas a un hombre en una operación quirúrgica o asesinato, todo eso me superaba. No quería empezar. Sigo sin querer. Cualquier día que pudiera estafarle a este sistema de vida me parecía una buena victoria.

Consejos no solicitados

20 Ago

¿Dónde quedará el estatus de los profesores universitarios?

20 Ago

No es mi posición social lo que me hace acaudalado, sino mis juicios; y éstos puedo llevarlos conmigo… sólo ellos son míos y no pueden serme arrebatados.

Epicteto, Discursos (h. 100)

Cuando descubrí la educación quise salir corriendo de allá pero en Colombia si no eres bachiller no puedes trabajar ni siquiera en un D1 o en un Oxxo, si no tienes una carrera profesional no vales nada socialmente y si no tienes una maestría no puedes ser profesor universitario. Yo no quería ser profesora universitaria pero desde hace cuatro meses estoy dando clases en línea a estudiantes que se matricularon para recibir clases presenciales. Esas clases las recibe de forma más o menos similar el estudiante del Sena, el de la Nacional, el de la Javeriana y todos los demás, incluidos los estudiantes de Bachillerato, Básica Primaria y Jardín. No he dejado de pensar dónde quedará todo el despliegue social de profesores y estudiantes de universidades en Bogotá, la ciudad universitaria del país pobre, ignorante y arribista llamado Colombia.

Yo quería ser Intelectual pero no quería títulos universitarios y eso en Colombia es imposible porque leer por leer se ve como tiempo perdido; aquí la gente no estudia porque le gusta leer y escribir sino porque quiere tener plata y ascender socialmente, se comparte la idea de que se logra estudiando en la universidad y no en cualquier universidad, por supuesto.

Descubrí la palabra Intelectual cuando tenía doce años y a partir de ese conocimiento quería armar el edificio entero de mi vida, quería ser intelectual sin haber terminado el bachillerato y sin haber pasado por la horrorosa universidad colombiana porque cuando tenía trece o catorce años supe que en Colombia la universidad no es sinónimo de educación sino de estatus, un espacio en el que vales lo que pagas, la ropa que llevas puesta, el sitio donde vives, los amigos que frecuentas y las bebidas alcohólicas y las drogas que consumes.

Después de haber sido estudiante universitaria durante seis años y profesora durante diecinueve, viendo el panorama mundial en plena pandemia y recordando mi tránsito por la universidad, las bibliotecas, las zonas de estudiantes, las salas de profesores, los cafés, las ferias del libro,  los eventos culturales y sociales alrededor del vino y el whisky, el ascenso y la autoridad me pregunto dónde quedará el despliegue fastuoso de los “intelectuales” colombianos que valían porque iban de avión en avión y de hotel en hotel con su aura de Autoridad dispuestos a intimidar con su estilo en auditorios donde la gente estaba dispuesta a creer todo lo que decían aunque a veces no entendieran de manera clara el discurso porque algunas reflexiones son muy complejas y a veces los profesores universitarios colombianos citan o cantan en otras lenguas.

Ahora que todos estamos encerrados y nadie ve nuestros títulos, teléfonos, carros, ropa, nuestra forma de caminar, hablar, comer, sonreír… Nadie puede viajar ni ser elegante mientras atraviesa un pasillo y hace ruido con sus zapatos. Todos estamos al frente del computador hablando o escribiendo para tratar de impresionar porque no sabemos qué pasará con la universidad colombiana en 2021 y 2022 y como somos tan pobres y sólo devengamos un salario podríamos terminar con la mano extendida en una calle cualquiera igual que las cajeras de Claro que se quedaron sin empleo porque ahora sólo reciben pagos a través de medios electrónicos.

Un profesor universitario en Colombia hace seis meses era un ser humano hundido en la incertidumbre porque la universidad estaba en crisis, la pública y la privada. La deserción siempre ha sido uno de los grandes problemas de la educación en Colombia y en los últimos años la situación era cada vez más preocupante. En Colombia mucha gente ha dejado de creer en la educación como la mejor forma de ascenso social y económico y ahora que estamos encerrados los profesores dependen de los estudiantes que se matriculen. En pocas palabras, los profesores universitarios son una simple fachada como lo son tantos profesionales y lo que provoca un poco de alivio es saber que esta situación no es exclusiva de Colombia, antes de la pandemia se hablaba de precariedad laboral, de gente joven que ni estudia ni trabaja porque no cree en el estudio ni en el trabajo y de gente que ha estudiado mucho y ha escrito más de cien artículos científicos que nadie ha leído y no tiene trabajo, nadie lo contrata porque trabajo no hay.

