En defensa de la ropa cómoda después de la cuarentena

18 May

La casa siempre es el mejor lugar para soñar desde la distancia porque la casa es sinónimo de comodidad, de ser uno mismo y no actuar para nadie. Llevo dos meses encerrada y lo más sorprendente no ha sido trabajar en línea, cocinar todos los días, no hablar con nadie cara a cara ni contemplar el descubrimiento de los bogotanos que se quedaron sin “la señora que les colabora” mientras experimentan por primera vez en su miserable existencia el placer de cocinar, barrer y trapear el piso. Ellos descubrieron que hacer oficio relaja y nos hace más humanos y yo descubrí que aunque no uso tacones, faldas, medias de seda, pantalones apretados, escotes ni ninguna prenda que me oprima el cuerpo ni me haga sentir como un pedazo de carne dispuesto en la calle para ser convertido en moneda de cambio, a pesar de que no me maquillo, no me aliso, no me peino ni me martirizo el cuerpo ni el alma para satisfacer el ojo curioso de los transeúntes, a pesar de considerarme una mujer libre desde lo exterior, descubrí que esa ropa que yo usaba hace dos meses para estar fuera de la casa era ropa mucho más incómoda de lo que me hubiera podido llegar a imaginar. Mi sueño es gastar la ropa y los zapatos de trabajo y usar ahora sí ropa cómoda de verdad. Después de la cuarentena me voy a liberar y lo más irónico es que para ejercer esa liberación lo único que tengo que hacer es vestirme como se visten los “pobres” cuando están más relajados: un pantalón de sudadera, una camiseta, unos zapatos de peluche y un saco de algodón.

Ayer fui al Centro para saber cómo están las calles por las que transitaba hace dos meses. Para ir al Centro no estoy acostumbrada a llevar la ropa de la casa y cuando me puse mi supuesta ropa cómoda para salir descubrí que me sentía oprimida y vulnerada. Ya no me parece tan cómoda, me pareció que era mucha ropa y además tenía que usar reloj, pulsera y anillo para convencerme de que iba para el Centro. Estando casi lista para salir me sentí disfrazada y, claro, un profesor se disfraza de profesor para ir a sus clases y cuando salgo casi siempre voy para una clase y ayer sólo quería ver cómo estaba el Centro. Me despojé del disfraz, me puse mi ropa cómoda de estar en la casa, cogí mi bus y me sentí muy bien.

Me parece bien que habiliten más ciclovías y ciclorrutas, me parece bien que haya muerto menos gente en los últimos dos meses por enfermedades respiratorias, sueño con que la gente deje de andar en carro, que dejen de seguir viendo el carro como cosa de ricos y no como cosa de animales egoístas y acaparadores; sueño también con que la gente aprenda a usar ropa cómoda en la cuarentena y cuando termine la emergencia se liberen de forma definitiva porque quien oprime y martiriza el cuerpo vive de la mirada ajena y vale muy poco como ser humano.

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