Paredes inmaculadas

11 Jun

A Thomas Bernhard lo leo desde hace un buen tiempo, diez o quince años o tal vez quizá un poco más, y sospecho que llegué a este hombre radical porque algún crítico dijo que Fernando Vallejo es nuestro Bernhard. Vallejo no es nuestro Bernhard, es mucho más grande Bernhard y lo comprobé leyendo en simultánea a los dos autores. Vallejo siempre es el mismo y dice lo mismo en el mismo tono y Bernhard siempre es original y sorprendente en cada uno de sus libros: Tala no se parece a Mis premios, El malogrado no se parece a Sí y Almuerzo en casa de Ludwig W. no tiene nada que ver con El sobrino de Wittgenstein.

Todos los libros de Bernhard son sorprendentes y hoy nos vamos a ocupar del que me ha sorprendido más porque si es cierto que el Wittgenstein caricaturizado en Almuerzo en casa de Ludwig W. se acerca a la persona de carne y hueso podemos llegar a la conclusión sorprendente de que el filósofo del lenguaje era radical como yo -estando un poco loco- y le fastidiaba lo mismo que me fastidia a mí, cuatro cosas en particular:

  1. Paredes inmaculadas.

Almuerzo en casa de Ludwig W. es una obra de teatro que parece más un drama y ese drama es imposible de representar en Colombia porque es muy europeo. Wittgenstein es un hombre rico y culto y en esa casa se ama más la música que la pintura. El filósofo hipermegasensible y exigente como Bernhard odia la pintura si no es de Goya, el único pintor al que tolera. En la casa rica y culta hay muchos cuadros de personas ilustres -su familia- y como el loco Voss (Wittgenstein) acaba de salir del manicomio -por idea de una de sus hermanas- en un ataque de euforia mezclada con ira y asco profiere un hermoso discurso en contra de las imágenes colgadas en las paredes y llega a la conclusión a la que llegué yo: lo más hermoso no se puede representar a través de la imagen y cualquier imagen colgada en la pared nos distrae el pensamiento y nos perturba el alma. Mi pintor favorito no es Goya sino Durero y si me regalaran una obra del Maestro –Melancolía, por ejemplo- la rompería y la tiraría a la basura porque Durero me gusta para estudiarlo, para soñarlo, no para convertirlo en una imagen vulgar de tanto verla todos los días. Mis paredes son como las soñadas por Wittgenstein y entiendo perfectamente al loco. Las imágenes perturban, distraen, asustan y ofenden, eso lo aprendí siendo niña mientras veía imágenes colgadas en las paredes y por eso cuando conquisté la soledad decidí que las paredes que miraría cada día de mi vida serían paredes pintadas con mis manos y se adornarían con el vacío.

2. Repulsión a los médicos

Wittgenstein está de acuerdo conmigo en que lo mejor que podemos hacer en la vida si estamos cuerdos es evitar a los médicos porque caer en manos de médicos es caer en manos de un sistema infame del que jamás podremos escapar. El discurso del filósofo contra los médicos es más salvaje que el dirigido contra los pintores y no tiene problema en llamarlos asesinos. Cuando leía ese discurso me embelesaba de emoción y no podía creer que alguien pensara lo mismo que pienso de los médicos sin haberlos tratado, siendo el mío un cuerpo completamente inmaculado en lo relacionado con el cuidado de mi salud desde la mirada de otro, de un ser humano que no está en mi cuerpo y no sabe cómo lo siento, lo trato y hago planes con él. Mi Sueño es programar mi propia muerte y sospecho que Wittgenstein soñaba con lo mismo y Bernhard no lo supo como tampoco lo supo la familia del Pensador.

3. Pensar como única ocupación posible y perfectamente cuerda.

En la obra se lleva hasta el límite de la caricatura la obsesión de Wittgenstein con el oficio de pensar como único objetivo humano para tratar de comprender de una maldita vez cómo es que funciona la vida y el filósofo llega a la conclusión de que no hemos comprendido nada y Schopenhauer y Nietzsche le hicieron perder mucho tiempo. Esta es la parte más divertida del libro porque no hay nada más gracioso que un loco en estado de euforia -a lo Nietzsche- tratando de comprender y de dar lecciones sobre el arte de aprender a vivir mientras el público se divierte o sufre viendo pensar al Pensador . Mi tarea en la vida es mantener la cordura, la risa y la alegría de vivir sin dejar de pensar, que es, en definitiva, el trabajo que más que gusta: pensar, sentir y matar las horas viendo gente en la calle corriendo detrás del dinero para vivir o para competir con el vecino, los colegas o la familia.

4. Falta de amor al dinero.

En la vida real el filósofo heredero de una gran fortuna renuncia a la riqueza y le cede su parte a las hermanas. Una persona inteligente sabe que el dinero no vale nada y que el estatus es para la gente insegura. Este acto en la vida de Wittgenstein es el más admirable porque nos muestra que es un hombre sensible de verdad. La mayor parte de la gente corre a lo largo de la vida detrás del dinero y este señor renuncia a lo que todos buscan porque evidentemente es un hombre extraordinario. Una de las frases más conocidas del filósofo atormentado es Revolucionario será aquel que pueda revolucionarse a sí mismo y yo aspiro a seguir el Camino ahora que renuncié al trabajo porque en la pandemia descubrí que trabajaba para comprar ropa y definitivamente no me gusta madrugar.

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