La guerra de Catalina Ruiz-Navarro contra Ciro Guerra

20 Ago

Ser víctima otorga prestigio, exige escucha, promete y fomenta reconocimiento, activa un potente generador de identidad, de derecho, de autoestima. Inmuniza contra cualquier crítica, garantiza la inocencia más allá de toda duda razonable. ¿Cómo podría la víctima ser culpable, o responsable de algo?

Daniel Giglioli en Crítica de la víctima

Catalina Ruiz-Navarro está empeñada en destruir la carrera de Ciro Guerra y lo dejó bien claro ayer en la conversación con Mariángela Urbina Castilla, del programa Las igualadas, de El Espectador:

“Nosotros no tenemos que esperar a que un juez nos diga qué creer, porque yo creo que esos testimonios están ahí para que la gente pueda hacer sus propias conclusiones, esa idea de que el periodismo es equilibrado y perfectamente  objetivo siempre ha sido falsa  y yo creo que es lo que estamos haciendo las periodistas feministas y tengo que hacerme unas preguntas: ¿Por qué los hombres que tienen más poder en el mundo del cine son hombres? ¿Dónde están todas esas directoras de cine talentosas que hay miles y por qué ellas no reciben tres mil millones de pesos del Ministerio para hacer su trabajo? ¿Por qué esos espacios del arte están monopolizados por unos hombres que resultan ser unos acosadores? No va a pasar nada si las próximas películas de Ciro Guerra no las vamos a ver, eso le abre espacio a un montón de directoras y a un montón de personas en Colombia que son talentosas y que pueden ser talentosas sin acosar a nadie”.

Lo importante no es saber si Ciro Guerra es acosador o violador, lo importante es abrirle espacio a mujeres directoras porque el mundo del cine está acaparado por los hombres y para lograr su cometido se basa en ocho narraciones ambientadas en espacios similares  con víctimas que parecen clones unas de otras. Catalina Ruiz-Navarro asume que es una narración con todos los tintes de subjetividad y amarillismo, sabe que la intimidad de las vidas ajenas presentadas en tono picante hacen mucho ruido y generan indignación mientras aparece el siguiente escándalo; sabe también que de eso se alimentan los internautas en plena pandemia, desesperación sexual e incertidumbre económica, sabe que muchos de sus interlocutores son amantes del porno y los shows mediáticos y que esos shows son mucho más divertidos cuando los involucrados son figuras públicas con gente común. Tiene bien claro que la gente dejó de ver telenovelas y ahora consume historias de seres humanos reales.

Pensemos en la siguiente reflexión de una de las teóricas más rigurosas sobre la narración en el mundo de las redes y el espectáculo:

Entre los usos está por supuesto ese despliegue de lo íntimo/privado -a veces un desliz hacia lo obsceno-, que no perdona ningún espacio ni especialidad, se trate del político, la estrella, el científico o el hombre y la mujer comunes. Así, en la multiplicidad del infinito de superficies y audiencias de la globalización, se impondrá como tematización recurrente al “asomarse” a la interioridad emocional, y de este modo, contrariando una vez más el clásico decoro burgués, saldrá a la luz el mundo de la afectividad y las pasiones, no ya en virtud de los grandes asuntos sino en el detalle más nimio de su domesticidad. Leonor Arfuch, en El espacio biográfico. Dilemas de la subjetividad contemporánea. (FCE. 2010. Página 81).

El reportaje sobre los siete acosos y una violación de Ciro Guerra consta de treinta páginas de escenas obsceno-pornográficas con las que se puede escribir un cuento grotesco en el que un director de cine se convierte en una especie de Bestia gorda, calva, grande y pesada que devora corderitos blancos, delicados y con novio que van en busca de contactos dentro del mundo del cine. Catalina Ruiz-Navarro deja bien claro que los acosos se dan en contextos de  baile, alcohol, fiesta… que a veces las cosas se salen de control pero se impone el deseo de ascender en el plano social y laboral porque así funciona ese mundo y las pobres mujeres no tienen más alternativa que beber y bailar con los directores de cine.

