Archivo | 1:34

Los adictos al juego no se bañan

6 Nov

Los adictos a Twitter son personas con serios problemas para establecer relaciones satisfactorias con otros seres humanos, se relacionan mejor con un perro o un gato por obvias razones; se trata de gente inocente que llega y permanece allá con la sospecha de que en ese Bronx de basuqueros digitales (saben que Twitter es una absoluta porquería que les roba el tiempo, la vida y la dignidad pero no lo pueden dejar porque la droga los tiene atados) encontrarán amigos o amores y no encuentran ni lo uno ni lo otro porque entre basuqueros no se encuentran los amigos ni los amores.

Un basuquero necesita ser sacado de la olla para ser rehabilitado y la mayoría de los tuiteros están tan enfermos que ni siquiera sospechan la forma en que las personas no infectadas por la enfermedad llamada ser adicto a Twitter los ven desde la tribuna. Los ven como se ve una persona tirada en la calle vencida por el consumo de drogas: con una mezcla de impotencia y compasión.

El tuitero es un ser humano con problemas de autoestima incapaz de ser como es porque no es nada, porque no hay nada digno de ser expuesto y por eso no se exponen, porque son cocos huecos en permanente conflicto con otros cocos huecos posando siempre de informados, divertidos, cultos y dignos de confianza.

Deconstruir Twitter fue relativamente fácil y perdí diez años de mi vida ahí pensando que había algo y no hay nada. La sospecha del primer año de experiencia se confirmó durante los nueve años siguientes y la gente que sigue ahí después de nueve o diez años es digna de toda la compasión que nos quepa en el alma o en el corazón. Yo estaba ahí porque los observaba como si fueran bichos, ellos están ahí porque creen que van a cambiar el mundo y a poner presidente.

Ha sido más complicado deconstruir a los jugadores de casino.

Completé quince años de observación y todavía no sé si son dignos de admiración o de lástima. Todavía no sé si están locos o son muy cuerdos, si van a socializar o a ganar, si la música, la comida y las mujeres cumplen una función similar en los casinos y en los prostíbulos, si Bukowski y Dostoievski jugaban porque eran muy inteligentes, estaban muy enfermos, se divertían de verdad jugando, iban por la ganancia neta o disfrutaban como yo en esos sitios sórdidos viendo todo lo que pasa y oyendo conversaciones entre jugadores, la mayoría hombres, por supuesto.

De mis largos años de observación puedo decir hasta ahora que hay gente que empezó jugando y terminó en la indigencia absoluta, en la pobreza extrema compartida con los habitantes de calle. La forma más evidente de observar que un jugador está empezando a ser dominado por el juego es que empieza a volverse enemigo del jabón y para llegar a ese nivel bastan dos o tres años jugando con la candela llamada jugar en un casino.