Las narraciones, presentadas con la clara intención de impresionar, escandalizar o divertir al lector, están escritas en este tono:

.. Entonces me volvió a poner la mano en la rodilla y ahí empezó el forcejeo. Era yo tratando de que no me tocara la vagina, yo trataba de correrle la mano, entonces no alcanzó a tocarme ahí. El man intentó por segunda vez darme un beso y le dije: “¡Hey! ¡Ya te había dicho que no! De verdad, ¡no quiero darme besos contigo!”. Él empezó a ponerse molesto, me dijo: “¿Tú sabes que voy a ser uno de los jurados en Cannes, de la Semana de la Crítica?” y yo le dije: “Sí, sí vi las noticias, te felicito”. Entonces el man empezó a decirme “¿No quieres ir a mi hotel? ¡Tengo un hotel increíble! ¿No quieres pasar una noche conmigo? ¿No quieres tener unos orgasmos?”. Durante todo ese tiempo él estuvo tratando de manosearme la entrepierna y yo tratando de quitarlo. 

Sí recuerdo que este hombre grande y calvo estaba por ahí. Y luego yo me fui a mi casa en un taxi y Beatriz se quedó esperando su Uber con unos conocidos y al día siguiente, cuando me levanté, recibí todos sus mensajes de texto diciendo: “¡Dios mío! No te imaginas lo que me pasó con este director en el Uber!”. Ese día fuimos a almorzar, porque nuestras oficinas quedaban muy cerca, y en el almuerzo me contó todo. Me contó todo menos de 24 horas después de que pasara, fui una de las primeras personas a las que les contó. Ella estaba muy afectada por lo que pasó. Yo pensaba: “¡Dios mío, no puedo creer que te haya pasado esta mierda!”, y eso fue todo. La vida siguió y no volvimos a hablar de eso, hasta que llegó Cannes.

Estas frivolidades dignas de TVyNovelas o Mujeres al límite por la forma en que se tratan las historias y se hacen las narraciones le quitan toda la seriedad al asunto y lo peor de todo es que gracias a estos “trabajos periodísticos” pueden destruirle la carrera a otros directores de cine o artistas por ser hombres reconocidos por su talento y porque necesitan abrirle espacio a miles de artistas colombianas.

Para escribir literatura no es preciso sonreír y bailar con directores de cine que parecen osos y sin embargo no vemos brillar los nombres de los centenares de escritoras colombianas.

¿Dónde están esas lumbreras?

Llevo más de veinte años buscándolas y solo encuentro libros horrorosos de Carolina Sanín, Amalia Andrade, Pilar Quintana, Gloria Susana Esquivel y otras muchas mujeres posando de víctimas aunque tengan todas las comodidades para escribir y no convivan con ningún macho que las oprima.

¿Por qué en vez de andar peleando con el falo opresor mejor se ponen a estudiar con juicio a ver si algún día hacen una obra digna para ejercitarme como crítica literaria?

Medio pollo

20 Ago

En la pandemia cada quien tiene sus miedos

Y mis miedos estaban relacionados con los domicilios y las bolsas plásticas

Nunca he pedido un domicilio a lo largo de mi nada accidentada vida

Pero sí me encanta comprar cositas de comer cuando voy caminando por la calle

Después de tres meses de provocación permanente como un perrito con bozal que saliva viendo restaurantes hoy no pude más y caí en la tentación

Primero fui a un centro comercial a oler el área de comidas y el placer experimentado fue una experiencia superior.

Salí de ahí y seguí caminando, compré lo que necesitaba, entre otras cosas una guanábana

Y cuando iba de regreso pasé por un asadero de pollos y vi a las aves dando vueltas y no lo pude soportar, caí en la tentación y me compré medio pollo y me lo llevé para la casa.

Entré, me quité el tapabocas, me lavé las manos y lavé las gafas, organicé el mercado y me dispuse a comerme mi medio pollo asado

Creo que es una de las mejores comidas de la vida no precisamente porque me guste el pollo sino porque me gusta mucho comer en restaurante y ese medio pollo fue una  absoluta experiencia superior.

Si fue tan placentero comerme medio pollo no me alcanzo a llegar a imaginar el éxtasis cuando vuelva a entrar a una sala de cine, una librería, una universidad, un casino, la biblioteca y un café.

La gente que dice que podría seguir viviendo eternamente como si estuviera en cuarentena no conoce los placeres que experimentamos las personas amigas de la calle, de ver gente y de comer afuera.

Una botella de vino en siete horas

23 Jun

En mi familia tenemos el gen del borracho y en tiempos de pandemia mi hermano menor me llama una vez por semana y hablamos del trabajo, de la vida, del virus y del alcohol. El no es un borracho convencido como mi otro hermano pero tampoco es Alcohólico Anónimo como mi otro hermano y mi papá, ahora es un bebedor ocasional y de vez en cuando se pega una buena borrachera.

Mi hermana dice que uno de los recuerdos más intensos que tiene de mi infancia es encontrarme acostada en el suelo como si estuviera desmayada después de haberme tomado una botella de vino. Me imagino que en esa época tendría yo doce o trece años. Yo también me acuerdo de esas épocas y no entiendo por qué me gustaba tanto el vino. Empezaba oyendo música y terminaba perdiendo el conocimiento.

El vino fue mi bebida favorita de infancia, en la juventud el aguardiente, a los treinta el ron y en este momento consumo la bebida que me ha acompañado a lo largo de la vida: la cerveza.

Mi hermano menor me preguntó en una de sus llamadas si no me entraban ganas de comprar un cuartico de aguardiente y yo le dije que no, que al aguardiente le tengo miedo y no recuerdo bien por qué y que no compraría un cuartico de aguardiente. Soy bebedora compulsiva y puedo tomarme media botella de ron o de aguardiente en tres minutos y además esas son bebidas traicioneras. Para la juventud está bien el ron, el aguardiente y las borracheras monumentales. A los cincuenta no sería tan arriesgada.

Me preguntó mi hermano si había probado la cerveza y el vino del D1. Le dije que me da miedo pero me entró la curiosidad y compré dos cervezas y una botella de vino. Las cervezas pasaron la prueba y ahora la meta era tomarme la botella de vino pero no como si fuera cerveza sino muy despacio y lo logré: me tomé una botella de vino entre las tres de la tarde y las diez de la noche y fue una tarde-noche muy divertida: leí, escribí, oí música y comí. No terminé pensando en Marguerite Duras ni en Chavela Vargas y demás mujeres destruidas por el alcohol sino que di un paso más en mi ascenso hacia la Salvación de mi Alma.

Matarife. Capítulo 4. Poniendo a volar a la Mafia.

23 Jun

El país se modernizó en lo económico sin ingresar a la modernidad política, sin que se abrieran las compuertas hacia la secularización, donde las funciones del Estado y la Iglesia están separadas, y sin asumir la pluralidad como esencia de lo democrático. Nuestra historia presenta altas dosis de enfrentamiento y escasa deliberación, sobredosis de represión y ausencia de capacidad normativa del Estado, mucho de moralismo y poco de ética, superávit de negaciones culturales y déficit en la conformación de un espíritu nacional que incluya lo diverso.

Alonso Salazar en Drogas y narcotráfico en Colombia

Uno de los temas que más me han apasionado a lo largo de la vida es el relacionado con las drogas. Tengo una pequeña colección de libros de análisis económico, periodístico, químico, psicológico y literario y en ninguno de esos libros había visto revelado de forma tan clara y contundente el hecho de que Alvaro Uribe Vélez -el mejor presidente de la Historia de Colombia y nuestro Gran Colombiano- es un narcotraficante de marca mayor como en el capítulo 4. Primera parte, de Matarife. Un genocida innombrable, la serie por capítulos de seis minutos presentados todos los viernes a las siete de la noche vía YouTube que durará más de un año por obvias razones; esta serie exige mucha paciencia, curiosidad y amor de parte de quienes soñamos con verla hasta el final y además somos signo Géminis, el más veloz e impaciente de los doce signos del zodiaco.

Hay gente diciendo todavía que Daniel Mendoza no sabe escribir, que su visión de Uribe es subjetiva y que exagera un poco en los adjetivos que le adjudica a nuestros políticos y narcotraficantes más ilustres. Sospecho que con el capítulo 4 dejó callados a muchos porque quienes hablan de Varito en esta ocasión son Popeye y el padre de Iván Duque, actual presidente de Polombia.

Muchos supimos hasta anoche que el Cartel de Medellín mandó matar a Fernando Uribe Senior, director de la Aeronática Civil, que el elegido para ser el nuevo director fue Uribe Vélez cuando tenía apenas 28 años y que gracias a este muchacho bendito Colombia se convirtió en el primer exportador de cocaína en el mundo y que gracias a esa gran hazaña muchos colombianos tienen un traqueto en su corazón.

Pablo Escobar Gaviria se inventó la globalización antes de que la pusiéramos en práctica en el mundo entero, fue un gran visionario pero no hubiera sido tan grande en el mundo del hampa y no hubiera llegado a ser tan adorado en Colombia si no hubiera contado con la ayuda de Uribe. ¿Entonces Alvaro Uribe Vélez sí es el presidente que nos puso la mafia y el que sigue poniendo presidente desde cuando dejó de ser presidente? ¿Es Alvaro Uribe Vélez el mismo prócer que todavía tiene en estado de negación a millones de colombianos convencidos de que es un campesino sencillo preocupado por el bienestar de sus compatriotas y uno de los grandes políticos del presente a nivel mundial porque gracias a él nunca seremos como Venezuela?

En el post sobre el primer capítulo me concentré en el coraje de la verdad y en este me gustaría profundizar en el hecho de llamar a las cosas por su nombre y en explicarlo todo de forma clara, creo que en este capítulo a nadie le queda duda alguna sobre el hecho de que Uribe fue un de los miembros más destacados del Cartel de Medellín y todavía nos seguimos preguntando por qué no está preso.

El capítulo es tan bueno y está todo tan bien explicado que lo mejor es volverlo a ver y a oír porque lo que más me gustó fue la música.

Medios alternativos, pandemia y Memo Fantasma

23 Jun

El encierro nos condena al uso desmedido de internet en el trabajo, para estar en contacto con familiares y amigos, para informarnos sobre la pandemia y para el ocio. En vista de que tenemos tanto tiempo libre porque no podemos desplazarnos a ningún lugar más allá de nuestro barrio muchos de nosotros nos hemos interesado en temas como la Ñeñepolítica, Memo Fantasma y Marta Lucía Ramírez, especialmente en sus negocios inmobiliarios con narcotraficantes y en su hermano traficante de heroína con red de mulas propia. Estas noticias han sido reveladas a través de medios alternativos gracias a investigaciones minuciosas de periodistas y abogados valientes que no le tienen miedo a Alvaro Uribe Vélez. Se basan en hechos reales que parecen sacados del mundo de la fantasía y cada semana quedamos con la boca abierta al ver los resultados de nuevas investigaciones.

Los periodistas y los abogados que han revelado estas noticias las están difundiendo a través de medios alternativos y estos medios alternativos están siendo celebrados por los políticos de izquierda que aunque no son santos -precisamente porque son políticos- son menos puercos y cínicos que los políticos de derecha. La izquierda simpatiza más con la verdad y la justicia que la derecha y los medios tradicionales -como buenas sirvientas de los bancos-, que son los que financian las campañas del futuro presidente de cada periodo, se ven obligados a ocuparse de las noticias que revelan los medios alternativos porque la realidad los desborda y porque cada mes aparecen más medios alternativos de gente comprometida con la verdad. La Nueva Prensa fue un gran precedente para que otras personas se animaran y le están apostando al periodismo arriesgado, al que está comprometido con la verdad, no con las conveniencias del banquero.

En este momento todos sabemos que las nuevas revelaciones no son un complot para acabar con la honra de Marta Lucía Ramírez y el “legado” de Uribe y por más que los medios tradicionales se empeñen en desprestigiar a los medios alternativos se está imponiendo la verdad a través de los hechos. Los medios tradicionales son Caracol, RCN, Semana, El Tiempo, El Espectador, La silla Vacía… y los medios alternativos son La Nueva Prensa, Contracara, Tercer Canal, Cuarto de hora, Pluralidad Z…

Uribe y los uribistas están recibiendo desde hace tres meses casi todos los días patadas en el estómago que los tiene al borde de la desesperación porque las noticias han dejado de ser locales y para ellos es imposible seguir ocultando o distorsionando la verdad. El mundo se está enterando de quién es Uribe, de todo lo que gira alrededor de Uribe, y la serie documental Matarife ha sido crucial en el fortalecimiento de los medios alternativos y en una nueva forma de ver la política en Colombia.

Mujeres que decidieron vivir solas

23 Jun

Margarita Rosa de Francisco está estudiando filosofía a distancia en la UNAD y ahora escribe sobre temas de toda índole como si se tratara de una académica reputada. Escribe columnas de menos de siete párrafos en El Tiempo en pose de autoridad y casi siempre se escuda en una amiga menos competente que ella para desarrollar mejor sus planteamientos.

La última columna se titula “La mujer sola” y empieza diciendo: “Vanessa Rosales, escritora especializada en crítica cultural, historia y teoría de moda con perspectiva feminista, tiene un pódcast exquisito que se llama ‘Mujer vestida’. En un episodio titulado ‘Mujeres solitarias’ hace una reflexión muy inspiradora sobre la soledad de las mujeres. Comparto con ella la apreciación de que esa particular situación ha resultado siempre muy inquietante socialmente”.

Para comenzar pensemos en lo triste que resulta pensar en mujeres que viven solas o decidieron vivir solas como La mujer sola o Mujeres solitarias. Los dos títulos se oyen despectivos y conmiserativos. Ellas le quieren hacer creer a la audiencia que no es tan desagradable vivir sola y la mujer no precisa del hombre para sentirse bien pero lo más seguro es que han padecido con el demonio de la soledad y no encontraron al hombre de sus sueños o la historia de amor que vivieron con sus respectivos príncipes azules simplemente no funcionó y ahora quieren posar de independientes.

Margarita continúa con una frase digna de una influencer que posa de psicóloga sin haber estudiado psicología: “Nuestra cultura no se ocupa de cultivar la soledad en general. Por el contrario, esta es considerada una amenaza y un estado que debe ser breve y, en lo posible, evitarse a toda costa” y continúa: “La soledad femenina tiene connotaciones específicas que todavía la relacionan con el fracaso amoroso, el abandono, el rechazo masculino, y también con la neurosis o la locura”.

Quiero decirle a Margarita que está hablando de lo que no sabe y no ha vivido. Cuando en Bogotá una mujer decide vivir sola -y hablo de mi experiencia- la presionan para que se case y tenga hijos hasta las treinta años, después de esa edad se empieza a respirar una libertad absoluta y la gente siente curiosidad y admiración por las mujeres que viven solas y no he percibido ningún tipo de violencia ni discriminación por ser soltera y no tener hijos. Los vecinos me miraban con recelo al comienzo pero después de varios años asumieron con resignación que si uno no tiene marido ni hijos tampoco quiere ser amigo de los vecinos. Ellos respetan esa decisión y saben que nunca los voy a mirar porque no estoy obligada a mirarlos y mucho menos a saludar a una persona todos los días solo porque vive al lado.

Dice Margarita de nuevo equivocada: “Puede ser que la soledad prolongada de un hombre o una mujer siempre sea sospechosa. Pero una mujer sola inspira lástima. No tiene quien valide su rol. Parece como si su soledad no pudiera provenir de una voluntad autónoma, sino de la decisión de otro, que la ha dejado y desdeñado”. Le cuento a Margarita que después de vivir sola durante más de treinta años a los hombres no les importa si soy soltera o casada, si vivo sola o tengo gato porque con ellos sólo hablamos de asuntos que de verdad importan como la literatura, la política, el fin de la historia o la existencia de Dios. A medida que pasa el tiempo hay más personas que quisieran saber de mí y no precisamente para consolar mis horas de soledad sino porque les interesa saber qué pienso sobre los temas que nos interesan.

Otra mentira: “Es muy curioso que la soledad de la mujer suponga un mal, una abyección, y no un momento anhelado por ella. Además, a las mujeres se nos enseña a temerle a una soledad que solo alude a la dolorosa ausencia de hombre”. Le cuento que yo me hice a mí misma y en mi casa nunca me dijeron -como seguramente le dijeron en la casa a Margarita- que si no consigo marido voy a ser digna de lástima porque una mujer sin un hombre al lado no vale nada y todos la van a ver como una loca frustrada fea e indeseable. Tomé la decisión de no casarme ni tener hijos cuando tenía nueve años y entre más vivo más me convenzo de que fue la decisión mejor tomada de mi vida porque a partir de esa soledad construida he armado todo el edificio de mi vida. Me imagino que para Margarita es deprimente imaginar que una mujer ha estado sola durante tres meses de cuarentena y puede pasar otros meses o tal vez seis sin renegar en ningún momento de su bendita, elegida y asumida soledad.

Margarita sigue diciendo una lista de barbaridades y ella asume que todas las mujeres en Colombia compartimos su pequeño mundo mental y sólo hemos leído literatura colombiana. No sigo analizando la red de estupideces porque se me acabó la paciencia. Sólo enuncio sus mentiras y suposiciones gracias a la forma en que fue educada, como fueron y seguirán siendo educadas la mayoría de las mujeres colombianas, con discursos de madres abnegadas que les piden ser pacientes con los hombres y con telenovelas en las que todavía prometen el matrimonio como el momento más deseado de la vida:

“Todavía elegimos soportar las agresiones de una pareja con tal de no formar parte del triste grupo de mujeres solas. Creemos que es preferible ser atacadas por quienes ‘nos aman’ que asumir el tiempo muerto que precede al júbilo de la liberación”.
“La soledad de la mujer en esta sociedad no es un espacio vital, sino algo semejante a una enfermedad deprimente que, históricamente, se ha pretendido ‘curar’ prescribiéndole camisas de fuerza, como el matrimonio, para protegerla de su escasez fundamental”.
Para terminar sale con este chiste gestado en los debates con “feministas” hechas a pulso en las redes sociales sin haber leído ningún libro sobre feminismo:

Mujeres: si queremos desmontar el patriarcado, empecemos por resignificar nuestra soledad. Estar solas no puede seguir produciéndonos vergüenza.

Matarife. Temporada 1. Capítulo 3

23 Jun

Mi mamá nació en 1948, yo nací en 1970 y mi sobrino nació en 2000.

Mi mamá creció con la radio, yo crecí con la televisión y mi sobrino está creciendo con videojuegos, series, cuarentena, internet y Matarife. Un genocida innombrable.

Mi mamá no estudió una carrera profesional pero fue apasionada con la idea de cambio, de que la gente en Colombia despertaría algún día al no poder soportar más tantas injusticias y atropellos, yo estudié literatura en la Universidad Nacional y mi sobrino estudia economía en la Universidad Nacional. Somos mamertos de corazón.

El gen del mamerto se ha ido perfeccionando y veo en mi sobrino la obra acabada, me parece perfecto que esté viendo la serie y espero que él pueda ver el cambio que ni mi mamá ni yo hemos visto porque desafortunadamente en Colombia vivimos en el eterno retorno de las ideas y las acciones desde el inicio de nuestra malograda nación.

Los tres sabemos quién es Uribe y el más entusiasmado con el tercer capítulo es mi sobrino porque le están mostrando hechos e imágenes que no conocía y siente como cualquier colombiano medianamente cuerdo que estamos repitiendo de nuevo la misma historia, estamos en el peor de los escenarios, le parece contundente la forma en que se rememoran los hechos y desea que no regrese la época negra en que mataban profesores universitarios. Como tantos colombianos -y en sus propias palabras- espera que no maten ni censuren mucho durante el reinado de Duque para ver qué pasa en las próximas elecciones.

¿Qué va a pasar?

Mi mamá dirá resignada cuando nos volvamos a ver: no va a pasar nada.

A mí me encanta el suplicio chino que está viviendo la derecha en Colombia con gotas de tormento de seis minutos cada viernes durante muchos meses y me parece encantador el ejercicio de memoria que hace Daniel Mendoza con la serie documental.

Yo viví la época gloriosa de Pablo Escobar, Salvatore Mancuso y Alvaro Uribe Vélez siendo presidente, vi la masacre de la UP, el asesinato de profesores universitarios saliendo de clase, el fortalecimiento de las FARC y las AUC y el asesinato de Jaime Garzón. Todavía no entiendo por qué sigo siendo una persona tranquila y risueña si vivo en la especie de infierno llamado Colombia y no creo mucho en el cambio, me parece mucho más preocupante ver cómo el narcotráfico lo ha devorado todo y causas tan nobles como el feminismo terminaron en manos de mujeres que hacen pensar más en la imagen de Virgina Vallejo que en la de Simone de Beauvoir.

En Colombia es más importante tener tetas y culo que biblioteca y amigos cultos, es más importante saber maquillarse y escoger un buen vestido de baño para publicar la foto en Instragram en la cuenta de Las viejas verdes que conocer la historia de Colombia y leer los Clásicos. La cultura traqueta se lo tragó todo y creó una mezcla macabra en la que se enquistó el neoliberalismo disfrazado de buenismo y nuestras supuestas feministas son mujeres superficiales que solo van por la ganancia neta; ellas ven en las víctimas y en las mujeres sin voz y sin techo potenciales clientes para aumentar los me gusta en las redes sociales. Colombia sigue siendo un país en el que lo más deseable es la vida fácil sin trabajar y en alguna medida todos aman a a Pablo.